Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 24 online gratis en español
🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
—¿Todo fue cosa de esa lady…?
—¿La lady de la que hablas desde hace rato es la joven marquesa de Aidellis?
Ante esa pregunta, Diel se inclinó hacia el lado donde estaba sentado Estierne. Aunque no había nadie que pudiera escucharlos, habló en voz baja, casi en un susurro.
—¿No te parece que los tipos del templo son bastante estúpidos? Rezaron y rezaron diciendo que querían escuchar la voz de los dioses, pero al final quien realmente pudo oírla fue una lady que no reza, ni cree en los dioses, ni tiene fe alguna.
Toc, toc.
Los dedos de Estierne, que golpeaban el escritorio, se detuvieron de golpe.
Había escuchado todo lo que dijeron Diel, Peridelin y Emma, y la persona a la que todos mencionaban en común era una sola.
Ardi Aidellis.
En otras palabras, quien informó que Peridelin estaba siendo atacada por la tribu Elkar y quien terminó salvándola cuando su vida estuvo en peligro… había sido Ardi.
Y si lo que Peridelin le había dicho hoy era cierto, entonces la benefactora que salvó su vida hace ocho años también había sido Ardi.
—Aun así, acepta el broche. Si no lo haces, me convertiré en alguien que no supo agradecer a quien le salvó la vida.
Al recordar las palabras de Peridelin, le vino a la mente que el cabello de la niña que le había entregado el broche en aquel entonces también parecía ser de un rubio brillante, como el de Ardi.
Pero no estaba seguro de si ese recuerdo era real o si el recuerdo se había distorsionado por lo que Peridelin había dicho.
Con la mente hecha un nudo, Estierne apoyó la cabeza en el respaldo de la silla y cerró los ojos.
Lo único seguro era que, a pesar de haber recibido ayuda de la joven marquesa de Aidellis, él no le había devuelto nada a cambio. Es más, considerando que ella había sido encerrada bajo arresto domiciliario tras el torneo de combate, todo indicaba que el adorno de lirios del valle que él le regaló terminó causándole problemas.
No podía imaginarse que el joven marqués se desquitó contra ella solo porque no ganó el torneo.
—¿Acaso pensó que regalarle el premio que recibí por el torneo de combate a la joven marquesa de Aidellis era una forma de burlarme?
La idea surgió de repente y parecía demasiado plausible, lo que volvió aún más confuso su estado de ánimo. Se lo di, aun sabiendo el significado del adorno de lirios del valle, esto hacía que todo resultara todavía más amargo.
—Hice algo innecesario.
De haber sabido que acabaría así, le habría dado el regalo de otra manera.
Toc, toc.
Estierne golpeó el apoyabrazos de la silla y abrió los ojos.
Quería darle las gracias a Ardi por haber salvado la vida de Peridelin. Sin embargo, si el marqués se enteraba de que había ido al Bosque Fronterizo mientras estaba bajo arresto domiciliario, eso seguramente volvería a traerle consecuencias negativas a ella, en contra de sus deseos\[1\].
Mientras pensaba qué hacer, la comisura de los labios de Estierne se curvó lentamente.
El hecho de haber encontrado un pretexto para volver a verla lo puso de buen humor.
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—¡Date prisa y sígueme, idiota!
—¡E-espera, vamos juntos, señor Jen!
—Hans, con lo lento que eres, ¿de verdad crees que podrás ganarte la vida así?
El hombre de mediana edad llamado Jen estaba hablando con Hans, un joven que jadeaba mientras lo seguía.
Hans, secándose el sudor que perlaba su cabello castaño despeinado, frunció los labios como un pato y se quejó:
—¿De verdad no tiene miedo, señor Jen?
—¿Miedo de qué?
—Sinceramente, es mucho más escalofriante de lo que decían en Efren. Había oído que el Árbol del Mundo se estaba marchitando, pero jamás imaginé que incluso el Bosque Fronterizo, que está en el camino, acabaría así.
Ante el tono casi lloroso de Hans, Jen echó un vistazo a su alrededor.
Tal como decía, parecía que la muerte se extendía por cada rincón al que alcanzaba la vista.
—…Deja de decir tonterías y muévete de una vez. Si se oscurece más aquí, de verdad se volverá peligroso.
Para ser sincero, Hans quería dejarlo todo, ya sea la philoa o cualquier otra cosa más, para regresar a Efren cuanto antes.
Caminando a pequeños pasos tras Jen que estaba un poco más adelante, siguió murmurando:
—¿De verdad tenemos que conseguir la philoa en Arbonis? ¿No dijiste que recolectar o poseer philoa está prohibido en Arbonis?
—¿Sabes cuánto pagan por una sola raíz para decir eso?
—¡Claro que sé que pagan una fortuna o lo que sea para obtenerla! Pero, sinceramente, no quería decir esto, pero tengo un mal presentimiento.
Frustrado, Hans alzó la voz, pero se sobresaltó cuando unas aves salieron volando con un fuerte aleteo.
Cuando incluso la luna, que aún se asomaba entre las nubes, quedó cubierta, el bosque se volvió tan oscuro que era difícil dar un solo paso.
Jen, que iba al frente, perdió finalmente la paciencia y gritó:
—¡Ah, basta de hacer tanto ruido y quejarse, tan solo sígueme!
Hans, que permanecía inmovil, como si se hubiera clavado en el suelo, respondió:
—N-no. Voy a regresar. No quiero morir como un perro en un país extranjero.
—¿Qué? ¡Oye, imbécil!
Gritando a todo pulmón, Hans salió corriendo por el camino por el que habían venido, sin siquiera mirar atrás.
Jen observó, atónito, cómo la figura de Hans desaparecía en un instante.
—¡Maldito desgraciado!
De mal humor, Jen pateó una piedra que tenía cerca de los pies.
Aunque Hans fuera ruidoso y miedoso, la diferencia entre estar acompañado y quedarse solo era enorme.
Solo en el bosque oscuro, Jen recordó los cadáveres que había visto antes en el bosque.
Una visión de cadáveres, endurecidos como piedra, muertos sin saber qué les había ocurrido.
Dudando ante el miedo que lo invadía, Jen apretó los dientes.
—Da igual… aunque regrese ahora con las manos vacías, su alteza, el príncipe del Comercio me matará.
Forzando sus piernas, que no parecían responderle bien, se dio la vuelta.
En ese momento, una oscuridad profunda cayó sobre él.
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Estierne recibió el informe que Ban le entregó con el mismo rostro inexpresivo de siempre. Al ver que sus ojos se posaban en el documento, Ban se apresuró a hablar.
—Como ya suponía, dado que el maestro de la torre mágica intervino, no hubo sobrevivientes entre los bárbaros de Elkar que atacaron a la señorita Peridelin.
El maestro de la torre mágica era alguien que, de no tener excusa, la inventaría con tal de matar.
Y encima le habían preparado el escenario perfecto. Pensar que alguien había sobrevivido era absurdo.
Ban, que había estado observando el semblante de Estierne, añadió con voz cautelosa:
—Como no quedó nadie a quien interrogar, estamos tratando de verificar primero sus identidades, pero parece que no será fácil.
—…
—Además, hay un informe que indica que uno de los bárbaros de Elkar eliminados por el maestro de la Torre Mágica parecía ser un subordinado del tercer príncipe.
—¿El tercer príncipe?
Sí. Los miembros de nuestro equipo están comprobando ahora mismo si esa información es verídica.
—No parece un rumor sin fundamento.
Lev, que había estado escuchando las palabras de Ban, se unió a la conversación entre ambos.
Al ver las miradas de ambos dirigirse a él, Lev se encogió de hombros y dijo:
—La tribu Elkar es extremadamente belicosa. He oído que, para heredar el trono, lo primero que consideran son los méritos obtenidos en guerras y batallas. Así que creo que intentaron usar a la señorita Peridelin para vengarse de Arbonis y de usted, capitán, y así legitimar su derecho a la sucesión.
Las palabras de Lev hicieron que Estierne recordará a un hombre de piel bronceada, blandiendo una espada curva como media luna mientras se abría paso por el campo de batalla.
Pensándolo así, lo que decía Lev tenía sentido.
Golpeando suavemente el escritorio con los dedos, Estierne le preguntó a Ban:
—Entonces, ¿ya tienen alguna pista sobre el paradero de ese sujeto?
—Justamente encontramos huellas recientes cerca del Bosque Fronterizo y estamos siguiéndolas. Lo anoté al final del informe.
Estierne bajó la mirada hacia la última parte del documento.
Las huellas parecían haber pasado junto a los cadáveres, pero nada más.
Ese detalle no le gustó para nada a Estierne.
—Si fuera ese hombre, no habría pasado de largo junto a los cuerpos de sus subordinados muertos. Como mínimo, se habría llevado sus espadas…
Además, era extraño que las huellas desconocidas se dirigieran hacia Neitcha.
Si su objetivo era vengarse de Arbonis y apuntar contra él, debería haberse dirigido al centro de la capital, no a Neitcha, en el extremo oriental de Arbonis.
—Eso es extraño.
Al ver el semblante serio de Estierne, Lev le preguntó:
—Por cierto, ¿qué tipo de magia usó el maestro de la Torre Mágica esta vez?
Ante la pregunta de Lev, Ban observó de reojo la expresión de Estierne y respondió con cuidado:
—Magia de petrificación.
Al escuchar las de Ban, Estierne giró la cabeza hacia él.
Lev frunció los ojos, incrédulo.
—¿Está seguro?
—¿Dudas de mis palabras?
—No es eso… es que no lo entiendo.
—¿Qué cosa?
—No creo que el maestro de la torre mágica no se diera cuenta de que la magia de petrificación tiene efectos secundarios.
—¿Y no será porque no tenía la intención de dejarlos con vida? Además, los efectos secundarios no recaen sobre la persona que lanza la magia.
Ante esas palabras, Lev frunció el ceño por un momento y luego suspiró profundamente y respondió.
—Para el maestro de la Torre Mágica, lo importante de los efectos secundarios no es si afectan al lanzador.
—¿Qué quieres decir?
—Lo importante es que no exista ni el más mínimo error en la fórmula del hechizo que él mismo creó.
—…
—Bueno, no sé si usted, señor Ban, que ni siquiera empareja bien los cubiertos, podrá entenderlo.
—¿Qué dijiste, mocoso?
—Ya basta. Lev, ve al punto.
Ante la intervención de Estierne, Ban cerró la boca a regañadientes, y Lev continuó, animado:
—En resumen, alguien tan apasionado por la estética de la magia como el maestro de la torre mágica no puede ignorar que un hechizo tenga fallos. Y aun así, lo sigue usando…
Lev dejó la frase en el aire, como si hubiera llegado a una conclusión. Los otros dos esperaron en silencio.
Con una expresión de duda, Lev los miró a ambos y dijo:
—¿No será que lo está usando para corregir ese error?
—¡¿Y eso nos lo preguntas a nosotros ahora?!
Ban estalló, indignado. Estierne, que observaba la discusión en silencio, frunció el ceño.
—¿Entonces esa es también la razón por la que necesitaba piedras mágicas…?
Mientras Estierne se sumía en sus pensamientos, las voces de Ban y Lev seguían resonando a su lado.
—Entonces, ¿qué pasó con eso de que la magia de petrificación tenía efectos secundarios y que estaban investigando una cura?
—¡Eso lo dije hace apenas unos días! ¿Cree que la investigación funciona como blandir una espada y ya? ¡No salen resultados tan rápido!
—Vaya carácter…
—En cualquier caso, no es algo sencillo. Se necesitan muchas piedras mágicas.
…
GLOSARIO:
\[1\] La persona que experimenta esta situación siente frustración, enfado o tristeza al no poder cumplir sus propias expectativas o necesidades debido a obstáculos externos.

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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela)
Capítulo 25
Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 24
Estás leyendo el capítulo 24 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.