Leer Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) Capítulo 55 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"Esposo, con la situación actual, me temo que Ayuan no podrá celebrar el compromiso con el Clan Wu, ¿verdad?".
Bai Jing entró en el patio y contempló con gesto apesadumbrado a Xu Chuan, quien meditaba con las piernas cruzadas sobre un cojín de oración, concentrado en sus ejercicios de respiración y cultivo.
"En verdad no es el momento oportuno. En tal caso, que el matrimonio se celebre directamente el año próximo". Xu Chuan meditó unos instantes antes de añadir: "Haz que Shitou vaya en mi lugar a la capital del condado, a la residencia del Clan Wu, para manifestar nuestra sinceridad".
"Está bien, que así sea...", convino Bai Jing con cierto pesar, sin poder contener un suspiro de queja: "¡Maldita sea la calamidad que nos manda el cielo! Un banquete de compromiso tan bien dispuesto, arruinado de esta manera. Solo espero que Ayuan no guarde resentimiento".
"¿Acaso tú, que eres su madre, no conoces su temple?", sonrió Xu Chuan con serenidad. "La sequía azota con ferocidad y en más de diez condados vecinos la gente perece día con día. Si en semejante desastre montáramos un gran festejo, ¿no temerías que nos señalaran con el dedo acusador a nuestras espaldas?".
"Dices bien, esposo". Bai Jing lo sopesó detenidamente: si en un trance tan funesto el Clan Xu organizaba una celebración por todo lo alto, una multitud desesperada terminaría agolpándose en Dongxi.
"Iré de inmediato a avisarle a Shitou".
Bai Jing se dirigió al Patio Nanshan e informó a su primogénito.
Xu Mingwei no vaciló un instante y, poco después, partió a toda prisa rumbo a la capital del condado.
A escasa distancia de las murallas se extendía un asentamiento de refugiados, próximo al cauce de un río que ya languidecía entre múltiples tramos secos; las fuentes de agua escaseaban por momentos.
Al pasar, Xu Mingwei vio a campesinos encorvados arrancando la corteza de los olmos, y a ancianas de piel apergaminada que, con canastas al brazo, buscaban con afán cualquier hierba silvestre comestible.
Por doquier deambulaban figuras demacradas, semejantes a muertos vivientes.
Por fortuna, los días de bochorno abrasador habían quedado atrás.
Corría el décimo mes, la estación en que la naturaleza decae y languidece.
Aunque los recursos silvestres menguaban sin remedio, al menos los desdichados no debían resistir el sol implacable, bajo cuyo castigo cualquiera podía desplomarse insolado para convertirse, sin auxilio ni consuelo, en un montón de huesos secos al margen del camino.
Que el Clan Xu se hubiese tomado la molestia de plantar con previsión frutales y hortalizas capaces de desarrollarse en otoño e invierno era, a todas luces, una rareza prodigiosa.
El Condado Qingjiang se encontraba bajo estricto toque de queda para frenar la avalancha de desarraigados, por lo que las revisiones de identidad en las puertas eran sumamente rigurosas.
"¿Quién va?".
"Del Clan Xu, Xu Mingwei".
"¡Ah, se trata del Primer Joven Amo Xu! Por favor, adelante, pase de inmediato".
Una vez declarada su alcurnia, los guardias de la entrada no osaron interponer el menor obstáculo.
Ya en la residencia del Clan Wu, Xu Mingwei les comunicó con franqueza la cancelación del banquete de compromiso; la familia aceptó de buena gana, sin añadir objeción alguna.
Aunque desconocían la situación interna del Clan Xu, las pérdidas que ellos mismos habían sufrido no eran menores, y carecían por completo de ánimo para banquetes. Si la sequía se prolongaba hasta el año entrante, calculaban que incluso las nupcias tendrían que posponerse o cancelarse definitivamente.
Tras recibir la respuesta categórica del Clan Wu, Xu Mingwei emprendió el viaje de vuelta a Dongxi.
\*\*\*
Siete u ocho días después.
Comandancia de Yuehu, Residencia del Gobernador.
El Gobernador de la Comandancia, el Vicegobernador de la Comandancia, el Capitán Militar de la Comandancia, el Magistrado del Registro, los oficiales encargados de méritos y demás dignatarios con rango oficial se hallaban congregados en el recinto.
"A todas luces, los diversos condados están al límite de su resistencia; acuden en desbandada hacia nosotros, atropellándose unos a otros. Hablen, pues: ¿de qué modo solventaremos esto?".
Quien tomó la palabra con voz pausada fue un anciano que superaba los sesenta años, de sienes salpicadas de canas. Sus ojos destilaban una limpidez imperturbable y una vitalidad vigorosa, sin rastro alguno de la decrepitud que correspondería a su edad, pues era un cultivador marcial en el reino de Gran Maestro. Además, pertenecía al Clan Chang y ocupaba un puesto de gran relevancia en el seno de su linaje. Para un Gran Maestro, cuya vida alcanzaba los ciento veinte años, aquel momento coincidía con la plenitud de sus fuerzas.
Los presentes guardaron un silencio unánime ante sus palabras.
El Gobernador Chang volvió la mirada hacia un hombre vigoroso en la flor de su juventud: Yang Zhao.
"Capitán Yang, entre todos nosotros, usted es el más versado en asuntos de gobierno. El plan que propuso años atrás para administrar a los desplazados dio excelentes resultados; comience usted".
Yang Zhao inclinó la cabeza con mesura: "La sequía responde a los designios del cielo, una fuerza que escapa al alcance de los mortales. Es menester solicitar socorro a la corte imperial para que envíe Oficiales Inmortales a las regiones damnificadas y hagan descender la lluvia bienhechora.
"Asimismo, convendría elevar un memorial sugiriendo instituir con carácter permanente la plaza de Oficial Inmortal en cada condado. Si desde los primeros indicios del estiaje hubiese habido un cultivador oficial que convocara el agua mediante sus artes, los campesinos no habrían perdido sus cosechas hasta el último grano, ni se habrían visto empujados a la indigencia o a perecer a la vera de los caminos. Por añadidura, dicho funcionario supervisaría a los oficiales marciales locales para asegurar que los decretos imperiales se ejecuten cabalmente".
El Magistrado del Registro de la ciudad enarcó una ceja y frunció el entrecejo con duda: "¿Acaso eso no volvería el organigrama de los condados idéntico al de la propia ciudad de la comandancia?".
"Existen diferencias sustanciales", replicó Yang Zhao con serena solvencia. "Tómese como ejemplo la sequía presente: las aldeas de nuestra Comandancia de Yuehu se hallan en la indigencia, pese a lo cual acaba de promulgarse el edicto de leva militar. Antaño, los condados forzaban a las masas plebeyas a marchar a las armas, mientras los acaudalados mercaderes y clanes nobles costeaban dispensas en plata para eximir a los suyos. Mas en medio de semejante calamidad, con nueve de cada diez hogares rurales desiertos, ¿cómo habrán de cubrirse las cuotas exigidas?
"La presencia de un Oficial Inmortal garantizará el acatamiento implacable de los mandatos en trances críticos. Si enviamos a ciegas a cualquier desdichado al frente y sobreviene un descalabro bélico, seremos nosotros quienes paguemos las consecuencias".
La exposición de Yang Zhao fue tan rigurosa y certera que deslumbró a los presentes, sumiéndolos en profundas cavilaciones.
"Secundo la propuesta del Capitán Yang", declaró con aplomo el Vicegobernador de la Comandancia. Siendo tío paterno de Yang Zhao, resultaba natural que respaldara a los suyos.
"Que así sea, entonces", sentenció el Gobernador de la Comandancia. "Para esta leva, todo clan o familia que cuente con dos o más varones deberá enviar obligatoriamente a uno a filas; para quienes deseen presentarse voluntariamente, no habrá cupo límite. Por cada varón extra que se aliste, se entregarán a su familia veinte dou de arroz y dos taels de plata en calidad de subsidio. El contingente deberá completarse sin falta en un plazo de tres meses. Magistrado Han, redacte de inmediato los decretos oficiales e intime a los gobernantes de cada condado a regresar a sus puestos a la brevedad para culminar el reclutamiento dentro del término establecido. Respecto a la penuria de agua, infórmeles que deberán aguardar la llegada de los Oficiales Inmortales, quienes pondrán remedio a la sequía".
"A sus órdenes, Señor Gobernador".
\*\*\*
Medio mes después.
Decenas de Oficiales Inmortales partieron desde los distintos clanes aristocráticos de Refinamiento de Qi rumbo a los condados de la Dinastía Gran Wei.
Dado que el número resultaba insuficiente, se reclutó con amplitud a cultivadores independientes del reino de Refinamiento de Qi.
Asimismo, se les encomendó examinar las aptitudes de cultivo inmortal en los niños de cada comarca para engrosar en el futuro las filas del funcionariado inmortal.
En rigor, a cada condado le correspondían tres Oficiales Inmortales, pero en las circunstancias imperantes bastaba con asegurar al menos uno por demarcación; las vacantes restantes se cubrirían con posteriores levas o con la instrucción de talentos locales.
Los Oficiales Inmortales invocaban las aguas valiéndose de artes arcanas o talismanes.
En las comarcas ajenas a la sequía, la tarea resultaba descansada; en cambio, en los condados de la Comandancia de Yuehu la actividad no daba tregua.
Por fortuna, la angustia colectiva se mitigó en parte.
Al enterarse de las buenas nuevas, los damnificados emprendieron en tropel el retorno a sus terruños.
Sin embargo, el azote del estiaje se había prolongado por más de medio año, sembrando los campos de osamentas insepultas y dejando desiertas nueve de cada diez viviendas.
Aun con el regreso de los labriegos, en las aldeas más desoladas apenas se juntaban siete u ocho familias entre muros caídos, y en las más afortunadas escasamente una veintena o treintena se cobijaba bajo techumbres en ruinas. Al tender la mirada, solo se divisaban veredas comidas por la maleza y un humo mezquino brotando de contadas chimeneas.
Los campos donde antaño florecían las moreras y el cáñamo no eran ahora más que eriales propicios para el trajinar de zorros y liebres.
\*\*\*
Aldea Dongxi, Clan Xu.
Patio del Corazón Inquisitivo, sala de estudio.
Xu Chuan, con la mirada teñida de hondura, levantó los ojos al advertir la entrada de Xu Mingyuan.
"¿Me llamabas, padre?".
Xu Chuan sonrió apenas y fue directo al grano: "Ayuan, en estos momentos abundan los campos y las montañas sin dueño. Dispondrás de cien mil taels para adquirir arrozales, tierras de cultivo y montes en las aldeas vecinas, teniendo a la Aldea Dongxi como núcleo. En los tiempos que corren, el precio que ofrecen las autoridades por la tierra es sumamente vil; a todo aquel que esté dispuesto a vender sus predios, enviaremos gente para comprárselos. Podremos acoger a esos mismos campesinos bajo el amparo de nuestro Clan Xu, encomendándoles el cuidado y laboreo de las tierras".
"¡¿Cien mil taels?!".
Xu Mingyuan se quedó estupefacto ante semejante dispendio, aturdido por un instante antes de rendirse ante la audacia de su progenitor. Él administraba gran parte del patrimonio familiar, y nadie conocía mejor los caudales del clan: aquella suma equivalía a casi un tercio de la plata en metálico que poseía el Clan Xu.
"Padre, si bien han arribado los Oficiales Inmortales, la sequía dista de haber terminado. Los mu de tierra y los bosques se cotizan como estiércol de lo baratos que están; con una suma tan colosal, la superficie que podemos abarcar será inmensa. ¿Tendrá el Clan Xu la capacidad de digerir tanto territorio?".
Xu Chuan comprendía las reservas de su hijo: no temía que el clan careciera de recursos para pagar, sino el peligro de no poder gestionarlo con provecho. Acumular tierras sin explotarlas al máximo era inferior a progresar con cautela, sobre todo considerando que el Clan Xu ya se había hecho con vastas posesiones con anterioridad.
"Precisamente por eso dispuse que cobijemos a los labriegos que regresan a los pueblos vecinos. Junto con Dongxi, transformaremos toda la comarca en un dominio privado exclusivo de nuestro Clan Xu. De paso, integraremos los montes donde se asienta la mina de salitre. Pasada la gran calamidad, el gobierno estará obligado a auxiliar a las víctimas; sin duda recibirán de mil amores semejante inyección de plata".
Disipadas sus dudas, la mente de Xu Mingyuan se iluminó con rapidez: "Podemos vender una porción del grano arrebatado a los bandidos, pues su cotización sigue por las nubes, y reservar el resto para la destilación de licores. Además, ya es tiempo de reabrir los comercios en la capital del condado, liquidar las mercancías almacenadas y recuperar un buen flujo de plata líquida".
"Bien pensado". Xu Chuan contempló a su hijo con beneplácito; el brillo en sus ojos delataba que ya maquinaba múltiples estrategias comerciales. "Ayuan, ya no necesitas que este padre tuyo te guíe a cada paso".
"¿A qué te refieres con eso, padre?".
Xu Chuan desvió la mirada hacia la ventana, observando una hoja marchita que caía mecida por el viento otoñal. Tras un momento, declaró: "El año entrante, una vez concluidas tus nupcias, tengo la intención de renunciar a la jefatura del clan. Cederé el puesto de Patriarca a tu hermano mayor, en tanto que tú asumirás la dirección absoluta de las finanzas del Clan Xu".
"El Patriarca encarna la autoridad suprema del hogar y el poder disuasivo del Clan Xu ante el mundo; debe consagrarse por entero a la senda marcial, pues sería inviable abarcar tantos frentes a la vez. Mi designio inicial preveía que la línea de tu hermano mayor preservara la sucesión patriarcal, que tu rama custodiara la hacienda y que los demás, como Tantou, aunaran fuerzas para ensanchar el linaje.
"Mas los tiempos cambian sin cesar y ni siquiera yo alcanzo a preverlo todo. Si al cabo de varias generaciones surge un talento superior en tu estirpe o en la de Tantou, bien podrá empuñar las riendas del clan. En suma: quien ostente el poderío marcial hegemónico para intimidar a clanes rivales, aunado a una rectitud intachable y dotes de mando, será el Patriarca; y quien posea la mayor lucidez mercantil, gobernará el patrimonio familiar".
Xu Mingyuan meditó con hondura aquellas palabras. En su generación, todos los hermanos, incluido él, sentían una devoción irreductible por Xu Mingwei. Él era el único líder que concebían en sus corazones.
"Comparto plenamente tu parecer, padre. Si un clan aristocrático aspira a elevarse sin freno, debe seleccionar a los más capaces sin dejarse encadenar por la mera primogenitura. La autoridad del Patriarca es absoluta; si quien la ejerce carece de talento, comete desaciertos continuos y se obstina en su necedad, conducirá a la familia a un rápido declive. Por cuanto sé, numerosas familias nobles de Qingjiang se desmoronaron de ese modo, acabando disgregadas y extintas tras dividirse el patrimonio".
Xu Chuan asintió con parsimonia: "Con tu ingenio y tus dotes naturales, Ayuan, de no haber sido por tu hermano mayor, bien habrías podido asumir la jefatura del Clan Xu".
Xu Mingyuan agitó las manos con modestia: "En mi sentir, para nuestra generación, mi hermano mayor es la única opción perfecta; estoy convencido de que Tantou y Xueji opinan exactamente lo mismo. Claro está, si tú continuaras al frente del clan, todos nosotros lo celebraríamos con júbilo. Apenas rondas los cuarenta años, tu cultivo marcial ha alcanzado el reino Xiantian y te encuentras en el cénit de tu vigor; no hay razón para que te retires tan temprano".
Esa era la duda que aún le inquietaba.
"¿Deseas saber el porqué? En tal caso, hoy te lo revelaré con claridad: las cartas de triunfo de un clan aristocrático jamás deben exponerse por entero a los ojos del mundo".
Xu Mingyuan asintió lentamente.
Xu Chuan añadió con una sonrisa: "A los ojos de los clanes nobles de Qingjiang, tu hermano mayor es una semilla de Gran Maestro, un prodigio marcial de fama colosal. Para ellos resulta incuestionable que él deba suceder al mando del Clan Xu; mi renuncia les parecerá el curso natural de las cosas y no albergarán la más mínima sospecha".
Xu Mingyuan comprendió de golpe: "De modo que tu retiro se convertirá en una carta de triunfo primordial para el Clan Xu".
"No solo yo; Tantou, Xueji y Yunnu también madurarán al abrigo del deslumbrante fulgor que proyectan Shitou y tú, convirtiéndose en sucesivas cartas de triunfo para la familia. Después de todo, con ustedes dos bastaría para afianzar la prosperidad de un clan noble durante tres o cuatro generaciones".
En ese instante, Xu Mingyuan lo entendió todo.
Las precauciones de Xu Chuan tenían por fin anticiparse a peligros todavía ignotos. Desde mucho antes, su mirada había dejado de posarse en los clanes aristocráticos de Qingjiang; apuntaba ya a los linajes de la ciudad de la comandancia e incluso a los legendarios clanes de cultivadores inmortales.
"Padre, me temo que lo que debo aprender de ti no tendrá fin jamás", confesó Xu Mingyuan con una sonrisa amarga, maravillado sinceramente ante la visión y amplitud de miras de Xu Chuan, inalcanzables para cualquier otro.
"Demasiados elogios", replicó Xu Chuan, aunque el halago le supo a gloria. "En fin, volviendo a lo nuestro: recuerda, Ayuan, que una gran calamidad entraña también una gran oportunidad. Es la ocasión perfecta para que el Clan Xu arriesgue el todo por el todo y alcance una nueva cumbre. Mientras no violes la ley, procede con total audacia".
"Comprendido, padre".
\*\*\*
Al día siguiente.
Xu Mingyuan partió junto a un nutrido séquito de sirvientes para recorrer las aldeas colindantes y tasar las tierras. Pocos días después se presentó en la sede del gobierno del condado para negociar el asunto con el Magistrado Wu.
Al constatar que el Clan Xu planeaba comprar semejante inmensidad de parcelas y montañas, conectándolas en torno a Dongxi, el Magistrado Wu advirtió de inmediato la magnitud de sus ambiciones. No obstante, el clan no cometía infracción legal alguna. Por lo demás, la administración del condado precisaba con urgencia una inyección monetaria de ese calibre, tanto para subsidiar el auxilio a los damnificados como para cubrir las pagas de reclutamiento. El magistrado llevaba días cavilando cómo reunir los fondos, pues la comandancia no aportaría un solo cobre y dejaba el problema en manos de las autoridades locales.
'En fin, para que el Clan Xu consiga asimilar y explotar una extensión tan descomunal de montes y campos, necesitará varios años de faena', meditó el Magistrado Wu antes de dar su visto bueno a la compraventa.
Apenas cerró el trato, Xu Mingyuan envió cuadrillas de peones para desmontar y limpiar los terrenos, con el fin de sembrar hierbas medicinales, flores, hortalizas y frutales tan pronto remitiera el estiaje.
A su vez, Xu Chuan encomendó a Xu Mingwei coordinar a los operarios para excavar un vasto lago artificial junto a los arrozales y tierras de labranza. De coronarse la empresa, dicho reservorio quedaría reservado exclusivamente para la irrigación de los cultivos del Clan Xu; aun si sobreviniera otra sequía semejante, tendrían suficiente reserva para resistir un año entero.
Se trataba de una obra titánica que demandaba innumerables brazos. Aquellos campesinos de las cercanías que carecían de sustento, al enterarse de que el Clan Xu suministraba comida y bebida, se ofrecieron de inmediato como peones temporales.
Más de mil hombres fornidos formaban filas semejantes a murallas vivientes, mientras el vaivén de las palas de hierro levantaba nubes de tierra amarilla que velaban el sol.
Los cánticos de labor a la orilla del lago se elevaban hasta hendir las nubes; millares de brazos subían y bajaban al unísono como un oleaje incesante, y el hierro al morder la tierra retumbaba con la fuerza de un trueno subterráneo.
En un abrir y cerrar de ojos se abrieron zanjas profundas que surcaban el terreno, provocando que los ancianos que contemplaban la faena se mesaran las barbas con admiración: "¡Por los cielos! ¡Mil hombres removiendo la tierra con tal ímpetu que parecería que arrancan montañas! ¡Ni en los tiempos en que la Gran Wei abrió los grandes canales se vio semejante despliegue!".
En apenas siete u ocho días, ya habían excavado una cuarta parte del lago.
Por su lado, la gente de Xu Mingyuan continuaba desbrozando los montes; a diario se talaban ingentes cantidades de madera que se transformaban en enseres y muebles, destinados a venderse en la capital del Condado Qingjiang o a ofertarse a precios irrisorios entre los desplazados que retornaban a sus pueblos.
\*\*\*
\[Augurio del día: Favorable medio-alto. En la Hora Chen, un Oficial Inmortal arribará a la Aldea Dongxi para hacer descender la lluvia\].
Xu Chuan se levantó a primera hora de la mañana para practicar sus ejercicios de respiración y cultivo. Al contemplar el presagio, una leve sonrisa asomó a sus labios.
En días recientes habían proliferado noticias sobre Oficiales Inmortales que invocaban lluvias bienhechoras mediante sus artes arcanas.
Por fin le tocaba el turno a la Aldea Dongxi.
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• Novela: 从族谱开始打造长生世家
• Autor: Jiang Laosi
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 55 de Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela), un novela. **【Construcción de Clan + Gestión de Linaje + Protagonista Astuto y Decidido + Ascenso Generacional + Despertar de Talentos + De Mortales a Inmortales】** En el implacable mundo de la cultivación, los inmortales tratan… Este capítulo tiene publicado el 27 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.