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Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 17 online gratis en español

—¡Soy inocente, lo juro!— Tatsir, el pobre medd que ha sido encarcelado bajo las garras de la guardia municipal de Arma. Suplica entre las rejas. Con ojos de cordero, ojos de un cachorro que no le funcionan en absoluto. La poca luz que entra y se refleja sobre su celda impacta en su rostro; la celda, que es prácticamente un cubículo con bordes redondeados y un pedazo de tela sobre el suelo, dándole el título de ser su cómoda cama, la luz del sol le hace darse cuenta de que ha estado bajo estos tubos de metal una noche entera. Y nadie, ni Hert, mucho menos Kilsa, ha llegado a rescatarle. ¿Acaso lo han abandonado? No, es imposible. No puede ser de esa forma. —Waa, ¡Ya déjenme salir de aquí!— Repite una vez más. No obstante, el resultado sigue siendo el mismo. Nadie le hace caso, tampoco las moscas, y eso es mucho que desear y esperar. Rendido, se deja caer sobre el suelo de rodillas. Lastimándose y quejándose en el proceso. Cerrando los ojos, piensa un momento. Por su mente, dibuja diversas formas para salir de esta celda. Sin embargo, ninguna opción parece ser factible. Principalmente porque todas requieren de usar magia o alguna estrategia extraña imposible de realizar. A fin de cuentas, Tatsir nunca ha sido alguien espectacular en el manejo de la magia como lo es su hermana o hermano. Terminando por suspirar y dejar caer su cabeza. —Ahh...— No obstante, de pronto. Sucede algo. Cuando Tatsir escucha suaves golpeteos por la "ventana" que en realidad solo es un hueco en una de las paredes. Los golpes se intensifican. Tatsir, curioso y fastidiado, dirige su mirada. —¡Tatsir! ¡Tatsir!— Se trata de Kilsa. Quien luce con las mejillas un poco rojas. Seguramente, por el gran esfuerzo que está ejerciendo justo ahora para sostenerse en el tercer piso de esta prisión al exterior del municipio. —¿K-Kilsa? ¡Ah! ¡Porfin!— Bruma él; para colmo, no es el momento. Kilsa se aferra con todas sus fuerzas a este pequeño orificio para no caerse tras haber escalado hasta acá. —¡Date prisa, idiota! ¡Y toma!— Tatsir no esperó más. Justo en el momento en que Kilsa arrojó algo por el hueco. —Oh... ¡Eres increíble, Kilsa!— Aquello que Kilsa se arrojó se trató de un martillo. Pero, no un martillo convencional, sino una herramienta de lo enanos constructores. El martillo es pequeño, incluso para Tatsir, cuyas manos y, en general, las manos de los medds artesanos son pequeñas e incluso delicadas. Kilsa espera con paciencia, resistiendo; Tatsir, por su lado, observa su alrededor y afueras de las rejas, asegurándose de que nadie está mirando. Asegurado, rápidamente actúa. Toma el martillo con firmeza, avanza hacia la pared, se coloca de rodillas y entonces, golpetea con suavidad la pared usando la primera cara del martillo. Al comienzo no sucede nada; sin embargo, tras unos segundos la pared se deforma. Dejando caer una parte de la pared en forma de un ladrillo convencional. —Bien..— Tatsir repite el proceso varias veces. Hasta crear un hueco lo suficientemente grande para él pasar. Con todo esto, toma uno de los ladrillos. Se asoma con cuidado sobre el hueco, colocando el ladrillo en su mano sobre el borde del hueco, golpearlo una vez más y, como si fuese pegamento instantáneo y de fuerte agarre, el ladrillo se impregna a la superficie donde el golpe fue dado. Con eso hecho, Tatsir se coloca encima. Toma otro ladrillo y con cuidado sube hasta donde Kilsa, repitiendo el proceso de pegar los ladrillos sobre la superficie de la pared en su cara exterior. —¡Ah!— Tras un rato, Kilsa por fin puede descansar. —Te tardaste más de la cuenta.— Dice ella. Aunque Tatsir, solo suspira. —Eso debería decirlo yo. ¡Una noche entera aquí!— —Ya, es lo que te mereces después de todo eso que hiciste.— —Pero, pero... ¡L-Lo hice por ti, mi amor! Venga... Dame un besito.. ¿Si?— Kilsa solo rueda los ojos. —Primero bajemos de aquí.— Tatsir suspira en consecuencia. Asintiendo. Sin embargo, olvidaron que se encuentran en pleno aire libre. Y uno de los guardias que patrullan por las calles exteriores del municipio los ha visto. —¡Hey! ¡Ustedes! He sin mayores preámbulos. Ambos realizan nuevamente su huida.... Subiendo hasta la cima de la prisión, despegando y pegando los ladrillos ya usados. Y así... Haber escapado de las garras de la guardia municipal de Arma. Terminando justamente en la entrada de un pasadizo oculto a los barrios bajos del municipio tras haber bajado de los techos como dos gatos callejeros. —Ah...Ah... —Por fin esos idiotas nos dejan en paz.— Menciona Tatsir recuperando el aire en sus pulmones. Kilsa limpia el sudor de su frente con su mano izquierda. —Ni que lo digas... Pero, ahora. Acompáñame, necesito que Hert me pague lo que me debe.— Tatsir alza su ceja, pero con prisa, siguiendo a Kilsa cuando esta se adentra al pasadizo. —¿Deberte?— Kilsa asiente. —Un par de monedas de la última vez que le apoyé con la venta de su mercancía.— —Pensé que habías dejado todo eso...— —Lo hice, solo es un trabajo pasado que aún no le he cobrado.— —Oh, entiendo, entiendo.....— Ambos avanzan con calma. Sin embargo, este silencio repentino descoloca un poco a Tatsir. —Y.... ¿Y mi besito?— Es entonces que habla de pronto. Kilsa parece ignorarlo. Aunque la mirada intensa de Tatsir le obliga a suspirar exasperada. —No te lo mereces.— Menciona ella, aunque Tatsir solo sonríe. Cuando esta se detiene, se da vuelta, lo toma del rostro y le regala un beso breve, pero profundo. —Te amo.— Menciona Kilsa; Tatsir sonríe. Antes de regresarle el beso de nuevo. —Te amo más.— He sin mayores preámbulos; ambos caminan de nuevo en la dirección donde Hert probablemente se encuentra. Después de aquella noche en la que hablaron, se gritaron, lloraron y prometieron nuevas cosas... Su relación ha cambiado un poco. Tatsir ha demostrado un ligero cambio. Kilsa lo ha notado. Y desde entonces, su relación amorosa ha florecido de una nueva manera. Muchos se los han dicho, en especial Hert, y así mismo ellos también. Y mientras van tomados ahora de la mano, solo esperan seguir esforzándose porque esto continúe en el mismo pie del destino que ambos han construido. ⁂ En el centro medd. Mariadna, abre los ojos lentamente. Despertando de una larga y plácida siesta. Su cabello desordenado y desparramado sobre la cama. Sobre este colchón fabricado de hojas y palos que resultó ser cómodo, para sorpresa de Mariadna. Mucho más cómoda que su propia cama, y esto le generó cierta envidia. Bostezando, estira su cuerpo. Sus brazos, piernas y abdomen. —Ughm..~— Se queja levemente, por el estirón que relaja los músculos de su cuerpo. Con los ojos ahora bien abiertos. Observa su alrededor. Kulios, ya está despierto de hecho. Parece haber estado despierto desde muy temprano. —¿Qué hora es?— Pregunta ella. Retirándose lentamente de la cama y las sábanas que estaban por encima cubriendo su cuerpo, brindándole calor. Bostezando y tallando sus ojos con cuidado. —Sigue siendo temprano. Aunque el sol en el exterior ya alumbre las calles.— —E-Entiendo....— Con un último bostezo, Mariadna se coloca de pie. Su mirada de nuevo puesta en Kulios. Este con el frasco de néctar del árbol centro de la vida sobre su mano izquierda. Mariadna lo observa, también al frasco. Luego, en su mente... Ocurren muchos escenarios. Principalmente con comida. Ocasionando que su estómago gruña. —Uhm...— Kulios sonríe, antes de dejar el frasco de néctar sobre una mesa cercana. —Primero, deberías tomar un baño.— Menciona él. Mariadna demora unos segundos en responder. Oliendo su cuerpo, notando cierto mal olor. —Ugh... ¿Por qué no me dijiste antes que olía así de mal?— Pregunta, un poco indignada. —Creí que te darías cuenta. —Y Mariana solo rueda los ojos. Tomando su mochila, que milagrosamente aún sigue con ella. Abriéndola y extrayendo las prendas que limpio en aquel charco. Aunque antes las olió un poco, asegurándose de que no huelan mal. —Tardaré unos minutos.— Menciona, Kulios. Solo asiente. Breves minutos después... El agua impacta sobre los hombros desnudos de Mariadna. Las gotas recorren su cuerpo. Es curiosa la sensación del agua recorriendo sobre su piel. Después de todo, no es agua convencional. Ni mucho menos una bañera tradicional. Los Medds artesanos y toda su especie tienen una forma muy especial de cuidar su higiene. Siendo que lavan sus cuerpos con uso de la extracción de resina de árboles ripisi. Árboles que crecen cerca del segundo municipio que colinda con el municipio de Arma. El municipio de Rospa. Hogar de los Medds exploradores. Los árboles ripisi cuentan con una característica única y especial por la cual su resina es extraída y distribuida entre los medds y sus territorios, incluso vendida también a los elfos, caso curioso. Debido a que estos no suelen hacer comercios con los residentes de cualquier otro continente por su orgullo desmedido. Pero esta resina rompe ese orgullo y es gracias a los efectos que proporciona. Las apariencias jóvenes de los medds no se deben puramente a su longevidad de vida. Si no, gracias a la resina. Esta resina es pegajosa apenas es extraída de la rama o del propio árbol. Sin embargo, una vez entra en contacto con cualquier superficie, como lo es la piel, se diluye hasta ser un líquido. Líquido que se impregna al instante sobre la piel. Realizando un proceso de curación celular o también llamada curación cutánea. Un proceso en que la resina restaura nuevas células desde capas profundas de epidermis sobre la piel, ascendiendo y reemplazando las células muertas para así fortalecer y mantener en cuidado el brillo, suavidad y belleza de la propia piel de forma natural. Algo que los elfos siempre han cuidado con benevolencia, pues su belleza es su referente. Por otro lado, los medds. Simplemente lo usan porque es cómodo y relaja el cuerpo después de un largo día de trabajo. plop....Plop...Plop... Pequeñas gotas caen al suelo que se desprenden del cuerpo de Mariadna. Su cabello húmedo luce un poco más brillante y sedoso de lo normal. Sus dedos, que recorren desde sus brazos hasta su cuello y de su cuello a su pecho hasta finalizar en su abdomen y piernas, se sienten suaves. Tanto que le provoca incluso cosquillas. —Mhmmm~ — Suspira de satisfacción. Concluyendo con limpiar las últimas zonas del cuerpo. Para pronto, tomar sus ropas, vestirlas y retirarse de la bañera con cuidado de no golpear con nada. Kulios, que le miro salir del baño, no duda en comentar. —He, así realmente sí luces como una princesa.— Mariadna, que gracias al baño despertó un poco más, se sonroja. Aunque responde con su habitual sarcasmo, que últimamente ha aprendido de él. —Naturalmente, luzco como una. Que no te sorprenda.— —Claro.. Menos cuando estás bañada en lodo. En su caso, serías la gran princesa orco.— Eso fue un poco insultante. —Santo, solitas te hará pagar por tus palabras.— —Seguro que si...— Sin embargo, antes de que Mariadna pudiese decir algo más. Tres toques a la puerta de la habitación se han de escuchar. Y a su par, una voz melodiosa. —Disculpen las molestias, queridos. —Les he traído un pequeño desayuno.— Mariadna rápidamente reconoce la voz. Tratándose de la anciana y así mismo la dueña del establecimiento junto a su esposo. Kulios, quien más cerca de la puerta se encuentra, da la bienvenida y agradecimiento a la anciana. —!Que lo disfruten.¡— Responde la anciana con entusiasmo. Una vez los platillos son depositados en las manos de Kulios. Cerrando la puerta de la habitación una vez la anciana se retiró. —¿Pediste un desayuno o es algún servicio extra?— Mariadna confusa, es que se acerca. Observando el platillo más de cerca. —Solo es un regalo. Los medds acostumbran a dar regalos a nuevas caras. Especialmente si son turistas de otras tierras.— Mariadna, quien se perdió un poco en la explicación por el aroma del platillo, lo observa más detenidamente. Tratándose de ser cuatro platos. Pero los cuatro platillos siendo lo mismo. Consistiendo en un primer plato de un pedazo de pan relleno partido a la mitad, acompañado de otro plato con rodajas de lo que parece ser tomate. He adornado con un pequeño frasco con sal. —Un desayuno algo ligero.— Menciona Mariadna. —Los medds suelen tener dietas así. Igual que los elfos, no suelen alimentarse mucho de carnes. Aunque la consumen. No como los elfos que se niegan rotundamente.— Mariadna asiente, toma uno de los platillos y pronto, mordisquea suavemente el pan. Dándose cuenta de que es muy distinto al de los reinos extranjeros. Pareciéndole más suave, esponjoso y ligeramente dulzón. En comparación con el pan de su hogar. Que es más seco y no demasiado esponjoso, además de salado. —Uhwa...— Pronto, toma una rodaja de tomate, para morderlo al mismo tiempo que el tomate. Sintiendo una mezcla de sabores que se complementa de forma excepcional para solo ser pan y tomate. —Prueba con ponerle un poco de esto.— Kulios de pronto la interrumpe, ofreciéndole el frasco de néctar del árbol centro de la vida. Dudosa, lo toma. Destapando el frasco he de dejar inundar sus fosas nasales con el rápido olor dulce del néctar. —Waa..— Con cuidado, toma otro pedazo de pan. Colocándolo sobre su mano izquierda mientras toma el frasco con la derecha. Derramando cuidadosamente el néctar sobre el pan. Y pronto, dar otro tercer mordisco. —¡W-Waa!— El sabor es... Casi indescriptible para Mariadna. Es raro, pero para nada desagradable. Tampoco es empalagoso, sino que resulta ser un sabor muy suave. A pesar de su fuerte aroma dulce. —¡No te equivocabas! Es realmente delicioso.— Kulios con una sonrisa orgullosa, toma su propio pedazo de pan. Mariadna le regresa el frasco de néctar. —Te lo dije. Con pan, tiene un sabor mucho más especial.— He así, tras un breve desayuno rápido. Ambos están listos para partir. —¡Bien! Ahora supongo que vamos en búsqueda de ese medd.— Kulios asiente. —Pues andando.— Con ello y haber recogido sus cosas y arreglado el desastre de la habitación. Pronto, se retiran. Antes de haberse despedido de la pareja de ancianos. Quienes les desearon buena suerte. ⁂ —Entonces... ¿A dónde es que iremos?— Caminando tranquilamente sobre el pasadizo del centro medd. Mariadna pregunta. Observando cómo ya a estas horas muchos medds se encuentran trabajando y cumpliendo sus deberes. Muchos le saludan; ella regresa los saludos con una sonrisa. Incluso, aquel grupo de Medds infantes está por ahí. Gritando a los cuatro vientos "¡Buenos días, princesa!" Y Mariadna responder del mismo modo y entusiasmo. —A los barrios bajos del Municipio.— Su respuesta llega a los oídos de la chica. Quien rápidamente dispone de su atención nuevamente al camino. —¿Los barrios bajos?— Es entonces que pregunta. —¿N-No es peligroso?— Su duda y desconfianza es normal e incluso justificada. Después de todo, incluso el pueblo de las estrellas cuenta con un lugar conocido como Las estrellas sin luz. El sitio en que sus padres le tienen prohibido pisar. Así sea por mera curiosidad. Siendo el principal lugar de secuestros y contrabandos de su pueblo. Considerada también como la zona de servicios de prostitución y ventas de sustancias. —Lo es, sin embargo. No pasará nada mientras estés a mi lado.— Mariadna tragó saliva, aún dudosa. Sin embargo, recordo que Kulios es un dios. Si algo llegara a suceder. Supone que él sabrá qué hacer. Decidiendo confiar en su propia intuición. —B-Bien..— Kulios, observándola, notó aún sus dudas y nervios. Entonces, cerró los ojos un momento. Habiendo intentado hacer algo. Sin embargo, se le fue denegado. Debido a que un suceso inesperado aún mantenía a Mariadna protegida de la influencia de Kulios y del propio abismo... —Ahh..— Suspira. Mariadna, al escucharlo, se voltea. —¿Pasa algo?— Es que pregunta. Aunque este niega. A fin de cuentas. La gran mano de oro sigue manteniendo su influencia en ella... Después de varios minutos de caminata... —Es.... Bastante pequeño...— Tras haber llegado a su destino, siendo en mitad de unos callejones apenas visibles a las calles centrales del centro medd, Mariadna observa lo que tiene frente a ella. —¿Siquiera cabemos por ahi?— Pregunta ella, apuntando al orificio que decora delante de ambos. Un orificio que, en prácticas normales, es lo suficientemente grande para un medd. Mas, no para un humano. Analizándolo más de cerca, habiendo dado unos cuantos pasos y haberse agachado, se da cuenta de que en realidad el orificio resulta ser un tobogán. En diferencia al pasadizo que Tatsir y Kilsa utilizaron, este orificio resulta ser más "rápido". para llegar a los barrios bajos —Uh... ¿Que esto no es peligroso?— Pregunta de nuevo. —Se supone que abajo se encuentra algo acolchado.— —¿Se supone? Así que no estás seguro. ¿¡Qué tal si me estampo de culo contra el suelo y termino rompiéndome la columna!? No sabemos a qué tanta profundidad se encuentra esta cosa.— —Te caíste varias veces por un barranco y no te rompiste ni un solo hueso. La experiencia no será tan diferente.— Mariadna rueda los ojos en consecuencia. —Ni siquiera mencionaré algo al respecto.— Con un suspiro, recompone su postura. —Sea como sea, ni de broma entro yo primero. Hazlo tú. Si es seguro, entonces me darás una señal.—Kulios alzando su ceja, bufa con una sonrisa. —Bien, bien. Princesa, por favor, haga espacio para su "sirviente".— —Oh.. Por supuesto, mi dulce y querido Kulios...— Ambos ríen. Mariadna se aparta. Y entonces Kulios, de alguna forma que Mariadna aún no comprende, se adentró en los confines del tobogán. Cuando Kulios cayó, Mariadna no escuchó ningún impacto. Incluso, se acercó para escuchar con mejor claridad en caso de no haber notado algo. Sin embargo, Nada. Todo es un silencio total. Hasta que de pronto.... Un fuerte retumbar llega a sus oídos. Haciéndola apartar de prisa. Tras haberle lastimado. —¡Ugh!— Se queja, sabiendo que se trata de Kulios. Agitando la cabeza, mira el orificio. Ese tobogán. Cierra los ojos y solo reza. —Por el gran padre protector... Que todo salga bien.— He sin mayores dudas... Se adentra... Introduciendo primero su pierna izquierda, después su pierna derecha, seguido de la mitad de su cuerpo. Que, para su suerte, no hubo problemas para entrar. Después de todo, Kulios logró bajar sin quejas. Mariadna tragó saliva, aun sosteniéndose con fuerza para no caer. Pensó en el pan con nectar del arbol centro de la vida y rezando a su gran padre protector, Solitas de Kokoro, entonces. Se deja caer. —¡AHHAAAAA!— El eco de su voz se desvanece mientras más rápido cae; sus ojos permanecen cerrados, llena de miedo. Los abre ligeramente en mitad de la caída, dándose cuenta de que todo está oscuro y, cuando menos lo espera, la luz se refleja desde sus pies y pronto.... ¡Plof! Impacta sobre algo. O bien, encima de alguien. —Vez, te dije que no sería peligroso.— Es kulios... Sosteniéndola entre sus brazos. Un poco vergonzoso. Pero, en realidad, ya está acostumbrada a que este le cargue repentinamente. —S-Solo suéltame ya.— Y de esta forma... Ambos llegan a los barrios bajos del municipio de Arma.
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Estás leyendo el capítulo 17 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.