arrow_back

Leer Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) Capítulo 660 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
¡Boom! Las dos bestias colosales que luchaban se separaron repentinamente, retirándose cien kilómetros la una de la otra. Tras el combate, sus cuerpos presentaban marcas visibles del choque: las alas del Emperador Dragón Destructor mostraban signos de daño, mientras que el cuerpo del Dapeng estaba cubierto de profundas heridas de espada. ¡Huy, huy! El Dapeng batió sus alas, jadeando pesadamente. Su mirada estaba llena de incredulidad y gravedad; nunca había esperado ser igualado en igualdad de condiciones por una Bestia Colosal mítica de etapa intermedia. En lo alto del cielo lejano, el Emperador Dragón exhaló, con sus fríos ojos fijos en el Dapeng. Esta batalla le había permitido comprender claramente su propia fuerza. Al desatar todo su poder sin llegar a transformarse en su forma gigantesca, el Emperador Dragón podía someter a una Bestia Colosal de nivel titán en su fase intermedia, pero matarla directamente era otra cuestión. Mientras el Emperador Dragón reflexionaba sobre sus hallazgos, los ojos del Dapeng parpadearon con vacilación. Para bestias de nivel titánico, las verdaderas batallas a vida o muerte eran raras; solo se libraban por rencores inquebrantables o tesoros irremplazables. Ahora que no veía ninguna esperanza de reclamar el árbol divino, el Dapeng se preparó para retirarse. Pero antes de que pudiera actuar, la voz del Emperador Dragón retumbó en el cielo. !Roar! Se acabó el calentamiento. Ahora sí, ¡hablaré en serio! ¡Boom! Un gruñido sordo resonó en el aire mientras un rayo rojo brotaba del cuerpo del Emperador Dragón, iluminando la mitad del cielo. En el centro de la tormenta escarlata, un resplandor carmesí sobrenatural brotó de su forma. En ese instante, un aura aterradora recorrió los cielos, atravesando las mismas nubes. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Bajo esta aura de pura destrucción, el cielo mismo tembló. Las leyes se volvieron caóticas y, durante miles de kilómetros, la energía trascendente del mundo se convulsionó, generando violentos vendavales y tsunamis. Todas las bestias colosales que observaban quedaron atónitas. Ante la mirada horrorizada del Dapeng, emergió un nuevo ser. Ahora, frente a él, se alzaba una bestia destructiva de tres mil metros de largo, dos mil metros de alto y un rojo oscuro. La bestia de un rojo oscuro estaba rodeada de rayos negros y rojos, cuya presencia desgarraba el tejido mismo del espacio como si fuera papel frágil. Regiones enteras de diez kilómetros de ancho de pura aniquilación se formaron a su alrededor. Su presencia era tan poderosa que, bajo el resplandor carmesí infinito, se manifestaba tras ella una proyección de un mundo de color rojo oscuro. En su interior, se podían ver entidades colosales” de miles, incluso decenas de miles de metros de longitud” que se alzaban en las profundidades, irradiando un aura de desesperación capaz de sofocar toda forma de vida. ¡Humph, humph! ¡Qué poderoso! El Emperador Dragón exhaló destrucción, con un destello de excitación en sus ojos. Al recuperar su forma rojo oscuro, pudo sentirlo: su poder había alcanzado límites capaces de destruir el mundo, rozando el umbral de un nuevo reino. Solo necesitaba romper esa última barrera para entrar en una existencia completamente nueva. Aun ahora, desde las profundidades de aquel mundo rojo oscuro, una fuerza atraída lo llamaba, susurrándole sobre el poder que anhelaba. Por un instante, la mirada del Emperador Dragón titiló. Una premonición surgió: su capacidad de Gigantificación estaba a punto de convertirse en ley. Quizás, en lo profundo de ese misterioso y ominoso mundo rojo oscuro, yacía la clave para desentrañar el principio de la Gigantificación. Sin embargo, no era el momento de indagar en ese misterio. Fijando su mirada en el Dapeng, que permanecía en alerta máxima, el Emperador Dragón dio un paso al frente. ¡Boom! El vacío se hizo añicos. En un instante, el Emperador Dragón cruzó más de cien kilómetros, apareciendo justo frente a los Dapeng. Sus garras carmesí, revestidas de rayos, se lanzaron a una velocidad imperceptible, abalanzándose sobre su presa. ¡Crii! Una oleada de aura mortal llenó el aire. El Dapeng, presa de la rabia y el terror, aulló y contraatacó. Sus colosales garras doradas se dispararon hacia adelante, impactando contra el cuerpo del Emperador Dragón. Pero no pasó nada. Ni una sola escama se movió. Incluso cuando su afilado pico, capaz de atravesar el espacio, golpeó el pecho del Emperador Dragón, solo hizo saltar chispas. Ni siquiera dejó una marca. En ese instante, todas las habilidades y leyes del Emperador Dragón se fusionaron. Su poder, defensa, velocidad y dominio sobre el Rayo Destructivo Rojo Oscuro alcanzaron un nivel de terror absoluto. !Roar! El Emperador Dragón ignoró los ataques del Dapeng. Dejó escapar un rugido salvaje mientras sus garras desgarraban el espacio, rompiendo la ley del oro, y se estrellaban contra las alas del Dapeng. El Emperador Dragón dejó escapar un gruñido salvaje y sus músculos se hincharon. Una fuerza insondable brotó de su cuerpo, tan vasta que sacudió los cimientos del universo. En el vacío destrozado, resonó un canto etéreo: “¡Poder... Poder... Poder Supremo!” ¡Crii! El Dapeng dejó escapar un grito penetrante. Bajo las inmensas vibraciones, las escamas de su pecho se fracturaron, su carne se desgarró e incluso sus huesos” más duros que la superaleación” comenzaron a astillarse. La bestia de color rojo oscuro lo estaba destrozando con pura fuerza. En un estado de absoluta locura, el Dapeng desató todo su poder en un acto de desesperación. Un cegador resplandor dorado se concentró en su pico. ¡Boom! A quemarropa, lanzó un aliento dorado directo al cuello del Emperador Dragón. La explosión que siguió inundó los cielos de luz, enviando ondas de energía que se extendieron por el campo de batalla e iluminaron el mundo entero. Pero fue inútil. !Roar! El Emperador Dragón dejó escapar otro rugido atronador, desatando todo su poder. El Dapeng, una Bestia Colosal de más de dos mil metros de largo y cuatro mil metros de envergadura, fue partido por la mitad. Un torrente de sangre dorada, ardiente y afilada como una navaja, brotó como una cascada, transformándose en un brillante resplandor dorado que caía del cielo. ¡Crii! Las dos mitades del cuerpo del Dapeng se retorcían violentamente entre las garras del Emperador Dragón, cuyas afiladas leyes doradas surgían explosivamente e intentaban atravesarlo todo. La mitad que aún sostenía su cabeza y cuello dejó escapar un alarido penetrante y desesperado mientras la luz se concentraba una vez más en su boca, preparándose para lanzar otro ataque de aliento. ¡Boom! Justo cuando el aliento dorado brotó de su pico, las fauces del Emperador Dragón se cerraron de golpe. El rayo dorado explotó entre sus mandíbulas, pero no logró causar el más mínimo daño a la oscura forma rojo del Emperador Dragón. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Los colosales colmillos del Emperador Dragón, envueltos en relámpagos rojos, aplastaron las escamas de la cabeza del Dapeng, desgarraron su carne y luego le atravesaron el cráneo. ¡Crack! Con una mordida devastadora, la cabeza entera del Dapeng fue destrozada y devorada. En ese instante, el aura de la colosal bestia se desvaneció drásticamente. Aun decapitado y partido en dos, el Dapeng no murió. Como bestia titánica de etapa intermedia, la mayor parte de su alma ya se había fusionado con su cuerpo y sus leyes, otorgándole una fuerza vital increíblemente poderosa. ¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! Las garras del Emperador Dragón estallaron en rayos de color rojo oscuro, desatando ondas de luz dorada destructiva mientras desgastaban implacablemente el alma y las leyes del Dapeng. Esta aniquilación duró diez minutos completos. Finalmente, las dos mitades del Dapeng en manos del Emperador Dragón quedaron en silencio, borradas por completo todas las huellas de vida. Aun muerto, su enorme cadáver irradiaba un poder abrumador. Su carne y escamas, como forjadas en oro puro, emitían una presión monumental; su aura, afilada como una navaja, era tan intensa que las bestias colosales comunes verían aplastadas sus almas con solo acercarse. !Roar! Muy por encima de nosotros, la bestia de color rojo oscuro dejó escapar un rugido ensordecedor. Los cielos y la tierra temblaron en respuesta. Muy lejos, el Dragón Colosal Dorado-Azul y otras bestias colosales quedaron completamente impactadas. Demasiado poderosos. !Roar! ¡Ao Tian! ¡Invencible! El Dragón Colosal Plateado, con los ojos brillantes de emoción, temblaba de júbilo. Incluso su cola se agitaba sin control y sus patas se sentían débiles. De repente, desde lo alto de la bestia rojo oscuro, un rugido infantil resonó en el campo de batalla. ¡Eeya! ¡Eeya! ¡El gran Yiyi es invencible! ¡Gobernaremos la Región del Caos! Roa”¡woo! Embargada por la emoción, el Pequeño Dragón Púrpura, intentando imitar el majestuoso rugido de un dragón, aulló en cambio como un husky. En un instante, la atmósfera seria e imponente se hizo añicos por completo.
Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela)

Continúa leyendo

Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela)

Capítulo 661

Siguiente Capítulo ›

Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) Capítulo 660

Estás leyendo el capítulo 660 de Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela), un novela. Sobre el firmamento, un Kun gigante, de miles de metros de largo, sobrevoló la ciudad, ignorando la andanada de misiles. En Australia, una serpiente apocalíptica, de miles de metros de largo, destruyó ciudades y devoró… Este capítulo tiene publicado el 27 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Era Mítica: Mi evolución hacia una bestia celestial (Novela) tiene 764 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.