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Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
«¿Penalización aleatoria? ¿Están locos?» Me empezó a doler la cabeza de inmediato. Una penalización aleatoria. En otras palabras, si tenía mala suerte, podía morir solo por fallar esta misión. Claro, si tenía suerte, todo terminaría con una simple disminución en el nivel de favorabilidad del personaje. De cualquier forma, si una de las posibles penalizaciones era la muerte, no podía dejarlo todo al azar. «Tengo que completarla sí o sí.» Reprimiendo la creciente frustración, confirmé de nuevo la ventana del sistema. \[... La ubicación actual de Peridelin Kaician es el bosque fronterizo, al este de Erhel.\] «¿El bosque fronterizo...?» Para llegar a Neitcha, donde estaba el Árbol del Mundo, era necesario atravesar un inmenso bosque, y ese era justamente el bosque fronterizo. Aunque dijera que estaba al este de Erhel, en realidad estaba más lejos de lo que parecía. Y eso significaba que, en mi situación actual bajo arresto, sin poder usar un carruaje, era imposible llegar a tiempo. No, incluso si pudiera usar un carruaje, el límite de tiempo de dos horas seguía siendo demasiado ajustado. Frustrada por la situación, me mordí el labio sin darme cuenta. «¿Pretenden que fracase la misión desde el principio? No tengo la habilidad de teletransportarme, así que, ¿cómo se supone que lo logre…?» —Vaya, no pensé que observarte sería tan entretenido. ¿Me dirás qué estás pensando? La voz de Diel se coló en mi mente, ahogando mis pensamientos. Estaba tomando el té con una expresión relajada, pero cuando nuestras miradas se cruzaron, me guiñó un ojo. «…¡Claro! ¡Hay una forma!» Diel era la clave. Él podía hacerlo; llevarme hasta el bosque fronterizo al este de Erhel, y hacerme regresar a la Mansión del marqués antes de que mi padre notara mi ausencia. —¿Sabes que la forma en la que me estás mirando ahora mismo es bastante lasciva? Me estás excitando. Ignorando su broma, le pregunté directamente. —¿Considerarías hacer algo si eso implica que la familia del Gran Duque Kaician te deba un favor? —¿Qué? —Me pareció que podría interesarte. Sus ojos se entrecerraron, sorprendido por mis palabras inesperadas. Pareció intentar leer mis intenciones por un momento, pero luego sonrió con diversión. —Lady, siempre dices cosas que superan mis expectativas. Me encanta eso de ti... —La hermana menor del Gran Duque Kaician, Peridelin, está en peligro. Al escuchar mis palabras, lanzadas rápidamente, la expresión de Diel se endureció. Apresurándome, seguí hablando mientras veía cómo el tiempo seguía disminuyendo. —Sé que el Gran Duque Kaician recibió una mina abundante de piedras mágicas como recompensa del emperador por su victoria en la batalla de Réplica hace dos años. Estoy segura de que usted también está al tanto. Entonces, ¿qué le parecería rescatar a la señorita Peridelin y a cambio recibir una parte de esas piedras mágicas como compensación? Por un instante, los ojos de Diel brillaron con una extraña luz. La emoción que antes flotaba en su mirada desapareció, y sus labios se cerraron en una línea recta. Mis manos, tensas, empezaron a sudar por los nervios. «Diel no podrá ignorar mi propuesta. Así que no debo ponerme nerviosa.» Diel había notado recientemente que aquellos que permanecían bajo su hechizo de petrificación durante mucho tiempo, aunque se les liberará del hechizo, no tardaban en morir porque sus órganos dejaban de funcionar correctamente. Claro que a él no le importaban en lo más mínimo las vidas que se perdían por culpa de su magia. Lo único que lo molestaba era una cosa. Que su hechizo no fuera perfecto. «Probablemente por eso usó una excusa tan ridícula para petrificar a Marie hace un rato.» Diel ya había descubierto que para solucionar ese problema necesitaba una gran cantidad de piedras mágicas. Pero esas piedras eran administradas únicamente por el gobierno imperial, así que conseguir una cantidad considerable tenía sus límites. «Y tampoco podía simplemente dejar el problema sin resolver.» Si mi memoria no fallaba, él ya había utilizado la magia de petrificación varias veces. Si no solucionaba el problema, seguiría matando gente, y entonces no pasaría mucho antes de que el emperador lo mandara a llamar personalmente. Justo lo que Diel más quería evitar, era verse envuelto en un aprieto. Pero si no hacía nada, acabaría enredado en el mayor de los problemas. De hecho, Diel, en todas mis incontables vidas, fue llevado a juicio por no resolver a tiempo los efectos secundarios de su hechizo de petrificación. Claro que no podía volverse enemigo de la Torre de Magia, así que nunca recibía un castigo severo. Pero lo importante era que toda esta serie de eventos lo molestaría enormemente. «Pero si logra obtener un suministro de piedras mágicas, todo cambiará. ¡Resolverá el problema mucho antes de lo que vi en el pasado!» Con esa breve reflexión concluida, añadí algo más mientras él seguía observándome en silencio. —La familia imperial vigila de cerca las transacciones con piedras mágicas por temor a que se utilicen en actos de rebelión. Pero Su Majestad el Emperador prometió no supervisar ninguna transacción relacionada con la mina que le otorgó a la familia del Gran Duque Kaician durante los próximos cinco años. —... ¿Es eso cierto? —Asentí con firmeza ante su pregunta. Diel, que me observaba atentamente, esbozó una sonrisa peculiar y dijo—. Si lo que dices es verdad, entonces es justo lo que he estado deseando oír. —… —Pero hay algo muy curioso. —¿…? —Según recuerdo, tú estás bajo arresto domiciliario por parte del marqués y, desde el torneo de combate, no se te ha permitido salir en absoluto de la mansión. —… —¿Cómo es que una lady que ni siquiera puede salir de casa sabe todo lo que pasa en el imperio como si lo viera en la palma de su mano? Ante sus palabras, mi cuerpo reaccionó con un espasmo involuntario. Su mirada me perforaba con intensidad. —Sobre todo, pareces saber por qué necesito las piedras mágicas a escondidas del emperador. —… —Eso es algo que ni siquiera la Torre de Magia conoce todavía. «He cometido un error.» Mordí mis labios al darme cuenta demasiado tarde. Uno de los mayores problemas de repetir la vida decenas de veces era que, con tantas muertes, la mente se desgastaba. El siguiente problema era que la noción del tiempo se volvía ambigua, y ya no podía distinguir qué información debía o no saber en un momento determinado para que los demás no sospecharan. «¿Todavía no había intentado comprar las piedras mágicas a la Torre?» Estaba tan enfocada en la necesidad de convencer a Diel, que terminé revelando información que aún no debía saber. Los ojos grises de Diel brillaron con agudeza mientras se acercaban a mi rostro. Sentí la boca completamente seca. —Respóndeme, mi lady. —… —¿Cómo es que sabes tantas cosas con tanta certeza? Insistió, pero yo no podía abrir la boca con facilidad. Desvié la mirada hacia la ventana del sistema: el tiempo límite eran dos horas, pero ya han pasado más de siete minutos. Diel, que me observaba en silencio, sonrió solo con la comisura de los labios y añadió. —Cuando alguien cierra la boca con fuerza y se niega a hablar, ¿cómo se supone que uno descubra lo que piensa? —… —¿Tendré que abrir esa cabecita tuya para averiguarlo? En ese instante, una ventana del sistema parpadeó frente a mis ojos. \[\ ¡Penalización por disminución de favorabilidad! La favorabilidad de Diel Marsotis ha disminuido un 3%. Favorabilidad con Diel: 16% → 13%\] A diferencia de cuando subía, su afinidad bajó de golpe, en un instante. Al ver eso, mis labios se movieron sin control. —¡P-puedo escuchar la voz de Dios! —… ¿Qué? —Dije que sé esas cosas porque puedo escuchar la voz de Dios. Por eso sé que la señorita Peridelin está en peligro, y también que usted necesita muchas piedras mágicas. —¡Ja, ja, ja! Diel, que me miraba con expresión atónita, no pudo contenerse y estalló en carcajadas. Se dobló por la cintura mientras reía, y luego se levantó de donde estaba sentado, acortando la distancia entre nosotros. Ante su gesto, reprimí mis ganas de huir apretando con fuerza los pliegues de mi vestido. En un abrir y cerrar de ojos, él se plantó frente a mí y se inclinó para mirarme a los ojos. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. —Una vez más, tus palabras me han sorprendido, mi lady. Eso me divierte. Pero habría sido mejor si al menos sonaran un poco más creíbles. —... ¿Y por qué no puede creerme? Diel entrecerró los ojos. Luego se enderezó lentamente mientras respondía. —La razón principal es que no hay forma de que Peridelin Kaician, la preciosa joya de la casa del Gran Duque y una de las personas más protegidas de la capital, esté en peligro. Al oír su respuesta tan categórica, mi mirada se dirigió instintivamente al sistema. La misión seguía indicando claramente que debía salvar a Peridelin del peligro. Sin darse cuenta de mi reacción, Diel continuó hablando con voz despreocupada. —Y aunque por un milagro Peridelin estuviera realmente en peligro… eso no tiene nada que ver conmigo. No tengo ninguna razón para salvarla. —… —Pero si te tomaste la molestia de venir a decirme que está en peligro… hmm, ¿quiere decir que necesitas mi ayuda para resolverlo? A pesar de su tono burlón, dio justo en el clavo. Mis manos, que seguían aferradas al vestido, se tensaron con más fuerza. —Como ya debes saber, detesto todo lo que implique molestias. Así que, realmente, no tengo razón para aceptar tu propuesta. Es molesta. Al oír su respuesta, empecé a pensar que tal vez había tomado la decisión equivocada. Tal vez no debía haber intentado convencer a Diel para que me llevara. Tal vez debía haber buscado otra forma de salvar a Peridelin. Al parecer, mi expresión seria le hizo gracia a Diel, que soltó una risita burlona y dijo. —Está bien. Como la conversación contigo no ha estado mal, te daré una oportunidad especial. —… —Si realmente puedes oír la voz de Dios, mi lady, entonces haz una profecía aquí y ahora mismo. —… —Sí puedo confirmar que esa profecía es cierta, entonces te ayudaré de buena gana a salvar a Peridelin, que según tú está en peligro. ¿Qué dices? Con su propuesta, el ambiente se quedó en silencio. Tenía tantas cosas que decirle por pedir una profecía como si estuviera pidiendo el menú de un restaurante, pero me las tragué. Al final, yo era quien necesitaba algo de él. Tomé aire profundamente y crucé miradas con Diel, que esperaba mi respuesta con atención. —Está bien. No es algo difícil. —¿Ah, sí? —Sí. Señor Diel, muy pronto será golpeado fuertemente por una mujer. —Ja, ja. Muy gracioso, mi lady. Pero en este mundo no existe ninguna mujer capaz de golpearme a m… ¡ay! En ese instante, un grito desgarrador retumbó en mi habitación. Diel se agachó agarrándose la espinilla, luego de recibir una fuerte patada de mi parte. Me miró con los ojos bien abiertos por la sorpresa, y yo solté una pequeña risa burlona mientras decía. —¿Qué le parece? ¿Eso cuenta como una profecía cumplida?
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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 20

Estás leyendo el capítulo 20 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 24 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.