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Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 21 online gratis en español

El río se ensanchó al cuarto día, y con él llegaron las primeras señales de que Markus ya no estaba solo en ese tramo del valle. Huellas. Muchas, superpuestas, formando un sendero ancho y compacto que cruzaba el suyo en ángulo recto. Se agachó junto a ellas, tal como había visto hacer a Lysandra tantas veces, intentando leer algo que en realidad no sabía leer del todo. —Botas —murmuró—. Muchas. En fila. El mamut se quedó quieto detrás de él, y Kessel, enroscado en su cuello, se tensó de golpe. \[Sistema del Amo del Pacto\] \[ALERTA\] \[Múltiples entidades detectadas — dirección: noreste\] \[Clasificación: Humanos — posible formación militar\] \[Distancia estimada: menos de un kilómetro\] Markus sintió el corazón acelerársele. Antes —el Markus del primer día, el que solo pensaba en sobrevivir el minuto siguiente— probablemente se habría quedado paralizado, o habría corrido en la primera dirección que se le ocurriera. Ahora se obligó a quedarse quieto un momento más, pensando. ¿Qué necesito para que esto no se convierta en un problema? No era la misma pregunta que se hubiera hecho hacía tres semanas. Y se dio cuenta de eso mismo, con una punzada extraña, casi incómoda, de reconocerse distinto. —Necesitamos escondernos —dijo, en voz baja—. No pelear. Escondernos. Miró alrededor. El terreno, aquí, ofrecía poco: nieve abierta, algunos matorrales bajos cubiertos de escarcha, y más adelante, una hilera de rocas grandes que podían servir de cobertura si llegaban a tiempo. —Vamos. Rápido, pero sin correr. Correr deja más huellas y hace más ruido. El mamut, para su sorpresa, pareció entender la lógica sin que hiciera falta explicarla más. Se movió con un cuidado casi felino para su tamaño, cada paso colocado con precisión, minimizando el sonido contra la nieve. Llegaron a las rocas justo cuando las voces empezaron a escucharse, todavía distantes, pero cada vez más claras. Markus se aplastó contra la piedra fría, tirando suavemente del mamut para que se agachara tanto como su cuerpo lo permitiera detrás de la roca más grande. Kessel se disolvió por completo, una hebra de niebla casi invisible contra la escarcha del suelo. —Silencio —susurró, aunque sabía que ninguno de los dos necesitaba la advertencia. Las voces se acercaron. —...revisamos hasta el río y volvemos. El capitán quiere el perímetro cerrado antes del anochecer. —¿Alguna señal del vinculador? —Nada todavía. Pero el rastreador captó algo hace dos días, cerca del puente colapsado. Puede que haya cruzado por aquí. Markus contuvo la respiración. —¿Y la mujer? —Sin rastro. Si de verdad se separaron, es mejor. Uno solo es más fácil de aislar que dos. Los pasos se acercaron más. Markus podía escuchar ahora el crujido específico de cada bota sobre la nieve, distinguir a cuántas personas se refería el sonido —cuatro, quizás cinco—, sentir el peso de cada segundo que pasaba sin que lo descubrieran. ¿Qué estoy dispuesto a hacer si me encuentran? La pregunta llegó sin invitación, y Markus se sorprendió de no tener una respuesta inmediata. Pelear, probablemente. Pero no solo eso. Una parte de él, fría y calculadora, ya estaba evaluando: si lo encontraban, ¿podría usar al mamut como distracción y escapar solo? ¿Podría arriesgar a Kessel en un ataque rápido y aprovechar la confusión? No le gustó lo rápido que esas ideas aparecieron. No le gustó lo poco que dudó al pensarlas. Las botas se detuvieron a menos de diez metros de la roca. —Aquí no hay nada. Sigamos el curso del río hacia el cruce. —¿Los Tres Caminos? —Sí. Si va hacia el sur, tarde o temprano tiene que pasar por ahí. El capitán ya mandó gente a esperarlo. El estómago de Markus se hundió. Las voces se alejaron, los pasos perdiéndose poco a poco entre el viento y la distancia, hasta que el silencio volvió a instalarse por completo. Markus esperó. Contó, mentalmente, hasta cien, tal como había hecho la primera noche en el refugio de nieve, hacía lo que ahora se sentía como toda una vida. Solo entonces se permitió respirar del todo. —Ya lo saben —dijo, la voz apenas un susurro—. Saben que voy hacia Los Tres Caminos. Van a estar esperándome ahí. Kessel volvió a materializarse, sus dos puntos de luz fijos en él, y el mamut soltó un resoplido bajo, casi una pregunta. Markus se quedó pensando, la espalda todavía contra la roca fría. El Markus de antes hubiera seguido el plan original de todos modos, esperando tener suerte. El Markus de ahora sabía que eso ya no era suficiente. —Necesito otro camino —dijo finalmente—. O necesito llegar antes de que estén completamente preparados. O necesito algo que no tengo todavía. Se llevó una mano al pecho, sintiendo el peso frío y constante de los vínculos que ya cargaba. Kessel. El mamut. La loba, lejos, en su refugio seguro. No eran suficientes. No contra una formación entera de Custodios esperándolo en terreno que ellos elegían. Se quedó mirando el horizonte hacia el sur, hacia donde el río seguía su curso, hacia Los Tres Caminos y la trampa que ya lo esperaba ahí. —Vamos a necesitar un plan mejor que "llegar y ver qué pasa" —dijo, más para sí mismo que para sus dos compañeros—. Y vamos a necesitarlo rápido. Se puso de pie, todavía con cuidado, todavía escaneando el horizonte por si quedaba algún rezagado de la patrulla. Y por primera vez desde que había caído en ese mundo, la pregunta que ocupó su mente no fue cómo sobrevivir al peligro inmediato. Fue cómo evitar que ese peligro llegara a existir del todo.
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Estás leyendo el capítulo 21 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.