Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 31 online gratis en español
El claro donde habían salido no era defendible. Demasiado abierto, demasiado cerca de la entrada del túnel, demasiado expuesto a cualquier cosa que decidiera seguirlos desde la oscuridad.
Markus cargó al mamut como pudo —un peso extraño, mucho más ligero de lo que debería ser algo de su tamaño, la niebla dispersa cediendo bajo sus brazos como si sostuviera humo en vez de un cuerpo— y, con la ayuda torpe de la nueva criatura empujando desde atrás, lo trasladaron una corta distancia hasta un hueco entre dos formaciones rocosas, protegido del viento, con una sola entrada fácil de vigilar.
El lugar no era gran cosa. Paredes de piedra gris, manchadas de líquenes secos por el frío, un suelo irregular cubierto de nieve vieja y compacta. Pero tenía lo que necesitaban: cobertura por tres lados, y una vista clara hacia la boca del valle por donde habían salido.
Markus dejó al mamut en el rincón más protegido, lo cubrió con la manta que todavía cargaba en la mochila, y se sentó a su lado, la espalda contra la roca fría, dejando que el cansancio de todo el día —de toda la noche, en realidad, porque ya no sabía cuántas horas llevaban despiertos— le cayera encima de golpe.
El cielo, sobre ellos, había empezado a aclararse apenas, un gris más pálido reemplazando poco a poco la negrura más cerrada de la noche. En algún lugar lejano, un ave —si es que aquel mundo tenía algo parecido a las aves— emitió un canto agudo, quebrado, el primer sonido de vida normal que Markus escuchaba en lo que le parecía una eternidad.
Se quedó mirando su propia mano.
Las placas oscuras seguían ahí, cubriendo el dorso, los nudillos, extendiéndose hasta la mitad del antebrazo. Las garras, curvadas, afiladas, descansaban ahora inmóviles, sin el horror inmediato de las primeras horas pero sin perder tampoco esa sensación de ajenidad, de pertenecer a otra cosa que se había instalado, sin permiso, sobre su propio cuerpo.
Flexionó los dedos, despacio, observando con atención esta vez, sin el pánico nublándole la vista.
Y notó algo.
Cuando se concentraba, cuando dejaba que la respiración se calmara del todo, las garras parecían... replegarse. No desaparecer. Pero sí retraerse, un poco, volviéndose menos pronunciadas, la piel bajo las placas oscuras recuperando, apenas, algo de su tono normal.
Cuando la tensión volvía —y volvió, de golpe, al pensar en el Vharak todavía atrapado detrás del hielo, en si de verdad se quedaría ahí—, las garras se extendían de nuevo, las placas endureciéndose, como si el cuerpo entero respondiera a algo que Markus apenas empezaba a entender que podía, hasta cierto punto, controlar.
—No puedo quitármelo —murmuró, hablando más para sí mismo que para nadie—. Pero quizás puedo decidir cuánto se nota.
Fue un alivio pequeño, casi ridículo frente a todo lo demás que había pasado. Pero lo aceptó de todos modos.
Se giró hacia la criatura, que se había quedado quieta cerca de la entrada del hueco rocoso, su cuerpo largo enroscado sobre sí mismo en un patrón que a Markus le costó interpretar: ¿descanso? ¿vigilancia? No sabía todavía leerla de la misma forma en que ya leía los gestos de Kessel o del mamut.
—Necesitas un nombre —dijo, aunque la idea le costaba más de lo que había costado con los otros dos.
Con Kessel, el nombre había llegado solo, cálido, casi instintivo. Con el mamut, había tardado semanas, pero había nacido de respeto, de gratitud.
Con esto no sentía ninguna de las dos cosas. Sentía, todavía, una incomodidad que no terminaba de disolverse del todo, un rechazo de bajo nivel hacia lo que le había hecho a su propio cuerpo sin pedirle permiso, aunque supiera, racionalmente, que la criatura apenas despierta no había actuado con mala intención.
—Cepo —dijo finalmente, la palabra saliendo casi sola—. Porque eso es lo que se siente. Algo que me atrapó antes de que pudiera decidir si quería que lo hiciera.
La criatura no reaccionó de ninguna forma perceptible, ni con el reconocimiento casi orgulloso que había tenido el mamut al escuchar su propio nombre. Solo se quedó quieta, su cuerpo largo inmóvil contra la roca, como si el nombre tampoco le importara demasiado, o como si no entendiera todavía lo suficiente del mundo despierto como para que le importara.
Markus suspiró, apoyando la cabeza contra la piedra fría detrás de él.
—Supongo que vamos a tener que conocernos con el tiempo.
\*\*\*
Durmió, a ratos, un sueño ligero e interrumpido, el cuerpo demasiado alerta para descansar de verdad. Cada vez que cerraba los ojos, veía fragmentos: el torso abierto del campamento masacrado, las mandíbulas del Vharak acercándose, su propia mano cubriéndose de placas oscuras. Despertaba con el corazón acelerado, revisaba al mamut —todavía disperso, pero estable, el ojo visible abriéndose apenas al sentirlo cerca antes de volver a cerrarse—, y volvía a intentar dormir.
Fue en una de esas vigilias, con el cielo ya más claro, casi mediodía, cuando decidió que no tenía sentido seguir esperando sin hacer nada.
—Kessel.
El pequeño espíritu se desenroscó de donde descansaba, cerca del mamut, acercándose con un chillido bajo de pregunta.
—Necesito que explores. Hacia el este, hacia donde vimos el humo. Pero con cuidado. Solo mirar, no acercarte más de lo necesario. Avísame si ves algo, lo que sea.
Kessel asintió con el gesto de cabeza que Markus ya reconocía, y se disolvió, deslizándose fuera del refugio rocoso, una hebra fina de niebla perdiéndose entre la nieve en dirección al este.
Markus cerró los ojos, activando la función de percepción compartida, y se dejó llevar por los fragmentos borrosos que empezaron a formarse: colinas bajas, árboles escasos, el terreno abriéndose poco a poco hacia un valle más amplio del que habían cruzado hasta entonces.
Y, lejos, apenas una mancha en el horizonte de la percepción de Kessel, una estructura. Pequeña. Quizás una tienda, quizás una caravana. No podía distinguir más detalles, la distancia demasiado grande, la conexión demasiado débil para ofrecer algo más que una impresión general.
No había forma de saber, todavía, si era Lysandra.
Markus abrió los ojos, sintiendo el tirón habitual del esfuerzo, y miró hacia Lika, que descansaba cerca, su luz ya recuperada casi por completo.
—¿Tú sientes algo? —preguntó—. ¿Alguna dirección, algo que reconozcas?
Lika tembló, flotando un poco más alto, y Markus sintió, de nuevo, aquella certeza direccional sin forma clara que ya había aprendido a interpretar como su forma de comunicar. Confirmaba el este. Nada más específico que eso.
—Bien —dijo Markus, más para sí mismo que para cualquiera—. Es un comienzo.
\*\*\*
El sonido llegó al caer la tarde, justo cuando Markus empezaba, por fin, a sentir que el cansancio podía ganarle la batalla al miedo.
Un crujido. Lejano, amortiguado por la distancia y la roca, pero inconfundible.
Hielo, rompiéndose.
Markus se incorporó de golpe, el corazón acelerándosele de inmediato, mirando hacia la dirección de donde habían salido horas antes.
—No —susurró—. No, no, todavía no.
El crujido se repitió, más fuerte esta vez, y Markus imaginó, con una claridad que no quería tener, al Vharak todavía ahí, todavía frenético, golpeando el hielo que lo mantenía encerrado una y otra vez, sin cansarse nunca, sin rendirse nunca.
Se giró hacia el mamut, todavía disperso, todavía débil, el único ojo visible abriéndose apenas al sentir la tensión repentina en el aire.
—No estás listo —dijo Markus, la voz tensa—. Lo sé. Pero no sé cuánto tiempo más tenemos antes de que esa cosa encuentre la forma de salir.
Miró hacia Cepo, hacia Kessel, hacia Lika, cada uno de sus vínculos esperando alguna clase de orden, alguna decisión.
El crujido volvió a sonar, más cercano de lo que debería ser posible en tan poco tiempo.
Markus sintió las garras de su propia mano extenderse, sin que lo decidiera del todo, la tensión del momento ganándole la batalla a cualquier intento de control que hubiera practicado esa misma mañana.
—Vamos a tener que movernos —dijo, poniéndose de pie—. Ahora.

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Estás leyendo el capítulo 31 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.