Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 28 online gratis en español
El hielo se abrió con un chasquido suave, casi delicado, y la pequeña llama quedó suspendida en el aire por un instante antes de que Markus sintiera el tirón familiar en el pecho.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[VINCULACIÓN ACEPTADA\]
\[Nuevo vínculo establecido: Espíritu de Llama Latente\]
El costo llegó después, breve, un vacío que le robó la respiración por un segundo antes de devolvérsela de golpe. Markus se quedó quieto, esperando a que pasara, y cuando levantó la vista, la pequeña llama ya flotaba frente a su cara, su luz azulada parpadeando en un ritmo que casi parecía curiosidad.
—Lika —dijo Markus, sin pensarlo demasiado, el nombre saliéndole con la misma naturalidad con la que había salido el de Kessel, hacía tanto tiempo ya—. Te voy a llamar Lika.
La llama tembló, intensificándose un instante, y Markus decidió tomar eso como una aceptación.
—Necesito que me ayudes a encontrar una salida —dijo, poniéndose de pie—. Una que no sea la que dejamos sellada. No podemos volver por ahí. No todavía.
Lika se elevó, girando despacio sobre sí misma, y Markus sintió algo nuevo asentarse en su mente: no una imagen, no una voz, sino una especie de certeza direccional, como si de pronto supiera, sin saber cómo, que había aire moviéndose desde algún punto al fondo de la cámara.
—Por ahí —murmuró, siguiendo esa sensación con el cuerpo entero, dejando que lo guiara.
Kessel se enroscó de nuevo en su cuello, y los tres —Markus, el pequeño espíritu de escarcha, la pequeña llama que ahora flotaba un paso por delante, iluminando el camino— se internaron en un pasaje más estrecho en el extremo opuesto del lago congelado.
\*\*\*
El pasaje descendió, después subió, serpenteando entre formaciones de roca que el agua debía haber tallado durante siglos. Markus caminaba con una mano siempre rozando la pared, sintiendo cada tanto el tirón doloroso del vínculo con el mamut, más débil cada vez, un hilo que amenazaba con deshacerse del todo si no se daba prisa.
—Resiste —susurró, sin saber si la súplica llegaba a algún lado—. Lo que sea que esté pasando ahí afuera. Resiste.
El pasaje terminó, sin aviso, en una pared de roca sólida.
Markus se detuvo, el corazón hundiéndosele.
—No.
Pasó las manos por la superficie, buscando alguna grieta, algún hueco, cualquier indicio de que el camino continuaba. No encontró nada. Solo piedra fría, maciza, cerrando el paso por completo.
—Lika, ¿estás segura de que era por aquí?
La pequeña llama tembló, confundida, girando sobre sí misma como si ella tampoco entendiera por qué la corriente de aire que había sentido terminaba ahí, en un callejón sin salida.
Markus se apoyó contra la roca, la frustración y el miedo mezclándose en algo que le costaba respirar.
Fue Kessel quien lo sintió primero.
Un chillido bajo, distinto a cualquiera que hubiera emitido antes, y su niebla se contrajo contra el cuello de Markus con una tensión que no tenía nada que ver con el frío.
—¿Qué pasa?
Markus siguió la dirección en la que el pequeño espíritu miraba, hacia una grieta baja en la base de la pared, apenas visible bajo la luz de Lika, por donde algo —aire, quizás, o algo más— se filtraba desde más abajo.
Se agachó, acercando la luz.
Y entonces lo vio.
Al principio pensó que era una formación rocosa más, una columna irregular que el hielo había envuelto con el tiempo. Pero la luz de Lika reveló, poco a poco, una textura distinta: segmentos. Decenas de ellos, cada uno del tamaño de un puño, superpuestos en una hilera que se perdía en la oscuridad más allá de la grieta, demasiado larga para calcularle el final.
Patas. Cientos de ellas, diminutas, dobladas contra el cuerpo, inmóviles.
Markus sintió que el estómago se le revolvía de nuevo.
Era una criatura. Enorme, mucho más larga que cualquier cosa que hubiera visto hasta entonces, con un cuerpo segmentado cubierto de una especie de placas húmedas, oscuras, que brillaban con un tono violáceo bajo la luz azul de Lika. La cabeza, apenas distinguible entre los primeros segmentos, tenía un par de mandíbulas curvas, gruesas, lo bastante grandes como para partir un hueso sin esfuerzo.
Estaba cubierta de escarcha. No una escarcha reciente, sino algo más antiguo, más profundo, como si llevara congelada en ese estado durante años. No se movía. No respiraba, o al menos no de una forma que Markus pudiera detectar.
—Dios —susurró, retrocediendo un paso instintivo, la bilis subiéndole hasta la garganta—. Eso es asqueroso.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD DETECTADA\]
\[Nombre: Desconocido\]
\[Clasificación: Bestia — no espiritual\]
\[Estado: Hibernación profunda / Vinculable\]
\[Compatibilidad: Alta\]
\[Nota: el estado de inactividad de la entidad facilita significativamente el proceso de vinculación.\]
Markus se quedó mirando la ventana, sintiendo una mezcla de repulsión y una tentación incómoda que no sabía cómo procesar.
—¿Vinculable? —murmuró—. ¿Esa cosa?
Miró de nuevo hacia la criatura, hacia los segmentos interminables, hacia las mandíbulas quietas, y sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío del túnel.
No quería tocarla. Cada instinto en su cuerpo le decía que se alejara, que buscara otra salida, que lo que fuera que durmiera ahí abajo era mejor dejarlo dormido para siempre.
Pero no había otra salida. No que hubieran encontrado. Y el tirón en su pecho, el eco cada vez más débil del mamut, le recordaba que no tenía tiempo para ser selectivo.
—Esto es una locura —dijo, en voz baja, hablándose más a sí mismo que a Kessel o a Lika—. Voy a vincularme con un... lo que sea que esto es.
Se quedó ahí, de rodillas frente a la grieta, debatiéndose. Pensó en Lysandra, en lo que diría de verlo considerar esto. Pensó en su propio código, en elegir siempre, en nunca forzar nada —pero esto no era forzar, se recordó, la criatura seguía dormida, inconsciente, el sistema solo indicaba que el vínculo sería más fácil de establecer, no que pudiera completarse sin su aceptación de alguna forma, aunque fuera una aceptación que ella nunca llegaría a recordar conscientemente.
Pensó en el mamut, deshaciéndose en algún lugar sobre su cabeza.
—Lo siento —le dijo a la criatura dormida, aunque no supiera si podía escucharlo de alguna forma—. Pero necesito salir de aquí. Y creo que tú puedes ayudarme a hacerlo.
Extendió la mano, muy despacio, hacia uno de los segmentos más cercanos.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[¿DESEA INICIAR VINCULACIÓN?\]
Markus cerró los ojos un instante, respiró hondo, y tocó la placa húmeda y fría con la punta de los dedos.
—Sí.

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Capítulo 29
Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 28
Estás leyendo el capítulo 28 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.