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Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 72 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un silencio tenue llenaba la pequeña habitación, roto solo por el leve crujido del papel y el ocasional tintineo de los vasos. El frescor del atardecer se colaba por la ventana entreabierta, pero el aroma del elixir de maná aún flotaba en el aire. Kael permanecía inmóvil en el suelo, con las piernas cruzadas y la espalda recta. A su alrededor, un vórtice de maná gris giraba lentamente, haciendo que las notas esparcidas sobre la mesa se agitaran casi imperceptiblemente. Por momentos, algunas hojas se elevaban más que las demás, meciéndose perezosamente en el aire antes de volver a posarse lentamente. Junto a su rodilla yacía un frasco vacío de elixir de maná. Atrapado por las fluctuaciones del maná, rodaba de vez en cuando lentamente por el suelo, tintineando suavemente contra las tablas de madera. Pero Kael hacía tiempo que había dejado de prestar atención a esas nimiedades. Toda su atención estaba centrada en la circulación del maná dentro de su cuerpo mientras sus labios repetían las palabras del Mantra del Vacío Primordial apenas audibles. “Vacío…” exhaló suavemente, manteniendo el ritmo de su respiración. El sudor le corría lentamente por el cuello, y las mangas de su túnica ya empezaban a pegarse ligeramente a su piel, pero Kael permanecía inmóvil, haciendo circular el maná por su cuerpo una y otra vez. Mentalmente, sin embargo, se encontraba en un estado completamente diferente… ✦ ✦ ✦ Ante la mirada interior de Kael, no había nada. Ni luz, ni imágenes, ni siquiera la sensación de su propio cuerpo. Solo una oscuridad infinita, que se extendía en todas direcciones, consumía lentamente su consciencia mientras Kael se disolvía gradualmente en ella, perdiendo la familiar noción de los límites entre él y el vacío que lo rodeaba. Pero el proceso no generó temor. Por el contrario, con cada nuevo ciclo del mantra, su consciencia se sumergía más profundamente en ese extraño estado de calma y desapego. Sentía como si el Vacío mismo lo estuviera aceptando lentamente, permitiéndole fusionarse con él, aunque solo fuera por un breve instante. Al mismo tiempo, Kael observó los cambios que se producían en su propio cuerpo. Podía sentir cómo su núcleo de maná cambiaba lentamente bajo la influencia del Canon del Vacío Primordial. Su superficie lisa se iba cubriendo gradualmente de finas crestas que se asemejaban a extraños patrones y escritura que aún no se habían manifestado por completo. En ocasiones, un tenue resplandor gris recorría esas líneas, tras lo cual volvían a quedar en silencio, como si algo en el interior del núcleo continuara tomando forma lentamente. ✦ ✦ ✦ Pero en ese instante, la conciencia de Kael pareció regresar bruscamente a su cuerpo. Un breve pulso se propagó desde el núcleo de maná a través de sus canales, provocando que el vórtice de maná gris se dispersara instantáneamente. Las hojas de papel volvieron lentamente a posarse sobre la mesa, y el frasco que se balanceaba a su lado finalmente se detuvo, dejando la habitación en su silencio habitual. Kael respiró hondo y, con la misma lentitud, abrió los ojos. Durante varios segundos permaneció inmóvil, sintiendo la presión residual del maná dentro de sus canales, antes de llevarse una mano al pecho, sobre el corazón. —Veo que estás contento, Libero… —murmuró en voz baja. Kael podía sentir que Libero también se estaba fortaleciendo gradualmente, sincronizándose poco a poco con los cambios en el núcleo de maná. En las últimas semanas, Libero había estado despertando de su estado latente con mayor frecuencia, respondiendo al cultivo de Kael con mucha más actividad que antes. Kael exhaló pensativo, sintiendo una leve opresión en el pecho. —Ya empiezan a aparecer marcas en el núcleo… —dijo en voz baja, bajando la mirada—. A este ritmo, en tan solo unos meses superaré la etapa de Tejedor de Canales y me convertiré en un Mago Marcado… Pensando en eso y considerando su propia edad, Kael añadió mentalmente: "Es un resultado increíble incluso para los estándares de la Capital, pero...". Kael se sumió en profundos pensamientos, sintiendo aún el débil pulso de maná cerca de su corazón. «Para viajar entre las dimensiones del Mundo Mortal y cruzar los Muros Divinos, necesito convertirme en un Monarca Mortal…», pensó, frunciendo ligeramente el ceño. «En esencia, con un poder igual al del propio Emperador». Al pensar en el ritmo al que avanzaban los magos en las afueras del Mundo Mortal, en dimensiones distantes como la Dimensión Humana, hizo una leve mueca. “No puedo pasar doscientos años recorriendo ese camino…”, continuó reflexionando con calma, inclinándose lentamente hacia adelante y apoyando los codos en las rodillas. El silencio volvió a reinar en la habitación. Solo las risas y las conversaciones de los clientes de la taberna llegaban desde fuera de la ventana. “Incluso para entrar en el círculo íntimo del Emperador y obtener acceso a información sobre la Organización de los Fragmentos, necesitaré convertirme al menos en un Mago de Dominio…” En ese instante, un contorno claro del camino que tenía por delante pareció formarse ante la mirada interior de Kael. En el fondo se encontraba el propio Kael, un mago tejedor de canales. Mientras elevaba la mirada, Kael comenzó a enumerar con calma las siguientes etapas, como si quisiera recordarse una vez más lo enorme que era realmente el viaje que tenía por delante. “Mago Marcado… Mago Vinculado al Alma… Mago Espiritual… Mago de Dominio… Mago de Arma Espiritual… y Monarca Mortal…” Kael se puso de pie lentamente, enderezándose y sintiendo una leve pesadez en los músculos tras la prolongada circulación de maná. “Aún queda un largo camino por recorrer…”, murmuró en voz baja, echando un vistazo a las notas esparcidas sobre la mesa. Algunas de las sábanas aún yacían esparcidas por el suelo tras la oleada de maná, mientras que el frasco de elixir vacío había rodado casi hasta la pared. Durante varios segundos, Kael se limitó a contemplar el desorden antes de dirigirse con calma hacia la salida de la habitación. «Por suerte, todo en la Academia va de maravilla», pensó mientras abría la puerta. «Cuando termine mis estudios, podré encontrar la manera de ganar mucho más dinero. Y con ello, su entrenamiento será mucho más efectivo». Esos pensamientos se habían convertido en un hábito para él desde hacía mucho tiempo. Con ese pensamiento en mente, Kael salió al corto pasillo del segundo piso. El olor a carne asada y alcohol llegó de inmediato desde abajo, acompañado por las ruidosas conversaciones de los invitados y la risa ebria de alguien. Pero en el momento en que llegó a las escaleras y bajó unos pocos escalones, unas voces femeninas particularmente fuertes se alzaron repentinamente por encima del ruido general. Una sonrisa torcida se dibujó inmediatamente en el rostro de Kael. “Aunque mi éxito también tiene su lado negativo…”, murmuró en voz baja. En ese momento, finalmente se pudo divisar el salón principal de la taberna. Como en las últimas semanas, casi todas las mesas estaban repletas de estudiantes de la Academia. Y lo más extraño es que, una vez más, hoy había demasiadas chicas. En cuanto Kael llegó al pie de la escalera, varias miradas se posaron inmediatamente en él. En una mesa, alguien dejó escapar un leve suspiro. En otra, se oyeron risitas ahogadas, y pronto los murmullos familiares comenzaron a extenderse por el pasillo. —Es él… —dijo una de las chicas en voz baja, inclinándose hacia su amiga. El otro arqueó una ceja, observando con curiosidad a Kael desde la otra punta del pasillo. —¿De verdad es él? —susurró ella—. Pensé que tendría un aspecto más varonil… —¡Idiota, solo tiene dieciséis años! —replicó la primera chica con un ligero tono de irritación, dirigiendo otra mirada a Kael—. Míralo bien. En unos años será realmente guapo. —Sobre todo los ojos… —añadió pensativa una tercera chica en la mesa, apoyando la mejilla en una mano—. Siempre parece cansado y molesto. Pero, de alguna manera… le sienta bien. Ante esas palabras, la segunda chica volvió a mirar a Kael, esta vez con mucha más atención, antes de entrecerrar ligeramente los ojos mientras una sonrisa astuta se extendía lentamente por su rostro. —Sabes… en realidad tienes razón… —dijo con tono pausado, apoyando la barbilla en la palma de la mano. —Y la apariencia ni siquiera es lo principal —añadió la primera chica casi de inmediato, visiblemente más animada—. Solo hace un mes que le permitieron asistir a las clases generales, y ya sobresale en todo. Incluso en el entrenamiento militar. —Y no para de debatir con los profesores… —dijo una de las chicas de la mesa de al lado riendo entre dientes—. Y lo peor es que casi siempre tiene razón. Mientras tanto, la tercera chica se arregló ligeramente su larga melena roja antes de lanzar a Kael una mirada abiertamente coqueta. —Imagínate si de verdad consigue aprobar cuatro exámenes a la vez… —susurró a sus amigas—. La última vez que pasó algo así fue hace diez años… La primera chica simplemente resopló con confianza, como si tal resultado ni siquiera le pareciera dudoso. “¿Si? Estoy seguro de que puede.” —Crees demasiado en él —dijo la segunda chica con una sonrisa burlona. —Simplemente no te has cruzado con él en clase —replicó el primero de inmediato—. El profesor Reynar está encantado con él. “¿Reynar? ¿El que es considerado uno de los profesores de alquimia más estrictos?”, preguntó la chica pelirroja sorprendida. “Mmm. Y a juzgar por su tono, el Gremio de Alquimistas ya está pensando en cómo reclutar a Kael.” Ahora se podían escuchar conversaciones como estas en muchas mesas. Daba la impresión de que Kael había empezado a ejercer una influencia especial dentro de la Academia. Tanto es así que algunos estudiantes acudían ahora al "Borracho Alegre" solo para tener la oportunidad de verlo en persona. Al ver todo esto, Kael simplemente dejó escapar un profundo suspiro y murmuró: "Ya debería graduarme de la Academia. Este tipo de atención es agotadora...". Pero en ese preciso instante, una voz femenina familiar se escuchó cerca: "Te has convertido en un soltero de lo más codiciado, Kael". Con calma, se dio la vuelta y casi de inmediato vio a Violeta bajando tranquilamente del segundo piso. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, mientras su larga melena violeta caía casualmente sobre un hombro. Varios estudiantes comenzaron a mirarla de inmediato, pero Violet parecía completamente ajena a la atención. Pero a pesar de su sonrisa serena, una leve irritación se vislumbraba en lo profundo de sus ojos. Kael simplemente esbozó una leve sonrisa y respondió con calma: "¿Un soltero codiciado? ¿De qué estás hablando?". Violet arqueó ligeramente una ceja y asintió con la cabeza hacia el salón abarrotado. “No te hagas el tonto. Mira cuántas chicas te están mirando.” Kael recorrió deliberadamente con la mirada la taberna antes de alzar las cejas con aire juguetón. “¿En serio? Ni siquiera me había dado cuenta.” Varias chicas de las mesas más cercanas apartaron la mirada de inmediato, mientras que una de ellas infló las mejillas con fastidio tras escuchar su respuesta. Pero Kael ya se había vuelto hacia Violet de nuevo. Acercándose a las escaleras, dobló ligeramente el brazo y le ofreció el codo mientras decía: "Supongo que cuando estás cerca, todas las demás chicas simplemente dejan de existir para mí". Violet apoyó la mano en su brazo mientras bajaba el último escalón, y luego resopló en voz baja. “Tus halagos no funcionan conmigo.” Sin embargo, el leve rubor que se extendía por sus mejillas sugería lo contrario. Y a juzgar por la expresión de disgusto que mostraron varias chicas en el pasillo al verla, Violet no fue la única en darse cuenta. Kael se limitó a sonreír con sorna antes de guiar tranquilamente a Violet a través del ruidoso vestíbulo de la taberna hacia la escalera que conducía al sótano. —Vamos a ver cómo están Gilmesh y las chicas —dijo con calma, esquivando hábilmente a un estudiante borracho que casi choca con ellos con una taza en la mano. —Yo también iba para allá —respondió Violet, sin siquiera soltarle el brazo, permitiendo que Kael la guiara. Al acercarse a las escaleras, Violet frunció ligeramente el ceño de repente, como si recordara algo importante. “Por cierto, deberías hablar con Gilmesh. La forja se terminó hace solo dos días y ya ha empezado a faltar a clase en la Academia.” Kael simplemente asintió con la cabeza en señal de comprensión. —Déjalo disfrutar unos días —respondió con calma—. Prometió que, en cuanto termine su primera creación en la nueva forja, dejará de faltar a clase. Violet resopló en voz baja. “¿Y le creíste?” —Puede que Gilmesh esté obsesionado con la herrería, pero cumple su palabra —respondió Kael con una leve sonrisa—. Sobre todo cuando me ha hecho una promesa. Violet se limitó a asentir, con una clara expresión de esperanza, como si realmente considerara el éxito de Gilmesh como su propia responsabilidad. En ese momento, comenzaron a descender por la escalera de caracol hacia el sótano. El bullicio de la taberna se fue desvaneciendo poco a poco tras ellos, aunque Violet se giró ligeramente y, sin querer, cruzó la mirada con varias chicas en el pasillo. Y a juzgar por sus expresiones, ella estaba acaparando tanta atención como el propio Kael. Algunos parecían abiertamente disgustados. Otros ni siquiera se molestaron en ocultar su irritación. Por un instante, una leve sonrisa provocativa apareció en los labios de Violet, como si de repente disfrutara de la atención. Pero al instante siguiente, con calma, volvió a apartar la mirada y continuó bajando junto a Kael como si nada hubiera pasado. Al parecer, Kael no se percató de nada de eso. —Me preocupan más las chicas —continuó pensativo—. Trabajar en una fragua… puede que no les guste. Ante eso, Violet se limitó a sonreír levemente. “Te equivocas. Durante toda la semana pasada han estado estudiando diligentemente los apuntes que les diste. Incluso diría que Lissandra y Roselle estaban tan ilusionadas con la apertura de la forja como Gilmesh.” Al oír eso, Kael arqueó ligeramente las cejas con sorpresa. Y Violet, al notar su reacción, soltó una risita antes de añadir: «Confían plenamente en ti. Y si les dijeras que tienen talento para la herrería, ni se les ocurriría negarse». Ante esto, Kael simplemente asintió con calma. —Tienen el talento suficiente para desarrollar dos especializaciones a la vez —dijo, abriendo la puerta y entrando en el taller de Barnabas, que en ese momento estaba vacío—. Roselle podría seguir fácilmente el camino de las artes marciales, mientras que Lissandra podría dedicarse a la alquimia. Pero por ahora, que entrenen juntas con Gilmesh. El familiar aroma a grano, madera y alcohol fuerte impregnaba el ambiente. Hileras de barriles se extendían a lo largo de las paredes, mientras que herramientas y equipos de destilación estaban dispuestos sobre largas mesas, algunos de los cuales Barnabas claramente había desmontado hacía poco. Pero apenas Kael había terminado de hablar cuando de repente se oyeron fuertes carcajadas desde el otro extremo del taller, seguidas casi de inmediato por el grito de emoción de Roselle. Allí, detrás de las hileras de barriles y del enorme aparato de destilación, se encontraba la puerta que conducía a la nueva fragua. Kael intercambió una mirada con Violet y asintió levemente en esa dirección. “Apresurémonos.” En ese momento, Kael finalmente soltó la mano de Violet, y ambos aceleraron el paso, cruzando rápidamente el taller de Barnabas hacia la puerta del fondo, desde donde aún resonaban voces y el tintineo del metal. En el instante en que abrieron las pesadas puertas, una oleada de calor seco les golpeó de lleno en la cara. Ante ellos se alzaba una pequeña pero hábil fragua. Las paredes de piedra habían sido reforzadas con placas de metal, y estantes con herramientas se extendían a lo largo de un lado de la habitación. Cerca de la pared del fondo, un horno ardiente zumbaba constantemente, llenando el espacio con el olor a carbón, metal caliente y aceite hirviendo. Pero su atención no se centró en la fragua en sí. Tres magos trabajaban afanosamente en el centro de la habitación. Gilmesh, completamente absorto en el proceso, permanecía de pie frente al horno, con el torso desnudo, sosteniendo con largas tenazas un lingote de metal incandescente, cuya superficie ahora brillaba con un verde intenso. El sudor relucía sobre su piel, mientras que leves destellos de maná recorrían ocasionalmente sus enormes brazos. A poca distancia detrás de él se encontraban Roselle y Lissandra. Llevaban el pelo recogido en moños apretados en la nuca, y unas tiras de tela que les cubrían la frente ya se habían oscurecido ligeramente por el sudor. Su ropa de trabajo, holgada, estaba ajustada y notablemente acortada, dejando al descubierto los brazos y la mayor parte de las piernas para que la tela no les estorbara cerca del horno. Y en ese momento, ambas chicas parecían inesperadamente concentradas. “¡Solo un poquito más!”, gritó Roselle emocionada, dirigiendo bruscamente un chorro de maná de fuego directamente al horno. Las llamas en el interior se avivaron de inmediato con más intensidad, y el lingote de metal incandescente en las pinzas de Gilmesh brilló aún más, adquiriendo gradualmente un tono casi blanquecino. Gilmesh lo observaba todo con el deleite de un niño al que se le permite tocar un verdadero tesoro por primera vez. “¡Empujad más fuerte, mocosos vagos!”, rugió, para luego estallar en carcajadas un segundo después. Pero al instante siguiente, con más sinceridad y evidente entusiasmo, añadió: “¡Chicas, gracias a vosotras podré crear algo que jamás habría podido hacer por mi cuenta!”. Luego, dirigió rápidamente una mirada hacia Lissandra. “¡Prepárate, Flor!” Por lo visto, Gilmesh ya le había puesto un nuevo apodo. Pero Lissandra, normalmente tímida, ni siquiera reaccionó esta vez. Toda su atención estaba centrada en el enorme depósito de acero que tenía delante, dentro del cual un líquido verde turbio burbujeaba y se agitaba. Ella canalizaba maná continuamente hacia él, provocando que la superficie del ácido burbujeara cada vez con mayor furia mientras un espeso vapor verdoso se elevaba sobre el recipiente. Sin embargo, no se extendió por toda la forja: corrientes de aire captaron inmediatamente los vapores y, con un zumbido sordo, los condujeron hacia la amplia salida de ventilación situada bajo el techo. En el instante en que notó los cambios en la solución, Lissandra levantó la cabeza bruscamente. “¡Hermano mayor Gilmesh, el ácido ha alcanzado la concentración adecuada!”, gritó rápidamente. Y en el instante en que las palabras de Lissandra resonaron en la fragua, Gilmesh se enderezó bruscamente, levantando el incandescente lingote de metal del horno con un movimiento rápido. “¡Extinción final!”, casi gritó. Al instante siguiente, hundió con fuerza la hoja incandescente directamente en el turbio líquido verde. El embalse explotó instantáneamente con un fuerte silbido. El ácido hirvió con furia, y lenguas de fuego verdoso se extendieron inmediatamente por la superficie. Un vapor acre brotó hacia arriba, pero las rejillas de ventilación integradas en el techo brillaron con mayor intensidad, atrayendo los gases hacia los conductos de ventilación. Pero Gilmesh ya no parecía percatarse de nada de lo que sucedía a su alrededor. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro mientras observaba atentamente el embalse, cuyas paredes comenzaron a brillar gradualmente con runas. Y en cierto momento, se hizo posible ver cómo corrientes de maná eran absorbidas lentamente por la hoja a través del líquido turbio. Incluso Roselle se quedó paralizada involuntariamente. De repente, la fragua se quedó en silencio. Los tres, conteniendo la respiración, observaron el proceso de extinción, sin siquiera percatarse de que Kael y Violet estaban cerca. El líquido siguió agitándose durante varios segundos más, aunque la ebullición comenzó a disminuir gradualmente hasta que la superficie del depósito finalmente se calmó por completo. Casi al mismo tiempo, Lissandra y Roselle levantaron las manos con cansancio, secándose el sudor de la frente. Gilmesh, por otro lado, se acercó al depósito con una expresión como si no contuviera un arma, sino una reliquia de valor incalculable. Sujetando lentamente la hoja con las pinzas, comenzó a extraerla con cuidado. Una larga hoja emergió gradualmente del líquido turbio, su metal marcado por hermosos patrones oscuros que recorrían la hoja. Finas vetas de maná brillaban tenuemente entre las capas de acero, como si una energía tenue fluyera dentro del arma misma. Y en el momento en que Gilmesh vio el resultado por completo, prácticamente rugió de alegría: “¡Lo logramos! ¡Ja, ja, ja!” Colocando rápidamente la hoja terminada sobre un soporte de metal, arrojó inmediatamente las tenazas y se giró hacia las chicas. En un solo movimiento, abrazó a Lissandra y a Roselle, gritando: “¡Lo logramos!” Tomadas por sorpresa, las chicas gritaron al principio, pero al instante siguiente comenzaron a reírse junto con él, casi saltando de emoción. Solo después de unos cuantos saltos de emoción se dieron cuenta de que Kael y Violet estaban de pie en la entrada. Roselle fue la primera en quedarse paralizada, y la vergüenza se reflejó rápidamente en su rostro. Pero duró solo un instante: al momento siguiente, se recompuso rápidamente y casi corrió hacia Kael, agarrándolo por la muñeca. —¡Kael, mira! —exclamó con una emoción apenas disimulada, arrastrándolo prácticamente hacia el soporte donde se encontraba la espada. Sin oponer resistencia, Kael se acercó, examinando cuidadosamente el arma. Un leve calor aún persistía en la superficie del metal, provocando que una fina neblina se elevara desde la espada. Los oscuros dibujos que recorrían la hoja se asemejaban a formaciones de nubes, mientras que vetas de mineral de maná templado se encontraban incrustadas entre las capas. Durante varios segundos, Kael estudió en silencio el resultado de su trabajo antes de asentir con aprobación. “¡Excelente trabajo a todos!” Al oír los elogios, Gilmesh esbozó inmediatamente una amplia sonrisa, mientras que Lissandra se enderezó notablemente, como si incluso el cansancio de las largas horas de trabajo hubiera comenzado a desvanecerse. El propio Kael continuó examinando el arma aún más detenidamente. —Una vez terminada la espada, debería venderse a un precio elevado —comentó pensativo, tocando con cuidado una de las vetas oscuras del metal con el dedo. Mientras tanto, para sí mismo, añadió: «Aún no alcanza el nivel de las armas de élite, pero la calidad y la durabilidad son excelentes. Las armas de entrenamiento se desgastan rápidamente y requieren un reemplazo constante… Si le ponemos un precio justo, los estudiantes comprarán esta espada muy pronto…» Entonces alzó ligeramente la mirada hacia los demás. “La mayoría de nuestros clientes son estudiantes y soldados. Creo que podríamos instalar algunos puestos para sus productos dentro de la taberna. Estoy seguro de que este tipo de iniciativas se popularizarán rápidamente.” Ante esas palabras, Gilmesh y las chicas sonrieron con orgullo casi al mismo tiempo. Sobre todo Gilmesh, que ahora parecía poder ver su forja rebosante de pedidos. Entonces Violet dio un paso al frente inesperadamente. Casi todos se volvieron hacia ella al mismo tiempo. Violet se acercó lentamente al soporte con la espada antes de añadir en voz baja, mientras contemplaba la oscura espada: «Es la primera espada forjada en nuestro hogar. Sería mejor que permaneciera como símbolo de nuestro vínculo». Tras esas palabras, un breve silencio se apoderó de la fragua. Todos concentraron su atención en la hoja, como si de repente vieran en ella algo mucho más importante. Mientras tanto, Kael sonrió cálidamente de forma inesperada. —Una idea estupenda… —dijo con calma antes de alzar ligeramente la mirada—. Entonces, colguemos esta espada sobre la entrada de la taberna. ¿Qué les parece? Roselle asintió con entusiasmo casi de inmediato. “¡Sí! ¡Eso se vería absolutamente increíble!” —A mí también me gustaría —añadió Lissandra en voz baja, apartándose con cuidado un mechón de pelo suelto. Mientras tanto, Gilmesh contempló en silencio su propia creación durante varios segundos antes de esbozar una amplia sonrisa. “¡Entonces eso es lo que haremos! Y si el viejo Bernabé se resiste, ¡simplemente lo emborracharemos y lo obligaremos a aceptar!” ✦ ✦ ✦ En ese preciso instante, al otro lado de la calle, justo enfrente del "Merry Drunkard", se encontraba otro restaurante. El local parecía lujoso y bien cuidado: amplios ventanales, paredes de madera lacada, un letrero con letras doradas y camareros impecablemente vestidos que se movían con agilidad entre las mesas. También había bastantes clientes dentro, aunque aún quedaba mucho menos que el bullicio y la multitud que llenaban la taberna de Barnabas. Especialmente ahora. En una de las mesas más lujosas junto a la ventana se encontraba Valkeris, rodeado de varios lacayos. Delante de él había una botella de licor caro casi intacta, mientras que cerca, un hombre bajito con un traje oscuro y caro permanecía de pie con las manos nerviosamente entrelazadas a la espalda. Valkeris le dirigió una mirada irritada y dijo fríamente: «Te di suficiente dinero para que bajaras los precios. ¿Por qué sigue siendo popular esa pocilga de al lado?». El hombre se encogió visiblemente bajo su mirada. —Lord Valkeris… —comenzó con cautela—. Su comida y bebida son únicas. Incluso después de bajar los precios, solo logramos atraer a algunos de sus clientes. Como ya mencioné, su ventaja nunca fueron los precios bajos… —Entonces inventa otra cosa —interrumpió Valkeris con irritación, recostándose en su silla—. ¿O debería empezar a dudar de tu competencia? “¡N-no, mi señor! Ya estamos buscando otras maneras…” Valkeris hizo un gesto de desdén con la mano. "Salir." El hombre hizo una reverencia torpe de inmediato y se alejó apresuradamente, claramente reacio a permanecer cerca de Valkeris ni un segundo más. Y en ese instante, una voz áspera resonó de repente a un lado, hablando en la lengua imperial con fuerte acento: «Kael, maldito humano… No es un enemigo para intrigas. Destruyó la autoridad de mi familia. Y además sigue siendo un cachorro. Solo merece morir». Ante esas palabras, Valkeris se giró sorprendida. El orador era Aiden. Uno de los miembros de la élite de Lasthold, que en su día se había considerado la cúspide de la jerarquía, ahora no era más que un simple subordinado. Permanecía encorvado, como si temiera a Valkeris, pero aun así, todo su odio se dirigía hacia la taberna «El Borracho Alegre». Parecía como si estuviera observando a Kael a través de cada pared y obstáculo que los separaba. Valkeris entrecerró ligeramente los ojos, observándolo durante varios segundos antes de decir fríamente: "No somos salvajes como vosotros". Agitó el vaso con pereza y continuó: “Una cosa es darle una lección a alguien o hacerle la vida imposible a un enemigo. Pero matar a alguien sin motivo… eso es algo completamente distinto”. Pero en ese momento, Valkeris se interrumpió bruscamente a mitad de la frase. Por un breve instante, una sonrisa extraña, casi depredadora, cruzó su rostro antes de corregirse lentamente: "Aunque... personalmente, nunca he matado a nadie". Se inclinó ligeramente hacia adelante, mirando fijamente a Aiden. “¿Y serías capaz de matar a alguien?” Aiden apretó la mandíbula con más fuerza al instante, como si el mero pensamiento de Kael despertara en su interior una furia apenas contenida. —Si mato a Kael… —dijo lentamente con su marcado acento—. Sí. Sin duda. Al oír eso, Valkeris soltó una risita. "Qué interesante…" Dio un pequeño sorbo a la bebida, ocultando una sonrisa de satisfacción tras el vaso. «Qué idiota útil…», pensó, mirando ahora a Aiden con otros ojos. «Sus canales de maná pueden ser una broma patética, pero sigue siendo un mago marcado». La mirada de Valkeris se desvió brevemente una vez más hacia la taberna al otro lado de la calle. “Si este salvaje logra matar a ese maldito mocoso… sería absolutamente maravilloso.” Tamborileando lentamente con los dedos sobre la mesa, entrecerró los ojos pensativo. “Solo necesito averiguar… si se pueden crear las condiciones adecuadas para un asesinato…” ✦ ✦ ✦ Y en ese preciso instante, mientras Valkeris tramaba sus planes y Kael entrenaba y ayudaba a sus amigos, sucesos de una índole completamente diferente se desarrollaban en las afueras de la Capital, cerca de los distritos portuarios. Bajo calles apestosas a pescado, humedad y putrefacción, se escondían antiguas cámaras subterráneas que servían de esclavas bestiales. Los estrechos pasillos estaban iluminados por escasas lámparas de aceite, mientras que el aire transportaba el fuerte hedor a moho, sangre y cuerpos que habían permanecido sin lavar durante demasiado tiempo. En una habitación estrecha, donde decenas de hombres bestia se apiñaban en literas toscamente construidas y en el suelo desnudo, un anciano con el pelaje verde y ralo permanecía sentado en silencio. La edad hacía tiempo que le había encorvado la espalda, y un ojo se había vuelto completamente blanco, pero su mirada seguía siendo aguda y viva. Tras examinar lentamente la habitación, extendió con cautela la mano hacia otros tres hombres bestia sentados más cerca de él. En la palma de su mano reposaban extrañas piedras oscuras, cubiertas de innumerables inscripciones diminutas y delicadas líneas talladas. En el instante en que los hombres bestia los recibieron, los tres se tensaron casi simultáneamente. Incluso a la tenue luz de la lámpara, la agitación que se reflejaba en sus ojos era inmediatamente visible. El anciano habló con voz ronca: "En cuanto empiece... sujétate las piedras contra el cuello". Su voz era baja, pero la tensión en la habitación se apoderó al instante de tal manera que incluso los demás esclavos dejaron de moverse. El viejo hombre bestia desvió lentamente su mirada de un rostro a otro antes de añadir con un tono mucho más duro: "Matad a tantos como podáis". Ante esas palabras, un odio casi bestial brilló en los ojos de los tres. Asintieron en silencio y rápidamente escondieron las extrañas piedras bajo sus ropas, como si temieran que incluso las paredes pudieran estar observándolos.
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Estás leyendo el capítulo 72 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 19 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.