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Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 13 online gratis en español

Primera hora de la mañana por la cocina de Maslak y las calles de la ciudad. Maridna y su tía se encuentran a solas en el establecimiento. Ordenando y limpiando las mesas. Mientras que Kulios se encuentra acompañado de la presencia de Uika por las calles de la ciudad de Ysta. Este hecho originándose tras una larga insistencia de Mistak porque este le acompañase a comprar un par de ingredientes y otras cosas más necesarias para antes de abrir la tienda. "¡Son muy importantes en verdad!", había recalcado su Mistak. Kulios, qué curioso, solo aceptó sin muchas quejas. Uika en ningún momento tuvo derecho a decidir y Mariadna tampoco se interpuso o dijo algo; de hecho, parecía estar disfrutando del sufrimiento de su pequeña prima. Uika no es tonta y era consciente de que esto solo era una excusa malvada para dejarla a solas con este hombre. Un hombre apuesto. Uno, que le provoca que sus mejillas estén ardiendo todo el tiempo. —E-entonces... Richard... Uhm... ¿Eres de otras tierras?— Pregunta Uika, caminando al lado de Kulios. El pequeño bolso de Uika da suaves golpeteos por el movimiento de sus piernas. Kulios, no se demora en responder. —Provengo de tierras bestias. Específicamente de las tierras gobernadas por la familia de bestia de Phatsura.— Uika, ante su respuesta, abre un poco los ojos asombrada. —E-Entonces... Estás bastante lejos de tu hogar.... ¿N-No lo extrañas? Ya sabes, tu familia y eso. Eres comerciante, ¿no? Seguramente pasas mucho tiempo fuera de casa....— Kulios observa a la chica, dándose cuenta de que no es tan explosiva en realidad. Incluso, es un poco penosa y hasta amable. O, tal vez en todo caso, solo sea por la poca confianza que existe entre ambos. Aun así... Es curioso observar el hilo de su destino... —No realmente, es algo que disfruto y que soñé desde que soy niño.— Responde, con una mentira más. Que Uika no tiene que enterarse de que sea una mentira. —Entiendo, aun así. Si estuviese en tu lugar, no podría soportar estar tan lejos de casa durante mucho tiempo.— Suspira, Kulios sonríe. —Supongo que es normal. ¿Quieres mucho a tu madre, no es así?— Uika, en respuesta, asiente. Esta vez, observando a Kulios con una expresión más serena. —Es lo más importante que tengo en mi vida. Aparte de mi hermano, pero... Meh, ¡es un idiota! Ni siquiera ha regresado a casa desde anoche.— Su hermano. Se cuestiona Kulios. Ese muchacho lo observa desde el hilo que conecta con el de Uika. Un muchacho rebelde, dos años mayor que ella. Y quien últimamente no ha estado en muy buenos pasos. Gracias a los engaños de una joven con belleza deslumbrante. —Entiendo. Supongo que tu madre lo reprendrá.— —Eso espero, mamá es demasiado blanda con él. Detesto eso.— Kulios en respuesta, lleva su mano sobre el hombro de la muchacha. —Ya, seguro lo hará. No te preocupes por eso.— Y mentira no es. Su hilo solo guía un camino. Y ese hilo, lleva a su regaño y castigo inevitable por propias manos de su madre. Le gustaría intervenir un poco, sin embargo. No es momento para gastar poder solo por diversión. Especialmente ahora que sus reservas no están en condiciones óptimas. —En verdad... ¿Tú y Mariadna no son nada? Parecen ser muy cercanos.— —¿Cercanos?— Es lo primero que Kulios cuestiona. Después de todo, él nunca ha sido alguien de muchas palabras. Incluso, en todo caso, era su secretaria quien hablaba por él gran parte de las ocasiones. Ya sea para acuerdos con otros altos mandos y grandes poderes de los siete continentes o simplemente por llana pereza. Por esa misma razón, el dios del sol no le tiene muy buen aprecio. Incluso su esposa, Liliana de Bellatrix, la diosa de la luna, le tiene cierto fastidio. ¿Le importa? En absoluto. Teniendo ahora en cuenta que una simple humana le ha sacado más palabras que en toda su larga historia de muchos eones de vida. Mariadna de Lordtta es especial. Especial para el destino y un premio para el abismo. Pese a ello. No son cercanos en absoluto. Tampoco son amigos. Kulios nunca ha tenido un amigo. Oh... Tal vez sí, en algún momento su vieja y olvidada vida que prefiere no recordar justo ahora. Aunque... Dado que Mariadna ya comentó a los cuatro vientos que son amigos, tendrá que seguir el mismo juego. Inventando un poco sobre la marcha. —Yo.. Supongo que sí, nos conocemos de hace unos años. A veces ella me hace favores y yo en viceversa. Es una amistad puramente profesional. Nuestras dedicaciones no nos regalan el tiempo para... Compartir momentos juntos. Ya sabes, como salidas y eso. Así que sí, solo somos amigos. Nada más.— Uika, siguiendo el ritmo de la caminata de Kulios, asiente. Aunque este notó cierta sonrisa furtiva en ella. Prefiriendo ignorar ese punto, así como lo que el hilo del destino le mostró. —B-Bueno, en fin. Me alegra que Mariadna tenga un amigo. Ella... Siempre fue un poco solitaria.— En parte, Uika cuenta con gran razón. Mariadna, no es mucho de contar sobre su pasado. Kulios lo sabe debido a que hasta ahora la chica no le ha contado demasiado sobre ella, más que un que otro punto. Aunque, en realidad. Tampoco es que haga falta. A fin de cuentas, él tampoco lo a hecho. Así que ambos están a mano. A fin de cuentas, Kulios ya observa las cosas de antemano. —¿Solitaria? Vaya, pues para tener esa personalidad es poco creíble.— Uika suelta una suave risa ante el comentario de Kulios. —Tienes razón, aun así. Eso la hace especial.— Kulios, observa su alrededor; mucha gente sigue con sus rutinas pese a las horas de la mañana, unos ya preparándose para trabajar. —El abuelo le tenía gran aprecio.— —¿El abuelo?— —Sí, Maslak. Mi madre le puso su nombre al restaurante a modo de rendirle memoria.— Maslak, padre de Misrtak y su hermana. El hombre que les brindó valores y enseñanzas. También, un viejo que se creía joven y quería actuar como uno. Haciendo pasar a sus hijas muchas vergüenzas. Para colmo, Mariadna heredo todo lo peor de él. Algo que su madre lamenta, pero que también atesora como nada más en el mundo. Y, si no fuera por menos, tampoco le agradaba el padre de Mariadna. Según él, era demasiado blandengue para su princesa. —Entiendo, lo siento por hacerte recordar.— Uika niega con la cabeza. —N-No, no pasa nada. Tranquilo.— Con un suspiro, Uika cierra los ojos, estirando un poco sus brazos. —Sea como sea, ya estamos cerca de la tienda. Gracias por acompañarme, Richard.— He sin más preámbulos, ambos continúan con la caminata. ⁂ Mientras tanto, en la cocina de Maslak, Mistak, con calma y una tranquilidad absurda; riega las plantas que adornan por las ventanas de su restaurante. En simultáneo, tararea alguna melodía. Mariadna, al otro extremo, cuenta con un trapo húmedo sobre su mano derecha. Su ropa, mojada y manchada de jabón tanto como de agua. Que, del mismo modo, una escoba adorna muy cerca de ella. Limpiando y dejando impecables las mesas y el piso del establecimiento. Acciones cumplidas por parte de Mariadna en forma de agradecimiento por haberles dejado pasar la noche a ella y a Kulios en el restaurante, y así, por la comida brindada. —Ah... ¿Cómo le irá a mi pequeña?— Murmura de pronto Mistak. Regando su última planta. Pronto, su mirada se posa a sus espaldas en la dirección donde se encuentra Mariadna. Quien, al modo de una lagartija, intenta pegarse al techo para limpiarlo con el trapo. —Puedes limpiarlo con la escoba... ¿Sabes, mi amor?— Dice Mistak, incrédula, sin expresión. Casi olvidando lo absurda que Mariadna puede ser en ocasiones. —¡Ah! Cierto. ¡Cómo no lo pensé antes!— Mistak sonríe, pero también suspira en sus adentros. —A todo esto, ¿se irán pronto?— Mariadna, con la escoba en sus manos, escucha la pregunta. Rapidamente responde. —Eso creo... Supongo que ya veremos una vez Richard regrese.— —Uhm... Entiendo, de ser así. ¿Por qué no se quedan a desayunar? Así, se van sin el estómago vacío.— —¿Segura? Siento que ya nos aprovechamos mucho de su hospitalidad, tía.— Mistak, al escuchar el comentario de Mariadna, suelta una suave risita. —Vaya, ¿pero desde cuándo tienes modales? Mi pequeña Mariadna incluso ya estaría en una de las mesas exigiéndome la comida desde ya.— Mariadna, se sonroja un poco. Sin duda, ella siempre ha sido una mujer bastante... Mimada y caprichosa. No al nivel de una noble, pues a diferencia de ellos, Mariadna cuenta con sus enseñanzas impuestas por su padre y madre. Pese a ello, nadie duda de que si Mariadna hubiese nacido en una familia privilegiada y en cuna de oro, fuese igual o peor que la propia princesa Furinta. Que ella misma puede imaginarse todo lo que esa princesa puede hacerle sin remordimientos. Tal vez eso mismo es lo que le aterra y la sola idea de querer huir es una salvación en su cabeza. —B-Bueno, ya no soy una niña. ¡Ahora soy una adulta!— Refuta ella, Mistak, quien ahora está cerca de ella tras haber realizado unos cuantos pasos; sin espera, suelta un par de golpeteos en su espalda. —Claro, claro. Pero siempre serás mi bebé.— Mariadna, aunque con las mejillas coloreadas de rojo y avergonzada, permanece en silencio. Aceptando las muestras de afecto de su tía. —En fin, esos dos ya no deben tardar, así que será mejor apresurarnos.— Menciona por último la joven costurera. Mistak, solo asiente. —Pues, en marcha-— Responde con entusiasmo y Mariadna retoma su labor. Una hora después... ¡Tink! Rimbomba de pronto desde la entrada principal del restaurante. Kulios y Uika se abren paso, con distintos productos en manos. —¡Mamá!— llama Uika. Mistak, quien salió de la cocina, llega rápidamente para ayudarles con este pequeño pero gran mandado. —No se te olvidó nada, ¿verdad, cariño?— Uika niega. Recordando el listado de todo lo que su madre le encargó. Observando de reojo el mandado depositado en una de las mesas del restaurante y asintiendo. —Sí, es todo.— —Bien, bien.— Kulios, dentro del restaurante, buscó con la mirada a Mariadna, quien pronto se colocó a su lado. —¿Qué tal el paseo?— Pregunta ella. Kulios responde sereno. —Uika es bastante... Buena para los regates.— Responde en menos de un canto. Recordando cómo Uika logró rebajar cada precio de todos los productos que compraron y cómo el propio dueño de la tienda incluso se miró acorralado en algún punto del comercio. Y ante todo fue una respuesta inesperada para Mariadna. Pero, no cabe duda de que si. Uika es bastante habilidosa al momento de tratarse de regatear precios. Mañas que heredó de su padre, que en paz descanse. No porque realmente hubiese muerto. Sí, no, porque Mistak lo echó de casa cuando a este le pareció buena idea engañarla con una mujer más joven. Pese a ello, Uika sigue llevando su sangre lastimosamente. Irónico, pues el padre de Mariadna es un idiota para ojos de Mistak; para colmo, su propio marido resultó ser mucho más idiota. Aunque, por supuesto, nadie nunca menciona eso. Mencionarlo es declarar una sentencia de muerte. —Demasiado buena para su bien. Temo el día en que se dé cuenta de su poder y quiera dominar la economía entera del mundo.— Menciona Mariadna, Kulios, sereno, dice lo siguiente: —No lo dudes, algún día.— Eso... Suena un poco aterrador, piensa ella. —Bueno, como sea. ¿Quieres desayunar antes? O.. ¿Partimos de una vez?— —Como tú desees. Caminaremos un par de kilómetros. Por ende, mira por ti y decide.— —Supongo que... Sí... Comamos algo antes de partir.— Dicho y hecho, la cocina de Maslak abre sus puertas un día más... ⁂ Las horas de la mañana avanzan con tranquilidad. Hace ya un buen rato que Mariadna se despidió de Uika y su tía tras el desayuno. Esta última, dándole muchos besos antes de despedirse. Uika, por otro lado, solo un abrazo y pidiéndole que para la próxima venga con más tiempo. Kulios, en la despedida, solo permaneció en silencio. Aunque también fue despedido por mistake, ofreciéndole una vez más la mano de su querida y pequeña Uika. Se negó, eso es claro. Aunque Uika, solo se sonrojó en aquel instante. Ahora Kulios y Mariadna caminan entre las calles de la ciudad de Ysta en destino a la salida de la ciudad. Sin embargo, Mariadna cuenta con un pequeño pero gran problema para ella. Su espalda, carga de su bolso, de esa mochila que trajo consigo de su casa. Pero ahora ha cargado hasta la punta que incluso es incapaz de cerrarse por completo. Mochila que se llenó gracias a diversas cosas que Mistak le regaló a Mariadna y Kulios antes de su despedida. —P-Pesa mucho...— Se queja, caminando como un pato tonto. Kulios no se digna a ayudarle. Incluso, parece estar divirtiéndose. —¡D-Deja de mirarme y ayúdame!— Kulios rueda los ojos, divertido. Mariadna, tras un mal paso, tropieza, cayendo contra el suelo. La mochila se abre, dejando salir muchos de los objetos que tenía embolsados. —¡Blegh!— Rápidamente, recompone su postura; su rostro rojo por el golpe y la vergüenza. Observando al piso con rastros de comida y otras cosas esparciéndose. Y, por último, darle una mirada furiosa a Kulios. —¡Aborrezco el día en que te conocí!— —El sentimiento es mutuo, no te preocupes.— —¡Vete a la mierda!— La multitud les observa; Mariadna se da cuenta. Nuevamente se avergüenza, especialmente cuando escucho el murmullo de una anciana decir lo siguiente: "Estas parejas de hoy en día..." —Tch..— Chasquea sus dientes. Sin más preámbulos, recoge nuevamente sus cosas. Aunque en esta ocasión Kulios le brinda una mano. Unos momentos más tarde... A las afueras de la ciudad de Ysta. Mariadna y Kulios avanzan una vez más. Kulios, en esta ocasión, cuenta con la mochila sobre su espalda. Mientras Mariadna es ahora quien camina con tranquilidad. —¿A dónde es que nos dirigimos realmente?— Menciona ella. —Al este de la región en donde encuentran la cuna de las "mesetas", oh, también conocidas como \_El jardín de las mesetas.\_— Responde Kulios. —Oh... El jardín de las mesetas. Ugh... Está bastante lejos, según he escuchado.— —Solo un par de horas caminando. Podemos acampar o correr para apresurarnos.— —¿Correr? Estás loco. ¡Ni que fuera una superhumana!— Mariadna suspira, ya cansada y fastidiada de solo imaginar las largas horas que caminarán durante el día de hoy. —Ni siquiera sé usar magia para impulsarme con el viento o qué sé yo.— Murmura Mariadna decaída, aunque pronto dice algo más. —El jardín de las mesetas... Escuché que es un lugar asombroso. Pero en realidad, nunca he visitado el lugar. ¿Cómo es?— Kulios, quien camina con tranquilidad, escucha la pregunta suelta por Mariadna. De reojo la observa; distraída con su alrededor. —El jardín de las mesetas es como lo describe su nombre. Un "jardín": un lugar lleno de subidas y bajadas. El sitio que alcanza casi las nubes. Aunque no de forma literal. Solo le apodan así para hacerlo más llamativo a los turistas.— Mariadna escucha atentamente. Pero pronto, más dudas llegan a su cabeza. —Tiene algún trasfondo? ¿O simplemente es una obra de la naturaleza?— Su pie izquierdo patea una pequeña piedra; Kulios rápidamente le responde. —Su historia tiene un origen. Sin embargo, es más corta de lo que crees.— —Oh... ¡No importa! Sueltala. Sirve para perder un poco el tiempo.— —De acuerdo, entonces. Escucha atentamente...— ⁂ En la antigua región del pie del gigante. El hada de los vientos Oros viajó a las viejas tierras de los reinos extranjeros por órdenes de su querido y no proclamado amado, el héroe élfico Eliotath. Con la tarea de colocar más puntos de viaje que conectarán con el territorio élfico del continente de los bosques tras aquella recién separación de los siete continentes. Sin embargo, Oros encontró un problema cuando llegó a dichas tierras en pleno crecimiento. Siendo, como ya se comentó, las antiguas tierras y territorios en repartos de entonces aquellos cuatro reinos extranjeros. Aquel problema no residía en sí el propio conflicto entre los cuatro reinos en crecimiento, sino en algo completamente distinto, y eso era la propia magia. Los humanos en aquel tiempo eran considerados una raza privilegiada. Que fue bendecida por la propia diosa de la luna y el dios del sol tras su llegada con el llamado del rey dragón Quetzalcóatl y su bendición que trajo consigo la magia y el maná. Evento histórico que complicó las cosas a la propia hada de los vientos Oros. Quien aún no comprendía el entendimiento de lo que era la "magia" en sí misma. En aquel entonces, el jardín de las mesetas no era más que una zona baldía. Una zona de guerra por las disputas entre los reinos extranjeros y otros territorios más durante el reparto de territorios. Oros, intento usar su don. Su comunicación anómala con el sonido, el aire y la tierra para crear brechas y caminos sobre cielo y tierra. Sin embargo, era distinto. Algo lo impedía, y era eso mismo. La magia, que interrumpía el proceso natural de lo que era el propio "don" natural de Oros. Frustrada, se lo comentó a Eliotath. Sin embargo... Este estaba más ocupado con sus ideologías absurdas sobre la justicia y venganza con sus padres que simplemente esas quejas fueron ignoradas. Oros, no lo tomo así. Ella lo miró como un fracaso y decepción de su amado para ella. Con eso, comiéndole la cabeza, tomo acción sirviendo ese poco interés de Eliotath como una motivación. Viajo, y viajo. Estudio noches enteras. Hasta que comprendió algo. La magia se rige bajo un propio orden natural. La magia es el llamado físico de lo que el planeta desea "prosperar". Es un poder... Incomprendible; pero algo que en realidad no se puede guiar no solo con una regla, sino con distintas reglas y formas dependiendo de lo que la persona pueda comprender o entender por sí misma lo que es la "magia". Y no solo la magia. Si no, así mismo el "mana". Algo que a la propia Academia Mágica de Lunaris le costó entender. Y lo hicieron hasta que el Medd Darantin encontró un sustento en su propia metodología con el arte de los espejos, que le tomó un buen tiempo poder comprenderlo y desarrollarlo. Pero qué diferencia, Oros, comprendió su propia metodología en base a su propia regla que ella misma comprendió, bastando y siendo suficientes unas cuantas noches de estudio. Pese a ello, Darantin sigue siendo considerado el primer ser no humano en haber manipulado la magia antes que cualquier otra raza o especie. Con esa fórmula, Oros formuló su propia ecuación. Creando la base de su son con la propia magia y el maná. Las hadas no eran capaces de usar magia. De hecho, ninguna otra raza más era capaz de hacerlo hasta el gran estudio que el medd Darantin realizo al mundo como ya se comento previamente. Oros, bajo su propia metodología, creó lo que fue el comienzo de nuevas artes. Pero así mismo, de lo peligroso que era intentar fusionar los principios de la magia con otras cosas que no eran derivadas de su principio. Esto, debido a lo que vino consigo. Qué fue la mutación del propio territorio. Aquello que antes era un territorio "baldío" y sin vida se esfumó y transformó en algo mucho más grande y especial. Grandes plataformas crecieron a mitad de la batalla. Mesetas que superaban el tamaño de montañas. Soldados y otras personas quedaron aterradas. Creían que habían hecho enfurecer a los dioses. Unos suplicaron por piedad, otros se rindieron. Oros, la protagonista de todo esto, observaba fascinada. Su creación, su lógica, su entendimiento. La magia era increíble. Era un poder incomprendido. Algo sin límites que era capaz de crear nuevos mundos. Nuevas reglas. —¡W-Woah!— Fue lo único que Oros dijo; observando crecer grandes mesetas de tamaños descomunales en un simple y llano territorio. Un territorio pequeño, sin gracia. Pero que era la muestra de potencial que la magia conservaba. Oros se dio cuenta de algo una vez más. La magia no tiene límites. Tal vez nunca tendrá límites. Y el planeta, como el mundo entero, responde al llamado de la magia. Creando lo que hoy en día se conoce como el jardín de las mesetas. ⁂ —Oros... Je, es realmente increíble. — Kulios alza su ceja. —En realidad, toda esa investigación no la hizo por si sola. El reino del este brindó mucha ayuda en su investigación. — El reino del este sí que tuvo que ver en gran parte de la historia verdadera de Oros. Principalmente en la investigación de lo que era la "magia". Obteniendo los entendimientos de sus "principios" a través de su gente. Que, en su momento, se interesaron en la magia por encima del viejo reino extranjero del norte y del sur. Aunque gran parte de ese "entendimiento" fueron experimentos que terminaban en la muerte de familias inocentes o soldados. Mariadna desconoce ese último punto. —Ya, aun así, supongo que tiene su mérito.— Menciona Mariadna. Kulios responde rápidamente. —Lo tiene, a fin de cuentas. Fue por encima de Darantin que logró comprender de mejor forma lo que es la "magia" incluso en la actualidad, así sea que él fuese el primer no humano en hacerlo. Lastimosamente, eso no se sabe en la historia. Pues muchas cosas han sido adulteradas por terceros— —Eso es nuevo, ni siquiera yo lo sabía. ¿Eso me hace especial?— —De alguna forma, aunque la gente no parara de verte como cierto bufón.— Mariadna, supone que es algo común. A fin de cuentas; es más fácil creer en las palabras escritas de libros oficiales y originales en comparación con palabras sueltas por una persona que en sí es desconocida para el mundo. De hecho, en todo caso, ella misma impondría la misma regla de no ser, porque Kulios es uno de esos personajes escritos en esos libros. Por ende, él no es cualquier persona. —Supongo...Aun así, es grandioso escuchar otras versiones fuera del contexto de los libros.— Con un último suspiro, Mariadna estira sus brazos. —Pff.... Como sea... Apresurémonos por encontrar algún lugar donde pasar la noche.— Kulios asiente. Ambos se pierden nuevamente entre los bosques de la región. A su segunda parada en este viaje a tierras Medds y enanas. El jardín de las mesetas. Lugar donde se encuentran las torrentes de Oros.
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Estás leyendo el capítulo 13 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.