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Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 22 online gratis en español

🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
—Hm, no parece ser un arboniano. Diel, que rodeaba al hombre endurecido por la magia de petrificación mientras examinaba su vestimenta, sacó la espada que llevaba en la cintura. Al ver la hoja, un poco más larga y curvada que una espada común, una chispa de interés apareció en sus ojos. —¿Es de la tribu Elkar? Al escuchar las palabras de Diel, los ojos del hombre temblaron violentamente. Yo fruncí el ceño al observar a los dos hombres inmovilizados. —Creo que la tribu bárbara que el Gran Duque sometió hace poco era la tribu Elkar. La comisura de los labios de Diel se elevó formando una sonrisa extraña mientras apuntaba con la espada al cuello del hombre. Al ver a Diel sonreír entre dientes, desvié la mirada hacia la ventana del sistema. \[Tiempo límite: 1 hora 20 minutos\] El Bosque Fronterizo era tan extenso que aún no habíamos encontrado a Peridelin. En medio de eso, el hecho de toparnos con dos hombres que resultaban ser bárbaros enmascarados me inquietaba. Y más aún al pensar que pertenecían a la misma tribu que Estierne había sometido recientemente; quizá desde el principio habían estado apuntando a Peridelin. Como si respaldara mis sospechas, el sonido de espadas chocando resonó junto a mis oídos. —Señor Diel. —Parece que la cacería del conejo ya empezó. Sujetando el voluminoso vestido, me acerqué al lado de Diel. En sus ojos, que antes mostraban fastidio, ahora brillaba el disfrute. Saqué una espada de la cintura del otro hombre petrificado con magia. Al hacerlo, Diel parpadeó. —¿Qué estás haciendo ahora, lady? —Por cómo se ve la situación, parece bastante peligrosa. Yo también tengo que proteger mi vida. Diel, que me observaba atónito por un breve momento, se cubrió el rostro con la mano y soltó una risita. Mientras se reía, chasqueó los dedos y me arrebató la espada. Al ver mi expresión confundida, pasó los dedos por la hoja curva mientras hablaba: —Lady, una espada con la hoja tan curva no es adecuada para principiantes. Es difícil aplicar fuerza correctamente, y también es complicado usarla para estocar. Este tipo de armas solo sirve para degollar. —… —Y, como comentario adicional, con esos brazos tan delicados, dudo que pudieras romper un cuello. Al verme fijamente mirando la espada que sostenía, Diel suspiró como si no tuviera alternativa y sacó un pergamino de su ropa, tendiéndomelo. —Es un pergamino ofensivo. Solo se puede usar una vez, pero creo que te queda mejor llevar esto. —…Gracias. Diel pareció sorprendido por mi sincero agradecimiento, pero enseguida su expresión se volvió juguetona. —Dejemos los agradecimientos para después de rescatar a esa excéntrica joven noble de Kaician. —… —Tengo curiosidad por ver hasta dónde se cumple la profecía que su dios te otorgó. °❀⋆.ೃ࿔\*:・°❀⋆.ೃ࿔\*:・ Incluso el sol brillante pareció notar la gravedad de la situación y se ocultó tras las nubes. Peridelin apretó los labios mientras observaba el bosque cubierto de oscuridad. —¡Señorita! —Estoy bien… no te muevas, Emma. Peridelin respiró agitadamente mientras corregía su postura. La espada con forma de luna creciente era claramente distinta a las que había usado en entrenamientos. Las armas de ellos parecían especializadas en enganchar tobillos, muñecas e incluso cuellos como garfios. De su muslo, apenas rozado, ya comenzaba a brotar sangre roja. «Es mi culpa». Solo había dos hombres tendidos en el suelo. Al parecer, al notar que ella era más hábil de lo esperado, los atacantes mantenían la distancia, esperando a que se agotara. Con el paso del tiempo, la herida en la pierna se abriría más y la pérdida de sangre aumentaría. Pero si se lanzaba contra ellos, Emma, que estaba detrás, corría un gran peligro. «Les dije que vinieran hacia mí, pero,¿Por qué nadie se lanza? ¿O ya están pensando en huir por el miedo?». La mejor opción era que, cegados por la ira, se abalanzaran sobre ella sin pensar. Si pudiera derrotarlos sin moverse demasiado, sería lo ideal, pero… «Hablas mucho para alguien que parece a punto de morir». Parecía que los hombres que quedaban pensaban igual que ella. Además, había otro problema: dos presencias se acercaban poco a poco. Si se unían, tendría que enfrentar a cinco nuevamente. Tras pensarlo un momento, Peridelin susurró en voz baja a Emma: —Emma, yo abriré el camino, así que corre hasta el carruaje. —¿Q-qué está diciendo ahora, señorita? —No puedo correr con la pierna herida. Así que, ve tú al carruaje y pídele ayuda al Gran Duque. —¡N-no puedo! ¡No puedo irme! —Si no vas, las dos moriremos. La única forma de salvarme es que tú vayas a pedir ayuda a la casa del Gran Duque. Al oír eso, Emma rompió a sollozar. Peridelin inhaló profundamente y apretó sus manos temblorosas. —Puedes hacerlo, ¿verdad, Emma? —Por favor, no muera, señorita. —Bien, entonces… ¡ugh! En ese instante, el hombre que estaba al frente se lanzó sobre Peridelin. Ella bloqueó su espada con dificultad, y él sonrió de forma siniestra. —¿De verdad pensaste que te dejaríamos pasar? Qué ingenua, como la buena noble que eres. —No les estoy pidiendo que me dejen pasar, ¡sino que yo abriré el camino! Peridelin blandió su espada con todas sus fuerzas. El hombre retrocedió ligeramente, como si lo hubiera esperado, y volvió a atacar. Al darse cuenta de que había leído sus movimientos, Peridelin se retiró apresurada, pero resbaló al pisar el barro del suelo. Los ojos del hombre brillaron al ver la oportunidad, y su espada se dirigió hacia la mano de ella. «¡Si esto sigue así, mi muñeca será cortada…!». —¡Cuidado! En ese momento, unas llamas carmesí pasaron por encima de ella y se lanzaron contra el hombre. —¡Aaaah! Peridelin cayó al suelo con un golpe seco y giró apresuradamente la cabeza hacia el origen del fuego. Incluso la oscuridad del bosque se disipó, y un rayo de sol descendió sobre el cabello dorado de una mujer. Al ver sus ojos verde claro brillando, los ojos de Peridelin temblaron con fuerza. —¿Está bien? —…¿Hada? —¿Eh? La mano de Peridelin apretó con fuerza la empuñadura de su espada. Hada. Por fin había encontrado al hada que la había salvado hace ocho años atrás. °❀⋆.ೃ࿔\*:・°❀⋆.ೃ࿔\*:・ —¿Hada? —…¿Sí? Tal vez la sangre no miente, porque Peridelin tampoco parecía una persona común y corriente. Sentí una confusión similar a la que tuve cuando conocí por primera vez a su hermano mayor, el Gran Duque. —Está claro que la capacidad profética de la lady es mucho mejor que la de esos inútiles del templo. Al escuchar la voz de Diel en mi oído, giré la mirada. Su rostro estaba lleno de diversión, como si disfrutara de la situación. Había derrotado a los atacantes en un instante usando magia de petrificación, y yo esperaba que apareciera la ventana del sistema anunciando el éxito de la misión. Sin embargo, por alguna razón, no apareció nada. —¿Vinieron a salvarme? Ante esa voz emocionada, desvié la mirada. Los ojos azules de Peridelin brillaban como estrellas. Asentí levemente ante sus palabras, pero entonces noté su muslo empapado de sangre. «La herida es profunda». Creí saber por qué no aparecía la ventana del sistema que indicaba que la misión había sido exitosa, así que rasgué el dobladillo de mi vestido con los dientes. —Está perdiendo mucha sangre. Primero hay que detenerla. —Ah, e-esto no es nada… —Permítame un momento. —¡Ah, qué vergüenza! Peridelin se sonrojó intensamente y se cubrió las mejillas. Yo até el trozo de vestido alrededor de su muslo, como si fuera una venda. Que el vestido no tuviera adornos resultó ser una suerte. —¿Puede ponerse de pie? —¡Claro! Por supues… ¡ah! —No te fuerces demasiado, toma mi mano. —E-esto no será un sueño, ¿verdad? —¿Eh? De la nada Peridelin sacudió bruscamente la cabeza y luego rápidamente se limpió las manos en el dobladillo de su pantalón. Diel, que nos estaba observando a ambas en silencio, cruzó sus brazos contra su pecho y dijo: —Supongo que ya nos hemos encargado de todos los tipos malos. —Pero ahora que lo pienso, ¿Acaso no acabo de salvar con mis propias manos a una rival? —D-disculpen… ¿quiénes son ustedes…? Ignorando las palabras de Diel, giré la cabeza al oír la voz de una mujer desconocida. Peridelin, apoyándose en mí, reaccionó tarde y se presentó apresuradamente. —Ah, ella es mi doncella, Emma. Y yo soy Peridelin Kaician. Muchas gracias por salvarme, hada. —¿Hada? Diel repitió la palabra, mirándome como si pidiera una explicación, pero yo tampoco sabía por qué me llamaba así, así que sonreí con incomodidad y saludé. —Encantada de conocerla, señorita Peridelin. Él es Diel Marsotis, el maestro de la Torre Mágica, y yo soy… Al ver los ojos brillantes de Peridelin, dudé un instante si revelar mi identidad era lo correcto. Después de todo, la relación entre la casa del Gran Duque Kaician y la casa del Marqués Aidellis no era precisamente buena. Después de pensarlo por un momento, separé los labios que tenía firmemente cerrados y dije: —Soy Ardi Aidellis. —…¿Qué? —Me alegra no haber llegado tarde, señorita Peridelin.
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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 22

Estás leyendo el capítulo 22 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.