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Leer Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

Kessel saltó del hombro de Markus antes de que él terminara de decidir qué hacer. No fue un ataque. No hubo forma de que lo fuera —el pequeño espíritu de escarcha apenas tenía el tamaño de un zorro joven, y Renar seguía siendo una figura tranquila, gris contra la nieve, a metros de distancia—. Fue otra cosa. Kessel se disolvió en el aire, una nube fina de niebla azulada que se extendió entre Markus y Renar, espesa, opaca, tragándose la luz gris del día. No era ataque. Era cortina. Renar se detuvo un instante. Solo un instante. Pero fue suficiente. Lysandra aprovechó ese medio segundo de duda. Su espada se movió en un arco bajo, directo a las piernas de Renar, y por primera vez desde que había empezado la pelea, el golpe conectó de verdad. No fue un corte limpio —Renar giró a tiempo para evitar lo peor— pero el filo le abrió una línea en el muslo, superficial, apenas sangrante, pero real. Renar retrocedió un paso. El primero que daba en toda la pelea. —Interesante —dijo, mirando la herida con la misma frialdad con la que miraba todo lo demás—. No sabía que tu chico tenía algo más que un aura llamativa. —No es "mi chico". —Lysandra no bajó la guardia—. Y no sabes ni la mitad de lo que tiene. —Probablemente no. Kessel volvió a materializarse, tembloroso, junto a los pies de Markus. El esfuerzo lo había dejado casi transparente, apenas una sombra de niebla con dos puntos de luz débil donde deberían estar los ojos. Markus se agachó, poniendo una mano protectora sobre él. —Basta —dijo, sin gritar, pero con la voz más firme de lo que esperaba tener en ese momento—. Ya nos viste. Ya sabes lo que querías saber. Vete. Renar lo miró. Por primera vez, algo parecido a una expresión real cruzó su rostro. No fue enfado. Fue algo más cercano a la curiosidad genuina. —¿Sabes lo que soy, chico? —Un Custodio. —Un cazador. —La corrección salió con calma, casi paciente—. Entrenado veinte años para esto. No nací con nada parecido a lo tuyo. Tocó, brevemente, la placa oscura de su cinturón. —Esto es lo que me pusieron los Custodios. Un núcleo espiritual extraído y contenido. No hace falta un don cuando puedes fabricar uno. Es más barato, y más fácil de reemplazar si algo sale mal. Se llevó la mano al muslo herido, presionando la tela sobre el corte sin más urgencia que la de alguien limpiándose una mancha molesta. —No vine a matarte. Si quisiera hacerlo, ya estarías muerto, y ella también. —Entonces ¿a qué viniste? —A confirmar. Renar miró a Lysandra. —Ella sabe de qué hablo. Lysandra no respondió. Pero Markus notó cómo su mano, sobre la empuñadura de la espada, se cerraba con más fuerza. —Confirmar qué —insistió Markus. Renar sonrió de nuevo, ese gesto mínimo que no llegaba a los ojos. —Que la última vez que un aura como la tuya apareció en este continente, terminó con media orden de Custodios muerta y con ella —señaló a Lysandra con un movimiento de cabeza— desertando en medio de la noche con tres espíritus que no le pertenecían. El silencio que siguió fue absoluto. Incluso el viento pareció detenerse. —Eso no es lo que pasó —dijo Lysandra, con una voz que Markus no le había escuchado antes. Baja. Tensa. Al borde de algo. —¿No? —Renar inclinó la cabeza—. Cuéntaselo tú, entonces. Yo solo vine a mirar. Se enderezó, quitando la mano de la herida. La sangre ya casi no corría; algo en su piel parecía estar cerrando el corte más rápido de lo natural. —Voy a informar lo que vi —dijo, dirigiéndose de nuevo a Markus, ignorando ahora a Lysandra por completo—. Un vinculador nuevo, con un aura de nivel imposible para su experiencia, unido a un espíritu de escarcha y viajando con Lysandra Vex. Eso es todo lo que necesitaba. —¿Y luego qué? —Luego, otros vendrán. Con más gente. Con menos paciencia que yo. Miró hacia el mamut congelado, todavía inmóvil como una estatua de hielo sucio a unos metros. —Se descongelará solo, en un día o dos. No le hice daño permanente. Considéralo una cortesía por los viejos tiempos. Dio un paso atrás. Luego otro. —Renar. —La voz de Lysandra lo detuvo—. ¿Por qué no me delatas tú mismo? Podrías haberlo hecho ya. Podrías haberlo llevado a la fuerza. Renar se quedó quieto un momento, considerando la pregunta con la misma calma con la que consideraba todo lo demás. —Porque todavía no he decidido de qué lado prefiero estar cuando esto termine —dijo finalmente—. Y prefiero decidirlo con toda la información, no solo con órdenes. Sin más, se dio la vuelta. Caminó hacia el horizonte blanco, sin prisa, como si la pelea de hacía un momento hubiera sido apenas una conversación incómoda en una cena. En unos segundos, su figura gris se perdió entre la nieve, imposible de distinguir del paisaje. Markus se quedó ahí, de rodillas junto a Kessel, sintiendo cómo el corazón le latía con una fuerza que dolía. —¿Está bien? —preguntó, mirando al pequeño espíritu, que apenas mantenía su forma. —Se recuperará —dijo Lysandra, acercándose—. Necesita descansar. Lo que hizo... no debería haber podido hacerlo. No con tan poco tiempo de vínculo. —Me protegió. —Sí. Lysandra envainó la espada. Sus manos, notó Markus, temblaban ligeramente. No de frío. Se quedaron los dos en silencio, con el mamut congelado detrás, con el eco de las palabras de Renar todavía suspendido en el aire. —Lysandra. —¿Sí? —Lo que dijo. Sobre desertar. Sobre los espíritus que no te pertenecían. Ella no respondió de inmediato. Se quedó mirando hacia donde Renar había desaparecido, como si esperara, contra toda lógica, que volviera a explicar mejor lo que había dicho. —No es tan simple como él lo hizo sonar —dijo finalmente. —¿Y cómo es, entonces? Lysandra cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, algo en su expresión había cambiado. No era la calma habitual. Era el cansancio de alguien que ha cargado algo demasiado tiempo y ya no tiene fuerzas para seguir sosteniéndolo en silencio. —Fui soldado de los Custodios —dijo—. Eso ya te lo dije. Lo que no te dije es que era buena en lo que hacía. Muy buena. Lo bastante buena como para que me confiaran algo que nadie más debía tener. Señaló, sin necesidad de palabras, hacia los mamuts. —No los creé yo sola por capricho, Markus. Los creé porque me ordenaron hacerlo. Armas. Eso es lo que se suponía que fueran. Markus sintió que el frío se le metía más hondo de lo que la nieve podría haberlo hecho jamás. —¿Y qué pasó? —Que cuando llegó el momento de usarlos como armas de verdad —contra gente, no contra monstruos—, me negué. Su voz se quebró, apenas, en la última palabra. —Y ellos no perdonan una negativa. El viento volvió a soplar, arrastrando nieve suelta entre los dos, entre el mamut congelado y la caravana dañada, entre todo lo que Markus creía saber sobre la mujer que lo había salvado y todo lo que recién empezaba a entender de verdad. —Gracias —dijo Markus, después de un largo silencio— por contármelo ahora. Lysandra lo miró. —No tenía muchas más opciones. Renar se encargó de eso. —Aun así. Ella asintió, despacio, y por primera vez desde que Markus la conocía, no dijo nada más. Simplemente se quedó ahí, de pie junto a él, mirando el mismo horizonte blanco donde un hombre que alguna vez había sido, quizás, algo parecido a un amigo, se había perdido sin dar una respuesta clara sobre qué lado iba a elegir.
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Errante bajo cielos extranjeros (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de Errante bajo cielos extranjeros (Novela), un novela. ## Markus tenía una vida normal. Hasta que, en un instante, fue arrancado de su mundo y llevado a un lugar que no existe en ningún mapa. Ahora se encuentra en un mundo desconocido, lejos de todo lo que conoce. Un mundo… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026. Errante bajo cielos extranjeros (Novela) tiene 33 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.