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Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 83 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El sol se elevó lentamente sobre la capital, bañando las calles con una suave luz dorada e iluminando las interminables hileras de tejados de tejas rojas. La ciudad estaba despertando poco a poco. Algunas tiendas ya estaban abriendo. Los primeros comerciantes y artesanos comenzaban a aparecer en las calles. Y los aromas del pan recién hecho, el aire fresco de la mañana y el humo de los hornos se mezclaron lentamente. Pero dentro de la taberna "Merry Drunkard", las luces no se apagaron en toda la noche, aunque casi no quedaba rastro del bullicioso festín de la noche anterior. La mesa donde había estado sentado el grupo ya había sido despejada por completo y preparada cuidadosamente con vajilla limpia, como si ya estuviera esperando a nuevos invitados. Desde la cocina llegaba el apetitoso chisporroteo de la carne y el rítmico golpeteo de un cuchillo contra la tabla de cortar. La puerta principal de la taberna estaba completamente abierta, dejando que el aire fresco de la mañana entrara a raudales. Y sentado tranquilamente en los escalones de la entrada estaba Kael. Entrecerrando sus ojos color ámbar ante el sol de la mañana, exhaló perezosamente nubes de humo violeta al aire mientras fumaba la pipa de Barnabas. Kael dejó escapar un bostezo soñoliento antes de frotarse los ojos inyectados en sangre, enrojecidos por una noche de insomnio. —Maldito Barnabas... —murmuró con voz ronca—. Me va a explotar la cabeza... Aún entrecerrando los ojos por la luz del sol, Kael dirigió su mirada hacia las puertas cerradas que daban al patio interior de la taberna y dejó escapar un suspiro de leve irritación. “¿Y por qué demonios prometí ayer que aceptaría regalos hoy?” Pero en cuanto pronunció esas palabras, su línea de pensamiento cambió inmediatamente. Tras dar una calada lenta, Kael exhaló con calma una densa nube de humo violeta. “Pero pensándolo bien…”, pensó. “En realidad no me puedo quejar”. El brillo calculador y familiar volvió gradualmente a sus ojos color ámbar. “Cada regalo que recibo ahora es una inversión en la siguiente etapa de mi nueva vida.” Y cuanto más pensaba Kael en el frente, la guerra y el futuro, más claramente se daba cuenta de lo poco tiempo que le quedaba. “No sé cómo estarán las cosas en el frente…”, reflexionó con calma. “Pero tengo que prepararme lo mejor posible”. Deslizándose un poco más abajo por los escalones y apoyándose perezosamente en el escalón superior con un codo, Kael casi se recostó, inclinando la cabeza hacia atrás, hacia el cielo. —Solo un mes… —murmuró con cansancio, mirando al cielo matutino—. Y en ese tiempo tengo que aprobar mis exámenes, prepararme para la guerra… y escribir tratados adecuados para los demás. En su mente ya empezaban a formarse docenas de planes casi automáticamente. Los secretos de la herboristería para Dorian. Técnicas de trabajo con telas para Estelle. Elaboración de planos y métodos de herrería para Gilmesh, Roselle y Lissandra. Recomendaciones para Violet y Girren. Y cuanto más lo analizaba mentalmente Kael, más se daba cuenta de que el mes siguiente probablemente sería el más ajetreado que había experimentado en mucho tiempo. Pero en ese preciso instante, sus pensamientos fueron interrumpidos repentinamente por la voz de Dorian que provenía de la cocina: “¡Oigan! ¡Despierten a las chicas! ¡En media hora más la comida estará lista!” Al oír eso, Kael se enderezó de inmediato, apagó los restos de tabaco humeante de la pipa y se puso de pie con un leve gemido. Mientras tanto, dentro de la taberna, Girren y Gilmesh se despertaron, tras haberse quedado dormidos sentados en sus sillas. Los dos parecían haber sobrevivido no a una noche de copas, sino a una batalla en toda regla. Incluso se pusieron de pie casi al unísono, con expresiones igualmente abatidas, mientras se dirigían automáticamente hacia la escalera que conducía al segundo piso. Al pasar junto a ellos, Kael simplemente soltó una risita y les dio a cada uno una palmada amistosa en la espalda. “Entonces, ¿cómo se encuentran los héroes?” Girren inmediatamente hizo una mueca de dolor. “Es como si... alguien se hubiera pasado toda la noche golpeándome la cabeza con un martillo...” A su lado, Gilmesh dejó escapar una risa ronca. —A mí me pasa lo mismo... —gimió, frotándose la cara con una mano—. Solo que creo que a mí me golpearon con un mazo... “Las últimas tinturas de Bernabé fueron una de más”, comentó Kael con un toque de diversión. En ese momento, Gilmesh dirigió una mirada sombría hacia las escaleras que conducían al sótano. “El anciano definitivamente no es humano.” —Es humano —replicó Girren—. Solo es un maldito borracho. En el instante en que se pronunciaron esas palabras, la voz ronca y complacida de Barnabas resonó inmediatamente desde el sótano: "¡Lo oí, mocosos!" Los tres rieron en voz baja casi al mismo tiempo antes de comenzar a subir las escaleras hacia el segundo piso. Mientras ascendían juntos, Kael sonrió un poco torcida, con una sola pregunta rondando por su mente. “Me pregunto... ¿qué va a pasar?” Kael recordó inmediatamente la noche anterior: el beso de Violet y sus palabras sobre el juramento. Al observar a Girren y Gilmesh, que caminaban a su lado con paso pesado y aún adormilados, Kael entrecerró los ojos pensativo. «Podría pedirle a alguno de ellos que despierte a Violet...», pensó. «Pero si realmente recuerda lo que pasó anoche, eso solo hará que las cosas sean aún más incómodas». Por un breve instante, imaginó a Violet negándose a salir de su habitación o a bajar las escaleras. La imagen le hizo soltar una risita disimulada. —No… —suspiró para sí mismo—. Es mejor hablar de todo bien desde el principio y no dejar ningún malentendido incómodo entre nosotros. Con ese pensamiento, finalmente llegaron al segundo piso. Casi de inmediato, Girren y Gilmesh se separaron y se dirigieron a sus respectivas habitaciones. El propio Kael se detuvo frente a la puerta de Violet, permaneciendo allí en silencio durante varios segundos. Luego respiró hondo, puso su habitual sonrisa tranquila y finalmente llamó a la puerta. “Violet, ¿estás despierta?” No se oía ningún sonido desde el interior. Kael esperó unos segundos antes de volver a llamar a la puerta, esta vez un poco más fuerte. —¿Violet? —llamó con una leve sonrisa—. Voy a entrar. Sin esperar respuesta, empujó lentamente la puerta para abrirla. La puerta crujió suavemente cuando Kael miró con cautela hacia adentro. Violet seguía dormida. De alguna manera, se había enredado en su vestido lila y su manta, tendida en diagonal sobre la cama en completo desorden, como si hubiera pasado toda la noche dando vueltas en la cama. Uso no autorizado: este relato se encuentra en Amazon sin el consentimiento del autor. Si lo encuentra, por favor, infórmenos. Su cabello violeta yacía enmarañado sobre la almohada, y se veía tan pacífica e indefensa que Kael no pudo evitar esbozar una leve sonrisa. —Buenos días, Violet —dijo con calma sin cruzar el umbral—. La comida ya casi está lista, así que es hora de despertar. En el instante en que se pronunciaron esas palabras, los párpados de Violet temblaron levemente. Unos segundos después, sus ojos violetas y soñolientos comenzaron a abrirse lentamente. Durante varios instantes, Violet parpadeó somnolienta, como si su mente apenas comenzara a volver a la realidad. Entonces su mirada vagó perezosamente por la habitación, deteniéndose en los libros esparcidos, la ventana y su escritorio antes de bajar lentamente hacia su ropa al darse cuenta de que se había quedado dormida todavía vestida. Solo entonces sus ojos se posaron en Kael. Entrecerrando los ojos por la luz y frunciendo el ceño con sueño, Violet murmuró: "Kael... ¿Cómo terminé en mi cama?". En el instante en que esas palabras salieron de sus labios, Kael sintió una sutil oleada de alivio. “Ella no recuerda…”, pensó, sintiendo cómo la tensión disminuía ligeramente. Su habitual leve sonrisa reapareció de inmediato. —Anoche, tú y las chicas os desmayasteis en la mesa —respondió con calma—. Así que tuvimos que llevaros a todas de vuelta a vuestras habitaciones. Luego, con una sonrisa cansada y divertida, añadió: "Y después de eso, el maldito Bernabé nos mantuvo bebiendo hasta la mañana". Violet giró lentamente la cabeza hacia la ventana, dándose cuenta de que la luz dorada del sol ya inundaba la habitación. —¿Ya es de mañana? —murmuró adormilada. Se frotó un pie contra el otro debajo de la manta como si intentara despertarse del todo, y luego volvió a mirar a Kael. —Voy a arreglarme y bajar —dijo Violet en voz baja—. Gracias por despertarme. Kael simplemente asintió. “No tardes demasiado. Si no, Gilmesh se comerá la mitad de la comida antes que los demás.” Al oír esas palabras, una leve sonrisa soñolienta apareció finalmente en los labios de Violet. Dicho esto, Kael volvió al pasillo y la puerta se cerró silenciosamente tras él, dejando a Violet sola en su habitación. Inmediatamente, la habitación se quedó en silencio. Violet permaneció inmóvil en la cama, mirando hacia la puerta y escuchando cómo los pasos de Kael se alejaban gradualmente por el pasillo. Solo cuando aquellos pasos casi se habían desvanecido, su expresión soñolienta cambió repentinamente con sorprendente rapidez. Sus ojos violetas se abrieron de par en par. Sus orejas y mejillas se tiñeron casi instantáneamente de un intenso rubor, mientras sus labios temblaban antes de apretarlos con fuerza. Entonces fue como si algo explotara dentro de su mente. “N-no…” chilló casi inaudiblemente. Al instante siguiente, se retorció bruscamente en la cama, hundiendo la cabeza en la almohada, y chilló entre dientes apretados: "¡No, no, no!". Mientras pataleaba salvajemente contra la cama y hundía aún más la cara en la almohada, Violet sintió que el pánico y la vergüenza la invadían al mismo tiempo. Porque, a diferencia de lo que Kael creía, Violet recordaba absolutamente todo: el beso, sus propias palabras, su juramento y cómo ella misma lo había acercado más a sí. En el momento en que esos recuerdos resurgieron, sus propias palabras de la noche anterior resonaron en su mente: "¿Prométeme que volverás a mí...?" En el instante siguiente, su imaginación pareció reproducir lo que sucedió después. Casi podía sentir físicamente el cálido aliento de Kael cerca de su oído mientras su voz baja y tranquila resonaba en su mente una vez más: "Lo prometo..." Un escalofrío recorrió instantáneamente todo el cuerpo de Violet. “Aah…” gimió contra la almohada. Entonces saltó de la cama tan rápido que fue como si la hubieran escaldado con agua hirviendo. En ese momento, sintió que lo único que deseaba era hundirse en la tierra y desaparecer del mundo para siempre. Cubriéndose el rostro ardiente con ambas manos, Violet dejó escapar otro chillido ahogado entre las palmas antes de comenzar a caminar nerviosamente en círculos por la habitación. “¿Qué se supone que debo hacer...?” murmuró incoherentemente. “¿Qué se supone que debo hacer ahora...?” Fragmentos de la noche anterior seguían aflorando sin cesar en su mente. Cuanto más intentaba Violet dejar de pensar en ello, peor se ponía. —¿Cómo voy a poder mirarlo a la cara otra vez? —preguntó casi gimiendo, cubriéndose el rostro con las manos una vez más. Los recuerdos de cuando lo abrazó por el cuello y de cómo sus labios se unieron en un beso no dejaban de pasar por su mente, haciendo que su corazón latiera cada vez más rápido mientras su pánico no hacía más que aumentar. En un momento dado, Violet incluso empezó a sentir que le costaba respirar. “¿Qué tengo que...? ¿Qué se supone que debo hacer...?” murmuró nerviosamente, mientras seguía paseándose de un lado a otro de la habitación. Entonces, de repente, se detuvo bruscamente. El comportamiento de Kael, ocurrido apenas unos minutos antes, afloró repentinamente en su mente. Su mirada había sido serena y su sonrisa había parecido perfectamente normal. No había ni el más mínimo indicio de que estuviera intentando avergonzarla o sacar a relucir lo que había sucedido la noche anterior. En el instante en que Violet se aferró a ese pensamiento, la esperanza surgió en su interior. —Espera… —murmuró rápidamente, levantando la cabeza—. Kael siempre me está tomando el pelo… Enseguida recordó con qué facilidad y sin piedad solía aprovechar cualquier oportunidad para avergonzarla. “Seguro que no habría perdido la oportunidad de burlarse de mí por lo de anoche...” Durante varios segundos, Violet se quedó mirando fijamente al vacío. Entonces sus ojos se abrieron ligeramente. —Y además… —murmuró, con mucha más seguridad ahora—. Kael bebió mucho más que yo ayer… Fue como si le hubieran lanzado un salvavidas. “Lo más probable es que... ¡no recuerde absolutamente nada!” Y aunque, en el fondo, Violet sabía que probablemente solo se estaba convenciendo a sí misma de lo que desesperadamente quería creer, en ese momento se aferró a esa explicación con todas sus fuerzas. Porque sin ello, ni siquiera podía imaginar cómo iba a bajar tranquilamente las escaleras y mirar a Kael a los ojos. Tras respirar hondo, Violet apretó los puños con fuerza antes de asentir con firmeza varias veces. Entonces se golpeó ambas mejillas con las palmas de las manos, tratando de recomponerse. —Si actúo como siempre, ¡todo saldrá bien! —declaró con seguridad—. ¡Ni siquiera se dará cuenta de que ha pasado nada! Aunque su corazón seguía latiendo con fuerza, Violet se aferró desesperadamente a ese pensamiento reconfortante. Tras respirar hondo varias veces, enderezó la espalda y forzó la sonrisa más natural que pudo. —Todo está bien, Violet... —murmuró para sí misma—. Lo más importante es que no te preocupes. Pero en el instante en que pronunció esas palabras, el beso de la noche anterior volvió a aflorar en su memoria. Su rostro comenzó a ponerse rojo de nuevo al instante. “¡No! ¡Ni se te ocurra pensar en eso!” Violet entró en pánico de inmediato, sacudiendo la cabeza enérgicamente. Acto seguido, se apresuró casi corriendo hacia el armario y agarró rápidamente una toalla limpia. —Necesito limpiarme lo más rápido posible… —murmuró nerviosamente entre dientes—. Si no, Kael pensará que estoy actuando raro. Y con esas palabras, Violet prácticamente salió disparada de la habitación, como si intentara escapar no tanto al baño como de sus propios pensamientos. ✦ ✦ ✦ Para entonces, Kael ya había regresado al porche de la taberna. Bajando de nuevo al escalón, se estiró perezosamente antes de esbozar una leve sonrisa. —Eso fue casi decepcionante… —murmuró en voz baja—. Esperaba una reacción mucho más fuerte. Durante varios segundos, Kael se limitó a observar cómo la calle, más allá de las puertas, cobraba vida gradualmente antes de alzar lentamente la mirada hacia el cielo. “Por otro lado… si realmente no recuerda nada…”, reflexionó. “Quizás sea lo mejor ahora mismo”. La familiar calma y el cálculo volvieron gradualmente a sus ojos color ámbar. “Me espera un capítulo completamente nuevo en mi segunda vida…”, pensó Kael. “Y si Violet y yo nos acercáramos aún más ahora, ella solo se preocuparía más por mí”. Kael comprendía perfectamente que su futuro inmediato difícilmente sería pacífico. Aun con todos sus conocimientos y experiencia, nadie podía garantizar que todo saldría bien. Pero cuanto más divagaban sus pensamientos, más aguda se volvía su mirada. Entonces, en un momento dado, sonrió con una tranquila seguridad, como si le hablara directamente a Violet en su mente. “Espera a que me haga más fuerte... y un poco mayor, Violet. Cuando regrese de la guerra siendo un hombre hecho y derecho, retomaremos donde lo dejamos...” Mientras observaba cómo las nubes se desplazaban lentamente por el cielo sobre la Capital, Kael recordó una vez más la voz de la Sombra del Trono y sus palabras sobre la fuerza, el camino a seguir y el futuro. Una leve sonrisa apareció en los labios de Kael. “Bueno, entonces… Parece que el próximo capítulo de mi segunda vida va a ser mucho menos pacífico.” Pero al abandonar esas palabras, el familiar brillo depredador volvió a aparecer gradualmente en sus ojos color ámbar. Y no era solo emoción. En lo más profundo de su ser, otro sentimiento comenzó a aflorar lentamente: una fría sed de poder y venganza. «La Sombra del Trono tenía razón…», pensó. «Un verdadero campo de batalla es el mejor lugar para hacerse más fuerte». Al recordar innumerables estudios y textos sobre el desarrollo de los magos, Kael encontró cada vez más significado en las palabras de la Sombra del Trono. En tiempos de paz, los magos se fortalecían lenta y cautelosamente. Pero en situaciones de vida o muerte, el alma se veía obligada a operar al límite de su potencial, y su poder crecía mucho más rápidamente. «Cuando alguien camina constantemente al borde de la vida y la muerte, su alma no tiene más remedio que funcionar al límite...», reflexionó Kael con calma. «Por eso los verdaderos monstruos siempre nacen en tiempos de guerra y agitación». Con ese pensamiento, Kael giró ligeramente la cabeza hacia la entrada de la taberna. En ese momento, las chicas aparecieron en lo alto de la escalera. Roselle murmuraba con irritación, aún sujetándose la cabeza tras la borrachera de la noche anterior. Lissandra y Estelle se apoyaban somnolientas en la barandilla, mientras que, un poco más atrás, Violet bajaba lentamente las escaleras, intentando una vez más aparentar la calma de siempre. En el instante en que Kael los vio, una leve sonrisa apareció naturalmente en sus labios. No hace mucho, Kael había pensado que esta vida tranquila duraría para siempre. Las conversaciones sencillas, la animada taberna, las interminables bromas de sus amigos y los días cotidianos de la vida humana: todo aquello le había parecido antes tan tranquilo y acogedor. Realmente se había encariñado con este lugar, con esta nueva vida y con la gente que ahora bajaba lentamente las escaleras detrás de él. Pero ahora, sentado en las escaleras del «Borracho Alegre», sintiendo la fresca brisa matutina y escuchando el despertar de la capital, Kael comprendió de repente una simple verdad con total claridad: «Buscar caminos más fáciles es sabio. Pero evitar todas las dificultades no lo es. Me han dado una segunda oportunidad y no puedo permitirme el lujo de desperdiciarla». Y cuanto más pensaba Kael en ello, más afloraba en sus ojos color ámbar el familiar brillo calculador. —Dentro de un mes... —murmuró en voz baja, observando cómo el viento arrastraba lentamente las nubes por el cielo sobre la Capital—. En un mes estaré en un verdadero campo de batalla... Por un breve instante, cerró los ojos. Entonces apareció en sus labios una sonrisa peculiar, una que mezclaba cansancio, sarcasmo y una expectación totalmente genuina. “No puedo esperar...” [Título:] V3. Capítulo 1 — Salida El cálido sol se acercaba lentamente a su cenit, bañando la capital con una suave luz diurna. Los tejados rojos se extendían en todas direcciones, contrastando con la abundante vegetación. Los árboles que bordeaban las calles ya habían brotado con hojas jóvenes y frescas, y muchos de ellos florecían con flores blancas, rosas y amarillas. El aire se había vuelto notablemente más cálido durante el último mes, y los residentes de la capital estaban cambiando gradualmente a ropa más ligera. Esto se notaba especialmente en los alrededores de la Academia Imperial. En los últimos días, los estudiantes habían optado por llevar sus chaquetas sobre los brazos y andar en mangas de camisa. Muchas chicas también habían cambiado sus pantalones por faldas más ligeras, aprovechando el clima cálido. Sin embargo, hoy ocurría algo inusual a las afueras de la entrada principal de la Academia. Al parecer, los estudiantes no tenían intención de abandonar el recinto. Varios cientos de estudiantes se habían congregado en la plaza frente a las puertas abiertas de la Academia, esperando claramente a alguien. Algunos permanecían en pequeños grupos, otros descansaban en el césped y los bancos, mientras las conversaciones y discusiones resonaban constantemente entre la multitud. “¿Crees que lo conseguirá?” La chica que estaba a su lado frunció el ceño de inmediato, como si acabara de oír algo ridículo. “¡Por supuesto que sí! ¡El mismísimo general Salazar lo invitó a unirse al Ejército de la Serpiente Escarlata!” El joven que estaba a su lado hizo una leve mueca. “No lo sé... Puede que sea fuerte, pero dominar un oficio requiere un enfoque completamente diferente.” Debates similares resonaron en toda la plaza. Algunos comentaban los logros de Kael, otros recordaban sus éxitos en la Academia, mientras que otros discutían acaloradamente sobre cuál de las tres especializaciones le resultaría más difícil. Cuanto más se prolongaba la espera, más conversaciones surgían. Sin embargo, entre aquella ruidosa multitud se encontraba un grupo de siete jóvenes magos que apenas participaron en las discusiones. Permanecían un poco apartados, vigilando con ansiedad las puertas de la Academia, como si no esperaran a algún estudiante famoso, sino a alguien mucho más importante. Eran amigos de Kael. Girren permanecía de pie con los brazos cruzados sobre el pecho, sin apartar la vista de la entrada de la Academia. Su rostro seguía serio, y solo el leve ceño fruncido delataba su tensión. Estelle estaba a su lado. Acariciándole suavemente la espalda, le dijo con una leve sonrisa: «Te preocupas demasiado». La expresión de Girren se suavizó al mirarla, y respondió en voz baja: "Kael es mi hermano. No puedo evitarlo". Al oír eso, la sonrisa de Estelle se ensanchó un poco. —Después de lo que Kael me dio... —dijo con significado—. Empiezo a pensar que para él no hay nada imposible. Mientras hablaba, la niña se frotó inconscientemente el anillo espacial. Para un observador externo, el gesto parecía de lo más normal, pero Estelle sabía muy bien que dentro del anillo se escondía algo capaz de cambiar el rumbo de toda su vida. Y cada vez que pensaba en ello, la invadía una mezcla de emoción e incredulidad. A poca distancia se encontraban Roselle y Lissandra. Las chicas iban cogidas de la mano, animándose mutuamente sin darse cuenta. Ambas intentaban parecer tranquilas, pero de vez en cuando también miraban hacia la entrada de la Academia. Justo detrás de ellos se encontraba Gilmesh, de baja estatura pero de complexión robusta. El hombre corpulento lucía su habitual sonrisa amplia, como si nada de esto le preocupara lo más mínimo. Al percatarse de ello, Dorian le lanzó una mirada de reojo y dijo: "¿Por qué estás tan contento? No importa cómo le vaya a Kael, se marcha hoy mismo". La sonrisa de Gilmesh se suavizó un poco por un instante, aunque nunca desapareció por completo. Antes de que pudiera responder, Roselle se giró hacia Dorian y dijo con una leve sonrisa: «Siempre eres tan distante, Dorian. Nunca pensé que te encariñarías tanto con Kael». Ante esas palabras, Dorian entrecerró ligeramente los ojos. “No tengo ningún vínculo afectivo.” —Por supuesto, por supuesto —intervino Roselle de inmediato, apenas conteniendo una sonrisa. Dorian desvió la mirada en silencio, claramente sin intención de continuar la conversación. A pesar del tono juguetón, el ánimo de Roselle se fue desvaneciendo poco a poco. Volviendo la mirada al frente, apretó los labios inconscientemente. Lissandra, que estaba a su lado, no tenía mejor aspecto. La chica apretó con más fuerza la mano de su amiga, intentando no mostrar sus emociones, pero la ansiedad seguía siendo evidente en sus ojos. Después de todo, Dorian tenía razón: independientemente del resultado de los exámenes de hoy, Kael abandonaría la Capital en las próximas horas. Pero Violeta era la que peor aspecto tenía de todas. Se mantuvo un poco adelantada respecto a los demás, como si ni siquiera se hubiera dado cuenta de que se acercaba más a la entrada de la Academia que nadie. Apretaba repetidamente los dedos contra la tela de su blusa clara, mientras su mirada permanecía fija en las puertas del edificio principal. Parecía tan ansiosa que simplemente no podía tranquilizarse. Era como si todo el último mes se reflejara en sus ojos violetas. Desde el mismo día en que Kael fue aceptado en el Ejército de la Serpiente Escarlata, su vida se convirtió en un ciclo interminable de entrenamiento y preparación. Casi todos los días salía temprano por la mañana y no regresaba hasta bien entrada la noche. Los archimagos parecían haberse confabulado para controlar cada instante de su tiempo. Un día Kael entrenaba con Al-Hakim, al siguiente con Guro, y luego la archimaga Bontia se lo llevaba para su propio entrenamiento. Ese ritmo se mantuvo durante casi un mes, y a veces Violet sentía que Kael había olvidado por completo lo que era el descanso normal. Sin embargo, incluso con semejante agenda, aún encontraba tiempo para ellos. Casi todas las noches se reunían alrededor de la misma mesa en la taberna. Cenaban, comentaban los acontecimientos del día, discutían, se reían de las últimas payasadas de Gilmesh y, a veces, incluso organizaban pequeñas reuniones para beber juntos. A lo largo de ese mes, veladas como esas se habían vuelto tan habituales que nadie pensaba ya en ellas. Y cuanto más se acercaba la partida de Kael, más claramente se daba cuenta Violet de cuánto iba a echar de menos aquellas noches ordinarias. Ya no estaría Kael, desplomado en su silla tras otro día agotador. Ya no estarían sus interminables ideas, planes y conversaciones, con las que siempre conseguía involucrar a todos. Incluso los chistes de siempre, que a veces la habían hecho poner los ojos en blanco, ahora los recordaba con un cariño inesperado. Entonces también afloraron otros recuerdos. En más de una ocasión durante el último mes, Violet se había despertado en mitad de la noche y, al notar la luz debajo de la puerta del dormitorio de Kael, no pudo resistir la curiosidad. Siempre era lo mismo. Kael estaría sentado en un escritorio sepultado bajo papeles, libros y borradores, escribiendo sin cesar. Cada vez que ella le preguntaba por qué seguía despierto, su respuesta era más o menos la misma: «Tendré mucho tiempo para dormir después. Necesito preparar algunos libros y tratados para todos ustedes». Y tras decir eso, simplemente volvía a su trabajo, como si no hubiera nada inusual en ello. En noches como esas, Violet solía sentarse en el borde de su cama y observarlo en silencio. A veces hablaban de cosas triviales, a veces permanecían sentados en silencio durante largos ratos, y a veces Kael se absorbía tanto en su trabajo que apenas se daba cuenta del mundo que lo rodeaba. Sin embargo, por alguna razón, fueron esas tranquilas horas nocturnas las que permanecieron más vívidamente en su memoria. Al recordarlos ahora, Violet sintió un leve aleteo en el pecho. “Quizás... debería haberle contado a Kael lo de aquella noche después de todo.” Al pensar en ello, la chica inconscientemente se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo su corazón volvía a acelerarse. “Maldita sea… ¿Por qué soy tan cobarde?” Bajó la mirada solo un instante antes de volver a dirigirla hacia la entrada de la Academia. “Se va, y ni siquiera sé cómo decirle adiós...” Violet apretó los labios muy levemente. “¿Cuándo volveremos a vernos?” Pero en ese instante, los pensamientos de Violet fueron interrumpidos repentinamente por un rugido que recorrió la plaza. “¡Él viene! ¡Él viene!” El grito provino de los estudiantes reunidos en el lado izquierdo de la plaza. Gracias a un mejor ángulo de visión, fueron los primeros en percatarse del movimiento en uno de los pasillos laterales de la Academia. Una oleada de entusiasmo recorrió inmediatamente la multitud. Las conversaciones se apagaron de inmediato, reemplazadas por un murmullo de excitación mientras cientos de ojos se volvían en la misma dirección. El corazón de Violet dio un vuelco. A su lado, Girren, Estelle, Roselle, Lissandra y los demás guardaron silencio. Incluso Gilmesh dejó de sonreír y miró al frente con tensa expectación. Todos llevaban días esperando la respuesta a la pregunta que los había atormentado. “¿Había aprobado Kael los exámenes? Y, de ser así, ¿para cuántas especializaciones se había cualificado?” Al instante siguiente, una figura familiar apareció a la vuelta de la esquina del edificio de la Academia. Un joven alto, de cabello gris ceniza recogido cuidadosamente en la nuca, se detuvo con calma en la entrada de la Academia. Algunos mechones sueltos se habían escapado de su flequillo y se mecían suavemente con la brisa. Vestía un uniforme militar negro formal. Confeccionada a medida, resaltaba sus anchos hombros y su físico esbelto. Bordado en el pecho lucía un dragón rojo, y debajo, la inscripción: «Ejército de la Serpiente Escarlata». Durante varios segundos, la multitud pareció guardar silencio mientras observaba al joven. Para muchos de ellos, era la primera vez que veían a Kael con uniforme militar. Y había que admitirlo: el uniforme le sentaba sorprendentemente bien. El uniforme parecía añadirle varios años, haciéndolo parecer más un joven que un chico de dieciséis años. Incluso su habitual porte relajado parecía diferente ahora, dándole un aire de tranquila seguridad. Entonces, cuando los estudiantes se recuperaron de la sorpresa, la plaza prácticamente estalló en gritos. “¿Lo hiciste tú, Kael?!” “¡Todos te estábamos esperando!” “¿Cuántas especializaciones?!” “¡Muéstranos los resultados!” El rugido de cientos de voces resonó en la plaza, lo que provocó que algunos estudiantes se pusieran de puntillas para intentar verlo mejor. Sin embargo, Kael parecía no percatarse en absoluto de los gritos. De pie, con serenidad, cerca de la entrada de la Academia, recorrió lentamente con la mirada a la multitud. Sus ojos color ámbar se desviaron por los rostros de los estudiantes, como si buscara a alguien en particular entre los cientos allí reunidos. Unos segundos después, su mirada se posó en otro lugar. Una amplia sonrisa se dibujó inmediatamente en el rostro de Kael. Levantando la mano, exclamó: “¡Aquí están, chicos!” Violet se sorprendió a sí misma sonriendo en respuesta. Al ver esa sonrisa familiar y segura de sí misma, sintió cómo la tensión de los últimos minutos comenzaba a desvanecerse. —Esa sonrisa segura de sí misma... —murmuró la chica casi inaudiblemente—. Sin duda, lo hizo... Como si presintiera el cambio en su estado de ánimo, Roselle también dejó escapar un suspiro de alivio, mientras que Girren finalmente dejó de fruncir el ceño. Sin embargo, la multitud que los rodeaba llegó a una conclusión completamente diferente. En el momento en que vieron sonreír a Kael, los estudiantes estallaron en gritos aún más fuertes. “¡Sin duda aprobó!” “¡Muéstranoslo ya!” ¡Dejen de torturarnos! "¡¿Cuántos?!" El alboroto se volvió tan ensordecedor que incluso Dorian se estremeció. Frotándose el puente de la nariz, alzó la voz y gritó: «¡Kael, enséñales de una vez! ¡Este escándalo me está dando dolor de cabeza!». En cuanto pronunció esas palabras, Kael simplemente dejó escapar un suspiro de cansancio. “De todas formas, no me van a dejar en paz...” Con ese pensamiento en mente, Kael simplemente giró sobre un pie y dio una vuelta brusca, dando la espalda a la multitud. La plaza quedó en silencio al instante. Cientos de estudiantes se inclinaron hacia adelante al mismo tiempo, estirando el cuello para intentar distinguir los detalles de su uniforme. Incluso los que estaban en las últimas filas comenzaron a abrirse paso entre sus compañeros, deseosos de no perderse el momento. Entonces todos vieron tres dragones más bordados en su espalda, cada uno con una línea de caracteres debajo. Debajo de la primera figura se leía: “Gremio de Académicos”. Debajo del segundo: “Gremio de Alquimistas”. Debajo del tercero: “Gremio de Inscriptores”. Durante varios instantes, un silencio casi absoluto reinó en la plaza. Muchos parecían incrédulos ante lo que veían, leyendo las inscripciones una y otra vez, intentando convencerse de que no se las estaban imaginando. Entonces la multitud prácticamente estalló. “¡No puede ser! ¡De verdad lo hizo!” “¿Los tres?!” “¡Esto es una locura!” “¿Cómo puede alguien prepararse para tres exámenes al mismo tiempo en tan poco tiempo?” Se armó tal revuelo en la plaza que incluso algunos instructores comenzaron a asomarse con curiosidad por las ventanas y puertas de los edificios de la Academia. Algunos estudiantes miraban a Kael con admiración, otros con incredulidad, mientras que otros tenían expresiones como si acabaran de perder una apuesta. Sin embargo, el responsable de todo el alboroto parecía completamente indiferente a la reacción que había provocado. Simplemente se volvió hacia la multitud y se rascó la nuca con cansancio. Podrías estar leyendo contenido robado. Visita el sitio original para leer la historia auténtica. Parecía que en cualquier momento la multitud se abalanzaría hacia adelante, bombardeando a Kael con preguntas. Algunos estudiantes ya habían comenzado a abrirse paso entre las primeras filas, con la clara intención de ser los primeros en conocer los detalles de los exámenes. Justo en ese momento, tres figuras más emergieron del mismo rincón donde Kael había aparecido momentos antes. En el instante en que los jóvenes magos los reconocieron, el ruido desapareció. Los estudiantes se apartaron apresuradamente, y muchos incluso bajaron la cabeza en señal de respeto. Detrás de Kael se encontraban los tres archimagos. Al frente iba Al-Hakim, calvo y de piel oscura, con sus túnicas ondeantes, que parecía divertirse genuinamente con todo lo que sucedía a su alrededor. Un poco más atrás caminaba el anciano ciego Guro, golpeando rítmicamente su bastón contra el camino de piedra. Junto a él marchaba Bontia, con docenas de largas agujas de inscripción brillando entre su espesa cabellera. Incluso en la Academia Imperial, la sola presencia de figuras como estas bastaba para inspirar respeto, y nadie se atrevía a perturbar el orden que las rodeaba. Al ponerse a la altura de Kael, Guro se detuvo inesperadamente y le dio al joven una palmada en la espalda con mucha energía. —En todos mis años, nunca he visto a nadie aprender tan rápido —dijo el anciano, meneando la cabeza—. Qué lástima que no te quedes en la capital. Un estudiante como tú es un verdadero tesoro. Otra oleada de murmullos recorrió inmediatamente la multitud. Muchos estudiantes intercambiaron miradas atónitas, claramente sin esperar jamás escuchar tales elogios de un archimago. Sin embargo, antes de que Guro pudiera decir algo más, Bontia también le dio una palmada en la espalda a Kael con una sonrisa pícara. “En realidad, es mi alumno.” —¿Tuyo? —Guro resopló—. Si no recuerdo mal, pasó la mayor parte del mes conmigo. “Eso se debe a que a ciertos ancianos les gusta demasiado robarles los alumnos a los demás.” —¿Robar? —protestó Guro—. Simplemente le ayudé a darse cuenta de su potencial. “Por supuesto que sí.” Mientras observaba su conversación, Kael simplemente cerró los ojos con resignación, como si se hubiera acostumbrado a ese tipo de diálogos durante el último mes. Sin embargo, la multitud a su alrededor parecía cada vez más estupefacta. En ese momento, Al-Hakim habló, con una leve sonrisa que no abandonaba su rostro. “Vamos, Kael. No deberíamos hacer esperar al general Salazar.” En el momento en que se pronunciaron esas palabras, Guro y Bontia pusieron fin de inmediato a sus bromas y discusiones. Los tres archimagos siguieron su camino con calma. Los estudiantes se apartaron rápidamente aún más, abriéndoles paso. La multitud se abrió, formando un amplio corredor que conducía directamente hacia las puertas de la Academia. Solo entonces mucha gente se percató de que dos grandes carruajes cerrados, con el escudo del Palacio Imperial, ya esperaban junto a las puertas. Kael simplemente se volvió hacia sus amigos y dijo: "Vamos, chicos". Al principio, ninguno de ellos se movió. Después de todo, seguir a los archimagos entre una multitud de varios cientos de estudiantes resultaba un poco incómodo. Un instante después, sin embargo, Girren dio un paso al frente, y los demás lo siguieron. En el momento en que llegó junto a él, Violet inmediatamente tomó la mano de Kael. “Felicidades, Kael. Hiciste un gran trabajo.” Una sonrisa sincera apareció en su rostro, una que ni siquiera intentó ocultar. —Gracias —respondió Kael cordialmente. Sin embargo, las felicitaciones no terminaron ahí. Los demás también se reunieron rápidamente a su alrededor. —Te dije que lo lograrías —dijo Girren con una sonrisa de satisfacción, dándole una palmada en el hombro a su amigo. “Las tres especializaciones... ¡Es una locura!”, dijo Estelle, sacudiendo la cabeza. Incluso Dorian, que solía ser poco dado a los elogios, asintió levemente. "Trabajo bueno." A pesar de su brevedad, viniendo de él, sonaba casi como un discurso completo. Rodeado de sus amigos y de un flujo interminable de felicitaciones, Kael continuó caminando detrás de los archimagos, mientras toda la plaza seguía bullendo al ver cómo todos observaban al estudiante del que más se hablaba en la Academia Imperial. A pesar de las emociones que los embargaban, los amigos de Kael intentaron controlarse. Al menos mientras permanecieron en presencia de los archimagos. Incluso el normalmente bullicioso Gilmesh se limitó a esbozar una amplia sonrisa, mientras que Roselle y Lissandra no dejaban de mirar a Kael de reojo, como si temieran perderse ni un solo instante con él. Y así continuaron hasta que llegaron a las puertas de la Academia. Allí, Al-Hakim, Guro y Bontia subieron al primer vagón sin decir palabra, mientras que Kael y sus amigos subieron al segundo. En el instante en que se cerró la puerta del vagón, aislándolos del mundo exterior, todo rastro de autocontrol desapareció al instante. “¡Ja, ja, ja!” Gilmesh fue el primero en soltar una carcajada. “¿Viste las caras de esos idiotas que apostaron a que Kael fracasaría?!” El hombre corpulento incluso se dio una palmada en la rodilla antes de volver a reírse a carcajadas. “¡Sobre todo ese calvo lacayo de Valkeris! ¡Parecía que iba a sufrir un derrame cerebral!” “Y hace apenas una semana les decía a todos que Kael definitivamente suspendería el examen del Gremio de Inscriptores”, añadió Estelle, sin poder reprimir una sonrisa. —Va a tener que evitar ciertas conversaciones durante mucho tiempo —comentó Dorian con ironía. Kael simplemente negó con la cabeza. “Todos sois muy amables.” Sin embargo, no todos compartían la diversión de Gilmesh. Roselle y Lissandra, sentadas frente a él, tenían un aspecto completamente diferente. Las chicas permanecieron en silencio durante varios segundos antes de que Roselle bajara repentinamente la mirada y preguntara en voz baja: "Kael... ¿De verdad tienes que irte?". Lissandra, sentada a su lado, asintió de inmediato. “Tal vez… ¿no hay alguna manera de bajarle el volumen?” Había tanta esperanza genuina en su voz que el carruaje quedó en silencio por un instante. Al parecer, las tres especializaciones de Kael, su éxito y la admiración de los demás estudiantes ya no les importaban. Todo aquello palidecía ante la idea de que Kael iba a ser enviado a la guerra. Violet, al parecer, compartía esos sentimientos por completo. Ella había estado sujetando la mano de Kael todo el tiempo, y después de que Lissandra habló, inconscientemente apretó un poco más su agarre sobre la mano de él. —¿No puedes quedarte un ratito más? —preguntó la niña en voz baja. Kael la miró y le sonrió cálidamente. “Lamentablemente, ya lo he pospuesto todo el tiempo que me lo han permitido.” Tras soltar un suspiro algo profundo, continuó: «El Emperador regresó ayer, así que el general Salazar por fin vuelve al frente. Y como ahora formo parte oficialmente del Ejército de la Serpiente Escarlata, tengo que irme con él». La expresión de Violet se ensombreció ligeramente y todos guardaron silencio. En el fondo, Violet comprendía lo ingenua que había sonado su pregunta. Simplemente, una parte de ella aún albergaba la esperanza de que algo pudiera cambiar en el último momento. Afortunadamente, Girren rompió el prolongado silencio. —No presionen a Kael —dijo, recorriendo con la mirada a las chicas—. Se ha pasado los últimos días sin hacer nada más que escucharnos hablar de lo mucho que lo vamos a extrañar. —Porque es verdad —murmuró Roselle. —Así es —aceptó Lissandra de inmediato. Girren simplemente puso los ojos en blanco, demostrando claramente que no tenía intención de discutir. Mientras tanto, Estelle sonrió amablemente y, tratando de aligerar el ambiente, desvió la conversación hacia otro tema. “Por cierto, dicen que el general Salazar tiene un dragón. ¿De verdad vas a montarlo?” La pregunta hizo reír a Kael. “Eso espero. Montar en un dragón suena mucho más interesante que pasar varias semanas dando tumbos en un carruaje.” Eso hizo sonreír también a los demás, que intentaban que su despedida no se volviera demasiado sombría o triste. “Algún día me gustaría domar a una bestia así... Un dragón entero...” murmuró Gilmesh soñadoramente. Kael simplemente cerró los ojos por un instante. “No es un dragón de verdad... Es una Serpiente Escarlata que recibió parte del Linaje Imperial, transformando su cuerpo.” Sin embargo, no tenía intención de destrozar las ilusiones de nadie, así que Kael optó diplomáticamente por guardar silencio... ✦ ✦ ✦ Mientras tanto, cuando los dos carruajes se alejaron de los terrenos de la Academia y se dirigieron hacia el Palacio Imperial, la plaza seguía repleta de estudiantes. Entre la multitud se encontraban los jóvenes de Lasthold. Observaban el carruaje de Kael con una admiración apenas disimulada, e incluso con cierta gratitud. “¿Quién iba a pensar que alguien así vendría de nuestro pueblito…?”, dijo uno de los chicos con una sonrisa. El joven que estaba a su lado simplemente resopló. “Solo hay una cosa que me alegra de todo esto: gracias a todo lo que ha hecho, la gente por fin ha dejado de meterse con nosotros.” Mientras hablaba, miró a unas chicas que estaban cerca y sonrió. “Y algunos incluso están intentando conocernos...” Su amigo no pudo evitar reírse. “No tienes remedio...” Varios de los que estaban cerca también rieron en voz baja, pero al poco tiempo, sus miradas volvieron a los carruajes que se alejaban en la distancia. Por mucho que bromearan, todos comprendían una simple verdad. Tras todos los logros de Kael, la forma en que la gente trataba a los de Lasthold había cambiado radicalmente. No había resuelto todos los problemas, pero al menos, la gente por fin había empezado a tomarlos en serio. ✦ ✦ ✦ Mientras sus amigos bombardeaban a Kael con preguntas, intentando aprovechar al máximo el tiempo que les quedaba, los carruajes los llevaban implacablemente hacia adelante. Parecía como si acabaran de salir de la Academia, pero una calle tras otra quedaba atrás, dando paso gradualmente a avenidas más amplias y a los barrios acomodados que rodeaban el Palacio Imperial. Durante el trayecto, los carruajes inevitablemente atraían la atención de los transeúntes. Algunos ciudadanos se limitaron a observar el paso de las carrozas con el escudo del Palacio Imperial, mientras que otros comenzaron a murmurar entre sí. Durante el último mes, habían surgido tantos rumores en torno al nombre de Kael que incluso quienes jamás habían puesto un pie en la Academia lo reconocían. “¿No es él?” “¿El que luchó en defensa de la Capital?” “Dicen que el general Salazar lo reclutó personalmente.” “Y oí a varios archimagos afirmar que cada uno de ellos era su propio alumno.” Conversaciones como estas acompañaron a los vagones prácticamente durante todo el trayecto. Sin embargo, los amigos que estaban dentro no oyeron nada. El tiempo pasó volando con una velocidad sorprendente. Parecía como si apenas hubieran empezado a hablar, pero no habían pasado ni veinte minutos cuando los carruajes redujeron la velocidad. Pronto las ruedas se detuvieron por completo, y más allá de las ventanas se extendía la vasta plaza frente al Palacio Imperial. Desde allí, la larga y ancha escalinata que conducía al complejo palaciego que se alzaba imponente sobre la ciudad era claramente visible. Hoy, sin embargo, no fue el palacio lo que acaparó la atención de todos. Las tropas ya habían formado filas alrededor de todo el perímetro de la plaza. Y, de pie, con total serenidad, en el centro mismo, se encontraba el general Salazar. Con las manos entrelazadas a la espalda, observaba los carruajes que se acercaban con una expresión totalmente impasible, pareciendo más un funcionario del gobierno que un comandante militar. Junto a él descansaba una criatura gigantesca cuya sola visión dejaba sin aliento. Su cuerpo cubierto de escamas carmesí se extendía a lo largo de decenas de pasos sobre las piedras de la plaza. Sus poderosas patas terminaban en garras del tamaño de espadas, que descansaban tranquilamente sobre el suelo, mientras que su larga cola yacía lánguidamente detrás de él, y sus alas plegadas parecían enormes velas escarlata. Desde la distancia, bien podría confundirse con un dragón. Incluso ahora, muchos de los sirvientes y funcionarios reunidos en la plaza mantenían las distancias, lanzando miradas cautelosas en su dirección. Solo Kael, mirando a través de la ventana del vagón, permaneció tranquilo. Una sonrisa torcida asomó a sus labios mientras decía con melancolía: "Ya estamos aquí, chicos..." En el instante en que los vagones se detuvieron, las puertas de ambos se abrieron casi simultáneamente. Al-Hakim, Guro y Bontia salieron tranquilamente del primer vagón. Un instante después, se abrió el segundo vagón, dejando salir a Kael y sus amigos. En el instante en que pusieron un pie en la plaza, el contraste entre la animada Academia y este lugar se hizo sorprendentemente evidente. Nadie habló. Nadie se rió. Cientos de soldados permanecían completamente inmóviles en una formación impecable, mientras que la presencia de la Serpiente Escarlata no hacía sino intensificar la opresiva sensación de poderío militar. Roselle y Lissandra intercambiaron miradas antes de dar instintivamente un pequeño paso atrás, al igual que los demás amigos de Kael. Sin embargo, Kael dio un paso al frente con serenidad. Enderezando la espalda, miró fijamente al general Salazar. El general sostuvo la mirada de Kael sin la menor emoción. Ajustándose las gafas, habló con voz ronca pero notablemente firme. “Infórmese, soldado.” Kael se enderezó aún más de inmediato. “La tarea que se me encomendó ha sido completada. ¡He logrado unirme a tres gremios de artesanos!” Un leve revuelo recorrió la plaza al instante. Varios soldados intercambiaron miradas apenas perceptibles, comprendiendo claramente el significado de aquellas palabras. Salazar simplemente asintió con satisfacción. “Un subordinado verdaderamente digno.” Entonces su mirada recorrió a Kael y se posó en los jóvenes que estaban de pie detrás de él. Aunque el general no alzó la voz ni hizo ningún movimiento brusco, muchos de ellos se tensaron instintivamente bajo su mirada. —Te doy un minuto para que te despidas, soldado —dijo con severidad—. El frente no puede esperar más. Incluso los archimagos intercambiaron miradas incómodas ante su severidad. Guro simplemente dejó escapar un suspiro silencioso, sacudiendo la cabeza, mientras que Bontia apretó los labios con disgusto y murmuró: «Eso no es justo...» Sin embargo, Kael parecía ver la situación de otra manera. —¡Gracias, general! —gritó. Luego se giró para mirar a sus amigos y extendió los brazos. No hizo falta ninguna otra invitación. Al instante siguiente, lo rodearon por todos lados. Roselle y Lissandra se abalanzaron sobre él primero, seguidas por las demás, mientras Violet se le pegaba tanto que parecía que intentaba detener el paso del tiempo. Sorprendido por la repentina avalancha de abrazos, Kael no pudo evitar reírse mientras lo apretaban por todas partes. “Oye, tranquilo. A este paso, acabarás conmigo antes de que lo haga el enemigo.” A pesar de la broma, nadie aflojó su abrazo. Por el contrario, solo ahora se dieron cuenta de la gravedad de la situación: esto era una verdadera despedida. En pocos minutos, Kael partiría hacia el frente, y nadie sabía cuándo volverían a verse. Al percibir el ambiente, Kael devolvió el abrazo a sus amigos con más suavidad. “No te preocupes. Me he preparado bien. No será tan fácil matarme.” “Vuelve pronto, Kael...” “Te echaremos de menos...” Entonces Girren miró inesperadamente a Kael directamente a los ojos y habló con tanta seriedad que incluso los demás guardaron silencio instintivamente. “Haré todo lo posible por alcanzarte y unirme a la lucha. Solo espérame.” Kael lo miró durante varios segundos antes de soltar una risa suave y apretarle el hombro. “Una vez que se den cuenta de tu valía, se te abrirán todas las puertas. Simplemente no dejes que otro ejército te capture.” Girren no dijo nada en respuesta. Simplemente asintió brevemente. Parecía que a cada uno de ellos aún le quedaban demasiadas cosas por decir. Demasiadas preguntas que querían hacer, demasiados recuerdos que querían revivir. Parecía como si apenas se hubieran abrazado, como si apenas hubieran empezado a hablar, cuando la voz ronca del general Salazar resonó una vez más en la plaza. “Se acabó el tiempo, soldado.” En ese momento, todos sintieron con dolorosa claridad lo poco tiempo que les había sido concedido. Kael también lo sintió. Como gesto final, abrazó a sus amigos un poco más fuerte antes de dedicarles su familiar sonrisa segura. “Es hora de que me vaya, chicos. Aprovechen al máximo todo lo que les dejé... y conquisten la Capital.” Esta vez, nadie discutió. Todos comprendieron que uno no desafiaba al General. Con pesar, sus amigos soltaron a Kael uno por uno, permitiéndole retroceder un paso. Fue en ese instante cuando muchos sintieron un doloroso nudo en la garganta. Nadie más que Violet. Al ver a Kael alejarse de ellos y prepararse para caminar hacia Salazar, finalmente se dio cuenta: "Se está yendo... De verdad se está yendo". Las lágrimas brotaron de sus ojos, y un pensamiento aún más aterrador la invadió. “Y puede que nunca vuelva a verlo...” El pensamiento la golpeó con tal fuerza que cualquier otra duda perdió sentido al instante. Kael estaba a punto de dar otro paso cuando Violet se abalanzó sobre él y lo envolvió en un fuerte abrazo. Solo entonces se dio cuenta de lo que había hecho, y al instante se sonrojó. Por un breve momento, su antigua inseguridad intentó resurgir, pero Violet se interrumpió de inmediato. ¡No dudes de ti mismo, idiota! Abrazando a Kael aún más fuerte, se inclinó hacia su oído y susurró tan suavemente que solo él pudo oír: "Kael... ¿Recuerdas aquella noche... Cuando nosotros...?" En el instante en que esas palabras salieron de sus labios, Kael se quedó paralizado. Luego giró la cabeza hacia ella, visiblemente sobresaltado. “Violet... ¿No me digas que lo has recordado todo este tiempo?” Su respuesta hizo que el corazón de la chica diera un vuelco. Todas las dudas que había albergado durante el último mes se desvanecieron en un instante. Más aún, la reacción de Kael le reveló una cosa: él también lo recordaba. Al darse cuenta de eso, Violet finalmente dejó de lado los últimos vestigios de su vacilación. Sus mejillas ya ardían de vergüenza, y las lágrimas seguían corriendo por su rostro, pero aun así apretó con más fuerza la tela de su uniforme y, armándose de valor, susurró suavemente: "Me juraste..." Su voz la delató con un temblor, pero esta vez se negó a detenerse. “Juraste que volverías conmigo... Así que no te atrevas a romper esa promesa.” Durante varios segundos, Kael simplemente la miró, sin imaginar que Violet lo recordara todo, y que lo hubiera ocultado tan bien durante todo el último mes. Pero entonces sucedió algo aún más sorprendente. Antes de darse cuenta de lo que hacía, Violet se puso de puntillas e, inclinándose hacia adelante, le dio un suave beso en la mejilla. En el instante en que se dio cuenta de lo que acababa de hacer, retrocedió de inmediato, secándose apresuradamente las lágrimas y tratando de ocultar su rostro sonrojado mientras murmuraba: "Yo... exijo que cumplas tu juramento..." Por un instante, Kael se quedó paralizado. Luego, una cálida sonrisa se dibujó en su rostro. Y algo tan familiar brilló en sus ojos que Violet comprendió al instante: incluso en un momento tan serio, seguía siendo él mismo. “Después de eso, ni siquiera los dioses podrán matarme”, declaró Kael con seguridad. Lo dijo en broma, pero esas palabras solo hicieron que Violet sollozara con más fuerza, incluso mientras intentaba sonreír entre lágrimas. Finalmente, Kael recorrió con la mirada a todos sus amigos antes de dar un paso atrás y dedicarles una breve reverencia. “No te defraudaré.” En esas palabras no había ni rastro de su habitual jovialidad ni desenfado. Fue una promesa. Enderezándose, miró a Violet una vez más. Durante varios segundos, simplemente se quedaron allí, mirándose el uno al otro, antes de que Kael dijera en voz baja: "Lo juro". Acto seguido, giró bruscamente y se dirigió hacia el general Salazar con pasos rápidos y seguros. Parecía que hacía apenas un instante había estado junto a sus amigos, pero ahora la distancia entre ellos aumentaba rápidamente. Ya a medio camino, Kael se irguió aún más y dijo con voz firme: «Le pido disculpas por la demora, general. Estoy dispuesto a aceptar cualquier castigo». Al oír eso, Salazar se limitó a esbozar una leve sonrisa. Tras ajustarse las gafas, el general dirigió brevemente la mirada hacia Violet antes de dejar escapar un gruñido de complicidad y responder: "Te perdono esta vez, y solo esta vez". A juzgar por el leve tic en las comisuras de sus labios, nunca había tenido la intención de castigar a Kael en primer lugar. Dicho esto, Salazar dio un paso al frente y, sin perder tiempo en más explicaciones, tomó a Kael por el hombro. Al instante siguiente, el general se elevó decenas de pasos en el aire, aterrizando sin esfuerzo sobre el lomo de la enorme criatura, donde se había construido una plataforma gigantesca con barandillas y cadenas entre la base de sus alas. —¡Aguanta, soldado! —ladró. Kael apenas había logrado agarrar una de las cadenas cuando la Serpiente Escarlata alzó la cabeza y lanzó un rugido ensordecedor. Un temblor recorrió la plaza. Sus enormes alas se extendieron por completo, proyectando una sombra gigantesca sobre el suelo, y el siguiente aleteo levantó grandes nubes de polvo. Un viento abrasador azotó los rostros de los allí reunidos, obligando a muchos a cubrirse los ojos con las manos. Con cada aleteo, el colosal cuerpo se elevaba más y más del suelo, ascendiendo lentamente por encima de la plaza del Palacio Imperial. Ahora todo el mundo lo estaba viendo. Los soldados mantenían la formación alrededor del perímetro de la plaza. Los archimagos permanecían cerca. Y los amigos de Kael, sin apartar la vista de la figura que se retiraba sobre el lomo de la Serpiente Escarlata. Incluso muchos de los residentes de la capital se habían detenido en las calles aledañas, alzando la vista hacia el cielo. Una vez que hubo ascendido lo suficiente, la Serpiente Escarlata se mantuvo suspendida en el aire durante varios segundos antes de que un maná escarlata envolviera repentinamente su cuerpo. El resplandor carmesí recorrió sus escamas, se extendió por sus alas y cola, y luego un estruendo atronador resonó en la plaza. Al instante siguiente, la gigantesca criatura se lanzó hacia adelante. Era tan rápido que mucha gente ni siquiera podía seguir su movimiento. Una estela carmesí cruzó el cielo sobre la capital, dirigiéndose a toda velocidad hacia el sureste y ascendiendo cada vez más alto con cada segundo que pasaba. Durante unos instantes más, la Serpiente Escarlata aún podía distinguirse entre las nubes. Pero pronto, incluso esa diminuta mancha se desvaneció en la distancia. Y Violet, secándose las lágrimas con una mano mientras se sujetaba la blusa por encima del corazón con la otra, solo pudo susurrar: "Vuelve pronto, Kael... Te estaré esperando..."
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Estás leyendo el capítulo 83 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 30 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.