Leer Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La Montaña Duanya.
Sus crestas se alzaban en capas de verde espeso, envueltas en remolinos de niebla.
Superaba los mil zhang de altura y debía su nombre a que su cumbre estaba dividida en dos mitades, idéntica al colmillo quebrado de una bestia colosal.
Vista desde la distancia, parecía una fiera primordial agazapada en medio de un mar de nubes.
Los campos y bosques de las aldeas en diez li a la redonda dependían de la Montaña Duanya para subsistir; sin embargo, por más que los campesinos roturaban y desmontaban sus laderas, apenas ocupaban una ínfima porción de ella.
En las profundidades de la Montaña Duanya habitaban fieras salvajes de toda índole, congregadas en manadas.
Ni siquiera un Artista Marcial de Primera Clase se atrevería a garantizar que pudiera cruzar la cordillera entera.
Pues, según contaban los rumores, allí moraban Bestias Demoníacas que habían despertado el intelecto espiritual.
En ese momento, una silueta vestida de azul oscuro saltaba entre las frondosas copas de los árboles con la agilidad de un simio.
A cada cambio de posición, ahuyentaba una bandada de pájaros.
Aquel individuo era nada menos que Xu Mingwei. Llevaba dos arcos a la espalda: uno grande de hierro negro y otro largo, de color verde pino.
El gran arco de hierro negro era una pieza de gran tensión y manufactura especial.
Tan solo tirar de su cuerda requería una fuerza de mil jin, y para abrirlo por completo hasta formar una luna llena, se precisaban más de tres mil jin.
Solo un Artista Marcial de Primera Clase, recurriendo a su pura fuerza muscular, sería capaz de tensarlo al máximo.
Y únicamente un guerrero en la Cúspide del Reino Houtian, con los puntos de acupuntura del circuito celestial conectados y desbloqueados, podía manejarlo con holgura y a su antojo.
Las flechas disparadas por este arco perseguían nubes y relámpagos, cargadas con el peso demoledor de mil jun.
Incluso contra un artista marcial recién ingresado al Reino Xiantian, si se presentaba la oportunidad, una sola saeta bastaría para herirlo de gravedad.
En cuanto a Xu Mingwei, su don de Fuerza Divina Innata le otorgaba en ese momento cuatro mil doscientos jin de fuerza en un solo brazo. Sumado a su talento de Ojo de Águila, capaz de fijar a cualquier presa, si él hallaba una apertura, el resultado no sería una simple herida grave.
¡Sería una muerte fulminante!
El otro arco, el verde pino, era mucho más ordinario, aunque bastaba y sobraba para abatir tigres y lobos comunes.
Xu Mingwei solo empleaba el gran arco de hierro negro al enfrentarse a bestias extraordinarias.
En ese punto, ya se encontraba a más de diez li de los linderos más lejanos roturados por los campesinos.
Ningún cazador de aldea se atrevería a internarse tan hondo.
"La última vez llegué más o menos hasta aquí".
Xu Mingwei cambió de posición varias veces hasta que descubrió, en el tronco de un gran árbol, una marca tallada con su propia daga.
Era el carácter 'Xu'.
Profundamente hendido en la madera y con trazos tan fluidos y vigorosos como dragones y serpientes en marcha, derrochaba un porte imponente.
Xu Chuan exigía a los jóvenes del Clan Xu practicar caligrafía a diario hasta cumplir los quince años.
Diez años de arduo adiestramiento.
Practicar caligrafía equivalía a templar el corazón.
Xu Mingwei había comprendido la profundidad de esa verdad hacía poco, por lo que su admiración hacia Xu Chuan crecía sin cesar.
Por ello todavía practicaba con regularidad, como muestra de su determinación.
"En cuanto al animalito que me pidió Xueji, lo buscaré de paso al volver".
Xu Mingwei oteó los alrededores y continuó internándose a gran velocidad.
Avanzar saltando por las ramas era infinitamente más seguro que correr por el suelo.
De pronto.
A su costado resonó un silbido penetrante al rasgarse el aire: un proyectil del tamaño de un puño volaba directo hacia su cabeza.
Xu Mingwei torció la cintura, ladeó apenas el cuerpo y esquivó el ataque imprevisto.
Sin embargo, como la embestida lo había sorprendido en pleno salto, el impulso se interrumpió y no le quedó más remedio que descender al suelo.
Al alzar la vista hacia una rama gruesa a decenas de metros de altura, vio a un simio de pelaje blanco, alto y corpulento como un corcel, de hocico afilado y rostro encarnado, que le enseñaba los colmillos mientras manoteaba y saltaba en actitud desafiante.
"¡Vaya simio tan fornido!"
Las pupilas de Xu Mingwei se contrajeron. Jamás había visto un espécimen semejante.
"Ese brazo debe de tener por lo menos mil jin de fuerza".
Si un cazador ordinario se hubiera topado con semejante criatura, le habría destrozado el cráneo de un solo impacto.
El simio blanco pareció enfurecerse al ver que había fallado y, con la otra mano, le arrojó otro proyectil esférico y renegrido.
Xu Mingwei lo esquivó una vez más con absoluta holgura.
Movido por la curiosidad, dio unos pasos hacia un lado, recogió el proyectil del suelo y lo examinó.
"¿Un fruto?"
"Qué peculiar, es increíblemente duro".
Xu Mingwei lo apretó con fuerza; la sensación era idéntica a estrujar una roca maciza, lo que le causó gran extrañeza.
"Me lo llevaré para que mi padre lo vea".
Xu Mingwei miró al simio, tomó una piedra del suelo y se la arrojó de vuelta.
Aunque el simio blanco era sumamente ágil, la velocidad con la que Xu Mingwei lanzó la piedra superaba por mucho sus reflejos.
El animal intentó esquivarla, pero no lo consiguió por completo.
El proyectil le rozó el costado y le arrancó una salpicadura de sangre.
"¡Auuuuh!"
El simio aulló de dolor y se cubrió la herida con la mano.
Miró a Xu Mingwei con un destello de terror en los ojos y, tras soltar un par de gruñidos cargados de rencor, huyó a toda prisa entre las ramas.
"Fuiste prudente".
Xu Mingwei curvó los labios con una ligera sonrisa. Si la criatura hubiera insistido, no habría dudado en matarla.
Buscó el otro fruto negro, lo guardó en el fardo que llevaba a la espalda y reanudó la marcha.
Al internarse en las profundidades de la Montaña Duanya, su intención no era cazar fieras comunes por mero capricho.
Hacerlo resultaría demasiado tedioso.
A cada instante salían varias al paso.
Su propósito principal era hallar bestias extraordinarias que le sirvieran de entrenamiento.
Tigres feroces o grandes osos, por ejemplo.
Los ejemplares más sobresalientes de esas especies poseían una fuerza bruta superior a la de ciertos Artistas Marciales de Primera Clase.
No obstante, las fieras seguían siendo fieras; a menos que abrumaran por superioridad numérica, no eran rivales para un cultivador marcial.
Incluso un Artista Marcial de Tercera Clase, valiéndose de armas, desplazamientos y astucia, podía liquidarlas.
Xu Mingwei las buscaba para trabarse en combate cuerpo a cuerpo y foguearse en una refriega real.
De pronto.
El campo de visión al frente se ensanchó.
Ante sus ojos apareció un pequeño lago de aguas azuladas y relucientes.
A la orilla del lago se extendía un prado verde y sereno.
'Este lugar tiene un paisaje bastante agradable', pensó Xu Mingwei para sus adentros.
Al recorrer el entorno con la mirada, divisó al otro lado de la laguna a un tigre imponente, de una altura superior a medio hombre, con un pelaje pardo amarillento cruzado por densas franjas negras.
Poseía cuatro extremidades macizas y una cola gruesa y alargada, anillada en negro hasta la punta renegrida.
Las líneas de su cuerpo eran fluidas y rezumaban un vigor descomunal.
Las pupilas de Xu Mingwei se encogieron ligeramente. Pudo distinguir con total claridad el carácter 'Rey' grabado en su frente cuando la fiera volvió la cabeza.
En ese instante, el tigre aprisionaba entre sus fauces a un ciervo cornudo y lo arrastraba hacia la espesura.
"¡Qué magnífico tigre! Es mucho más corpulento y temible que cualquiera que haya visto antes".
Sin perder un instante, Xu Mingwei fue tras él.
Siguió su rastro hasta llegar al pie de una colina baja.
La ladera se elevaba casi vertical, como si un tajo de espada la hubiera partido de arriba abajo.
Por el muro de piedra trepaban clemátides que lucían flores grandes y llamativas.
Al pie del risco se abría una caverna, sin duda la guarida de la fiera.
Xu Mingwei se aproximó con rapidez.
Las orejas del tigre se crisparon con un ligero movimiento; alertado, soltó a su presa y se dio la vuelta.
Un par de ojos enormes y brillantes, del color del ámbar, destellaron con un brillo penetrante mientras clavaban la mirada en Xu Mingwei.
El joven dejó a un lado el arco y el carcaj, soltó una carcajada vibrante y saltó hacia adelante con el puño cerrado, lanzando un golpe demoledor.
Los ojos del tigre brillaron; la fiera saltó al mismo tiempo y arremetió con una de sus zarpas delanteras en un zarpazo salvaje.
¡Pum!
El puño y la garra colisionaron en seco.
Hombre y fiera resultaron igualados, retrocediendo ambos por la fuerza del choque.
"¡Qué fuerza tan tremenda!", exclamó Xu Mingwei con una amplia sonrisa que le tensó las facciones.
Un tigre común rondaba los dos mil jin de fuerza, y en su límite alcanzaba a lo sumo tres mil; pero el ejemplar que tenía enfrente era capaz de asestar un golpe de más de cuatro mil jin.
Un zarpazo así mandaría a volar a un oso ordinario, dejándolo aturdido de un solo golpe.
"¡Otra vez!", rugió Xu Mingwei, con la sangre hirviéndole y el espíritu combativo encendido.
"¡Grrr-aaauuur!"
Sintiendo su autoridad ultrajada, el tigre rugió enfurecido; en su mirada ya no quedaba cautela, solo el brillo implacable con el que observaba a una presa.
Xu Mingwei pisoteó el suelo resquebrajando la tierra y se disparó al frente como una saeta.
El tigre no lo recibió de frente, sino que saltó hacia un lado.
En cuanto el movimiento de Xu Mingwei perdió impulso, la cola anillada de la fiera restalló como un látigo formidable.
El silbido del aire azotó sus oídos en una fracción de segundo.
Xu Mingwei interpuso ambos brazos para bloquear, pero la violencia del impacto lo hizo volar varios metros hacia atrás.
Fue en ese preciso instante cuando el tigre exhibió sus colmillos, abrió sus fauces ensangrentadas y se abalanzó para devorarlo.
Xu Mingwei sonrió de medio lado. Apoyó una mano en el suelo y estiró la pierna derecha como una lanza inflexible; el puntapié impactó de lleno en la fiera y la mandó rodando a más de diez metros de distancia.
El tigre dio dos o tres vueltas por la tierra antes de levantarse, clavando en Xu Mingwei una mirada cargada de gravedad.
En ese instante.
Desde las profundidades de la cueva resonó otro rugido felino y, acto seguido, un ejemplar de pelaje más claro y complexión algo menor emergió con paso lento.
"¿Una tigresa?"
"¡Vaya, así que aquí vive una pareja de tigres!"
\-----
• Novela: 从族谱开始打造长生世家
• Autor: Jiang Laosi
• Traductor: Inmensurable
📜🩸 ¡Deja tu huella en el Libro de Sangre! Tu reacción y comentario son el incienso que alimenta el Salón Ancestral y apresura el florecimiento de los próximos capítulos. ¡Que nuestro linaje prospere por diez mil generaciones! 🙏

Continúa leyendo
Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela)
Capítulo 20
Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) Capítulo 19
Estás leyendo el capítulo 19 de Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela), un novela. **【Construcción de Clan + Gestión de Linaje + Protagonista Astuto y Decidido + Ascenso Generacional + Despertar de Talentos + De Mortales a Inmortales】** En el implacable mundo de la cultivación, los inmortales tratan… Este capítulo tiene publicado el 25 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. Forjando un Clan Inmortal desde el Libro de Sangre (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.