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Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 21 online gratis en español

🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
La cabeza de él, que me miraba aturdido, se inclinó profundamente. Yo me preguntaba ansiosa si esas palabras, casi como una broma, realmente le llegarían. Sentía que el sudor frío me empapaba las manos por la tensión. En ese momento, sus hombros temblaron y se escuchó una voz cargada de risa. —Ah, de verdad… Mi lady siempre logra superar mis expectativas. —... —Y eso me divierte mucho. \[\ La favorabilidad de Diel Marsotis ha aumentado en un 2%. Favorabilidad con Diel: 13% → 15%\] «Lo… lo logré.» Diel, que había secado las lágrimas acumuladas en sus ojos, enderezó la espalda. Con una sonrisa que reflejaba satisfacción por la situación, dijo: —Bien. Ya que confirmé que Mi lady puede escuchar la voz de los dioses, debo cumplir mi promesa. —... —Entonces, ¿dónde está Peridelin Kaician, quien decias que se encontraba en peligro? —En el Bosque fronterizo —¿El Bosque fronterizo? Un destello de fastidio cruzó brevemente el rostro de Diel. Probablemente no me ayudaba porque creyera que de verdad podía hacer profecías, sino porque encontraba divertido mi pequeño juego de palabras. Quizá esperaba que le mencionara un lugar cercano, como los barrios pobres o los callejones de la plaza, pero al oír que era un sitio tan lejano, me miró fijamente. Sus ojos parecían estar sopesando entre la molestia de tener que ir tan lejos y la diversión que le provocaban mis inesperadas ocurrencias. Al cabo de un momento, Diel dejó escapar un suspiro ligero y se encogió de hombros. —Está bien. Vamos entonces, al Bosque fronterizo. °❀⋆.ೃ࿔\*:・°❀⋆.ೃ࿔\*:・ —Señorita, por más que lo pienso, creo que lo mejor sería regresar ya. —Emma, te preocupas demasiado. Peridelin, que llevaba el cabello largo y negro recogido en un alto moño, caminaba delante, pero pronto se volvió hacia Emma. Dio un giro juguetón, mientras miraba a su doncella, que se veía claramente agotada, y dijo: —¿Qué te parece? ¿No crees que este vestido me queda perfecto? Emma no pudo evitar suspirar al ver la cara entusiasmada de Peridelin. Dudosa, tras observarla, añadió con cautela: —Solo espero que cuando Su Alteza el Gran Duque regrese a la mansión, no se sorprenda demasiado al verla así, señorita. —No importa. De todos modos, aunque mi hermano vuelva, no se quedará mucho tiempo. —… —Basta con que me comporte tranquila mientras él esté, ¿no? Peridelin respondió con cara indiferente y volvió a girarse para seguir caminando al frente. De niña siempre se preguntaba qué era lo que tanto le gustaba a su hermano de andar fuera todo el tiempo, pero conforme iba creciendo, empezaba a comprender sus motivos. Después de todo, hasta ella misma detestaba esas reuniones de té de las jóvenes nobles, siempre plagadas de luchas de poder. «Viéndolo así, los hombres tienen suerte. Yo también preferiría participar en un torneo de combate como mi hermano y ganar, en vez de ponerme vestidos y tomar té…» —Ah, hablando de eso, ¿mi hermano volvió a la mansión después del torneo de combate? —El señor Randolph comentó que Su Alteza el Gran Duque aún tenía asuntos pendientes, así que probablemente no regrese hasta tarde en la noche. —Cualquiera diría que carga con todos los asuntos del Imperio él solo. —Bueno, lo cierto es que Su Alteza sí se ocupa de muchísimas cosas. —…Emma, ¿estás de mi lado o del de mi hermano? —Yo siempre estoy del lado de la familia, señorita. Ante esas palabras, Peridelin infló las mejillas con enfado infantil. Emma, aun resoplando por lo bajo, no pudo evitar preocuparse al ver a su joven maestra adentrarse cada vez más en el bosque. Así que finalmente decidió abrir la boca: —P-pero, señorita… ¿hasta dónde piensa adentrarse? —Mmm, hoy quiero ir hasta Neitcha. Quizás no pueda volver a acercarme aquí en un buen tiempo. —¿Neitcha? Emma, sorprendida, agarró el borde de su falda. Con urgencia, siguió a Peridelin y dijo: —P-pero, ir tan lejos es demasiado peligroso. ¡Ya sabe que incluso entrar al Bosque fronterizo es algo arriesgado! —¿Ah, sí? ¿Tan peligroso es? —¡Por supuesto que lo es! Desde que el Árbol del Mundo comenzó a marchitarse, apenas hay gente que se atreva a llegar hasta aquí. Peridelin inclinó la cabeza y luego encogió los hombros. Era cierto que, desde que el Árbol del Mundo en Neitcha empezó a marchitarse, el Bosque fronterizo había adquirido una atmósfera extraña. Pero aun así, no podía renunciar a aquella escapada. Porque quizá, solo quizá, pudiera volver a encontrarse con aquel hada que la salvó en su infancia. Sin darse cuenta, Peridelin apretó la empuñadura de la espada que llevaba ceñida en la cintura. —M-me da miedo… —¡Es peligroso! Eran recuerdos antiguos, de hacía ya ocho años. El cabello dorado que brillaba al recibir la luz del sol filtrada entre las ramas, y aquellos ojos verde claro, semejantes al Árbol del Mundo en su plenitud, corriendo hacia mí. El tacto de aquella mano que se extendió sin dudar hacia la niña aterrada que yo era sigue grabado en mi memoria con absoluta claridad. —Un Kaician nunca olvida un favor. Los ojos azules de Peridelin brillaron con renovada determinación. Al ver aquello, los ojos de Emma temblaron con inquietud. —…¿Señorita? En ese momento, Peridelin, que se había detenido, desenvainó a Betibon, la espada que había recibido como regalo de cumpleaños de su hermano Estierne el año pasado. El filo azulado destelló peligrosamente bajo la luz del sol que se colaba entre las ramas secas. En el pomo de la espada brillaba un zafiro azul, del mismo tono que sus ojos. Las palabras de Estierne «te la regalo, pero espero que nunca tengas que usarla» hacía tiempo que se habían borrado de la mente de Peridelin. Con una ligera sonrisa, miró a Emma, que la observaba con ansiedad, y dijo: —No te preocupes, Emma. Si pasa algo, yo misma los derrotaré a todos usando a Betibon. Apenas habían pasado tres años desde que había empezado a aprender esgrima de forma seria, y solo llevaba un año desde que poseía a Betibon. Como correspondía a un linaje que había producido incontables maestros espadachines, Peridelin tenía talento en el arte de la espada; el problema era que estaba demasiado confiada. Emma, al oír semejantes palabras, adoptó un gesto severo y replicó: —¡No diga tonterías, señorita! Si ocurre algo, yo me encargaré de detenerlos como sea, y usted debe huir sin pensarlo. ¿Entendido? ¡Y guarde esa espada de inmediato! —¿Qué dices? ¿Cómo piensas tú…? En ese instante, Peridelin escuchó a su lado el chasquido seco de una rama rompiéndose bajo un pie. —¡¿Quién anda ahí?! Instintivamente giró hacia el origen del sonido y sujetó con firmeza la espada. El bosque estaba inquietantemente oscuro y silencioso. Peridelin apretó con más fuerza la empuñadura. La voz de Emma, temblorosa de miedo, resonó detrás de ella. —S-señorita… —¡Será mejor que salgan ahora, si no quieren problemas! Forzando la voz con firmeza, la bajó a un tono grave y lanzó la advertencia. Entonces, junto con el crujido de ramas secas, varias siluetas empezaron a surgir de entre las sombras. Todos los que aparecieron llevaban el rostro cubierto con máscaras. «¿Entonces me estaban siguiendo desde el principio?» La idea de que podían haberla estado vigilando desde hacía tiempo le secó la garganta. Peridelin contó con rapidez el número de enemigos. Eran cinco en total. El hecho de que no hubiera notado su presencia hasta ahora significaba que eran bastante hábiles. Pensar en si podría proteger a Emma de ellos hizo que un sentimiento de desesperanza le nublara la mente. —Jamás pensé que me encontraría con alguien tan importante en un lugar como este. Los hombres enmascarados rieron entre dientes mientras las rodeaban. El sudor frío no dejaba de resbalar por la mano de Peridelin, que temía soltar la espada en cualquier momento. En ese instante, Emma, que estaba detrás de ella, habló con voz pequeña pero firme. —Yo los detendré. Señorita, ¡huya ahora mismo! —No digas tonterías. ¿Cómo piensas detener tú sola a esos hombres, Emma? —Al menos trataré de aferrarme a sus piernas. Si usted llegara a resultar herida, de todas maneras sería condenada a muerte por no poder protegerla. —No hagas tonterías innecesarias. —¡Señorita! —Creo que adelante hay dos hombres más. Estamos rodeadas, Emma. No habían sido descubiertas por pisar una rama por accidente, sino que los enemigos habían revelado su presencia porque ya estaban preparados. Al comprenderlo, Peridelin se dio cuenta de la gran diferencia de poder que había entre ella y aquellos atacantes. «Son siete en total…» Uno tras otro, los encapuchados sacaron armas de entre sus ropas. Al verlas, Peridelin se mordió los labios. Fue entonces cuando le vinieron a la mente las palabras de su hermano el día que le regaló a Betibon. —Como la quieres, te la daré como obsequio, pero procura que nunca tengas que usarla. —No entiendo lo que estás diciendo, hermano. —Significa que es mejor obtener la victoria sin luchar, que ganar a través del combate. Incluso si sales vencedora, a veces puedes perder más de lo que ganas. En aquel momento no había entendido a qué se refería. «Si gano un combate, obtengo experiencia y habilidad… así que, ¿cómo podría ser mayor la pérdida?». —Señorita… Peridelin apretó con fuerza la espada que se le resbalaba en la mano. Si llegaba a perder a Emma, quien había ocupado el lugar de madre tras la temprana muerte de la suya, entonces, tal como decía su hermano, esa sería una derrota donde perdería mucho más de lo ganado. Aunque, en realidad, en ese momento ni siquiera su propia vida podía asegurarse. —Si se rinden ahora, quizás podamos dejarlas marchar con vida. —Lo dudo. No parece que vayan a perdonarnos solo por rendirnos. Las armas que los hombres sacaron no eran de uso común en Arbonis. Eran hojas algo más largas que un puñal, curvas como una luna creciente. Si su memoria no le fallaba, eran armas propias del pueblo de Elkar, una tribu bárbara que hacía frontera con Arbonis. —Así que tras someterse a mi hermano, ¿esto fue lo único que se les ocurrió? Los bárbaros no tienen remedio, al parecer. —¡Ya veremos si sigues hablando tanto cuando te atravesemos el estómago! Ante la burla de Peridelin, el hombre más cercano estalló de furia y se lanzó contra ella. Su espada apuntó directo al corazón de la joven, pero ella desvió el ataque con un movimiento fluido, como si desviara la corriente de un río. El asombro aún no había abandonado los ojos del hombre cuando la hoja de Peridelin le atravesó sin piedad el cuello. La primera y vívida sensación de los huesos crujiendo se grabó con claridad en su mano. Cuando el cuerpo del hombre encapuchado se desplomó, derramando sangre, los ojos de los demás atacantes se volvieron aún más feroces. —¡Vamos! Un Kaician jamás se rinde. Cuando Peridelin terminó de hablar, el bosque volvió a llenarse con el sonido del estruendo de las armas chocando unas contra otras.
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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 21

Estás leyendo el capítulo 21 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.