Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 22 online gratis en español
Pasaron el resto del día alejándose del río, buscando un rodeo que no los llevara directo hacia la trampa que los Custodios habían tendido en Los Tres Caminos.
—Necesito saber cómo está organizado el cruce antes de decidir nada —dijo Markus, más para pensarlo en voz alta que para que alguien le respondiera—. Cuántos son. Dónde están apostados. Si hay una forma de rodearlos.
El mamut soltó un resoplido bajo, y Markus, después de tantos días juntos, ya empezaba a distinguir matices en esos sonidos. Ese en particular sonaba a acuerdo, o quizás a paciencia.
—No puedo ir yo a mirar. Me reconocerían de inmediato.
Se detuvo, mirando a Kessel, enroscado en su hombro.
—Pero tú no.
El pequeño espíritu levantó la cabeza, sus dos puntos de luz fijos en él con una curiosidad que Markus interpretó, quizás equivocadamente, como entusiasmo.
—Eres pequeño. Puedes disolverte en niebla. Ya lo hiciste contra Renar, y contra el Centinela. —Se agachó a su altura—. ¿Podrías acercarte a Los Tres Caminos sin que te vean, y volver para contarme lo que encuentres?
Kessel ladeó la cabeza, un gesto que a Markus siempre le había parecido extrañamente humano para una criatura hecha de niebla azulada.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[VÍNCULO ACTIVO: Kessel\]
\[FUNCIÓN DISPONIBLE: Percepción compartida\]
\[Advertencia: la distancia máxima efectiva depende de la fuerza del vínculo. Consumo de aura leve pero sostenido mientras la función esté activa.\]
Markus se quedó mirando la ventana un momento.
—¿Esto es nuevo?
No hubo respuesta, obviamente. Pero sintió, de una forma que no podía explicar del todo, que la función llevaba ahí desde hacía tiempo, esperando a que la relación entre ambos fuera lo bastante fuerte para desbloquearla.
—Está bien —dijo, mirando a Kessel de nuevo—. Si puedes hacerlo, quiero intentarlo. Pero si en algún momento sientes peligro, vuelves. No te arriesgues por esto.
Kessel emitió un sonido bajo, casi un ronroneo, y saltó de su hombro, disolviéndose en el aire en una hebra fina de niebla azul que se deslizó rápidamente sobre la nieve, en dirección al cruce.
Markus se sentó sobre una roca, cerró los ojos, y activó la función.
Al principio no fue nada. Oscuridad, un zumbido leve, como intentar sintonizar una radio entre estaciones. Pero poco a poco, algo empezó a formarse: no una imagen clara, sino fragmentos, impresiones borrosas que se acomodaban despacio en su cabeza, como si estuviera viendo a través de un cristal empañado.
Vio nieve. Tiendas de campaña, grises, dispuestas en un semicírculo. Figuras moviéndose entre ellas, uniformadas, varias con lanzas cortas apoyadas contra el hombro.
Contó, con dificultad, la sensación de "cinco" formándose en su mente, aunque no supo si era una cifra exacta o solo una impresión aproximada de lo que Kessel estaba viendo.
Después, algo más: una figura distinta a las demás. Más alta. Vestida de gris oscuro, sin insignias.
El corazón de Markus dio un salto.
Renar.
La sensación se cortó de golpe.
Markus abrió los ojos, jadeando, como si hubiera estado corriendo en vez de sentado inmóvil sobre una roca. Kessel apareció unos segundos después, deslizándose rápido de vuelta, materializándose junto a él, tembloroso.
—¿Estás bien?
El pequeño espíritu se apretó contra su pierna, y Markus lo tomó en brazos, sintiendo el frío familiar de su cuerpo de niebla.
—Lo siento. No debí dejarte tanto tiempo ahí.
Se quedó pensando en lo que había visto. Cinco soldados, quizás más fuera del alcance de la percepción de Kessel. Y Renar, presente, aunque no supiera todavía de qué lado.
"Todavía no he decidido de qué lado prefiero estar."
Las palabras de Renar, dichas semanas atrás, volvieron a su memoria con un peso distinto ahora. Si seguía ahí, con la patrulla, quizás ya había decidido. O quizás solo estaba observando, como la última vez.
—No puedo arriesgarme a que ya haya elegido el lado equivocado —murmuró Markus.
Se puso de pie, mirando hacia el sur, hacia donde el terreno se abría en una serie de colinas bajas que bordeaban el cruce sin atravesarlo directamente.
—Vamos a rodearlos. Va a tomar más tiempo, pero no vamos a caminar directo hacia una trampa que ya conocemos.
El mamut se acercó, bajando la cabeza para que Markus pudiera apoyar una mano en su costado, un gesto que ya se había vuelto costumbre entre los dos.
—Gracias por la paciencia —le dijo, aunque no supo bien por qué sentía la necesidad de decirlo en voz alta—. Sé que esto no es lo que esperabas cuando decidiste venir conmigo.
El mamut no respondió, por supuesto. Pero se quedó ahí, quieto, dejando que Markus se apoyara contra él un momento más de lo estrictamente necesario.
Caminaron durante horas, bordeando las colinas, manteniéndose siempre a una distancia prudente del cruce. El sol —si es que ese disco pálido y frío merecía el nombre— empezaba a descender cuando encontraron el primer problema real del rodeo.
Un desfiladero, estrecho, cortando el paso entre dos colinas, con paredes de roca demasiado empinadas para que el mamut pudiera treparlas con seguridad.
—Perfecto —murmuró Markus, con el sarcasmo pesándole más de lo que hubiera querido admitir.
Se acercó al borde, calculando. El desfiladero se extendía unos cien metros antes de abrirse de nuevo hacia terreno más amplio. Estrecho, pero no imposible.
Fue entonces cuando Kessel, todavía en sus brazos, se puso rígido.
—¿Qué pasa?
El pequeño espíritu miraba hacia el fondo del desfiladero, sus dos puntos de luz fijos en algo que Markus todavía no podía ver.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD DETECTADA\]
\[Nombre: Desconocido\]
\[Clasificación: Bestia — no espiritual\]
\[Estado: Territorial\]
\[Compatibilidad: Media\]
Markus sintió que el día, que ya había sido lo bastante largo, todavía no había terminado de complicarse.
—Bien —dijo, dejando a Kessel en el suelo con cuidado—. Supongo que vamos a averiguar qué hay ahí abajo de todos modos.
Se asomó al borde del desfiladero, buscando con la mirada, mientras el mamut se colocaba a su lado, atento, listo.
Fuera lo que fuera que esperaba ahí abajo, tendría que enfrentarlo antes de poder seguir hacia Los Tres Caminos.
Y, por primera vez en todo el día, una parte de Markus —pequeña, casi avergonzada de sí misma— sintió algo parecido al alivio de tener, por fin, un problema que sí sabía cómo resolver con las manos.

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Estás leyendo el capítulo 22 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.