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Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 28 online gratis en español

🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
°❀⋆.ೃ࿔\*:・°❀⋆.ೃ࿔\*:・ —Sin duda es una persona bastante peculiar. Normalmente resulta difícil pensar que la magia que lanzó el señor Diel tenga efectos secundarios, pero viendo que incluso llegó a buscar información de la torre de magos, parece estar completamente convencida de que existen secuelas. —… —Ah, ¿será porque no es una joven noble común y corriente? Ante las palabras murmuradas de Lev, el ceño de Estierne se frunció. Teniendo en cuenta la forma de ser del Maestro de la Torre Mágica, era poco probable que él mismo hubiera admitido que su magia tenía algún problema. Por lo tanto, lo más lógico era pensar que al menos ella lo había descubierto por cuenta propia. Lo extraño, tal como decía Lev, era cómo podía estar tan segura de ello. A menos que hubiera alguien a su alrededor que hubiera muerto por los efectos secundarios de la magia de petrificación. Ban, que observaba de reojo la expresión de Estierne, continuó hablando con cautela. —Si recordamos lo que ha sucedido hasta ahora, la verdad es que también da la impresión de que no es una persona común. De hecho, el incidente del broche tampoco se ha llegado a comprender del todo, ¿no le parece? Ante las palabras de Ban, Lev se acarició la barbilla y dijo: —Ahora que lo menciona, ¿no dijo el maestro de la Torre Mágica que esa persona escucha la voz de Dios y que gracias a ello se dio cuenta de que la señorita Peridelin estaba en peligro? No es una santa ni una sacerdotisa, y aun así ella dice que puede oír la voz de Dios… Si esto llegara a oídos del templo, sería un escándalo. —Me preguntaba de qué estaban hablando todos ustedes aquí reunidos, y resulta que no tienen reparos en decir semejantes disparates. En ese momento, una voz joven se entrometió en la conversación. Las miradas de los tres se dirigieron hacia la puerta entreabierta. Peridelin, que llevaba puesto un traje azul marino del mismo color que sus ojos, entró en la habitación y dijo: —Como parece que aún no se han dado cuenta, se los diré yo. Esa persona es un hada. Por eso puede escuchar la palabra de Dios. Al ver a Peridelin irrumpir de repente en la conversación, Estierne se pasó la mano por el rostro. Ban murmuró con expresión atónita: —Señorita Peridelin, ¿no dijo que iba a practicar sus habilidades con la espada? ¿Ya también está entrenando cómo ocultar su presencia? —Desde mi punto de vista, el problema es más bien que tú no te hayas dado cuenta. Entre los dedos con los que se cubría el rostro, los ojos de Estierne brillaron con dureza. Ban, dándose cuenta tarde de su error, cerró la boca apresuradamente. Quiso decir que no había forma de notarlo si no venía emitiendo una intención asesina, pero al ver la mirada de Estierne, supo que cualquier excusa sería inútil. «¡Maldita sea esta boca mía, siempre metiéndome en problemas!». Al ver la expresión abatida de Ban, Lev chasqueó la lengua y le preguntó a Peridelin, que entraba al despacho: —Cuánto tiempo sin verla, señorita Peridelin. Pero… ¿a qué se refiere con eso de “hada”? ¿No estará llamando hada a la joven marquesa de Aidellis, verdad? —¡Claro que sí! ¡Ella fue el hada que me salvó de un monstruo hace ocho años atrás! Al ver a Peridelin responder con la barbilla en alto y un aire altivo, el rostro de Lev se torció. Sin comprender del todo las palabras de Peridelin, Lev se volvió hacia Estierne y preguntó: —Si fue hace ocho años, entonces sé de qué historia habla, la he oído por parte de los caballeros. Pero ¿no fue usted quien salvó a la señorita? —Mi hermano solo llegó cuando todo había terminado y se llevó el mérito. Quien me salvó fue el hada. —¿Eh? ¿Qué quiere decir con…? Estierne alzó la mano, como diciendo que ya era suficiente, hacía Lev, que preguntaba con una expresión confusa. Peridelin, que ya se había acercado sin darme cuenta, apoyó las manos en el escritorio y dijo: —Pero ¿de verdad está bien enviar solo una invitación para que el hada venga? —¿Qué quieres decir? —Que si no deberían ir personalmente a buscarla. He oído que no suele asistir a fiestas. ¿Y si ni siquiera recibe la invitación? Peridelin se quejó, diciendo que, tratándose de alguien que le había salvado la vida dos veces, no era una muestra suficiente de cortesía. Ban, tras mirar de reojo a Estierne, sonrió con incomodidad y respondió en su lugar: —N-no se preocupe demasiado por eso, señorita Peridelin. De hecho, el Capitán ya ha enviado una paloma mensajera a la joven marquesa de Aidellis. —¿Una paloma mensajera? ¿No es eso demasiado poco fiable? Ni siquiera es una persona… —Es un ave que ha cumplido bien su función incluso en tiempos de guerra. Puede confiar en ella. Aun con esas palabras añadidas por Ban, Peridelin seguía frunciendo los labios en un puchero, como si estuviera ansiosa. Ban añadió, como si estuviera tratando de calmar a una hermana menor: —Además, si enviamos a alguien directamente a la mansión del marqués, también podríamos ponerla en una situación incómoda. —Aun así, siento que debería hacerse algo más… —Peridelin. Peridelin, que había soltado un profundo suspiro, giró la cabeza hacia Estierne cuando él la llamó. Con una voz visiblemente cansada, le preguntó: —No me digas que dejaste toda la preparación de la fiesta en manos de Emma y viniste aquí, ¿verdad? —Claro que no. De hecho, ya iba de regreso. Ante su respuesta, Estierne hizo un gesto con la cabeza, como diciéndole que fuera entonces. Peridelin infló las mejillas con descontento y dijo: —Hermano, de verdad no entiendes mis sentimientos. —¿Qué? —Sabiendo que el hada es mi benefactora, ¿cómo puedes darnos solo tres días para preparar una fiesta para invitarla? El horario es tan ajustado que fracasé al intentar contratar al pastelero más famoso de Erhel. —Al fin y al cabo, la fiesta no es más que una tapadera, Peridelin. —Eso ya lo sé. Pero como es la primera vez que el hada viene a la casa del gran duque, quería asegurarme de que tuviera todo lo necesario para recibirla. Justo cuando la queja de Peridelin parecía prolongarse, se oyó un toc, toc en la puerta. —Con permiso, Su Alteza. Todos giraron la cabeza para mirar, y vieron a Emma asomando la cabeza por la puerta entreabierta, sonriendo con dulzura. —Señorita, sabía que estaría aquí. Verá, han llegado las flores que ordenó. ¿En qué parte del salón de fiestas desea que las coloquemos? —¡Ah! ¡Voy enseguida! Peridelin salió apresuradamente del despacho siguiendo a Emma. Tras el paso de aquel pequeño huracán, Ban negó con la cabeza y dijo: —Pero ¿por qué la señorita Peridelin está tan convencida de que quien la salvó hace ocho años es la joven marquesa? —Yo también quisiera saberlo. —No sé si está bien dejar ese malentendido sin corregirlo. Hace ocho años, la joven marquesa también habría sido muy pequeña. No tiene sentido que fuera sola hasta Neitcha. —Bueno, si supiera usar magia de teletransportación, tampoco sería algo tan imposible, ¿no cree? Ante las palabras de Ban, Lev inclinó la cabeza, interviniendo. Una vez que dijo ese comentario, un extraño silencio se apoderó de la habitación, como si hubiera hecho una pregunta que no podía ser respondida. —…¿Qué pasa con esas reacciones? Leb no soportó la extraña atmósfera y volvió a preguntar. Ban lo miró con expresión de lástima y respondió: —Nunca he oído que la joven marquesa sepa usar magia. —Aunque sea su medio hermano, el joven marqués también es un maestro de la espada, ¿no? No habrá nacido sin maná alguno. Y el marqués también sabe manejar maná, así que con más razón. —Aun así, eso no significa que la joven marquesa sepa usar magia. Ante las palabras de Lev, Estierne negó con la cabeza. Golpeando suavemente el escritorio con los dedos, dijo: —Si así fuera, la última vez que fue a rescatar a Peridelin no habría necesitado la ayuda del maestro de la Torre Mágica. —…¿No podría ser que fueron juntos porque no pudieron quitárselo de encima? —Y, sobre todo, nunca he sentido ningún indicio de maná proviniendo de la joven marquesa. Con esas palabras de Estierne, Lev cerró la boca. Si alguien como Estierne, que podía manejar el maná libremente como maestro de la espada, no había percibido maná alguno en la joven marquesa, su hipótesis de que quizá pudiera usar magia carecía totalmente de sentido. «Pensándolo bien, no solo este asunto, sino también el incidente del broche está relacionado con ella… así que la posibilidad es baja. Si hubiera usado magia de teletransportación, no habría forma de que yo no lo notara en el Monte Balt». Claro que, si la habilidad mágica de la joven marquesa fuera superior a la suya, podría no haberlo notado. Pero, por desgracia, la habilidad mágica de Lev estaba entre las más altas. Hasta donde Lev sabía, no existía ninguna maga con una capacidad superior a la suya. Ese pensamiento hizo que sus hombros se elevaran involuntariamente con orgullo. Mientras se tocaba la barbilla para ocultar la comisura de sus labios que amenazaba con elevarse, un rumor que había escuchado cuando pertenecía a la torre mágica cruzó por su mente. Decían que, hace unos veinte años, había existido una gran maga cuya habilidad no quedaba por debajo del actual maestro de la Torre mágica, Diel… «Bueno, a estas alturas ya debe de haber muerto». Según lo que decían sus superiores, la última vez que la vieron estaba embarazada. Se decía que cuando una maga quedaba encinta y daba a luz a una niña, el bebe absorbía todo el maná que ella había acumulado, llevándola finalmente a la muerte. Puede que haya habido una diferencia en el tiempo, pero era un destino del que ni siquiera la abuela del maestro de la Torre Mágica pudo escapar. «Entonces… ¿y si la joven marquesa fuera hija de esa maga? Si solo miramos las fechas, todo parece coincidir». La idea que cruzó fugazmente por su mente resultaba sorprendentemente plausible, pero Lev decidió guardársela por ahora. Sabía bien que no dejaba de ser una suposición cercana a la fantasía. «Aun así, no se puede negar que no parece una joven noble común y corriente». —Basta. Dejemos esta conversación hasta aquí. Ban, vuelve a tu puesto. Lev, prepárate. —Sí, Capitán. —Entendido. Lev decidió conservar en lo más profundo de su mente aquella hipótesis que había pensado descartar, por si acaso. Es decir, la hipótesis de que la joven marquesa quizá fuera la hija de la maga que desapareció hace unos diez años.
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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 28

Estás leyendo el capítulo 28 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 4 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.