Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 84 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El rugido del viento no cesó ni por un instante.
Más allá de la plataforma de la silla de montar, las corrientes de aire aullaban con tal fuerza que podrían haber arrancado sin esfuerzo a una persona del lomo de la Serpiente Escarlata. Sin embargo, alrededor de la silla, era como si existiera una frontera invisible. El viento la rodeaba y seguía su curso, dejando el espacio interior en una calma casi absoluta.
En ese momento, solo dos personas ocupaban el andén.
Kael estaba sentado frente al general Salazar, con las piernas cruzadas y una postura impecablemente recta. Incluso en esa posición, mantenía la espalda erguida y lucía perfectamente sereno, como si no estuviera a miles de metros de altura, sino asistiendo a otra clase en la Academia.
El propio Salazar era todo lo contrario.
El general permanecía sentado, completamente relajado, con un codo apoyado en la rodilla levantada. Se había quitado las botas y las dejaba descuidadamente a un lado, mientras que su camisa oscura permanecía abierta, dejando al descubierto un cuerpo delgado y musculoso cubierto de innumerables cicatrices antiguas.
Algunas parecían marcas de garras, otras se asemejaban a quemaduras, mientras que otras eran imposibles de identificar.
En ese momento, el general fumaba tranquilamente en pipa.
Tras dar otra calada, exhaló una espesa nube de humo al aire. Esta flotó lentamente sobre la plataforma, pero en el instante en que cruzó el límite invisible de la barrera protectora, el viento rugiente del exterior la arrastró.
Salazar se ajustó las gafas con la muñeca, dio otro trago y señaló con la cabeza una pequeña jarra que estaba entre ellos.
"Sírveme una copa, soldado."
"Sí, señor."
Kael se puso de pie inmediatamente y cogió la jarra de licor fuerte.
Solo ahora, más cerca del borde de la plataforma, comprendió la verdadera altura a la que viajaban. De reojo, Kael divisó nubes interminables que flotaban lentamente alrededor de la Serpiente Escarlata, mientras que muy abajo se extendían las tierras del Imperio. Desde esa altura, los ríos y los bosques de tonos violetas parecían simples intrincados dibujos pintados sobre un lienzo gigantesco.
Mientras llenaba la primera taza, la mirada de Kael se desvió involuntariamente hacia la izquierda.
Allí, hasta donde alcanzaba la vista, se extendía una colosal cordillera.
Los gigantescos picos se extendían hacia el sur, perdiéndose en el horizonte, pero incluso allí la cadena montañosa no terminaba. Era como si alguien hubiera trazado una línea irregular de montañas a lo largo de todo el continente, dividiendo la tierra en dos.
Al notar la dirección de su mirada, Salazar se rascó la perilla y sonrió con sorna.
“Una cordillera repleta de tesoros que son sencillamente demasiado difíciles de extraer…”
Kael le entregó la copa antes de añadir cuidadosamente: "Sin embargo, el Ejército de la Serpiente Escarlata ha logrado cierto éxito allí".
Salazar aceptó la copa, girándola ligeramente en su mano mientras observaba cómo el líquido blanco se balanceaba perezosamente contra el borde.
—Eso es más bien una necesidad —respondió el general con calma—. Mi sector del frente es rico en recursos naturales y contiene zonas con una densidad de maná excepcionalmente alta. Tenemos que luchar constantemente para evitar que esas zonas caigan bajo control enemigo.
Tras dar un pequeño sorbo, volvió a dirigir la mirada hacia la cordillera, como si no viera piedra inerte, sino un mapa de conflictos interminables extendido ante él.
Mientras tanto, Kael se acomodó cuidadosamente en su sitio y, levantando su taza, dijo pensativo: «Antes de mi despliegue, leí mucho sobre el sector sureste del frente... Pero dudo que algún texto pueda transmitir cómo es realmente».
—No puede —respondió Salazar sin dudarlo.
Tras apurar el contenido de su taza de un solo trago, Salazar se limpió la boca con el dorso de la mano antes de continuar.
“Mi sector del frente es uno de los más antiguos. Debido a su abundancia de recursos naturales y su ubicación estratégica, se convirtió en uno de los primeros lugares donde comenzó la antigua guerra contra la Horda del Dios Bestia.”
Su mirada se detuvo en algún punto de la distancia durante varios segundos, sus ojos se entrecerraron ligeramente como si el General estuviera recordando algo que le resultaba familiar desde hacía mucho tiempo.
“A lo largo de los siglos, esta sección del frente se ha convertido en un sistema propio, con sus propias reglas y leyes.”
Mientras hablaba, Salazar ya no miraba la cordillera. Parecía que ahora tenía ante sus ojos algo completamente distinto: una sucesión interminable de batallas, generaciones de soldados e incontables intentos por conservar esa tierra.
Kael también apuró su propia copa. El licor era inesperadamente fuerte, lo que le hizo soltar un suspiro contenido, aunque su expresión no cambió.
Dejando la taza a su lado, inclinó respetuosamente la cabeza y preguntó: "¿Le importaría contarme algo más? Si no es mucha molestia".
Salazar simplemente desvió la mirada hacia las nubes que pasaban flotando y, dando otra calada a su pipa, exhaló lentamente el humo hacia arriba.
“Mi frente no es una línea delgada en un mapa. Es una vasta zona de amortiguación entre los humanos y las bestias.”
Las columnas de humo se elevaban lentamente sobre la plataforma, para luego desvanecerse en un instante al ser arrastradas por el viento.
“El territorio cambia de manos constantemente, mientras que los avances a gran escala son raros. La guerra dejó de girar hace mucho tiempo en torno a la destrucción del ejército enemigo. Ahora se trata de controlar posiciones estratégicas.”
Mientras hablaba, el general continuó fumando, exhalando humo ocasionalmente en medio de una frase. Para un observador externo, podría haber parecido teatral, pero la naturalidad con la que lo hacía dejaba claro que simplemente era uno de los malos hábitos del general.
Salazar, señalando con su pipa la jarra que tenían entre ellos, indicó en silencio que era hora de servirse otra copa.
Sin decir palabra, Kael se inclinó hacia adelante y volvió a llenar la taza vacía del general, mientras Salazar continuaba: “Fortalezas, puestos de avanzada y posiciones fortificadas se encuentran dispersas por todo el territorio, conectadas por caminos que se han construido a lo largo de cientos de años y han cambiado de manos docenas de veces”.
Salazar hizo una breve pausa, observando cómo el licor blanco volvía a llenar la copa.
“Las posiciones más importantes están protegidas por barreras mágicas extremadamente difíciles de traspasar rápidamente. Si los atacantes no logran abrirse paso antes de que lleguen los refuerzos, el asalto suele terminar en retirada.”
Tras aceptar la copa de manos de Kael, el general dio un sorbo antes de continuar con un tono más pausado: «Por eso se valoran tanto los ataques sorpresa, las distracciones, el sabotaje y la rapidez operativa. A veces, un pequeño pelotón puede lograr más que varios miles de soldados si se encuentra en el lugar y el momento adecuados».
Kael escuchó atentamente sin interrumpir.
Cuanto más aprendía sobre el frente, más se daba cuenta de lo limitada que había sido su comprensión previa de la guerra. Según la descripción de Salazar, lo que allí ocurría se parecía mucho más a una lucha por recursos y posiciones estratégicas que a interminables enfrentamientos frontales entre ejércitos.
Al notar la expresión pensativa del joven, el general lo miró de repente por encima del borde de sus gafas.
“Teniendo en cuenta que lograste escabullirte del enemigo durante el disturbio, tus habilidades te serán de gran utilidad.”
Una leve sonrisa apareció en los labios de Salazar.
“Ya sé a qué escuadrón te voy a asignar.”
Kael enseguida se preguntó a qué escuadrón se refería el general.
A juzgar por la seguridad en su voz, Salazar había tomado esa decisión hacía mucho tiempo. Aun así, Kael prefirió no hacer preguntas todavía, pues comprendía que el general no había terminado de explicar.
Salazar dio otra calada a su pipa y continuó con el mismo tono conciso, casi militar: "Las zonas ricas en metales raros, materiales alquímicos y otros recursos son especialmente valiosas".
Tras exhalar una bocanada de humo hacia un lado, guardó silencio por un instante antes de entrecerrar ligeramente los ojos.
“Pero algunos de los lugares más importantes son las zonas de entrenamiento.”
Kael frunció el ceño involuntariamente.
Eso no era en absoluto lo que esperaba oír.
¿Zonas de entrenamiento?
Salazar asintió brevemente.
“Para mantener y desarrollar la fuerza de sus magos, el ejército necesita oportunidades de entrenamiento y ascenso. En territorios con una densidad de maná excepcionalmente alta, ambos ejércitos construyen zonas especializadas, cada una de las cuales requiere enormes recursos para su creación.”
El general dio otro sorbo antes de continuar, esta vez con un inconfundible interés práctico en su voz.
“Naturalmente, capturar una de las zonas de entrenamiento del enemigo se considera un logro tremendo. No solo privas al enemigo de todo lo que ha invertido en ella, sino que también obtienes un campo de entrenamiento prácticamente listo para tus propias tropas.”
Kael asintió pensativo.
Cuanto más escuchaba, más comprendía lo diferente que era la guerra en este frente de la imagen convencional que se tenía de ella. Aquí, no solo luchaban por territorio, recursos o fortalezas. Cualquier lugar capaz de acelerar el desarrollo de magos poderosos se convertía automáticamente en un objetivo estratégico.
Al notar su expresión pensativa, Salazar sonrió repentinamente y añadió: "De hecho, la base de tu escuadrón tiene una de esas zonas de entrenamiento".
Eso llamó inmediatamente la atención de Kael.
"¿En realidad?"
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—Mmm —el general asintió perezosamente.
“Se lo arrebatamos a los hombres bestia hace unos treinta años. Han intentado recuperarlo varias veces desde entonces, pero sin éxito.”
Salazar dirigió su mirada hacia las nubes que tenía delante y añadió con evidente satisfacción: "Y hasta el día de hoy, se considera una de las mejores zonas de entrenamiento de toda mi sección del frente".
Levantando su taza, Kael preguntó con evidente curiosidad: "¿Y cualquiera puede acceder a ella?".
Salazar lo miró como si fuera un tonto inocente.
—Dijiste que habías leído sobre el frente —dijo Salazar, arqueando una ceja.
—Sí —asintió Kael con calma—. Pero la mayor parte de la información era clasificada. Simplemente me negaron el acceso.
Salazar lo observó por encima del borde de sus gafas durante varios segundos antes de emitir un gruñido de comprensión.
“Eso lo explica todo.”
Tras dar otra calada a su pipa, el general continuó sin prisa: «El frente tiene una economía especial basada en el mérito. Se desarrolló a lo largo de los siglos para garantizar que cada soldado tenga un motivo para hacer bien su trabajo».
Kael se inclinó ligeramente hacia adelante, inmediatamente intrigado.
“Por cada misión completada, operación exitosa e incluso patrulla de rutina, ganarás puntos de mérito militar”, continuó Salazar. “Naturalmente, cuanto más peligrosa sea la misión y mejores sean los resultados, mayor será la recompensa”.
El general dio otro pequeño sorbo a su taza.
“Luego puedes canjear esos puntos de mérito militar por todo tipo de beneficios y recursos: técnicas, materiales, artefactos, acceso a especialistas poco comunes, suministros especiales y, por supuesto, zonas de entrenamiento de distintos niveles.”
Al oír eso, Kael se sumió en sus pensamientos.
El enfoque parecía realmente sensato. En lugar de distribuir cada recurso manualmente, el ejército había creado de hecho un mercado interno donde el valor de una persona se determinaba por su contribución real a la guerra.
Tras un breve momento de reflexión, Salazar dio otra calada a su pipa y se encogió de hombros.
“Conocerás todos los detalles una vez que llegues.”
Alzando su copa, apuró el licor restante de un solo trago y añadió con satisfacción: "Prepárense, porque el frente moderno no se parece en nada a lo que la gente común se imagina".
Kael asintió en silencio.
Cuanto más se prolongaba la conversación, más convencido estaba de que la realidad difería enormemente de lo que describían los libros y los informes. Incluso ahora, Salazar solo le estaba dando una visión general del funcionamiento del frente, pero ya era suficiente para comprender que le esperaba un mundo completamente distinto, con sus propias leyes, normas y orden.
“Parece que va a ser mucho más interesante de lo que esperaba.”
No tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre ello.
Al instante siguiente, una pequeña llama del tamaño de un puño surgió repentinamente junto a Salazar. Flotando entre ellos, parpadeó varias veces antes de que una voz femenina emergiera de su interior.
“¡General Salazar, por fin ha regresado! ¡Reuniré a todos los capitanes antes de su llegada!”
En el momento en que pronunció esas palabras, la actitud del general cambió casi instantáneamente.
Hace apenas un segundo, parecía un veterano relajado, bebiendo licor con calma y compartiendo historias del frente, pero ahora no quedaba ni rastro de esa actitud despreocupada.
Con un leve gruñido, Salazar apretó la pipa entre los dientes y lanzó una breve mirada hacia algún punto al frente.
“Si Alice logró percibir mi presencia, entonces estamos casi en la primera línea.”
Mientras hablaba, el general comenzó a abotonarse la camisa con calma. Su postura relajada desapareció, la camisa desabrochada por delante se desvaneció y, con cada botón que abrochaba, recuperaba parte de su aura severa e inquebrantable.
Una vez que terminó de vestirse, Salazar golpeó repentinamente la silla de montar con la palma de la mano.
A primera vista, el gesto parecía completamente normal, pero Kael sintió de inmediato una oleada de maná que se extendió por la plataforma. Se propagó rápidamente por todo el cuerpo de la Serpiente Escarlata, como si transmitiera algún tipo de orden.
La respuesta fue inmediata.
La gigantesca criatura cambió ligeramente de rumbo y comenzó un descenso gradual.
Las nubes que los rodeaban se volvían cada vez más tenues, mientras que la tierra que se extendía debajo se acercaba inexorablemente.
Salazar agitó tranquilamente la mano para activar su anillo espacial y sacó un sobre rojo sellado con dos sellos de cera. Uno llevaba el emblema del dragón del Imperio, mientras que el otro mostraba una extraña sonrisa con colmillos, como una sonrisa siniestra que emergía de la oscuridad misma.
Volviéndose hacia Kael, le extendió la carta.
“Esta es mi orden para su futuro comandante.”
En cuanto Kael aceptó la carta, Salazar añadió inmediatamente con voz severa: «Te dejaré cerca de la ciudad del frente más próxima. Desde allí, viajarás en carreta con los soldados que realizan regularmente las misiones de abastecimiento».
Kael asintió en silencio y guardó el sobre en su compartimento de almacenamiento espacial.
Dándole la espalda, Salazar observó el suelo que se acercaba muy abajo antes de preguntar inesperadamente: "¿Comprendes el razonamiento detrás de mi decisión?".
Entrecerrando ligeramente los ojos, Kael esbozó una sonrisa cortés y respondió: «Por supuesto, general. Necesito estar al mismo nivel que el resto del escuadrón. Si ven que llegué personalmente con usted, se alterará la cadena de mando».
Salazar le lanzó una breve mirada por encima del hombro antes de responder con una sonrisa burlona: "Tienes la cabeza bien puesta".
Volvió a dirigir la mirada hacia adelante y añadió con calma: "Llegarás lejos, siempre y cuando no te maten por el camino".
Ante esas palabras de despedida, Kael solo pudo esbozar una sonrisa torcida.
En el último día, ya había empezado a darse cuenta de que, para Salazar, comentarios como esos eran algo parecido a un halago. Sin embargo, acostumbrarse a ese estilo de comunicación estaba resultando más difícil de lo que esperaba.
Para entonces, la Serpiente Escarlata había descendido considerablemente, y con su nuevo ángulo de aproximación, Kael finalmente pudo observar adecuadamente el terreno que se extendía debajo.
Debajo de ellos se extendía un vasto bosque violeta.
Imponentes árboles se alzaban decenas de metros sobre el suelo, formando una densa bóveda de copas exuberantes, salpicada aquí y allá de acantilados negros. Eran tan rectos y alargados que, desde la distancia, parecían gigantescas espadas que emergían de las profundidades de la tierra.
“La vegetación aquí es muy diferente de la que vi en Lasthold y la Capital…”, pensó Kael mientras observaba atentamente el paisaje que se extendía bajo ellos.
Sin embargo, pronto algo más captó su atención.
A lo lejos, en medio del bosque interminable, apareció a la vista una pequeña ciudad.
Parecía como si hubiera sido esculpido directamente de un mar de vegetación violeta, rodeado de árboles por todas partes.
“Supongo que esta es mi parada...”
La Serpiente Escarlata siguió perdiendo altitud a un ritmo vertiginoso, hasta que finalmente cambió de dirección y se dirigió directamente hacia el borde del bosque, no muy lejos de la ciudad.
Unos segundos más tarde, la gigantesca criatura ya se deslizaba entre las copas de los árboles. Las gruesas ramas se rompían bajo su cuerpo con fuertes crujidos, las hojas y los trozos de corteza se esparcían en todas direcciones, y sus poderosas alas levantaban grandes nubes de polvo en el aire.
Entonces, al instante siguiente, todo bajo los pies de Kael se estremeció cuando el dragón finalmente tocó tierra.
Su enorme cuerpo se asentaba entre una maraña de raíces gigantescas que cubrían el suelo como una telaraña gigantesca. Insectos coloridos revoloteaban perezosamente entre los árboles en todas direcciones, y el aire húmedo del bosque contrastaba marcadamente con la frescura del cielo.
Kael solo tuvo tiempo de echar un vistazo al tronco más cercano y notó que su corteza estaba cubierta de extraños dibujos en espiral, como si alguien los hubiera tallado deliberadamente por toda la superficie del árbol.
Pero no hubo tiempo para examinarlo más a fondo.
Salazar ya estaba de pie. Ajustándose las gafas, habló con su habitual voz severa: «Espero grandes cosas de ti. No defraudes al Ejército de la Serpiente Escarlata, soldado».
Sin dudarlo, Kael se acercó al borde de la plataforma, saltó al suelo, enderezó la espalda y respondió con firmeza: "¡Sí, señor!".
Con esas palabras, la Serpiente Escarlata extendió una vez más sus enormes alas.
Un único y potente golpe levantó un auténtico torbellino de hojas, insectos y ramitas rotas. El segundo alzó su enorme cuerpo del suelo, y con el tercero, el dragón se elevó hacia el cielo, zigzagueando sin esfuerzo entre las copas de los gigantescos árboles.
Durante varios segundos más, se pudieron ver destellos de escamas carmesí a través de los huecos del follaje antes de que la criatura finalmente desapareciera entre las ramas y se elevara de nuevo hacia los cielos.
Kael permaneció donde estaba.
Observó al dragón alejarse hasta que el estruendo de sus alas finalmente se desvaneció en algún lugar muy por encima del bosque.
Solo entonces se permitió relajarse.
Tras exhalar un suspiro cansado, Kael se tambaleó ligeramente por la embriaguez que había estado disimulando durante las últimas horas. Frotándose el puente de la nariz, murmuró en voz baja: «¿Acaso todos los magos se vuelven borrachos con la edad, o es solo una coincidencia? Aunque, pensándolo bien... no tiene sentido quejarse...»
Concentrándose, invocó su propio maná, dirigiendo la energía a través de su cuerpo y estabilizándose gradualmente. La inusual pesadez en su cabeza comenzó a disminuir lentamente, aunque Kael no tenía intención de confiar únicamente en eso.
Activando su anillo espacial, recuperó rápidamente un pequeño frasco lleno de un elixir de color verde pálido.
Al descorcharlo, Kael miró el líquido verde pálido que había dentro y murmuró en voz baja: "Teniendo en cuenta que neutraliza los venenos, también debería ayudar con el alcohol..."
Dicho esto, apuró el contenido de un solo trago antes de devolver inmediatamente el frasco vacío a su anillo espacial.
El efecto fue inmediato.
En cuestión de segundos, la pesadez en su cabeza disminuyó notablemente y sus pensamientos se aclararon. El elixir no pudo borrar por completo el rastro del alcohol de inmediato, pero la mejoría fue innegable.
Tras estirar el cuello y respirar profundamente varias veces el aire húmedo del bosque, Kael asintió con satisfacción y murmuró: "¡Muy bien, es hora de ponerse en marcha!".
Al instante siguiente, se puso en movimiento.
Las raíces que sobresalían del suelo brillaban bajo sus pies, los densos arbustos desaparecían tras él, y Kael aceleró rápidamente mientras se dirigía hacia la ciudad que había divisado antes desde lo alto.
Mientras corría, su mirada se desvió involuntariamente hacia los diversos anillos espaciales en sus dedos.
“Aunque solo tuve un mes, logré hacer bastantes cosas...”
Los interminables días dedicados al estudio bajo la tutela de los archimagos y las noches consagradas al trabajo resurgieron inmediatamente en su memoria.
“Sin duda tengo suficientes elixires y talismanes explosivos para un buen tiempo.”
Por un breve instante, los recuerdos de sus lecciones con el Archimago Guro y la Archimaga Bontia pasaron fugazmente por la mente de Kael, y una sonrisa astuta se dibujó en sus labios.
“Valió la pena bombardearlos constantemente con preguntas y pedirles que demostraran diferentes técnicas. Ahora todo está grabado en mi memoria ilimitada...”
Continuando su carrera a través del bosque, saltó sin esfuerzo por encima de un tronco caído y se deslizó bajo una rama baja.
Sus pensamientos inevitablemente volvieron a la alquimia y a la inscripción rúnica.
“Todavía tengo mucho que aprender a hacer con mis propias manos... Pero tendré oportunidades más que suficientes para practicar.”
Mientras corría a través del bosque, Kael sintió una tranquila sensación de expectación.
Aunque había optado por no mencionarlo durante su conversación con el general Salazar, en el último mes había logrado obtener mucha información útil de los archimagos. Una conversación con Al-Hakim, en particular, quedó grabada en su memoria, cuando este mencionó casualmente ciertos aspectos de la economía militar.
“Los artesanos cualificados son muy valorados en el ejército…”, recordó Kael.
Ese pensamiento hizo que su sonrisa se ensanchara ligeramente.
Según el Archimago, el ejército necesitaba constantemente alquimistas, grabadores de runas, artesanos de artefactos y otros artesanos capaces de producir objetos útiles en el acto.
“Si bien los puntos de mérito militar recibidos de otros soldados no cuentan para el ascenso de rango, aún pueden utilizarse para adquirir recursos...”
Kael comprendió perfectamente que esto abría algunas oportunidades bastante interesantes.
Sonrió levemente y murmuró entre dientes mientras corría: "Todo ese esfuerzo por unirme a los Gremios no fue en vano... Infundirá de inmediato mayor confianza en mis habilidades".
Sus palabras se desvanecieron rápidamente entre el susurro de las hojas, pero sus pensamientos continuaron desarrollándose por sí solos.
“Podré ganar puntos intercambiando con otros miembros del equipo o aceptando encargos. En mi caso, eso es simplemente perfecto.”
Cuanto más lo pensaba Kael, más ventajosa le parecía su posición.
La mayoría de los nuevos reclutas tenían que empezar su andadura en el frente prácticamente desde cero, acumulando gradualmente mérito y reputación. Él, en cambio, ya contaba con varias vías para contribuir con quienes le rodeaban.
Kael saltó por encima de otra raíz que sobresalía y, agachándose, se deslizó junto a una roca oscura.
“Primero, necesito entender cómo funciona mi equipo, qué necesita y qué oportunidades ofrece.”
Con esos pensamientos en mente, aceleró aún más, dejando atrás otro tramo de bosque.
Más adelante se extendía la ciudad, y más allá, su nuevo equipo y el lugar que, durante los próximos años, se convertiría en su nuevo hogar.
Mientras imaginaba involuntariamente a sus futuros compañeros, sus personalidades, costumbres y vida cotidiana, Kael sintió una tranquila sensación de curiosidad.
En poco tiempo, conocería a las personas junto a las que lucharía, viviría y, tal vez, arriesgaría su vida más de una vez.
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Estás leyendo el capítulo 84 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 31 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.