Leer Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) Capítulo 27 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Aldea Dongxi.
Gran mansión de la Familia Xu.
"Tercer hermano".
El Patriarca de la Familia Xu dio unos golpes secos con los nudillos sobre la mesa baja, con los bordes de los ojos enrojecidos y surcados por finas venas de sangre. "Xu Mao es sangre de tu sangre, y nuestra Familia Xu ya lo ha dado todo y ha vaciado sus arcas para salvarlo".
Sus cejas se fruncieron levemente como si estuvieran cubiertas de escarcha, y sus labios apretados delataban el agotamiento de haber pasado la noche en vela.
De pronto alzó la mirada; sus ojos eran tan sombríos y profundos como un estanque gélido. Dijo con voz serena: "Dentro de unos días saldrá de prisión. Si vuelve a provocar calamidades, la Familia Xu no podrá hacer nada más. Supongo que comprendes la gravedad del asunto, ¿verdad?".
La nuez de la garganta del Tercer Maestro Xu se movió con dificultad, y sus dedos dentro de las mangas se apretaron hasta palidecer. Tras una larga pausa, asintió con gravedad; las mangas de su túnica negra cayeron como una cascada de tinta: "Descuida, hermano mayor".
"En cuanto al Clan Xu..."
La barba plateada del Patriarca de la Familia Xu tembló con un suspiro. Su mirada denotaba una desolación envuelta en neblina, hasta que apoyó las manos en las rodillas y se lamentó: "En adelante, cuando alguien de nuestra Familia Xu se cruce con alguien del Clan Xu, deberá tratarlo con la máxima cortesía. Nadie debe provocarlos".
Ni Xu Zhen ni el Tercer Maestro Xu se opusieron.
El ascenso del Clan Xu era como un fuego voraz que devoraba la pradera o un vendaval barriendo las nubes; ya no era algo que una estirpe en decadencia como la Familia Xu pudiera detener.
Tenían a un genio con el talento innato de un Gran Maestro y, además, gozaban de la amistad del Magistrado Asistente.
Incluso los clanes aristocráticos de la capital del condado los tratarían con deferencia.
"Pensar en ese Xu Chuan...", suspiró el Patriarca de la Familia Xu mientras se mesaba la barba plateada, con una mezcla de desdén y admiración. "En aquellos años apenas se ganaba un bocado de comida en nuestra mansión; bajaba la cabeza con sumisión y doblaba la espalda ante cualquiera, igual que una simple hormiga al pie de las escaleras. Y miren la fortuna que tiene ahora. En verdad, los avatares del mundo son impredecibles".
"Lástima que nuestra Familia Xu carezca de un talento semejante".
La Familia Xu apenas iba por la tercera generación y ya comenzaba su declive. La cuarta generación no tenía a nadie capaz de hacer prosperar al linaje, e incluso habían surgido muchas alimañas conflictivas que no hacían más que arrastrarla hacia abajo. Temía que, al llegar a la quinta generación, se dispersaran por intereses mezquinos y arruinaran por completo el patrimonio familiar.
Eran escasísimas las familias en este mundo que lograban destacar por encima de los demás.
Solo acumulando el esfuerzo conjunto a lo largo de tres generaciones se podía perdurar por un siglo y forjar los cimientos de una auténtico clan aristocrático.
Unos días después.
Xu Mao salió de las celdas del tribunal del condado y fue llevado de vuelta a la mansión en un carruaje de la Familia Xu.
"¿Dónde está la servidumbre? ¿Acaso no ven que su joven amo ha regresado? ¡Ni siquiera son capaces de servirme una taza de té!".
"¡Malditos inútiles, les voy a descontar el salario a todos!".
Xu Mao gritaba a voz en cuello en la sala principal.
Poco después, el Tercer Maestro Xu y dos guardias entraron en el aposento.
"Padre, las sirvientas y los criados de esta casa son unos negligentes. Sugiero que los vendamos de inmediato y compremos otros".
Al ver el rostro sombrío del Tercer Maestro Xu, Xu Mao no le dio la menor importancia e incluso habló con tono de reproche: "Vamos, apenas acabo de regresar y ya me recibes con esa cara larga. ¡Qué mal agüero!".
"¿Mal agüero? ¡Haber engendrado a un hijo como tú es la mayor desgracia de mi vida!".
El Tercer Maestro Xu rugió: "¡Ustedes dos, sujeten a este hijo rebelde! ¡Hoy mismo le partiré las piernas para evitar que vuelva a buscar pleitos en la calle y destruya los cimientos de nuestra Familia Xu!".
Los guardias obedecieron de inmediato.
"¡Cómo se atreven! ¡Suéltenme!".
"¡Padre, vas en serio! ¡Soy tu único hijo!".
El Tercer Maestro Xu alzó una vara de madera. Levantó la cabeza y cerró los ojos, mostrando en el semblante un doloroso dilema.
Pero la siguiente frase de Xu Mao terminó por decidirlo.
"¡Viejo decrépito, estás a un paso de la tumba! Si me rompes las piernas, ¿quién te va a enterrar?".
"¡Maldita bestia!".
Con los ojos desorbitados por la ira y sin vacilar un instante, el Tercer Maestro Xu descargó la vara con fuerza despiadada.
¡Pum, pum, pum!
"¡Aaaargh!".
Los desgarradores aullidos de dolor resonaron por todo el patio anexo.
Ni las sirvientas ni los criados se atrevían a acercarse, pero al escuchar aquellos alaridos, la pesadumbre y el rencor que guardaban en el pecho se disiparon de golpe, dejándoles una honda sensación de alivio.
\*\*\*
"Hermano mayor, oí decir que el padre de Xu Mao, de la Familia Xu, le partió las piernas a golpes".
"Tsk, tsk, qué mano tan dura".
"¡Pero la verdad es que da un gusto enorme, ja, ja, ja!".
Al regresar de la escuela de artes marciales y enterarse de la noticia, Xu Mingxuan rebosaba de alegría y corrió enseguida ante Xu Mingwei.
"El Tercer Maestro Xu supo actuar con firmeza".
"Aunque si hubiera sido nuestro padre, calculo que habría sido más implacable. Si le tocara un descendiente tan indigno, seguro que lo ejecutaría en el acto para cortar el mal de raíz".
"No creo, nuestro padre nos quiere demasiado".
"Por eso mismo, para evitar que algo así suceda, nos inculca sus enseñanzas con paciencia, combinando el afecto con la disciplina estricta".
Xu Mingwei le dio una palmada en el hombro: "Por fortuna, nuestro padre nos ha educado muy bien a todos nosotros, así que tú no tienes de qué preocuparte, Tantou".
"Hermano mayor, siempre te diviertes asustándome".
\*\*\*
Pasaron varios días más.
Xu Chuan llamó a Xu Mingyuan ante él para hablar sobre el futuro desarrollo comercial del Clan Xu.
"Ayuan, dime primero qué ideas tienes para más adelante".
Xu Chuan había delegado casi todos los asuntos comerciales del Clan Xu en manos de Xu Mingyuan.
Xu Mingyuan reflexionó unos instantes: "Hoy en día, nuestro Clan Xu ya se ha hecho de renombre en el Condado Qingjiang; somos auténticos nuevos ricos de la comarca".
"Mi hermano mayor tiene el potencial de un Gran Maestro y su fama resuena por todo Qingjiang".
"Además, tú, padre, mantienes una buena relación con el Magistrado Asistente Yang; he oído que incluso el Magistrado del Condado le guarda cierto respeto y cautela".
"Por eso, considero que primero debemos consolidar la frutería, abrir una sucursal en tres meses y, en el plazo de un año, expandirnos hasta el Mercado del Este para quedarnos con el dinero de las familias ricas y los grandes comerciantes".
"¿Una cadena de tiendas? Con el renombre de nuestro Clan Xu, en verdad veríamos ganancias muy pronto, pero aun así sería desaprovechar la oportunidad".
Xu Chuan sonrió con serenidad: "¿Qué crees que es lo más valioso que posee nuestro Clan Xu en este momento?".
"¿El prestigio? ¿Nuestra credibilidad?".
"¡Es el vínculo con el Magistrado Asistente Yang!", sentenció Xu Chuan. "Sin embargo, los lazos de amistad también tienen fecha de caducidad".
"Ahora mismo, muchas familias pudientes y grandes mercaderes le dan un valor supremo a esa relación; creen que congraciarse con nosotros les abrirá las puertas ante el Magistrado Asistente Yang, de modo que en cualquier trato nos cederán márgenes de ganancia. No obstante, tanto la credibilidad como el potencial de Shitou son apuestas a futuro. Cuanto más tiempo pase, más pesará el prestigio; y a medida que pasen los años y Shitou continúe avanzando hasta alcanzar el Reino Xiantian, también logrará que muchos en Qingjiang busquen respaldarlo y ganarse su favor. Pero nada de eso pertenece al presente. Hoy en día, lo más valioso es nuestra amistad con el Magistrado Asistente.
"Por lo tanto, este año es el período más crucial para el crecimiento de nuestro Clan Xu. Debemos conseguir que los ricos mercaderes y los clanes aristocráticos del Condado Qingjiang perciban nuestro potencial, de suerte que su afán de acercarse al Magistrado Asistente a través de nosotros se transforme en una sólida atadura de intereses compartidos. A partir de ahí, las ganancias engendrarán más ganancias, creciendo sin descanso como una bola de nieve".
Xu Mingyuan asintió, reconociendo la gran sabiduría en las palabras de Xu Chuan: "Pero padre, ¿qué debemos hacer concretamente?".
"Las necesidades básicas de la gente común se resumen en cuatro conceptos: vestido, sustento, cobijo y transporte".
"Abriremos una bodega de licores, un restaurante, una tienda de ropa, una tienda de abarrotes y una de perfumes".
"Usaremos los beneficios de la frutería para completar el despliegue comercial en el Condado Qingjiang en el transcurso de un año".
Xu Chuan comenzó a entregarle a Xu Mingyuan las recetas de licores que había formulado en su tiempo libre a lo largo de los años, junto con diseños de vestimenta y recetas de cocina.
Xu Mingyuan hojeó el pequeño cuaderno con los ojos cada vez más abiertos, como si se le fueran a salir de las cuencas.
Se quedó atónito.
¡Aquello era sencillamente genial, obra de un talento divino!
"Todo esto es fruto de más de diez años de esfuerzo de tu padre. Te lo entrego a ti; aprovéchalo bien".
Aunque Xu Chuan era un transmigrador, no era omnipotente.
Tan solo conocía a grandes rasgos los procesos y métodos de destilación; la vestimenta también requería recurrir a sus recuerdos y adaptarla a las preferencias de la época, mientras que artículos como el jabón, el perfume o los cepillos de dientes exigían que él mismo hiciera pruebas prácticas.
Todo ello constituía una riqueza invaluable.
Bastaba esperar la ocasión propicia para revelarlo y así acumular una inmensa fortuna en poco tiempo.
En el pasado, Xu Chuan carecía de estatus y sabía muy bien que exhibir tales cosas de improviso atraería calamidades antes que bendiciones, por lo que siempre había mantenido un perfil bajo.
¡Pero ahora era el momento idóneo!
Tenía el respaldo del Magistrado Asistente Yang como escudo protector y el potencial de Gran Maestro de Shitou.
Por un buen tiempo, los clanes aristocráticos mirarían al Clan Xu con cautela, permitiéndoles expandirse a sus anchas y sin reservas para completar a toda prisa su entramado comercial.
Bastaban solo dos o tres años para que, si los clanes aristocráticos del Condado Qingjiang pretendían actuar contra el Clan Xu, tuvieran que sopesar si estaban dispuestas a arriesgarse a una destrucción mutua.
"¡Muchas gracias, padre! ¡Ayuan jamás te decepcionará!".
Las pupilas de Xu Mingyuan se contrajeron y en sus ojos pareció brotar una llama ardiente que iluminó sus oscuros iris con un brillo resuelto.
\*\*\*
Al percatarse del potencial del Clan Xu, muchas familias del Condado Qingjiang se mostraron dispuestas a entablar buenas relaciones con ellos.
Xu Chuan también visitaba a Yang Zhao cada pocos días.
El trato frecuente engendraba afecto de manera natural.
De vez en cuando conversaban sobre la administración pública y el sustento de la población, adaptándose a las inclinaciones del magistrado.
Aunque Yang Zhao sabía que Xu Chuan albergaba sus propios cálculos, aprendía bastante de él, por lo que aceptaba de buen grado sus frecuentes visitas.
Enterado de la desbordante clientela que colmaba la frutería del Clan Xu, Xu Yan envió a Chen Ergou a sondear los secretos de su negocio. Xu Chuan, imperturbable, desvió las preguntas con suma naturalidad aduciendo que todos los asuntos del comercio corrían por cuenta de su hijo Mingyuan; y como Chen Ergou, con los años, se había vuelto un hombre vano y altivo, incapaz de rebajarse a consultar a un sobrino, no tuvo más opción que tragarse su curiosidad y marcharse con las manos vacías.
El negocio de frutas de la Familia Chen era de lo más corriente.
Por fortuna, nadie iba a buscarles pleito, lo que les permitía llevar una vida tranquila.
Y lo más importante era que Xu Mingyuan ni siquiera tenía tiempo para prestarle atención a la Familia Chen.
Estaba volcado por completo en el plan de expansión comercial del Clan Xu: contrataba personal para destilar licores y confeccionar ropas en estricto secreto, para luego inaugurar el restaurante.
Un mes después, abrió sus puertas en el Mercado del Oeste un restaurante llamado Pabellón Zuiyun.
Sus platillos eran novedosos y de un sabor exquisito, y cada día bullía de clientela.
Luego vino la bodega, el Taller Qianjin, cuyo nombre insinuaba que sus selectos licores valían mil monedas de oro.
Como la fermentación requería tiempo, a pesar de que Xu Mingyuan contrató a numerosos maestros licoreros, el negocio tardó tres meses en abrir formalmente.
Ofrecían vino amarillo, licor de arroz, aguardiente y licor de frutas, cada uno con nombres poéticos como 'Ebriedad de Hoja Verde' o 'Sueño de Mijo Dorado'.
Eran del agrado de jóvenes y ancianos, hombres y mujeres por igual. Además, contaban con dos categorías: una exclusiva y otra accesible, abarcando desde grandes mercaderes y clanes nobles hasta la gente común.
Cuando los licores del Taller Qianjin comenzaron a servirse en el Pabellón Zuiyun, las ventas estallaron una vez más.
Pronto, el restaurante contó con sucursales tanto en el Mercado del Este como en el Mercado del Oeste.
Le siguieron las tiendas de ropa y de calzado; prendas y zapatos de diseños frescos y atractivos comenzaron a ponerse de moda en todo el Condado Qingjiang, haciendo que todos compitieran por imitarlos.
Por último llegó la perfumería, bautizada como Pabellón Yunxiang.
El perfume era un artículo de lujo, de modo que solo abrió en el Mercado del Este a precios exorbitantes.
La variedad de aromas satisfacía el gusto de la mayoría de las damas, gozando de una inmensa acogida entre las esposas de los comerciantes y potentados.
Además, Xu Mingyuan no dejaba de ordenar el desarrollo de nuevos artículos.
Sabía bien que solo la innovación constituía la verdadera ventaja del Clan Xu.
Por supuesto, durante aquel tiempo no faltaron quienes, cegados por la codicia, intentaron causar problemas; pero Xu Mingyuan ideó formas de resolverlos uno a uno y, cuando no podía, recurría al Magistrado Asistente Yang.
Por consideración a Xu Chuan, siempre que no se infringiera la ley, el Magistrado Asistente Yang les facilitaba el camino en todo lo posible.
\*\*\*
Las primaveras dieron paso a los otoños.
En un abrir y cerrar de ojos, tres años transcurrieron veloces como el galope de un corcel blanco.
El negocio de frutas y verduras del Clan Xu ya acaparaba entre tres y cuatro décimas partes del comercio en el Mercado del Oeste, y su presencia también se hacía notar en el Mercado del Este.
Los puestos del mercado tenían más demanda que oferta, y los alquileres aumentaban de forma constante.
Además, habían firmado contratos con numerosas posadas y restaurantes para suministrar fruta fresca a diario.
Negocios como el Pabellón Zuiyun, el Taller Qianjin, el Pabellón Tianyi y el Pabellón Yunxiang producían oro a raudales día tras día.
Tanto en el Mercado del Este como en el Mercado del Oeste contaban con sucursales.
Hoy por hoy, los ingresos mensuales ascendían a decenas de miles de taeles, alcanzando en las mejores épocas más de cien mil.
Incluso entre todos los clanes aristocráticos y mercaderes ricos del Condado Qingjiang, su capacidad para generar riqueza figuraba en los primeros puestos.
Al ampliarse la escala, la mano de obra también debía aumentar a la par.
En esos dos años, el Clan Xu había contratado a mucha gente.
Entre empleados de mostrador y encargados de sus negocios en la capital del condado sumaban unas setenta u ochenta personas.
En la Aldea Dongxi, los peones permanentes, sirvientes y doncellas superaban el centenar.
También contrataron a más de cien guardias, en su mayoría artistas marciales jóvenes y vigorosos.
Unos custodiaban las diversas propiedades del condado para evitar disturbios, mientras que otros vigilaban la residencia y patrullaban las tierras de cultivo y las colinas boscosas.
Para mayor comodidad, el Clan Xu compró una residencia en el Mercado del Este del Condado Qingjiang.
A veces, tras tratar con el Clan Yang, si se hacía muy tarde para salir por las puertas de la ciudad antes del toque de queda, descansaban allí.
\*\*\*
Calle Qingyun.
El camino estaba empedrado con losas de piedra azulada y era amplio.
La mansión del Clan Yang se alzaba en esta misma calle.
En ese momento, un joven de casi dos metros de altura y una muchacha montada orgullosamente en el lomo de un tigre blanco de pupilas doradas y rojizas llegaron frente a las puertas de la mansión Yang.
Los guardias apostados ante la entrada, al verlos, juntaron de inmediato las manos en reverencia y dijeron con una sonrisa: "¡Ah, son la señorita Mingshu y el joven amo mayor Xu! Por favor, pasen, pasen".
Al cruzarse con los ojos de aquel tigre blanco que superaba la mitad de la estatura de un hombre, sintieron un escalofrío helado que les erizó la espalda.
"Te dije que no lo trajeras; mira cómo asustas a la gente", dijo Xu Mingwei entre risas, dándole un suave golpecito con el dedo en la cabeza a Xu Mingshu.
"Xiao Bai me dijo que estar encerrado en casa era muy aburrido, así que lo saqué a tomar un poco de aire. ¿Verdad que sí, Xiao Bai?".
Como si comprendiera las palabras, el tigre blanco soltó un rugido en señal de acuerdo, haciendo retroceder varios pasos a los sobresaltados guardias.
"De verdad me causa curiosidad. Con una bestia tan feroz y exótica... ¿cómo lograste que fuera tan obediente, Xueji?".
"Ji, ji, esto es talento nato; tú jamás podrías aprenderlo, hermano mayor".
"Xiao Bai y yo tenemos una conexión espiritual".
Al oír el rugido del tigre, el primogénito del Clan Yang se acercó: "Sabía que eras tú, pequeña Xueji. ¿Acaso viniste con tu Xiao Bai a vengarte de mí?".
"¡Humph! No soy tan rencorosa como tú, hermano Shichang. Esta vez vine acompañando a mi hermano mayor para traerles unas Peras de Jade Verde a mis padrinos para que prueben la cosecha fresca, y de paso visitar a la hermana Ronghua".
El primogénito de los Yang soltó una carcajada; entendiendo todo a la perfección, bromeó: "Hermano Xu, ¡he estado esperando con ansias a que tu familia venga a pedir formalmente su mano!".
Xu Mingwei sacudió la cabeza, resignado: "Hermano Yang, no es que no lo desee, sino que mi padre exige que me convierta en un artista marcial Xiantian antes de pensar en el matrimonio".
"¿Xiantian? El tío Xu es de veras implacable; es demasiado estricto contigo".
"Apenas estás por cumplir los diecinueve años; mi propio padre no alcanzó el Reino Xiantian hasta que estuvo cerca de los treinta".
"¡Humph! ¡Cómo podrías tú adivinar los pensamientos de mi padre!", replicó primero Xu Mingshu, para luego añadir sonriente: "Aunque también concuerdo en que mi hermano mayor debería casarse pronto con la hermana Ronghua; así ella podrá charlar conmigo todo el tiempo".
"¡Tú, muchachita traviesa!".
"¿Acaso tu hermano va a casarse solo para darte una cuñada con quien conversar?".
Ambos se quedaron entre la risa y el asombro.
Yang Shichang comenzó a examinar al tigre blanco. Caminó a su alrededor y chasqueó la lengua con admiración: "Esta niña no deja de sorprenderme; domar a semejante bestia exótica...".
Xu Mingshu declaró con orgullo: "Mi padre dice que Xiao Bai aún no ha terminado de crecer. Cuando sea un adulto completo, ni siquiera los artistas marciales en la Cúspide del Reino Houtian podrán vencerlo. Como vuelvas a molestarme, ¡haré que Xiao Bai te azote el trasero con la cola!".
El tigre blanco movió acompasadamente su larga y gruesa cola rayada de blanco y negro, como si fuera un látigo de hierro.
Si descargaba un golpe limpio con ella, hasta un Artista Marcial de Primera Clase escupiría sangre.
Yang Shichang miró a Xu Mingwei: "Con una hermana tan brava, me temo que nadie se atreverá a desposarla en el futuro".
"¡A ti qué te importa!", replicó Xu Mingshu mostrando los dientes y haciéndole una mueca burlona a Yang Shichang.
Xiao Bai se quedó en el patio delantero sin pasar a las estancias traseras. Se echó tranquilamente a sestear allí, y ningún imprudente se atrevió a molestarlo.
En las dependencias traseras de la residencia Yang.
"¡Hermana Ronghua, vine a verte!".
Xu Mingshu entró con desenvoltura a los aposentos de Yang Ronghua.
Yang Ronghua estaba ocupada con sus labores de costura; al escuchar la voz, soltó al instante aguja e hilo y se levantó a recibirla.
Su rostro era como un loto fresco cubierto de rocío; sus cejas, como lejanas colinas perfiladas en la bruma; sus ojos límpidos semejaban aguas otoñales, y en sus labios destacaba un delicado toque carmesí.
En la frente llevaba dibujado un adorno floral con forma de mariposa, y su cabello azabache estaba recogido en un moño de cisne en vuelo, sujeto de lado por una horquilla colgante de plata y plumas de martín pescador. De sus orejas pendían aretes de perlas redondas como lunas que oscilaban suavemente a cada paso.
En el torso vestía una chaquetilla cruzada de fina seda verde esmeralda con motivos de nubes, cuyos bordes estaban bordados con hilo de plata en patrones de zarcillos entrelazados; las mangas se estrechaban hacia los puños en silueta de laúd pipa, ondulando como olas verdes cada vez que alzaba los brazos.
Debajo llevaba una falda plisada a dos tonos en verde ajenjo que dejaba entrever una pretina carmín al andar; el ruedo estaba engalanado con doce colgantes anulares de jade que tintineaban armoniosamente con sus movimientos.
"Hermanita Xueji, ¿cómo es que tienes tiempo de venir hoy? ¿Acaso el tío Xu no te obligó a practicar artes marciales?".
"El entrenamiento marcial también necesita momentos de descanso".
Al notar que Yang Ronghua no dejaba de lanzar miradas de reojo hacia la entrada, Xu Mingshu se cubrió la boca con risa pícara: "Hermana Ronghua, ¿qué estás mirando con tanta insistencia?".
"Mi hermano mayor fue con mi madrina a conversar con ella".
"Yo no pregunté por él", replicó Yang Ronghua avergonzada, mientras su piel inmaculada se teñía de un repentino rubor.
Xu Mingshu rio entre dientes: "Hermana Ronghua, ¿por qué no les pides a mi padrino y a mi madrina que hablen con mi padre? Que no sea tan severo con mi hermano mayor, ¡así te desposa de una buena vez!".
"¡Hermanita Xueji, te estás burlando de mí! ¡Vas a ver cómo te hago cosquillas!".
Ambas jóvenes comenzaron a reír y a forcejear juguetonamente, luciendo tan gráciles y radiantes como ramas floridas mecidas por el viento.
Por otra parte.
"Tía Yang, estas son unas Peras de Jade Verde y frutas de temporada que mi padre mandó para que las disfruten".
"Tu padre siempre tan considerado. Le agradezco en nombre de mi esposo", respondió la señora Yang con voz afectuosa.
Xu Mingwei extrajo una tarjeta de invitación de entre los pliegues de su túnica y se la entregó con ambas manos: "Dentro de medio mes se completará formalmente la gran mansión de nuestro Clan Xu. Nos disponemos a fundar formalmente el clan, abrir el templo ancestral y rendir homenaje a los antepasados. Ruego al tío Yang y a usted, tía Yang, que nos honren con su presencia en la ceremonia".
"Por supuesto que iremos. En cuanto mi esposo regrese, se lo haré saber".
"En ese caso, este humilde sobrino no incomoda más", dijo Xu Mingwei con reverencia.
"Madre, la pequeña Xueji está con mi hermana. Llevaré a Mingwei para allá", intervino Yang Shichang sonriendo.
La señora Yang sonrió suavemente y asintió: "Vayan, vayan a charlar entre jóvenes".
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• Novela: 从族谱开始打造长生世家
• Autor: Jiang Laosi
• Traductor: Inmensurable
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