Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 19 online gratis en español
Encontraron el lugar al segundo día de camino: una hondonada protegida entre rocas, con una cueva poco profunda pero seca, orientada de espaldas al viento, y un arroyo cercano que todavía no se había congelado del todo.
—Aquí —dijo Markus, más para sí mismo que para nadie más.
La loba, que había caminado despacio todo el trayecto, todavía favoreciendo el costado herido, olfateó la entrada de la cueva y se echó dentro sin dudar, sus dos crías trotando detrás de ella.
Markus se quedó de pie en la entrada, con Kessel enroscado en su cuello y el mamut esperando pacientemente unos metros atrás.
—No puedo llevarte conmigo —dijo, arrodillándose junto a ella—. No así. No con ellas tan pequeñas todavía, y no hacia donde voy.
La loba lo miró con esos ojos amarillos, y por un momento Markus tuvo la sensación extraña, casi ridícula, de que ella entendía perfectamente cada palabra.
—Vas a estar bien aquí. Hay agua, hay abrigo. Y cazarás mejor tú sola de lo que yo podría enseñarte.
Se quedó en silencio un momento, buscando las palabras correctas, aunque sabía que no había ninguna criatura ahí capaz de juzgarlo por decirlas en voz alta de todos modos.
—El vínculo sigue ahí —continuó—. No sé exactamente cómo funciona esto, pero Lysandra puede sentir a los suyos sin importar la distancia. Espero que sea igual contigo. Si alguna vez me necesitas... o si yo te necesito...
No terminó la frase. No sabía cómo terminarla sin que sonara a promesa vacía.
La loba se acercó, apoyando la cabeza contra su rodilla, el mismo gesto que había hecho el día que la vinculó, cuando todavía sangraba. Markus sintió algo apretarse en su pecho, algo que no tenía nombre exacto, pero que se parecía mucho a la despedida.
—Cuídalas —dijo, mirando a las dos crías, que ya jugaban entre sí, mordisqueándose las orejas—. Y crece rápido. Algún día voy a volver a buscarte, y quiero ver qué clase de cazadora te convertiste.
Se quedó ahí un rato más, sin motivo real más que no querer irse todavía. Al final fue Kessel quien lo empujó suavemente con el hocico, un recordatorio silencioso de que el camino no se iba a acortar solo.
—Ya voy —murmuró Markus, poniéndose de pie.
Se giró una última vez antes de dejar la hondonada. La loba lo observaba desde la entrada de la cueva, quieta, sin seguirlo, como si entendiera que esa quietud era, en sí misma, la única forma que tenía de decir adiós.
Caminaron el resto del día en silencio, siguiendo el curso del río que Mika le había indicado. El mamut avanzaba despacio, adaptando su paso al de Markus, y Kessel se turnaba entre dormitar en su hombro y deslizarse por el suelo en pequeñas exploraciones que nunca lo alejaban demasiado.
Cuando cayó la noche, Markus armó un campamento simple contra una roca grande, un fuego pequeño, y se sentó a comer lo poco que le quedaba de las provisiones que Dalen le había ayudado a conseguir en el puesto fronterizo.
El cielo, esa noche, estaba despejado. Extraño en ese mundo de nieve constante. Miró hacia arriba y, por primera vez desde que había caído, vio estrellas.
No eran las mismas. Eso lo supo de inmediato, aunque no hubiera podido explicar cómo. Las constelaciones no se parecían a nada que hubiera visto desde la ventana de su cuarto, ni desde el patio de la universidad las pocas noches que se había quedado estudiando hasta tarde.
Pensó en su madre.
El pensamiento llegó sin avisar, como una punzada. Se preguntó qué estaría haciendo en ese momento —si es que el tiempo corría siquiera de la misma forma entre los dos mundos—. Si habría recibido el mensaje que nunca se entregó. Si estaría durmiendo, o despierta, buscándolo, o ya habría empezado a asumir que no iba a encontrarlo nunca.
Se dio cuenta, con una punzada de culpa, de que llevaba días —había perdido la cuenta exacta— sin pensar en volver.
No de forma activa. No como una meta, un plan, algo hacia lo que caminar cada mañana. Simplemente se había ido difuminando bajo la urgencia de sobrevivir, de encontrar a Lysandra, de aprender las reglas de un mundo que no le había pedido permiso para tragárselo entero.
—¿Todavía quiero volver? —dijo en voz alta, sin darse cuenta, y la pregunta lo sorprendió tanto como si la hubiera dicho otra persona.
Kessel levantó la cabeza desde su regazo, sus dos puntos de luz fijos en él.
—No es que no quiera —se corrigió, más para sí mismo que para el espíritu—. Es que ya no sé cómo sería volver. Con todo esto. Contigo. Con él. —Señaló al mamut, que descansaba cerca del fuego, una masa tranquila de niebla azulada—. ¿Qué hago si vuelvo? ¿Los dejo aquí? ¿Te dejo a ti?
No tenía respuesta. Nadie la tenía.
Se quedó mirando las estrellas extrañas un rato más, sintiendo el peso de una pregunta que llevaba semanas evitando hacerse del todo: si acaso volver a casa y quedarse en este mundo ya no eran, en su cabeza, dos opciones con el mismo peso.
Pensó en las Piedras del Umbral. En la figura tallada con los brazos extendidos. En la promesa —o la amenaza, todavía no sabía cuál de las dos— de que alguien, algún día, quizás hubiera vuelto.
—Voy a averiguarlo —dijo finalmente, repitiendo casi las mismas palabras que le había dicho a Lysandra el día que nombró a Kessel—. Pero primero tengo que encontrarte a ti.
No hacía falta decir el nombre de Lysandra. Kessel pareció entenderlo de todos modos, acomodándose de nuevo contra su cuello con un sonido bajo, casi un ronroneo.
El fuego crepitó. El mamut respiraba despacio, un sonido grave y constante, como el motor tranquilo de algo mucho más grande que la simple bestia que aparentaba ser.
Markus se recostó contra la roca, mirando las estrellas que no eran las suyas, sosteniendo dentro del pecho, con la misma fuerza, dos preguntas que todavía no sabía cómo hacer convivir:
cómo volver a casa.
Y si, en el fondo, todavía quería hacerlo.

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Estás leyendo el capítulo 19 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.