Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 71 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El entrenamiento militar práctico duró más de dos horas seguidas. A pesar de la impactante primera pelea entre Kael y Lidia, el resto de los estudiantes tuvieron que seguir el horario de clases.
Al principio, Dukhlas tuvo que regañar a los alumnos varias veces antes de que el bullicio general finalmente cesara. Durante toda la lección, muchos siguieron mirando a Kael, susurrando entre sí y volviendo a lo que habían presenciado, como si intentaran analizar la pelea pieza por pieza de nuevo.
Pero a pesar de todo, la lección continuó.
El propio Kael observaba con genuino interés la pelea entre los demás estudiantes. Lo que vio resultó ser incluso más útil de lo que esperaba.
De pie al borde de la arena, observó atentamente los demás combates, formándose poco a poco una imagen general en su mente.
La élite de la Capital difería notablemente de los magos de Lasthold.
Incluso los estudiantes de su mismo nivel poseían sólidos fundamentos: control competente del maná, dominio seguro de las armas y movimientos disciplinados. Casi no había estudiantes que dependieran únicamente de la fuerza bruta.
Y aunque no todos causaron una fuerte impresión, Kael consideró valiosas estas observaciones.
Por supuesto, no pudo ver a todo el mundo.
Antes de que terminara la lección, ni Valkeris ni la mayoría de su grupo tuvieron su turno, pero a Kael no le preocupaba demasiado. Al fin y al cabo, esta había sido solo su primera lección, e incluso sin ella, ya había aprendido mucho más de lo esperado.
Lo más importante es que había causado una buena impresión.
Y eso quedó claro inmediatamente después de que terminara la clase práctica.
En el instante en que Dukhlas anunció el final de la sesión, una multitud de estudiantes se dirigió casi de inmediato hacia Kael. Varias docenas de jóvenes magos prácticamente lo rodearon, interrumpiéndose unos a otros con preguntas.
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, Kael estaba de pie en medio del pasillo mientras las preguntas resonaban a su alrededor una tras otra:
“¿Qué clase de magia fue esa?!”
“¿Esa era la técnica de tu espíritu contratado?”
“¿De verdad toda la gente de tu país es tan fuerte?”
Incluso Laslo, que estaba cerca, parecía estar conteniéndose a duras penas para lanzar una docena de preguntas propias.
Kael, por su parte, solo se rió y respondió cortésmente: «Mi magia es un secreto. Pero si alguien la descubre en el futuro, le invitaré gratis a mi taberna».
Las palabras de Kael provocaron de inmediato otro aumento del interés.
Alguien ya había abierto la boca para hacer otra pregunta, mientras que otros intercambiaban miradas, tomándose el reto muy en serio. Pero al instante siguiente, sonaron las campanas de la Academia, convocando a los alumnos a sus siguientes clases.
La multitud se agitó de inmediato.
“¡Maldita sea, la próxima clase…!”
“¡Hasta la próxima, Kael!”
“¡Todavía tengo que averiguar qué clase de magia fue esa!”
Los estudiantes se dispersaron rápidamente por los pasillos, sin dejar de mirarlo mientras se alejaban apresuradamente.
Laslo tampoco se demoró. Le dio a Kael una palmada en el hombro con la suficiente fuerza como para hacerlo tambalearse ligeramente y le dedicó una amplia sonrisa: «¡Esta noche vienen visitas! ¡Nos debes una copa!».
Kael solo sonrió cansado y asintió.
“Siempre es un placer recibir a buenos huéspedes.”
Laslo se rió y, saludando con la mano a su grupo, desapareció rápidamente entre la multitud de estudiantes.
Solo cuando el pasillo quedó vacío y el sonido de los pasos comenzó a desvanecerse en la distancia, Kael finalmente dejó escapar un suspiro silencioso.
Mirando a su alrededor, se frotó la nuca rígida y murmuró en voz baja: «Por fin, un poco de silencio… Esa primera lección resultó ser más movida de lo que esperaba…»
Pero al instante siguiente, un familiar tintineo metálico provino de la vuelta de la esquina.
Y en el instante en que Kael lo escuchó, un escalofrío le recorrió la espalda instintivamente.
Dukhlas apareció lentamente doblando la esquina, caminando con calma mientras se apoyaba en su prótesis metálica. La luz de los cristales del pasillo se reflejaba en el metal oscuro de su pierna y en las placas de acero de sus guanteletes de combate, haciendo que el profesor pareciera aún más pesado e imponente.
Kael se enderezó de inmediato e inclinó ligeramente la cabeza.
“No sabía que estabas aquí.”
Dukhlas simplemente resopló, deteniéndose a unos pasos de él.
—Valeria dijo que eres un chico listo —dijo con calma, mirando a Kael con atención—. ¿Aspiras a entrar en el Gremio de los Eruditos?
Kael asintió inmediatamente.
—Originalmente, sí —respondió sin dudarlo—. Pero también quiero especializarme como alquimista e inscriptor.
Tras dudar un instante, añadió rápidamente en un tono más formal: «Pero también comprendo la importancia del entrenamiento militar. Así que haré todo lo que esté en mi mano para que apruebes el examen».
Dukhlas no respondió de inmediato.
Inclinó ligeramente la cabeza hacia un lado, como si repasara mentalmente su reciente pelea, y luego dijo pensativo: «Tienes un estilo de combate bastante peculiar, chico. Pero por ahora, no eres más que un diamante en bruto».
No había burla en su voz. Solo una fría seguridad en sus propias palabras.
Entrecerrando ligeramente los ojos, continuó con mayor seriedad: «La guerra es algo terrible. Para los débiles, solo promete dolor, sufrimiento y muerte».
La prótesis metálica golpeó el suelo con un sordo estruendo cuando Dukhlas dio otro paso adelante.
“Pero para magos como tú…”, añadió lentamente, “se convierte en un crisol que los forja”.
Con esas palabras, comenzó a rodear lentamente a Kael, estudiándolo detenidamente desde todos los ángulos, como si intentara descubrir algo oculto en su interior.
“Me pasé toda la clase pensando…”, continuó finalmente Dukhlas. “Pero aún así no pude resolverlo”.
Se detuvo junto a Kael y, sin la menor formalidad, le preguntó directamente: "¿Te importaría decirme cuál es tu forma de alma? ¿Y con qué espíritu tienes un pacto?".
Una sonrisa torcida y algo incómoda se dibujó en el rostro de Kael.
Por un instante, desvió la mirada como si estuviera eligiendo sus palabras, y luego respondió con sinceridad: "Para ser honesto... no sé la respuesta a ninguna de sus preguntas".
Por primera vez durante la conversación, una expresión cruzó el rostro de Dukhlas, pero inmediatamente después, como si recordara algo, asintió con la cabeza en señal de comprensión.
—Mis disculpas —dijo con calma—. A veces olvido que muchos tipos de conocimiento no estaban disponibles en su país de origen.
Pero, inesperadamente, Kael negó con la cabeza, y sus siguientes palabras pusieron a Dukhlas realmente en guardia.
“El subdirector Kairos tampoco sabe cuál es mi forma de alma.”
Dukhlas se quedó paralizado por un instante, como si no pudiera creer lo que había oído.
Mientras tanto, Kael, sin percatarse de su reacción, continuó con más calma: "Pero creo que de alguna manera está conectado con el Vacío".
Tras una breve pausa, añadió: «Y mi espíritu se asemeja a una hormiga plateada. Gracias a él, puedo manipular mi propio peso hasta cierto punto… y el peso de los objetos en los que vierto maná».
Ante esas palabras, la confusión volvió a aparecer en el rostro de Dukhlas.
Durante varios segundos, miró fijamente a Kael en silencio, como si comparara lo que había oído con algo de su propia memoria, pero entonces la comisura de sus labios se curvó lentamente hacia arriba.
—Je… —dijo en voz baja—. Esto se está poniendo cada vez más interesante…
Tras esas palabras, Dukhlas se acercó y posó con fuerza una mano sobre el hombro de Kael. Incluso el gesto en sí resultaba opresivo: las enormes placas de acero del guantelete de combate helaban la tela de su ropa.
—Cuanto mayor sea el nivel de un mago, más tiempo vivirá —dijo Dukhlas con calma, como si hablara de pasada—. Y los magos de combate suelen progresar más rápido que los demás.
Tras darle una palmada en el hombro a Kael, Dukhlas se dio la vuelta y se dirigió lentamente por el pasillo. La prótesis metálica volvió a golpear rítmicamente el suelo de piedra.
—Con el tiempo suficiente… —dijo sin mirar atrás—, lograrás leer todos los libros que desees.
Tras guardar silencio por un instante, giró ligeramente la cabeza hacia un lado.
“Así que primero… hazte más fuerte. Siempre tendrás tiempo para convertirte en un erudito más adelante.”
Kael permaneció de pie con la espalda perfectamente recta, observando cómo Dukhlas se marchaba hasta que el fuerte estruendo metálico finalmente se desvaneció en algún lugar profundo de los pasillos de la Academia.
Solo entonces parte de la tensión abandonó su cuerpo.
Una sonrisa torcida se dibujó lentamente en los labios de Kael, y casi imperceptiblemente resopló: "Gracias por el consejo... Una vida larga realmente tiene sus ventajas..."
Pero para sí mismo, añadió con calma: "Pero la guerra tiene la desagradable tendencia de causar muertes... Así que creo que paso".
Girando en dirección contraria, caminó tranquilamente por el pasillo, murmurando despreocupadamente entre dientes: "Como todavía no me permiten entrar a las clases... supongo que iré a la biblioteca".
Sus pasos resonaban en el pasillo casi vacío, mientras un nuevo plan comenzaba a formarse gradualmente en la mente de Kael.
“Primero, estudiaré toda la teoría…”, reflexionó con calma. “Lo único que requerirá esfuerzo real serán los exámenes prácticos”.
Y cuanto más lo pensaba, más le gustaba la idea.
Después de todo, a diferencia de todos los estudiantes —e incluso de los profesores de la Academia—, no necesitaba años para dominar la teoría. Su memoria prodigiosa retenía al instante todo lo que necesitaba…
✦ ✦ ✦
Y en ese preciso instante, mientras la Capital vivía su vida habitual repleta de intrigas, conferencias, maquinaciones de la nobleza y luchas interminables por el poder, sucesos completamente diferentes se desarrollaban en el lejano sur del Imperio.
Desde una perspectiva aérea, un amplio lecho de río muerto se extendía entre dos crestas de acantilados negros.
Los dibujos en el suelo indicaban que alguna vez había corrido agua por allí. Ahora, el suelo se había convertido en una mezcla viscosa de lodo, ceniza y sangre seca.
Los acantilados de ambas orillas estaban marcados por las huellas de la batalla. En algunos lugares, la piedra se había fundido hasta convertirse en vidrio negro; en otros, grotescas protuberancias sobresalían como si la propia roca intentara retorcerse. Algunas grietas descendían decenas de metros bajo tierra, lo suficientemente anchas como para que pasara una persona.
Pero lo peor de todo fue ver los cientos de cadáveres esparcidos por el campo de batalla.
Entre ellos había tanto humanos como bestias. Algunos estaban tan mutilados que resultaba imposible distinguirlos. Algunos habían sido reducidos a cenizas, otros destrozados, mientras que otros más habían sido clavados a las rocas por flechas gigantescas del tamaño de lanzas. Unos pocos se habían hundido parcialmente en el fango negro, dejando al descubierto solo manos o rostros retorcidos.
Un fuerte hedor a sangre, ceniza y putrefacción impregnaba el lugar.
El lecho del río se había convertido hacía tiempo en una verdadera "zona de muerte".
Cualquiera que intentara cruzarlo sin la preparación adecuada tenía prácticamente garantizado morir a causa de técnicas, flechas o monstruosos artefactos de asedio.
En la orilla norte, entre los acantilados negros y las cornisas fortificadas, ondeaban los estandartes carmesí del Imperio del Dragón de Sangre.
Las posiciones humanas presentaban un aspecto sombrío e imponente. Bastiones de piedra reforzados con runas se alzaban entre los acantilados, mientras que barreras translúcidas brillaban sobre ellos, distorsionando el aire. Hileras de enormes ballestas, lo suficientemente grandes como para rivalizar con las armas de asedio, se extendían a lo largo de las fortificaciones. Sus gruesos proyectiles, cubiertos de runas y cadenas, apuntaban directamente al lecho del río, listos en cualquier momento para destrozar a cualquiera lo suficientemente temerario como para avanzar siquiera unas pocas decenas de pasos.
Incluso en medio de la aparente calma, los humanos no se relajaron.
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Los vigías se movían constantemente a lo largo de las murallas, los alquimistas transportaban cajas de elixires y los escribas mantenían las formaciones defensivas, provocando que finas líneas de maná parpadearan en el aire.
La orilla sur tenía un aspecto completamente diferente.
Allí prácticamente no existían fortificaciones propiamente dichas.
En lugar de muros, se alzaban enormes cruces de hueso clavadas directamente en la tierra, mientras que las barricadas se habían construido con los cadáveres de bestias gigantescas cuyos huesos y caparazones se habían convertido hacía tiempo en parte de la defensa. Bestias colosales, ataviadas con pesadas armaduras de hierro, vagaban entre ellas: criaturas de muchas patas cubiertas de cicatrices, monstruos con cuernos del tamaño de casas y depredadores cuya sola presencia infundía terror.
Rugidos, aullidos y sordos choques de metal contra metal resonaban constantemente desde lo más profundo del campamento.
A primera vista, la Horda del Dios Bestia parecía caótica, salvaje y casi demente.
Pero solo a primera vista.
En realidad, la mayoría de esos sonidos no pertenecían a los hombres bestia en sí, sino a bestias comunes que sus "parientes superiores" habían subyugado mediante artefactos y magia. Y eso era lo que hacía a la Horda verdaderamente aterradora: tras el caos exterior se escondía una disciplina implacable.
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, en lo más profundo del campamento de la Horda del Dios Bestia, en medio del laberinto de fortificaciones de hueso y tiendas gigantescas, reinaba una atmósfera completamente diferente dentro de uno de los pabellones más grandes.
Allí no se oyeron gritos, ni se percibió el hedor a sangre.
El aire dentro de la tienda estaba impregnado del aroma del incienso y hierbas exóticas, mientras que gruesas alfombras con increíbles diseños cubrían el suelo. En las esquinas ardían enormes braseros, bañando el espacio con un cálido resplandor rojizo.
Sobre un amplio y mullido diván, recostado sobre cojines, yacía una esbelta criatura bestial de pelaje negro y ojos rojos.
Sus rasgos faciales parecían sorprendentemente refinados para ser un hombre bestia. Casi no había rastro de la brutalidad habitual de esta especie; más bien, irradiaban una elegancia fría y depredadora. Pero esa imagen se rompía abruptamente del cuello para abajo.
Su torso permanecía completamente desnudo, y docenas de cicatrices feas y desgarradas surcaban su oscuro pelaje. Algunas parecían tan profundas que daba la impresión de que su cuerpo había estado a punto de ser partido por la mitad.
Sin embargo, la parte inferior de su cuerpo contrastaba marcadamente con el resto.
Sus anchos pantalones negros estaban confeccionados con una tela costosa y adornados con bordados rojos de una complejidad asombrosa. Los motivos se entrelazaban, formando símbolos complejos y siluetas bestiales, mientras que la exquisita confección hacía que semejante prenda pareciera más propia de un aristócrata del Imperio.
A ambos lados de él, justo al lado del diván, se sentaban mujeres.
No llevaban ropa, solo pesados collares de metal de los que finas cadenas se extendían directamente hasta las manos de los hombres bestia. Sus cuerpos se mantenían tonificados y fuertes; la definición muscular, las viejas cicatrices y la postura erguida revelaban inequívocamente que eran antiguos guerreros y no simples cautivos.
Pero sus rostros… Sus rostros parecían como si la vida hubiera abandonado hacía mucho tiempo a esas pobres mujeres.
Sin embargo, el propio hombre bestia no les prestó atención.
Frente a él, entre la luz vacilante de los braseros, se erguía una figura esbelta ataviada con amplias túnicas blancas y doradas. La tela caía en pesados pliegues, ocultando el cuerpo casi por completo, mientras que el rostro permanecía oculto tras una lisa máscara roja sin ningún dibujo.
Solo las manos, cubiertas de pelo blanco y corto, revelaban que la figura era una criatura bestial.
Durante varios segundos, el silencio llenó la tienda, roto solo por el crepitar de las brasas.
Entonces, la bestia negra alzó la mirada y dijo con irritación: "Se suponía que todo debía estar listo hace un mes".
La figura vestida con túnicas blancas y doradas bajó la cabeza inmediatamente.
—Le pido paciencia, general Toar'lak —dijo una voz femenina tranquila desde debajo de la máscara.
Pero Toar'lak solo mostró lentamente sus colmillos con una sonrisa.
—Ocúpate mejor de la paciencia del Patriarca, no de la mía —dijo arrastrando las palabras, apretando las cadenas en sus patas y provocando que las mujeres a su lado se estremecieran casi imperceptiblemente—. Ha invertido demasiado en atraer al Emperador humano.
Ante esas palabras, la figura enmascarada se puso visiblemente rígida.
La mujer bajó la cabeza aún más rápidamente.
“No hay motivo de preocupación. Ya casi estamos listos.”
El silencio reinó en la tienda durante varios segundos más, tras lo cual ella se enderezó lentamente y añadió con mayor seguridad: «Nos demoramos por una razón. El caos que hemos creado será mucho mayor de lo previsto inicialmente».
Al oír eso, el general Toar'lak tiró de una de las cadenas, y la mujer que estaba a su lado perdió el equilibrio de inmediato, cayendo prácticamente en sus brazos. El hombre bestia la atrajo hacia sí sin la menor delicadeza, rodeándola con un brazo por la cintura con pereza, mientras sus largas garras se clavaban lentamente en el hombro desnudo de la cautiva.
Inmediatamente, finos hilos de sangre comenzaron a correr por la piel pálida de la mujer.
Mientras tanto, Toar'lak sonrió con satisfacción, sus ojos rojos recorriendo la figura enmascarada.
—Bien… —dijo arrastrando las palabras con expectación—. Entonces, que fluya aún más sangre humana…
✦ ✦ ✦
Y mientras mucho más al sur la Horda del Dios Bestia tramaba algo siniestro, Kael ya se había dirigido tranquilamente a la biblioteca de la Academia Imperial.
Tras cruzar las altas puertas doradas adornadas con delicados grabados rúnicos, entró en un amplio salón donde decenas de largas mesas de estudio se alineaban cerca de la entrada. Varios estudiantes ya estaban sentados allí: algunos copiaban apuntes en silencio, otros hojeaban viejos folios, mientras que otros se habían quedado dormidos con la cabeza apoyada sobre libros abiertos.
Pero la mirada de Kael se desvió casi de inmediato hacia adelante.
Más allá de la zona de estudio se encontraba el verdadero corazón de la biblioteca.
Tres enormes niveles, conectados por escaleras y estrechos puentes, se extendían hacia arriba, formando un auténtico laberinto de estanterías. Todo estaba elaborado con madera lacada oscura que brillaba bajo la luz de los cristales, creando una atmósfera de lujo antiguo, casi aristocrático.
Un intenso aroma a libros impregnaba el ambiente, una mezcla de pergamino, madera envejecida, encuadernaciones de cuero y tinta.
En conjunto, se fusionaron en un aroma intenso y familiar.
Kael respiró hondo involuntariamente.
Una sonrisa torcida se dibujó lentamente en sus labios, y casi inaudiblemente murmuró: "Gracias al Maestro... he llegado a odiar las bibliotecas".
Por un instante, su mirada recorrió las interminables filas de estantes.
“Pero aún me gusta el olor de los libros…”
Con esas palabras, Kael recorrió lentamente con la mirada las pequeñas placas que flotaban sobre los pasillos entre las secciones. Los títulos brillaban suavemente con una luz mágica, facilitando la orientación incluso entre tal cantidad de libros.
“Qué conveniente…”, pensó distraídamente.
Mientras caminaba entre las filas de mesas, Kael ya había comenzado a calcular cuántos libros necesitaría, y después de unos segundos resopló para sí mismo: "Si intento llevarme todos los libros que necesito, el bibliotecario pensará que he perdido la cabeza".
Casi de inmediato, llegó a una conclusión más sensata.
“Será más fácil hojearlo todo aquí mismo…”, pensó con calma. “Luego, estudiarlo todo con más detalle en casa, de memoria”.
Esa idea le gustó mucho más.
Sin perder tiempo, Kael se dirigió a la primera sección que necesitaba, la relacionada con el examen del Gremio de Académicos. Los estantes eran especialmente altos y estaban muy juntos, y los libros variaban enormemente: desde delgados libros de texto hasta enormes tomos históricos con encuadernaciones oscuras.
Tras repasar rápidamente los títulos, Kael se detuvo junto a un estante marcado como "Historia del Imperio".
Sin molestarse en elegir, simplemente sacó el primer libro que vio y lo abrió mientras seguía caminando.
Después de eso, las páginas comenzaron a pasar rápidamente una tras otra.
Desde fuera, podría haber parecido que simplemente hojeaba el texto sin detenerse realmente en nada, pero en realidad cada página se grababa en su memoria con una claridad escalofriante…
✦ ✦ ✦
Para Kael, el tiempo mismo parecía acelerarse.
Las páginas crujían rápidamente bajo sus dedos, mientras capas enteras de nueva información se asentaban en su memoria. La historia de la fundación del Imperio, las biografías de los generales y las reformas de los emperadores: todo se instalaba en su mente con una facilidad asombrosa.
Muy pronto, el primer libro dio paso a un segundo, luego a un tercero, y al poco tiempo perdió la cuenta por completo.
Kael ni siquiera intentó procesar los detalles en ese momento. Simplemente memorizó todo al 100%, confiando en su memoria prodigiosa, como si estuviera colocando los libros no en la biblioteca, sino dentro de su propia mente.
Solo en contadas ocasiones tenía que hacer una pausa.
Siempre que alguien pasaba demasiado cerca, Kael reducía la velocidad, fingiendo leer un pasaje específico o buscar información concreta, en lugar de memorizar un libro entero en cuestión de minutos.
Y menos de media hora después de que su anterior “vecino” se marchara, llegó otro…
✦ ✦ ✦
Una chica con dos largas trenzas blancas y gafas redondas de montura fina se detuvo a unos pasos de él. A juzgar por la rapidez con la que sus ojos recorrían los títulos de los lomos de los libros, ella también buscaba algo activamente.
Mientras tanto, Kael hojeaba lentamente "Las memorias del primer emperador", manteniendo una expresión tranquila aunque interiormente ya empezaba a irritarse.
—Maldita sea… —se maldijo a sí mismo sin apartar la vista de las páginas—. ¿Quizás debería pasar a otra sección por ahora?
Sus dedos continuaron pasando las páginas a un ritmo pausado.
“A este paso…”, continuó pensando. “Voy a avanzar muy poco… Ni siquiera terminaré de repasar todo el material del Gremio de Eruditos hoy”.
Kael pasó lentamente otra página, preparándose ya para cerrar el libro.
A juzgar por el índice, a continuación comenzaba una nueva sección, lo que significaba que por fin podía pasar a la sección de alquimia. Pero en el instante en que su mirada se posó en el título del siguiente capítulo, sus dedos se paralizaron involuntariamente.
El título del capítulo decía: "El apóstol de la sangre y la guerra: la sombra del trono".
Kael frunció el ceño.
—Apóstol… —murmuró entre dientes sin pensarlo.
Intrigado a pesar de sí mismo, Kael bajó la mirada y comenzó a leer el primer párrafo.
“Recuerdo aquellos tiempos oscuros en los que perdíamos batalla tras batalla. Fue entonces cuando apareció el Apóstol, aquel que nos concedió la protección del Dios de la Sangre y la Guerra, junto con una parte de su poder.”
Alzando una ceja, Kael murmuró pensativo para sí mismo: «Pero Valeria dijo que nadie sabe quién era ese misterioso mago, el que trajo la fe al Dios de la Sangre y la Guerra…»
Sin embargo, en el momento en que bajó un poco más la mirada, las cosas empezaron a tener sentido gradualmente.
Las siguientes líneas dicen:
“Aquel anciano apareció como de la nada. Poseía un poder que escapaba a la comprensión mortal, pero enseguida declaró que no intervendría personalmente en la guerra. En aquel momento, me llenó de rabia y confusión.”
Kael entrecerró ligeramente los ojos mientras seguía leyendo.
“Pero años después, la verdad sobre sus motivos se me hizo evidente. Por desgracia, es un secreto que no se puede transmitir a través de un libro. Solo quien herede mi trono conocerá la verdad.”
Al oír esas palabras, Kael finalmente apartó la mirada de las páginas.
“Así que eso era lo que Valeria quería decir…” murmuró en voz baja.
Sus dedos tamborilearon pensativamente sobre el borde del lomo del libro.
“Así que solo el actual Emperador conoce la verdad sobre esa figura antigua…”, concluyó mentalmente, bajando la mirada de nuevo hacia las páginas.
Kael bajó la mirada aún más por la página, y al instante siguiente todo su cuerpo pareció ponerse rígido. Sus dedos temblaron y el libro estuvo a punto de resbalársele de las manos.
“¿Qué demonios…?” murmuró con incredulidad, mirando fijamente el texto.
El siguiente párrafo decía:
“Durante nuestro primer encuentro, el Apóstol, quien más tarde sería conocido como la Sombra del Trono, declaró que había algo que nos unía a él, a sus aliados y a mí. Dijo que yo era uno de ellos, que yo también era un Fragmento. Por eso me eligió como el primer humano digno de recibir el poder del Dios de la Sangre y la Guerra.”
Durante varios segundos, Kael se quedó paralizado, sintiendo cómo se le entumecían las manos mientras un hormigueo se extendía por su cuero cabelludo.
Los sonidos de la biblioteca parecían desvanecerse en la distancia. En algún lugar, las páginas crujían, alguien hablaba en voz baja entre los estantes, pero en ese momento Kael apenas se percataba de nada.
—¿Ambos eran Fragmentos? —repitió lentamente para sí mismo, apretando el libro con más fuerza.
Con el ceño aún más fruncido, Kael bajó la mirada y continuó leyendo: «Siempre había considerado mi capacidad para absorber maná de la sangre de mis enemigos una anomalía. Pero, al final, resultó ser un don ligado a mi alma única».
Los ojos de Kael se entrecerraron ligeramente.
La siguiente frase lo puso aún más tenso: “Es precisamente por esta alma que mi sincera adoración al Dios de la Sangre y la Guerra tiene un valor especial”.
Kael comenzó a hojear las páginas apresuradamente.
Una tras otra, se deslizaban rápidamente bajo sus dedos mientras su mirada se aferraba a líneas y párrafos individuales, tratando de captar algo verdaderamente importante.
“¡Maldita sea…!” maldijo mentalmente, pasando otra página. “¿Dónde está la información sobre los Fragmentos?!”
Pero en lugar de respuestas, lo único que encontró fueron las reflexiones del Primer Emperador sobre la naturaleza de la autoridad, la disciplina militar, los sacrificios de la guerra y la sabiduría que supuestamente el Apóstol había compartido con él.
“¿Por qué necesito todas estas malditas lecciones ahora mismo?”, pensó Kael furioso.
Las páginas siguieron pasando rápidamente hasta que Kael finalmente llegó al final de la sección, dándose cuenta con creciente frustración de que había muy poca información realmente útil entre las docenas de páginas.
En realidad, solo fueron indicios que dejaron a Kael con aún más preguntas.
—¿Estás bien? —preguntó de repente una voz femenina a su lado.
Kael reaccionó y solo entonces se dio cuenta de que había estado pasando las páginas con demasiada brusquedad, llamando claramente la atención sobre sí mismo.
Al alzar la vista, vio a la misma chica con trenzas blancas y gafas.
Con su sonrisa habitual, Kael soltó una risita algo incómoda.
“Lo siento. Me distraje demasiado con el texto.”
La chica rió suavemente mientras se ajustaba las gafas.
“A mí también me pasa a veces. Pero intenta no hacer ruido, o la bibliotecaria se enfadará.”
Sonriendo una vez más, bajó la mirada hacia su libro y continuó leyendo con una leve sonrisa en el rostro.
Kael simplemente sonrió cortésmente de nuevo y se movió ligeramente hacia un lado, como si volviera a su lectura, para que la chica no notara el cambio en su expresión.
Mientras tanto, sus pensamientos ya habían comenzado a conectarse rápidamente.
“El Primer Emperador… y este Apóstol…”, se repitió lentamente a sí mismo. “Ambos eran Fragmentos”.
Al pensar en eso, su corazón comenzó a latir más rápido.
Pero al instante siguiente, Kael se dio cuenta de algo mucho más inquietante, y un escalofrío le recorrió la espalda lentamente.
“Ese apóstol dijo que el Primer Emperador era 'uno de ellos'... Lo que significa que había otros Fragmentos.”
Kael bajó la mirada hacia el libro, fingiendo seguir leyendo con calma, aunque sus pensamientos ya se habían desviado por completo hacia otro lado.
“Si todo esto es cierto…”, reflexionó lentamente. “Entonces, en algún lugar más allá de la Dimensión Humana, podría haber un grupo entero… u organización, reuniendo Fragmentos bajo su protección”.
Ante ese pensamiento, se agitaron en su interior emociones contradictorias: el deseo de descubrir quién se escondía tras el Apóstol y arrojar luz sobre su propia naturaleza, y, al mismo tiempo, el temor a sus motivos desconocidos.
«Pero ¿por qué están conectados con uno de los dioses más jóvenes?», continuó pensando Kael, sintiendo que le surgían cada vez más preguntas. «¿Qué propósito podrían tener personas así? ¿Saben de ellos el Maestro y los demás dioses supremos?»
Con esos pensamientos en mente, Kael cerró lentamente el libro y lo devolvió con cuidado al estante.
Su deseo de seguir leyendo se desvaneció repentinamente.
Dándose la vuelta, se dirigió tranquilamente hacia la salida de la sección, dejando que su mirada recorriera distraídamente las filas de libros, aunque apenas se fijaba ya ni en los títulos ni en la gente que le rodeaba.
“Si tal organización existiera de verdad…”, reflexionó con calma mientras caminaba. “Tengo que saber más sobre ella”.
Ese pensamiento se había arraigado demasiado.
De repente, demasiadas cosas parecían estar conectadas con el concepto de Fragmentos: la caída de antiguos imperios, la aparición del Apóstol, el interés de los Dioses en los Mundos Mortales.
Y de alguna manera, todo estaba relacionado con Kael.
«En el futuro, me enfrentaré al Dios del Conocimiento y la Locura… Y antes de que llegue ese momento, necesito reunir toda la información posible», continuó pensando mientras caminaba entre las estanterías. «Parece que el primer paso será volverme lo suficientemente fuerte como para entrar en el círculo íntimo del mismísimo Emperador».
Al pensar en eso, un impulso extraño, casi doloroso, de avanzar más rápido surgió repentinamente en su interior.
Como si la sola idea de que existieran organizaciones formadas por magos con talentos únicos como él le infundiera una mayor esperanza.
Su paso se ralentizó ligeramente y su mirada se volvió más fría.
«Cálmate, Kael…», se dijo a sí mismo, reprimiendo rápidamente las emociones innecesarias. «Si algo así existe de verdad… lo descubriremos tarde o temprano».
Se ajustó la túnica con calma mientras continuaba su camino hacia la salida de la biblioteca.
—Tarde o temprano… —concluyó Kael con mucha más frialdad—. Descubriremos la verdad.

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 72
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 71
Estás leyendo el capítulo 71 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 18 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.