Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 74 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La brillante luz del sol seguía iluminando la capital, y el cielo azul despejado parecía casi burlonamente tranquilo frente al telón de fondo del humo negro que ahora se elevaba sobre muchos distritos de la ciudad.
La capital, normalmente rebosante de vida, estaba ahora sumida en gritos, el rugido de la destrucción y los ecos de innumerables batallas que resonaban hasta el barrio estudiantil.
La plaza del barrio estudiantil no era menos caótica en ese momento.
Todos los estudiantes de la Academia habían llegado allí apenas un minuto antes. Se oían por todas partes la respiración agitada de los estudiantes exhaustos, conversaciones ansiosas y las órdenes apresuradas de los profesores que intentaban imponer cierto orden entre la multitud.
Algunos de los instructores ya habían comenzado a dividirse en grupos.
Algunos permanecieron en la plaza para seguir protegiendo a los estudiantes, mientras que otros se agruparon rápidamente, preparándose claramente para regresar a la Academia y apoyar a Valeria y Dukhlas.
“¡No dejen que los estudiantes se dispersen!”
“¡Profesora Helga, trace un círculo mágico que oculte la presencia!”
En medio de toda aquella multitud se encontraba Kael, observando atentamente todo lo que sucedía a su alrededor.
Su mirada se desviaba repetidamente hacia el cielo sobre la ciudad, donde nuevas columnas de humo seguían elevándose, antes de volver a los profesores que organizaban apresuradamente la defensa del Barrio Estudiantil.
“Solo han transcurrido unos veinte minutos desde que comenzó el ataque…”, pensó con tensión. “Pero los sonidos de la batalla no han hecho más que intensificarse. ¿Cuántos esclavos habrán logrado liberar los hombres bestia?”
Pero en ese momento, nuevos gritos estallaron repentinamente en medio del caos general.
Un grupo de estudiantes entró corriendo a la plaza desde una de las calles laterales.
Eran estudiantes de Lasthold, cuyas clases habían terminado hacía aproximadamente una hora. A juzgar por su respiración agitada y sus rostros asustados, habían pasado todo ese tiempo escondidos en las residencias estudiantiles sin comprender lo que estaba sucediendo.
Algunos incluso portaban armas.
“¡Por fin llegó alguien!”
“¿Qué… Por qué hay tantos estudiantes de la Academia aquí?”
Pero al instante siguiente, uno de ellos se fijó de repente en Kael.
Los ojos del chico se abrieron de par en par de inmediato, y gritó en el idioma de Lasthold: “¡Kael! ¿Qué está pasando aquí?!”
Kael levantó la cabeza bruscamente y casi de inmediato respondió en el mismo idioma: “¡Parece que la Capital está siendo atacada! Pero no se alarmen, ¡ahora mismo estamos bajo la protección de los profesores!”.
Solo después de esas palabras, los jóvenes de Lasthold se percataron de que un grupo de instructores cercanos ya había comenzado a dispersarse.
Algunos de los profesores regresaban rápidamente hacia la Academia, mientras que el resto se volvió hacia la multitud de estudiantes, preparándose claramente para mantener la posición.
El profesor corpulento de espeso bigote dio un paso al frente y gritó con voz atronadora: “¡Mantengan el orden! ¡Dispersaos por los dormitorios y refugiaos en los niveles subterráneos! ¡Mientras estemos aquí, nadie podrá entrar en la zona de estudiantes!”
En respuesta a la orden del profesor, los estudiantes comenzaron rápidamente a dividirse en grupos.
Decenas de pequeños grupos de estudiantes se dispersaron de inmediato por la plaza, apresurándose hacia las residencias estudiantiles. Algunos seguían mirando nerviosamente hacia el humo que se elevaba sobre el Capitolio; otros aferraban armas o pergaminos mágicos con fuerza, mientras que algunos caminaban casi en silencio, claramente incapaces de comprender aún la magnitud de lo que estaba sucediendo.
Mientras tanto, Kael se acercó rápidamente al grupo de Lasthold.
—Todo saldrá bien, no se preocupen —dijo con calma en su idioma, tratando de sonar más seguro de sí mismo.
Tras esas palabras, la multitud finalmente comenzó a dispersarse por las calles del barrio estudiantil.
Los estudiantes corrieron hacia las residencias estudiantiles en grandes grupos, y pronto las estrechas calles entre los edificios se llenaron de pasos apresurados, respiración agitada y voces ansiosas.
Kael siguió el ritmo de los demás, observando atentamente todo lo que sucedía a su alrededor.
«Valeria suele vigilar a nuestro grupo…», pensó para sí mismo, recorriendo rápidamente con la mirada los tejados y los callejones cercanos. «Pero ahora mismo no está aquí».
Tras darse la vuelta una vez más y confirmar que ninguno de los profesores estaba vigilando específicamente a su grupo, Kael tomó su decisión al instante.
"Ahora."
Al instante siguiente, se deslizó hábilmente por un estrecho callejón lateral entre las residencias estudiantiles, separándose del flujo principal de estudiantes.
Entonces aceleró bruscamente.
Un breve destello de maná gris fluyó por sus canales, y Kael se lanzó hacia adelante casi en silencio por la calle vacía, dirigiéndose rápidamente hacia la Capital sumida en el caos.
Pero justo en el momento en que Kael desapareció al doblar la curva del estrecho callejón, alguien del grupo de Lasthold lo vio escabullirse.
Los ojos de Aiden se entrecerraron al instante, y un odio apenas disimulado brilló en su mirada.
Se detuvo casi de inmediato, permitiendo que los demás estudiantes siguieran corriendo a su lado. Varios estudiantes se giraron sorprendidos, pero Aiden ni siquiera les dirigió una mirada.
En cambio, dirigió lentamente su mirada hacia donde Kael acababa de desaparecer.
—¿Preocupado por tus patéticos amigos de la taberna? —murmuró con veneno.
Una sonrisa sombría se extendió gradualmente por el rostro de Aiden.
Tras todo lo ocurrido en la Academia, el odio que sentía hacia Kael no había hecho más que crecer. Para Aiden, Kael hacía tiempo que había dejado de ser un simple enemigo; su mera existencia le resultaba una humillación.
Aiden entrecerró ligeramente los ojos y lanzó una rápida mirada hacia la plaza central del Barrio Estudiantil.
—Tengo que contarle esto a Valkeris —dijo en voz baja—. Esta es mi oportunidad.
Y con esas palabras, Aiden se giró bruscamente y echó a correr de inmediato.
✦ ✦ ✦
Mientras cada vez más estudiantes del Barrio Estudiantil se dispersaban hacia las residencias y descendían a los niveles subterráneos, Kael ya corría a toda velocidad hacia los límites del recinto de la Academia Imperial.
El maná gris circulaba continuamente por sus canales, reduciendo notablemente su peso y aligerando cada uno de sus movimientos. La piedra triturada crujía levemente bajo las suelas de sus botas mientras Kael saltaba por encima de senderos y arbustos ornamentales, tomando la ruta más directa.
Sus ojos color ámbar permanecieron fríos y fijos.
Una tras otra, las calles de la capital fueron apareciendo en su mente, conformando un mapa detallado de la ciudad.
«La calle Lesser Amber está un poco al este…», calculó rápidamente, girando bruscamente entre dos edificios. «La mejor ruta es por los callejones, evitando las calles principales».
Incluso desde allí, aún podía oír explosiones lejanas, gritos y el fuerte estruendo de choques mágicos.
Kael avanzó sin disminuir la velocidad.
Y con cada salto, el imponente muro exterior de la Academia se acercaba más.
Una hilera de árboles altos se extendía ante ella, sus hojas susurrando con inquietud bajo las ráfagas de viento y las ondas expansivas lejanas. Más allá del muro, ya se veían columnas de humo elevándose sobre la ciudad, acompañadas del olor a quemado, sangre y algo carbonizado.
“Solo un poco más…” pensó Kael, acelerando aún más bruscamente.
A medida que se acercaba al muro exterior de la Academia, una mueca de leve irritación cruzó su rostro.
“Debería haber comprado al menos algún tipo de arma antes…”, pensó con irritación, cambiando bruscamente de dirección.
Al instante siguiente, Kael saltó alto en el aire, agarrándose a una gruesa rama de árbol. La rama crujió peligrosamente bajo su peso, pero él aprovechó el impulso de inmediato para impulsarse aún más alto, alcanzando el borde del alto muro de piedra.
Sus dedos se apretaron alrededor de la fría piedra, y al instante se incorporó.
Pero en el instante en que la cabeza de Kael se asomó por encima del muro y las calles de la Capital aparecieron ante sus ojos, su corazón dio un vuelco.
“Maldita sea… definitivamente necesito un arma para esto…” apenas logró murmurar.
Ante él se extendía una pequeña plaza de la que partían varias calles en diferentes direcciones.
Todo el pavimento empedrado estaba empapado de sangre, hasta tal punto que el agua de la fuente de piedra en el centro de la plaza había adquirido un tono carmesí oscuro. Cuerpos de humanos y bestias yacían esparcidos por todas partes, y el aire estaba impregnado del olor a sangre y humo.
Pero lo peor era que la batalla aún continuaba. Por todas partes, todavía se podían ver rastros de maná dispersándose tras los enfrentamientos.
Soldados imperiales, junto con los habitantes del pueblo, intentaban contener a las bestias en medio de la plaza. Algunos comerciantes empuñaban cuchillos de cocina y hachas, otros se escondían tras carros volcados, mientras que varios caballeros imperiales mantenían una línea defensiva cerca de una de las calles, impidiendo que las bestias avanzaran más.
Sin embargo, incluso a simple vista, era obvio: había una escasez catastrófica de soldados.
Los ojos de Kael recorrieron rápidamente la plaza, evaluando la situación.
En ese instante, una de las bestias irrumpió de lleno en un grupo de mercaderes que se defendían cerca de una tienda en ruinas, rugiendo de furia.
Empuñaba un hacha enorme de dos manos que le había arrebatado a uno de los guardias muertos.
Su primer golpe destrozó un escudo de madera con un crujido monstruoso, cercenándole el brazo al mercader justo por encima del codo en un solo movimiento. El hombre gritó desesperadamente y cayó de rodillas, mientras la bestia remataba el ataque.
Al segundo comerciante le abrieron el pecho literalmente.
La sangre y las vísceras salpicaron el suelo, y varias personas que se encontraban cerca retrocedieron horrorizadas.
Pero un segundo después, acompañada de un destello de maná turquesa, una larga lanza de un caballero imperial impactó desde un costado.
La punta de la lanza atravesó por completo el flanco de la bestia, emergiendo cerca de su columna vertebral.
Sin embargo, la bestia solo emitió un sonido áspero antes de agarrar el asta y tirar del caballero hacia sí como si no pesara nada.
Al instante siguiente, clavó sus dientes directamente en el cuello del caballero.
Un crujido húmedo resonó, bañando en sangre a los aterrorizados comerciantes.
Ambos se desplomaron inmediatamente al suelo, continuando su lucha entre sí en su agonía agonizante sobre los adoquines empapados de sangre.
Más adelante, en la misma calle, un grupo de civiles intentaba apresuradamente bloquear la entrada a un callejón estrecho con una carreta volcada. Varios hombres, respirando con dificultad, se apoyaban con fuerza contra las ruedas de madera, mientras dos soldados heridos se interponían entre ellos, manteniendo una temblorosa barrera de maná semitransparente.
La luz azul parpadeaba intermitentemente, haciéndose cada vez más débil.
La sangre brotaba sin cesar de debajo de la armadura de uno de los soldados, empapando ya su bota, pero aun así mantenía la barrera, con los dientes apretados por el esfuerzo.
Pero al instante siguiente, una sombra apareció repentinamente sobre nuestras cabezas.
Un hombre bestia esbelto con brazos desproporcionadamente largos saltó desde el tejado de un edificio de dos plantas directamente hacia la multitud.
En sus garras cobraron vida al instante cuchillas de hueso gris.
Antes de que la gente tuviera tiempo siquiera de gritar como es debido, él ya se había abalanzado hacia adelante.
La bestia irrumpió entre la multitud, blandiendo sus dagas. Un hombre se desplomó al instante, agarrándose el estómago desgarrado. Otro simplemente escupió sangre mientras una línea sangrienta aparecía lentamente en su cuello.
El soldado herido se giró bruscamente y, con un rugido, intentó atacar con su espada.
Pero la bestia se agachó bruscamente, casi deslizándose bajo la estocada, y luego, con un único movimiento ascendente, le abrió la cara al soldado desde la barbilla hasta la frente.
Al presenciar todo aquello, Kael se quedó paralizado por un instante.
El miedo se apoderó de él de repente, mientras una fuerte oleada de náuseas le subía por la garganta al oler la sangre, el humo y ver los cuerpos destrozados. Al mismo tiempo, algo dentro de él pareció resquebrajarse, y escenas completamente diferentes surgieron inesperadamente ante sus ojos: la ejecución de sus padres, su hermana tendida en un charco de sangre.
Aquellas imágenes parecían transportarlo a los días de su encarcelamiento en la Biblioteca Divina. Una vez más, sintió esa culpa ardiente y opresiva que lo había consumido día tras día.
Entonces su mente comenzó a evocar nuevas imágenes por sí sola. Escenas sangrientas similares, pero ahora con Violet, Girren, Roselle y Lissandra.
Kael casi podía ver sus cuerpos sin vida tendidos en la ruinosa taberna del Borracho Alegre.
Pero al instante siguiente, se dio una fuerte bofetada en la mejilla. El crujido resonó en la pared, y Kael, agarrándose al borde con la otra mano, la escaló rápidamente, exclamando con voz ronca: «Acabaron aquí por mi culpa…»
Tras dejarse caer desde el muro sobre los adoquines, Kael se enderezó lentamente.
—No permitiré que vuelva a suceder —dijo en voz baja, sintiendo cómo el maná gris comenzaba a circular más rápido por sus canales una vez más—. Las personas cercanas a mí jamás volverán a morir por mi culpa…
“Después de todo, esas incontables torturas sí me enseñaron algo…”, pensó, recordando brevemente las cientos de veces que el Dios del Conocimiento y la Locura lo había atormentado.
Y con ese pensamiento, algo en el interior de Kael pareció encajar. El miedo y la ansiedad se desvanecieron instantáneamente, dejando tras de sí solo desapego y una fría serenidad.
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Al instante siguiente, la mente de Kael se conectó con Libero, y su cuerpo se volvió aún más ligero. Una fina capa de maná gris cubrió sus piernas, y entonces Kael se lanzó hacia adelante, casi en silencio, recorriendo la calle empapada de sangre.
Su figura se movía con tal rapidez entre cuerpos, carros volcados y ráfagas de maná que el ojo apenas podía seguirlo. La gente seguía gritando cerca, las armas chocaban y las bestias rugían, pero Kael ya estaba completamente concentrado en el movimiento.
Mantenía toda la calle bajo su atenta mirada, analizando todo a su alrededor con la velocidad del rayo.
“Hasta que consiga un arma, necesito evitar cualquier confrontación directa…”, señaló con frialdad, moviéndose bruscamente hacia un lado cuando el maná brilló frente a él.
Una bola de fuego se estrelló contra los adoquines al instante siguiente, esparciendo fragmentos de piedra y trozos de tierra ardiente en todas direcciones.
Kael ni siquiera redujo la velocidad.
La imagen de la plaza que había vislumbrado desde el muro de la Academia resurgió rápidamente en su mente.
«Debería haber una armería al final de la calle…», pensó, saltando por encima del cuerpo de una bestia muerta. «Necesito un arma. Inmediatamente».
En ese preciso instante, justo a la derecha de Kael, uno de los guardias imperiales estrelló un pesado garrote de hierro contra la cabeza de un hombre bestia con un rugido furioso.
Se oyó un crujido húmedo.
El cráneo del hombre bestia quedó literalmente aplastado contra el pavimento, y fragmentos de sangre y hueso salieron disparados en todas direcciones. Pero Kael ni siquiera aminoró la marcha, pasando justo cuando el guardia comenzaba a levantar el garrote.
Su mirada recorrió rápidamente el campo de batalla, evaluando los movimientos, los destellos de maná y el estado general de los combatientes.
“Principalmente magos tejedores de canales… y no los magos marcados más poderosos”, señaló con frialdad, al notar que muchos de los hombres bestia luchaban sin las armas adecuadas, y sus movimientos a veces parecían demasiado erráticos.
Era evidente que años de esclavitud habían dejado su huella. Algunos estaban tan demacrados que incluso mantener su maná les resultaba difícil.
“Aunque todavía no he alcanzado el nivel de un Mago Marcado…”, continuó Kael para sí mismo, saltando con agilidad sobre una pila de cajas destrozadas. “Oponentes como estos no serán un problema”.
Al instante siguiente, entrecerró ligeramente los ojos mientras aceleraba de nuevo.
“Sobre todo si puedo conseguir un par de guanteletes de combate.”
Kael se agachó bruscamente, y una ola de fuego rugió directamente sobre su cabeza, chamuscándole las puntas del cabello y dejando tras de sí una ráfaga de calor seco.
Pero nunca perdió el ritmo.
En el instante siguiente, Kael se impulsó contra la pared de un edificio cercano, alterando bruscamente su trayectoria, y literalmente voló entre dos combatientes que estaban enfrascados en una batalla.
Una de las bestias acababa de levantar una garra afilada, preparándose para abrirle el estómago a un hombre, cuando el soldado imperial chasqueó los dedos.
Una columna de fuego surgió instantáneamente bajo los pies de la bestia.
El fuego envolvió su pelaje con un rugido, provocando que la criatura lanzara un grito salvaje y se tambaleara frenéticamente calle abajo. Varios mechones de piel en llamas cayeron sobre el toldo de madera de una tienda, prendiéndole fuego casi de inmediato.
Pero Kael ignoró por completo el horror que se desarrollaba a su alrededor.
Sus ojos color ámbar recorrieron rápidamente la calle, buscando los letreros. Y en ese instante, finalmente divisó la tienda que buscaba, gritando: “¡Ahí está!”.
En el cartel de madera oscurecido aún se podía distinguir la imagen descolorida de las espadas cruzadas.
Pero justo cuando Kael daba varios saltos rápidos hacia adelante, la situación cambió abruptamente.
En el instante siguiente, una bestia de pelaje blanco fue literalmente lanzada a través del escaparate de la tienda de armas.
Se oyó un estruendo ensordecedor.
El cristal estalló instantáneamente en fragmentos, cubriendo la calle con una lluvia de esquirlas afiladas como navajas, mientras que el cuerpo de la bestia rodaba por el suelo de madera dentro de la tienda con un impacto atronador, destrozando un estante de armas.
Casi de inmediato, se escuchó desde el interior el grito aterrorizado de una mujer.
Los ojos de Kael se entrecerraron bruscamente.
“¡Maldita sea…!” maldijo, sin siquiera considerar la posibilidad de reducir la velocidad.
Sin cambiar de dirección, Kael se impulsó desde el suelo y, literalmente, se lanzó a través del escaparate destrozado hacia la tienda de armas.
Fragmentos de vidrio y madera astillada crujieron bajo sus pies. La suela de su bota resbaló un instante sobre los escombros, pero Kael inmediatamente cambió su centro de gravedad, manteniendo el equilibrio.
Su mirada se fijó al instante en la bestia de pelaje blanco.
La bestia ya estaba de pie en medio de la tienda destrozada, sujetando a una mujer por el cuello con una mano y levantándola del suelo. La mujer luchaba desesperadamente por respirar, arañando su pata con las uñas, pero la bestia no le prestaba atención.
Su otro brazo ya se estaba retirando.
A juzgar por la tensión en sus músculos y el maná que brotaba a su alrededor, tenía la intención de matarla de un solo golpe.
Pero justo en el momento en que la bestia estaba a punto de golpear a la mujer en el estómago, Kael apareció detrás de él como un fantasma.
Al instante, una oleada de maná gris recorrió el brazo derecho de Kael, reforzando los músculos y haciendo que su puño se volviera mucho más pesado justo antes del impacto.
Al instante siguiente, el puño de Kael se estrelló contra la sien del hombre bestia con un estruendo ensordecedor.
Por un instante, pareció como si una explosión hubiera ocurrido dentro de la tienda.
El golpe fue tan monstruosamente fuerte que el cuerpo de la bestia salió disparado literalmente por la mitad de la tienda. Atravesó otro estante de armas, esparciendo espadas y astillas de madera por toda la habitación, antes de estrellarse contra la pared con un impacto ensordecedor.
La mujer se desplomó inmediatamente al suelo, jadeando desesperadamente mientras se agarraba la garganta. Su mirada recorrió frenéticamente la tienda en ruinas hasta que finalmente se posó en la figura de Kael, con su uniforme blanco de la Academia.
Evidentemente, no tenía ni idea de lo que acababa de suceder.
Pero los hombres bestia ya estaban empezando a resurgir.
Escupiendo sangre al suelo junto con varios dientes rotos, gruñó furiosamente: “Vrokh ulghat…”
Kael simplemente resopló.
"El que lo dice, lo es."
Pero al instante siguiente, la criatura bestial cargó hacia adelante con un rugido.
Su garra afilada se lanzó hacia el pecho de Kael con tal fuerza que el aire silbó brevemente. Sin embargo, Kael ni siquiera se inmutó.
En el último instante, apartó bruscamente su cuerpo mientras, simultáneamente, liberaba un breve pulso de maná gris directamente en el brazo de su oponente.
El ataque de los hombres bestia perdió inmediatamente parte de su ímpetu.
Pero eso no fue lo peor.
El maná desequilibró instantáneamente su cuerpo. El brazo derecho del hombre bestia pareció llenarse de plomo, volviéndose varias veces más pesado de lo normal.
Su equilibrio se inclinó inmediatamente hacia adelante.
“¡¿Grrh?!” El hombre bestia se tambaleó, perdiendo inesperadamente el equilibrio.
Y Kael ya estaba interviniendo.
Su pierna se deslizó bruscamente hacia adelante, derribando la pierna de apoyo del hombre bestia con un tropiezo preciso.
El pesado brazo derecho acabó arrastrando al resto de su cuerpo hacia abajo.
Los ojos del hombre bestia se abrieron de par en par por la sorpresa, y solo logró gruñir: "¿Bask?!"
Al instante siguiente, su enorme cuerpo se desplomó de espaldas con un impacto atronador, y su brazo, cargado de peso, atravesó el suelo de madera de la tienda.
Pero Kael no le dio ni la más mínima oportunidad de levantarse.
En ese mismo instante, saltó hacia arriba y un maná gris se extendió por todo su cuerpo, cubriendo músculos y huesos con una densa capa.
Entonces Kael cayó.
Mientras caía, su propio peso se multiplicó por muchas, como si su cuerpo se hubiera transformado en un enorme bloque de piedra en un instante.
Al instante siguiente, su codo impactó con toda su fuerza directamente contra la caja torácica del hombre bestia.
Las tablas del suelo se hicieron añicos y el pecho de la bestia se hundió, rompiéndose las costillas y reventándose los órganos internos. La sangre brotó a borbotones de su boca junto con trozos de carne y vísceras, salpicando el suelo roto y los estantes de armas más cercanos.
El cuerpo de la bestia se convulsionó una vez, e inmediatamente sus ojos se pusieron en blanco.
El propio Kael hizo una mueca de disgusto.
En el momento del impacto, una intensa oleada de dolor recorrió todo su cuerpo. Incluso con el refuerzo de maná, el retroceso de la colisión había sido monstruoso. Su codo crujió desagradablemente, y los músculos de su brazo respondieron de inmediato con un dolor sordo y palpitante.
Escupiendo un poco de sangre sobre el cadáver del enemigo, Kael hizo una mueca y maldijo: "Maldita sea... casi me rompo las costillas..."
Pero a pesar del dolor, no dudó.
El maná gris se retiró inmediatamente de su cuerpo, devolviéndole su peso normal, y Kael rodó rápidamente para apartarse del cadáver del hombre bestia y comenzó a ponerse de pie.
“¡G-gracias!”, se oyó casi de inmediato una voz femenina temblorosa.
La mujer seguía sentada en el suelo, entre cristales rotos y armas esparcidas, jadeando desesperadamente tras haber sido estrangulada. Le temblaban visiblemente las manos y su mirada iba de un lado a otro entre el cuerpo de la bestia muerta y el propio Kael.
Pero Kael simplemente le dirigió una rápida mirada y dijo sin dudarlo: "Necesito guanteletes de combate. Ahora mismo".
La mujer se estremeció visiblemente ante el tono frío y directo.
Y solo entonces Kael se dio cuenta de lo aterrador que probablemente se veía: un estudiante de la Academia cubierto de sangre, de pie con calma sobre un cadáver mutilado.
Exhaló brevemente y añadió en un tono ligeramente más suave: "Yo las pagaré. Pero cuando todo esto haya terminado".
Por un instante, su mirada se dirigió hacia la calle, donde aún se oían gritos y los sonidos de la batalla.
“Ahora mismo necesito un arma con urgencia.”
Al oír esas palabras, la mujer pareció recobrar finalmente la cordura.
Se levantó de un salto del suelo, casi resbalando sobre la sangre y los cristales rotos, y luego comenzó a inspeccionar frenéticamente la tienda destrozada.
“Guanteletes… guanteletes…” murmuró la mujer nerviosamente, moviéndose rápidamente entre los escombros.
Entonces, de repente, corrió hacia la pared del fondo, donde se encontraban varias elegantes vitrinas de madera.
Una de ellas estaba ahora completamente destrozada, poco más que un montón de astillas.
La mujer cayó inmediatamente de rodillas y comenzó a remover apresuradamente los escombros con las manos desnudas, sin prestar atención a las astillas y los fragmentos afilados que le perforaban la piel.
Mientras tanto, Kael se acercó un poco más, sin dejar de escuchar con cautela los sonidos del exterior.
Pero en ese momento, la mujer finalmente encontró algo.
—¡Toma! —exclamó casi gritando, sacando bruscamente de entre los escombros un par de guanteletes de combate plateados.
Incluso entre la sangre, el polvo y el tenue resplandor de las llamas, era obvio: estos guanteletes eran excepcionales.
Unas placas plateadas flexibles, ensambladas a partir de docenas de segmentos articulados, se superponían ajustadamente, cubriendo por completo las manos, las muñecas y los antebrazos hasta los codos. El metal parecía ligero, pero cada movimiento transmitía una sensación de durabilidad y un peso considerable.
En los nudillos y las coderas sobresalían segmentos gruesos y llamativos con grabados oscuros, en los que se habían entretejido runas mágicas apenas visibles. Entre las placas metálicas se podía apreciar una fina tela hecha con los hilos más delgados de acero mágico, lo que permitía que la armadura conservara su flexibilidad.
A pesar de su aspecto refinado y no excesivamente voluminoso, los guanteletes parecían casi depredadores. Quedaba claro de inmediato que no habían sido diseñados para proteger las manos, sino para aplastar huesos con los puños desnudos.
La mujer se apresuró inmediatamente hacia Kael, extendiéndole los guanteletes con ambas manos.
—¡Toma! —dijo rápidamente, aún respirando con dificultad tras el terror que había sufrido—. Mi tienda es modesta, ¡pero estos guanteletes estaban entre los mejores que tenía!
Sin perder tiempo en palabras, Kael aceptó el desafío. No era momento para sentimentalismos.
Inmediatamente comenzó a ponerse los guanteletes mientras escuchaba lo que sucedía afuera. Otro estruendo resonó cerca, seguido de un grito de dolor.
Pero la atención de Kael se centró rápidamente en los propios guanteletes.
A diferencia de los modelos de entrenamiento de la Academia, estos no tenían ni correas ni remaches rudimentarios para sujetarlos.
En el instante en que Kael vertió un poco de maná en ellas, las delicadas runas a lo largo de los segmentos brillaron inmediatamente con un tenue resplandor plateado.
Al instante siguiente, todas las placas de metal parecieron cobrar vida.
Con unos suaves clics, se ajustaron alrededor de sus manos y antebrazos, adaptándose perfectamente a la forma de sus extremidades y quedando firmemente fijadas en su lugar.
Tomado por sorpresa, Kael incluso agitó los brazos bruscamente para comprobar si le quedaban bien. Sin embargo, los guanteletes no emitieron ningún sonido, no se movieron ni temblaron, como si se hubieran fusionado permanentemente con su cuerpo.
Le quedaban tan bien, de forma tan natural y ajustada, que ya no las sentía como un arma aparte, sino como si siempre hubieran formado parte de su propio cuerpo.
Un leve brillo apareció en los ojos de Kael, y una sonrisa ligeramente inquietante se extendió por su rostro.
—Excelente artesanía… —dijo en voz baja, apretando el puño y sintiendo cómo los segmentos de metal se deslizaban suavemente entre sus dedos.
Al mirar a la mujer, Kael dijo de inmediato con dureza: «Escóndete en un lugar seguro. Tienes que sobrevivir para que pueda recompensarte después».
Pero la mujer solo negó con la cabeza enérgicamente.
—¡Ya me has pagado! —gritó con voz temblorosa—. ¡Estos guanteletes valen mucho menos que mi vida!
Con esas palabras, se apresuró hacia una puerta en la parte trasera de la tienda que daba a un almacén y casi de inmediato desapareció dentro, cerrando las puertas de golpe tras de sí.
Kael dirigió inmediatamente su mirada hacia uno de los estantes de armas que aún quedaban en pie.
Acercándose, apartó sin esfuerzo la pesada estructura de madera, bloqueando por completo la entrada al almacén.
Solo después de comprobar que la puerta ya no era visible, Kael exhaló brevemente y volvió a mirar hacia la calle.
“La calle Lesser Amber está muy cerca…” murmuró en voz baja. “Tengo que darme prisa.”
Al instante siguiente, saltó a través del escaparate destrozado.
Kael se lanzó hacia adelante.
Un maná gris brotó alrededor de sus piernas, reduciendo su peso una vez más, y prácticamente voló calle arriba, saltando por encima de escombros, cuerpos y charcos de sangre.
Pero ahora su mirada se dirigió de otra manera.
Si antes Kael buscaba rutas seguras e intentaba evitar los enfrentamientos, ahora sus ojos color ámbar buscaban fríamente los puntos más débiles en el caos de la batalla: los lugares por donde podía abrirse paso más rápidamente.
En pleno sprint, Kael se desplazó lateralmente y de repente se encontró junto a una bestia que luchaba contra un guardia imperial en medio de la calle.
La bestia ya había comenzado a girar su cuerpo para atacar.
Un maná negro brotó alrededor de su brazo, formando rápidamente cinco cuchillas sobre sus garras.
Pero nunca tuvo la oportunidad de culminar el ataque.
El pesado guantelete de acero de Kael se estrelló directamente contra su rostro.
Se oyó un crujido sordo.
El guardia imperial se quedó paralizado un instante al ver la ayuda inesperada. Un destello de alivio apareció en sus ojos al pensar que juntos acabarían rápidamente con el enemigo.
Pero al instante siguiente, el cráneo de la bestia se hundió literalmente hacia adentro.
El cuerpo del enemigo salió disparado hacia atrás, dando vueltas por el aire antes de estrellarse contra la pared de una casa cercana con un estruendo ensordecedor. La mampostería se agrietó y la bestia cayó muerta.
“¡¿Qué demonios?!” maldijo el guardia con asombro.
Pero Kael ni siquiera le dirigió una mirada.
Simplemente pasó corriendo, continuando su marcha a toda velocidad por la calle mientras los guanteletes plateados en sus manos brillaban débilmente a la luz de las llamas.
Al observar su guantelete derecho, ahora salpicado de sangre y fragmentos de hueso, Kael pensó para sí mismo: «Excelente. Ahora estoy haciendo que el arma sea más pesada, no mi propio brazo… Eso significa que la tensión en mi cuerpo será mucho menor».
Apretando ligeramente el puño, se dio cuenta de inmediato de que, tras un golpe tan devastador, apenas había sentido ningún retroceso en la mano.
“Ahora no tendré que contener tanto el aumento de peso.”
Sin aminorar la marcha ni un instante, Kael redujo bruscamente su peso y, de un solo salto, voló literalmente por encima de un carro volcado tras el cual se escondían los habitantes heridos del pueblo.
En ese preciso instante, dos hombres bestia lo atacaron desde lados opuestos.
Uno se abalanzó desde la izquierda, intentando clavarle las garras en la garganta a Kael, mientras que el otro, simultáneamente, blandía un hacha corta contra su costado.
Pero Kael se movió más rápido.
Giró bruscamente entre ellos, utilizando un breve pulso de maná gris para desviar la trayectoria del hacha, y al instante agarró el mango con una mano.
Y enseguida aumentó su peso.
Los ojos de la bestia se abrieron de par en par.
En un instante, el arma se volvió tan pesada que literalmente lo arrastró hacia abajo. Incapaz de controlar el repentino cambio de peso, el hombre bestia se inclinó hacia adelante y perdió el equilibrio.
Y Kael ya estaba recibiendo al segundo oponente con un golpe directo de antebrazo.
El guantelete pesado se estrelló contra la mandíbula inferior de la bestia con un crujido.
El golpe fue tan fuerte que el hueso se hizo añicos y la mitad de su cuello se torció hacia un lado. La cabeza de la bestia giró en un ángulo casi antinatural antes de que su cuerpo se desplomara sin vida sobre los adoquines.
En cuanto al segundo hombre bestia, que había caído al suelo, varios aldeanos se abalanzaron inmediatamente sobre él y lo apuñalaron con espadas.
Pero Kael ni siquiera miró los cadáveres.
Su figura ya corría calle arriba, mientras que más adelante, el estrecho callejón que necesitaba finalmente apareció entre dos edificios de piedra.
Sin disminuir su velocidad, Kael giró bruscamente hacia ella, desapareciendo instantáneamente de la calle principal llena de gritos, rugidos de hombres bestia y el estruendo de una batalla a gran escala.
Aquí se notaba mucho más tranquilo.
Solo se oían explosiones lejanas y el estruendo de edificios que se derrumbaban, mientras que el estrecho callejón estaba impregnado de olores a sangre, humo y piedra húmeda.
Mientras tanto, Kael seguía corriendo hacia adelante, con las botas apenas tocando el suelo.
Y solo ahora, tras haberse liberado de la matanza interminable durante unos segundos, comprendió finalmente lo que había sucedido.
«La sensación…», pensó Kael, mirando los guanteletes plateados manchados de sangre. «Es como si mi fuerza de combate se hubiera multiplicado varias veces…»
No hace mucho, se vio obligado a calcular cuidadosamente la fuerza de cada golpe para evitar lesionarse gravemente antes de lesionar a su oponente.
Pero ahora todo había cambiado.
Los guanteletes parecían complementar a la perfección su magia de manipulación del peso.
Los guanteletes absorbieron la mayor parte de la tensión, lo que permitió a Kael utilizar mejoras mucho más monstruosas sin arriesgarse a que sus propios huesos se fracturaran de inmediato.
Y cuanto más claramente comprendía eso, más rápido comenzaba a formarse en su mente una nueva imagen de cómo luchar.
“Con una combinación como esta…” Los ojos ámbar de Kael se entrecerraron ligeramente. “Podré matar a oponentes de mi nivel casi al instante.”
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, en algún lugar detrás de él, un brillante relámpago iluminó repentinamente la calle.
Se oyó un crujido seco, seguido del olor a carne quemada que inundó el aire. Uno de los hombres bestia ni siquiera tuvo tiempo de gritar: su cuerpo quedó carbonizado al instante por el golpe, desplomándose al suelo como un montón humeante.
Y apenas unos segundos después, una figura con uniforme de la Academia Imperial salió tranquilamente de la esquina.
Sus penetrantes ojos azules brillaban con frialdad bajo su cabello, también azul, recogido en un moño apretado en la parte posterior de su cabeza.
Era Aiden.
Lentamente, dirigió su mirada hacia el callejón por donde Kael acababa de desaparecer, y una intención asesina se encendió casi de inmediato en sus ojos.
Resoplando, Aiden dijo en voz baja: "La venganza está cerca, bastardo... Tu muerte será mi boleto para entrar en la élite del Imperio".
Tras esas palabras, se puso en marcha bruscamente y corrió tras Kael.
Un relámpago crujió brevemente a lo largo de sus brazos y botas, acelerando notablemente sus movimientos.
«Valkeris quiere que lo mate de la forma más brutal posible…» Aiden sonrió para sí mismo mientras saltaba por encima del cuerpo de un hombre bestia muerto. «Bueno… eso no será un problema para mí.»
Una sonrisa de anticipación se extendió lentamente por su rostro.
—Después de todo, soy un mago de plata… —susurró casi—. Y ese cachorro sigue siendo solo un mago de acero.

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 75
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 74
Estás leyendo el capítulo 74 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 21 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.