Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 26 online gratis en español
El Vharak se levantó antes de que Markus terminara de decidir qué hacer.
No fue un movimiento torpe, ni dolorido. Fue brusco, violento, la escarcha que lo cubría resquebrajándose y cayendo en placas mientras su cuerpo entero se sacudía como si el golpe no hubiera sido nada más que una molestia pasajera.
Y entonces Markus lo sintió.
Algo había cambiado.
El llanto, cuando volvió, ya no sonaba igual. Era más agudo, más quebrado, con una desesperación que no tenía nada que ver con el tono calculado de antes. La cabeza sin ojos se giró directo hacia Markus, ignorando por completo al mamut que todavía se interponía, como si de pronto nada más en el bosque existiera.
—¿Qué le pasa? —susurró Markus, retrocediendo un paso instintivo.
El Vharak dio un paso hacia adelante. Otro. Su cuerpo entero temblaba, no de dolor, sino de algo que a Markus le costó nombrar hasta que no tuvo más remedio que hacerlo.
Ansiedad. Hambre. Como si lo que fuera que su aura significara para esa criatura se hubiera vuelto, de golpe, más intenso, más irresistible, después de todo el esfuerzo que había costado herirlo.
Como si el dolor mismo hubiera encendido algo en vez de apagarlo.
—Se puso peor —dijo Markus, sintiendo el pánico subirle por la garganta—. Lo empeoramos.
El Vharak cargó, y esta vez no hubo ningún cálculo visible en su ataque, ningún patrón que seguir. Fue pura desesperación hecha movimiento, una embestida ciega directo hacia donde estaba Markus, sin importarle ya el mamut, sin importarle nada más que alcanzarlo.
—¡Corre! —gritó Markus, y esta vez no hizo falta decírselo dos veces a su propio cuerpo.
Corrió.
El bosque se abrió ante él en un caos de ramas y raíces, y Markus no pensó en dirección, solo en distancia, en poner cualquier cosa entre él y aquella cosa que ahora lo quería con una intensidad que sentía, físicamente, como un peso persiguiéndolo por la espalda.
Fue Kessel quien lo vio primero.
Un chillido agudo, y el pequeño espíritu señaló —si es que una hebra de niebla podía señalar algo— hacia una hendidura en la ladera rocosa que se alzaba a su derecha. Una grieta, estrecha, apenas lo bastante ancha para que un cuerpo humano se deslizara de costado, que se perdía en la oscuridad de la roca.
Markus no lo pensó dos veces.
Se lanzó hacia ahí, metiéndose de costado en el espacio estrecho, sintiendo la roca fría raspándole el pecho y la espalda a la vez, avanzando a tientas mientras la luz del día se reducía a una línea delgada detrás de él.
El mamut no podía seguirlo. Su cuerpo, incluso hecho de niebla en su mayor parte, era demasiado grande para ese hueco.
—¡Aquí! —gritó Markus, la voz rebotando contra la piedra—. ¡No puede entrar, pero tú tampoco puedes seguirme, tienes que quedarte afuera!
El rugido del Vharak llegó un instante después, tan cerca que Markus sintió la vibración en la roca misma. Se asomó, apenas, por la entrada de la grieta, y lo vio: la criatura, frenética, golpeando la ladera rocosa con sus patas delanteras, arrancando esquirlas de piedra con cada impacto, intentando ensanchar la abertura a pura fuerza.
—No va a parar —susurró Markus, sintiendo el terror instalársele en el pecho como algo sólido—. Va a entrar.
Miró hacia donde el mamut esperaba, afuera, su cuerpo tenso, listo.
—¡La ráfaga! —gritó Markus, con toda la fuerza que le quedaba—. ¡La misma de antes! ¡Tápalo, cierra la entrada!
El mamut no dudó. Abrió la boca, y el mismo sonido grave y vibrante de antes empezó a formarse en su garganta, el aire a su alrededor condensándose de nuevo en aquella ventisca casi sólida.
La ráfaga golpeó al Vharak de lleno, justo cuando sus patas delanteras habían logrado abrir una grieta más ancha en la roca, y lo empujó hacia atrás, lejos de la entrada, mientras una capa gruesa de hielo empezaba a formarse sobre la abertura misma, sellándola poco a poco con una costra blanca y opaca.
Markus retrocedió hacia la oscuridad del túnel, viendo cómo la línea de luz se estrechaba, se volvía translúcida, hasta convertirse en apenas un resplandor difuso filtrándose a través del hielo nuevo.
Afuera, amortiguado por la roca y el hielo, todavía podía escuchar los golpes. Más lentos ahora. Más espaciados.
Pero no detenidos del todo.
—No va a durar para siempre —dijo Markus, la respiración todavía entrecortada, apoyándose contra la pared fría del túnel—. Tenemos que seguir moviéndonos.
Kessel, enroscado contra su cuello, tembló en respuesta.
Markus se giró hacia la oscuridad que se extendía frente a él, el túnel perdiéndose en un negro absoluto donde ni siquiera la escasa luz gris del exterior lograba llegar.
No sabía qué había ahí dentro. No sabía si era más seguro que lo que había dejado afuera.
Pero no tenía otra opción.
—Vamos —dijo, más para darse valor a sí mismo que como una orden real, y empezó a caminar hacia la oscuridad, una mano apoyada contra la pared rocosa, cada paso probado antes de confiarle el peso completo del cuerpo, mientras a su espalda, cada vez más lejanos, los golpes contra el hielo seguían sonando, tercos, incansables, como si aquella cosa todavía no hubiera aceptado del todo que esta vez no iba a conseguir lo que quería.

Continúa leyendo
Errante bajo cielos extranjeros (Novela)
Capítulo 27
Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 26
Estás leyendo el capítulo 26 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 12 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.