arrow_back

Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

Los Pasos Grises terminaron sin aviso, como si el bosque simplemente hubiera decidido dejar de existir. Un momento estaban rodeados de troncos oscuros y silencio pesado; al siguiente, la caravana salió a un mirador natural, una franja de roca desnuda que se asomaba sobre un valle inmenso. Markus se acercó a la ventana, todavía envuelto en la manta, con Kessel enroscado y quieto contra su pecho, y se quedó sin palabras. Abajo, el valle se extendía hasta donde la vista alcanzaba. No era el páramo blanco uniforme al que ya se había acostumbrado. Había formas: colinas cubiertas de un blanco más azulado, ríos congelados que brillaban como venas de cristal bajo la luz gris, y, muy lejos, en el límite mismo del horizonte, una cordillera de picos afilados que parecían tocar el cielo. —Es hermoso —dijo, casi sin darse cuenta de que hablaba en voz alta. —Lo es. —Lysandra se había detenido a su lado, la mirada perdida en el mismo paisaje—. Es mi hogar. O lo era. Markus la miró. —¿Todavía lo es? Ella no respondió enseguida. —Vamos a averiguarlo. La caravana se detuvo ahí, en el mirador, y por primera vez desde que Markus había caído en aquel mundo, Lysandra propuso descansar sin que nada los persiguiera, sin ninguna urgencia empujándolos hacia adelante. —Un día —dijo—. Antes de bajar. Los mamuts necesitan recuperarse, y tú también. Markus no discutió. Pasó la tarde sentado en el borde del mirador, las piernas colgando sobre la roca, Kessel despierto de nuevo pero todavía débil, enroscado en su regazo. El aire aquí era distinto. Menos cortante. Como si el propio mundo respirara un poco más despacio en ese punto exacto. Fue caminando, sin rumbo fijo, buscando algo que hacer con las manos —un hábito que ya empezaba a reconocer en sí mismo, la necesidad de mantenerse ocupado para no pensar demasiado— cuando encontró las rocas talladas. No eran naturales. Eso fue lo primero que notó. Formaban un semicírculo pequeño, medio hundido en la nieve, cada una del tamaño de una persona, con superficies planas que alguna vez habían sido pulidas con intención. Se agachó junto a la más cercana y apartó la nieve con la mano. Había marcas grabadas en la piedra. Líneas quebradas, símbolos que no reconocía —similares, notó con un escalofrío, a los que había visto en la pared de la primera habitación donde despertó, en la caravana de Lysandra—. Pero entre esos símbolos había algo más. Una figura. Tallada con más cuidado que el resto, más profunda. Una persona, de pie, con los brazos extendidos hacia arriba. Y sobre su cabeza, un círculo partido por una línea vertical, como una puerta entreabierta. Markus sintió que el aire se le quedaba atascado en la garganta. No sabía por qué. No podía explicar la sensación exacta. Pero algo en esa imagen —el círculo partido, la postura de la figura, los brazos extendidos como si acabara de caer, o como si acabara de ser arrancada de algún lugar— le resultó terriblemente, imposiblemente familiar. —Lysandra. La llamó sin apartar la vista de la roca. Ella llegó minutos después, siguiendo su voz, y se detuvo junto a él. —¿Qué encontraste? —No lo sé. Por eso te llamo. Lysandra se arrodilló, pasando los dedos sobre las marcas con un cuidado casi reverente. —Piedras del Umbral —murmuró. —¿Qué es eso? —Marcadores antiguos. Más antiguos que cualquier cosa que yo haya visto construir. Se dice que marcan lugares donde el mundo... —Hizo una pausa, buscando la forma correcta de decirlo— es más delgado que en otros sitios. —¿Más delgado? —Donde la distancia entre este mundo y algo más allá de él se estrecha. —Lysandra siguió con el dedo el contorno de la figura tallada, el círculo partido sobre su cabeza—. Nunca until este momento até esto con claridad. —¿Atar qué? Ella lo miró. —Esta figura. Los brazos extendidos. El círculo roto. —Su voz bajó, casi a un susurro—. Es la misma postura en la que estabas cuando los mamuts te trajeron. Recuerdo haberte visto así, brevemente, cuando te subieron a mi caravana. Pensé que era solo la forma en que habías caído. Markus sintió que el frío le recorría la espalda, un frío que no venía del viento. —¿Estás diciendo que esto es sobre... gente como yo? —No lo sé con certeza. —Lysandra se puso de pie, mirando hacia el semicírculo completo de piedras, contándolas con la mirada—. Pero hay más marcadores como este de los que debería haber, para ser solo leyenda antigua sin fundamento. Markus se levantó también, mirando alrededor. Contó las piedras. Siete. Formando un arco imperfecto, orientado —notó, con otro escalofrío— hacia la misma dirección desde la que había llegado la nieve el primer día. —¿Quién las hizo? —No lo sé. —¿Para qué? Lysandra negó con la cabeza, y por primera vez en mucho tiempo, Markus vio en su rostro algo que no había visto antes en ella. Incertidumbre genuina. —Hay historias —dijo finalmente—. Fragmentos, en realidad. De gente que llegó de otro lugar, hace mucho tiempo, en circunstancias parecidas a las tuyas. La mayoría las descarté siempre como cuentos para asustar niños, o para explicar auras extrañas que nadie sabía de dónde salían. Se giró hacia él. —Pero nunca había visto tantas de estas piedras juntas. Y nunca había conocido a alguien como tú. El viento se movió entre las piedras talladas, levantando remolinos delgados de nieve que se deshacían casi al instante. Markus se quedó mirando la figura grabada, los brazos extendidos hacia el círculo roto, y sintió, por primera vez desde que había caído en aquel mundo, algo distinto al miedo o la confusión. Sintió el peso de una pregunta que llevaba días evitando hacerse del todo. —Si esto es real —dijo, despacio—. Si de verdad hay gente que llega de otros lugares... ¿alguna vez ha vuelto alguna? Lysandra no respondió de inmediato. —No lo sé —dijo finalmente—. Pero si las historias dicen la verdad, la respuesta a esa pregunta podría estar en el mismo lugar que la respuesta de por qué llegaste tú. Markus miró hacia el valle, hacia la cordillera lejana que Lysandra llamaba hogar, y después otra vez hacia la piedra tallada, hacia esa figura antigua con los brazos abiertos bajo un cielo partido en dos. No dijo nada más. Pero cuando esa noche por fin logró dormir, unas horas antes de que la caravana bajara hacia el valle, soñó —por primera vez desde que había llegado a ese mundo— no con nieve, ni con criaturas, ni con Renar. Soñó con un círculo de luz, partiéndose lentamente por la mitad, y con una voz que no reconocía, susurrando algo que no llegó a entender antes de despertar.
Errante bajo cielos extranjeros (Novela)

Continúa leyendo

Errante bajo cielos extranjeros (Novela)

Capítulo 16

Siguiente Capítulo ›

Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.