arrow_back

Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

—¿Ya casi llegamos?— —Falta poco.— —¿Qué tan poco?— —Lo suficiente para que te calles la boca.— —Ah, bueno.— Horas, muchas horas han transcurrido desde su última parada. Mariadna, que en algún momento de la caminata sus piernas simplemente fallaron, se vio en la necesidad de ser cargada por Kulios. Momentos previos de haber tomado un baño rápido en un pequeño pero enorme charco que se encontraron por el camino para quitarse Mariadna el lodo de encima; no obstante, y seguramente, los músculos de sus piernas se relajaron al contacto con el agua fresca y, en consecuencia, dejaron de funcionar de un momento para otro. Su cabello, aún un tanto húmedo, revolotea por el viento fresco del lugar. Vistiendo nuevas ropas y con las manos sobre el cuello de Kulios. El bosque aún decora alrededor de ambos. Animales y bichos caminan entre los árboles y arbustos. Mariadna, aburrida de tanto caminar y caminar. Ahora, al menos. Luce más tranquila. Especialmente al notar y visualizar de mejor forma aquellas enormes estructuras naturales, más inmensas que montañas, hacerse gigantescas con cada paso que Kulios ejerce. No obstante, el que esté tranquila no le hace desaparecer aún ese aburrimiento. Con un suspiro, Mariadna entierra su rostro en el cuello de Kulios. Demasiado cansada para avergonzarse ahora. —Aunque lleguemos, aún tenemos que encontrar una de esas torrentes, ¿verdad?— Su voz es suave pero pesada, casi fastidiada de solo imaginar tener que caminar más. A Mariadna le gustan las aventuras. Mas, no caminar cientos y cientos de kilómetros. Comparemos esto con el comer. A Mariadna le gusta comer, mas no cocinar para así poder comer. Siendo lo mismo con las aventuras. Le fascinan los paisajes, pero no caminar entre esos paisajes para tener que llegar a ver más lugares. —Si que eres perezosa.— —Ehg... No desvíes el tema.— Mariadna, aun con el rostro sobre el cuello de Kulios, habla. Kulios, con un suspiro, rápidamente habla. —Sí, sin embargo. No será mucho recorrido. Pronto estaremos en nuestro destino gracias a eso.— Mariadna, escucha atentamente. Y entonces, una duda surge en su cabeza. —A todo esto. ¿Qué son exactamente esas torrentes?— Una pregunta bastante válida y buena. A Kulios le gusta esto de Mariadna. Que sea tan curiosa y llena de dudas ante los temas que desconoce o que conoce, pero que aún no logra comprender. Es.. Bastante intrigante conocer a personas con hambre de conocimientos. Oh, no conocimientos, sino dudas que siempre quieren una respuesta. —Las torrentes son propios conductos o, mejor dicho, "conectores" que conectan a ramas del árbol centro de la vida. Oh, en general con lo que es el territorio élfico en el continente de los bosques. — —¿Conectores?— Kulios asiente. —Para hacerlo más sencillo de entender, míralo como.... Uhm, un tipo de puerta que te lleva en segundos de una punta a otra punta. Puertas que conectan entre sí de alguna u otra forma.— —Eso es mucho más complicado de entender, Kulios..— —Ahhh... Bien, presta atención.— Las torrentes de Oros en realidad no son un sistema demasiado complejo o que requiera de una extenuante retrospectiva. Oros, la encargada de haber creado este sistema de "viaje" porque sí, es un sistema de viaje que, aunque un tanto desconocido, no deja de ser igual de efectivo que el propio barco flotante de Gryatmon. Oros, creo este sistema de forma independiente y por mero capricho a su amado Eliotath. Usando su don para crear "caminos" tal cual el viento, el sonido y la tierra le mostraban. Sin embargo, no son "caminos" como uno puede pensar y creerlo. En su caso eran conectores; como mencionó Kulios, pese a ello... ¿Conectores? Bien. Para explicarlo: Oros extrajo lo que él nombró como la fibra de tierra Y la fibra del viento. La fibra de tierra fue extraída en gracia de las muestras que el propio planeta le brindaba con el crecimiento de fauna natural, muerte de animales y, en general, todo lo que era tragado o nacido de la tierra, alimentando el núcleo del planeta. De donde, a su don, formó la "fibra" que no son más que restos hechos hilos del propio poder central del planeta. Por otro lado, la fibra de viento Oros la creó de una forma un poco más artificial. Oros, aquí. Necesito primeramente la ayuda del sonido. Usando el uso de las vibraciones para romper y resquebrajar la pared con la cual el viento se defiende. Cuando Oros fue capaz de haber roto esa dichosa pared que ella misma descubrió un día de forma accidental al viajar a velocidades un poco absurdas usando las vibraciones y el sonido como motor, impactando a toda velocidad, se dio cuenta de que el viento cuenta con sutilez fragmentos que simulan ser chispas que se revientan al mínimo tacto. Pero que viajan y llegan a un punto aleatorio antes de explotar y desvanecerse. Con todo esto. Oros llegó a una conclusión. ¿Qué pasaría si esas chispas, antes de que explotasen, pudiesen viajar a un lugar fijo usando la propia vibración del sonido para establecer un camino con ayuda de la tierra y así mismo que estas fuesen capaces en igual de regenerarse usando su don con la tierra? Una pregunta tonta y sin sentido. Pero en donde la funcionalidad de esta pregunta era realizar el choque de esas mismas partículas con el propio sonido y que viajasen en una sola línea o, de ser posible, en varias líneas simultáneas. En teoría, Oros buscaba replicar su mismo accidente que le llevó a descubrir esas partículas y la pared del viento, pero solo usando la fuerza del sonido y la ayuda de la tierra. Provocar que por sí solo el sonido sea capaz de romper la barrera del viento, llegando a tocar esas partículas y, al mismo instante, que el sonido viajase al mismo chispazo con que la partícula desapareciese, siendo capaz de regenerarse en el propio punto en que la chispa viajó en nanosegundos por el sonido, gracias a la reacción que tendrá sobre la tierra, que tendría que conectar sobre el núcleo del planeta para así regenerar la chispa justo en el lugar a donde viajó. Para colmo de Oros, eso fue lo complicado en todo este experimento. Principalmente porque estas partículas no encontraban una "sintonía" con las vibraciones que Oros usaba. Obligada y desesperada, curioseando, intentó con algo. Usar... Frecuencias. Una frecuencia alta provocaba que la chispa explotase y muriese al instante. Sin embargo, era capaz de romper la pared del viento con sencillez. Mientras que una frecuencia baja lo único que lograba era "distorsionar" el viento, mas no afectar como tal a la pared que protegía a dichas chispas. Desesperada, probó con mezclar dos frecuencias. Baja y media. Buscando una estabilización entre dos frecuencias sin que chocasen y generasen "clips" innecesarios que afectasen a la fuerza con la que la última frecuencia sería disparada. Y para su suerte. Funcionó. La frecuencia se mezcló a la perfección. Viajo sobre la tierra y al instante en que la chica explotó, rápidamente se regeneró. Reapareciendo justo en el lugar donde Oros indicó su viaje. Aunque el viaje no fue limpio y en realidad el experimento fue un fracaso total entre las frecuencias. Sí que fue el impulsante para mejorar este sistema de pruebas. Que al poco tiempo y en tiempo récord logró su primer éxito tras múltiples intentos de prueba y error. Habiendo hecho posible viajar la hoja de un árbol hasta la cama de su señor Eliotath. Tras haber conectado esas dos "fibras" de prueba a espaldas y escondidas de su señor en su propia habitación. Aunque este se dio cuenta poco después. Fascinado de la creación de Oros, una vez esta le explicó su propósito. Una vez el primer experimento tuvo éxito. Oros creó los primeros "conectores" para proteger a las fibras. Ya que resultaban ser muy frágiles y al contacto o un manejo descuidado podrían romperse y dañar todo el sistema de viaje. Estos conectores también fueron alimentados en gracia de las primeras semillas de aquel viejo y joven árbol, centro de la vida. Siendo la planta que alimenta a lo que hoy en día se conoce como las Torrentes de Oros. Que viajan como cables sobre el suelo. Conectando con diversos puntos de cada continente. Y entre ellos, en el jardín de las mesetas, fue el lugar donde Oros realizó su primer torrente. Tras varios experimentos en su hogar en el continente de los bosques en El canto de Eisza. La capital central del territorio élfico. Aunque las Torrentes en realidad llevan dos nombres. Uno, los torrentes de Oros y el segundo, los conectores de Oros. Cualquiera de los dos nombres es correcto. —Es... Enredoso de entender.— Mariadna comenta, suspirando por la sobrecarga de información que ella misma solicitó. —Solo... Velo como un método de viaje instantáneo.—Mariadna suspira y solo asiente. —Sí... Ya tendré otro momento para analizarlo más a profundidad.— Con un último suspiro, hunde su rostro sobre el cuello de Kulios. Este ignora la acción realizada por Mariadna. Ella tampoco piensa mucho sobre esto. Después de todo, es cómodo. Que en consecuencia sus párpados comienzan a caer lentamente. —Despiértame cuando lleguemos...— Kulios sonríe ante su comentario. Observando de reojo a Mariadna caer dormida sobre su hombro izquierdo, mientras sus manos y brazos rodean su cuello. —Claro, mi bella durmiente.— ⁂ El tiempo continuó su recorrido. Kulios caminó y caminó hasta llegar al destino deseado. Sin espera. Mariadna, que aún estaba sobre su espalda como una koala, la arroja sobre el pasto como un saco lleno de papas. —¡Puaj!— Impactando boca abajo sobre el pasto; manchando sus ropas recién puestas. —Llegamos.— Menciona Kulios. Mariadna, despierta y furiosa. —Ya me di cuenta.— Responde a secas. De pie, Mariadna retira restos de pastos de su ropa. Alza la vista; y al fin mira el paisaje. —E-Es... Increible— En sus ojos un inmenso terreno coloreo; un inmenso verde, pero también adornado de matices dorados. Flores y pasto. Una cantidad absurda que se expande por cada parte de este inmenso territorio de gigantescas estructuras de piedra. Las enormes mesetas que renombra a lo que es el jardín de las mesetas. Mariadna, avanza, con cuidado. Esta vez alerta de no caer "accidentalmente" por un barranco que aparece de la nada en su camino. —¿V-Vamos a subir todo esto?— Ella pregunta. Con una expresión de llana incredulidad, fastidio y sin ganas. Expresión que es mucho peor cuando Kulios asiente. —Cárgame.—Kuliso alza su ceja. —¿Otra vez? ¿Acaso tienes cinco años?— Mariadna niega, con ahora su expresión de total indiferencia. —No, pero mis piernas aún siguen débiles. Sé un buen caballero y ayuda a la princesa.— Kulios, observa a Mariadna. Mariadna observa a Kulios. Y así, de forma viceversa. Hasta que, Kulios. Simplemente. Decide darse la vuelta y caminar tranquilamente en busca de la torrente de Oros. Mariadna, quieta. Demasiado quieta, mira a Kulios alejarse. Sin haber dicho una sola palabra. Suspira y comienza a avanzar ella también. —Te odio.— Dice lo suficientemente alto para que él lo escuche. —Deberías actualizar tus insultos. Ese ya lo dijiste varias veces.— —Eres detestable.— —Nada nuevo.— —Tch.— He sin más quejas, Mariadna sigue a Kulios dándole la espalda. Minutos más tarde.... —¿D-Donde se supone que estamos?— Tras largos minutos de caminata, Mariadna y Kulios terminaron en los adentros de una de las mesetas. Una cueva pequeña, pero angosta. Igual de oscura. Sin embargo, no es un problema. Mariadna contó con una pequeña lámpara de aceite que la propia Mistak les regaló antes de su despedida en la ciudad de Ysta. Sin duda, su tía sí que tenía todo en mente. Aunque la luz que les proporcionan es mínima. Al menos es suficiente para no tropezar por el camino. —Estamos en uno de los tantos "estudios" donde Oros llevó a cabo sus experimentos.— —W-Wah... Creí que serían un poco más... ¿Ya sabes? No tan... Asi...— —¿Qué esperabas de un hada que hizo todo esto por mero capricho de impresionar a un tipo como Eliotath?— —Ya... Una enamorada hace lo que sea. Yo lo haría.— —Pues, qué idiota.— —Cállate.— El eco del pasadizo retumba en cada paso que ambos ejercen. Mariadna mira a su izquierda y derecha. Notando... ¿Corazones? En las paredes. Así como dibujos de una persona de orejas largas. Un elfo. —Es... ¿Eliotath?— Kulios asiente. —Sí, a Oros siempre le ha encantado demostrar su amor por ese tipo.— Mariadna se detiene un momento para observar más de cerca estos murales de amor. —Es lindo de alguna forma.— Murmura ella. —Lo sería. Si no fuese porque luce como una loca obsesionada. Que, en teoría, lo es.— —Sí, bueno. Un poco. No digo que no.— Sin preámbulos, reanudan su recorrido. Donde, pronto, llegan a un nuevo punto. —Llegamos.— Bruma Kulios, Mariadna, con la lámpara sobre su mano, la alza frente a ella. Alumbrando estructuras de piedras pequeñas y otras cosas más. Objetos con formas extrañas y una infinidad de cosas que seguramente solo eran basura olvidada. —Esto es un cuchitril.— Mariadna, camino por cuidado, intentando no chocar con nada. Kulios, por su lado. Se acercó a un lugar en concreto. —Oros debió dejar este lugar recientemente. — Mariadna, curiosa; sigue caminando por el lugar. Cuando, de pronto y de forma accidental, golpea con algo. —A-ah.— El objeto, que resultó ser de una forma redondeada y alargada, rodó hasta detenerse en un punto en específico. Kulios, quien volteó lentamente al escuchar el ligero golpe, sonrió un poco al darse cuenta de lo que se trata. —Justo por lo que venia.— Mariadna, curiosa e intrigada, se acerca, al observar a Kulios agacharse para tomar el objeto. —¿Qué es?— Pregunta, con la lámpara cerca del objeto. —Néctar del árbol, centro de la vida.— —¿Néctar?— —Yep, es deliciosa.— —Ah, que se come...— Kulios asiente. —Es muy rico si lo acompañas con pan.— —Ya... Pero... ¡C-Como sea! Solo, ya, usemos la maldita torrente. Estoy hasta la punta de todo este viaje.— También ayuda a relajarse, lo digo solo, ya sabes. Por si acaso.— —Ahora mismo golpearte me relajaría más.— —Tus cambios de humor son dignos de estudio.— Kulios, sin más resignación, guarda el necta en su bolsillo. —Sea como sea, primero necesitamos dar energía a este lugar para que funcione.— Mariadna termina por suspirar al escuchar a Kulios. —¿Que acaso nada puede ser más sencillo? No sé cómo, ¿simplemente pararse en un círculo y mágicamente aparecer en otra región?— —Bueno, en la práctica es hacer eso. Solo que Oros es un poco rudimentario en sus métodos.— —¿Rudimentarios? Diría que esto sería envidiado en cualquier lado, especialmente en la academia mágica de Lunaris, o en general en cualquier lugar que estudie todo esto.— —Correcto, aunque esto. No es magia en realidad.— — ¿Ah, no? Creí que Oros hizo todo esto usando la magia.— Durante la creación de las torrentes, Oros en ningún momento utilizó el apoyo de la magia. Sin embargo, el que no lo utilizara como tal a largo plazo no significa que no experimente con la magia en algún punto. Cosa que fue un fracaso total. Debido a que las fibras no respondían con la misma naturalidad a como su propio don lo ejercía. Generando un tipo de "anomalía" que fragmentaba el objeto, terminando por romperlo al momento de viajar entre la torrente, siendo incapaz de tener un control claro sobre la chispa. —Lo hizo, sin embargo. No sirvió de nada.— —Entiendo... En fin. ¿Dónde se supone que demos energía a este lugar?— —Buscando por aquí. Solo encuentra alguna piedra fabricada de cristal y la frotas.— —Bien.— Mariadna asiente. Comenzando con su búsqueda. Encontrando diversos objetos interesantes. Incluso, tomando un libro prestado que encontró por ahí. Con el título "El arte de la magia: La magia elemental. Primera rama." Mariadna, en lo personal, jamás ha sido una genia con el manejo de la magia y sus distintas ramas. En especial, con la magia elemental. Sin embargo, nunca es malo llenarse de nuevos conocimientos. Agregado, solo está pidiendo el libro "prestado", así como aquella mano de oro con los Arañaktas, agregado. ¿Quién sabe? Tal vez con esto sea capaz de convertirla en la próxima gran maga del mundo. Pronto, y tras una búsqueda rápida más. Mariadna termina encontrando la misma piedra de cristal que Kulios mencionó. ‹‹_Dijo que solo frotara... Así que, bueno.››_ Sus manos se colocan sobre la superficie del cristal. Es frío, pero también... ¿Blando? Mariadna no le presta mucha atención. Rápidamente, sus manos comienzan a moverse en formas circulares. Sintiendo, al poco tiempo. Una sensación de calor sobre sus palmas y dedos. Y de pronto, todo el sitio comenzó a parpadear. Alimentando de luz toda esta habitación. —Bien.— Kulios palmeó sus manos. Una vez la energía comenzó a correr. Mariadna, curiosa, lo observó caminar hasta el centro de la habitación. —¿Qué haces?— Pregunta ella, tras Kulios agacharse. Y del suelo, extraer algo que luce como un hilo. —Toma.— Dice él, al extenderle este misterioso hilo a Mariadna. Dudosa, lo toma. Dándose cuenta de que es extremadamente caliente.—Quema un poco.— —Solo, colócalo en tu muñeca, donde conecte con tus venas.— Mariadna traga saliva. —¿N-No es peligroso?— —Solo hazlo, todo estará bien.— He sin más... Quejas, Mariadna lo hace. Donde al principio no sucede nada. No obstante, justo cuando estaba por mencionar algo... S-¡Stink! Ella desaparece de repente. ⁂ —¡T-Tatsir! ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no hagas eso?! ¡Es vergonzoso!— El municipio de Arma a mitad de la mañana, justo al comenzar la tarde. Por el centro, justo en un punto donde una gran muralla decora un barranco enorme, donde Tatsir, aquel medd artesano, se encuentra por la cima del barranco que cubre del sol al municipio. Su rostro manchado de pintura, al igual que sus ropas. Pinceles y otros artículos de arte sobre el pasto manchado de colores. El polvo de la pintura seca se alza sobre sus zapatos. En su rostro lleva una grata y deslumbrante sonrisa; sus manos, puestas en su cintura, observando una enorme estructura de madera que se alza frente a el. —¡Ah! Realmente hicimos un buen trabajo. Hert.— Dice Tatsir, acercándose a la inmensa estructura. Analizando cada detalle de cerca. —Es igual a ella..— Hert, quien se acercó a su espalda, sonrió; pero también suspiró. —Sigo pensando que es un poco exagerado.— —¿Exagerado? ¡Es lo mínimo que se merece!— Tatsir eufórico menciona, Hert, termina suspirando.—Tienes razón, supongo.— Mientras tanto y al mismo tiempo, por el municipio, en las calles. Kilsa se encuentra entre la multitud. Sonrojada y avergonzada de observar la estructura que se encuentra en la cima del barranco. —¡U-Ugh!— Aprieta los puños. Furiosa y halagada al mismo tiempo. Su corazón palpita a mil por hora. La sangre bombea hasta su cerebro. La multitud le mira; todos observando a la estructura y a ella al mismo tiempo. Después de todo, aquella estructura no es más ni menos que una estatua de ella misma hecha por las propias manos de Tatsir tras haber sido perdonado aquella noche en que Tatsir se prometió ser una mejor persona y pareja para Kilsa. Vaya, que incluso la estatua tiene los mismos lunares en el cuello, piernas y brazos. No obstante, todo el escenario cambia de un momento para otro. Cuando a lo lejos, algo se escuchó. —¡A-AGGHAAA!— Gritos, fuertes gritos de pánico y terror que cada vez se volvían más fuertes y claros. Kilsa, desde abajo, miró al cielo, donde fue que notó algo. —¿Q-Que mierda?— Del cielo algo cae. Algo con una belleza deslumbrante, cabello largo y castaño. —¿Una humana?— Se pregunta Kilsa, justo en el momento en que se da cuenta de que aquella humana misteriosa que cae del cielo... Está a punto de impactar contra la enorme estatua de ella de madera. ¡STRAKC! Tatsir y Hert, que jamás notaron la caída ni los gritos de la chica, se quedaron anonadados. Mirando y notando a la chica desmayada. Con cabello despeinado. Pero, al menos. Viva y no muerta. Aunque.... —¡NOOOOOOOO!— Gritó, al mirar su grandiosa obra de arte destruida....
Hilos Del Destino (Novela)

Continúa leyendo

Hilos Del Destino (Novela)

Capítulo 16

Siguiente Capítulo ›

Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.