Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
Repararon la ventana con tablas y una tela gruesa clavada por los bordes. No era bonito. Pero cortaba el viento.
Markus se quedó mirando su propio trabajo, las manos entumecidas de sujetar el martillo improvisado —un trozo de madera pesada que Lysandra había encontrado en algún compartimento de la caravana. Fue la primera tarea física que hacía desde que había llegado a ese mundo que no le exigía correr, esconderse o rezar para no morir.
Se sintió bien. Ridículamente bien, clavar algo, arreglar algo, tener las manos ocupadas en algo que no fuera sobrevivir.
—Servirá —dijo Lysandra, revisando el trabajo desde la silla, donde se había sentado a limpiar la espada de cristal con un paño oscuro.
—No es exactamente hermético.
—No necesita serlo. Solo necesita aguantar hasta que encuentre madera de verdad.
Markus se dejó caer sobre el camastro. El cuerpo le dolía en lugares que ni sabía que existían. El codo, donde se había golpeado durante el ataque, había empezado a hincharse, morado en el centro.
Se quedó en silencio un rato, mirando el techo. La caravana volvía a moverse con su balanceo normal, suave, casi hipnótico. Después de la persecución, esa calma se sentía falsa. Como si el mundo estuviera fingiendo que no había pasado nada.
—Lysandra.
—¿Sí?
—¿Cómo aprendiste a pelear así?
Ella no levantó la vista del paño y la espada.
—Con el tiempo.
—Eso no es una respuesta.
Lysandra se detuvo. El paño quedó quieto sobre el cristal azul.
—No —admitió—. No lo es.
Markus esperó. No dijo nada más, no insistió. Había aprendido, en los pocos días que llevaba con ella, que empujar demasiado rápido solo conseguía que se cerrara como una puerta.
El silencio se extendió. Pero esta vez, para su sorpresa, Lysandra fue quien lo rompió.
—Antes de esto —dijo, con la mirada fija en algún punto de la pared, no en él—, yo no viajaba sola por elección.
Markus se incorporó un poco, apoyándose en un codo.
—Serví a alguien —continuó Lysandra—. Hace mucho tiempo. Antes de que existieran los espíritus que ves ahora.
—¿Serviste?
—Como soldado.
La palabra quedó suspendida en el aire, extraña viniendo de ella. Markus intentó imaginarla en una formación, dando órdenes o recibiéndolas, y no pudo encajar la imagen con la mujer serena que tenía delante.
—¿Una guerra?
—Algo parecido a una guerra. —Lysandra volvió a mover el paño sobre la espada, despacio, mecánicamente, más por tener algo que hacer con las manos que por necesidad—. No importa el nombre que le pongas. Lo que importa es lo que dejó atrás.
—¿Y qué dejó atrás?
Ella lo miró, esta vez sí, directamente.
—A mí. Sola. Con un puñado de espíritus que no debían existir y un nombre que no puedo usar en ningún asentamiento humano sin que alguien intente matarme.
Markus sintió que el peso de esas palabras le apretaba el pecho.
—¿Por qué querrían matarte?
—Porque saben lo que fui.
—¿Y qué fuiste?
Lysandra guardó la espada en su funda con un movimiento seco, definitivo, como si esa acción cerrara también la conversación.
—Eso —dijo— es una historia para otro día.
Markus quiso protestar, pero algo en su tono le dijo que no valía la pena. No todavía. Se recostó de nuevo, mirando el techo, dejando que el silencio volviera a instalarse entre los dos. No era un silencio incómodo. Era distinto al de antes. Más parecido a una tregua.
—Gracias —dijo finalmente Markus.
—¿Por qué?
—Por contarme aunque sea eso.
Lysandra no respondió. Pero cuando Markus la miró de reojo, le pareció ver que algo en su expresión se había suavizado, apenas un poco.
Esa noche —si es que aquel mundo sin sol tenía algo parecido a la noche, más allá de que la luz gris se volviera más gris todavía— Markus no podía dormir.
Se levantó del camastro con cuidado, tratando de no hacer ruido. Lysandra dormía —o al menos descansaba— en un rincón de la caravana, envuelta en una manta oscura, la espada apoyada contra la pared a su alcance.
Markus se acercó a la ventana remendada. A través de un hueco entre las tablas, alcanzaba a ver un fragmento de la nieve pasando abajo, y más allá, la forma difusa de uno de los mamuts tirando de la caravana.
Apoyó la mano contra la madera fría.
Y entonces lo sintió.
Un tirón. Suave, apenas perceptible, como un hilo invisible enganchado en algún lugar detrás de su esternón. Markus se quedó quieto, conteniendo la respiración.
Frente a él, parpadeando en el aire, apareció una ventana.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD CERCANA DETECTADA\]
\[Nombre: Espíritu Menor de Escarcha\]
\[Clasificación: Espíritu / Fragmento\]
\[Estado: Salvaje / Vinculable\]
\[Compatibilidad: Media\]
Markus se giró de golpe, buscando con la mirada. No vio nada. Ninguna criatura, ningún brillo extraño en la habitación.
Volvió a mirar por el hueco de la ventana.
Ahí. Flotando junto al mamut más cercano, pequeño, casi invisible contra la nieve, había algo. Del tamaño de un puño, hecho de la misma niebla azulada que los mamuts, pero sin forma definida. Se movía sin rumbo, como una brasa de humo que el viento empujaba de un lado a otro.
Markus sintió la tentación antes de darse cuenta de que la estaba sintiendo.
Era pequeño. Débil. No parecía peligroso. Y el sistema decía que era vinculable.
Levantó la mano, casi sin pensarlo, hacia el hueco de la ventana.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[¿DESEA INICIAR VINCULACIÓN?\]
Markus se detuvo.
El dedo a centímetros de la madera.
Pensó en Lysandra. En lo que había dicho sobre sentir a sus espíritus sin importar la distancia. En que aquella pequeña cosa de niebla probablemente no era suya —no era uno de sus mamuts—, pero ¿y si lo era, de algún modo que él no entendía? ¿Y si, al intentarlo, algo volvía a cambiar en él, como había pasado en el capítulo anterior, y las criaturas grandes de este mundo volvían a sentir su rastro?
Bajó la mano.
La ventana del sistema no desapareció de inmediato. Se quedó ahí, suspendida, esperando una respuesta que Markus no le dio.
Después de unos segundos, parpadeó y se apagó sola.
Markus se quedó mirando el hueco de la ventana un rato más. El pequeño espíritu de niebla seguía flotando afuera, ajeno a todo, sin saber lo cerca que había estado de que un desconocido decidiera reclamarlo.
Sintió algo parecido al alivio.
Y, debajo del alivio, algo más incómodo: la certeza de que la próxima vez, quizás, no dudaría tanto.
Se apartó de la ventana y volvió al camastro. Se tumbó, mirando el techo de madera oscura, escuchando el balanceo constante de la caravana.
Del otro lado de la habitación, la voz de Lysandra rompió el silencio, baja, casi un susurro.
—No deberías hacer eso.
Markus se sobresaltó.
—Pensé que estabas dormida.
—Casi nunca duermo del todo.
Se hizo un silencio incómodo.
—¿Lo viste?
—Sentí que algo se movía en ti. Otra vez.
Markus tragó saliva.
—No hice nada. Lo pensé, pero no lo hice.
Lysandra se quedó callada un momento.
—Bien —dijo finalmente—. Porque cada vez que ese sistema tuyo se activa, no eres el único que lo nota.
Markus se quedó mirando la oscuridad del techo, sintiendo que aquella frase se le clavaba más hondo de lo que Lysandra probablemente pretendía.
—¿Cuánto tiempo más vamos a viajar hasta llegar a tu hogar?
—Varios días. Quizás una semana, si no nos desviamos de nuevo.
—¿Y si algo nos vuelve a encontrar antes?
Lysandra no respondió enseguida.
—Entonces —dijo al fin— espero que para entonces sepas exactamente qué estás dispuesto a hacer con ese sistema tuyo.
Markus no supo qué responder a eso.
Se quedó en silencio, escuchando el viento afuera, el crujido leve de las tablas nuevas contra el marco de la ventana, y, muy por debajo de todo, el hilo invisible que todavía sentía, tenue, enganchado en algún lugar detrás de su pecho.
No se durmió esa noche.

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Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 7 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.