Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 13 online gratis en español
Kessel durmió durante dos días enteros.
Markus lo llevaba envuelto en un pliegue de su nueva chaqueta, contra el pecho, revisándolo cada cierto tiempo como si con solo mirarlo pudiera acelerar su recuperación. Lysandra le había asegurado que estaba bien —agotado, no herido—, pero eso no evitaba que Markus sintiera un nudo cada vez que el pequeño espíritu de niebla se quedaba demasiado quieto.
—Va a estar bien —repitió Lysandra, la tercera vez que lo sorprendió mirándolo con esa expresión de preocupación—. Los espíritus menores se recuperan durmiendo. No es distinto a que tú necesites descansar después de correr durante horas.
—Lo sé. Es solo que...
No terminó la frase. No hacía falta.
El mamut congelado por Renar se había descongelado durante la primera noche, exactamente como él había dicho. Se sacudió, confundido, y volvió a colocarse junto a los otros dos como si nada hubiera pasado. Markus no pudo evitar preguntarse cuántas otras cosas Renar decía con esa misma certeza tranquila, y cuántas de ellas terminaban siendo ciertas.
La caravana avanzaba de nuevo con su balanceo normal, atravesando un terreno más boscoso, con árboles altos y oscuros que Markus no reconocía de los primeros días. Lysandra decía que se estaban acercando a una zona que llamaba "los Pasos Grises", el último tramo antes de llegar a terreno que ella conocía bien.
Fue en ese bosque donde Markus vio, por primera vez, algo que lo hizo replantearse todo lo que creía haber entendido sobre ella.
Sucedió rápido, casi sin aviso.
Algo grande se movió entre los árboles, a la izquierda de la caravana. Markus lo vio de reojo: una forma oscura, más grande que un oso, con demasiadas patas para ser natural, avanzando a una velocidad que no encajaba con su tamaño.
—¡Lysandra!
Ella ya lo había visto.
No gritó ninguna orden a los mamuts. No desenvainó la espada con la urgencia que Markus esperaba después de lo de Renar. Simplemente se puso de pie, salió de la caravana con un movimiento tranquilo, casi aburrido, y caminó hacia el borde del sendero.
La criatura saltó hacia ella.
Markus contuvo la respiración, preparado para ver otra pelea larga, desesperada, como la del Vharak en el bosque, como la de Renar apenas dos días antes.
No hizo falta.
Lysandra levantó una mano —solo una mano, sin espada, sin gesto dramático— y el aire alrededor de la criatura se congeló de golpe. No fue el hielo lento y trabajoso de un refugio de nieve. Fue instantáneo, absoluto, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en ese punto exacto del bosque.
La criatura quedó suspendida en el aire, atrapada a mitad de salto, envuelta en una capa de escarcha tan gruesa que su forma original apenas se distinguía debajo.
Cayó al suelo. Sin moverse. Sin sonido.
Lysandra bajó la mano, se dio la vuelta, y volvió a la caravana como si acabara de espantar a un insecto molesto.
Markus se quedó mirándola, boquiabierto.
—¿Qué fue eso?
—Un depredador de bosque. No suelen ser peligrosos si uno sabe qué hacer.
—No, me refiero a... —Markus buscó las palabras—. Eso. Lo que acabas de hacer. Con la mano.
Lysandra se sentó de nuevo en su silla, tan tranquila como si nada hubiera pasado.
—¿Qué tiene?
—Contra Renar peleaste con la espada. Durante minutos. Te costó. —Markus la miró con atención—. Y a esa cosa la congelaste con... ¿con la mano? ¿En un segundo?
Ella lo observó un momento, como si sopesara cuánto valía la pena explicar.
—No es lo mismo —dijo finalmente—. Renar es un Amo del Pacto. Su cuerpo, su aura, están adaptados para resistir ataques como ese. Si lo hubiera intentado con él, habría desperdiciado la mayor parte de mi fuerza sin conseguir nada, y me habría dejado expuesta.
—¿Entonces por qué no lo intentaste de todos modos? Con más fuerza. Con todo lo que tienes.
Lysandra guardó silencio un momento.
—Porque no sé exactamente cuánto puede resistir Renar ahora. Hace años que no lo enfrentaba de verdad. Y porque —añadió, con un tono más bajo— mostrar todo lo que puedo hacer tiene un precio. La gente que sabe de lo que soy capaz, empieza a hacer planes basados en eso. Prefiero que la mayoría no lo sepa hasta que sea estrictamente necesario.
Markus se quedó procesando aquello.
—¿Cuánto más fuerte eres de lo que yo he visto?
Ella lo miró, y por un momento, algo parecido a la diversión cruzó su rostro.
—Esa no es una pregunta que vaya a responderte todavía.
—¿Por qué no?
—Porque tú tampoco me cuentas todo lo que piensas, Markus Dean. Y me parece justo.
Markus no supo qué decir a eso. Se quedó mirándola, intentando reconciliar a la mujer que apenas unos días antes le había parecido casi frágil frente a Renar, con la que acababa de congelar a una criatura enorme con un solo gesto distraído.
—Oye —dijo después de un momento—. Antes. Con Renar. Cuando salí de la caravana...
—Fue una estupidez.
—Lo sé. Pero quería ayudarte.
Lysandra lo miró con seriedad.
—No necesitaba que me salvaras, Markus.
Las palabras cayeron con más peso del que Markus esperaba.
—Lo sé —dijo, aunque no estaba del todo seguro de haberlo sabido en ese momento—. Pero no podía quedarme sin hacer nada.
—Eso es distinto a necesitarlo. —Su tono no era de reproche, sino de algo más parecido a una corrección cuidadosa—. Puedes querer ayudar. Puedes elegir hacerlo. Pero no asumas que estoy indefensa sin ti al lado. No lo estoy. No lo he estado en mucho tiempo.
Markus sintió algo incómodo asentarse en su pecho, no muy distinto a la vergüenza, pero con una capa distinta debajo: el darse cuenta de que había estado viéndola, sin querer, como alguien a quien proteger, cuando la realidad era exactamente la contraria la mayor parte del tiempo.
—Entendido —dijo, finalmente.
Lysandra asintió, y el tema pareció cerrarse ahí, sin más ceremonia.
Markus volvió la mirada hacia Kessel, todavía dormido contra su pecho, y después hacia la ventana, hacia el bosque oscuro de los Pasos Grises deslizándose despacio a su alrededor.
Pensó en Renar, en su advertencia de que otros vendrían, con menos paciencia. Pensó en la criatura congelada en un instante, sin esfuerzo aparente. Pensó en cuánto de lo que había visto de Lysandra hasta ahora era, en realidad, apenas una fracción de lo que ella era capaz de hacer.
Y, por primera vez, se preguntó no si Lysandra podría protegerlo si las cosas se ponían peor.
Se preguntó qué tan mal tendrían que ponerse las cosas para que ella decidiera que valía la pena mostrarlo todo.

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Estás leyendo el capítulo 13 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.