Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
Mariadna... Despertó con un ligero dolor de cabeza al día siguiente. Un mareo leve, no demasiado fuerte, pero sí lo suficiente para quejarse. Su boca, en concreto sus labios, se sentían demasiado secos. Casi como andar caminando sobre el desierto. —¿U-Ghmm?— Su alrededor se siente extraño. No tiene idea alguna de dónde es que se encuentra. O tal vez sí. No lo sabe; su mareo le distrae de cualquier pensamiento.
Las manos las tiene sobre una cama. Un colchón de hojas. Oh, un colchón de hojas. —A-Ah..— Por un solo instante en que creyó que todo esto había sido un sueño, cuando los recuerdos poco a poco regresaban a su cabeza y el mareo desaparecía. Que todo este viaje fue un sueño, que Kulios nunca estuvo aquí, que las tierras medds y enanas solo eran parte de su sueño. Pero, teniendo en cuenta la textura del colchón, que claramente no es el colchón convencional que ella tendría en su habitación, da por hecho que sí.
Esto no ha sido un sueño en absoluto.
Y tampoco fue un sueño todo lo que hizo el día anterior. Cuando los tragos pasaron de ser amargos y desagradables a convertirse en agua. Como su alrededor se convirtió en una sintonía de carcajadas divertidas y chismes sin sentido alguno. Sin olvidar mencionar cómo es que se sentía plena. Demasiado plena, que fue peligroso para su moral actual. —S-Santo solitas... ¡Q-Que verguenza!— Su cabello desordenado, su ropa convertida en un desastre sobre su cuerpo. Uno de sus zapatos lo tiene puesto, pero el otro se encuentra a mitad de la habitación como un barco a la deriva.
El rostro se lo cubre con las manos.
Ocultando su vergüenza evidente mientras los recuerdos siguen taladrando su mente. De horcadas sobre la cama, sentada en la orilla del colchón de hojas. ¿¡Cómo pude haber hecho eso?! Ah... Jamás beberé de nuevo, ¡eso es del mal!» Mariadna, tras quejarse en su más profundo pensar, suelta un suspiro resignada y arrepentida. Después de todo, lo hecho, hecho está. Y aunque desease cambiarlo, no es posible. A menos que regrese al pasado.
Pero, mucho embrollo para hacerlo. Agregado no cuenta con idea alguna de si siquiera es posible regresar en el tiempo. Además, si lo hiciese, y viajase al pasado por una obra del mero mundo sin explicación y solo porque sí, ¿realmente cambiaría los hechos? No. Porque, a pesar del golpe moral, ella se divirtió.
Retirando las manos de su rostro, observa su alrededor una vez más.
Kulios no parece estar por aquí, lo cual es extraño. No, en realidad no mucho. Pero Mariadna se había acostumbrado recientemente, en estos últimos días, a tenerlo cerca en todo momento, así mismo de ser lo primero que en su vista se encontraba cuando recién esta despertaba en estas últimas noches que han transcurrido de viaje. —¿Kulios?— Mariadna lo llama; sin embargo, no recibe una respuesta o una aparición repentina del dios como suele ser característico en él. Al no verlo, suspira. Después de todo, si algo recuerda muy bien es que Kulios no la dejó sola en ningún momento durante la estancia en aquella taberna de los barrios bajos.
A pesar de que esta se encontraba un poco adulterada en su sentir, en momentos le comento cosas que ella prefiere no recordar. Así que solo agita su cabeza. Tratando de olvidar específicamente el recuerdo en que esta misma le pide un "abachito" porque se sentía sola. Y él olía rico. O algo así. —Werr...~— Con un último suspiro se coloca de pie. Instante en que el mareo de nuevo la golpea, pero esta vez es mucho más controlable.
Camina con cuidado por la habitación.
Asegurándose de que sus cosas están aquí con ella. Al ver su mochila, derrumbada por una esquina, respira con alivio. Se acerca y la toma. Dándose cuenta de que ya no tiene más ropa. Habiendo olvidado lavar su cambio de ropa anterior antes de irse a los barrios bajos. Cosa que le provoca un suspiro pesado más. Después de todo, necesita más ropa y, para colmo, ya no tiene más dinero. Se lo ha dado todo a Tatsir, ese medd.
Y agregado, seguro que es complicado encontrar ropa de su talla en un municipio como lo es Arma. —No puedo ir oliendo asi..— Murmura para sí misma, al olerse las axilas. Notando cierto olor a sudor, y así mismo a propio alcohol. —Ugh, apesto..— Tras su queja, cierra la mochila dejándola caer una vez más sobre el suelo.
‹‹Ahora que me pongo a pensar... No recuerdo absolutamente nada del medd. Pero mencionó sobre ir a su estudio, ¿no? Si es así... ¡Nunca me dio una dirección o indicaciones de cómo llegar! ¿Me han timado? ¡Ah!›› Mariadna cree una vez más que el alcohol es del mal. Sin duda, se promete a sí misma de nuevo no volver a beber. No después de esta experiencia. No cuando ya ha sido timada y ha perdido todos sus ahorros.
Rendida, se desploma sobre el colchón una vez que regresa de nuevo a él con una expresión frustrada reflejada en su rostro. El colchón no hace ningún ruido al golpe seco del peso de su cuerpo. Sus brazos los abre, y su cuerpo se relaja. Mientras cierra los ojos y piensa una vez más. Sin embargo, es interrumpida. Cuando un ruido sordo llena la habitación. Siendo que la puerta es abierta sin antes haber sido golpeada.
Stinck.... Chilla la puerta; Mariadna, curiosa, abre los ojos tras haberlos cerrado después de dar un gran respiro acostada, intentando desaparecer su creciente mal humor. Dirigiendo su mirada al origen del chillido. Dándose cuenta de que se trata de Kulios. Quien carga varias botellas de cristal oscuro en las manos recargadas sobre su pecho, previniendo que se le resbalen de las manos. —Oh, ya despertaste.— Menciono Kulios, una vez su mirada fue puesta encima de Mariadna acostada sobre la cama.
La joven costurera rapidamente responde. —¿Dónde estabas?— Preguntó, curiosa, sin malicia, sin ningún tono que pudiese malinterpretarse más que relacionarlo con llana y plena curiosidad. Sin embargo, se trata de Kulios. Y debido a los eventos del día anterior... Él no duda en cambiar por completo el contexto de la pregunta de Mariadna. Mientras avanza y con cuidado coloca las botellas cerca de una mesita que decora por la habitación. Mientras dispone a contestar.
Mariadna, desde la cama, ya presiente alguna respuesta que le fastidiará.
—Conque... Ya llegamos a ese nivel en la relación. ¿Eh? Pero, no te preocupes. No estaba con otras mujeres. Sí, es lo que te preocupa. Mi preciosa bella durmiente.
Mariadna no responde directamente con palabras.
De hecho, se demora unos segundos en hacerlo. Segundos que se convirtieron en minutos. Debido a que se está quitando el zapato que lleva puesto. Lo toma entre manos y, sin dudarlo... Lo arroja contra Kulios. El impacto es tal que se escucha como un golpe suave pero bien dado sobre la cabeza del objetivo. Kulios, la víctima de este gran asalto, no se queja. Y continúa acomodando sus botellas. Con una sonrisa. Como si esto hubiese sido algo de todos los días. El... Simplemente ya se está acostumbrando.
—¡Es claro que no era con esas intenciones!
—Pues seguro que si te decía eso ayer, me pedías matrimonio.
Mariadna muerde sus labios. Cada vez más arrepentida de todo lo que hizo el día anterior, mucho más porque desde que despertó fue consciente de que Kulios usaría esto para burlarse de ella. En voz baja, se queja. —No me lo recuerdes...— Pero pronto sube los decibeles. —¡Simplemente olvídalo y actúa como que eso nunca pasó! V-Velo como un sueño. Un mal sueño, pero un sueño. ¿De acuerdo? ¡Así que no me fastidies.!— Kulios bufa con otra sonrisa, palmeando las manos, una vez terminó de acomodar sus botellas.
—En fin.— Con un respiro, dirige su atención a Mariadna. —¿Cómo te sientes?— Es entonces que pregunta. Mariadna, no se demora en responder.
—Bien... Solo, un poco mareada aún.
—Pues, bebe un poco de agua. Toma.— Kulios, toma una de las botellas que previamente tenía en manos. La destapa y se la ofrece a Mariadna, que rápidamente da un trago largo. Sin haber olido previamente el líquido, cosa que le trae consecuencias justo cuando ejerce el primer trago y un sabor amargo inunda su garganta. Retirando la botella de sus manos y escupiendo el líquido al suelo.
—¡Esto no es agua, es alcohol!— Kulios alza sus brazos, fingiendo no tener idea al respecto.
—Pues, por ahí dicen que la resaca se quita bebiendo más alcohol.
La chica no respondió, permaneció en silencio tras haber escuchado aquel comentario. Y ella, simplemente, se cuestionó si este tipo de verdad es un dios, como lleva haciéndolo desde que lo conoce. Porque, vaya respuesta. —¿Acaso eres tonto?— Pregunta. —¡Obviamente que la resaca no se quitará bebiendo más! Es lógico...— Para colmo, Kulios solo alza los brazos de nueva cuenta.
—Pues a los enanos les sirve.
—¡Pero yo no soy una enana!
—He... Tienes razón. Qué tonto, ¿verdad?
—Aborrezco el día en que te conocí.— Kulios sonríe. En estos últimos días de interacción constante con Mariadna, ha dado por fruto que Kulios comience a disfrutar este tipo de charlas con ella. Aunque Mariadna termine como un pequeño cachorro furioso. Con un último suspiro, este toma asiento a su lado. —Tatsir me dio una ubicación antes de traerte hasta acá cuando caíste dormida en la taberna. ¿Quieres ir ahora o hacer algo antes? —Mariadna, que también soltó un suspiro, contestó con calma.
Aunque, al escuchar aquel comentario, Mariadna suspira de alivio. Debido a que, al parecer, en realidad no ha sido timada. Aun así... Ahora mismo hay otro problema en medio del problema dentro de otro gran problema previo.
—Quería pasar a comprar un par de cosas, pero... Ugh... Ayer me gasté todo.
Kulios en silencio recordó aquel pequeño bolso que ella ofreció como pago, siendo consciente con antelación sobre los ahorros de Mariadna; pues ella se los había mostrado antes del viaje en su hogar para asegurarse si era suficiente. Así que... Bueno, tal vez no viene mal hacer algo por ella. Esta vez de forma genuina y sin bromas de por medio. —¿Qué es lo que pensabas comprar?— Pregunta y Mariadna le observa.
—Uhm... No mucho, en realidad. Solo quería un par de ropas. Ya que, ugh, olvidé traer más de mi casa. Y ahora mismo apesto.
Kulios no puede evitar reír un poco. Cosa que ofende un poco a Mariadna y se queja. Sin embargo, y a fin de cuentas, Mariadna no deja de ser una chica. Y su higiene, apariencia y todas esas preocupaciones o inseguridades que afectan a las mujeres demuestran que, sea como sea, Mariadna sigue siendo una humana común y corriente. Y esta sencillez es algo que a Kulios ha comenzado a parecerle entrañable.
—Dudo que encuentres algo de tu talla por aquí.— Mariadna lo sabe, así que solo agacha sus hombros.
—Lo sé...
—Sin embargo, no pierdes nada con buscar. El centro medd es grande. Seguro que algo habrá. Así que, venga. Vamos.
Mariadna, alza su ceja. —¿Y con qué dinero?— Kulios, suspira ante su pregunta.
—No te preocupes por eso. Solo arréglate un poco, que pareces muerta en vida.
—¡Hey! Eso es grosero.
—Si, si, date prisa. Tatsir nos espera.
Y sin más preámbulos, Mariadna corre al baño... Al menos, para limpiarse un poco el cuerpo.
⁂
La bulla del centro medd es algo a lo cual Mariadna se ha acostumbrado ya.
Camina por las calles, sobre estos pasadizos con Kulios a su lado. Mariadna, avanza con calma. Observando las tiendas de su alrededor; tiendas que se encuentran dentro de las mismas estructuras que acompañan todo el centro. Esos cuartos redondeados y cúbicos. Su cabello, ligeramente húmedo por consecuencia de haberlo peinado antes de salir de la morada, se mueve en cada dirección que Mariadna ejerce al mirar. En especial, porque aún cree que sigue oliendo mal.
—Nadie te dirá nada.— Comenta Kulios, al notar cómo Mariadna observa de izquierda a derecha ansiosa. —T-Tú qué sabes... Como tú nunca hueles mal ni tienes que bañarte...— Este dato y motivo fue suelto por Kulios la primera noche que pasaron en el municipio. Cuando Mariadna probó por primera vez la ducha de los medds y esta le cuestionó a Kulios respecto a que si él no tomaría también un baño, explicándole que su cuerpo naturalmente no transmite olor. A pesar de que pueda ensuciarse, esa suciedad desaparece por sí sola en momentos breves. Cosa que Mariadna había notado mucho antes.
Durante su recorrido al jardín de las mesetas y aquel barranco lodoso. Donde Kulios se había manchado por completo. Y este, de un momento a otro, se encontraba completamente limpio cuando subieron a la cima. Aunque ella en su momento no preguntó al respecto debido al cansancio.
—Envidias, aquí no.
—Deja de actuar como un niñato..
Mientras siguen caminando, Mariadna de reojo y por mera casualidad se encuentra un establecimiento curioso. Donde a sus afueras exponen una hermosa vestimenta. Vestimenta, que en comparación con todas las demás tiendas medds de ropa, está. Contaba con una talla mucho más grande y humana. Prácticamente, perfecta para ella. Aunque el diseño no fuese el mejor.
—¡Ah! ¡Mira por ahi!— Mariadna no dudó y de prisa corrió en dirección a la prenda. Kulios, con un suspiro, acelera su paso.
Pronto, Mariadna, llega. Observando con más detalle lo que es la prenda, prenda que consiste en: Un pequeño sombrero adornado de un listón con una flor en su medio. Sombrero de un verde oscuro, pero claro. Como prenda superior, una camisa ordinaria y común de un color blanco que por encima lleva una prenda de tirantes que termina por ser una falda corta. En donde, por la cintura, adorna un cinturón. Delgado pero funcional, que aprieta las ropas asegurándose de que no se caigan.
En la parte inferior, un par de calcetas largas junto a un par de botas de listón, también de un color verde oscuro, pero claro. —No es mi estilo, pero... Ugh, parece ser lo único que hay por aquí.— Kulios, desde su espalda habla. —Si te gusta, tómalo. No te preocupes por un pago después.— Mariadna traga saliva, aún dudosa. Debido a que, bueno. No quiere verse como una aprovechada.
—¿Seguro?— Mariadna pregunta, tratándose de asegurar. Kulios asiente. Y Mariadna, en silencio, regresa su atención a la prenda.
—B-Bien, aun así, prometo pagarlo de alguna forma después...
Y con esto, he tras un momento... Mariadna, por fin tiene la prenda sobre las manos. Observándola fascinada. —Waa.. ¡Es muy linda!— Kulios, que avanza aún a su lado, sonríe. Con calma.
—¿Nos vamos?
—¡Ah! S-Sí, sí. Claro, casi olvido a Tatsir. Solo, bueno. Pasemos antes por la morada, me doy un baño y bueno. Ya vamos con ese medd.
Y Kulios, sin muchos problemas, asiente.
⁂
Los minutos fluyeron como el viento.
Mariadna, al fin puede dar un respiro de alivio y con calma. Su cuerpo, fresco y ahora oliendo mucho mejor, ya no le causa ningún tipo de inseguridad. Su piel, reluciente por la resina. Su rostro está un poco colorado, en concreto sus mejillas, mientras caminan en dirección a la salida del centro medd. Esto se debe a las nuevas ropas que hoy está mostrando y que Kulios le compró.
Esas prendas, que para su suerte le quedaron a la perfección. Ni apretadas ni holgadas, dándole una comodidad y flexibilidad excelente a su cuerpo. Las botas, que, aunque son un poco largas y le resultan un tanto incómodas, son, igual, cómodas de alguna manera. Principalmente por el material por el cual están fabricados; que, el dueño de aquella tienda indicó que se fabricaron a partir de las cortezas de césped terroso de los territorios enanos. —¿Qué dirección te dio?— Es entonces que Mariadna pregunta en medio de la caminata.
—A las afueras del municipio. En realidad, no está muy lejos de aquí.
Mariadna alza su ceja.
—Menos mal, ya me esperaba que dijeras que teníamos que viajar a otra punta del mapa a pie.
—Ja... Aun así, vamos a caminar un buen tramo. Por ende...
—No continúes, ya me quedó claro.
Y Kulios, en silencio, sigue el ritmo de Mariadna. Mientras se pierden entre las calles a dirección del exterior del Municipio de Arma.
⁂
Después de un buen rato caminando
Kulios y Mariadna al fin llegan al destino que Tatsir le indicó a Kulios. Mariadna, observa el alrededor donde un campo decora. Un campo con relieves; incluso barrancos en algunas partes. Lo que le trae malos recuerdos a Mariadna. Sin embargo, eso no es lo importante. SI no, lo que justo ahora tienen delante.
—Es... Diferente, teniendo en cuenta cómo es todo en el municipio.— Frente a ellos, decora lo que es una estructura ovalada y achatada, pero grande. Mas grande que lo que son normalmente toda estructura medd del municipio. Mariadna avanza y mira más de cerca, dándose cuenta de que las paredes están fabricadas mediante piedra. Aunque por fuera se vean lisas.
—Luce como las viejas guaridas Medds.
Ante el comentario, Mariadna alza la ceja. —¿Las viejas guaridas medds?— Una vez más, la curiosidad de la chica hace presencia. A lo cual Kulios no demoró en ofrecerle una pequeña pero rápida explicación:
—Hace tiempo...
Hace mucho tiempo, cuando los medds apenas comenzaban a dividirse en especies y subespecies durante los repartos de territorios con la llegada de la magia y el maná. Los medds se resguardaban bajo tierra usando estructuras ovaladas y achatadas o, en su derivado, cuevas. Cuevas maltrechas que eran solo eso, una guarida temporal en la cual los medds se refugiaban de los peligros de aquellas temerosas guerras entre razas y especies por decidir quién se quedaba con el territorio.
Estas cuevas, de alguna forma, actuaban también como pasadizos. Debido a que conectaban con diversos puntos que en aquel entonces se sumaban a modo de estrategia militar con la finalidad de colocar trampas y así poder defenderse de sus enemigos sin realizar un "contacto" directo.
Aunque, dado el tiempo, estas estrategias militares dejaron de ser útiles.
Terminando porque lentamente estas estructuras o cuevas fuesen siendo abandonadas mientras las guerras cesaban y todo comenzaba a calmarse. Ocasionando que con el tiempo, las estructuras encontradas por medds futuros las tomaran como hogares. Hogares que arreglaron a su comodidad.
Tatsir, seguramente, fue uno de esos medds que corrió con la suerte de haberse encontrado una de estas estructuras.
—Vaya... Interesante.— Responde Mariadna ante la breve explicación.
—Toca la puerta. —Alguien debe salir.— Sin mayor preámbulo, Mariadna hace caso. Toc, toc, toc. Tres golpes simultáneos. Mariadna y Kulios esperan pacientemente. Cuándo pronto. La puerta es abierta.
—Ah, son ustedes.— Brumó una voz desde el interior. Es Tatsir, quien luce desaliñado, ojos cansados y sin su camisa puesta. Aunque no luce drogado. Si no, agotado. Agregado... Huele un poco raro. Y no alcohol. Si no, a algo más almizclado. —Pasen, pasen.— La puerta es abierta completamente, permitiendo ver mucho mejor su estado actual. Su cabello desordenado, sin camisa ni pantalones. Mejillas sonrojadas... Y bueno, Mariadna ya puede hacerse una idea.
Así que simplemente se hace de la vista gorda.
—Gracias...— Y sin más espera, Mariadna y Kulios se adentran en los confines de esta estructura......

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 21
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 20
Estás leyendo el capítulo 20 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 4 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.