Leer Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
🏴 Grupo: Long Manyue & Lezz✍️ Traducción: Long Manyue & Lezz
«¿Recuerdos perdidos…?»
Al leer claramente las palabras que flotaban sobre la ventana del sistema, me mordí los labios con desconcierto. Estaba tan aturdida que no podía presionar el botón de inmediato, y en ese tiempo, la conversación entre mi padre y el Gran Duque llegó a su fin.
—Cuando regrese a la frontera, Su Majestad lo echará mucho de menos.
—No lo creo. Tanto Su Majestad como usted, Marqués, me verán con frecuencia a partir de ahora.
Ante la respuesta juguetona del Gran Duque, mi padre frunció el ceño un momento, pero luego habló con una expresión afable.
—... Si Su Alteza se queda en la capital, será algo bueno tanto para Su Majestad como para sus súbditos.
Después de despedirse brevemente del Gran Duque, mi padre subió al carruaje, seguido por mi hermano. Yo, con la caja de joyas que me había dado Estierne aún en brazos, le hice una pequeña reverencia. Él, como sorprendido por mi gesto, me devolvió la cortesía.
Una vez en el carruaje y sentada en mi lugar, escuché la voz del cochero anunciando la partida. Eché un vistazo disimulado en la dirección donde él estaba y, al encontrarme con su mirada, aparté la vista rápidamente, al ver su sonrisa como si supiera que lo miraría. El calor me subió al rostro por la vergüenza.
Fue un momento desconcertante.
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«¿Cómo es que tenía eso en sus manos?»
Estierne acariciaba el broche que aún sostenía mientras miraba en silencio el carruaje de la familia del marqués alejándose. Al principio, solo había sentido curiosidad.
Una curiosidad por la inexplicable ubicación del broche que no podía justificarse con la lógica. Pero ahora, eso ya no importaba tanto. La mujer, cuyo aire misterioso superaba incluso el enigma del broche, había despertado su interés. Ya fuera por casualidad o destino, cada encuentro con Ardi le resultaba agradable. Lo suficiente como para desear un próximo encuentro de forma deliberada.
—Así que al final, ¿era a la hija del marqués a quien fue a ver tan apurado?
La voz refunfuñona de Ban interrumpió los pensamientos de Estierne. Acercándose con una expresión indiferente, Ban miró al carruaje que se alejaba con una sonrisa forzada y preguntó a su superior con incredulidad.
—Se lo digo por precaución, pero no puede involucrarse con ella, capitán.
—¿Por qué no?
—Porque, evidentemente, ella es la hija del marqués de Aidellis, y usted es el Gran Duque Kaician, enemigo político de Aidellis.
—Creo que tú también sabes que eso no es tan importante.
—…
—Después de todo, no hay nada que cambie tan rápido como un enemigo político. ¿No lo sabes bien tú también?
La respuesta indiferente de Estierne dejó a Ban con los ojos bien abiertos de la sorpresa.
«¿Q-qué? ¿Acaso acaba de insinuar que podría casarse con la hija del marqués Aidellis?»
Incrédulo ante lo que acababa de escuchar, Ban lo miró fijamente. Pero su superior, sin importarle la conmoción ajena, se colocaba el broche con tranquilidad... ¿Broche?
—E-espera, ¿de dónde sacó ese broche? ¿Lo encontró?
Al escuchar la pregunta vacilante de Ban, Estierne respondió con un aire triunfante.
—Ah, me lo regalaron.
—¿Eh? ¿Quién...? No me diga que fue la hija del marqués...
—Me alegra ver que no eres tan torpe como pareces.
El broche de zafiro brillaba sobre su ropa como si finalmente hubiera encontrado su lugar. Ban, observándolo con atención, notó una muesca familiar en él. Como sospechaba, el broche que ella tenía parecía ser suyo. Sin comprender del todo la situación, Ban preguntó.
—Pero... ¿por qué lo devolvió de repente? Hasta hace poco, decía que no solo no lo devolvería, ¡sino que ni siquiera se lo mostraría!
—A diferencia de ti, yo no quiero que me odie.
—¿¡Eh!?
Ante la absurda respuesta de Estierne, el rostro de Ban se arrugó como un papel arrugado, mientras él murmuraba lleno de frustración.
—¡¿Y todo esto por quién cree que fue?!
Estierne lo ignoraba mientras recordaba la conversación que tuvo con Ardi.
—Aun así, creo que lo mejor sería que usted lo aceptara. Si no, no me quedará más remedio que pedir que se castigue a su ayudante por acusarme de ladrona.
En ese momento, sus palabras y acciones parecían más bien una forma para tratar de entregarle el broche deliberadamente. Aunque claramente, no lo hacía por consideración a Ban.
Estierne, con una expresión complicada, se dirigió a su subordinado con voz más baja.
—La próxima vez que veas a la señorita, será mejor que te disculpes de nuevo.
—…
—Porque realmente insultaste a Aidellis.
Los nobles, por lo general, no solían admitir sus errores. Más bien, para ser precisos, sus faltas rara vez eran consideradas verdaderos delitos. Cuanto más alto era el título, más evidente era eso. Así que, incluso si se reconocía que la señorita del marqués tenía en su poder el broche del comandante, el que recibiría el mayor castigo sería Ban, por haberla insultado.
Si este incidente se hubiera hecho público, cómo no se sabría cómo el broche llegó a las manos de la señorita, lo más probable es que se hubiera exagerado la historia de forma que pareciera verdadera.
«Caballero que robó el broche del comandante y se lo regaló a la hija del marqués.»
De cualquier forma, era un alivio que la Orden de Caballería no se hubiera visto envuelta en semejante escándalo.
—... Cuando la vea, me aseguraré de pedirle disculpas nuevamente.
Al ver a Ban responder con la mirada baja, Estierne soltó un leve suspiro. Ya le había advertido varias veces, pero su ayudante siempre causaba problemas con su boca. Aunque tenía un corazón más ardiente que su cabeza, y eso hacía difícil que corrigiera ese hábito, incluso después de tantas advertencias.
Hasta ahora, su labor había sido proteger la frontera, y su único superior era él, así que no importaba demasiado. Pero de ahora en adelante, la situación sería distinta. Aunque el marqués quizás no lo supiera, pero Heron sí parecía conocer la falta de respeto de Ban hacia la hija del marqués.
«Por eso se mostró tan combativo sobre el escenario.»
Por eso mismo, fue a ver a Ardi. Pensaba disculparse de nuevo por la grosería de Ban y regalarle un adorno en forma de lirio de los valles, el premio por haber ganado el torneo. Y si era posible, pensaba pedirle el broche.
Pero, para su sorpresa, fue ella quien se lo ofreció primero. Estierne quedó desconcertado por ese gesto inesperado. Al ver cómo se comportaba Ardi, recordó algo que había olvidado hacía mucho tiempo, fue un recuerdo de su niñez, de una niña que le entregaba un broche.
—Aún así, acepta el broche. Si no lo haces, me convertiré en alguien que no supo agradecer a quien le salvó la vida.
—Aún así, creo que lo mejor sería que usted lo aceptara. Si no, no me quedará más remedio que pedir que se castigue a su ayudante por acusarme de ladrona.
Ese recuerdo repentino le hizo esforzarse por rememorar más sobre aquel día, pero lamentablemente, ahí terminaban sus recuerdos. Apartó los pensamientos que lo abrumaban y, con rostro serio, le habló a Ban.
—Si vuelves a causar problemas con esa boca una vez más, esta vez seré yo quien te castigue directamente. No lo olvides.
—Sí, tendré mucho más cuidado de ahora en adelante.
—Recuerda siempre que, en la capital, una lengua afilada es más peligrosa que una espada.
—Sí, así lo haré... ¿La capital? ¿Nos quedaremos en la capital ahora? —preguntó Ban, sorprendido, y Estierne asintió con la cabeza.
Ban no podía creer que, tras más de siete años patrullando solo la frontera, su superior dijera que se quedaría en la capital.
—¿P-podría saber la razón?
—Creo que, a partir de ahora, la capital será más entretenida que la frontera.
Estierne recordó el rostro de Ardi, quien, al cruzar miradas con él, desvió la mirada mientras sus orejas se teñían de rojo. La comisura de sus labios se curvó con satisfacción.
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El aire dentro del carruaje de regreso a casa era tan denso que resultaba difícil respirar.
Y tan pronto como llegamos a la mansión, mi padre estalló en una furia contenida como si hubiera estado esperando ese momento.
—¡¿Qué demonios has estado haciendo todo este tiempo?!
Ante el grito que cayó como un rayo, Heron agachó la cabeza en silencio. Mi padre le transmitía palabras llenas de desprecio.
—Te lo dije claramente. Si creías que no podías ganar el combate, debías haber untado veneno de medusa en la espada.
Sorprendida por sus palabras, levanté la cabeza. Sabía que el uso de venenos estaba estrictamente prohibido en el torneo de combate, y no había forma de que mi padre no lo supiera.
Más aún, el veneno de medusa era tan letal que incluso el más mínimo contacto con una herida endurecía todo el cuerpo. Regresé la mirada hacia Heron, quien finalmente abrió los labios que había mantenido firmemente cerrados.
—Como capitán de la Orden de Adelin, no puedo utilizar métodos prohibidos en el torneo.
—¿También vas a aferrarte a esa arrogancia obstinada cuando salgas a la guerra? ¿Estarás satisfecho con haber protegido tu honor después de morir?
—...
—Un caballero que no puede ganar un combate no tiene principios que valga la pena defender. Heron Aidellis.
La mirada burlona de mi padre, que se había estado torciendo en una mueca de desprecio por las palabras de Heron, ahora se volvió hacia mí.
—Y también te lo dije claramente a ti, Ardi Aidellis. Que no cometieras acciones que pudieran deshonrar el apellido de los Aidellis.
—…
—¡¿Y aun así te atreviste a mantener una conversación con quien ha mancillado el honor de los Aidellis sin el más mínimo recato?!
Era una descarga emocional más que un reproche con fundamento. Aunque sabía que no podía simplemente ignorarlo y subir al carruaje del marqués que nos esperaba frente a la mansión, mi padre ahora volcaba su furia sobre mí.
Bajé la mirada y esperé a que su ira se apaciguara, pero parecía que era más profunda de lo que imaginaba.
—Pasa tres días en tu habitación reflexionando sobre lo que hiciste hoy.
Me impuso un castigo de reclusión de tres días por el "crimen" de haber conversado con el Gran Duque. Cuando se dio la vuelta, dejando tras de sí una ráfaga de aire helado, no pude evitar soltar una risa irónica.
Aunque había gritado a Heron por haber perdido ante el Gran Duque y haber mancillado el honor de los Aidellis, al final, quien recibía el castigo era yo, por haber hablado brevemente e inevitablemente con él. Siempre había sido así, pero hoy, ese hecho se sentía especialmente pesado.
Levanté la mirada hacia la ventana del sistema que brillaba ante mis ojos. Mientras leía cuidadosamente la misión que aparecía, un pensamiento repentino me cruzó la mente. Una misión que nunca antes había recibido. Tal vez, si lograba completarla y recuperar los recuerdos perdidos, podría entender por qué mi padre parecía odiarme solo a mí con tanta intensidad.
Fijé la mirada en la ventana de la misión que aún no había aceptado y presioné el botón de SI.
En ese instante, apareció una nueva ventana frente a mí.

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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela)
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Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) Capítulo 17
Estás leyendo el capítulo 17 de Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela), un novela. \[Has muerto\] Ardi, atrapada en el tedioso ciclo de regresión después de reencarnar en el juego La Flor de Arbonis, debe alcanzar un final con los protagonistas masculinos según las reglas del sistema. Pero esta… Este capítulo tiene publicado el 24 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Long Manyue & Lezz. Estoy Buscando Al Protagonista Para Ponerle Fin A La Historia (Novela) tiene 31 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.