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Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 18 online gratis en español

No la volvió a ver hasta el atardecer. Markus había pasado el resto del día construyendo un refugio más decente que el primero que hizo en su vida —esta vez con tiempo, con manos que ya sabían lo que hacían, con un mamut dispuesto a arrancar ramas gruesas con la trompa cuando se lo pedía—. La loba, a la que todavía no había nombrado, dormía enroscada junto al fuego pequeño que había logrado encender con pedernal encontrado entre las rocas, sus dos crías apretadas contra su costado herido. Fue Kessel quien la sintió primero. Un tirón en la niebla, una tensión repentina, y el pequeño espíritu se irguió sobre el hombro de Markus, mirando hacia la oscuridad entre los árboles. —¿Otra vez? —murmuró Markus, poniéndose de pie despacio. La figura encapuchada estaba ahí, a la misma distancia prudente de antes, iluminada apenas por el resplandor naranja del fuego. —Sé que estás ahí —dijo Markus, intentando que su voz sonara más segura de lo que se sentía—. No voy a hacerte nada. Ayudé a esa loba. No busco pelea. Silencio. —Vi cómo peleaste contra el vergsul —dijo por fin una voz. Joven. Femenina. Ronca, como si no la usara demasiado seguido—. La serpiente. Así la llamamos aquí. —¿Aquí? —Este valle. —Un paso adelante, saliendo apenas de la sombra de los árboles, aunque la capucha seguía cubriéndole el rostro—. Tiene nombre. La gente de por aquí lo llama el Refugio Hundido. No que quede mucha gente ya. Markus sintió el peso de esas últimas palabras. —¿Qué pasó? La figura no respondió de inmediato. Se acercó otro poco, lo suficiente para que la luz del fuego alcanzara a mostrar parte de su rostro bajo la capucha: joven, quizás de su misma edad, con la piel curtida por el frío y una cicatriz delgada cruzándole la ceja izquierda. —Los Custodios pasaron por aquí hace dos inviernos. —Su voz era plana, sin dramatismo, como quien ha contado la misma historia demasiadas veces para que le siga doliendo al decirla—. Buscaban algo. No sé qué. Quemaron media aldea buscándolo. Markus sintió un nudo formarse en el estómago. —Lo siento. —No lo sientas. No fue tu culpa. —Se sentó, sin invitación, en una roca cercana al fuego, manteniendo una distancia calculada—. ¿Cómo hiciste eso? Con la loba. —¿Qué cosa? —La curaste. Sin hierbas, sin nada. Solo la tocaste. Markus dudó. —Es complicado. —Todo el mundo dice eso cuando no quiere responder. —Se quitó la capucha, revelando un pelo oscuro, corto, mal cortado, como si se lo hubiera cortado ella misma con un cuchillo—. Me llamo Mika. —Markus. —Nombre raro. —Me lo dicen seguido. Algo parecido a una sonrisa cruzó el rostro de Mika, apenas un instante, antes de desaparecer. —¿Eres de los que buscan los Custodios? —preguntó, sin rodeos—. ¿Un vinculador? Markus se tensó. —¿Cómo sabes esa palabra? —Porque es la que usaban los soldados cuando quemaron mi aldea. Preguntaban si alguien había visto a un "vinculador" pasar por aquí. Nadie sabía de qué hablaban. Los mataron de todos modos, por si acaso. El fuego crepitó entre ellos. Markus sintió que el silencio se volvía denso, cargado de algo que no sabía cómo nombrar. —Sí —dijo finalmente, porque mentirle a alguien que ya había pagado tanto por esa palabra le pareció peor que decir la verdad—. Soy eso. Sea lo que sea que signifique para ellos. Mika lo miró largo rato, sin decir nada, su expresión indescifrable a la luz del fuego. —Debería irme —dijo finalmente. —Espera. Ella se detuvo, a medio levantarse. —¿Por qué me contaste todo eso? Podrías haberte ido sin decir nada. Podrías haberme evitado. Mika se quedó pensando la respuesta un momento. —Porque llevo dos inviernos sin hablar con nadie que no quisiera algo de mí a cambio, o que no me tuviera miedo apenas escuchaba de dónde vengo. —Se encogió de hombros, un gesto pequeño, casi defensivo—. Tú ni siquiera preguntaste bien qué soy antes de ayudar a esa loba. —¿Debería haber preguntado algo? —La mayoría de la gente, cuando ve un vinculador, corre. O intenta venderte a los Custodios antes de que ellos vengan a buscarte de todos modos. —Se volvió a poner la capucha—. Tú solo... peleaste contra una serpiente para salvar a una familia de lobos que ni siquiera conocías. —¿Eso te sorprende? —Sí. La palabra salió más cortante de lo que parecía intentar. Markus la observó un momento, notando ahora, con la luz del fuego, la forma en que sus manos —curtidas, con cicatrices pequeñas cruzando los nudillos— se cerraban sobre el borde de la capa, como si el frío no fuera lo único de lo que necesitaran protegerse. —¿Vives sola aquí? —Sobrevivo sola aquí. Es distinto. —¿No hay nadie más? ¿De tu aldea? Mika negó con la cabeza, despacio, sin mirarlo. —Los que no murieron esa noche se fueron a asentamientos más al sur, más cerca de los Custodios, porque al menos ahí hay comida y no te queman la casa dos veces por accidente. —Su tono se volvió más duro—. Yo preferí quedarme con lo que queda. Al menos aquí sé exactamente qué puede matarme. Markus sintió el peso de esa lógica, torcida pero comprensible, asentarse en algún lugar de su pecho. —Yo también perdí mi hogar —dijo, sin planearlo—. De una forma distinta. Pero lo perdí. Mika lo miró con algo que no era exactamente compasión, pero tampoco desconfianza pura. —¿Por eso ayudas a lobos y le sonríes a espíritus de niebla como si fueran mascotas? Markus miró a Kessel, enroscado otra vez en su hombro, y después a la loba dormida junto al fuego. —Quizás. No lo había pensado así. Se quedaron en silencio un momento, el fuego crepitando entre ellos, la noche cerrándose alrededor del pequeño refugio. —¿A dónde vas? —preguntó Mika finalmente—. Un vinculador solo, sin aldea, sin Custodios detrás todavía dándote caza directamente... no es algo que se vea seguido. —Busco a alguien. Nos separamos. En un puente, más arriba, en las montañas. —¿La mujer de pelo blanco? Markus se quedó helado. —¿Cómo sabes eso? —Los cazadores hablan. Incluso los que ya no tienen aldea a la que volver escuchan cosas en los caminos. —Mika lo miró con atención—. Lysandra Vex. Dicen que camina con espíritus que no debería tener y que los Custodios la quieren muerta desde hace años. —¿Sabes dónde está? —No. Pero sé que si sigues bajando por este valle, en dos días llegas a un cruce de caminos donde la gente que huye de los Custodios suele pasar tarde o temprano. Si ella también va hacia el sur, es probable que termine ahí. Markus sintió una chispa de esperanza, la primera desde que había caído del puente. —¿Me llevarías? Conoces el terreno. Yo apenas... —No. La negativa fue inmediata, seca. —¿Por qué no? Mika se puso de pie del todo esta vez, ajustándose la capucha. —Porque viajar con un vinculador es lo mismo que colgarme un cartel que diga "mátenme también". Ya perdí una aldea por estar cerca de algo que los Custodios querían. No pienso perder lo que me queda por la misma razón. Markus no supo qué decir a eso. No podía culparla. —Entiendo —dijo finalmente. Mika se detuvo, ya de espaldas, a punto de desaparecer de nuevo entre los árboles. —El cruce se llama Los Tres Caminos —dijo, sin girarse—. Sigue el río hacia el sur. No te desvíes hacia el este, ahí es donde viven los vergsul grandes, y el que mataste hoy era apenas una cría. Y con eso, se fue. Markus se quedó mirando la oscuridad donde había desaparecido, con el fuego chisporroteando a su lado, Kessel quieto en su hombro, el mamut vigilando en silencio desde el borde del refugio. —Bueno —le dijo a la loba dormida, aunque no esperaba respuesta—. Al menos ahora sabemos hacia dónde ir. Se sentó de nuevo junto al fuego, sintiendo, por primera vez en todo el día, un peso distinto instalándose en su pecho. No miedo. No urgencia. Algo más parecido a la certeza incómoda de que Mika tenía razón en algo que Markus todavía no quería admitirse del todo: en ese mundo, ser lo que él era, significaba que cualquiera que se acercara demasiado terminaba pagando un precio que no había elegido.
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Estás leyendo el capítulo 18 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 6 de octubre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.