Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 26 online gratis en español
Los eventos transcurridos de aquella tarde
Provocó que la mente de Mariadna recibiese un poderoso milagro. Milagro que le permitió relajarse y olvidarse de todo tipo de estrés que venía acumulando con los días de esta semana. Su liberación de estrés podría ser comparada con un gran campo que recién empezó a germinar sus primeras flores y plantas en la primera lluvia torrencial que decidió caer sobre las tierras del campo. Solo que, en este caso, es su imaginación e ideas que ya no están bloqueadas gracias al show de una obra de teatro infantil.
Y no una torrente de lluvias.
La salida sin duda fue un gran respiro para Mariadna. El cuento de Ozat y Ayas resulta ser una gran medicina para aclarar las ideas y relajar la mente, olvidando todo estrés. Oh, al menos, funcionó de esa misma forma para ella.
Mariadna, relajada a primera hora de la mañana, observa entre sus manos el primer bocetaje y plano perfecto del vestido después de días de trabajo sin parar. Feliz y contenta mientras toma asiento en el pequeño estudio improvisado que construyó en la morada medd que Kulios rentó a la pareja de ancianos en su primera estancia y noche por el municipio.
—¡Ahh..! Porfin...— Un murmullo se le escapó de los labios. El plano, siendo "sostenido" sobre los dedos delgados de la chica. Aunque, en realidad, no lo está "sosteniendo" de una forma convencional como sostener un pedazo de papel u objeto. Si no, que "observa" y cree sostener el plano cuando en realidad solo es la imagen mental de lo que las artes de puntos y trazos le muestran en sus ojos.
Aunque la proyección sí es real.
Después de todo, estas artes solo funcionan como una proyección. Mas no como algo físico más allá del propio hilo de magia para realizar el plano.
Básicamente, funciona de la misma forma que colocar un dibujo por debajo de un papel: Que al aplicar una leve presión sobre la hoja, la silueta oculta al fondo de la imagen superpuesta por encima empieza a transparentarse sobre el papel, permitiendo realizar trazos precisos, logrando capturar con eficiencia la figura superpuesta. Reproduciendo fielmente las proporciones y detalles de la figura original. En conclusión, calcar una figura para obtener un trabajo impecable. El arte de puntos y trazos sigue esa misma regla. Tatsir se lo mencionó por encima a Mariadna, debido a que casi olvidaba decírselo la primera vez.
Y en este caso, el plano es la imagen que va por debajo para realizar todo lo ya mencionado.
Mariadna, si es bastante honesta, no recuerda a detalle lo expuesto anteriormente. Solo un par de ideas y recuerdos sueltos que de pronto llegan a su memoria. Teniendo en cuenta solo un detalle en concreto: que sí o sí requiere de hilos y agujas al final de cuentas. Para eso, Tatsir también dedicó tiempo a mostrarle y enseñarle un par de técnicas de costura. Técnicas que, al no requerir de poder o algo en semejanza, fueron más sencillas de memorizar y aprender en una sola noche después de varios intentos de práctica.
Dejando claro el talento de la muchacha. —Ahh..— Con un suspiro, Mariadna desvanece la imagen de su vista. Observa a su alrededor; pequeñas macetas, la cama de hojas y otro par de adornos del interior amueblado de la habitación de la morada pintan en su vista. Kulios no se encuentra por ningún lado. Habiendo avisado a Mariadna que saldría a algún sitio que desconoce Mariadna del municipio, pero que regresaría en menos de una hora. Ella no preguntó al respecto, solo habría asentido en el momento. A los pocos segundos, recuerdos estallan en su mente: recuerdos de la salida de ayer y en especial de la obra de teatro; dos figuras colorearon en los confines de su memoria. Aquellas dos chiquillas de cabelleras azules, ojos rosados y rojos.
Habiéndoselas topado de nuevo cuando Kulios y ella disponían a retirarse del escenario, momento en el que aquel medd que era acompañado de esas dos chiquillas, por alguna razón desconocida, los detuvo. "Señorita, por favor, deme un momento", había dicho él. Mariadna, por respeto, se detuvo. Mientras que las niñas le reprenderían por no haberse detenido mucho antes. La de ojos rojos diciéndole "humana lenta" Y la de ojos rosados "humana tonta", mientras que por parte del medd gordo, habiendo recibido halagos por su apariencia y sonrisas galantes del medd gordo y de bigote mostacho. Mariadna agradeció, por supuesto.
El medd recalcándole que no era común encontrarse con "hermosas" damas por sus tierras. Mariadna riendo con incomodidad. Viéndose en la necesidad de pegarse a Kulios. Que para su sorpresa esta vez no se mantuvo callado e incluso actuó como todo un caballero. "Agradezco que sepa apreciar la belleza que deslumbra a mi mujer, sin embargo. "Esta belleza solo duerme en mi cama; nos despedimos, presidente, un honor haberle conocido", mencionó Kulios en la ocasión, imponiendo territorio sobre la castaña. Que se sonrojó después de haber sido llamada por la propia boca de Kulios como su "mujer" delante del presidente medd.
Mariadna, tampoco se quejó en esa ocasión. A fin de cuentas, era una buena excusa para que aquel medd de bigote mostacho dejase de mirarle de esa forma tan obscena.
Para su mala suerte, al hombre le dio completamente igual. Después de todo, su poder político y otras cosas le tenían la cabeza sumida hasta las nubes. Como consecuencia y como Mariadna se pudo imaginar en el momento, el hombre creía que su estatus le convertía merecedor de cualquier mujer. No obstante, Mariadna no es cualquiera ni muchos esa clase de mujer. La sonrisa de ese medd le causa desagrado, que su estómago se retuerce un poco. —Ughh...— Mariadna agita la cabeza, obligándose a olvidar el rostro y sonrisa asquerosa del medd gordo. Sin embargo, quedándose con los nombres de aquellas dos pequeñas que, para su curiosidad, le defendieron un poco de la morbosidad de su jefe. María. Resultó ser el nombre de la pequeña de ojos rojos y Antonieta el nombre de la de ojos rosados. Dos pequeñas adorables, aunque. Uh, bastante intensas y peligrosas.
Ahhh~
Un último suspiro se desvanece en la habitación.
La puerta principal está abierta. Mariadna, no voltea de inmediato. Sabiendo que se trata de Kulios. Quien se adentra con su imponente figura atractiva, conservando su apariencia de Richard, así como lo ha hecho todos estos días. —¿Pasa algo?— Pregunta el, curioso, tomando asiento al borde de la cama de hojas, observando de reojo a la castaña.
—No... Bueno, en realidad estaba pensando en lo de ayer. La imagen de ese asqueroso medd no desaparece. Es molesto.
Kulios, sonríe. Antes de responder. —Piensa en perritos y gatitos. A veces funciona.
—¿Perritos y gatitos? Eh, cada día eres más idiota.
—Sin embargo, mis consejos siempre te ayudan. ¿O acaso miento?— Mariadna, solo suspira, rodando los ojos. Una sonrisa se hace presente en sus labios. —Los consejos de una persona idiota no siempre son buenos, pero en ocasiones funcionan. Así que eres el rey de los idiotas.
—Vaya, grandioso título. Pondré un cuadro de eso en mi estudio.
Sin mayores preámbulos, ambos sueltan una carcajada.
—De verdad que no sé cómo te soporto. Deberían premiarme por eso.
—Al menos no eres como mi secretaria. Es un punto bueno en todo esto.
Mariadna no responde en un instante, toma un respiro y pronto pregunta sobre algo que ha estado rondando en su cabeza estos últimos días. —Oye... En todo caso, debería yo preguntarte cómo estás. Últimamente has estado un poco raro. Ya sabes... Desapareciendo y todo eso de la nada.— Mariadna, toma un respiro. —No es que me incumba, tampoco me preocupa, solo... ¿Está todo bien?
Kulios es tomado por sorpresa.
Incluso si ya esperaba la pregunta gracias a los hilos, recibirla directamente era otra historia. No contesto en ese rato, demoro unos segundos y reflexiono. Pensando en todo lo que ha sucedido en tan pocos días. Como el abismo le ha estado apurando a romper esa "protección" que rodea a Mariadna, su herida y el agotamiento vital que no ha sido recuperado del todo desde su combate contra Nanoptha y Ghoto por culpa del propio abismo, que se lo prohíbe hasta que no cumpla con su palabra.
No solo ello, sino el recuerdo de su última charla con el dios del sol le está comiendo la cabeza. Soltando un suspiro, alza su cabeza.
Su boca no emite ni un solo sonido; de pie, coloca las manos sobre su camisa, levanta un poco dejando ver su abdomen y Mariadna, curiosa, voltea al haber escuchado la cama rechinar por las ramas de las hojas. Descubriendo por primera vez la enorme y grotesca herida de Kulios. —A-Ahh..— Las palabras y preguntas se quedaron atoradas en su garganta. El impacto de la escena fue tal, que en silencio se acercó. Para tocar con sus dedos la herida de forma directa.
—¿T-Te duele?— Pregunta, recorriendo el contorno de la herida con cuidado de no presionar con fuerza para no lastimarlo.
—Un poco, pero nada grave.
Mariadna, recorre aún la herida. Asombrada y de igual modo preocupada.
—¿Es reciente..?— Kulios asiente.
Agachando su mirada y ocultando la herida una vez Mariadna se alejó y dejó de toquetearle el abdomen.
—Hace ya un par de días atrás, si quiera antes de encontrarte en aquel lago, ocurrió un pequeño incidente que me tomó desprevenido en el continente demoníaco.
Mariadna en silencio presta atención... —Dos críos, Nanoptha y Ghoto, eran sus nombres; se toparon en mi camino después de una charla con el dios del sol. Un pequeño conflicto surgió, me vi superado y esta herida en mi abdomen es la marca de mi inferioridad sobre dos mocosos estúpidos.
Mariadna, en silencio, no puede creerlo. Aunque desconoce el poder de Kulios y qué tan destructivo puede ser. Es consciente de que, sin duda, es peligroso o lo suficiente para hacer temer a reinos enteros, como lo era descrito entre páginas ocultas del atlas de Falms. No obstante, para que dos críos, así como los menciona él. Lo superasen y, además, le dejasen esa grotesca herida es motivo suficiente para temer de esos dos. Nanoptha y Ghoto, sin duda, deben ser terriblemente poderosos. Sí fueron capaces de haber superado a Kulios.
El continente demoníaco es un lugar que temer. Mariadna no tiene duda. En especial si existen demonios al nivel como esos dos críos. Espera nunca tener que conocer tierras como esas en su vida. Antes de que Mariadna preguntara más al respecto, son interrumpidos por tres golpes en la puerta principal.
Toc, toc, toc.
Se escuchó con ligereza. Al poco rato, una voz retumbó a las afueras de la habitación.
—Discúlpenme la molestia... Pero una joven preguntó por ustedes. Kilsa es su nombre.
La voz de la anciana fue reconocida de forma rápida por Mariadna. La castaña suspiró, observó a Kulios y ambos en silencio acuerdan dejar este momento para después, aun cuando las dudas y las preguntas inundan su cabeza. Levantando la cabeza, restaurando sus ánimos y dejando escapar un suspiro, la costurera peina su cabello con las manos, respira y, llena de prisa, corre a la puerta, aflojando los músculos de su rostro para marcar una sonrisa sobre sus labios.
—¡Kilsa!— llamó, abriendo la puerta repleta de una energía repentina, encontrándose con la figura de la anciana y su sonrisa relajada. A su lado, Kilsa. Que carga una enorme olla sobre los brazos. Su rostro, serio, es reemplazado por una sonrisa cuando Mariadna se cruza en su vista al borde de la puerta de la habitación.
—Mariadna... Disculpa la interrupción.
—¡Ah, para, nada para nada! Pasa, pasa.— La anciana se despide después de haber traído a Kilsa. La medd, sin más preámbulos, se adentra en la habitación de la morada...
⁂
La habitación se llenó de murmullos y comentarios entre ambas chicas.
Mariadna, minutos antes, preparó una pequeña mesa a modo de comedor, la misma mesa que solo hace unos minutos estaba usando como su mesa de estudio. Propio mueble donde Kilsa colocó la enorme olla que decoraba sobre sus brazos delgados. La habitación se llenó de un aroma a verduras y condimentos cuando la olla golpeó sobre la superficie de madera de la mesa. Mariadna y Kilsa se encuentran cerca de la mesa y de la olla después de haber tomado las dos únicas sillas de la habitación para acomodarse, manteniendo su charla actual.
Kulios, por su parte, se encuentra de pie.
Cerca de ambas, en silencio. Ya es costumbre que Kulios no hable mucho cuando Kilsa o Tatsir permanecen cerca de Mariadna.
—No era necesario, Kilsa.— La voz de Mariadna viajó a oídos de Kilsa como una suave brisa. Su tono, calmado, sereno y tranquilo, generó una sonrisa complaciente en la joven medd de cabellos morados.
—No es para tanto; además, hice demasiado para mí y Tatsir; un poco de ayuda para terminar con esta enorme olla no viene mal.— Mariadna suspira. Su atención se desvía a la inmensa olla en el centro de la mesa. De reojo observa a Kulios, el cual alza los brazos, y Mariadna suspira de nervios: La olla, no es mas que una olla con comida en su interior. Un guiso que la propia Kilsa preparó. El problema recae, en que Kilsa se sobrepaso con las porciones de ingredientes.
Habiendo preparado guiso de distintas verduras, el problema no es el guiso en sí. Sí no que, como se mencionó, Kilsa sobrepasó la cantidad preparada de guiso para lo que dos estómagos medianos pueden consumir.
Kilsa pronto habla de nuevo.
—Agregado a eso, ¿qué mejor ayuda que el hambre voraz de dos estómagos humanos? He escuchado por ahí que tu gente tiene apetitos comparados con los de una bestia.— Mariadna rio con nervios. Kilsa, no se equivoca del todo.
Los humanos, en comparación con todas las clases de especies de medds que existen, son reconocidos por tener un gran apetito. Siendo un solo humano capaz de terminar con un gran banquete por sí solo. Mientras que los medds. Se llenan con rapidez con apenas pequeñas porciones. Esto, por supuesto, debido a un resultado en su propia anatomía diminuta.
—B-Bueno, tal vez sean cosas exageradas, ¿no crees? Kilsa...
—Para nada, ya te he visto devorar cantidades absurdas de comida. Sé que esta olla no es nada para ti.
Oh, Mariadna, olvidó ese pequeño y relevante punto.
—Está bien, está bien. Pues, ¡A comer! ¡Ven, Richard, siéntate en el suelo!
Exigió la joven costurera. Kulios no lo hizo. Es claro, la ignoro en todo caso. Mariadna, solo bufa. —Pues, te lo pierdes.
He sin mayores quejas, Mariadna comienza a devorar por si misma la enorme olla del caldo de verduras en ayuda de la enorme cuchara que Kilsa trajo consigo.
—¡W-Woaah!— Expresó Kilsa, observando maravillada el hambre voraz de su querida amiga humana.
Minutos mas tarde....
—¡Ah!— Mariadna con el estomago ahora lleno, los labios manchados con restos de verdura y una sonrisa radiante de oreja a oreja he la cuchara bien agarrada de su mano izquierda suelta un erupto bastante sonoro. Mientras Kilsa y Kulios la observan sin palabras.
—I-Increible..
Murmuró Kilsa; Kulios suspiró. Una vez más, la imagen de un enano con la cara de Mariadna se dibujó en su mente. Que, sin darse cuenta, se le escapó una risa divertida. Provocando que Mariadna lo mirase al instante. —¿Que?— Pregunta con sospecha, Kulios, cubre su boca. Negando con la cabeza. —Nada, nada.— Mariadna le clava su mirada por unos cuantos segundos. Kulios desvía su mirada a otro punto de la habitación... Hasta que Mariadna suspira.
Olvidando a Kulios por un momento. —Eres muy buena cocinando, Kilsa. ¡Estuvo realmente delicioso! Gracias de nuevo.— Kilsa, ajena a la tensión previa entre Kulios y Mariadna, negó con las manos. —No es nada, me alegra que te gustara.
—Uhwa... Ah todo esto ¿Y Tatsir?— Interrumpe de pronto Mariadna, cambiando de tema de un momento a otro.
—Ni idea, le pedi que me acompañase, pero menciono algo sobre tener un pendiente con Hert. Un amigo nuestro. No me interesan sus cosas... Asi que, bueno. No pregunte mucho al respecto.
—Ohh, ya veo, ya veo. Por cierto. ¡Tengo noticias!— Kilsa alza su ceja, curiosa ante la repenitna revelacion.
—¿Ah? ¿Sí? ¿Cuáles?
Mariadna, deslumbrando de nuevo una sonrisa en su rostro, extendio los brazos. Cerro los ojos y sin espera frente a Mariadna comenzo a vislumbrar cientos y cientos de "hilos" frente suya, hilos magicos de un color azulado. Hilos que empezaron a conectarse de un punto a otro punto hasta formar una figura. Figura, que no era mas que el propio bocetaje del vestido.—¡Porfin he terminado!— Concluyo Mariadna animada, ya con el boceto entre las manos. Kilsa, fascinada observo anodada.
—¡Woah! ¡Está increíble!
—Ujum, ujum. Lo sé.— Responde Mariadna, deslumbrando una actitud engreída y llena de orgullo por su trabajo, Kulios, de nuevo, suelta otra risa imprevista; aunque Mariadna fingió no haber escuchado nada, aplicando un dicho de su pueblo: "No oigo, no oigo, tengo orejas de pescado". Sin embargo, para Kilsa. Esto indicaba algo. No dudando un solo segundo en decirlo.
—Supongo... Que es ahora cuando regresas a casa, ¿verdad?
El comentario la tomó bastante desprevenida. Después de todo, resultaba irónico para la joven costurera. Sí, la razón principal era concluir de una vez por todas con el vestido después de todo el tiempo perdido al distraerse con otras cosas en el municipio. No obstante, aun con todo eso. En ningún momento pudo haberse imaginado en un solo instante de todo este viaje que cosecharía de dos grandes amistades como lo son Kilsa y Tatsir.
Y ahora... Imaginar una despedida... Ahh
Kilsa, en concreto, se ha convertido en una gran amiga para ella. No tanto como su querida y gran amiga Jarka de su pueblo natal y a quien conoce desde que es una niña. Pero, sí lo suficiente para tenerle cariño y deprimirse un poco solo imaginando esta inevitable despedida. —Ah..— El boceto, desaparece de su vista. Mariadna, agacha la mirada.
—Cierto...— Kilsa, estando a punto de decir algo cuando notó el ánimo decaído de Mariadna, es interrumpida. En el momento en que la castaña agita su cabeza y palmea sus mejillas, apenas unos segundos transcurridos. ¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf! Resonó en tres ocasiones. Su piel se coloreó de un tono rojizo por la fuerza puesta en su palmeo. Mariadna suspiró y dirigió su mirada a Kilsa.
—No es momento para deprimirse. Aunque... Bueno, así sea que esto es una despedida, prometo venir alguna vez de nuevo. ¡Cuando sea una famosa costurera y pueda viajar sin problemas ni preocupaciones!
Kilsa, estalla de la risa.
Esto era una de las tantas razones por las cuales le encata su amistad con Mariadna. esa forma tan sencilla de olvidarse de los problemas y remplazarlo con entusiasmo y animos es algo que la medd admira mucho de ella.
—Claro, claro. Al menos hasta entonces, procura enviarme de vez en cuando alguna carta para que no te olvidez de mi.— Mariadna asiente repetidas veces. Sus mejillas sonrosadas, aun persisten en su rostro.
—¡Lo prometo!
Dijo en voz alta y Kilsa se permite escapar una suave risa nasal.
—Eres increíble, Mariadna.
⁂
Al cabo de unos instantes, la habitación fue reordenada. La mesa colocada de donde fue tomada, la olla con comida ahora, ya vacía, puesta en un punto de la habitación donde no estorba. Las sillas, devueltas del mismo modo que la mesa, devueltas al sitio donde fueron tomadas, y Kilsa y Mariadna conversando de nuevo.
Kulios, manteniendo su distancia.
—Te extrañaré muchooo... Kilsaa.... Waaa...
Mariadna, como una niña pequeña, se aferra a la cintura de la medd. Kilsa, solo ríe. Nerviosa y un poco incómoda por la actitud infantil de la costurera. —Ya, ya...— Con palmeteos suaves sobre la espalda de la muchacha, Kilsa murmura. Su mirada nerviosa busca a Kulios en busca de ayuda.
Aunque este no hace mucho. Provocándole un suspiro resignado a la pobre medd de cabellos morados
—Prometo enviarte muchas cartas. ¿Vale? ¡Lo prometo!
Kilsa asiente. Intentando despegarse de Mariadna. —¡Ya lo entendí, ya lo entendí! ¡Y-Ya suéltame!
Kilsa no es muy buena recibiendo afecto físico. Mariadna se ha dado cuenta. Sin muchas quejas, la castaña acata la orden.
—Uhm... En fin.— Llevando sus manos a su cintura, hablaba de nuevo. —Me despides de Tatsir. ¿Vale?
—Ah.. Sí, claro. No te preocupes.— Responde Kilsa.
Kulios, que en todo este momento no mencionó ni una sola palabra, de forma inesperada. Llama la atención de Kilsa al pronunciar su nombre. —Kilsa, por cierto. Dile al medd que su deuda está saldada. A nombre de Kulios.— Su comentario ocasionó que Kilsa ladeara su cabeza. ¿Una deuda? En especial ese nombre "Kulios". Se habría preguntado la medd. Sin embargo, prefirió no indagar. Realmente, no le apetece meterse en los asuntos de su novio. El tiempo le ha brindado la sabiduría de ignorar las cosas que Tatsir hace en secreto por su propio bienestar mental.
Ella misma se repitió una vez.
Es mejor vivir dentro de la ignorancia con algo que seguramente te descolocará.
—Sí... Sí, no te preocupes. Se lo haré saber.
Con un último abrazo, Mariadna se despide de Kilsa...
Una despedida improvisada, pero. Que al fin y al cabo tiene un impacto en ambas.
⁂
La mañana transcurre con su habitual normalidad.
Mariadna, que guardó todo lo que trajo consigo del viaje en su confiable mochila, a la que apodó "la gran mochila aventurera", se encuentra sobre su espalda, avanzando junto a Kulios por el exterior del municipio. Habiéndose despedido previamente de la pareja de ancianos medds que les brindaron un techo durante todos estos días de su estadía por Arma. Mariadna, avanza a paso lento, tranquila y con calma. Disfrutando del sereno viento que resopla en el exterior del municipio.
—Ahora que lo pienso. ¿Regresaremos por el mismo camino? Ya sabes, las torrentes y eso...
Kulios suspiró.
Es consciente de que cualquier respuesta sacará alguna queja de la boca de la castaña. Ya sea caminando o por aire. Ella se quejará. Así que Kulios, ahorrándose los problemas de escucharla quejarse, se limita a responder con toda la sinceridad del mundo.
—Tú decides.
Grandiosa manera de darle toda responsabilidad sin necesidad de discusiones innecesarias. Después de todo. Mariadna no se queja y, de hecho, responde con mucha calma:
—Uhm... Me preocupa tu herida... Así que, sí. Repitamos el camino. Además, quisiera hacer una parada extra en Ysta antes de llegar a casa. ¿Se puede?— Kulios asiente ante lo último mencionado.
Mariadna, antes de poder agradecer, es interrumpida cuando alguien entre la tanta multitud medd del exterior pronuncia su nombre. —¡Mariadna, Richard!— Curiosa, voltea a todos lados. En donde, a su izquierda. Observa y vislumbra a Tatsir, quien parece estar acompañado de alguien más.
—¡Ah! Tatsir.— Brumo ella; justo cuando Tatsir se acercó lo suficiente a ellos. Permitiendo ver de mejor forma su figura medd.
—¿Buscaban algo?— Es que pregunta el medd. Mariadna niega. —No, no. De hecho, ya nos vamos. !Por fin terminé con el plano del vestido!— La noticia alegró a Tatsir, regalándole a la costurera una sonrisa. Hert, quien, a su lado. Se mantuvo en silencio. Decidiendo no interrumpir, al igual que Kulios.
—¡Wah! ¡Después de todos esos intentos! Ja... Realmente no eres tan mala alumna.
—Exacto, después de todo. Soy bastante buena para haber aprendido, incluso con tus clases ineptas.
—¡Hey!
Hert, esta vez rio. —¿Clases ineptas?— Es que pregunta. Tatsir no duda ni un segundo en defenderse. —¡Solo está bromeando! Soy un excelente maestro.— Kulios, incluso. Soltó una suave carcajada. Y esto fue el colmo para Tatsir.
—¡Váyanse todos al carajo!
Después de un rato de risas y burlas. Tatsir suspira.
—En fin, como sea. Tenemos prisa... Tengan buen viaje y cuídense, chicos. Espero pronto nos podamos ver en alguna otra ocasión. Mariadna, entrecerrando los ojos, sonríe. Porque, sea como sea, la actitud y acciones de Tatsir, también. Se ha ganado cierto cariño en su corazón. No un cariño igual de intenso que con Kilsa. Pero al menos, un cariño genuino para considerarlo un amigo. Aunque no uno de fiarse. Porque, si vuelve a hacerle daño a Kilsa, ella no dudará en partirle su cara en su próxima y futura visita al municipio.
—Igualmente, Tatsir.— Repite Mariadna, Tatsir asiente. Y antes de irse dice algo más.
—Por cierto... Buen trabajo, en verdad. Mariadna.
Y la castaña, solo suspira. —Ya, ya. Sé que soy grandiosa.
—¡Ah! ¡Maldita engreída!
Y de esta forma... Tatsir se pierde entre la multitud…
Mariadna y Kilsa retoman su camino, perdiéndose también entre las calles exteriores del municipio.
⁂
Mediodía.
Por el hogar de Tatsir.
Kilsa descansa tranquilamente en el sofá de su hogar. Tatsir ha llegado a casa después de haber terminado con sus pendientes. Kilsa observa sus uñas, sus dedos. Mirando al techo un poco aburrida. Y de reojo observando a Tatsir servirse algo de tomar y así mismo recoger algún traste de la cocina con la domesticidad y calma de encontrarse en su hogar descansado junto a su querida mujer. Cuando pronto, Kilsa recuerda algo.
—Ah, Tatsir, cierto. Mariadna me pidió despedirse de ti.
Tatsir, que le escucho desde lo lejos. Respondió al instante.
—Ah, sí, sí. De hecho, me la encontré de camino por el exterior. A ella y A Richard.
—¿Sí? Uhm. Bueno.
El silencio hizo presencia de nuevo. Cuando, una vez más, Kilsa recuerda algo.
—Cierto, Richard también mencionó algo sobre una deuda saldada tuya con un tipo llamado Kulios.
—¿K-Kulios?— De forma inesperada, la voz de Tatsir tembló.
Sus manos se detuvieron, dejando de hacer lo que estaba haciendo en ese preciso instante.
Y en el mismo momento en que Tatsir escuchó lo mencionado por Kilsa, su cabeza hizo "click". ‹‹Kulios... Kulios... ¡A-Ah! ¡N-No no puede ser!›› Richard. Ese tipo, ese hombre tan extraño que le causó escalofríos desde el primer instante en que lo miró. Incluso, desde el pequeño incidente con la estatua hasta en su encuentro inesperado en la taberna de los barrios y todas las veces que lo mantuvo dentro de su hogar.
Richard...Transmitiendo la misma vibra que aquel sujeto que conoció hace un buen tiempo.
Kulios, aquel que le sacó de un lío y que desde entonces le debe un favor.
Ese mismo tipo que deseó no encontrarse nunca más en su vida.
¡Lo tuvo todo este tiempo delante de él! ¡Frente a Kilsa! ¡En su propio y maldito hogar! Ahhh...
Tatsir de verdad, no tiene idea alguna de qué ha hecho para merecer todo esto.... No, en realidad. Sí lo sabe y, de hecho, lo tiene muy bien merecido...
—¿Pasa algo?— Pregunto Kilsa de pronto ante la reacción desprevenida de los gritos en silencio que su pareja realizó como un maníaco.
Tatsir suspiró...
—No... Nada, todo bien. Amor....
Y de esta forma tan absurda... El viaje de la joven costurera Mariadna de Lordtta ha concluido.

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 27
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 26
Estás leyendo el capítulo 26 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.