Leer Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) Capítulo 20 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Justo a tiempo! La presión de un solo tigre no bastaba".
Xu Mingwei soltó una sonora carcajada.
Después de todo, hasta ese momento solo había luchado cuerpo a cuerpo con mera fuerza física; si empleaba su Fuerza Interna y sus artes marciales, aquel tigre macho no habría sido más que un juguete en sus manos.
El macho volvió la cabeza y rugió hacia la hembra, que respondió de inmediato con otro bramido.
Acto seguido, ambos felinos se desplegaron desde dos direcciones para rodear en pinza a Xu Mingwei.
A juzgar por la soltura de sus movimientos, resultaba evidente que no era la primera vez que cazaban presas coordinándose de ese modo.
El macho se abalanzó primero con ferocidad, mientras la hembra se aproximaba con sigilo y lentitud.
Al trabarse en combate con el macho, Xu Mingwei mantuvo un tercio de su atención fija en la hembra.
Esta arremetía a zarpazos por momentos y en otros lanzaba coletazos como látigos, pero ninguna de sus acometidas tuvo éxito.
Xu Mingwei comenzó a desplegar los movimientos del \*Arte Menor del Dragón-Elefante\*. Al combinarlos con su Fuerza Interna, cada golpe desataba una potencia cercana a los seis mil jin.
La constitución de ambos tigres era formidable; encajaron varios puñetazos consecutivos y aun así continuaban resistiendo.
"¡Bien! ¡Así sí se disfruta una verdadera pelea!".
Xu Mingwei no se guardó nada y desplegó plenamente su juego de pies, sus artes marciales y todas sus destrezas.
¡Pum, pum, pum!
El viento desatado por sus puños silbaba con fiereza implacable.
El estruendo de los golpes rasgaba el aire, haciendo estremecer los alrededores.
En el tiempo que toma beber una taza de té, la pareja de tigres fue abatida a puño limpio por Xu Mingwei.
No se había contenido en lo más mínimo.
Aquella era la lucha más primitiva, donde solo cabía matar o morir; de haber sido superado, quien yacería muerto en ese lugar hoy habría sido él.
"Estas pieles son magníficas. Siendo tan grandes, deberían valer entre cuatrocientos y quinientos taeles".
Una piel común apenas rondaba los trescientos y tantos.
Xu Mingwei sacó una daga y procedió a desollarlos con destreza consumada.
Llevarse los cadáveres enteros le habría reportado una ganancia mayor, por supuesto, pero resultaba difícil transportarlos y, además, delataría con demasiada facilidad su verdadero nivel de poder.
Al concluir la tarea, dobló y guardó con esmero los cueros, dejando su fardo completamente abultado.
Estaba a punto de marcharse cuando volvió la mirada hacia la caverna.
Movido por la curiosidad, entró a explorar.
La cueva no era especialmente amplia; la distancia entre el suelo y el techo oscilaba entre cinco y seis metros, y en los puntos más bajos apenas alcanzaba poco más de dos.
\*Ploc... ploc...\*
Xu Mingwei siguió el sonido y divisó un pequeño estanque sobre el cual caían gotas de agua de manera incesante.
Su habilidad \*Ojo de Águila\* le permitía ver en la más absoluta penumbra como si fuera pleno día, un don en verdad prodigioso.
Recorrió con la mirada el entorno.
Sobre una plataforma de piedra descubrió un lecho de hierba seca; supuso que debía de ser el rincón donde descansaban las fieras.
\*Ras, ras, ras...\*
De pronto, un crujido apagado provino del montón de heno.
Xu Mingwei se acercó a mirar y halló a una criaturita del tamaño de un gato que, sin haber abierto los ojos todavía, escarbaba torpemente entre la hojarasca y las ramas secas.
'¿Un cachorro de tigre?'.
'Su pelaje es completamente blanco... ¿Acaso se trata de una especie mutada?'.
Xu Mingwei sintió desconcierto y asombro a la vez, mas de inmediato dejó escapar un leve suspiro. De haber sabido que la hembra acababa de parir, tal vez le habría perdonado la vida.
Sin su madre, esta cría difícilmente sobreviviría.
"Es verdad, la pequeña Xueji quería un animalito. Me viene de perlas para llevárselo. Lo que no sé es si al crecer su naturaleza salvaje resultará indomable".
"En fin, ya me ocuparé de eso después".
"A lo sumo, si pierde el control de grande, bastará con matarlo a golpes".
Para antes del Sacrificio Anual ya habría alcanzado el reino de Artista Marcial de Primera Clase; llegado ese momento, someterlo sería un juego de niños.
Xu Mingwei levantó al cachorro de tigre blanco. En un primer momento pensó en meterlo dentro del fardo, pero al recordar que allí guardaba las pieles de sus padres, la idea le pareció de pésimo gusto; optó por acomodarlo directamente contra su pecho, al abrigo de su ropa.
"Habiendo conseguido tanto en esta salida, es momento de volver".
Xu Mingwei cargó el arco largo y el carcaj a la espalda, y emprendió el camino de regreso.
Al llegar a la residencia del Clan Xu, faltaba muy poco para el almuerzo.
Por la mañana, tras instruir a Xu Mingshu y a Xu Mingxian en la práctica marcial, Xu Chuan había salido a dar una vuelta y recién volvía a supervisar sus lecciones de caligrafía.
"Hoy regresaste temprano".
"Padre". Xu Mingwei sonrió y dijo: "Esta vez me topé con dos fieras formidables, bastante más corpulentas de lo habitual. Conseguí dos pieles de tigre. ¿Crees que deberíamos conservarlas para la casa, padre, o prefieres que vaya a venderlas al Condado Qingjiang? Calculo que cada una se puede vender por más de quinientos taeles".
"Límpialas bien y ve a venderlas. La plata que saques déjasela a Ayuan; le conviene tener una buena reserva allá, más vale prevenir que lamentar".
"Sin problema".
"¡Hermano mayor!", exclamó Xu Mingshu, corriendo hacia él con pasos ligeros. Tiró de la orla de su túnica y alzó la mirada llena de ilusión: "¿Dónde está el animalito que te pedí?".
Xu Mingwei sonrió y, de su abultado pecho, extrajo a la pequeña criatura.
"¡Qué gatito blanco tan adorable! ¡Me encanta!".
Xu Chuan entrecerró ligeramente los ojos. Tras reflexionar un instante, preguntó: "¿Eso es un tigre blanco?".
"Tu mirada no falla jamás, padre".
Al oír que se trataba de un tigre blanco, Xu Mingxian, que hasta entonces no había mostrado el menor interés, también se acercó de prisa para examinarlo al detalle. Jamás en su vida había visto un tigre de color blanco.
"Es diminuto", comentó Xu Mingxian.
"Apenas acaba de nacer y todavía no abre los ojos. Ignoraba por completo que la hembra acababa de parir, de lo contrario le habría perdonado la vida", explicó Xu Mingwei. "Sin sus padres le era imposible sobrevivir, por eso lo traje conmigo".
Xu Chuan asintió con serenidad: "Que se quede con Xueji para que lo crie, entonces".
Xu Mingshu tomó en sus brazos al cachorro de tigre blanco. Lo acarició con ternura y murmuró con dulzura: "Tigrecito blanco, a partir de hoy serás mi mascota".
Xu Mingwei sonrió complacido.
"Cuarta hermana, cuando crezca será más alto que tú y muy feroz. Ten cuidado, no vaya a arrancarte la cabeza de un solo bocado", bromeó Xu Mingxian, esbozando una sonrisa burlona.
"¡Hum! ¡Hermanito fastidioso, Xiao Bai jamás haría algo así! ¿A que no, Xiao Bai?".
Xu Chuan examinó al animal con detenimiento, dio un paso al frente para acariciarlo y sentenció: "Puesto que ya le pusiste nombre, Xueji, de ahora en adelante serás responsable de cuidarlo como es debido. Por lo que veo, debe de tener cerca de dos semanas de nacido; aun sin la leche materna de la tigresa, no habrá problema. Escribiré una serie de recomendaciones para que lo atiendas al pie de la letra".
"¡Muchas gracias, padre! ¡Eres el mejor!", exclamó Xu Mingshu con voz dulce.
Xu Chuan le acarició la cabeza con cariño y acto seguido redactó una hoja entera con instrucciones que entregó a Xu Mingshu. La niña salió dando brincos de alegría.
Xu Mingxian miró a Xu Chuan con inquietud: "Padre, los tigres son fieras despiadadas. Criarlo aquí, ¿no resultará muy peligroso?".
"¿Qué pasa? ¿Acaso te preocupas por tu cuarta hermana?".
"¡Para nada me preocupo por ella!", replicó Xu Mingxian, ladeando la cabeza con orgullo infantil.
"Quédate tranquilo. Con Xueji a cargo, no surgirá ningún percance", aseguró Xu Chuan con una sonrisa. "Vuelve a tus trazos; hasta que no termines esas hojas, no comerás".
"Sí, padre".
Xu Mingwei se sintió un poco desconcertado al oírlo. No comprendía por qué su padre mostraba semejante certeza, pero aun así decidió confiar en su palabra.
"Por cierto, padre, también encontré estos dos frutos tan extraños; son duros como rocas y no tengo idea de qué sean. Tú que has visto tanto de este mundo, échales un vistazo".
Xu Chuan asintió y los tomó entre sus manos, pero al cabo de un momento tampoco logró descifrar su naturaleza, de modo que prefirió dejarlos a un lado por ahora.
Xu Mingwei se retiró a su habitación, colgó el arco y las flechas, y se dispuso a lavar los restos de sangre de las pieles para quitarles el hedor a fiera.
El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos hasta el mediodía del día siguiente.
Viendo que las pieles ya estaban secas, Xu Mingwei montó a caballo y partió hacia la capital del condado.
En menos de una hora llegó a las puertas de la ciudad del Condado Qingjiang.
La muralla, de más de veinte metros de altura, estaba construida con bloques macizos de basalto y se prolongaba por decenas de li hacia ambos lados, extendiéndose sobre la planicie como el espinazo de un colosal dragón.
Las moles de piedra gris exhibían las marcas del paso del tiempo, con una densa capa de musgo verde aferrada a la base.
Justo en el centro se erigían dos imponentes portones de madera de olmo recubiertos con láminas de hierro; en las hojas destacaban cabezas de bestias de bronce que sostenían argollas del tamaño de un cuenco. Cada batiente medía entre tres y cuatro metros de ancho, más de diez metros de alto y superaba los treinta centímetros de grosor, con la superficie enteramente barnizada de rojo.
En aquel punto el tránsito de transeúntes, carretas y caballos era incesante. Los guardias apostados a la entrada patrullaban e inspeccionaban con celo la identidad de todos los que iban y venían.
Xu Mingwei desmontó y avanzó llevando las riendas de su montura.
Aquellos que no pertenecían al censo oficial del Condado Qingjiang estaban obligados a pagar una tarifa de ingreso y a tramitar una tablilla de identidad provisional.
Los comerciantes debían, además, registrar su carga y pagar los aranceles correspondientes.
A Xu Mingwei, desde luego, nada de eso le hacía falta; tras mostrar brevemente su identificación, cruzó la muralla llevando su caballo de la rienda.
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• Novela: 从族谱开始打造长生世家
• Autor: Jiang Laosi
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 20 de Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela), un novela. **【Construcción de Clan + Gestión de Linaje + Protagonista Astuto y Decidido + Ascenso Generacional + Despertar de Talentos + De Mortales a Inmortales】** En el implacable mundo de la cultivación, los inmortales tratan… Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.