Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 70 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Hacía rato que había anochecido fuera de la ventana, y el patio interior de la taberna estaba casi vacío; solo se oían risas y conversaciones apagadas que llegaban de vez en cuando antes de desvanecerse en el silencio. Dentro de la sala, sin embargo, una suave luz blanca permanecía en el ambiente: un cristal flotaba sobre la mesa, proyectando reflejos uniformes sobre las paredes y la superficie de trabajo.
Kael se sentó en esa mesa.
Inclinado hacia adelante, casi encorvado sobre su puesto de trabajo, sin prestar atención a nada a su alrededor.
Un pequeño cristal violeta había sido fijado sobre un soporte especial frente a él. Dieciséis facetas convergían en líneas precisas, formando una hermosa figura geométrica.
Kael solo echaba vistazos rápidos al cristal de vez en cuando antes de volver a su trabajo.
Kael molía ciempiés perlados secos en un mortero, trabajando con constancia y sin prisas, reduciendo el polvo a la finura requerida.
—Gilmesh se ha superado a sí mismo… —murmuró, sin apartar la vista del mortero—. Ahora es mi turno…
Con esas palabras, dejó a un lado el mortero, cogió un pincel pequeño y, sacudiendo con cuidado el polvo, comenzó a añadirlo a un recipiente lleno de una espesa pasta negra parecida a la tinta.
En el instante en que las primeras partículas tocaron la superficie, el líquido cambió por un instante.
Débiles destellos ondulaban a través del líquido, como si diminutas luces blancas se hubieran encendido en su interior. Brillaban y se desvanecían al instante, dispersándose por el líquido como pequeñas estrellas, apareciendo y desapareciendo sin ritmo alguno.
Kael entrecerró ligeramente los ojos, observando la reacción, y al ver el efecto deseado, asintió con satisfacción.
Sin perder tiempo, cogió sus herramientas y levantó con cuidado una aguja larga.
Delgada, con una punta de forma perfecta, estaba cubierta de grabados en espiral que se extendían desde la punta hasta el mango de madera, donde los dedos descansaban de forma natural y firme.
Kael lo sostuvo en el aire por un segundo, comprobando el equilibrio, tras lo cual dirigió lentamente su mirada hacia el cristal.
Tras respirar hondo, Kael se quedó inmóvil por un instante, sin apartar la vista del cristal.
—Lo importante es no estropear el grabado inicial… —murmuró pensativo, entrecerrando ligeramente los ojos—. Si hago todo correctamente, solo tendré que reponer la tinta mágica con regularidad.
Lentamente bajó la aguja hasta la tinta.
El líquido reaccionó de inmediato como si estuviera vivo: un fino chorro se extendió hacia el metal y, siguiendo el patrón en espiral, comenzó a ascender, extendiéndose uniformemente a lo largo del grabado.
Por un instante, detuvo el movimiento, observando cómo la tinta se estabilizaba.
—Empecemos —dijo asintiendo con la cabeza.
La aguja se acercó suavemente al cristal.
En la mente de Kael, un patrón preciso ya se había desplegado: líneas, ángulos, la secuencia de marcas. No solo lo recordaba, sino que parecía verlo ante sí, superponiéndolo sobre las facetas del cristal.
El maná fluía suavemente a través de los canales, pasando a la aguja y activándola como un verdadero artefacto.
La punta de la aguja penetró sin resistencia, como si el cristal hubiera perdido momentáneamente su dureza, cediendo a la presión. El movimiento fue lento y preciso: la aguja avanzó con cuidado, dejando tras de sí una línea fina, apenas perceptible, como si trazara el primer trazo de un símbolo rúnico.
La mano de Kael permaneció completamente inmóvil.
Dirigió el maná hacia sus músculos, fortaleciendo los ligamentos y controlando cada micromovimiento, sin permitir que apareciera el más mínimo temblor en sus manos. Distribuyó la tensión a la perfección, sin excesos, manteniendo la mano completamente firme.
La mano de Kael continuó moviéndose, sin apartarse jamás de su ritmo establecido.
Una tras otra, las líneas encajaron a la perfección, formando una runa tras otra, y pronto la primera faceta comenzó a llenarse con un patrón preciso. Las runas se dispusieron en círculo, cada una ocupando su lugar correspondiente sin alterar la estructura general.
“Despacio… pero con constancia…” murmuró casi inaudiblemente, sin apartar la vista de su trabajo.
La aguja se movía con suavidad, casi sin detenerse.
Una vez colocadas las runas principales, comenzaron a aparecer elementos adicionales entre ellas: finas líneas geométricas, ángulos y trazos finales. Estos elementos unían los símbolos, transformando las partes separadas en una sola estructura, en un círculo mágico completo.
Poco a poco, se fue completando el diseño de la primera faceta.
Sin levantar la aguja, Kael guió la delgada línea aún más, llevándola hacia la faceta vecina, cruzando cuidadosamente el borde del cristal como si continuara con el mismo pensamiento.
Y en la segunda faceta, ya habían comenzado a aparecer los primeros trazos.
Desde fuera, el proceso podría haber parecido casi meditativo. Los ojos color ámbar de Kael brillaban silenciosamente a la luz del cristal flotante, sin parpadear mientras seguían cada movimiento, mientras su mano continuaba su labor.
Mientras tallaba otra runa, Kael ralentizó momentáneamente sus movimientos, estudiando con mayor atención la forma que estaba trazando.
«Las runas que se usan en el arte de la inscripción son tan extrañas…» El pensamiento cruzó tranquilamente por su mente mientras la aguja seguía deslizándose sobre el cristal. «Son universales en todos los mundos… y los magos superiores las llaman el lenguaje del maná mismo».
La línea se trazó con precisión a lo largo de la faceta, completando así otro elemento.
Desvió ligeramente la mirada hacia un lado, evaluando el fragmento ya tallado, donde una de las runas estabilizaba el flujo de maná, y continuó el movimiento casi mecánicamente.
“Cada runa conlleva un significado… o un concepto inherente a la existencia misma…” El pensamiento fluía con naturalidad, sin interrumpir el ritmo de su trabajo. “¿Pero por qué? ¿Acaso este significado surgió por sí solo?”
La aguja se hundió suavemente más, trazando la siguiente línea.
Fragmentos de tratados, documentos antiguos y teorías que había estudiado en el pasado afloraron en su memoria.
“Cada runa conocida utilizada en la inscripción fue descubierta mediante ensayo y error…”, continuó, sin apartarse del tema. “Pero no las creamos. Simplemente encontramos lo que ya existía…”.
Su mano no tembló ni por un instante.
«Si estas runas existían antes de las primeras civilizaciones…» El pensamiento se ralentizó un poco, profundizándose. «¿Significa eso que todos los significados y conceptos de la existencia también existían antes de que aparecieran los primeros magos?»
La aguja se detuvo durante una fracción de segundo en el borde de una línea.
Kael soltó una risita, sacudió levemente la cabeza y, sin levantar la mirada, murmuró: "Esta pregunta es suficiente para volverme loco...".
La idea, al no encontrar respuesta, se hundió más profundamente por sí sola.
Inconscientemente, Kael volvió a una de las teorías más misteriosas, a algo que el Asceta del Vacío había mencionado de pasada en una ocasión.
«Si el Dios Primordial no es un mito…» El pensamiento se formó lentamente en su mente mientras la aguja seguía trazando su línea. «Entonces, ¿fue él el responsable de la creación de todo?»
La punta de la aguja atravesó suavemente otra sección, completando así la conexión entre las runas.
“…¿incluido el 'lenguaje del maná'?”
Ante esto, negó levemente con la cabeza, como si quisiera interrumpir el hilo de pensamiento antes de que lo llevara demasiado lejos.
—De acuerdo… —murmuró casi inaudiblemente—. Ahora mismo, lo importante es ocultar lo que es anormal en mi alma.
La aguja se desplazó suavemente a la siguiente sección, mientras Kael continuaba pensando para sí mismo: "Nadie puede descubrir que soy un Fragmento".
Dicho esto, apartó por completo los pensamientos innecesarios y volvió a concentrarse plenamente en su trabajo.
Las runas siguieron encajando una tras otra, conectadas por líneas que formaban una sola estructura, y su atención se centró una vez más en el arte de la inscripción.
✦ ✦ ✦
Pasaron las horas, e incluso los clientes más persistentes de la taberna ya se habían marchado a casa. Fuera de la ventana, el cielo se iba aclarando poco a poco, y el primer resplandor tenue comenzaba a asomar en el horizonte.
Pero Kael no se percató de nada de eso.
Durante todo ese tiempo, nunca se apartó de su trabajo, continuando guiando la aguja sobre el cristal con la misma precisión. Tenía los hombros rígidos, los dedos empezaban a entumecerse y, de vez en cuando, gotas de sudor caían de su barbilla sobre la mesa, pero su mano nunca perdió el ritmo.
Llegó a la sección final, completando cuidadosamente la estructura.
La aguja trazó el último arco, uniendo las líneas en un solo círculo, y en ese preciso instante todas las runas del cristal brillaron con una luz tenue. Kael se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, sin apartar la vista.
Las runas comenzaron a palpitar, de forma constante y apagada, como un latido del corazón, enviando débiles pulsos a través de toda la estructura, pero solo unos instantes después la luz comenzó a desvanecerse, devolviendo al cristal su forma original.
—Ya está —exhaló en voz baja, sin ocultar su sonrisa.
Sin perder tiempo, Kael retiró cuidadosamente el cristal del soporte y lo colocó inmediatamente en un colgante preparado con antelación: sencillo, casi discreto, también elaborado por Gilmesh.
Tras colocarse el colgante alrededor del cuello, Kael extendió la mano hacia la mesa y cogió un pequeño trozo de pergamino brillante. Tenía un aspecto extraño, como si estuviera recubierto de una fina capa de aceite.
Con un movimiento hábil, Kael presionó el pergamino contra su frente.
Sus dedos se tensaron ligeramente y un fino hilo de maná fluyó hacia el pergamino, provocando una reacción casi inmediata. La superficie brilló suavemente y, ante sus ojos, comenzaron a aparecer líneas que formaban un patrón apenas visible.
Kael no se movió, permitiendo que el proceso terminara.
En cuanto el resplandor se desvaneció, Kael apartó el pergamino y, manteniéndolo un poco más alejado de su rostro, lo estudió atentamente.
En la superficie había aparecido un dibujo: un anillo fino, apenas perceptible. Estaba borroso, como tejido con una niebla gris, casi desapareciendo contra el pergamino.
Pero eso no fue lo que llamó la atención de Kael.
En varios puntos cercanos al anillo, unos hilos tenues brillaban sutilmente, como si las fibras del pergamino hubieran cambiado de color, tornándose doradas. No eran muchos, y a primera vista eran casi imperceptibles, pero al observarlos con más detenimiento, la diferencia se hizo evidente.
Al ver esto, Kael simplemente entrecerró ligeramente los ojos, sin apartar la mirada del pergamino.
«Mi debilidad actual en realidad está jugando a mi favor…» El pensamiento cruzó tranquilamente por su mente mientras evaluaba la cantidad de hilos dorados. «Si fuera un mago espiritual, habría mucho más oro…»
Apretó el pergamino entre sus dedos, y casi de inmediato este estalló en llamas, consumiéndose rápidamente sin dejar rastro, como si desde el principio hubiera estado destinado a un solo uso.
Sin perder tiempo, Kael tocó el Amuleto de Velo de Almas recién creado, vertiendo en él una hebra de su maná.
Y en ese mismo instante, su cuerpo se estremeció.
Un leve temblor recorrió sus músculos, como si algo en su interior hubiera cambiado de ritmo bruscamente, adaptándose a la nueva estructura. El colgante pareció unirse a él, estableciendo una conexión que no podía calificarse de física, sino más bien a nivel del alma y del maná.
Kael se tensó por un segundo, concentrándose en la sensación.
Sus ojos comenzaron a nublarse, llenándose de una tenue neblina, mientras su mirada perdía el foco, como si ya no estuviera dirigida a un solo punto.
Sus pensamientos se adentraron en lo más profundo, y la habitación a su alrededor pareció desvanecerse en el fondo, dando paso a algo más. Sentía como si lo estuvieran atrayendo a otro espacio…
✦ ✦ ✦
Parpadeando, Kael sintió como si hubiera entrado en otro mundo.
No había nada a su alrededor, solo una oscuridad absoluta e infinita donde no se podía percibir ni la profundidad, ni la distancia, ni siquiera el espacio mismo. No lo oprimía ni lo constreñía, pero aún había algo en lo que su mirada podía fijarse.
“Es la primera vez que lo veo con tanta claridad…”, murmuró para sí mismo.
Ante él, en aquel vacío, flotaba un gigantesco anillo tejido con una densa niebla. Su forma cambiaba constantemente y su escala era difícil de comprender, haciendo que su propia presencia pareciera insignificante.
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Poco a poco, la luz comenzó a emerger dentro de ese anillo.
Al principio apenas perceptibles, luego intensificándose gradualmente, aparecieron como finos destellos dorados, como entretejidos en la estructura misma de la niebla. Parpadeando y desvaneciéndose, se movieron a través del anillo, iluminando brevemente la oscuridad.
Al observar esto, Kael permaneció inmóvil, y solo después de una breve pausa un pensamiento sereno cruzó por su mente: "La forma de mi alma... es un poco inquietante..."
Pero con ese pensamiento, el espacio circundante comenzó a cambiar: una niebla violeta se extendió por la oscuridad.
Y esta niebla no era incontrolable. Obedecía a Kael, moviéndose sin resistencia y respondiendo a la más mínima intención. En el instante en que se concentró, densas corrientes se precipitaron hacia el anillo, envolviéndolo y formando una esfera cerrada a su alrededor.
El proceso se desarrolló sin contratiempos, sin transiciones bruscas.
En algunos lugares, la niebla se volvió transparente, permitiendo ver los contornos del anillo, mientras que en otros se espesó, adquiriendo el mismo tono grisáceo que el alma misma, como si se adaptara a su naturaleza.
Con cada instante que pasaba, la estructura cambiaba, y los destellos dorados que habían sido visibles momentos antes desaparecían gradualmente dentro de esa capa, volviéndose cada vez más tenues hasta que casi se desvanecieron por completo de la vista.
Desde fuera, parecía como si se estuviera formando una nueva envoltura alrededor de la verdadera forma del alma, distorsionando la percepción y ocultando la estructura original; una envoltura lo suficientemente flexible como para distorsionar la verdadera forma del alma hasta hacerla irreconocible si así se deseara.
Pero Kael no buscaba ocultarse por completo, sino solo disimular su naturaleza como Fragmento.
“Justo lo que necesitaba…” pensó mientras terminaba el proceso.
✦ ✦ ✦
Con esa sensación aún presente, Kael abrió los ojos y volvió a la realidad.
La neblina que nublaba su visión comenzó a disiparse gradualmente, devolviéndole la claridad, y la habitación recuperó sus contornos familiares. La luz del cristal, la mesa, las herramientas dispersas: todo volvió poco a poco a enfocarse.
Sin perder un solo segundo, extendió la mano hacia la mesa y sacó otro Talismán de Definición del Alma.
El movimiento fue rápido, casi automático.
Presionando el pergamino contra su frente, dirigió una vez más un fino hilo de maná hacia él, repitiendo la inspección, y solo unos instantes después la superficie brilló suavemente, formando un nuevo patrón.
Kael apartó el pergamino sin esperar a que el resplandor se desvaneciera por completo y lo examinó de inmediato.
Apareció un anillo sobre el pergamino.
Gris, apenas perceptible, casi borroso, pero ahora, sin un solo destello dorado.
Una sonrisa astuta se dibujó lentamente en su rostro.
—Funcionó —dijo en voz baja, sin ocultar su satisfacción.
Sus dedos tocaron instintivamente el colgante y, apretándolo ligeramente, Kael añadió en voz baja: "Funcionó incluso mejor de lo que esperaba".
Con esas palabras, Kael desvió la mirada hacia la ventana que daba al patio interior de la taberna.
El cielo ya se había iluminado notablemente, y la tenue luz de la noche finalmente daba paso a la mañana, suavizando las sombras y llenando gradualmente el espacio con los colores del amanecer.
Se quedó allí un momento, calculando el tiempo, tras lo cual se levantó de la silla, sintiendo una leve pesadez en el cuerpo después de las largas horas de trabajo.
—Ya que todo se ha resuelto tan rápido… —dijo con satisfacción, flexionando su muñeca entumecida—. No esperaré. Le comunicaré mi decisión a Valeria hoy mismo.
Tras echar un vistazo rápido a la mesa para asegurarse de que no se le había escapado nada, Kael se dirigió a la puerta y, sin demorarse, salió de la habitación, con la intención de refrescarse antes de dirigirse a la Academia.
✦ ✦ ✦
La mañana llegó inesperadamente rápido.
Antes incluso de haber tenido tiempo de descansar como es debido, Kael ya se dirigía a la Academia con sus amigos apenas un par de horas después. Como de costumbre, se encontraron cerca de la salida de la taberna, intercambiando breves palabras, y ese ritmo familiar alivió un poco los últimos vestigios de su cansancio.
Barnabas, a pesar de su resaca diaria, lucía sorprendentemente animado. Al enterarse de los planes de Kael, incluso le dio una palmada en el hombro sin su sarcasmo habitual y le deseó sinceramente suerte, lo cual, de por sí, era una rareza.
Pero a partir de ahí, los acontecimientos comenzaron a desarrollarse incluso más rápido de lo que Kael había previsto.
Originalmente, Kael solo tenía la intención de informar a la teniente Valeria que a partir de mañana asistiría a las clases generales, mientras que el resto del día, como de costumbre, la ayudaría. El plan era sencillo y no requería ninguna urgencia.
Pero en el momento en que lo expresó, Valeria reaccionó sin dudarlo.
Tras escucharlo, ella simplemente asintió brevemente, e inmediatamente lo remitió a uno de los subdirectores, sin dar lugar a más discusión.
Como comentario final, incluso dijo algo parecido a: “No fuiste mi subordinado por mucho tiempo, pero seguías siéndolo. Así que estudia mucho y no me deshonres”.
Su tono era tan severo como siempre, pero no denotaba verdadera irritación. Más bien, era una extraña forma de preocupación.
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, Kael ya estaba sentado en la oficina, esperando.
La habitación era pequeña, pero revelaba de inmediato el estatus de su dueño. Estanterías talladas se extendían a lo largo de las paredes, repletas de libros y pergaminos dispuestos con una precisión casi obsesiva. En un rincón se encontraba un instrumento de cuerdas múltiples, y aunque no había nadie cerca, sus cuerdas vibraban suavemente por sí solas, creando una melodía apenas perceptible.
Sobre el enorme escritorio que tenía delante, se apilaban cuidadosamente hojas de pergamino, alineadas con perfecta precisión. Cerca, un incensario del que se elevaba un fino humo que llenaba la habitación con un aroma a incienso tranquilo y ligeramente dulce.
Kael permaneció sentado erguido, sin permitirse movimientos innecesarios, y solo de vez en cuando dejaba que su mirada recorriera los detalles de la habitación.
En ese preciso instante, la puerta se abrió silenciosamente y un hombre alto y erguido entró.
Se movía sin prisa, pero cada paso parecía medido y preciso. Su rostro delgado, con pómulos marcados y labios finos, parecía frío, casi distante, y su piel pálida no hacía sino reforzar esa impresión. Su cabello oscuro, con algunas canas en las sienes, estaba peinado hacia atrás.
Sus ojos grises con un brillo metálico se fijaron inmediatamente en Kael, sin pestañear ni vacilar.
Kael se levantó inmediatamente de su silla y, bajando la cabeza en una reverencia cortés, dijo con calma: "Saludos, subdirector Kairos".
En respuesta, el hombre sonrió inesperadamente, y su semblante severo se suavizó por un instante, como si esa máscara fuera simplemente una envoltura familiar.
—Siéntate —dijo secamente, rodeando el escritorio.
Al llegar a su sitio, Kairos se sentó en la silla, y Kael, sin dudarlo, volvió a su asiento. Un silencio se apoderó de la oficina durante varios segundos, roto solo por la suave melodía que llegaba desde un rincón de la habitación.
Kairos miró a Kael con atención y espíritu evaluador, y entrecerró ligeramente los ojos.
—La profesora Valeria ya me ha hablado de usted —dijo con tono sereno.
Por un instante, una leve sonrisa asomó a sus labios.
“Y antes, el élder Cornelius también vino a verme. No todos los estudiantes de la capital tienen mecenas como el suyo.”
Kael se limitó a sonreír levemente ante eso, sin darle demasiada importancia al comentario.
“Simplemente tuve suerte.”
Kairos asintió, como si tomara nota de la respuesta, tras lo cual su mirada se deslizó brevemente sobre el escritorio y extendió la mano hacia una pila de pergaminos.
—Entonces, Kael —comenzó con un tono más formal mientras revisaba las hojas—. Primero, examinaré tu forma de alma y escucharé tus preferencias.
Sacó varios documentos y los colocó frente a sí, alineando sus bordes.
“Una vez que te registre formalmente como estudiante de pleno derecho, te ayudaré a organizar tu horario de clases.”
Kael asintió brevemente, aceptando el acuerdo, y respondió cortésmente: "Gracias".
Sin perder tiempo, Kairos tomó una pluma y, bajando la mirada, comenzó a rellenar rápidamente una de las hojas. Sus movimientos eran precisos y seguros, como si no necesitara pensar en lo que escribía, sino que simplemente copiara información ya preparada en el pergamino.
La pluma rascó suavemente, rompiendo el silencio de la oficina.
Al ver esto, Kael entrecerró ligeramente los ojos y pensó: "Parece que el viejo ya lo sabe todo sobre mí... Me pregunto qué le habrá contado el anciano Cornelius".
Kairos siguió escribiendo durante otro medio minuto antes de detenerse y levantar la mirada.
“Ahora bien… tu forma del alma…” dijo con calma.
Con un ligero movimiento de la mano, hizo un gesto en el aire y un fino talismán de papel apareció justo delante de él. Sin dudarlo, lo lanzó hacia adelante, y este se deslizó suavemente por el aire antes de adherirse a la frente de Kael.
Kael ni se inmutó ni intentó evitarlo.
Ya se había sometido a ese procedimiento esa misma mañana, así que simplemente lo aceptó con calma, sin sentir la menor preocupación.
El talismán reaccionó casi de inmediato.
Su superficie brillaba suavemente y comenzaron a aparecer líneas una tras otra, formando un patrón.
En ese instante, Kairos se inclinó ligeramente hacia adelante, sin apartar la vista de ello.
No había prisa en sus movimientos, pero su atención se agudizó notablemente, como si él mismo estuviera ansioso por ver la Forma del Alma de Kael. Por un instante, Kael incluso sintió que el interés del anciano iba más allá de una simple inspección.
Pero a medida que el talismán cambiaba, la expresión de Kairos también comenzó a cambiar.
Primero, un interés sereno; luego, una ligera confusión, como si lo que viera no coincidiera del todo con sus expectativas; y después, un claro desconcierto, que no se esforzó en ocultar.
El talismán siguió brillando durante unos instantes más antes de que la luz finalmente comenzara a desvanecerse.
En cuanto se atenuó por completo, la sábana tembló y se desprendió suavemente, deslizándose por sí sola de vuelta hacia Kairos.
La atrapó en el aire, frunciendo el ceño.
Su mirada recorrió rápidamente el dibujo, se detuvo un instante y luego volvió al principio, como si comprobara si había cometido algún error.
—Qué forma de alma… —murmuró en voz baja sin alzar la vista—. Es la primera vez que veo algo así…
Kairos alzó lentamente la mirada hacia Kael, sin soltar el talismán.
—Hijo mío… —dijo en voz más baja que antes—. ¿Sabes qué clase de alma tienes?
Kael dudó un instante antes de sonreír torpemente sin apartar la mirada.
“En mi tierra natal, la gente ni siquiera sabía que las almas podían tener forma…”
Hizo una breve pausa, como si estuviera eligiendo sus palabras, y luego continuó con más calma: "Pero durante el último mes, después de aprender sobre las Formas del Alma, he pensado mucho en la naturaleza de mi poder..."
Alzando la mirada con un poco más de seguridad, añadió: «Siento que hay un aspecto del Vacío dentro de mí. No sé cómo explicarlo, pero cada vez que reflexiono sobre los conceptos del Vacío, el maná fluye a través de mí con mucha más facilidad».
Ante esas palabras, la confusión se reflejó en los ojos de Kairos, pero esta vez más profunda, mucho más profunda, sin la certeza anterior.
—¿Puedes simplemente... sentirlo? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
Bajando la mirada hacia el talismán, murmuró casi inaudiblemente: “Comprender el alma sin guía… Muy pocos pueden hacerlo…”
Durante varios segundos permaneció en silencio, como si estuviera reflexionando sobre algo, tras lo cual volvió a mirar a Kael, aunque ahora de forma diferente: con más atención, con mayor profundidad.
“Este chico es realmente extraño…” pensó Kairos. “Empiezo a comprender por qué esa persona se interesó en él…”
Pero exteriormente, Kairos no lo demostraba en absoluto.
Una sonrisa contenida y serena volvió a su rostro, como si la confusión anterior no hubiera sido más que una sombra pasajera.
—Disculpen —dijo con voz pausada, dejando el talismán a un lado—. Tendré que consultar con magos más expertos. En cuanto la Academia determine el nombre de su Forma del Alma, se les informará.
Con esas palabras, acercó una de las hojas, la examinó rápidamente y luego la deslizó hacia Kael.
“Firma esto y te convertirás oficialmente en estudiante.”
Toda su información estaba escrita con pulcritud en el pergamino, y solo quedaba una línea en blanco: aquella donde se suponía que debía figurar la Forma del Alma.
Sin prisas, Kael hojeó el texto, sin encontrar nada sospechoso, tras lo cual cogió la pluma y firmó con seguridad.
Kairos asintió, visiblemente satisfecho, y sonrió levemente.
"Excelente."
Dejó el documento a un lado, dando por concluidas las formalidades, y volvió a fijar la mirada en Kael.
—Ahora dime en qué quieres centrarte —añadió, mostrando ahora un interés evidente—. El élder Cornelius mencionó que tienes la intención de especializarte en varias áreas a la vez.
Kael asintió brevemente, reconociendo la pregunta, y respondió sin dudarlo: "Definitivamente quiero completar el entrenamiento militar básico y los cursos de aptitud para el Gremio de Académicos".
Kairos asintió con aprobación, como si esperara precisamente esa respuesta, pero Kael, sin detenerse, añadió: "También quiero asistir a clases teóricas y prácticas de alquimia e inscripción".
Esta vez, la reacción fue diferente.
Kairos arqueó ligeramente las cejas, sin hacer ningún esfuerzo por ocultar su sorpresa, y lo miró con más atención, como si estuviera evaluando la seriedad de sus intenciones.
—¿Estás seguro? —preguntó con calma—. Es un horario muy exigente. Además, no siempre es conveniente y algunas clases pueden coincidir, así que tendrás que recuperar mucho tiempo por tu cuenta.
Kael asintió sin protestar.
—Lo entiendo —respondió con serenidad—. Simplemente quiero intentarlo. Si resulta que mis aspiraciones eran demasiado altas, entonces me centraré exclusivamente en la carrera académica y militar.
Kairos guardó silencio, pensativo, durante varios segundos, tamborileando ligeramente con un dedo sobre la mesa antes de asentir finalmente, habiendo tomado su decisión.
Extendiendo la mano hacia la pila de documentos, seleccionó varias hojas y se las entregó a Kael.
“Aquí encontrarán la lista completa de clases teóricas y prácticas”, explicó. “Les informaré a los profesores sobre ustedes y, a partir de mañana, podrán comenzar su formación”.
Tras una breve pausa, entrecerró ligeramente los ojos, como si recordara algo, y señaló las sábanas que Kael tenía en las manos.
“Aunque, si lo deseas, puedes asistir hoy mismo a una sesión de entrenamiento militar. El profesor Dukhlas es un buen amigo de Valeria, así que ya debería saber de ti.”
En el instante en que se pronunciaron esas palabras, un claro interés brilló en los ojos de Kael.
Se levantó inmediatamente de su silla, sin ocultar su entusiasmo por empezar, y dijo con firmeza: "Si puedo empezar hoy, lo haré".
Inclinando brevemente la cabeza, añadió: "Gracias por su ayuda, subdirector Kairos".
Kairos se limitó a asentir con calma en respuesta, sin levantarse de su asiento.
—Date prisa —dijo con voz pausada—. El descanso terminará pronto, y el profesor Dukhlas no tolera la impuntualidad.
Kael asintió una vez más, asimilando aquello, y sin demorarse, se dirigió hacia la salida.
La puerta se abrió casi sin hacer ruido, y un instante después él ya había salido de la oficina, dejando a Kairos solo entre los pergaminos cuidadosamente ordenados y la suave melodía que sonaba.
Kairos permaneció sentado, sin hacer ningún movimiento para volver a su papeleo.
Su mirada se detuvo un instante en el Talismán de la Definición del Alma antes de fruncir ligeramente el ceño, absorto en sus pensamientos.
Antes de que transcurrieran siquiera diez segundos, el espacio a su lado se distorsionó sutilmente y, como surgida de la nada, apareció cerca una figura con una capa negra. Su rostro estaba oculto tras una extraña máscara dorada cubierta de innumerables fracturas y facetas, que la hacían parecer un cristal tallado.
En el momento en que Kairos divisó la figura, su reacción fue inmediata.
Se puso de pie de un salto, solo para caer inmediatamente de rodillas y bajar la cabeza casi hasta el suelo, sin atreverse siquiera a mirar la figura durante mucho tiempo.
—Disculpe, no sabía que estaba aquí… —dijo rápidamente, procurando no titubear—. Estaba a punto de informarle sobre los resultados de la evaluación del niño, tal como solicitó.
La figura no respondió de inmediato.
Sin un solo movimiento innecesario, simplemente extendió una mano, y el talismán que yacía sobre la mesa se elevó en el aire por sí solo, deslizándose suavemente hasta la palma de su mano.
Durante varios segundos, la figura simplemente observó el patrón.
Entonces, una voz masculina surgió de debajo de la máscara, tranquila y desprovista de emoción:
—Así que realmente no es un Fragmento… —dijo, como si afirmara un hecho, antes de añadir en voz más baja—: Quizás sea lo mejor…
Kairos levantó la cabeza con cautela, sin atreverse a enderezarse por completo.
—Disculpe… —dijo en voz baja, intentando mantener la voz firme—. ¿Sabe qué clase de alma tiene ese chico?
La figura no respondió de inmediato, sino que continuó mirando fijamente el talismán, como si evaluara no solo el diseño en sí, sino algo más allá de él.
—Un alma del Vacío sin forma —respondió con calma el hombre misterioso—. Es el alma más cercana al Vacío Primordial que los mortales pueden poseer… —continuó el hombre con el mismo tono uniforme, sin cambiar de postura.
Kairos frunció el ceño, tratando de procesar lo que acababa de escuchar, y después de una breve pausa exhaló con cautela: "Mis disculpas... mis conocimientos son insuficientes para comprender el significado de sus palabras".
La figura ladeó ligeramente la cabeza, como si hubiera previsto tal reacción.
—Eso no es sorprendente —respondió con la misma calma—. El conocimiento del Vacío Primordial casi se ha perdido. Y todos aquellos conectados con el Vacío Primordial, o quienes lo veneraban, fueron aniquilados sin piedad en un pasado lejano.
Guardó silencio por un momento antes de añadir en voz más baja: "Desde entonces, casi nunca han nacido magos con ese tipo de alma".
Pero tras decir eso, el hombre giró ligeramente la cabeza, como si perdiera interés en la conversación, y añadió con calma: «En cualquier caso, no es necesario que te preocupes por esto. Simplemente anota la forma del alma del chico y olvida todo lo que te he dicho».
Las palabras no fueron contundentes, pero no dejaron lugar a objeciones.
Al instante siguiente, la figura del hombre misterioso comenzó a desdibujarse, y en un segundo, solo el silencio y la suave melodía de las cuerdas volvieron a reinar en la oficina.
Kairos permaneció inmóvil durante varios segundos más.
Entonces, con un escalofrío casi imperceptible, se puso de pie lentamente, intentando recuperar el control de su cuerpo. Sus movimientos seguían siendo controlados, pero un leve temblor persistía en sus dedos, que intentó disimular extendiendo la mano inmediatamente hacia el escritorio.
Tomando la pluma, se inclinó rápidamente sobre la hoja y, sin pensarlo, comenzó a rellenar la línea en blanco.
Pero los pensamientos de Kairos estaban muy lejos de lo que reflejaba el papel.
«Era él…» un pensamiento fugaz cruzó por su mente mientras la pluma se deslizaba sobre el pergamino. «La Sombra del Trono…»
Por un instante, apretó los labios sin apartar la mirada. Un pensamiento lo cruzó por la mente, sorprendiéndolo y emocionándolo a la vez: «Antes, siempre actuaba a través de mensajeros… Jamás pensé que algún día lo conocería en persona…»
[Título:] V2. Capítulo 26 - Profesor Dukhlas
Los pasillos de la Academia Imperial bullían con las voces de jóvenes magos.
El recreo estaba por terminar, y los estudiantes, acelerando el paso, se apresuraron hacia sus aulas, formando una densa corriente que obligaba a todos a ajustar constantemente su ritmo. Pasos, conversaciones, el crujido de la ropa: todo se fundía en un único ruido que llenaba el espacio.
Kael se movía entre la multitud con pasos rápidos y seguros, sin perder nunca el ritmo.
En una mano sostenía las hojas recibidas del subdirector Kairos y, sin detenerse, las hojeó rápidamente, comprobando nombres, horarios y ubicaciones de las aulas.
«Gremio de Eruditos…», pensó mientras sus ojos recorrían las líneas. «Historia, lenguas, los orígenes y misterios del maná… La mayoría de las clases que necesito están programadas casi al final del día».
Deslizó ligeramente la hoja, sin dejar de leer mientras caminaba.
“Entrenamiento militar…” continuó mentalmente, recomponiendo la imagen general. “Las clases se imparten durante todo el día… Si asisto por las mañanas…”
Sus dedos se apretaron ligeramente alrededor del borde del pergamino mientras reconstruía mentalmente los horarios.
«Alquimia y magia de inscripción…», pensó para sí mismo, bajando la mirada. «Sobre todo a mediodía…»
Por un instante, entrecerró los ojos, considerando las posibles superposiciones y la carga de trabajo, pero no disminuyó el paso y continuó avanzando al ritmo del flujo de estudiantes.
Se detuvo un instante en esas líneas, atando cabos rápidamente antes de resumir mentalmente: «Considerando mis habilidades… las clases teóricas son prácticamente inútiles para mí. Si asisto solo a las clases prácticas de alquimia y magia de inscripción, debería poder estudiarlo todo a la vez».
La decisión se tomó rápidamente, sin dudarlo.
En ese momento, levantó la mirada.
Más adelante, se divisaron unas enormes puertas abiertas, más parecidas a portones, tras las cuales se extendía una espaciosa sala de entrenamiento.
“Estoy aquí…” murmuró Kael en voz baja, guardando las hojas de horarios en su anillo espacial.
Sin disminuir el paso, siguió avanzando, pasando por la entrada junto con el flujo de estudiantes.
Al cruzar el umbral, Kael se encontró dentro de un vasto salón.
La sala se diferenciaba inmediatamente de las aulas comunes: no había filas de pupitres ni atril para el profesor. Una amplia explanada pavimentada con piedra maciza ocupaba el centro, mientras que alrededor del perímetro se encontraba el equipo de entrenamiento: maniquíes de entrenamiento, soportes para armas y extraños dispositivos: plataformas gravitatorias, pilares rúnicos y esferas metálicas que flotaban en el aire, girando lentamente sobre sus propios ejes.
El ruido aquí era diferente.
Las voces se oían más fuertes, los movimientos más bruscos y el ambiente estaba impregnado de una constante sensación de actividad: algunos ya estaban entrenando, otros hablaban entre sí, mientras que otros simplemente observaban.
Sin detenerse, Kael recorrió con la mirada el pasillo, evaluando rápidamente el número de estudiantes y la situación.
“Más de cien…”, calculó, dejando que su mirada recorriera los grupos de estudiantes dispersos por el pasillo.
Por un instante, recordó el horario, comparándolo con la hora.
“Pensé que habría más gente aquí…”, se dijo a sí mismo con calma. “Aunque las clases duran todo el día… quizás esta hora simplemente no era tan popular”.
Pero en ese instante, la mirada de Kael se posó naturalmente en varias figuras familiares, y una sonrisa burlona se extendió lentamente por su rostro.
—Lo sabía… —murmuró con diversión, sin apartar la vista de ellos.
Valkeris permanecía cerca del borde de la arena, como antes, rodeado de su séquito. Pero ahora había varias chicas más con ellos, y entre ellas Kael reconoció fácilmente a Lidia.
Su mirada la recorrió, deteniéndose solo un instante.
La chica pareció presentirlo y lentamente giró la cabeza en su dirección.
Sus miradas se cruzaron casi al instante. En ese mismo segundo, su expresión cambió: su compostura se desvaneció sin dejar rastro, dando paso a una ira manifiesta que deformó sus facciones y aguzó su mirada, volviéndola casi punzante.
De aquella niña tímida y frágil no quedaba nada.
En respuesta, Kael simplemente inclinó ligeramente la cabeza, asintiendo amistosamente, pero la burla en el gesto era demasiado obvia, y no hizo ningún intento por ocultarla.
Lidia se giró bruscamente, inclinándose casi de inmediato hacia Valkeris y susurrándole algo al oído. Él escuchó sin cambiar su expresión, pero un instante después todo el grupo se volvió hacia Kael, y una atención inconfundible e intensa apareció en sus miradas, como la de depredadores que han avistado a su presa.
Sin embargo, no fueron los únicos que se fijaron en él.
Casi al mismo tiempo, Kael sintió una mano pesada posarse sobre su hombro por detrás, sin la menor precaución, como si su dueño no tuviera intención de ocultar su presencia. Al darse la vuelta, Kael vio a un joven bajito con el pelo largo y azulado y una mirada soñolienta y algo perdida, como si acabara de despertar.
El tipo le dedicó una sonrisa perezosa, observándolo abiertamente con interés.
“¡Pensaba que todo eso eran solo rumores!”
El joven le resultaba familiar, y un instante después Kael recordó el nombre sin esfuerzo.
—¿Eres Laslo, verdad? —preguntó con calma, arqueando ligeramente una ceja.
El otro soltó una risa despreocupada y, sin perder la naturalidad de sus movimientos, extendió la mano.
“Así que el dueño de la taberna todavía se acuerda de sus clientes habituales.”
Kael le devolvió el apretón de manos sin perder su leve sonrisa.
“¿Cómo iba a olvidarlo? Siempre dejas buenas propinas.”
Su apretón de manos duró apenas un instante, pero fue suficiente para atraer la atención de la multitud.
Otros también parecían reconocer a Kael, y unos susurros silenciosos comenzaron a extenderse por todo el salón.
“Oye, ¿no es ese uno de los dueños del 'Borracho Alegre'…?”
—Sí, definitivamente es él… —respondió otro, acercándose—. ¿Así que de verdad es estudiante de la Academia?
—¿No te has enterado? —intervino una tercera voz, con un tono más seguro—. Es uno de esos magos que descubrió el Gremio de Eruditos. Parece que a algunos de ellos por fin les permitieron asistir a las clases regulares.
Kael captó esos fragmentos casi automáticamente, sin girar la cabeza, y la comisura de sus labios se contrajo levemente.
“La taberna me brindó una ventaja inesperada…”, pensó con calma, intuyendo cómo algo más que mera curiosidad se estaba formando a su alrededor: una cierta imagen que la gente había comenzado a formarse por su cuenta.
Pero no tuvo tiempo de reflexionar sobre ello.
Laslo ya se había girado a medias y señaló a su grupo con un gesto de cabeza. Kael reconoció de inmediato a varios habituales entre ellos. Casi todos compartían rasgos similares: cabello con un frío tinte azulado y expresiones tranquilas, ligeramente distantes.
—Si alguien empieza a molestarte, solo tienes que decirlo —dijo Laslo con voz perezosa, volviendo a prestarle atención a Kael—. Somos de la Rama de Magos Lunares… así que tenemos cierta influencia por aquí.
Lo dijo sin alardear, más bien como una simple afirmación de un hecho que no requería confirmación.
Kael soltó una risita disimulada, echando un breve vistazo hacia el grupo de Valkeris.
—Prefiero solucionar mis propios problemas —respondió con calma, estrechando ligeramente la mano de Laslo antes de volverse hacia él—. Pero rechazar la ayuda de plano sería una tontería.
Laslo simplemente rió, visiblemente complacido, e hizo un gesto a Kael para que se acercara a su grupo.
✦ ✦ ✦
Valkeris lo observó todo desde la barrera.
Manteniéndose ligeramente apartado de la multitud principal, no apartó la mirada de Kael y, en cierto momento, sus labios se curvaron lentamente en una mueca de desagrado.
—Esa basura se ha vuelto bastante popular… —siseó entre dientes, sin molestarse en ocultar su irritación.
Apartando la mirada, fulminó con la mirada a Seiran y Bert, y su voz se llenó de inmediato de fría ira: "Si hubieran cumplido su misión, esa basura no estaría aquí..."
Pero en ese momento, Lidia interrumpió la conversación.
Ajustándose sus rizos negros, dio un paso al frente sin apartar la vista de Kael, y una ira contenida pero palpable resonó en su voz: "Permíteme terminar lo que empecé, Valkeris".
Bert arqueó una ceja y la miró de reojo.
—¿Estás seguro? —preguntó con pereza—. ¿Tal vez debería ir yo?
Lidia ni siquiera giró la cabeza hacia él.
Su mirada permaneció fija en Kael, y con cada instante que pasaba, se llenaba de un odio más y más manifiesto.
—No —espetó—. Ese desgraciado pagará caro por haberme tendido una trampa.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pero nadie tuvo tiempo de continuar.
Una voz áspera y atronadora resonó de repente en el pasillo: “¡Silencio! ¡Formen filas!”
La orden resonó de forma seca y severa, y la reacción fue instantánea, como si una onda expansiva hubiera recorrido el pasillo, silenciando las conversaciones e haciendo que los estudiantes se estremecieran.
✦ ✦ ✦
En ese mismo instante, Laslo, de pie junto a Kael, se inclinó ligeramente y susurró, apenas entreabierto: «El profesor Dukhlas está aquí. Si no quieres problemas, haz lo que te diga».
Kael asintió brevemente sin hacer preguntas innecesarias y, enderezando la espalda, se unió rápidamente a los demás. Ya se estaban formando filas a su alrededor: los estudiantes tomaron sus posiciones, moviéndose y reorganizándose hasta que la multitud dispersa comenzó a formar una estructura clara y ordenada, como si cada persona supiera cuál era su lugar.
Kael se deslizó entre las filas, igualando la distancia y la postura de los que estaban a su lado sin llamar la atención innecesariamente, y solo entonces se permitió alzar la mirada.
Ahora, por fin, vio a quien había dado la orden.
Un hombre cojo, de unos cuarenta años, caminaba al frente de la formación, y aun sin palabras, emanaba una presencia severa, casi opresiva. Tenía la piel oscura, el pelo corto, áspero y rojo, y el lado derecho del rostro marcado por una vieja cicatriz de quemadura, lo que deformaba ligeramente sus facciones.
Cuando giró ligeramente la cabeza, los ojos de Kael se sintieron atraídos involuntariamente hacia los ojos del hombre.
Una de ellas estaba turbia y sin vida, como si hubiera perdido hacía mucho tiempo todo rastro de vitalidad.
La otra era de color rojo brillante, con una pupila estrecha y alargada que recordaba más a la de una bestia que a la de un ser humano.
Kael entrecerró los ojos por un instante, fijándose en el detalle.
“Parece que viene del mismo lugar que Valeria…”, pensó con calma.
Pero al instante siguiente, la atención de Kael se centró en el sonido de los pasos de Dukhlas. Había algo extraño en ellos.
Y en el instante en que bajó la mirada, comprendió de inmediato el motivo: la pierna izquierda de Dukhlas, por debajo de la rodilla, había sido reemplazada por una prótesis metálica. El metal oscuro, cubierto de runas, golpeó el suelo con un estruendo particularmente agudo.
“Así que eso es todo…”, comentó Kael con calma.
En ese instante, otro fuerte estruendo resonó, y Dukhlas se detuvo, volviéndose hacia la formación. Cruzando los brazos sobre el pecho, recorrió lentamente con la mirada a los estudiantes.
—Hoy no hay muchos de ustedes —dijo con voz pausada—. Aunque eso es cierto para todos los días de entrenamiento.
Resopló, y un matiz de burla se coló en su voz.
“Pero no os culpo. La mayoría sois unos cobardes comunes y corrientes.”
Un leve murmullo recorrió las filas; algunos hicieron muecas, otros desviaron la mirada.
Dukhlas, sin embargo, continuó sin cambiar de tono: «No estás aquí para la victoria de la humanidad sobre la Horda del Dios Bestia. Quieres una vida tranquila en la Capital».
Algunos se enderezaron ligeramente, como intentando demostrar lo contrario. Otros, por el contrario, bajaron la mirada avergonzados.
“Solo unos pocos de ustedes verán una guerra de verdad”, declaró Dukhlas. “Aquellos que posean el coraje… y la dignidad suficientes”.
Pero en ese momento, la atención de Kael se desvió de las palabras de Dukhlas hacia sus manos, o mejor dicho, hacia su arma.
Desde la punta de los dedos hasta los codos, sus brazos estaban cubiertos de guanteletes de acero ensamblados a partir de cientos de pequeñas placas, lo que les daba un aspecto sólido a la vez que permitía flexibilidad y movimiento.
Kael entrecerró ligeramente los ojos, y estos comenzaron a brillar.
“Placas gruesas, articulaciones reforzadas, bordes rígidos en los nudillos… y garras afiladas…” repasó mentalmente los detalles con calma, evaluando el diseño. “Son guanteletes de combate…”
Por un instante, su mirada se detuvo más tiempo de lo habitual.
“Un arma como esa sería perfecta para mi estilo de combate…”
Pero en ese mismo instante, Dukhlas sacudió bruscamente la cabeza, como si presintiera algo, y su mirada se dirigió rápidamente hacia Kael.
“¡Oye tú! ¿Estás pensando en soñar despierto mientras te hablo?!”
Kael se enderezó de inmediato, como si lo hubieran jalado de un hilo, y respondió sin pausa: «No, señor. Escuché cada palabra que dijo».
Y, sin darse tiempo a pensar, añadió inmediatamente, repitiendo la propia idea de Dukhlas: "Solo unos pocos aquí merecen respeto".
Una oleada de tensión recorrió la formación, mientras que otros miraban a Kael con una malicia manifiesta.
Dukhlas entrecerró los ojos.
Su mirada se hizo más intensa, más concentrada, y lentamente, sin prisa, examinó a Kael de pies a cabeza, como si evaluara no sus palabras, sino al hombre mismo.
“¿Y quién eres tú exactamente…?”, dijo con tono pausado, inclinando ligeramente la cabeza. “Es la primera vez que te veo aquí”.
Kael respondió con la misma rapidez y claridad: “Soy alumno de la profesora Valeria. A partir de hoy, tengo autorización para asistir a las clases generales”.
Y en el instante en que se pronunció el nombre de Valeria, un breve destello de interés apareció en el único ojo vivo de Dukhlas, mientras que sus labios se curvaron inmediatamente en una sonrisa depredadora.
Ante esa sonrisa, un escalofrío desagradable recorrió la espalda de Kael, como si acabara de entrar en algo de lo que no escaparía fácilmente, mientras que risitas silenciosas resonaban desde algún lugar a un lado; varios estudiantes, incluida Valkeris, intercambiaron miradas, reconociendo claramente esa mirada en los ojos de Dukhlas.
Sin apartar la mirada de Kael, Dukhlas descruzó los brazos y, con un gesto despreocupado, le hizo señas para que se acercara.
—Así que eres el recién llegado… —dijo arrastrando las palabras con ese mismo tono depredador—. Y encima, ¿te atreves a soñar despierto? Serás el primero.
Por un instante, Kael vaciló, como si sopesara sus opciones, pero casi de inmediato la voz tranquila de Laslo pronunció desde un lado: «Acércate al profesor. Haz lo que te diga».
Kael asintió casi imperceptiblemente y, sin dudarlo, dio un paso al frente, abandonando la formación.
La distancia era corta, pero con cada paso la sensación cambiaba.
Dukhlas no parecía corpulento; apenas medía media cabeza más que Kael, era delgado y carecía de músculos voluminosos. Pero cuanto más se acercaba Kael, más claramente sentía la presión, como si el espacio alrededor del hombre se volviera más denso y frío.
Y en el instante en que Kael se detuvo frente a él, Dukhlas, sin perder palabras, dijo secamente: "Nombre".
—Kael —respondió de inmediato, sin apartar la mirada.
Dukhlas asintió levemente y, volviéndose ya hacia la formación, alzó la voz:
“¿Algún voluntario para el primer combate de entrenamiento? ¿O debería elegirme a mí mismo?”
Al comprender el significado, Kael se dio cuenta casi de inmediato de que no iba a ser castigado, y la tensión en su interior se disipó, dando paso a otro sentimiento. Exhaló levemente, sintiendo una familiar anticipación que crecía en su interior, y, dejando que su mirada recorriera la multitud, añadió mentalmente:
“Me pregunto qué tan bueno soy en comparación con los estudiantes de la Academia Imperial… Todos forman parte de la élite, pero es improbable que alguno de ellos se haya topado con una magia como la mía…”
La multitud se quedó paralizada por un instante, como si esperara que Dukhlas señalara personalmente al oponente de Kael, pero la pausa duró mucho menos de lo esperado.
—¿Puedo, profesor Dukhlas? —preguntó una voz femenina desde la formación.
Una oleada de movimiento se extendió inmediatamente por la sala: las cabezas se volvieron hacia la fuente de la voz y, en un instante, muchos reconocieron a Lidia.
Dukhlas entrecerró ligeramente los ojos, fijando su mirada en ella, y una leve sonrisa asomó en la comisura de sus labios.
“Por un segundo… pensé que esto podría ser amor a primera vista”, dijo con un tono de burla perezosa.
Se oyeron risitas silenciosas entre los miembros de la formación.
Mantuvo su mirada fija en ella un segundo más antes de añadir con un tono más sereno: "Pero a juzgar por tus ojos... no hay mucha ternura en ellos ahora mismo".
Con un gesto de la mano, dijo secamente: "Salga".
Lidia entrecerró aún más los ojos y, sin decir palabra, se dirigió con paso firme hacia los estantes de armas.
Mientras tanto, Dukhlas se volvió hacia la arena y, sin alzar la voz, pero lo suficientemente alto como para que todos lo oyeran, dijo: "Elijan sus armas y pasen al centro".
Tras una breve pausa, dirigió una mirada de reojo a Kael y añadió, específicamente para él: «Matar al oponente está prohibido. También lo está infligir lesiones permanentes. La pelea termina cuando alguien se rinde… o cuando alguien recibe una paliza suficiente».
Y sin inmutarse, añadió fríamente: «En la guerra no habrá indulgencia. Así que yo tampoco tengo intención de concederla».
En ese momento, Lidia ya había llegado al estante de armas y le lanzó fríamente a Kael: "Prepárate para implorar clemencia".
Kael, que también se acercaba a las filas de estantes de armas desde el otro lado, se limitó a sonreír con sorna sin disminuir el paso.
—Qué sorpresa volver a verte, Lidia… —dijo con calma—. ¿De verdad cambié tanto tu opinión sobre los estudiantes de la Academia que te convertiste en una de ellos?
Ella simplemente resopló, echándole un vistazo.
“Sigue hablando mientras puedas.”
En respuesta, Kael solo negó levemente con la cabeza, interrumpió el intercambio y centró su atención en las armas.
Sus ojos recorrieron rápidamente los estantes, pasando por alto espadas, lanzas, estoques, bastones y varitas sin detenerse en ninguno. El movimiento fue deliberado: no elegía entre lo que se le ofrecía, sino que buscaba algo específico.
—Nunca le di mucha importancia a qué arma me convenía… —comentó con calma, mientras seguía inspeccionando las filas—. Pero los guanteletes de combate me vendrían de maravilla…
Sus ojos se posaron en un par de guanteletes de acero que yacían ligeramente a un lado, y se quedaron allí un segundo.
“Canalizan bien el maná… y podré controlar tanto su peso como el de todo lo que toque…”, añadió, imaginando ya mentalmente cómo usarlos.
En ese instante, la voz de Lidia resonó una vez más desde un lado. Levantando una lanza, la hizo girar suavemente en su mano y llamó a Kael con una sonrisa fría y burlona: «Ya has visto mi lado amable. Ahora es el momento de mostrarte mi otra cara».
Con esas palabras, balanceó bruscamente el bastón, probando el equilibrio, y los murmullos se extendieron casi de inmediato entre la multitud:
“¿Ya se habían conocido antes?”
“Parece que sí…”
“Parece que hay mala sangre entre ellos.”
Kael no reaccionó en absoluto.
Sin inmutarse, caminó un poco más hacia las cajas abiertas que se encontraban en la base de las estanterías y, agachándose, sacó un par de guanteletes ensamblados con placas de acero.
Ante esto, Dukhlas, que estaba cerca, entrecerró los ojos con interés.
✦ ✦ ✦
Una oleada de murmullos recorrió el salón, comentando la inesperada decisión de Kael.
Sin apartar la vista de él, Laslo murmuró en voz baja a su grupo: "Una lanza contra guanteletes de combate..."
A su lado, una chica de pelo azul que se apoyaba en un estante frunció ligeramente el ceño y añadió: "Teniendo en cuenta la magia de Lidia... el recién llegado está en desventaja".
Laslo entrecerró los ojos, su mirada se movió de la lanza a las manos de Kael, donde los guanteletes ya se estaban ajustando, y agregó pensativo: "Si se especializa en velocidad... y tiene maná con aspecto de fuego, entonces no está en una posición tan mala".
Rumores similares se extendieron por otras partes del salón: algunos intercambiaron miradas, otros asintieron hacia Lidia, que sostenía su lanza con seguridad, mientras que otros observaban a Kael con interés, esperando claramente algo inusual.
Mientras tanto, Kael y Lidia continuaron caminando hacia el centro de la arena sin disminuir la velocidad.
✦ ✦ ✦
Kael caminó lentamente hacia el centro, revisando los guanteletes a medida que avanzaba, apretando y aflojando los dedos.
Las placas de acero se movían con suavidad, sin restringir nunca sus movimientos.
Tras pasar el pulgar por los remaches y asegurarse de que el ajuste era firme, giró ligeramente la muñeca para comprobar la sensación: el peso era perceptible, pero no molesto; al contrario, le hacía sentir más seguro.
Alzar las manos hasta la altura del pecho, su mirada se detuvo un instante en las palmas de las manos, ahora completamente ocultas bajo el metal, y sonrió levemente, sintiendo cómo la expectación crecía en su interior.
“Esto promete ser interesante…”, murmuró en voz baja.
Tras dar unos pasos más, Kael se detuvo y alzó la mirada hacia Lidia.
Ella ya había adoptado su postura, sosteniendo la lanza en un ligero ángulo, y sus ojos estaban completamente fijos en él.
La voz de Dukhlas se escuchó desde un lado: "¿Listos?"
Asintieron casi al mismo tiempo.
Y, para sorpresa de Kael, la siguiente orden de Dukhlas llegó sin previo aviso: "¡Comienza!"
Lidia se lanzó hacia adelante en ese mismo instante: su cuerpo se impulsó hacia adelante, su pie se despegó bruscamente de la piedra y prácticamente salió disparada, acortando la distancia al instante. La lanza en sus manos se alineó con precisión y, un momento después, la punta se clavó directamente en el pecho de Kael.
Kael reaccionó al instante.
Su cuerpo se movió por sí solo, adoptando la postura defensiva del Sendero del Pilar Silencioso, mientras que su mano derecha, sin ningún movimiento superfluo, se lanzó hacia la lanza.
Algunos de los presentes se estremecieron al verlo, incapaces de comprender qué era exactamente lo que intentaba hacer.
Pero en el instante en que la punta de la lanza impactó en el centro de la palma de Kael, se oyó un crujido sordo, como si el aire entre ellos hubiera implosionado repentinamente.
El impacto recorrió el cuerpo de Kael, lanzándolo hacia atrás, pero no perdió el control; aterrizó suavemente sobre las puntas de los pies, se deslizó varios pasos sobre la piedra, disipando la fuerza restante, y un instante después ya había recuperado su postura.
Para la mayoría de los espectadores, podría haber parecido que Lidia tenía la ventaja en el primer intercambio.
Pero entre los presentes no había tontos.
Muchos ya se habían inclinado hacia adelante, estirando el cuello, tratando de comprender mejor lo que había sucedido.
“Él… detuvo la huelga.”
“¿Cómo lo hizo? Nunca había visto una técnica así…”
Dukhlas entrecerró los ojos, pensando: «Creó una explosión concentrada de maná en el momento del contacto… anulando por completo la fuerza del golpe. Y lo hizo al instante… sin preparación…»
Finalmente, un destello de interés apareció en su mirada, mientras una sola pregunta rondaba en su mente: "¿Qué tipo de estilo de lucha usa este mocoso?"
Mientras tanto, Kael miró con calma a Lidia, notando cómo ella vaciló por una fracción de segundo después del choque, y con una leve sonrisa dijo: "¿Así que decidiste ponerme a prueba primero? Admirable".
Lidia resopló, cambiando el agarre de la lanza, y una fría confianza volvió a sus ojos.
—Te crees demasiado importante —respondió ella con brusquedad—. Si luchas a la defensiva, estás acabado.
Y en ese mismo instante, una oleada de maná azul brotó de su cuerpo, extendiéndose por el suelo de piedra y trayendo consigo un frío penetrante.
Una fina capa de hielo se extendió por la superficie del estadio, congelándose rápidamente y expandiéndose en todas direcciones.
“Magia con aspecto de hielo…”, pensó Kael. “Interesante…”
Al mismo tiempo, sintió que perdía el equilibrio sobre el hielo y que su postura flaqueaba por una fracción de segundo.
Al instante siguiente, Lidia sonrió con picardía y se lanzó hacia adelante sin dudarlo.
Y enseguida quedó claro: el hielo no la obstaculizaba en absoluto. Al contrario, sus pasos eran seguros y precisos, como si la superficie bajo sus pies le obedeciera.
Acortó la distancia en un instante.
Kael apenas logró reaccionar, extendiendo de nuevo la palma de la mano hacia adelante, y en ese mismo instante se escuchó el impacto familiar, arrojándolo hacia atrás.
Pero esta vez, todo se desarrolló más rápido.
En el instante en que sus pies se separaron del suelo, Lidia cambió de dirección bruscamente, deslizándose sobre el hielo con una velocidad casi antinatural.
Su silueta se desdibujó.
Un instante después, ella ya estaba detrás de él, justo en el punto donde se suponía que debía aterrizar.
Mientras se movía, giró su cuerpo, apartando la lanza, y sin disminuir la velocidad la alzó para un amplio golpe, lista para enfrentarse a Kael en el momento en que aterrizara frente a ella.
Pero justo en el instante en que completó el balanceo, sus ojos parpadearon.
Algo andaba mal.
En lugar de caer en el punto exacto que ella había calculado, Kael continuó volando más lejos, como si su trayectoria hubiera cambiado.
“¡¿Qué demonios…?!” exclamó mientras giraba bruscamente su cuerpo, intentando ajustar su ataque sobre la marcha tras darse cuenta de que el golpe anterior iba a fallar.
Esa breve vacilación fue suficiente.
Aún en el aire, Kael giró su cuerpo hacia adentro y extendió las manos hacia adelante, recibiendo el ataque desde un nuevo ángulo.
La lanza y los guanteletes de acero chocaron una vez más.
Se oyó un fuerte golpe, más fuerte que antes, y el impacto los separó.
Esta vez, Kael fue lanzado aún más lejos, impidiendo que Lidia volviera a rodearlo. Rodó por el aire para disipar parte de la fuerza, luego aterrizó suavemente sobre las puntas de los pies y se deslizó sobre el hielo, dejando una fina estela a su paso antes de finalmente reducir la velocidad a una distancia considerable de su oponente.
Un silencio se apoderó inmediatamente del estadio, como si todos los espectadores se hubieran quedado paralizados por la confusión.
Nadie se apresuró a hablar, pero sus miradas se aguzaron con concentración; los estudiantes observaron a Kael como si intentaran reconstruir lo que acababan de presenciar.
Parecía que veían claramente el resultado, pero no podían entender cómo lo había hecho Kael.
—¿Cambió de trayectoria en pleno vuelo? —preguntó alguien con incertidumbre.
“Tal vez sea magia del viento…”
“No…” respondió otro de inmediato. “Ni siquiera lo vi liberar maná… Prefiero pensar que es un mago de mejora corporal.”
Los susurros se intensificaron gradualmente, volviéndose más animados, pero no surgía de ellos mayor claridad; solo conjeturas, cada una de ellas poco convincente.
Dukhlas, de pie a un lado, observaba en silencio.
Su mirada nunca se apartó de Kael, y a diferencia de los demás, no había agitación en ella, solo un análisis concentrado.
“¿Magia del viento? No…”, pensó con calma mientras repasaba lo que había visto. “Su trayectoria ya había cambiado desde el principio… El impulso no coincide”.
Entrecerró ligeramente los ojos, reviviendo en su mente el momento del impacto.
“Parecía que su peso disminuía justo antes de la colisión…” El pensamiento le llegó con una claridad inesperada, pero inmediatamente lo hizo dudar. “Pero… ¿es posible algo así?”
Por un instante se quedó paralizado, tras lo cual surgió en su mente otra pregunta mucho más práctica: "¿Podría ser este el poder de su espíritu contraído? ¿Pero qué clase de espíritu podría otorgar tal habilidad?".
Mientras tanto, Kael, como si no se percatara del creciente revuelo, se limitó a sonreír con satisfacción, sintiendo cómo la emoción se encendía en su interior.
Mirando a Lidia, dijo con un ligero tono burlón: "¿Eso es todo, preciosa?".
Lidia apretó la mandíbula con fuerza, y la ira se encendió en sus ojos.
“¡Huyes como un cobarde… y todavía te atreves a provocarme?!” siseó.
En ese preciso instante, otra oleada de maná brotó de su cuerpo.
Esta vez mucho más denso, como si hubiera puesto toda su fuerza en ello.
La lanza que sostenía en sus manos comenzó a cubrirse de hielo, que casi de inmediato formó afiladas púas a lo largo del asta y la punta, transformando el arma en algo mucho más peligroso.
Pero no se detuvo ahí.
En toda la arena, el hielo se elevó, agrietándose y alzándose; finas y curvas púas comenzaron a brotar del suelo, todas dirigidas hacia Kael como colmillos listos para cerrarse de golpe.
Lidia ladeó ligeramente la cabeza y una sonrisa fría apareció en sus labios.
“Todavía tienes la oportunidad de rendirte”, dijo con calma. “De ahora en adelante, no saldrás ileso, con solo unos rasguños”.
La multitud también se puso visiblemente tensa al darse cuenta de que se trataba de una amenaza real.
Varios estudiantes se inclinaron involuntariamente hacia adelante, calculando las distancias y los ángulos.
“Si Lidia lo vuelve a rechazar…” susurró alguien entre la multitud.
“Se va a clavar en esas púas”, concluyó otro.
Parecía que todos ya habían decidido cómo terminaría la pelea.
En una situación como esta, cualquier estudiante razonable simplemente se rendiría en lugar de arriesgarse a sufrir lesiones graves.
Pero Kael simplemente sonrió con sorna y, para sorpresa de todos, dijo: "Vamos, preciosa".
Por un instante, una total perplejidad se apoderó de la sala; algunos incluso abrieron la boca ligeramente, pero nadie tuvo tiempo de protestar ni de gritar.
Al instante siguiente, surgió una fuerte oleada de maná.
Lidia se lanzó hacia adelante, volcando toda su fuerza en el ataque, corriendo directamente hacia él, con la clara intención no solo de apartarlo, sino de golpearlo con la suficiente fuerza como para clavarle las púas profundamente en el cuerpo.
En respuesta, Kael simplemente movió ligeramente su cuerpo y, en lugar de responder con su habitual golpe de palma, cruzó los antebrazos frente a sí mismo, bloqueando el golpe con firmeza.
La multitud se quedó paralizada de horror al ver que Kael ni siquiera tenía intención de esquivar.
“Locura…” fue todo lo que alguien logró decir.
Por una fracción de segundo, el tiempo pareció ralentizarse.
Todos tenían la mirada fija en la punta de la lanza.
Pero en ese instante imperceptible, una fracción de segundo antes de la colisión, sucedió algo extraño.
El hielo bajo los pies de Kael se agrietó repentinamente, extendiéndose en finas grietas como telarañas, como si un peso mucho mayor que antes hubiera caído bruscamente sobre él.
Y al instante siguiente…
¡BOOOOM!
En lugar del sonido esperado del impacto que lanzaría a alguien por los aires, se produjo una explosión atronadora, seguida de un agudo grito femenino.
El hielo que cubría la lanza de Lidia estalló en fragmentos que se dispersaron en todas direcciones, mientras la sangre brotaba de sus palmas. El hombro con el que había estado impulsando su ataque se sacudió violentamente hacia atrás, como si hubiera chocado contra una barrera inamovible.
Pero lo que más sorprendió a la multitud fue otra cosa: Kael no se había movido ni un solo paso.
Se quedó allí de pie, todavía sujetando el bloque, como si nada hubiera pasado.
Para los espectadores, parecía como si Lidia se hubiera estrellado a toda velocidad contra un acantilado inmóvil.
Y casi inmediatamente después ocurrió algo que asustó aún más a los espectadores.
Kael se lanzó repentinamente hacia adelante, como si pasara de estar inmóvil a estar ingrávido.
Con un golpe seco, impactó en el asta de la lanza, que al instante se desprendió de los dedos ensangrentados de Lidia y se estrelló contra el suelo helado con un estruendo ensordecedor, como si de repente se hubiera vuelto diez veces más pesada.
No se detuvo ni un instante.
Tras impulsarse, Kael se deslizó inmediatamente hacia adelante, utilizando el mismo hielo, y en un movimiento fluido se deslizó bajo los brazos de Lidia, acortando por completo la distancia.
Su mano se cerró alrededor de su garganta. Y con el siguiente paso, ya estaba detrás de ella, inmovilizándola.
Todo había sucedido demasiado rápido.
Nadie logró seguir la secuencia de movimientos, captando solo fragmentos: el impacto, el deslizamiento, la fugaz imagen del movimiento.
Y entonces... silencio.
Ante los ojos de todos se desplegaba una escena imposible.
Lidia se quedó paralizada, atrapada en su agarre, con el rostro contraído por el dolor y la conmoción, mientras Kael, de pie detrás de ella, la sujetaba con calma por el cuello, con total control de la situación.
Lidia bajó la mirada y vio su lanza clavada en el hielo como si hubiera sido golpeada con fuerza, sin dejarle ninguna posibilidad de liberarla.
El horror se reflejó en su rostro, y sus labios temblaron de humillación.
“¿Qué… cómo es esto…?”, jadeó, incapaz de apartar la mirada.
De pie detrás de ella, Kael apretó ligeramente los dedos alrededor de su garganta y, con el mismo tono tranquilo, casi amistoso, dijo: "¿Y bien, preciosa? ¿Te rindes?".
Su visión se nubló y las lágrimas brillaron en las comisuras de sus ojos: de ira, de humillación, de incredulidad total ante lo que acababa de suceder.
Pero ella nunca logró responder.
—En una batalla real, Lidia ya estaría muerta —la voz firme de Dukhlas rompió el silencio, fría e inquebrantable—. Kael es el vencedor.
Las palabras sonaron como una oración, y Kael inmediatamente soltó su agarre.
Tras perder el equilibrio, Lidia se desplomó instantáneamente de rodillas y, al mismo tiempo, toda la estructura que había creado comenzó a desmoronarse: las púas de hielo que cruzaban la arena se agrietaron y se desmoronaron, dejando solo una fina capa que se derritió rápidamente.
En cuanto a Kael, como si nada particularmente extraordinario hubiera sucedido, se quitó tranquilamente los guanteletes y se dirigió hacia el borde de la arena, deslizándose con ligereza sobre los restos de hielo.
—Buena pelea, Lidia —dijo sin siquiera darse la vuelta.
Parecía que ni siquiera se había percatado del silencio que reinaba a sus espaldas.
Para los espectadores, toda la escena parecía extraña, incluso absurda.
El contraste entre cómo Kael acababa de luchar y la despreocupación con la que ahora se deslizaba sobre el hielo mientras se quitaba los guanteletes era demasiado chocante como para asimilarlo de inmediato.
Parecía casi como si fueran dos personas completamente diferentes.
Un silencio se cernía sobre la sala, pero daba la impresión de que, de no ser por la presencia de Dukhlas, la multitud ya habría estallado en gritos. Laslo, en particular, parecía desear con todas sus fuerzas abalanzarse sobre Kael, riendo, y bombardearlo con preguntas.
Pero por el momento, todos los estudiantes se contuvieron, limitándose a intercambiar miradas y susurrar entre ellos.
Mientras tanto, Dukhlas permanecía apartado, sin prestar atención a nadie más.
Su mirada permaneció fija en la espalda de Kael que se alejaba, y dos emociones se mezclaban en sus ojos: confusión y una extraña expectación.
Una comisura de sus labios se curvó ligeramente, y un pensamiento persistente cruzó por su mente: "No puedo entregar a un tipo así a un patético Gremio de Eruditos..."
Tras una breve pausa, asintió brevemente para sí mismo y susurró: "Necesito escribirle al general Salazar...".

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 71
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 70
Estás leyendo el capítulo 70 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 17 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.