Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
—¡A-Ah... Ah! ¿C-cuánto más vamos a subir? ¡Ya no aguanto más!—
Mariadna fue consciente en todo momento de que este viaje no sería sencillo, mucho menos cómodo o un paseo escolar sobre las tierras de los reinos extranjeros, debido a que muy pocas veces se le presentó la oportunidad de salir del pueblo de las estrellas. Sin embargo, no esperaba que en el transcurso de esta "aventura" a tierras Medds y enanas se tuviese que enfrentar contra caminos angostos, lodosos y llenos de piedras altamente mortales. ¿Exagera? Un poco, pero en realidad no mucho.
—Solo resta un tramo mas.— Kulios en todo este transcurso no ha mostrado una sola señal de cansancio. Para propio criterio de Mariadna, Kulios luce exactamente igual a como partió desde la primera noche. Oh, mejor considerado, se encuentra en el mismo estado de aburrimiento que Mariadna ha notado en él desde el momento en que lo conoció encima de aquel dragón y una de las ramas del árbol centro de la vida. —¿U-Un tramo más? ¡Vienes diciendo eso hace más de una hora!
—Pero... ¿Es divertido, no? Yo me estoy divirtiendo.—
—¿Divirtiéndote? Sí tienes la misma cara y expresión de un perro amargado.—
—Ah... Lastimas mi corazón— Responde Kulios con claro sarcasmo. Mariadna rueda los ojos, resbalando en consecuencia y manchando sus ropas y rostro de barro. —Juro que te empujaré en uno de estos barrancos.— Dice ella, observando a Kulios furiosa desde el suelo. Aunque este solo le ignora y continúa con su camino.
—¡Al menos ayúdame, bastardo!—
—Na...—
No obstante...
¿Dónde se encuentran exactamente? Para responder a esa pregunta he de regresar unas horas atrás, por la noche, horas después de haber partido de la ciudad de Ysta. Y ambos haber encontrado el sitio perfecto donde acampar.
⁂
La noche cayó por los bosques de la región del pie del gigante.
Mariadna y Kulios, al cabo de haber avanzado una cantidad considerable de kilómetros a pie, llegaron a una zona que Mariadna, en su propio criterio, consideró como "perfecta". Esto, en gracia a lo que el terreno presentaba como el lienzo de una pintura detallada, perfecta, he de confort. —Ah... E-Es... ¡Hermoso!— Fue que mencionó, mirando al cielo y al mismo tiempo al paisaje que el terreno le adornaba. Kulios, camino detrás de ella. Con calma, depositando la mochila sobre el suelo.
—Supongo que aquí nos quedamos esta noche.— Suelta él, con su voz tranquila y serena. Mariadna, al borde del sutil acantilado que la pequeña zona cuenta para ofrecer, asiente con entusiasmo. —¡Por supuesto!— No obstante, Mariadna casi olvida algo. No cuentan con casa de acampar o algo que les sirva como un refugio temporal sin tener que pasar la noche a la intemperie. Se olvidó de comprar una durante su quedada en la ciudad de Ysta y, observando a Kulios, no parece que este fuese a cometer un milagro.
—El pasto es cómodo.— Lo es, pero. Mariadna no tiene ni cuenta con las ganas de dormir en el pasto. Especialmente por los mosquitos. Ya que estas zonas suelen ser húmedas. Lo que aumenta la probabilidad de mosquitos molestos durante la noche. —Ni de broma, ya se me ocurrirá algo.— He dicho y hecho. Mariadna, en un transcurso de treinta minutos haciendo lo que ella llamó "experimentos" instantáneos, terminó por fabricar un saco de dormir improvisado en tiempo récord. Un poco feo, pero que curiosamente terminó siendo funcional.
—Vaya... SÍ que tienes talento para la costura.—
—Pues claro; no por nada me dedico a esto desde que soy niña.— Kulios... Se encuentra genuinamente sorprendido. El saco, lo concluyo en tiempo récord; es feo, pero. Eso es lo de menos. Habiendo Mariadna logrado crear el saco con solo dos abrigos que Mistak les había propinado a ambos, un par de hilos que la propia Mariadna trajo de su hogar "por si acaso", mencionó ella en aquel momento, y agregado a eso, utilizó una diminuta rama puntiaguda lo suficientemente fuerte para que no se rompiese al momento de tejer. . Aunque... ¿No era mejor simplemente dormir con los abrigos puestos? Piensa él. Aunque no dirá nada.
Mariadna se muestra muy orgullosa de su creación.
¿Para qué arruinarle su momento? —Uhm, es cómodo— Replica, una vez ya adentro del saco de dormir como una oruga. Kulios, suspira. Tomando asiento en el pasto. Mariadna, de reojo observando, se da la vuelta dentro del saco. —Oye, ahora que lo pienso... ¿Por qué casi no cuentas de ti? Digo, digo, no por nada más. Solo me entró la curiosidad. Eres un dios a final de cuentas.— Esta pregunta toma por sorpresa a Kulios. Y es... Curioso; pues el destino no se lo mostró. ¿Esto tendrá que ver con la influencia de la mano dorada y la rana dorada? No tiene ni idea. Aunque lo más seguro es que sea así.
—Mi historia no es muy interesante.— Mariadna alzando la ceja, habla de nuevo. —Este... Bueno, investigué un poco antes, en la librería del pueblo, cuando nos vimos de nuevo. Ya sabes, encontré muy poca información de ti. Más allá de que eras un ser lleno de maldad. Y que el destino siempre estaba de tu lado.— Ah, esos escritos. Relatos que Kulios en el pasado se esmeró por borrar y eliminar en general toda presencia de él en la historia del mundo. Y así mismo del propio Atlas de Falms.
Después de todo, la atención o el reconocimiento no es algo que le gustase o agradeciese mucho. Y de hecho, Kulios vivió gran parte de su vida en el anonimato hasta que, para su desgracia, conoció a su secretaria. Lorelei. La culpable de haber esparcido su nombre por el mundo y haber obtenido una mala fama. Aunque, no por maldad. SI no, que la chica se encargaba de esparcir las hazañas de su jefe con entusiasmo descomunal que terminaba por alterar las historias con un poco de su propia sazón.
Pese a todo; Lorelei no se alejaba mucho de la realidad. Y esas historias que ella misma escribía poco después eran entregadas a otra persona más que se encargó de publicarlas y convertirlas en lo que hoy narra el atlas de Falms. —El destino...— Murmura él. Mariadna en silencio le escucha cuando sus labios comienzan a moverse una vez más.
—¿Qué te puedo decir? Los escritos no mienten mucho en realidad; he hecho cosas malas como buenas. Aunque las buenas no sean contadas.— Es una pena, ya que Kulios no miente en absoluto. Lorelei, a pesar de que en principio su objetivo era "demostrar" lo grandioso que era su jefe, terminó haciendo todo lo contrario. Esparciendo esa mala fama. Por lo cual, toda acción que Kulios ha hecho como "correcta" queda en el olvido o es ignorada. Por supuesto, no le importa. Sin embargo, es un poco molesto.
Principalmente porque Kulios es tan odiado como los dragones. —Mi presencia no es bien vista en muchos lugares. Incluso en lugares como lo es el continente demoníaco.— Eso toma por sorpresa a Mariadna. ¿El continente demoníaco? Un lugar lleno de peligros, según ha escuchado ella. Tierras gélidas donde la nieve y las flores son una constante. Donde los paisajes están infestados de aquello que es un veneno.
La magia antigua.
—Eso... Es bastante malo.— Dice ella. Kulios, que en todo este rato aún permanecía con su apariencia de Richard, cerró los ojos un momento; para pronto regresar a su apariencia original. Dejando un poco confusa a Mariadna, quien solo observó un estallido momentáneo. Como chispas de luz repentinas. —Casi olvido que luces asi.— Menciona ella. Kulios suspira. —Mucha belleza en solo un rostro, ¿no?—
—Claro que sí, don Juan.— Responde, con una sonrisa divertida. Sus ojos, los de Mariadna, se quedan clavados sobre el cielo. En las estrellas que deslumbran como pequeños faros. Su resplandor reflejándose sobre ambos iris, ella embobada en la vista. Kulios, solo observándola; mirando el perfil de su rostro en silencio.
—Mira, justo aquí se puede observar la constelación de Ayas.— Menciono de pronto Mariadna. Kulios, curioso, levantó su vista cuando la chica apuntó con su dedo índice de su brazo derecho al cielo en una dirección en concreto. — Si bajas un poco más, por ahí tambien se encuentra la constelacion de Ozat. — Menciona Mariadna de nuevo, apuntando con su dedo a una nueva dirección.
—Los compañeros Ayas y Ozat... Gran historia...— Murmurlla Kulios. Mariadna, aun observando las constelaciones, respira profundamente. —Un cuento infantil, pero hermoso como sus propias constelaciones.— Cerrando los ojos, da un último suspiro. —Ahh... Comienza a darme sueño. Supongo que es hora de descansar.—
Kulios, asiente. Mientras Mariadna se arropa mejor sobre el saco de dormir. —¿No cenarás antes?—
—Nah... ya comeré algo mañana.—
Kulios, sin más preguntas, asiente. Y la noche sigue su transcurso....
⁂
El resplandor del sol golpeó sobre el rostro de Mariadna.
El saco de dormir funcionó mejor de lo que creía Mariadna, debido a que en ningún momento de la noche despertó. Durmiendo como una bebé entre los brazos de su madre y padre, recibiendo el calor de ambos. Ambos ojos se abren; la luz le golpea. Rápidamente los cierra, cubriéndose de la luz con su mano izquierda. Aún somnolienta, observa a su alrededor; Kulios no parece estar aquí. Sin embargo, no se alarma.
Estirando sus brazos, toma su cabello desordenado por el constante movimiento de su cuerpo durante el sueño. —Mgm.— Suelta en suave quejido, sus músculos pronto se relajan y con un último suspiro deja caer sus brazos. —Ahh..— Y pronto, se coloca de pie; una vez salió del saco de dormir.
Cuando, de pronto, Kulios aparece a sus espaldas. —¿Buen sueño?— Pregunta, con una sonrisa; observando aún la expresión con sueño de la chica. —Sí...— Responde, su "si" demorándose en una larga pausa. Bostezando en el proceso. Tallando sus ojos, Mariadna camina hasta la mochila de provisiones. Tomándola en manos y abriéndola. Dejando vislumbrar su interior. De donde extrajo dos frutos, un par de carnes secas, así como un par de verduras. —Uhm.... ¿Sabes cocinar?— Habla Mariadna a Kulios, tras mirarlo aún somnolienta.
—¿Tengo cara de chef?—
—Si... Bueno, no. Pero... Si.—
—....— Kulios, termina suspirando. —Dame eso.— He mariadna con una sonrisa divertida, le arroja a Kulios los ingredientes....
Un rato después...
—Nada mal.— Frente a Mariadna, un dulce y fuerte aroma inunda sus orificios nasales. Kulios, a su lado, observa su grata creación culinaria e improvisada. Él, sin dudas, se encuentra orgulloso de su cometido. —Pruébalo y dime qué tal.— Habla, con cierto... Y extraño pero curioso entusiasmo en sus palabras. Especialmente en esa sonrisa orgullosa que justo ahora marca en su rostro y labios.
Mariadna se coloca de rodillas. Toma con los dedos el cucharón que está puesto en la olla de barro que Kulios creó con magia de las artes enanas. Llena el cucharón un poco del "estofado" que Kulios cocinó, sopla un poco para enfriarlo y pronto ejerce su primer bocado.
Mastica y saborea.
La carne seca que da cierto sabor salado, pero no desagradable; las papas que Kulios picó en cubos estando blandas y deliciosas. Los pocos condimentos que Mistak les regaló, haciendo su trabajo con eficiencia. Sin duda, un estofado delicioso, teniendo en cuenta los pocos ingredientes que contaban a su disposición. —Deberías abrir tu propia cocina. "El cuchillo del abismo" o "La cocina del abismo". Un nombre así que atraiga clientes.— Kulios. Orgulloso, suelta una carcajada. La primera de muchas.
—Lo tendré en cuenta una vez me retire como dios del abismo.—
—Pues deberías pensarlo desde ya. ¡Que esto está riquísimo!—
He mencionado eso, ambos comienzan a degustar de este estofado hecho por el ser mas temible entre los siete continentes.
—Ahh..~ Pancita llena, corazón contento.— Minutos más tarde, Mariadna se encuentra recostada sobre el pasto. Con las manos sobre la barriga. Siéndole a Kulios imposible no compararla una vez más con un enano después de haber bebido litros y litros de cerveza. —Bleh... Bien, bien. Entonces. ¿Es hora de partir de nuevo?— Pregunta, una vez de pie, estirando y crujiendo los huesos de su espalda. —Sí, pero antes. Recojamos.— Tras un momento, Kulios y Mariadna están listos para partir.
—Indique el camino, capitan.— Con una sonrisa, se coloca al lado de Kulios. Este sonríe. —Andando.— Y con el primer paso, Mariadna, no observo el terreno. Que, por tercera vez consecutiva, cae al vacío. Oh, no al vacío. Si no, rodando como una pelota sobre un acantilado lleno de barro. —¡A-AHHAhhaHAHA!—
Esto...
Tiene una respuesta de alguna forma.
Ya que Mariadna está segura de que cuando ella dio el primer paso, el terreno... Simplemente cambio de un momento a otro.
No es tonta.
No lo suficiente para no haberse dado cuenta de que tenía un acantilado sobre sus narices.
Culpa del destino.
⁂
—¡Ah-Ah..! ¡Ah! ¡¿Cuánto más vamos a subir?!—
Mariadna, con la mochila llena de barro, su ropa sucia y el pelo también, teñido de un café más oscuro por culpa del barro, se aferra con las manos a las piedras del terreno. Piedras chicas que se resbalan sobre el lodo. —¡Ah-Ah!— Se queja, con todas sus fuerzas. Manteniendo lo imposible en su fuerza de agarre. —¡NGhm!!— Su rostro, demostrando el esfuerzo descomunal que ejerce para no caer de nuevo por este barranco. Mientras Kulios sube muy tranquilo. Demasiado tranquilo, opina Mariadna.
—¡¿Que no sabes volar o algo asi?!— Kulios niega a su pregunta. De nuevo, con esa calma serena que fastidia una vez más a Mariadna. Justo cuando su pie izquierdo resbala. Sosteniéndose al último segundo de una piedra. Para no caer al vacío. —¡U-Gh!— Para su mala suerte, la piedra comienza a resbalarse. Y antes de que la piedra cayese junto a ella, Kulios la tomó de las manos. —G-Gracias...— Murmura, sintiendo el tacto frío de las manos de Kulios. Rápidamente se coloca de pie; el peso de la mochila le hace casi caer de nuevo. Pero, sin quejas y pronto, reanudan la caminata.
—Voy a terminar muriendo antes de conocer a ese Medd...—
—Ya, ya. Que no es para tanto.—
—¡¿Que no es para tanto?! ¡Casi me muero dos veces seguidas! Si no me decapita la princesa Furinta, será hoy en este barranco.—
Kulios, agacha la cabeza. Ocultando su sonrisa. Pronto, suspira. —Ya casi llegamos a la cima. Después de esto, podremos ver muy, pero muy a lo lejos las primeras mesetas del jardin.— Mariadna rueda los ojos. Imaginando que aún falta mucho recorrido por tomar... —Ugh... Ahora estaría en casa molestando a mamá...—
—Pero, en su caso, estás subiendo un acantilado mortal.— Mariadna asiente, rodando los ojos por el sarcasmo de Kulios. —Espero que todo esto valga la pena.—
—Lo valdrá.—
—Ya, eso espero. Si no, te odiaré el resto de mi vida.—
—Asumiré la responsabilidad.—
—Mas te vale, idiota.—
He, sin mayores preámbulos... Stunk..... Mariadna resbala de nuevo.
—¡A-AHHH!— Y Kulios suspira una vez más.
⁂
—¡Ah! ¡Ah! ¡P-Porfin!—
Después de muchos intentos y caídas que terminaron porque sus rodillas estén raspadas y su ropa termine completamente enlodada, como su cabello, pestañas y mochila. Mariadna y Kulios llegaron a la cima de aquel peligroso barranco. Mariadna, la pobre chica, respira profundamente antes de dejarse caer sobre el pasto como un saco de papas. Manchando de marrón el verde de las plantas. Kulios, por su parte, permaneció en silencio. Observando al horizonte.
Los primeros rayones de las enormes mesetas comenzaban a colorearse.
Mariadna, quien curiosa también observó a la misma dirección. Aunque, en lugar de sorprenderse o decir algo fascinante, solo suspira de cansancio. —Al menos ya estamos más cerca..— Con un último suspiro se coloca de pie. —En fin... Necesito un baño urgente. Así que, ¿hay un largo cerca por aquí?—
—No lo se... Pero avancemos. Seguro encontramos algo.—
Sin mayor rodeos, la aventura sigue ofreciendo nuevas experiencias para Mariadna de Lordtta. Así sea, un simple y refrescante baño de lodo y raspones sobre piedras.

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 15
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 14
Estás leyendo el capítulo 14 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.