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Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

—¿Entonces dos j'bals a la parrilla?— Pregunta Uika, tomando la orden de Mariadna y Kulios en la mesa que se les fue dada. —Sí, y dos jugos de mazastia, si no es mucha molestia, pequeña Uka.—Uika frunce el ceño al escuchar el apodo "Uka", apodo que hace un referente a lo que es un pequeño gusano peludo, porque al tocarlo con las manos desnudas causa una sensación de picor y quemazón. Así como Uika, se enoja fácilmente con las bromas o sarcasmos que pareciera arrojar chispas. No obstante, mantiene la calma. Hacer una rabieta justo ahora no es lo mejor. Pese a ello... Realmente detesta ese apodo con toda su alma. Mariadna lo sabe, lo tiene en cuenta mejor que nadie. Por ello es que nunca desaprovecha la oportunidad de mencionarlo cuando Uika está cerca. —Claro, Mazs.— Oh, la mesa se queda en silencio cuando Uika, con una sonrisa plena y sincera, mencionó "Mazs", que es el apodo de un animal originario de los lagos fríos del reino extranjero del sur. Un pequeño pez tonto y bobo que muere comúnmente por olvidarse de tomar oxígeno. Kulios, quien en todo este rato ha permanecido en silencio, dirigió su mirada cautelosamente a Mariadna. Quien, para sorpresa de todos, se encuentra tranquila. Muy tranquila, que es... Un poco aterrador... Impresionante, teniendo en cuenta que Kulios es prácticamente un dios y no cualquier dios. —Muchas gracias, pequeña Uka.— Esto se ha tornado incómodo. Kulios, ahora observa a Uika. Quien, de igual forma, se muestra muy tranquila. —De nada, querida prima mía. Te odio.— Mariadna asiente. —También te quiero mucho, mi Uka. — Y sin más preámbulos, Uika se alejó de la mesa. Mientras que Kulios, en su rostro dibujaba una expresión de llana y pura incredulidad. Comenzando a cuestionarse y preguntarse cosas como : ¿Qué hace él aquí?". Ah, es cierto. Él mismo fue quien se ofreció a llevarla a tierras hobbit y enanas. Luce un poco arrepentido ahora. —¿Por qué esa cara?— Pregunta Mariadna de pronto en el momento justo en que su mirada encuentra el rostro de Kulios junto a su expresión. —Ah... Ejem...— Kulios tose un poco. Mariadna alza la ceja. —¿Qué? — Pregunta ella de nuevo. —Nada. nada.— Responde Kulios desviando la mirada, a lo cual Mariadna alza los hombros. —Raro, pero, en fin. Ya casi es medio atardecer— menciona Mariadna; Kulios asiente. —Tendremos que pasar la noche en alguna morada.— —Supongo que si... Aunque.... Eh, tengo un poco de ventaja por aquí.— Responde Mariadna, guiñando el ojo. Kulios, suspira. Con una sonrisa en labios: —¿Qué ventaja?— pregunta él. Curioso, Mariadna, divertida, sonríe cuando nota la burlesca sonrisa de Kulios en su mirada. —Pues, hagamos de cuenta que tengo un poco de conocidos por aquí.— Kulios suspira, un punto bastante obvio. —Aunque... Teniendo en cuenta que nuestro tiempo es limitado, no creo que ponernos cómodos sea una opción viable — Espetó Mariadna, con la mano derecha sobre su barbilla. —Ahhhh. En primer lugar, ¿por qué aceptaste venir? SI hubiese sido tú, solo me encargaría de vivir mis últimos días de vida antes que una princesa caprichosa me decapitara.— Kulios tiene un punto, sin embargo. Mariadna también cuenta con su justificación. Oh, algo parecido a una. —Ya, por eso mismo vine. ¡No me quiero morir! Oh, al menos mi segundo objetivo es perderme en otras tierras y que jamás me encuentren.— —Vaya, sí sabes usar el cerebro.— Ante lo mencionado por Kulios, Mariadna responde con una sutil acción. Alzando su dedo de en medio con una expresión serena. Mientras Kulios bufa con una sonrisa. —En fin, ya veremos cómo llegamos de una forma más rápida.— Menciona él y Mariadna suspira. Mismo instante en que Uika reaparece con dos enormes platillos sobre las manos. —Dos J'bals a la parrilla y dos jugos de Mazastia.— Su voz, imprevista de entusiasmo, viaja a oídos de ambos. Uika, con habilidad forjada de haberse criado siendo camarera desde la niñez, deposita ambos platillos sobre la mesa. —Uhwaaa... ¡Luce increíble, mi pequeña Uka!— El aroma de los platillos rápidamente inunda las fosas nasales de ambos. El estómago de Mariadna genera un suave ruido similar al quejido de una vaca hambrienta, mientras que Kulios, con cuidado, toma un par de utensilios. Un tenedor, un pequeño cuchillo y un sazonador. —Cualquier cosa, no duden en avisarme.— Menciona Uika por último, antes de retirarse. —¡W-Woah, esta vez la tía Mistak se lució!— Kulios, no espero ni un segundo más. Pronto, el filo del cuchillo comenzó a cortar la piel blanda del J'bal. Despertando un perfumante aroma de especias y condimentos que endulzan los orificios nasales de Kulios una vez más. La piel, pronto se parte en dos, y Kulios deposita el pequeño cuchillo para ahora tomar el tenedor. Lo pincha con elegancia y modales, no demorándose más, llevando su primera porción sobre su boca. Recibiendo el primer contacto de sabores sobre su lengua. Mastica, saborea. El sabor es delicado, suave. Un poco dulce, un tanto picante. Masticarlo es algo extraño. Más que nada, su textura blanda y viscosa. Bastando con un par de mordidas para dar el primer trago. Kulios, que en todo ese proceso mantuvo los ojos cerrados para tener una mejor experiencia de sabor, se llevó una gran sorpresa cuando los abrió. Que incluso, se miró en la necesidad de parpadear dos veces para hacerse creer que su vista no le está fallando. —¿Qué?— Espetó Mariadna una vez más, incrédula, relamiendo sus dedos con restos del increíble sazón del J'bal. Los labios, sucios de los restos del platillo. El platillo, este mismo completamente vacío tras solo un par de bocados que Kulios demoró en masticar, pero que a Marianda solo le bastó uno para terminar. Eh, lo más asombroso. La poca elegancia y delicadeza de Mariadna para tener las manos llenas de grasa y los utensilios como, el pequeño cuchillo y tenedor completamente intactos. Kulios lo compara con la imagen de una niña pequeña con modales de un bárbaro. —¿No te gustó?— Pregunta ella, Kulios, niega. —En absoluto. Esta delicioso.— Sin mayores preámbulos, Kulios realiza un bocado más. Mientras que Mariadna, alza su brazo solicitando una orden extra de J'bals a la parrilla. Kulios da un trago a su propio vaso con jugo de Mazastia: una fruta que asemeja al sabor de una manzana, pero ligeramente más dulzona y de un color púrpura. Observando de reojo a Uika soltar un suspiro. ⁂ —Hehh...~— Mariadna, con la barriga satisfecha, decora una cantidad considerable de platos vacíos enfrente de ella sobre la mesa. Kulios, por otro lado, solo conserva un plato. Aunque... No, en realidad son tres platos más. Ambos, tienen un apetito voraz. En especial Mariadna, que es asombroso, considerando que es una simple humana. —Entonces... ¿Quién pagará todo esto?— Pregunta Kulios. Mariadna rápidamente contesta acariciando su propio estómago lleno. —No te preocupes. Viene de la casa.— Responde ella, girando un poco su vista, y Kulios observa cómo una mujer mayor viene directo a la mesa en donde se encuentran. Una mujer de estatura baja, tal vez unos, uno punto cincuenta centímetros. Cabello azabache hecho una coleta. Piel blanca y unos ojos color miel ligeramente verdosos. Muy parecidos a los de Mariadna. Con las manos manchadas de grasa, al igual que sus ropas y mandil. —¡Oh! ¡Mariadna, mi pequeña!— El nombre de esta mujer es Mistak, su tía. De igual modo que ser y tener el título de la dueña del establecimiento. Mistak entrando en escena rodea a Mariadna entre sus brazos, generando que el rostro de Mariadna termine entre su pecho. —¡Hace tanto tiempo que no te veía, mi amor! Pero... Wawawa, has crecido tanto. ¿Cómo está tu mami? Y.... El horrendo de tu padre.— Mariadna, ahogada y suplicando por aire entre los pechos de su tía, escucha atentamente el comentario lleno de entusiasmo, pero también de asco. En especial; por esa última frase. "El horrendo de tu padre". Mistak y su padre nunca se han llevado bien. Ella lo sabe, Mariadna siempre fue espectadora de la pésima relación de su padre y tía desde su infancia, tras las múltiples escenas que ambos provocaban. Debido a que Mistak siempre a pensado que el padre de Mariadna es mucho para su hermana. Aunque lo soporta. Todo en gracia de su sobrina Mariadna. Que en su criterio, es un poco molesto lo parecida que es a su padre y no a su madre. Aunque la quiere y ama de igual forma. —T-Tia..— Suplica una vez más Mariadna, algo mareada. Mismo instante en que Mistak se da cuenta de la presencia de aquel hombre desconocido para ella. Kulios. —¡Ohh! ¿Eres novio de mi niña o simplemente un amigo suyo? ¡DIme, dime, muchacho!— Pregunta ella, sin soltar a Mariadna, quien sigue luchando por oxígeno. Sin embargo; antes de que Kulios fuese capaz de responder con alguna broma o tontería, Uika llega. —¡Mamá, que aún faltan clientes por atender!— Mistak, tras escuchar la voz de su pequeña biológica, rueda los ojos. —Encárgate tú.— Responde con claros indicios de no cambiar de opinión. Uika, quien, frente a ella y a pocos centímetros, coloca sus ojos en blanco. Incrédula y cansada de la actitud tan infantil de su madre. —¡Venga, ya vamos!— He, a las fuerzas, la lleva hasta la cocina. Mientras Mistak grita por auxilio. Y Mariadna, al fin, recupera el aire perdido llenando sus pulmones. —Familia de locos.— Mariadna no niega el comentario suelto por Kulios. —E-Es lo que tenemos para ofrecer, lo siento.— Kulios suspira... Habiendo vivido más experiencias con esta chica que en todos sus largos eones de vida. Momentos más tarde... El establecimiento ha comenzado a vaciarse. Aventureros, mercaderes y mucha otra gente más se han retirado con los estómagos felices. Uika, cansada, se desploma sobre una de las tantas mesas, suspirando pesadamente. Mariadna y Kulios, que aún seguían ahí, se miraron. Justo en el momento en que Mistak regresó con ellos. Más tranquila y con un paño limpiando sus manos. Uika, desde lejos, solo alza su oreja para escuchar. —Ahora sí, dime. Muchacho, ¿desde hace cuánto conoces a mi pequeña Mariadna?— Kulios, tomado de sorpresa, tarda segundos en responder. Pero, pronto lo hace. Sin embargo, Mariadna es más rápida y le cubre la boca antes de que suelte alguna idiotez. Ya ha tenido suficiente con su madre y tener a su tía ahora con una reacción similar o peor de lo que hizo su madre no le apetece mucho en realidad. —Solo es un buen amigo mío. Es comerciante y justo tenía la casualidad de que iría a tierras enanas y Medds. A lo cual, accedió a darme un pequeño empujón.— Brumó ella. Mistak, escucho atentamente. Y para sorpresa de nadie. Al igual que su padre y madre, su reacción fue de notable decepción. —¿¡Por qué todos ponen la misma cara!?— Mistak suspiró. —Bueno...— Aunque Mariadna la detuvo antes de que siquiera pudiese terminar. —¡Ya, ya! Como sea.... Su nombre es Richard, Richard, ella es Mistak, mi tía. Hermana menor de mi madre.— Kulios, o en este caso "Richard", observa a Mistak. Pronto, saluda. —Es un gusto conocerle, señorita.— Su voz, dulce, melodiosa y llena de amabilidad, endulza los oídos de la mujer. Quien, curiosamente, se sonroja. Pero, no por vergüenza ni mucho menos. Si no, por lo extraordinario que le parece de un solo vistazo. —¡Ay! ¡Pero qué muchacho más encantador!— Mistak, con pequeñas estrellas y suaves corazones en los iris de sus ojos, toma las manos de Kulios. Acercando su rostro al de él. —Ya que no eres nada de Mariadna.... ¡Entonces, mi pequeña Uika, sí que está disponible! ¿Verdad que sí, Uika?— El comentario suelto sin vergüenza llega directamente a la mesa donde Uika está desparramada. Sus mejillas rápidamente se colorean. En especial, porque Uika, en todo este rato, no a dejado de mirar al muchacho. A Richard. —¡No digas tonterías, mamá!— Dice Uika, avergonzada. Incapaz de mirar a Kulios, o bien a Richard. —¿Tonterías? Solo míralo... ¡Es guapísimo!— —¡Que te calles, mamá!— —Venga, venga... ¡Salúdalo, Uika, no seas irrespetuosa con tu futuro esposo!— —¡Ya! ¡Basta!— He, sin preámbulos y gracias a la presión, Uika, huye del lugar. Abriendo las puertas de la cocina y no salir nunca más. —Meh, perdónala. Solo es tímida.— Dice Mistak. Kulios.... Asiente. Entre tanto, Mariadna interrumpe la charla. —Ejem.... Bueno, tía, quería pedirte un favor.— —¿Un favor? Oh, claro. ¡Dime!— —Tenemos pensado pasar la noche por aquí y, bueno...— Mariadna no terminó su frase. Justo cuando Mistak la interrumpió. —Por supuesto, pueden quedarse. ¡Sería un honor!— Bruma repentinamente Mistak. Mariadna, con una sonrisa, agradece. Pronto. Mistak, toma asiento. Tranquila y más serena. Uika, quien en realidad seguía ahí, curiosa y chismosa, mira por el borde de la puerta de la cocina para tener mejor escucha. —Tierras enanas y Medds es a donde se dirigen, ¿no?—Mariadna rápidamente asiente. —¿Qué pendientes tienes en tierras tan lejanas, mi niña?— Mariadna duda en responder. Sin embargo. ¿Por qué? En realidad, no es que se encuentre en una misión ultrasecreta o en semejanza. En todo caso, vino hasta aquí por puro y mero capricho, desatendiendo sus deberes. —Pues... Vamos en busca de conocer a un Medd. Tatsir, creo que se llamaba. ¿No, Ku- R-Richard?.— Kulios asiente. Y en parte, esta vez no es una mentira. A fin de cuentas, este viaje solo es para conocer a Tatsir. Ese Medd artesano. —¿Tatsir? He escuchado sobre él. Aunque no cosas muy buenas precisamente.— Mala señal. Aunque Mariadna; ya se esperaba algo así. Kulios dejó muy en claro que Tatsir no era un personaje especialmente extraordinario. —Es normal en ese tipo.— Menciona Kulios. Mistak le observa. —Aunque dicen que sí es muy bueno en lo que hace.— —Lo es, lastimosamente le cuesta despegar.— —Uhm, es un Medd joven. Seguramente tendrá sus miedos. Solo es cuestión de tiempo para que se dé cuenta.— Kulios asiente, Mariadna en silencio solo observa y escucha. Mistak, con un último respiro, habla de nuevo: —Ya que se quedarán, ¿por qué no ayudan un poco en la tienda? A fin de cuentas. No todo es gratis en la vida. Agregado, será su forma de pago por la comida.— Vaya, Mariadna debió pensarlo. Casi estuvo a punto de olvidar que su tía es prácticamente igual que su madre. Y el "ayudar un poco" es darle todas las responsabilidades de la tienda mientras ella se va a beber unas cuantas copas con las demás señoras de la ciudad de Ysta. Agregado: ¿Su forma de pago por la comida? Ja, Mariadna, casi olvido eso. Supone que en esa circunstancia negarse es una opción prácticamente inevitable. —Claro, sin ningún problema. Queridísima tía.— Responde Mariadna, con calma y dulzura. Sea como sea. ¿Cómo se iba a negar? Y aunque lo hiciese, seguramente terminaría limpiando los platos esta noche. Se repite. Es una decisión inevitable. —Bien dicho, querida.— Mistak y su madre son la misma moneda. Ambas aterran a Mariadna. Y Kulios lo ha presenciado. Aunque siguen sin compararse con su secretaria. Un poco, no demasiado. Mistak, juntando ambas manos, ejerce dos suaves aplausos. —¡Bien, bien! Pues andando.— Kulios y Mariadna asienten al unísono. —Uika, sé que estás ahí, así que tú también. Vamos, vamos.— He sin preámbulos, la cocina de Maslak comienza a estar en movimiento una vez más en el día. ⁂ Las horas transcurrieron en la gran ciudad de Ysta. Mariadna y Kulios, ante todo pronóstico, terminaron siendo otros dos meseros más de la cocina de Maslak. Y ahora, Mariadna, completamente agotada de haber enfrentado a clientes que no paraban ni un segundo en piropearle con comentarios suaves y otros más desubicados, se derrumba en la cama de la habitación que Mistak les ofreció dentro del propio establecimiento ubicado en el almacén del sótano del establecimiento. —Es mejor que nada.— Menciona Mariadna, con el rostro sumergido entre las almohadas y sábanas. Kulios, respira. Calmado, tomando asiento entre sacos de cuero llenos de alguna especia. —Es cómodo, teniendo en cuenta lo que cuesta una buena morada.— Mariadna asiente debido a que Kulios tiene razón. Una morada en la ciudad de Ysta resulta ser un poco... Costoso... No demasiado, pero sí sobrepasando el precio convencional que se ofrece para una morada en cualquier otro lugar. Sin embargo, no es algo exclusivo en la propia ciudad de Ysta. Debido a que, incluso en el propio pueblo de las estrellas, el rentar una habitación en cualquier establecimiento es relativamente costoso en comparación con otros lugares. Esta razón se debe al alto turismo que recibe la región. No solo la ciudad, sino, en general, la región de lo que es dentro del territorio del reino extranjero del sur. La alta demanda de turismo ocasionó que los precios comenzaran a inflarse. Muchas personas se quejan al respecto. Porque, sea cualquier producto, como por ejemplo: un bolso de cuero sencillo que cuenta con un precio fijo del mercado en cualquier otro sitio de los reinos extranjeros o del continente humano, es más barato. En comparación con la región del pie del gigante, donde su precio se duplica. Provocando que llevar una vida dentro de la región o, en retrospectiva, venir de visita sea costoso. Por los altos precios que incluso se suman en los recursos básicos o una bolsa de despensa básica. Sin embargo, ¿por qué su alta demanda turística? La razón es simple. Y eso es la propia huella de lo que es el gigante. He así mismo por lo que es su fauna y cultura de la región con el afán de conocer la historia detrás del legendario héroe gigante Ysta. Su nombre vende. Y mucha gente con poder no desaprovecha esa oportunidad.—Con todo esto. ¿Cuál es nuestro próximo destino?— Mariadna, recostada sobre la cama, suelta la pregunta mirando a Kulios. —Tenemos varios lugares en el mapa. Sin embargo, conozco una ruta más factible.— Responde casi al instante. —Ah... ¿Sí?— Alzando su ceja, deja al pie su intriga. —¿Y cuál es esa ruta?— Termina por preguntar. —En las cimas de estas montañas se encuentran los torrentes de Oros. Que nos darán un leve empujón a tierras Medd y enanas.— ¿Torrentes de Oros? Es lo primero que Mariadna se pregunta. Oros, le suena ese nombre. —¡Oh!— Suelta de pronto, cuando rápidamente lo recuerda. Oros la hada de los vientos. Aquella hada que bendijo las plantas. La misma que se consideraba la mano derecha del legendario héroe élfico Eliotath. Y la misma que se encargó de que los vientos no solo viajasen por el aire. —¡Oros, oros! ¡Su historia es increíble!— Bruma Mariadna, emocionada y entusiasmada. —¿Increíble? Solo era una charlatana enamorada de un tipo que prefería la justicia sin sentido.— —Uhm... En fin, no importa. Estoy muy cansada...— Mariadna, entre su queja, coloca las almohadas sobre su rostro. —Dormiré en la cama, puedes dormir en los sacos. Sí, así quieres.— Vaya, Mariadna sí que es amable. Aunque, claro, solo es sarcasmo. —Ya, tranquila. Tanta preocupación me sonroja.— —Claro, me preocupo por tu bienestar.— Dice ella, y Kulios solo ríe. —Como sea, descansa de una vez. Mañana será un día bastante movido.— Mariadna asiente, antes de recordar algo. —Esa mano de oro, y la rana dorada que apareció en mis sueños. Aunque, específicamente... ¿Qué sueño me ha cumplido esa mano? Comentaste algo así, ¿no? Sobre esa mano, cumplir los sueños de las personas.— Aunque Mariadna intentó investigar un poco con antelación, no descubrió mucho. Principalmente porque se desvió con otros temas que la dejaron mucho más obsesionada. Como el propio origen de Kulios. No obstante, eso no quita que esa mano de oro siga en su cabeza. Así como esa rana de oro que hizo presencia en sus sueños. —Ah... Es un tema más complejo de tratar— Responde Kulios; Mariadna suspira. —No soy tonta, puedo comprenderlo. Estoy segura.— —No lo dudo, sin embargo. Es complejo y largo, así que. Preferíria contarlo en otro momento.— Mariadna quiere insistir un poco más. Sin embargo, suspira a último segundo. —Bien, bien. Seré paciente, pero prométeme que me lo contarás. —Dicta, como ultimátum, observando a Kulios. —Lo prometo, ahora. Duerme.— Sin más distracciones, Mariadna gira su cuerpo al lado contrario de Kulios, cerrando los ojos y comenzando a respirar con calma. Mientras el dios del abismo la observa. Esa rana de oro, la influencia de la mano. Aún sigue cerca de ella. Protegiéndola del abismo. Kulios lo sabe, lo nota. Porque el abismo no ha intervenido más en ella ni en su destino. —Vaya molestia.— Murmura él.
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Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.