Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 32 online gratis en español
No había tiempo para planear con cuidado. Solo para moverse.
—Cepo, necesito que lo cargues —dijo Markus, señalando al mamut, todavía disperso, apenas sostenido en una forma reconocible—. No puedo llevarlo yo solo, y no puede caminar así.
La criatura se acercó, torpe todavía en sus movimientos pero más segura que unas horas antes, y se enroscó con cuidado alrededor del cuerpo incierto del mamut, docenas de patas sosteniéndolo entre sus segmentos como una red improvisada de huesos y placas oscuras.
El mamut emitió un sonido bajo, de protesta más que de dolor, pero no se resistió. No tenía fuerzas para resistirse.
—Lo sé —dijo Markus, apoyando una mano —la normal, no la transformada— contra lo que quedaba de su costado—. Lo sé. No es cómodo. Pero es mejor que quedarse aquí.
El crujido de hielo rompiéndose volvió a sonar, más cerca, más violento, y Markus no necesitó ninguna otra señal para empezar a moverse.
\*\*\*
Avanzaron rápido, en la medida en que "rápido" significaba algo cuando el grupo entero dependía de la velocidad de una criatura recién despierta cargando un peso disperso y a Markus tropezando cada pocos pasos por el cansancio acumulado de días enteros sin descanso real.
El terreno bajaba en pendientes suaves, salpicado de rocas y matorrales bajos cubiertos de escarcha, el paisaje abriéndose poco a poco hacia el valle más amplio que Markus había percibido a través de Kessel. El cielo, gris como siempre, empezaba a oscurecerse de nuevo hacia los bordes, la tarde cediendo paso a otra noche que Markus no tenía ganas de enfrentar sin un lugar seguro donde quedarse.
Kessel iba adelante, deslizándose entre las rocas, apareciendo cada tanto para confirmar que el camino seguía despejado antes de volver a desaparecer en una hebra de niebla casi invisible contra la nieve.
Fue en la tercera de esas apariciones cuando llegó con un chillido distinto, agudo, urgente.
Markus se detuvo de golpe.
—¿Qué pasa?
Kessel señaló hacia atrás, hacia la dirección de la que venían, y Markus sintió el estómago hundírsele antes de girarse del todo.
Lo vio entre los árboles distantes, apenas una mancha oscura contra el gris del paisaje, pero inconfundible: el Vharak, libre, moviéndose con la misma velocidad desesperada de antes, su rastro de destrucción marcado en cada árbol que apartaba a su paso.
—Se salió —susurró Markus—. Claro que se salió.
No había tiempo para pánico. Solo para decisiones.
—Cepo, ¿puedes correr más rápido con él encima?
La criatura no respondió con palabras, pero sus patas se movieron, de golpe, en una coordinación mucho más fluida que la torpeza desorientada de horas antes, como si el instinto de supervivencia hubiera terminado de despertarla del todo donde la confusión no había logrado hacerlo.
Corrieron.
El paisaje pasó borroso a los costados de Markus, rocas y árboles convirtiéndose en manchas indistintas mientras sus piernas, cargadas de un cansancio que debería haberlo derribado horas atrás, seguían respondiendo gracias a algo que sospechaba era, también, parte de la Resonancia creciendo dentro de él.
El sonido del Vharak los seguía, cada vez más cerca, un rugido grave entremezclado con el eco distorsionado de aquel llanto que ya no engañaba a nadie.
—¡No va a parar! —gritó Markus, sin aliento, mirando hacia atrás un instante—. ¡Tiene que haber algo, un lugar, cualquier cosa donde podamos—!
Lika, volando a su lado, tembló con fuerza, y Markus sintió aquella certeza direccional familiar tirándole hacia la izquierda, hacia una hendidura entre dos colinas que no había notado hasta ese momento.
—¡Ahí!
Cambiaron de dirección, Cepo ajustándose con una agilidad sorprendente a pesar de la carga, y se internaron en el paso estrecho entre las colinas justo cuando el rugido del Vharak alcanzaba un volumen que Markus sintió vibrar en los dientes.
El paso se estrechó todavía más, obligando a Cepo a aminorar, sus segmentos rozando ambas paredes de roca a la vez, el mamut disperso apretado contra su lomo con un cuidado que Markus no esperaba de una criatura tan nueva en el vínculo.
Y entonces, de golpe, el paso se abrió hacia un terreno distinto.
Markus se detuvo, jadeando, y se giró a tiempo para ver al Vharak frenando en seco en la entrada del paso estrecho, su cuerpo demasiado grande, demasiado macizo, para seguir internándose por ese mismo camino sin perder la velocidad que necesitaba para alcanzarlos.
La criatura se quedó ahí, en el límite, su cabeza sin ojos girando de un lado a otro, el llanto subiendo de tono en una frustración que sonaba casi humana.
No entró.
Markus no esperó a ver si cambiaba de opinión.
—Sigamos —dijo, con la voz quebrada por el esfuerzo—. No sé cuánto va a esperar ahí.
\*\*\*
Caminaron durante lo que quedaba de luz, ya sin correr, el ritmo reducido a algo sostenible, Cepo todavía cargando al mamut con un cuidado que se había vuelto, poco a poco, menos mecánico y más parecido a algo intencional.
Markus caminaba al frente, ahora, guiado por la certeza silenciosa de Lika, cada paso llevándolo más cerca de aquella estructura lejana que Kessel había avistado horas antes.
El paisaje cambió de nuevo: menos rocas, más árboles, el terreno descendiendo hacia lo que parecía ser el fondo de un valle amplio, protegido del viento por las colinas que lo rodeaban.
Fue casi de noche cuando la vio con claridad por primera vez.
Una caravana. Pequeña, de madera oscura, detenida junto a un grupo de rocas, con una fogata apenas visible ardiendo cerca de su entrada.
Markus se quedó inmóvil, el corazón golpeándole con una fuerza que no tenía nada que ver con el cansancio de la huida.
No podía distinguir detalles desde esa distancia. No podía saber, con certeza, si aquella silueta sentada junto al fuego, de espaldas a ellos, tenía el cabello blanco que esperaba ver, o si era alguien completamente distinto, otro peligro disfrazado de esperanza.
—Kessel —susurró, sin apartar la vista—. Necesito que te acerques. Con mucho cuidado. Solo para ver quién es.
El pequeño espíritu se disolvió de inmediato, deslizándose hacia la caravana entre las sombras cada vez más densas de la noche que caía, mientras Markus se quedaba ahí, de pie, con Cepo y el mamut disperso detrás, con Lika flotando junto a su hombro, conteniendo una respiración que no sabía si se atrevía a soltar todavía.

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Estás leyendo el capítulo 32 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.