Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 79 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La capital volvía poco a poco a su ritmo de vida habitual. Todo el mundo estaba tan ocupado que parecía que nadie se había dado cuenta de que había transcurrido una semana entera desde la catástrofe.
Aunque aún se podían encontrar rastros del ataque de los hombres bestia por toda la ciudad, la destrucción se estaba reparando a un ritmo vertiginoso. El Gremio de Constructores, junto con los demás gremios de artesanos, trabajaba casi sin descanso, utilizando magia, artefactos y poderosos hechizos de construcción para restaurar calles y edificios.
Se reconstruían literalmente secciones enteras de muros ante los ojos de la gente. Grupos de magos usaban maná simultáneamente para elevar estructuras enteras en el aire y despejar los escombros.
Las calles empedradas destruidas fueron arrasadas por corrientes de maná.
Las casas incendiadas fueron desmanteladas y reconstruidas en cuestión de días.
Sin embargo, incluso con la ayuda de la magia, el proceso requería enormes cantidades de recursos y mano de obra. La situación se complicó aún más por el hecho de que muchos esclavos bestiales habían muerto durante la revuelta, lo que provocó que una parte significativa del trabajo sucio y arduo recayera sobre los propios magos y artesanos.
Sin embargo, la vida siguió su curso.
El comercio volvía gradualmente a su ritmo normal. Los distritos artesanales rebosaban de nuevo de actividad y la Academia había reanudado las clases. Era como si el propio Imperio se negara a bajar el ritmo, incluso después de semejante catástrofe.
Por supuesto, el ambiente en la ciudad seguía siendo sombrío y mucha gente continuaba de luto.
En algunas calles aún se podían ver altares con velas rojas y los nombres de los difuntos.
Y las conversaciones sobre el ataque de los hombres bestia se podían oír prácticamente en todas partes.
Pero, además, también estaban quienes intentaban vivir como antes.
Los restaurantes y las tabernas iban recuperando poco a poco a sus clientes, los comerciantes volvían a llamar a los transeúntes y cada vez se veían más parejas jóvenes y grupos de estudiantes paseando por las calles…
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, se estaba produciendo un auténtico alboroto en el interior de la taberna Merry Drunkard.
Una fila de magos ataviados con ropas lujosas, que lucían los emblemas de familias y clanes adinerados, ya se había formado cerca de la entrada. Algunos incluso estiraban el cuello abiertamente, intentando mirar dentro a través de las ventanas de la taberna.
Uno de los camareros estaba de pie en la entrada, ayudando a los clientes a sentarse mientras intentaba, al mismo tiempo, responder al interminable flujo de preguntas.
“Disculpe, ¿se encuentra el joven amo Kael en la taberna?”
“Disculpe, ¿podría al menos decirnos cuándo suele salir?”
“¿Puedo entregarle una carta personalmente?”
Preguntas como estas surgieron casi sin pausa.
Otros visitantes ni siquiera se molestaron en ocultar el propósito de su visita.
Algunos se acercaron a la niña con una cortesía marcada, entregándole anillos espaciales que descansaban sobre costosos soportes lacados.
—Vengo a entregar un regalo de la familia Rosa Azul —dijo un joven noble con una leve sonrisa—. Por favor, entrégaselo al joven héroe Kael.
“Y esto proviene de la Asociación Comercial del Este.”
“La familia White Bone también desea expresar su gratitud.”
La chica de la entrada ya parecía visiblemente abrumada, aceptando torpemente cada vez más regalos mientras miraba constantemente a los demás empleados de la taberna.
A su lado, otro empleado transportaba continuamente anillos espaciales y cajas hacia el interior del edificio, donde ya se habían visto obligados a despejar una habitación entera solo para almacenarlos.
Y a juzgar por el hecho de que el flujo de visitantes seguía creciendo, esto estaba lejos de ser el final.
Violet y Dorian observaban todo esto en silencio desde detrás de la barra.
Violet observó el interminable flujo de invitados durante un rato antes de esbozar una sonrisa torcida.
“No pensé que llegaría tan lejos…”
Dorian, como de costumbre, parecía notablemente tranquilo.
—En cuanto el nombre de Kael se extendió por toda la capital, muchas familias influyentes comenzaron de inmediato a recabar información sobre él —respondió con calma, mientras observaba a otro noble entregar un obsequio al camarero de la taberna—. Y el hecho de que sea joven, talentoso y no provenga de una familia adinerada lo hace aún más atractivo.
Violet frunció ligeramente el ceño.
"¿Qué quieres decir?"
Dorian se ajustó el cuello de la camisa con calma y respondió sin pensarlo dos veces: "Muchas querrán casarlo con sus hijas".
Y en el instante en que pronunció esas palabras, algo frío brilló brevemente en los ojos de Violet.
Una irritación apenas perceptible.
Soltó un leve resoplido y desvió la mirada hacia otro joven noble que se encontraba en la entrada.
“Ni siquiera entienden a quién intentan convencer…”
Luego añadió con un toque de burla: «Sabiendo lo astuto que es Kael, aceptará todos los regalos y se hará el tonto. Todas esas familias nobles solo estarán malgastando sus recursos».
Dorian, completamente ajeno a la tajante reacción de Violet, se limitó a dejar escapar un suspiro cansado.
“Ellos lo entienden perfectamente”, dijo con calma. “Pero no hay nada de malo en preguntar”.
Luego, casi como una ocurrencia tardía, añadió: «En cualquier caso, la Rama Imperial seguramente se interesará por Kael. Una chica de esa rama familiar fácilmente eclipsaría a todas las demás».
En ese preciso instante, Violet se estremeció repentinamente.
Sin darse cuenta, se mordió el labio inferior y sintió una extraña y desagradable sensación que apareció de repente en su pecho.
Por alguna razón, su corazón comenzó a latir más rápido y apretó ligeramente los puños.
“¿Qué soy yo…?” murmuró Violet casi inaudiblemente, sin comprender por qué las palabras de Dorian habían provocado tal reacción en ella.
Dorian ni siquiera se dio cuenta.
Sin dejar de observar con calma la actividad en la entrada, aceptó otra caja de regalo lacada destinada a Kael de manos de uno de los camareros y, distraídamente, la colocó junto a las demás.
Mientras tanto, Violet pareció quedarse inmóvil por un instante, con la mirada fija en algún punto al frente.
En su interior, fue como si una repentina revelación la hubiera encendido, una que al mismo tiempo no quería aceptar, o tal vez tenía miedo de aceptar.
“Kael se ha convertido en parte de nuestras vidas…”, pensó lentamente.
Pero casi de inmediato, el pensamiento pareció corregirse: “No… de mi vida…”
Al darse cuenta de eso, el corazón de Violet comenzó a latir aún más rápido.
Ni siquiera se dio cuenta de que apretaba los dedos, tratando de comprender los sentimientos que de repente la habían invadido.
Y en ese instante, todos los acontecimientos del último año parecieron desfilar por su memoria en un abrir y cerrar de ojos.
Su primer encuentro con Kael y todas sus rarezas.
En aquel entonces, Kael le parecía un bromista cualquiera que constantemente hacía chistes ridículos, la avergonzaba deliberadamente con coqueteos juguetones y, en general, se comportaba de forma extraña para alguien de su edad.
Pero cuanto más lo conocía, más cambiaba su impresión. Había algo misterioso en él, algo imposible de describir.
En algún momento, sus interminables bromas y burlas habían dado paso, casi imperceptiblemente, a una silenciosa confianza y respeto, y Kael se había convertido en alguien cuya presencia le resultaba completamente natural.
Entonces, los recuerdos de Violet se desviaron hacia todo lo que había sucedido después de que abandonaran Lasthold.
El viaje a través de las montañas, el Imperio, un nuevo idioma, problemas constantes y un entorno totalmente nuevo. En medio de todo ese caos, Kael se había convertido, poco a poco, en alguien en quien ella confiaba casi instintivamente.
Incluso en los momentos más difíciles, Kael se mantuvo sereno y siguió adelante, como si siempre hubiera estado preparado para lo que les deparara el futuro.
Y solo entonces Violet se dio cuenta de repente de que hacía tiempo que había dejado de verlo simplemente como un joven talentoso varios años menor que ella.
En su mente, Kael se había convertido en un hombre hacía mucho tiempo.
Segura de sí misma, serena y confiable.
Alguien cuya presencia la hacía sentir segura incluso en medio del caos total.
Al pensar en eso, el corazón de Violet latió aún más rápido.
“Si Kael llega a formar parte de la Rama Imperial…”, pensó.
Involuntariamente, imaginó a una chica de una familia importante de pie junto a él, y un dolor desagradable le oprimió el pecho.
“Debería alegrarme por él... Entonces, ¿por qué me enfada tanto?”
Y al instante siguiente, una posibilidad se coló de repente en los pensamientos de Violet, provocando que sus mejillas se sonrojaran al instante.
Apartó la mirada rápidamente y negó con la cabeza, como si intentara desterrar esos pensamientos de su mente.
“¿En qué estoy pensando?”
Tras respirar hondo, Violet se ajustó rápidamente la bata, intentando recuperar la compostura. Luego, como si nada hubiera pasado, miró a Dorian y desvió la conversación deliberadamente: "¿Cuánto crees que durará la ceremonia de entrega de premios?".
Dorian, ajeno a su estado, respondió con calma: «Kael dijo que estaría libre por la noche. No te preocupes, tendré tiempo suficiente para preparar una cena de celebración».
Violet se limitó a asentir en silencio, desviando ligeramente la mirada hacia el ruidoso pasillo.
Entonces, en voz baja, como si le hablara directamente a Kael, añadió: "Termina rápido... y vuelve a casa, Kael".
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, dentro de uno de los enormes salones del Palacio Imperial, se celebraba una ceremonia en honor a aquellos que se habían distinguido durante la revuelta de los hombres bestia.
Una persona tras otra entraba en el salón principal, presentándose ante varios de los archimagos y el propio general Salazar. Tras una breve conversación, los galardonados salían portando medallas, artefactos o pergaminos con sellos imperiales.
Sin embargo, Kael seguía de pie frente a las puertas cerradas, esperando su turno.
A su alrededor había aproximadamente una docena de magos, la mayoría de los cuales vestían uniformes militares negros bordados con los dragones rojos del Imperio en el pecho.
Algunos hablaban tranquilamente entre sí.
Otros permanecieron sentados en silencio, esperando a que se mencionara su nombre.
Junto a Kael se encontraba uno de los soldados: un hombre alto, de pelo corto y oscuro, con una profunda cicatriz cerca de la barbilla. Con una sonrisa burlona, le tendió una petaca de metal.
—¿Por qué tan melancólico? —preguntó el soldado riendo entre dientes—. Toma, chico.
Kael se limitó a sonreír levemente al aceptar el frasco.
—No estoy deprimido —respondió con calma—. Simplemente tengo esa cara.
Luego dio un pequeño sorbo e inmediatamente hizo una mueca.
“¿Qué es este brebaje amargo?”
El soldado soltó una carcajada y recuperó el frasco.
Pero Kael, ahora con una sonrisa más sincera, añadió: «Deberías venir a mi taberna. Te invitaré a unas bebidas realmente buenas».
Al oír esas palabras, varios soldados intercambiaron miradas.
—¿Tu taberna? —preguntó uno de ellos con interés—. Espera… ¿eres tú aquel estudiante que se distinguió durante el ataque?
Otro chasqueó los dedos inmediatamente como si recordara algo.
“Kael, si no recuerdo mal?”
Y en el momento en que se pronunció su nombre, los demás soldados se animaron visiblemente.
—¡Así es! —exclamó de repente uno de los hombres corpulentos, observando a Kael con interés—. ¡Y yo que me preguntaba qué hacía aquí un enano como tú!
La mujer que estaba cerca, vestida con un uniforme militar negro, le dirigió inmediatamente una mirada ligeramente irritada.
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—No te ofendas por sus modales, alumno —dijo con calma, dirigiendo su mirada hacia Kael—. El ejército tiene su propia manera peculiar de comunicarse. Y su propio sentido del humor…
Pero Kael simplemente hizo un gesto de desdén con la mano.
“Mientras la intención sea buena, no me preocupa especialmente cómo se expresa.”
Ante esas palabras, varios soldados sonrieron con aprobación, e incluso el hombre corpulento gruñó en señal de respeto.
La mujer estaba a punto de añadir algo más, pero en ese momento, las puertas que tenía delante se abrieron de repente.
Todos los soldados enderezaron inmediatamente la espalda y levantaron ligeramente la barbilla, adoptando casi instintivamente una postura más formal.
Un anciano con una larga barba gris y una túnica de sirviente de palacio de color rojo oscuro apareció en el umbral.
Recorriendo la sala con la mirada, anunció en voz alta: "Kael está invitado a pasar al frente para recibir su premio".
Casi de inmediato, se oyeron voces detrás de Kael:
“¡Buena suerte, chico!”
“¡Lo hiciste genial!”
Y el hombre corpulento incluso le dio una firme palmada en la espalda, casi haciéndole dar un paso adelante.
Kael simplemente sonrió ante eso.
“Gracias por el apoyo.”
Luego, con calma, se dirigió hacia las puertas abiertas.
Al cruzar el umbral del vestíbulo, Kael se sorprendió pensando: "No estaría mal ganar algo de dinero..."
El pensamiento era sorprendentemente mundano para una ocasión tan grandiosa, pero en ese momento le preocupaba mucho más que cualquier título importante.
“Necesito pagar por los guanteletes que prácticamente robé…”, reflexionó con calma mientras avanzaba. “Y por fin empezar un entrenamiento adecuado. Las batallas durante la revuelta dejaron bien claro cuánta fuerza me falta todavía”.
Las auras de los Archimagos resurgieron inmediatamente en su memoria, junto con la monstruosa presión de los hombres bestia y su propia impotencia ante oponentes verdaderamente poderosos.
Con ese pensamiento, finalmente alzó la mirada.
Ante él se abrió un espacioso salón de mármol blanco, surcado por finas vetas rojas que parecían arroyos de sangre congelada. Pesadas banderas carmesí con los dragones del Imperio colgaban de las enormes columnas, mientras que una amplia alfombra escarlata se extendía por todo el salón hasta llegar a una escalinata elevada.
En lo alto se alzaba un enorme trono rojo.
Pero no fue el interior lo que captó la atención de Kael.
Al pie de los escalones que conducían al trono, se encontraba un hombre bajito, con gafas y cabello canoso, observándolo con una mirada penetrante, como la de un halcón.
«General Salazar…», pensó Kael. «No pude verlo bien durante el funeral. Pero ahora… el aura de este hombre es increíble…»
Aun estando quieto, Salazar irradiaba una presión monstruosa. Su aura no desprendía un poder abrumador; en cambio, se sentía sorprendentemente contenida y densa, como si algo mucho más peligroso que la fuerza bruta se ocultara en su interior.
Mientras caminaba sobre la alfombra escarlata, Kael miraba discretamente a ambos lados.
Sentados en enormes sillas talladas a ambos lados de la alfombra se encontraban los archimagos del Imperio.
Kael ya había visto a cuatro de ellos durante el ataque de los hombres bestia.
En ese momento, inesperadamente, se encontró con la mirada del archimago Al-Hakim.
El hombre asintió con una leve sonrisa, lo que provocó que los largos pendientes que llevaba en las orejas tintinearan suavemente.
Kael notó una reacción similar en el archimago ciego Guro, quien permanecía sentado tranquilamente con los ojos cerrados, pero de alguna manera seguía girado hacia él.
Un poco más lejos se encontraba otra archimaga: una mujer voluptuosa cuya piel tenía un ligero tono verdoso. Varias docenas de largas agujas de inscripción estaban sujetas a su cabello esmeralda, ligeramente despeinado, y sus dedos giraban distraídamente una de ellas, como si aún estuviera meditando sobre algo.
Y a juzgar por la forma en que observaba a Kael, el interés en sus ojos era completamente evidente.
Al ver esto, Kael sonrió para sus adentros.
“Cada uno de ellos ya me considera parte de su gremio…”
Sin embargo, apartó rápidamente ese pensamiento al percatarse de que había llegado al dibujo tejido en el centro de la alfombra escarlata. Comprendió de inmediato que allí debía detenerse.
Sin dudarlo, se arrodilló.
Luego, inclinando la cabeza primero hacia un lado y después hacia el otro, exclamó en voz alta: “¡Saludos, estimados archimagos!”.
Después de eso, dirigió su mirada al frente y añadió con aún mayor respeto: “¡Saludos, estimado general Salazar!”.
Y casi de inmediato, se oyeron gruñidos de aprobación por ambas partes, mientras que varios de los archimagos incluso asintieron levemente en respuesta.
Entonces, al instante siguiente, la voz ronca de Salazar resonó por el salón: "Levanta la cabeza, Kael".
Kael obedeció de inmediato y miró al general a los ojos.
Las pupilas rojas y reptilianas de Salazar lo miraban fijamente, provocándole un escalofrío involuntario. Su mirada era demasiado intensa, demasiado penetrante, como si el anciano quisiera desvelar cada pensamiento e intención que albergaba mediante la mera observación.
Y, sin embargo, el propio Salazar parecía notablemente relajado.
Permanecía de pie, ligeramente encorvado, con las manos metidas en los bolsillos de su larga capa oscura, como si ceremonias como esta tuvieran poca importancia para él.
El contraste entre su postura desenfadada y su aura monstruosa no hacía sino acentuar su presencia.
Sin embargo, al instante siguiente, Salazar habló en un tono inesperadamente solemne, desbaratando una vez más las expectativas de Kael.
“Les saludo en nombre del Emperador, quien, lamentablemente, permanece ausente.”
Ajustándose las gafas, que se le resbalaban ligeramente, el general continuó: «Has demostrado una gran valentía. Has actuado como debe hacerlo cualquier gran guerrero».
La voz de Salazar se mantuvo tranquila, pero cada palabra parecía pesar sobre el espacio que los rodeaba.
“Arriesgaste tu propia vida para evitar una catástrofe.”
Sus palabras resonaron por toda la sala, reflejándose en el mármol blanco y las enormes columnas.
Entonces el general continuó con un tono de voz ligeramente más alto: «Precisamente por eso estás aquí hoy. ¡Por tal hazaña, el Imperio desea recompensarte como corresponde!».
Y al instante siguiente, la figura de Salazar se desdibujó repentinamente.
Kael ni siquiera lo vio moverse.
Un instante antes, el General estaba de pie cerca de los escalones del trono, y al siguiente se encontraba justo delante de él, tomando con calma a Kael por el hombro y ayudándolo a ponerse de pie.
La velocidad vertiginosa provocó que la tensión recorriera instintivamente el cuerpo de Kael.
“Fuerte…” fue todo lo que Kael logró pensar.
Ahora, estando tan cerca de Salazar, sentía con mayor claridad la presión que emanaba del General. A pesar de tener una estatura similar, Kael tenía la sensación de estar frente a un peligroso depredador.
Y lo peor era que Salazar seguía mostrándose completamente relajado, como si no tuviera idea de la presión que su mera presencia ejercía sobre quienes le rodeaban.
Pero en medio de todo esto, Kael de repente sintió que algo extraño ocurría.
Su intuición le decía persistentemente que el comportamiento de Salazar no era simplemente una formalidad o un acto de cortesía.
Tenía la sensación de que el general quería algo de él.
“Este anciano se está comportando de forma demasiado extraña…”, pensó Kael, haciendo todo lo posible por mantener una expresión tranquila.
Tras lanzar una mirada discreta hacia los archimagos, se dio cuenta rápidamente de que no era el único que sentía eso.
Varios de los archimagos también parecían algo sorprendidos.
Sobre todo la mujer de cabello color esmeralda, que había arqueado una ceja apenas perceptiblemente mientras seguía observando a Salazar.
Y a juzgar por sus reacciones, es evidente que el general no había tratado así a los destinatarios anteriores.
Pero al instante siguiente, Salazar volvió a hablar inesperadamente, y lo hizo con tanta franqueza que Kael quedó momentáneamente desconcertado.
—Apenas te han arrancado de tu patria, soldado —dijo el general con calma, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos—. No me hago ilusiones de que ya te hayas encariñado con un Imperio que te es ajeno.
Al escuchar palabras tan sinceras, Kael sintió inesperadamente un atisbo de respeto por Salazar.
El general mantuvo la mirada fija en él.
—Y aun así, a pesar de eso, arriesgaste tu vida —dijo Salazar con calma—. ¿Por qué?
La respuesta de Kael llegó casi al instante.
—Intento basarme en los hechos —dijo Kael con voz firme, tergiversando deliberadamente sus verdaderas intenciones—. El Imperio es un baluarte de la humanidad. Si cae, la vida de todos los humanos se convertirá en una pesadilla. Mi patria no será la excepción.
Al oír eso, Salazar sonrió inesperadamente, e incluso esa leve emoción parecía bastante depredadora en su rostro.
—Una respuesta acertada —dijo el general—. Me gusta.
Acto seguido, Salazar extendió inesperadamente la mano hacia Kael. Por un breve instante, Kael incluso vaciló, pues tal gesto de alguien de la talla del general le pareció demasiado inesperado.
Pero en el instante en que Kael le estrechó la mano, sintió como si su palma hubiera sido atrapada en un tornillo de banco de acero; el agarre era tan fuerte e inflexible.
Mientras tanto, el general entrecerró ligeramente los ojos mientras seguía estudiando a Kael a tan corta distancia que su rostro demacrado, su nariz aguileña, sus gafas y su cuidada perilla ya no daban la impresión de ser un erudito o un funcionario.
Salazar se sentía más como un ave de rapiña que jamás dejaría escapar a su presa una vez que la hubiera puesto en la mira.
“Esto no me gusta... Está presionando demasiado”, murmuró Kael para sí mismo, presentiendo que algo andaba mal.
Pero al instante siguiente, fue como si el General hubiera percibido la duda en su interior y lo interrumpiera bruscamente con una pregunta: "¿Qué recompensa deseas?".
Al sentir que su mano comenzaba a entumecerse gradualmente bajo el agarre monstruosamente poderoso de Salazar, Kael se tensó interiormente. "¿Me está poniendo a prueba? ¿Pero por qué?"
Casi de inmediato, recordó lo que había oído antes mientras esperaba fuera del salón de ceremonias.
El general no había interrogado a los demás galardonados, no se había acercado a ellos y, desde luego, no había entablado conversaciones de ese tipo. Simplemente les había entregado sus premios y los había despedido.
—No les preguntó a los demás... simplemente los recompensó... —comentó Kael con recelo.
Pero al instante siguiente, algo pareció hacer clic en su interior.
«Maldita sea…», maldijo para sus adentros. «Si quiero ascender en el Imperio, la reputación debe primar sobre las ganancias. Si ahora pido dinero sin más, causaré una pésima impresión…»
Kael analizó rápidamente la situación, dándose cuenta de que su respuesta serviría como demostración tanto de su carácter como de sus ambiciones.
“¿Cómo puedo sacar el máximo provecho de esta situación?”, se preguntó.
En ese momento, Salazar notó el cambio en la expresión de Kael y entrecerró aún más los ojos, con las comisuras de los labios ligeramente temblorosas, como si el General apreciara la rapidez con la que el joven había comprendido la situación.
Sin embargo, los archimagos que estaban detrás de él ya no parecían tan tranquilos.
Varios de ellos fruncieron levemente el ceño, claramente no del todo satisfechos con los métodos de Salazar.
El archimago Al-Hakim incluso tosió suavemente antes de decir con una leve sonrisa: "General... le está presionando demasiado al muchacho".
Sin embargo, Salazar ni siquiera se dio la vuelta.
Simplemente levantó ligeramente la mano libre, como si con un solo gesto quisiera descartar cualquier otra discusión.
Al ver eso, Al-Hakim solo negó con la cabeza y murmuró en voz baja: "El general es demasiado testarudo..."
Pero al instante siguiente, un brillo distintivo apareció en los ojos ámbar de Kael, y lentamente enderezó la espalda antes de hablar sin dudarlo: "Quisiera pedir por la seguridad de Lasthold y un trato respetuoso hacia su cultura y su gente".
Ante esa respuesta, varios archimagos arquearon ligeramente las cejas, e incluso Al-Hakim dejó de mostrarse tan despreocupado y estudió el rostro de Kael con más atención.
Kael continuó con calma: «Podría pedir dinero para desarrollar mi propia fuerza y cultivar mis habilidades, pero eso es algo que puedo ganarme por mí mismo. Sin embargo, garantizar la seguridad de mi patria requeriría demasiado tiempo».
Mientras hablaba, miró fijamente a los ojos de Salazar.
“Si pudiera lograrlo ahora... podría concentrarme en mi propio crecimiento con mucha más tranquilidad. Estaría ayudando tanto a mi país como a mí mismo.”
Tras esas palabras, Kael recorrió brevemente con la mirada a los archimagos sentados a ambos lados de la sala, y luego añadió en un tono algo más suave:
“Lasthold ha vivido aislada del resto del mundo durante cientos de años. Me temo que será mucho más difícil para mi tierra natal integrarse al Imperio…”
En respuesta, Salazar le dio una palmada inesperada en el hombro a Kael y dijo con satisfacción: "Otra respuesta digna".
Luego, estrechando levemente sus manos entrelazadas, el General continuó: “Personalmente escribiré una carta al Emperador. Prometo que la primera delegación importante enviada a Lasthold estará compuesta por magos dignos”.
Ante esa respuesta, Kael se limitó a sonreír con calma y respondió con una reverencia: "Gracias".
Sin embargo, en su interior, evaluó la situación de inmediato con racionalidad: «Es una lástima que no vaya a recibir dinero… pero dadas las circunstancias, era la mejor respuesta posible. Solo espero que esa promesa se cumpla… al menos en parte…»
Kael ya se disponía a marcharse y dar por concluida la ceremonia cuando, casi de inmediato, notó que, por alguna razón, Salazar no le soltaba la mano. Al instante siguiente, el General activó un anillo espacial con un movimiento de su mano libre.
Un uniforme militar negro bordado con el dragón rojo del Imperio apareció repentinamente en la mano del general.
Ante este giro de los acontecimientos, las expresiones de varios archimagos cambiaron de inmediato, mientras que Al-Hakim y Guro casi se levantaron de sus asientos al mismo tiempo.
“General, ¿qué está usted…?”
Pero Salazar ni siquiera les permitió terminar. Sin soltar la mano de Kael, declaró solemnemente: «Tengo un regalo más. Uno personal».
En ese instante, Kael sintió con total claridad que algo andaba mal, como si se le erizara el vello de la nuca. Su intuición le gritaba que había peligro.
Dando un pequeño paso atrás, intentó objetar: “General… yo no…”
Pero Salazar lo interrumpió inmediatamente sin inmutarse.
“Me sorprendió saber que uno de mis antiguos subordinados, el teniente Dukhlas, me había escrito sobre usted incluso antes del levantamiento de los hombres bestia.”
Con esas palabras, el general extendió el uniforme negro hacia Kael.
“Y teniendo en cuenta sus logros”, continuó Salazar, “hace tiempo que han superado a los estudiantes y reclutas comunes y corrientes”.
Ante esas palabras, soltó de repente una risa ronca, luego alzó bruscamente la voz y anunció a toda la sala:
“Por la autoridad que me ha sido conferida, declaro que a partir de hoy quedáis oficialmente alistados en el Ejército Imperial y ya no necesitáis realizar los exámenes de cualificación militar.”
En el instante en que se pronunciaron esas palabras, Al-Hakim se puso de pie de un salto y exclamó indignado: “¡Me opongo! ¡Esto sobrepasa con creces todos los límites aceptables!”.
Guro lo apoyó casi de inmediato, golpeando su bastón contra el suelo.
“¡Estoy de acuerdo! ¡Está actuando injustamente, general Salazar!”
Sin embargo, Salazar ignoró por completo la indignación de los archimagos y siguió mirando únicamente a Kael.
—Lograste cruzar una capital entera sumida en el caos —dijo el general con calma—. Eso basta para comprender lo agudos que son tus instintos de supervivencia. Y tus guanteletes ensangrentados me demostraron que sabes matar.
Salazar hizo una breve pausa, aún sosteniendo el uniforme militar frente a Kael.
“Si te quedas en la capital, simplemente desperdiciarás tu talento.”
En ese instante, algo pareció brillar en los ojos rojos del General, y miró a Kael como si estuviera contemplando un tesoro invaluable que no tenía intención de dejar escapar.
—Por lo tanto, te invito personalmente a formar parte de uno de los ejércitos más poderosos del Imperio —dijo Salazar con voz ronca—. ¡Parte del Ejército de la Serpiente Escarlata!
Al oír esas palabras, el corazón de Kael pareció dar un vuelco y un escalofrío le recorrió la espalda al instante.
“¡Maldita sea…!”, maldijo para sus adentros, sintiendo que un sudor frío comenzaba a brotarle. “No quiero ir a la guerra… Necesito encontrar una buena excusa de inmediato”.
A pesar de la conmoción que sintió, Kael recuperó la compostura casi de inmediato, forzando una sonrisa educada en su rostro.
—Gracias por tan increíble oferta, general Salazar —dijo con la mayor calma posible—. Pero me temo que ya le prometí al Gremio de Eruditos que me uniría a sus filas. Si rompo mi juramento, —dijo con la mayor calma posible—.
Pero no se le permitió terminar.
—No te preocupes —interrumpió Salazar con total serenidad—. El archimago Al-Hakim anulará ese juramento.
Y en ese preciso instante, toda la sala pareció congelarse.
Al-Hakim incluso dejó de sonreír por un segundo antes de volverse bruscamente hacia el general.
—¿Perdón? —exclamó el archimago indignado.
En el instante siguiente, la figura de Al-Hakim también se desdibujó, y apareció junto a Kael en un abrir y cerrar de ojos, mirando a Salazar con irritación.
“¿Y por qué haría yo algo así?”, preguntó. “¡Desde hace mucho tiempo consideramos a Kael parte de nuestro Gremio!”
Y al ver a Al-Hakim tomar tan abiertamente su postura, Kael sintió de inmediato una oleada de esperanza encendiéndose en su interior.
“¡Sí! ¡Gracias, Archimago!”, gritó para sí mismo.
Al darse cuenta de que necesitaba fortalecer su posición de inmediato, Kael respiró hondo rápidamente y añadió en voz alta en tono cortés:
“También deseaba especializarme en alquimia y artes de la inscripción. Mi potencial no se limita únicamente a la profesión militar…”
Sin embargo, Salazar simplemente soltó una risa inesperadamente jovial, alternando la mirada entre Al-Hakim y Kael como si estuviera observando a dos niños ingenuos que aún no comprendían la situación por completo.
—Por desgracia —dijo el general con voz ronca, ajustándose ligeramente las gafas—, esa decisión no le corresponde a usted tomarla.
Luego, tras una breve pausa, añadió con calma: "Tampoco está en mi mano".
En el instante en que se pronunciaron esas palabras, Al-Hakim se quedó paralizado de repente, y por primera vez una auténtica sorpresa se reflejó en su rostro.
“¿Te refieres a eso…?” susurró con cautela.
Pero antes de que el Archimago pudiera terminar, una voz grave resonó de repente por toda la sala, con un tono a la vez tranquilo y de alguna manera inexplicablemente místico: "Es mi decisión".
Con tan solo oír esa voz, el aire de la sala pareció volverse más denso, y todas las miradas se dirigieron instantáneamente hacia el trono, junto al cual se encontraba ahora una figura vestida con una larga túnica negra y una máscara dorada.
Kael ni siquiera comprendió cuándo había aparecido exactamente esa figura. Un segundo antes, el espacio junto al trono estaba vacío.
En el instante en que los allí reunidos vieron al extraño, Salazar y todos los archimagos se arrodillaron sin la menor vacilación. Solo Kael permaneció de pie en medio del salón, incapaz de comprender lo que sucedía.
Solo un pensamiento cruzó por su mente: “Pero el Emperador no está en la Capital... Entonces, ¿quién es este? ¿Y por qué todos se arrodillan ante él...?”

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 80
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 79
Estás leyendo el capítulo 79 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 26 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.