Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 23 online gratis en español
La criatura salió de entre las rocas antes de que Markus pudiera verla completa.
Era baja, pegada al suelo, con un cuerpo alargado cubierto de placas óseas grisáceas que se solapaban como escamas de piedra. Cuatro patas cortas y gruesas, una cola terminada en una maza natural de hueso, y una cabeza chata, casi toda ella una boca llena de dientes pequeños y triangulares.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD DETECTADA\]
\[Nombre: Coraza de Desfiladero\]
\[Clasificación: Bestia — no espiritual\]
\[Estado: Territorial / Defensivo\]
\[Compatibilidad: Baja\]
\[Nota: la entidad protege un territorio fijo. Poco probable que acepte vinculación.\]
—Entendido —murmuró Markus—. Esta no quiere ser mi amiga.
La criatura gruñó, un sonido bajo y áspero, y golpeó el suelo con la cola. El impacto retumbó entre las paredes estrechas del desfiladero, y una pequeña cascada de piedras sueltas cayó desde arriba.
—El espacio es el problema —dijo Markus, retrocediendo un paso, evaluando el terreno—. No podemos rodearla. Es rodearla o pelear, y no hay espacio para rodear.
El mamut avanzó, colocándose entre Markus y la criatura, pero el desfiladero era demasiado estrecho para que su tamaño resultara una ventaja completa: apenas cabía de costado entre las dos paredes de roca.
—Espera.
Markus miró hacia arriba. Las paredes del desfiladero, empinadas pero no lisas del todo, tenían salientes, grietas, pequeños relieves.
—Kessel, sube. Por la pared. Ella no puede seguirte ahí arriba.
El pequeño espíritu se disolvió en niebla y ascendió por la roca con una facilidad que desmentía cualquier physical logic, deteniéndose a varios metros de altura, justo sobre la posición de la Coraza.
La Coraza cargó.
Fue rápida, más de lo que su cuerpo bajo y pesado sugería, y Markus calculó mal el ángulo. Se echó hacia atrás un instante tarde, y la cola pasó a centímetros de su cabeza, la maza de hueso destrozando un trozo de la pared de roca justo donde había estado parado un segundo antes. Fragmentos de piedra le rasparon la mejilla.
El mamut se movió de inmediato, pero no hacia el costado de la criatura —se interpuso directamente entre ella y Markus, todo su cuerpo colocándose como un muro entre ambos, justo cuando la Coraza ya giraba para un segundo golpe.
Esta vez el impacto conectó de lleno.
La maza se estrelló contra el flanco del mamut con un sonido sordo, pesado, y el enorme cuerpo azulado retrocedió varios metros, tambaleándose, una grieta de escarcha oscura extendiéndose por el punto del golpe.
—¡No! —Markus sintió el grito salir antes de poder pensarlo—. ¿Estás bien?
El mamut se enderezó, más lento que antes, pero de pie. Herido, no destruido. Aun así, Markus sintió el miedo instalarse en su pecho con una fuerza distinta a cualquier otra pelea anterior.
Puede lastimarlo. De verdad puede lastimarlo.
—¡A un lado! —gritó, intentando corregir la posición—. ¡No te quedes frente a mí, rodéala!
El espacio no ayudaba. El mamut intentó girar, pero el desfiladero apenas le daba margen para maniobrar, y la Coraza, más ágil en ese terreno reducido de lo que su cuerpo sugería, aprovechó la torpeza del giro para cargar de nuevo, directo al costado ya herido.
—¡Kessel, ahora, lo que sea, ahora!
Desde arriba, el pequeño espíritu dejó caer su niebla, más densa de lo que Markus lo había visto producir nunca, cubriendo por completo el tramo del desfiladero. La Coraza se detuvo, confundida, pero no quieta: empezó a golpear a ciegas, la cola azotando las paredes de roca en todas direcciones. Una cascada de piedras cayó desde arriba, obligando a Markus a cubrirse la cabeza con los brazos y retroceder pegado a la pared.
—¡Kessel, sal de ahí, puede alcanzarte con las rocas!
El pequeño espíritu descendió, tembloroso, la niebla ya deshilachándose por el esfuerzo. Markus lo sintió, un segundo después, un tirón débil en el pecho —el primer indicio de que incluso esa función tenía un límite, y que Kessel ya casi lo había alcanzado.
Tenía que terminar esto ya.
Observó a la Coraza moverse, ciega todavía, golpeando sin objetivo claro, y por fin lo vio: cada vez que la cola giraba hacia un lado, las patas delanteras quedaban un instante sin cubrir, las placas óseas interrumpiéndose justo en la articulación.
—¡Ahí! ¡Las patas delanteras, cuando gira la cola, ahí quedan expuestas!
El mamut, todavía tambaleante por el golpe anterior, cargó de todos modos, bajo, directo a las patas expuestas. El impacto hizo ceder a la Coraza de costado, su cuerpo pesado chocando contra la pared del desfiladero con un crujido húmedo.
Cayó.
Markus dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Y entonces la Coraza volvió a levantarse.
—¿En serio? —Markus sintió que la voz le salía más aguda de lo que hubiera querido—. ¿Todavía puede levantarse?
La criatura, tambaleante, la cabeza sacudiéndose para librarse de los últimos restos de niebla, giró de nuevo hacia ellos, más lenta, pero no vencida.
Markus buscó algo, cualquier cosa, y encontró una piedra grande cerca de sus pies. La levantó con las dos manos, y por un instante casi se le resbala entre los dedos —más pesada de lo que esperaba, su cuerpo todavía sin saber del todo cuánta fuerza nueva cargaba encima, o cómo usarla bien— antes de afirmar el agarre y lanzarla contra la cabeza de la criatura con todo lo que le quedaba.
El golpe la aturdió, tambaleándola un paso hacia atrás.
—¡Ahora, termínalo, antes de que se recupere!
El mamut, arrastrando el costado herido, volvió a embestir, esta vez directo a la cabeza, y la Coraza, ya desequilibrada, ya aturdida, no logró recuperarse a tiempo. Cayó de costado, inmóvil, un hilo de sangre oscura filtrándose entre las placas óseas de su cuello.
Silencio.
Markus se dejó caer contra la pared del desfiladero, las piernas sin fuerza, los brazos temblando, no solo por el esfuerzo de la piedra sino por la certeza fría de lo cerca que había estado todo de salir mal.
—Buen trabajo —dijo, la voz todavía temblorosa, mirando primero al mamut, que respiraba pesado, la escarcha de su flanco herido oscurecida, después hacia arriba, donde Kessel apenas lograba mantener su forma, casi transparente—. Los dos. ¿Estás bien?
El mamut soltó un resoplido cansado, más débil que de costumbre, y Markus se acercó de inmediato, apoyando ambas manos contra el costado dañado.
—Lo siento. Debí pensar mejor el plan antes de meternos aquí.
Se quedó pensando un momento en cómo el mamut se había puesto entre él y la criatura antes incluso de evaluar si era la mejor jugada, sin que le importara el costo. No era la primera vez que lo notaba —lo había hecho también en la caída del puente— pero ahora, viéndolo herido por esa misma razón, empezaba a pesarle distinto.
—Tú no piensas en atacar primero, ¿verdad? —le dijo, la voz baja—. Piensas en cubrirme primero. Aunque te cueste.
El mamut no respondió, por supuesto. Pero tampoco se apartó del contacto de sus manos.
Markus se quedó ahí un momento más, dejando que el corazón se le calmara, mirando el cuerpo inmóvil de la Coraza, después sus propias manos, todavía temblando.
Hace unas semanas no habría podido ni levantar esa piedra, pensó. Y aun así casi se me cae.
No sintió el vacío del sistema esta vez. No había vínculo que pagar, ningún costo emocional robándole la empatía por un instante. Solo el cansancio físico, honesto, y algo más incómodo debajo: la certeza clara de que si hubiera estado solo, sin el mamut absorbiendo ese primer golpe, no habría salido de ese desfiladero.
—Esto también sirve —murmuró, aunque ya no sonaba tan convencido como antes de empezar la pelea—. Pero no fue fácil. No debería volver a subestimar algo solo porque el sistema dice que es "compatibilidad baja".
Salieron del desfiladero al atardecer, con el cielo tiñéndose de un naranja pálido que Markus no recordaba haber visto desde su llegada a ese mundo.
El terreno, del otro lado, se abría hacia una planicie amplia, y a lo lejos, hacia el este, Markus distinguió algo que le detuvo el corazón por un segundo.
Humo. No una columna gruesa como la del puesto fronterizo, sino algo más delgado, más disperso. Varias fuentes pequeñas, como si algo —o alguien— hubiera acampado hacía poco y ya se hubiera ido.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[VÍNCULO ACTIVO: Mamut de Hielo\]
\[Nota: entidad detecta una resonancia familiar en la dirección este. Origen no identificado con precisión.\]
Markus se giró hacia el mamut, que ya estaba mirando en esa misma dirección, su cuerpo entero tenso de una forma que Markus no le había visto en días.
—¿Es ella? —preguntó, casi sin atreverse a decirlo en voz alta.
El mamut no respondió de inmediato. Ladeó la cabeza, como si él mismo estuviera intentando distinguir algo que no terminaba de resolverse del todo —un rastro, quizás, o hielo trabajado con una técnica que reconocía, o simplemente un campamento abandonado hacía poco por algo que alguna vez había estado cerca de Lysandra. No una certeza. Solo una familiaridad que tiraba de él sin explicarse.
Dio un paso hacia el este de todos modos, y después otro.
Markus sintió que algo se le apretaba en el pecho, una mezcla de esperanza y la cautela de no dejar que esa esperanza se le adelantara demasiado.
—No sabemos qué es —dijo, tanto para el mamut como para sí mismo—. Podría ser ella. Podría ser solo un rastro viejo. Podría ser cualquier cosa que alguna vez tuvo algo que ver con sus espíritus.
Aun así, no se detuvo.
—Vamos —dijo, con la voz más firme de lo que se sentía—. Pero con cuidado. Todavía no sabemos si son ellos, o si son los Custodios buscando en la dirección equivocada.
Kessel se enroscó en su cuello, y el pequeño trío —Markus, el mamut, el espíritu de escarcha— retomó la marcha hacia el este, hacia el humo disperso en el horizonte, hacia una esperanza que Markus no se permitía nombrar del todo, por si acaso resultaba ser, otra vez, otra cosa.

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Estás leyendo el capítulo 23 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.