Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 27 online gratis en español
Al cabo de unas pocas horas de caminata, el municipio de Arma decora como el atardecer del sol escondiéndose entre las montañas sobre las espaldas de Kulios y Mariadna.
Ya hace más de dos horas que se han alejado del municipio. Y ahora, caminan tranquilamente por el bosque siguiendo el tramo recto de una carretera que conecta con la entrada principal del municipio. Las ráfagas frescas del viento impactan sobre el rostro de Kulios y la peli castaña. Kulios, que aún mantiene su fachada de Richard, respira con calma. Mariadna, mientras tanto, observa a los alrededores. Decorando los árboles que se encuentran por el inmenso campo del bosque, plantas y flores a la par de bichos y animales que pintan en su andar constante por la carretera de piedras como de tierra.
Los pasos de ambos golpetean con suavidad, marcando sus huellas. Mariadna levanta su mirada, mirando ahora al cielo.
Permitiéndose que un suspiro se escapase de su garganta. Cuando pronto Mariadna habla, regresando su atención al camino de la carretera.
—Regresaremos usando los torrentes. ¿No? Quiero suponer.— Kulios, con calma responde, sin detener su caminata. Asintiendo antes de haber dejado escapar su respuesta. —Sí, a menos que quieras ir a pie y durar semanas hasta llegar a tu hogar.— Mariadna no demora un solo segundo en agitar su cabeza y negar con mucha prisa.
—¿Estás loco? ¡Ni de broma!— Deteniéndose un segundo, respira. Dejando caer sus hombros.—Al punto que quería llegar es ¿Qué tan lejos está la próxima torrente?
Buena pregunta, piensa Kulios. Después de todo, en realidad contaron desde el comienzo con dos opciones, aunque Mariadna no lo supiese ni se haya enterado en todo este transcurso. Sin embargo, la primera opción residía dentro de los barrios bajos de Arma. Y ahora, que se alejaron, dejó de ser una opción. Aunque nunca fue una opción viable desde el comienzo. Esto debido a lo mismo, siendo que tendrían que haber entrado de nuevo a los barrios bajos del municipio. Dónde es que se encuentra la torrente de Oros más cercana en los confines profundos de ese lugar subterráneo. El problema recae en su ubicación dentro de los barrios bajos.
Complicando su acceso de forma convencional, gracias y en culpa de las propias trampas que Auts y Oros construyeron y colocaron en diversos puntos hace antaños de esa misma ubicación; que es, en los rincones muy poco transitados de los barrios bajos en donde se encuentra la oficina subterránea de Auts y Oros. En donde Oros llevaba a cabo sus experimentos con Marystia antes de que aquel parásito comiera a los habitantes de esos pasadizos de tierra… Trampas que fueron colocadas para así mismo evitar futuros problemas o ataques de medianoche por los pacientes sobre estimulados.
Por supuesto, el problema no es ni era para Kulios, quien podría acceder fácilmente a la torrente con unos cuantos trucos... Pero, por el contrario, para Mariadna se le dificultaría demasiado por esas mismas trampas mortales con diseños rudimentarios y poco convencionales. Kulios, fiel a su naturaleza, prefirió ahorrarse los problemas. Tomando la segunda opción dentro del baúl de repertorio de opciones.
—No muy lejos. — Termino kulios por responder. Mariadna muerde sus labios. —¡Deja de hacerte el interesante!
Kulios, suspiro. Caminando aún con calma. Sin más espera, responde de nuevo.
—Nuestra próxima llegada es a la santa ciudad de Gryatmon. Qué es Dónde se encuentra la torrente.
¿La santa ciudad de Gryatmon? No puede evitar preguntarse la chica. Sin tener idea alguna de si, siquiera, la ciudad se encuentra cerca o a cientos de kilómetros de distancia de ambos. Sus días en el municipio casi le hacen olvidar lo verdaderamente molesto y frustrante que Kulios siempre terminaba siendo. En especial, cuando se trata de viajar de un lugar a otro.
Aunque, para colmo, Mariadna no puede quejarse. Ella eligió repetir el camino, o sea, viajar a pie de nuevo. Ahora, solo puede tragarse las consecuencias de su propia decisión por haber pensado en la salud y bienestar de un dios al haber visto su herida en su abdomen. —¿Al menos está cerca?— Pregunta ella rendida. Kulios, niega. —Ni tan lejos ni muy cerca. Son ocho horas de caminata continua. En caso de no detenernos en ningún momento a descansar.
—¿O-Ocho horas?
Ahh, Mariadna, de verdad terminará muriendo por estas caminatas tan largas. ¿Ocho horas? Debe ser una broma. Aun así, si se detiene a pensar y analizar un solo momento… Es en realidad mucho menos tiempo que la última vez. Que en esa ocasión terminaron demorando un par de días en haber llegado a la primera torrente de Oros en el jardín de las mesetas. Así que, considerando ese punto. Mariadna suspira, creyendo que tal vez en esta ocasión no sea para tanto.
Y ocho horas, no sean algo muy exagerado...
Oh... Eso quiere hacerse creer.
Incluso si es así, Mariadna no dudará en obligar a Kulios a que le cargue.
‹‹Uhm... Espera, espera...›› Mariadna frena de repente, dejando a Kulios con la ceja izquierda alzada. Mariadna con la mano en su barbilla, pensando en algo repentino que llegó a su cabeza.
‹‹Oye… ¡Que es verdad!››
Ahora que lo piensa y lo recuerda. ¿No era que Kulios tiene un dragón? Oh, eso le ha ocasionado un fuerte pinchazo en la cabeza a la joven costurera.
¡Se le ha ocurrido una grandiosa idea!
—¡Dragoncito, sal de tu escondite!— Dijo en voz alta de un momento para otro. Alzando los brazos al frente con una pose absurda. Sin embargo, aquel "dragoncito" nunca hizo una sola mueca de presencia. Y Mariadna, solo quedó en vergüenza frente al dios.— En serio que en ocasiones eres ridícula.— Bruma Kulios, Mariadna, con las mejillas rojas de la vergüenza, explota en una inmensa queja:
—¡S-Se supone que tendrías que haber hecho aparecer ese dragón así de la nada! ¿Puedes leer mi mente, no? ¡Así que lo hubieses hecho! ¡Idiota!
Kulios alzó su ceja una vez más.
En algún momento creyó que Mariadna había olvidado ese punto. Su habilidad para leer sus pensamientos. Sin embargo, parece ser que no. Y pese a que sí leyó y supo al instante sobre su intención de hacer "aparecer" al dragón. No lo hizo por una simple y llana razón.
—Que una bestia de ese nivel sobrevuele los cielos de estas tierras no es lo mejor. Mucho menos a estas horas, cuando el sol deslumbra a todo su esplendor. Solo nos traería problemas.
Mariadna suspira.
A fin de cuentas, Kulios tiene mucha razón. A pesar de eso, el haberse imaginado una vez más montada en el lomo del dragón sobrevolando los cielos junto a Kulios sí que le generó un poco de ilusión. Especialmente la idea de haber llegado hasta la santa ciudad de Gryatmon montada en aquel dragón solo provocaba que esas ganas fueran más e inmensas. —Ahh..— Bruma decaída. Extraña la experiencia. La experiencia de viajar a máxima velocidad encima de un dragón real. Tanto que quiere vivirla de nuevo. —Entiendo..— Responde cabeza baja. Kulios suspira, extendiendo una sonrisa en su rostro después de haber agachado su cabeza.
—Existe otro método de transporte para llegar a la ciudad de forma rápida.— Es que de pronto Kulios menciona. Mariadna no demora ni un solo segundo y de prisa alza su cabeza. Prestando toda la atención del mundo a lo que Kulios está por mencionar.
—¡Te escucho!
Kulios, rápidamente, procede a explicar.
—Muy cerca de por aquí se encuentra una muralla de Tostop.
—¿Muralla de Tostop? Uhm... ¿Qué es eso?
—Las estructuras encargadas de dividir ciertas zonas del territorio medd y enano. Aunque, en realidad, no son estructuras en sí.
—¿Ah, no? ¿Entonces qué son?
—Ya lo descubrirás cuando lleguemos.— Dice Kulios; Mariadna rueda los ojos con fastidio. —¡No estoy para misterios justo ahora, Kulios!
—Ni yo para explicaciones. Así que estamos a mano.
Este tipo... No tiene la cuenta de cuántas veces ha dicho que lo odia... La castaña, cerrando los ojos, respira lo más hondo que sus pulmones le permiten. Sin demora, suspira. Un suspiro largo y profundo. He, en silencio. A los pocos segundos. Un "te odio" se suma una vez más a la lista. —¡Te odio!
Kulios, sin demasiadas respuestas ni quejas y acostumbrado ya a la actitud de la costurera, continúa con el recorrido de la carretera. Mariadna, suspirando de nuevo, le sigue desde su espalda.
Sin muchas más ganas de pelear.
Al menos por ahora.
⁂
Apenas una hora de caminata y los pies de Mariadna no tardaron en ceder. Terminando por ser cargada por Kulios sobre su espalda y brazos de nuevo como una koala. El dios ya no se queja. Ya no hace preguntas innecesarias. Solo permite y deja ser a la joven costurera. A pesar de que es consciente de que solo se trata de una excusa de la castaña para ya no tener que caminar más.
Mariadna, con su barbilla sobre el hombro de Kulios, pronto hace una pregunta.—Oye... De verdad, ¿por qué dijiste que no son estructuras? ¡Estoy que me come la duda!— Kulios suspiró, recordando el hambre de curiosidad de la chica. Sin embargo, no le concede el honor de revelarle información. Al menos, aún no.
—¿No puedes aguantar un poco?
Mariadna niega, cerrando los ojos. —No, así que habla.
—Pues, no lo haré. Te aguantas.
—¡Tsk!
Con un suspiro, Mariadna deja caer sus brazos como fideos mientras rodean el cuello de Kulios. Buscando una mejor posición de su barbilla y cabeza para no terminar adolorida mientras es cargada por el hombre. Encontrando sin mucha demora una posición mucho mejor y más cómoda y menos molesta e incómoda.
—¿Al menos estamos cerca?— Es que pregunta de nuevo. Kulios, esta vez asiente.
—Solo restan un par de minutos. No tarda mucho en que puedas comenzar a ver la gran "muralla".
—Uhm, bien. — Termina por asentir Mariadna. Su mirada, de nueva cuenta, vislumbra el paisaje. Kulios, avanza con tranquilidad. Los minutos pasan. Minutos que se vuelven más largos con cada paso. Poco después. Los primeros rastros de la "muralla" comienzan a colorear en la vista de Mariadna.
—W-Woahh..— Una inmensa montaña empezó a dibujarse y a hacerse enorme con cada paso que Kulios ejercía hacia delante; los árboles de su alrededor comenzaron a desaparecer de la vista de la castaña al centrar toda su atención en aquella repentina montaña. Montaña verdosa con relieves irregulares. Árboles inmensos se esbozaron incluso desde la distancia. Sin embargo, no es en sí "la montaña" lo que deja completamente asombrada a Mariadna. Si no. Su forma. Su extraña forma ovalada y regordeta. Forma y figura que le recordaron a la costurera la anatomía de una ballena.
—Es... Raro.
—¿Raro?—Cuestiona Kulios. —Sí... Raro. Muy raro, ya sabes de qué... Uh, sí, eso.— El dios ríe ante el comentario inentendible de la chica. Sin mucha tardanza. Habla de nuevo, aclareciendo la duda de la chica que cruza por su cabeza.
—Su forma no es casualidad. La muralla Tostop. En realidad. Consiste en una colosal ballena Tostop.
Mariadna, al escuchar la razón, alza los brazos, apuntando a la montaña. Oh, bien, a la ballena.
—¡Lo sabía! Ya me era muy raro que tuviese esa forma tan extraña para parecer una montaña. Bueno... Muralla... Ballena... ¡Lo que sea!
Kulios suelta una suave carcajada de nuevo. Mariadna, por su parte. Aún luce confundida. —Pero... ¿Qué hace una ballena en medio de la nada? ¿Por qué su apariencia?— Su pregunta no demoró en llegar a oídos de Kulios. El dios, respondiendo al instante.
—Debido a su propia naturaleza y también a su poca inteligencia.
La respuesta dejó mucho más confusa a Mariadna. —¿Ah?— Kulios suspira.
—Para que entiendas mejor....
Las ballenas Tostop.
Colosales criaturas marítimas que se hospedan en los rincones más profundos y oscuros del enorme y extenso mar multicontinental de Ruliminia. Criaturas que en la antigüedad se solían confundir con pequeñas, medianas o grandes islas en medio de la gigantesca marea azul del mar que separa a los siete continentes de cada uno. Esta confusión, debido a su singular composición anatómica. Los Tostop, al vivir en los mares, ocasionó que su cuerpo mutase por la constante exposición al mana y la magia que quedó como residuo en las profundidades. Después de la separación de los continentes y la llegada de la magia y la mana con la primera aparición del dios del sol y la diosa de la luna durante los repartos de territorios.
La llegada de este poder ocasionó que las pieles de los Tostop se convirtiesen en un organismo natural y así crecieran en tamaños descomunales. Organismo mutado que les dio y otorgó la capacidad de producir ecosistemas fértiles. Permitiéndoles que árboles, montañas, lagos, ríos e inclusive animales crecieran y nacieran en esos colosales cuerpos de estos animales mamíferos marinos.
Los medds y los enanos corrieron con la grandiosa suerte de que tres de estas ballenas se quedasen atascadas en los lagos que antiguamente servían como las "murallas" que dividían algunas zonas de su territorio compartido. Esto ocasionado por la poca inteligencia de estos animales. Su poca inteligencia, ya mencionada, ocasionó que se quedasen atascados después de haber confundido un pequeño orificio con un pez. Adentrándose y ya no logrando haber escapado de nuevo una vez los cuerpos descomunales de las tres ballenas se atorasen entre cientos y cientos de algas superresistentes. Los medds y los enanos no desperdiciaron la oportunidad. Convirtieron a estas tres ballenas en las nuevas grandes murallas. Alimentándolas, cuidando sus "pieles" o bien, los ecosistemas de su cuerpo.
A cambio, construyeron alrededor de esos cuerpos colosales. Gracias a que las ballenas nunca les atacaron. Debido a su comportamiento dócil. Aprovechando los medds y enanos, ese punto a su favor y beneficio.
Convirtiendo a las ballenas de igual modo en un método de transporte en función de su estómago y así en las propias murallas, sin necesidad de muchos mantenimientos más que asegurarse de que las barrigas de estos descomunales animales estén saciadas en todo momento.
—Pobrecitas...— Murmura Mariadna después de haber escuchado con atención la explicación proporcionada por Kulios. —Al menos, los medds y los enanos las tienen bien alimentadas y cuidan de su salud. No solo de una, sino de las tres.
—Ya... Es lo mínimo que tendrían que hacer; sería el colmo si no.
Kulios bufa, alzando los hombros. Mariadna se sujeta con firmeza a su espalda.
—Supongo que tienes razón.
Después de varios minutos más de caminata...
Mariadna descendió de la espalda de Kulios una vez se acercaron lo suficiente a la gran muralla Tostop. La castaña, asombrada, vislumbra, ahora, de cerca y de mejor manera todo lo que decora alrededor de la ballena: Inmensas estructuras medds y enanas. Escaleras y elevadores que suben hasta puntos exclusivos de los terrenos del cuerpo de la ballena. Las montañas gigantescas; esos ríos que resuenan con fervor y los animales que les observan curiosos y asustados. —W-Woahh..— Mariadna observando a todas direcciones, sigue a Kulios. Cuando este comenzó a avanzar y subir por unas escaleras de madera.
—Ten cuidado, no te vayas a caer.— Dijo él subiendo con calma. Cuidando cada paso. Debido a que las escaleras no cuentan con una muy buena seguridad y cualquier descuido o tropiezo solo provocará un accidente. Un horroroso y terrible accidente si Mariadna llegase a caer. —A-Ah, sí, sí...— Murmura la costurera, centrando su atención en el camino. Atención puesta en el movimiento de sus piernas al subir escalón y escalón. Minutos, cortos minutos de levantar una pierna y luego otra para cambiar de escalón. Minutos cortos, pero igual de cansados. Cansancio que pronto desaparece cuando llegan a una plataforma cubicular sin paredes.
—¿Qué es esto?
Cuestiona Mariadna, un tanto insegura por la altura en la que se encuentran.
—La entrada a un elevador.
Mariadna alza su ceja. Sin embargo, evita las preguntas. Pronto, se acerca a donde Kulios caminó y se detuvo tras unos cuantos pasos ejercidos. Mariadna colocándose a su lado. En silencio observa. A su frente, donde una enorme roca se encuentra. —¿Uhm?— La costurera ladea su cabeza, confusa. No obstante, antes de poder hacer cualquier otra pregunta. La roca empezó a temblar. Mariadna se pegó a Kulios. Al instante en que sintió el repentino temblor de la plataforma. Y en un segundo un ojo apareció. Un ojo real, un ojo viscoso. Que mira a ambos fijamente después de haber parpadeado un par de veces.
—¿A-Ahh..?— Mariadna retrocede. Asustada. Sin embargo, Kulios la toma de la mano.
Y antes de que Mariadna pudiese decir algo. Todo se vino para abajo. Del suelo, un hueco se abrió de la plataforma cúbica. Mariadna, le tomó un par de segundos reaccionar. Sin notar que Kulios cae a su lado. —¡K-KULIOS!— Con todo lo sucedido en solo un momento, algo más ocurre: Una repentina ráfaga de aire empezó a succionarlos. Mariadna se aferró a Kulios una vez que siente su cuerpo cerca de él. Cuando, de la nada. Enormes dientes comenzaron a dibujar.
—¡A-AHHH!—
La criatura abrió su boca.
El olor del aliento de la criatura inundó las fosas nasales de Mariadna. Obligada a cubrirse la nariz en mitad del peligro por el olor nauseabundo. Y de un momento a otro. Todo se puso oscuro. —¿K-Kulios??— Llamó ella. —Aquí estoy.—Respondió el dios con calma. La luz no tardó en regresar. Y Mariadna no podía creer dónde es que ahora se encuentra.
—¿Q-Qué es esto? ¡¿D-dónde estamos?!
—Calma, calma...— Murmuró Kulios, colocando su mano sobre el hombro de la muchacha. —Solo estamos en el estómago del Tostop.
—¿Ah?
Mariadna se quedó sin palabras en cuanto escuchó lo mencionado.
—¡¿S-Su estómago!— He nerviosa, voltea de izquierda a derecha y atrás de su espalda, para finalizar en sus pies. En donde una enorme plataforma de madera se encuentra debajo de ella. De ambos. Y al frente suyo una inmensa marea roja.... O más bien...
Los jugos gástricos de la ballena.
Sin mencionar... Las tripas y el hedor del lugar....
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Estás leyendo el capítulo 27 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 17 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.