Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
El terreno cambió durante la noche.
Cuando Markus se asomó por el hueco entre las tablas que había clavado sobre la ventana rota, ya no vio el páramo abierto de siempre. Había rocas ahora, grandes, oscuras, asomando entre la nieve como huesos de algo enterrado hace mucho. La caravana avanzaba más despacio, sorteándolas.
—Terreno de rocas de Kelvar —dijo Lysandra, sin que él preguntara. Estaba de pie junto a él, la espada envainada al costado, mirando el mismo paisaje—. Antes había un río aquí. Ya no.
—¿Qué le pasó?
—Se congeló hasta el fondo. Hace mucho que dejó de moverse.
Markus no dijo nada. Había algo en la forma en que ella hablaba de ese mundo —con esa mezcla de familiaridad y distancia, como quien recuerda un lugar que ya no reconoce— que se le quedaba pegado más de lo que esperaba.
La caravana se detuvo con un chirrido suave. Los mamuts, más adelante, habían bajado la cabeza, olisqueando el aire.
—¿Por qué paramos?
—No lo sé.
Lysandra bajó primero. Markus la siguió, envolviéndose en la manta que había estado usando como abrigo extra, los pies hundiéndose en la nieve más blanda de lo que esperaba.
Los mamuts formaban un semicírculo alrededor de algo. Markus se acercó, rodeando las patas de niebla del más cercano, y se asomó.
Entre dos rocas, medio enterrado en la nieve, había algo pequeño. Muy pequeño. Del tamaño de una mano, temblando —si es que aquello podía temblar—, con un cuerpo hecho de la misma sustancia azulada y brumosa que los espíritus grandes, pero apenas capaz de sostener una forma. Parecía, a ratos, un zorro. A ratos, solo niebla con dos puntos de luz donde deberían estar los ojos.
—Un espíritu de escarcha —murmuró Lysandra, agachándose junto a él, sin tocarlo—. Menor. Muy joven.
—¿Joven?
—Recién formado. No debería estar solo.
El pequeño zorro de niebla se apretó contra la roca, encogiéndose todavía más al verlos.
—¿Qué le pasó a su... manada? ¿Familia?
Lysandra negó con la cabeza.
—Los espíritus menores no nacen de una manada. Nacen de algo que sucede. Un lugar donde pasó algo lo bastante fuerte como para dejar una marca. —Miró alrededor, hacia las rocas oscuras, hacia el río muerto bajo la nieve—. Probablemente aquí murió algo. O alguien.
Markus sintió un escalofrío que no era del frío.
El zorro de niebla los miró. A los dos. Sus ojos de luz pálida se movieron de Lysandra a Markus, y se quedaron en él.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD DETECTADA\]
\[Nombre: Espíritu de Escarcha (Menor)\]
\[Clasificación: Espíritu / Fragmento reciente\]
\[Estado: Salvaje / Vinculable\]
\[Compatibilidad: Alta\]
\[Condición especial: entidad sin vínculo previo. No requiere transferencia.\]
Markus se quedó quieto.
—¿Lo sientes? —preguntó Lysandra, sin apartar la vista del zorro.
—Sí.
—No es mío. Nunca lo he tocado. No tiene vínculo previo.
Se hizo un silencio. El viento se movía entre las rocas, levantando pequeños remolinos de nieve.
—Puedo intentarlo —dijo Markus, más para sí mismo que para ella.
Lysandra lo miró.
—Puedes.
—¿Debería?
Ella no respondió enseguida. Se puso de pie, alejándose un paso del pequeño espíritu, dándole a Markus el espacio —y quizás también la decisión— para acercarse solo.
—Eso —dijo finalmente— depende de por qué quieres hacerlo.
Markus se quedó pensando. No por poder. No para tener algo que lo protegiera, aunque una parte de él, la parte cansada de tener miedo todo el tiempo, quería exactamente eso. Miró al zorro, encogido contra la roca, solo, recién salido de lo que fuera que hubiera pasado en ese lugar.
Sabía lo que era estar solo en un mundo que no pidió.
Se acercó despacio, agachándose a un par de metros del espíritu. No extendió la mano todavía.
—Hola —dijo, en voz baja.
El zorro no se movió. Pero tampoco retrocedió más.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[¿DESEA INICIAR VINCULACIÓN?\]
Markus dudó. Pensó en la advertencia de Lysandra —que cada vez que el sistema se activaba, algo más lo notaba también—, en el hilo invisible que había sentido la noche anterior detrás del pecho, en el pequeño costo que ya empezaba a temer sin conocerlo del todo.
Pero también pensó en la primera noche. En el refugio de nieve. En estar completamente solo, escuchando pasos que no sabía si venían a matarlo.
Extendió la mano.
—Sí —dijo, en voz alta esta vez, como si el sistema necesitara oírlo y no solo leerlo.
La ventana se transformó.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[INICIANDO VINCULACIÓN\]
\[La entidad debe aceptar voluntariamente.\]
El zorro de niebla lo miró. Markus se obligó a quedarse quieto, la mano extendida, la palma hacia arriba, sin avanzar más. Dejando que la decisión fuera del otro lado.
Pasaron varios segundos. Lysandra observaba en silencio, sin intervenir.
Entonces el pequeño espíritu se movió. No huyó. Avanzó, despacio, sus patas de niebla dejando marcas que se desvanecían apenas tocaban el suelo, hasta que su cabeza rozó la palma de Markus.
Frío. Pero no el frío que dolía. Un frío suave, casi líquido, que le subió por el brazo.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[VINCULACIÓN ACEPTADA\]
\[Nombre asignado por el usuario: pendiente\]
\[Nuevo vínculo establecido: Espíritu de Escarcha (Menor)\]
\[Estado: leal al Amo del Pacto\]
Markus sintió algo asentarse en su pecho. No fue un golpe, como esperaba. Fue más parecido a una puerta cerrándose con suavidad, un peso nuevo que encajaba en un espacio que no sabía que tenía vacío.
Y, un instante después, sintió el costo.
Fue rápido. Un vacío breve, como si algo le hubiera sido succionado del centro del pecho. Por un segundo —solo un segundo— miró al pequeño zorro de niebla apoyado contra su mano y no sintió nada. Ni ternura, ni alivio, ni siquiera curiosidad.
Solo la información fría de que ahora era suyo.
El segundo pasó.
El vacío se llenó de golpe, y con él volvió todo lo demás: el alivio, algo parecido a la ternura, el asombro de tener, por primera vez en ese mundo, algo que había elegido y no algo que le habían impuesto.
Se estremeció.
—¿Estás bien? —preguntó Lysandra, acercándose un paso.
—Sí. —Su voz sonó más ronca de lo que esperaba—. Por un momento no sentí nada. Ni siquiera esto.
Señaló al zorro, que ahora se frotaba contra su mano con una confianza que no tenía minutos antes.
Lysandra lo observó con atención.
—Eso es el costo del que te hablé.
—Lo sé. Lo sentí.
—¿Y aun así lo harías otra vez?
Markus se quedó mirando al pequeño espíritu. Ya no temblaba. Sus dos puntos de luz, antes apagados de miedo, ahora tenían algo parecido a calidez.
—No lo sé —admitió—. Pero esta vez no me arrepiento.
Lysandra no dijo nada más. Pero cuando se dio la vuelta para volver a la caravana, Markus le pareció ver, otra vez, esa suavidad breve en su expresión que aparecía cuando menos la esperaba.
Se quedó un momento más, arrodillado en la nieve, con el pequeño zorro de escarcha acurrucado contra su mano.
—Necesitas un nombre —le dijo.
El zorro lo miró.
Markus pensó en el bosque, en la primera noche, en la nieve cayendo sin parar sobre un mundo que no le había pedido nada más que sobrevivir.
—Kessel —dijo finalmente, sin saber muy bien de dónde había salido la palabra. Sonaba a algo que había leído en algún libro, hacía mucho, en otra vida—. Te llamarás Kessel.
El zorro pareció entenderlo. O quizás solo reaccionó al tono. Pero se enroscó contra su brazo, y por primera vez desde que había caído en la nieve, Markus sintió que algo en aquel mundo terrible le pertenecía sin haberle costado la vida de nadie más.
Se levantó, con Kessel subiendo por su brazo hasta acomodarse en el hueco de su cuello, frío contra la piel, casi como un collar vivo.
Caminó de vuelta a la caravana.
Lysandra lo esperaba en la puerta.
—Bienvenido a la parte difícil —dijo, con algo que casi era una sonrisa.
—¿Cuál parte?
—La de averiguar qué clase de Amo del Pacto quieres ser.
Markus no respondió enseguida. Miró a Kessel, enroscado en su cuello, y después a Lysandra, y después a la nieve infinita que se extendía más allá de las rocas de Kelvar.
—Voy a averiguarlo —dijo—. Pero no de la forma en que ellos lo hacen.
No dijo el nombre. No hacía falta.
Lysandra asintió, y algo en su mirada —aprobación, quizás, o simple reconocimiento— le dijo a Markus que había respondido bien.
La caravana volvió a moverse, dejando atrás el río muerto bajo la nieve, con un pasajero nuevo, pequeño y frío, durmiendo contra el cuello de su primer Amo del Pacto.

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Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 9
Estás leyendo el capítulo 9 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.