Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 14 online gratis en español
Los Pasos Grises se estrechaban a medida que avanzaban. Los árboles, cada vez más juntos, formaban un techo casi cerrado sobre el sendero, filtrando la luz gris en franjas delgadas que apenas iluminaban el suelo cubierto de nieve vieja y escarchada.
—Este tramo no me gusta —dijo Lysandra, de pie junto a la ventana delantera, la mano ya apoyada en la empuñadura de la espada.
—¿Por qué?
—Demasiado silencio. Ni siquiera el viento se mueve aquí.
Markus escuchó. Tenía razón. No había crujido de ramas, ni el silbido constante que los había acompañado desde el primer día. Solo el sonido de sus propios pasos, amortiguado, y la respiración pareja de los mamuts tirando de la caravana.
Kessel, ya recuperado, se irguió sobre su hombro, las orejas de niebla apuntando hacia el frente. Un gruñido bajo, casi inaudible, le vibró en el pecho.
—Siente algo —dijo Markus.
—Yo también.
La caravana se detuvo por decisión propia de los mamuts, sin que nadie diera la orden. Los tres se quedaron inmóviles, las trompas erguidas, olfateando un aire que no debería tener olor alguno para criaturas hechas de niebla.
—Baja la voz —murmuró Lysandra— y quédate detrás de mí.
Markus asintió, aunque una parte de él —la misma que lo había sacado de la caravana frente a Renar— ya se estaba preparando para no cumplir del todo esa instrucción.
El primer sonido llegó desde arriba.
Un crujido de madera, pesado, como si algo enorme hubiera apoyado su peso sobre una rama que no debería soportarlo. Markus levantó la vista.
No vio nada. Solo ramas negras entrelazadas contra el cielo gris.
—Ahí —dijo Lysandra, señalando con la espada hacia la izquierda del sendero, entre dos árboles especialmente gruesos.
Markus siguió su mirada.
Al principio pensó que era parte del bosque. Una masa oscura, cubierta de escarcha, que se confundía con la corteza y las sombras entre los troncos. Pero entonces se movió, y el bosque entero pareció temblar con ella.
Era enorme. Más grande que el Vharak del primer día, más grande incluso que los mamuts. Su forma recordaba vagamente a un oso, si un oso hubiera sido tallado en piedra negra y después cubierto de una gruesa capa de hielo que nunca terminaba de derretirse. Cuatro patas gruesas como troncos, una cabeza alargada, sin ojos visibles, solo dos grietas brillantes de un blanco frío donde deberían estar.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[ENTIDAD DETECTADA\]
\[Nombre: Centinela de los Pasos Grises\]
\[Clasificación: Espíritu Corrompido / Guardián\]
\[Estado: Territorial / Hostil\]
\[Advertencia: fuerza muy superior a la del usuario.\]
—Un guardián —murmuró Lysandra, sin apartar los ojos de la criatura—. Debía proteger este paso. Algo lo corrompió.
—¿Se puede razonar con él?
—No. No con lo que queda de él.
El Centinela avanzó un paso. El suelo tembló bajo sus patas, y la nieve acumulada en las ramas más altas cayó en cascadas silenciosas.
—Kessel, quédate escondido —dijo Markus, bajando la voz—. No lo enfrentes directamente. Todavía no.
El pequeño espíritu se aplanó contra su hombro, obediente, pero sin desaparecer del todo.
Lysandra se adelantó, colocándose entre la criatura y la caravana. No corrió hacia ella. Se quedó quieta, evaluando, la espada baja pero lista.
El Centinela cargó.
No fue un movimiento torpe, a pesar de su tamaño. Sus cuatro patas se movieron en una secuencia precisa, ganando velocidad de forma progresiva, la cabeza baja, directo hacia Lysandra.
Ella esperó hasta el último instante posible.
Se apartó hacia la derecha, un giro cerrado, y la espada trazó un arco ascendente contra el costado de la bestia al pasar. El cristal azul mordió la capa de hielo que cubría al Centinela, abriendo una grieta blanca que se extendió varios centímetros antes de detenerse.
No fue suficiente para derribarlo. El Centinela giró sobre sí mismo con una agilidad que desmentía su tamaño, y una de sus garras —del largo de un antebrazo humano— cortó el aire donde Lysandra había estado un instante antes.
Ella ya no estaba ahí. Había retrocedido dos pasos, evaluando de nuevo.
—Markus —dijo, sin mirarlo, sin perder de vista al Centinela—. Necesito que distraigas su atención por un momento. Solo un momento. No lo ataques.
—¿Cómo?
—Kessel puede moverse rápido y sin peso. El Centinela reacciona al movimiento más que al sonido. Si logras que mire hacia otro lado, puedo acercarme por su punto ciego.
Markus sintió el corazón acelerársele, pero asintió.
—Kessel.
El pequeño espíritu saltó de su hombro, disolviéndose de inmediato en una hebra delgada de niebla azulada que se deslizó por el suelo, rodeando al Centinela por la izquierda, manteniéndose bajo, casi invisible contra la nieve.
La criatura giró la cabeza, siguiendo el movimiento con sus grietas de luz blanca.
Fue apenas un segundo. Pero Lysandra ya se estaba moviendo.
Se lanzó desde el lado opuesto, baja, rápida, aprovechando el instante en que la atención del Centinela se había desviado. La espada se hundió en la articulación de la pata delantera derecha, un punto donde la capa de hielo era más delgada, más nueva, menos protegida que el resto del cuerpo.
El Centinela rugió. No fue un sonido de dolor exactamente —Markus no estaba seguro de que algo así todavía pudiera sentir dolor de la forma en que lo entendía—, pero la pata cedió, y la criatura se desplomó parcialmente hacia ese costado, desequilibrada.
—¡Ahora! —gritó Lysandra.
Markus no entendió a qué se refería hasta que Kessel volvió a materializarse frente a él, con la niebla vibrando de una forma distinta a antes, más densa, más cargada.
\[Sistema del Amo del Pacto\]
\[VÍNCULO ACTIVO: Espíritu de Escarcha (Menor) — Kessel\]
\[FUNCIÓN DISPONIBLE: Sincronización de combate\]
\[Advertencia: consumo de aura elevado.\]
Markus no había visto esa función antes. No tuvo tiempo de pensar en las consecuencias.
—Hazlo —dijo, sin saber exactamente qué estaba autorizando, solo sabiendo que Lysandra necesitaba unos segundos más.
Sintió el tirón de inmediato. Un frío que le subió desde el pecho hasta la garganta, agudo, como tragar hielo entero. Kessel creció —no en tamaño, sino en presencia, en densidad, la niebla volviéndose casi sólida por un instante— y se lanzó hacia el Centinela, rodeando su pata herida, congelando aún más la grieta que Lysandra había abierto.
El hielo se expandió. La articulación, ya dañada, no resistió el peso repentino de la escarcha adicional. Con un crujido que Markus sintió en los dientes, la pata delantera del Centinela se quebró.
La bestia cayó.
Lysandra no esperó. Saltó sobre el cuerpo caído, la espada en alto, y la hundió directo en una de las grietas de luz blanca de la cabeza.
El Centinela se sacudió una vez. Dos veces.
Y se quedó quieto.
La escarcha que cubría su cuerpo comenzó a resquebrajarse, cayendo en placas grandes al suelo, revelando debajo una superficie oscura, opaca, sin vida, que se desmoronó lentamente hasta convertirse en polvo negro absorbido por la nieve.
El silencio volvió al bosque. Esta vez, un silencio distinto. Uno de después, no de antes.
Markus cayó de rodillas. No lo decidió; sus piernas simplemente dejaron de sostenerlo. El frío que había sentido al autorizar la función de Kessel seguía ahí, más intenso ahora, extendiéndose desde el pecho hasta los brazos, hasta las puntas de los dedos.
—¿Markus?
Escuchó la voz de Lysandra, pero sonaba lejana, amortiguada, como si viniera desde debajo del agua.
Miró sus manos. Temblaban. No de frío físico. De algo más hondo.
Kessel, agotado, se dejó caer contra su pecho, apenas manteniendo su forma, un hilo delgado de niebla casi transparente.
—Estoy bien —dijo Markus, aunque no estaba seguro de que fuera cierto—. Solo... necesito un momento.
Lysandra se arrodilló frente a él, tomándolo por los hombros, examinándolo con una atención que no tenía nada de la calma distante de otras veces.
—¿Qué fue esa función? No la había sentido antes.
—No lo sé. Apareció y ya. Dijo algo de sincronización.
—El sistema te está desbloqueando cosas más rápido de lo que deberías poder manejar.
Markus levantó la vista hacia ella.
—Funcionó, ¿no?
—Sí. —Lysandra no sonrió, pero algo en su expresión se suavizó—. Funcionó.
Se quedaron así un momento, arrodillados en la nieve, junto a los restos ennegrecidos del Centinela, con Kessel respirando —si es que aquello podía llamarse respirar— débilmente entre los dos.
—Eso costó algo —dijo Markus finalmente, con la voz todavía temblorosa—. Lo sentí. Más que con cualquier otro vínculo hasta ahora.
—Lo sé. Lo vi en tu cara.
—¿Va a pasar cada vez que uso algo nuevo?
Lysandra no respondió de inmediato. Se limitó a ayudarlo a levantarse, sosteniéndolo un momento hasta que sus piernas volvieron a responder.
—Probablemente —dijo al fin—. Cada función nueva es una puerta que no habías abierto antes. Y todas las puertas, en este sistema tuyo, cobran algo por abrirse.
Markus miró hacia el sendero que se abría más adelante, más allá de los restos del Centinela, hacia donde los Pasos Grises finalmente empezaban a ensancharse.
—Entonces tendré que decidir con más cuidado cuáles vale la pena abrir.
Lysandra asintió, y por primera vez desde que la conocía, Markus creyó ver en su expresión algo parecido al orgullo.

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Estás leyendo el capítulo 14 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.