Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 64 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
De vez en cuando se oían risas en el espacioso salón, pero cuanto más avanzaba la noche, más groseras se volvían. Los gritos de los secuaces de Valkeris perdieron la poca contención que les quedaba, cayendo en la vulgaridad más absoluta, mientras que el alcohol sacaba a relucir su verdadera naturaleza.
El ambiente general pasó gradualmente de una alegría fingida a algo mucho más desagradable. Y los límites de lo aceptable se fueron ampliando cada vez más.
Violet lo sintió con más intensidad que nadie.
La ansiedad en su interior crecía con cada minuto que pasaba, haciéndose más intensa. Apretando los puños, intentó controlarse, sin saber hacia dónde dirigir su mirada ni sus pensamientos.
En algún momento, volvió a mirar a Estelle.
Como si hubiera captado esa mirada, giró lentamente la cabeza hacia Violet. Sus ojos se encontraron solo un instante, pero fue suficiente. La mirada de Estelle ya estaba húmeda, sus pestañas temblaban, pero aún se aferraba a ella, como por pura fuerza de voluntad, negándose a ceder.
Y fue en ese preciso instante cuando Valkeris la atrajo bruscamente hacia sí.
Estelle gritó, incapaz de contenerse, mientras él solo se reía, disfrutando claramente de la reacción.
“Sigues siendo igual de desafiante, Estelle…”, dijo arrastrando las palabras con una sonrisa de satisfacción.
Fingiendo ternura, Valkeris acarició la mejilla de Estelle con los dedos, secándole la lágrima que le había rodado por la mejilla, y añadió con una leve sonrisa: "¿Qué sentido tiene tu resistencia? Si entras en la Casa de Logaris, tu futuro será mucho mejor".
Estelle apretó los labios y, por un instante, una mirada penetrante atravesó su rostro, disipando el miedo.
—¡Déjame en paz! —exclamó—. ¿Por qué me estás acosando?
En respuesta, Valkeris solo dejó escapar una risita, como si hubiera escuchado algo gracioso. Tomando un mechón de su cabello rubio, lo acarició lentamente entre sus dedos y dijo con calma: «Eres simplemente hermosa. Y me gustan las cosas hermosas».
Las palabras sonaban ligeras, pero no había nada cálido en ellas.
Y al instante siguiente, arqueó ligeramente una ceja, como si recordara algo.
"Por cierto…"
Valkeris giró lentamente la cabeza y dirigió su mirada hacia Violet.
Esa mirada le provocó una opresión en el pecho. Unos ojos rojos con pupilas estrechas, casi reptilianas, la miraban fijamente, con una mirada inquisitiva y fría, como la de una presa.
Valkeris entrecerró ligeramente los ojos.
—Me di cuenta de que tú y Estelle estaban susurrando algo… —dijo con tono pausado—. Así que… ¿tú también entiendes el idioma imperial?
Una sonrisa astuta se dibujó lentamente en sus labios y, entrecerrando los ojos con leve irritación, añadió: «Y yo que pensaba que solo el Enlace nos entendía... ¿Creías que podías mentirme?».
En el instante en que dijo eso, un destello de horror cruzó los ojos de Violet y, antes de que pudiera controlarse, se delató al darse cuenta de que acababa de exponer a Kael.
Ese momento no pasó desapercibido para Valkeris. Soltando una risa silenciosa, ladeó ligeramente la cabeza y dijo con voz pausada:
“Oh… Así que de verdad me entiendes…”
Violet simplemente resopló, apartando la cara y tratando de no darle ninguna oportunidad.
Pero al instante siguiente, su mano se movió bruscamente hacia adelante y, agarrándola por la barbilla, la atrajo hacia él, provocándole un grito.
Girren y Gilmesh, arrodillados a un lado, se inclinaron inmediatamente hacia adelante, casi poniéndose de pie de un salto, pero Violet, levantando rápidamente la mano, les hizo una breve señal, ordenándoles que se detuvieran.
Recuperándose de la compostura, volvió a mirar fijamente a Valkeris, quien, sonriendo con satisfacción, dijo con calma: «Soy rico e influyente. Sométete y recibirás una parte de mi influencia».
Tras soltar una risita discreta, añadió, como si afirmara algo obvio: «Además, es lo más natural… A las mujeres de provincias les encanta someterse a los magos de la capital».
En ese instante, Violet no captó todas las palabras, pero el significado era claro. Apretando los dientes y sintiendo un temblor recorrer su cuerpo, siseó con voz entrecortada: «Quita las manos de tu cara… Soy más fuerte que tú…»
En respuesta, Valkeris soltó una carcajada, y los demás la imitaron de inmediato. Negando con la cabeza, la miró con un interés casi burlón.
—Ya me di cuenta de que eres una maga marcada y mucho más poderosa que yo… —dijo con calma—. Puedes intentar atacar. Pero entonces tendrás que enfrentarte a Malzir. Y él trata a las mujeres con mucha más rudeza que yo.
Con esas palabras, apretó su agarre en la mandíbula de ella, impidiéndole apartar la mirada, y la atrajo hacia sí, acortando la distancia entre ellos.
En ese momento, Violet sintió que todo en su interior se contraía. Sus pensamientos se dispersaron, su respiración se volvió irregular y el miedo y el asco comenzaron a invadirla en oleadas, impidiéndole recomponerse.
La comprensión me golpeó de repente, casi dolorosamente: “¡Este imbécil quiere besarme! ¿Qué se supone que debo hacer?”
Vio cómo su rostro se acercaba lentamente, cómo su sonrisa de autosatisfacción se ensanchaba, cómo su respiración ya era demasiado cercana. Dentro de Violet, todo se paralizó; el miedo la inmovilizó, dejándola incapaz de moverse o liberarse.
Pero justo en el momento en que estaba a punto de tocar sus labios, un grito agudo resonó desde atrás: "¡Déjala en paz, maldito bastardo!"
Estelle, levantándose de donde estaba, le agarró el pelo escarlata y tiró con fuerza.
Todos a su alrededor se quedaron paralizados por un instante, sin comprender de inmediato lo que había sucedido.
Valkeris dio un respingo, perdió el equilibrio, luego giró bruscamente y, sin dudarlo, le propinó una sonora bofetada en la cara.
¡¿Qué demonios crees que estás haciendo, puta barata?! —gritó.
Estelle gritó, tambaleándose hacia atrás, y en ese mismo instante, las lágrimas corrieron por sus mejillas.
Esa fue la gota que colmó el vaso.
Algo dentro de Violet se rompió.
Entre dientes apretados, siseó: “¡Al diablo con todo esto… Esto ha llegado demasiado lejos…!”
Invocando su maná, golpeó la mano de Valkeris, apartándola de su rostro, e instantáneamente se levantó de la silla. Esta retrocedió con un estruendo, impactando contra la mesa, mientras que los platos cercanos salieron volando al suelo, rompiéndose y derramándose.
En ese mismo instante, Girren y Gilmesh, que habían estado arrodillados junto al muro, se liberaron de sus ataduras y se lanzaron hacia adelante, sin contenerse más, listos para unirse a la lucha.
Pero justo en el momento en que la tormenta estaba a punto de estallar, se oyó un fuerte estruendo de puertas abriéndose de golpe.
Un sordo golpe resonó en el pasillo, atrayendo la atención de todos y, por un momento, aliviando la creciente tensión.
Kael apareció en la puerta.
Entró con calma, con su habitual leve sonrisa y una mirada pensativa, como si aún estuviera absorto en sus pensamientos. Pero en el instante en que alzó la vista y recorrió el pasillo con la mirada, la expresión de su rostro cambió al instante.
Todo rastro de esa tranquilidad se desvaneció, y su mirada se endureció al instante.
Ante él se extendía una escena imperdonable: Violet, tensa y lista para entrar en combate; Estelle, con los ojos llorosos, a su lado; Valkeris y su séquito desparramados sobre la mesa; y docenas de magos de Lasthold aún arrodillados junto a las murallas.
Por un breve instante, reinó el silencio en la sala.
Pero al instante siguiente, la voz fría de Kael rompió el silencio, hablando en el idioma de Lasthold: "¿Qué está pasando aquí?"
Parecía que la aparición de Kael había apaciguado ligeramente el creciente caos.
Violeta no comprendía del todo por qué, pero la tensión en su interior se disipó por un instante. Dirigió su mirada hacia él y exclamó: «¡Este bastardo vino a humillarnos a todos!».
Le tembló la voz y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos; ya no intentó ocultarlas.
“¡Y someternos a sus sucios deseos!”
Las palabras impactan con fuerza y directamente.
Kael lo entendió de inmediato.
Una pesada sensación se removió en su interior, como si una furia hirviente hubiera roto, por un instante, su habitual autocontrol. Imágenes fugaces cruzaron por su mente: Valkeris intentando abusar de las chicas.
Valkeris, sin entender ni una palabra de lo que se había dicho, solo amplió su sonrisa al percatarse de la presencia de Kael.
—¡Enlace, por fin apareciste! —exclamó con satisfacción—. Eres justo a quien necesitaba para pasar un buen rato.
Sin la menor vacilación, volvió a agarrar a Violet por la muñeca, manteniéndola a su lado como si fuera lo más natural del mundo.
Volviendo la cabeza hacia Kael, sonrió con pereza y añadió: «Una de tus mujeres aquí parece no entender cuál es su lugar. ¿Te importaría ayudarme a hacerle entender mis órdenes?».
Ante esas palabras, Kael se quedó paralizado por un instante, sintiendo claramente una oleada de ira que crecía en su interior, lista para estallar.
Pero casi de inmediato, respiró hondo, obligándose a mantener el control.
“Cálmate, Kael. Ahora mismo, tienes que proteger a Violet y a los magos de Lasthold.”
Ese pensamiento frío atravesó sus emociones, devolviéndole la claridad mental.
Recorrió con la mirada rápidamente a los sentados a la mesa, deteniéndose en Malzir y los demás, antes de añadir mentalmente: «No sobreviviremos a un enfrentamiento directo. Solo empeorará las cosas para los jóvenes de Lasthold…»
Los labios de Kael se tensaron ligeramente y murmuró para sí mismo: «El conflicto es inevitable. Necesito acaparar toda la atención de Valkeris».
Tras recorrer con la mirada a la multitud una vez más —a los que estaban arrodillados, a los rostros tensos de su propia gente—, Kael volvió a centrar su atención en Valkeris.
Esta vez, no había ni rastro de su anterior cortesía en sus ojos.
Habló con calma, con frialdad, ahora en el idioma imperial: "Deja ir a Violet".
Valkeris no hizo más que ampliar su sonrisa, como si hubiera oído algo absurdo.
—¿Por qué? —preguntó con pereza—. De todas formas, pienso pasar la tarde con ella. Lo que significa que no me limitaré a tocarle la muñeca.
Ante esto, Kael simplemente exhaló con irritación, murmurando entre dientes: "Así que los rumores sobre este canalla no eran mentiras..."
Valkeris arqueó una ceja de inmediato, captando el tono, e inclinó la cabeza con disgusto.
“Habla más alto, Enlace. No te oigo.”
Kael levantó la mirada con calma, sin apartarla, y dijo con claridad: "¿Quieres pasar la noche con Violet?".
Se produjo un silencio de un segundo, pero ni siquiera esperó una respuesta.
Una leve risita escapó de los labios de Kael, y añadió con desprecio: "Eso es algo que solo conseguirás en tus sueños... y con un poco de ayuda de tu propia mano".
Quienes comprendían el idioma imperial guardaron un silencio sepulcral, y la tensión en el ambiente se hizo palpable. Parecía que simplemente no podían creer lo que habían oído.
Kael había cruzado una línea que otros temían siquiera acercarse. Y lo hizo sin dudarlo.
Valkeris apretó lentamente la mandíbula, los músculos de su rostro se contrajeron y una furia feroz, casi animal, se reflejó en sus ojos. Por un instante, fue como si no pudiera creer lo que había oído, como si su mente se negara a aceptar que le hablaran de esa manera.
Al instante siguiente, sus dedos se aflojaron y apartó a Violet bruscamente, como si de repente ella hubiera perdido todo valor para él.
Con un movimiento brusco, se puso de pie de un salto, y la silla retrocedió con un estruendo.
—¿Acaso entiendes lo que acabas de hacer, perro? —rugió, dando un paso al frente.
Su voz se hizo más fuerte, más áspera; ya no quedaba rastro de burla en ella.
“Aquí yo soy la ley”, continuó, sin ocultar la amenaza. “A partir de hoy, consideren su vida una cadena de sufrimiento”.
Ante eso, Kael solo arqueó una ceja, mirándolo sin rastro de reacción.
—¿Aquí eres tú la ley? —repitió con calma—. Guárdate esos cuentos de hadas para los que te lamen el culo.
No hubo gritos ni brusquedad excesiva en su voz, pero el desprecio era inconfundible.
Enderezándose ligeramente, continuó con un tono más serio, sin apartar la vista de Valkeris: "He logrado averiguar algunas cosas sobre ti".
Los labios de Kael se curvaron en una sonrisa fría y burlona, y continuó: "Es curioso que muchos, al hablar de ti, se sorprendieran... de cómo el director de la Academia pudo acabar con un bisnieto tan despreciable".
Esas palabras calaron más hondo que las anteriores.
Una sonrisa se extendió lentamente por el rostro de Valkeris, pero no había en ella ni rastro de diversión, solo una exhibición de dientes llena de malicia.
Inclinó ligeramente la cabeza, mirando a Kael de otra manera, y siseó: "Ya has dicho suficiente, Enlace".
Una furia fría y contenida se coló en su voz, mucho más peligrosa que su arrebato anterior.
—Le sugiero que salga a las calles de la capital —continuó, dando un paso al frente—. A partir de hoy, le resultará mucho más cómodo y seguro estar allí…
Con esas palabras, Valkeris alzó la mano bruscamente y, sin ocultar su ira, espetó: "¡Denle una lección a ese bastardo... y échenlo a la calle!".
La orden se escuchó con claridad.
Casi de inmediato, los magos sentados a la mesa comenzaron a levantarse. Uno a uno, sin palabras innecesarias, una veintena de ellos se pusieron de pie, apartando sus sillas y volviéndose hacia Kael. No había prisa en sus movimientos, pero sí una clara familiaridad con tales órdenes.
En ese mismo instante, Violet aprovechó la oportunidad.
Dando un paso al frente bruscamente, agarró a Estelle de la mano y la atrajo hacia sí, sin darle oportunidad de quedarse atrás.
Valkeris se giró inmediatamente al notar el movimiento y, con una sonrisa desdeñosa, espetó: "Hm... ¿Así que ustedes dos también han decidido irse a vivir a la calle?".
Sacudió la cabeza con pereza, como si hablara de algo obvio, y añadió: «No aprecias la generosidad de la Capital. Te dieron alojamiento y comida gratis... ¿y así me lo pagas?».
Estelle se estremeció, y esta vez no se contuvo.
“¡Vete al infierno!”, gritó con la voz quebrándose.
En cuanto pronunció esas palabras, Violet no dudó. La agarró, le infundió maná en las piernas y se impulsó con fuerza desde el suelo. Sus cuerpos se elevaron, saltando por encima de la mesa, haciendo que platos y botellas chocaran y se dispersaran en todas direcciones.
Al aterrizar al otro lado de la mesa, se lanzaron inmediatamente hacia adelante, directamente hacia Kael, sin disminuir la velocidad.
Kael solo entrecerró los ojos, sin prestar atención a Violet y Estelle que corrían hacia él, y continuó mirando fijamente a Valkeris.
—Tienes muchas libertades… —dijo con calma, aunque un tono amenazante se coló en su voz—. Pero no eres todopoderoso. El anciano Cornelius se preocupa por el bienestar de los magos de Lasthold, así que te sugiero que moderes tus impulsos.
Esta vez, sus palabras tuvieron un peso diferente.
Durante una fracción de segundo, Valkeris se quedó paralizado, y todos lo notaron. Sus secuaces intercambiaron miradas, y un atisbo de duda cruzó entre ellos, aunque fue rápidamente reprimido.
Malzir, que hasta ahora había estado observando en silencio desde un lado, se inclinó ligeramente hacia adelante y casi susurró, secándose nerviosamente las manos en la túnica: «Joven Lord Valkeris… se dice que Cornelius pronto podría convertirse en Magister. Es mejor no provocarlo…»
Pero Valkeris ni siquiera le dejó terminar.
Girando la cabeza bruscamente, ladró: “¡La Academia Imperial pertenece en gran parte a la Casa Logarius! ¡Cornelius no tiene ninguna autoridad aquí!”
Malzir se estremeció, su cabello grasiento se movió dejando al descubierto una calva. Aun así, continuó con cautela, intentando hablar con más suavidad: «Puede que sea así… pero el Gremio de Eruditos tiene muy buena relación con el director de la Academia… Sería una tontería…»
Valkeris apretó los dientes, sin escuchar el final. Su mirada se clavó de nuevo en Kael, ahora llena de odio manifiesto.
—Si permito que semejante insulto quede impune… —espetó—. ¿Qué valor tendrá entonces mi reputación?
Kael ladeó ligeramente la cabeza, como si lo estuviera evaluando, y respondió con inesperada calma: «Eres descendiente de una gran Casa, Valkeris. Eso significa que deberías tener al menos algo de sentido común».
Un breve silencio se instaló en el pasillo. Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
“Propongo una solución de compromiso”, declaró Kael con firmeza.
Valkeris solo resopló con desprecio, con una leve sonrisa en la comisura de los labios.
“¿Un imbécil como tú se atreve a proponerme matrimonio…?”
Pero Kael ni siquiera le dejó terminar, interrumpiéndolo con calma, sin prisa alguna: "Para demostrar tu autoridad, los tres abandonaremos la Residencia Estudiantil".
Habló con voz firme, como si ya estuviera decidido, y tras sostener la mirada de Valkeris por un instante, añadió: «Dadas nuestras circunstancias, sobrevivir en las calles mientras continuamos nuestros estudios será extremadamente difícil… casi una expulsión segura de la Academia Imperial».
Tras una breve pausa deliberada, Kael ladeó ligeramente la cabeza y preguntó: "¿Es suficiente ese castigo?".
La sala se fue quedando en silencio.
Incluso aquellos que estaban dispuestos a intervenir se quedaron paralizados por un instante, tratando de asimilar lo que acababan de escuchar.
Valkeris tampoco respondió de inmediato. Su mirada se volvió más penetrante, más fría, y bajo la irritación, comenzó a asomar algo más calculador.
«Puedo amenazarlos… puedo hacerles la vida imposible…» pensó Valkeris. «Pero no puedo echarlos directamente. Y si se van por su propia voluntad…»
Kael captó esa vacilación.
Casi imperceptible, pero suficiente para que supiera que había dado en el clavo.
Sin darle tiempo a reconsiderarlo, Kael añadió inmediatamente, con el mismo tono tranquilo: "Tampoco mencionaré este incidente al élder Cornelius".
Entrecerrando ligeramente los ojos, Kael añadió: "Lo único que pido es que no toquen a mi gente hasta que aprendan el idioma".
Su mirada recorrió brevemente a los que estaban arrodillados, deteniéndose un instante en Aiden, antes de continuar con calma: «Creo que algunos de ellos optarán por servirte por su cuenta. Ahora mismo no te entienden… y simplemente los estás asustando».
La tensión volvió a sentirse en el pasillo, pero ahora era de otro tipo.
Varios secuaces intercambiaron miradas, y la expresión de Valkeris cambió casi imperceptiblemente. La consideró, sopesando las palabras de Kael, y un frío cálculo brilló en sus ojos.
Tras soltar un leve resoplido, asintió lentamente para sí mismo.
—Nunca he tenido experiencia sometiendo a salvajes como ustedes… —dijo con evidente desdén—. Ni siquiera entienden el idioma.
Desvió la mirada hacia Kael, entrecerrando los ojos.
“Quizás tengas razón, Enlace.”
Dicho esto, hizo un gesto brusco con la mano, como si dejara de lado toda la situación, y, ahora más alto y con clara irritación, gritó: «¡Fuera de aquí! Si te vuelvo a ver en la residencia de estudiantes, ¡no te dejaré salir ileso!».
Kael solo asintió brevemente y luego se volvió hacia su gente.
Girren y Gilmesh ya se habían levantado, mientras que Roselle y Lissandra permanecían un poco rezagadas, confundidas y asustadas, sin comprender del todo lo que estaba sucediendo.
Cambiando al idioma de Lasthold, Kael habló con rapidez y calma: «Está bien, no te preocupes. Reúne todas nuestras cosas y nos veremos mañana en la Academia».
Luego, mirando a Roselle, asintió con la cabeza hacia la rubia que estaba junto a Violet y añadió: "Recoge también las pertenencias de esta chica".
Girren y Gilmesh intercambiaron una breve mirada y asintieron con seguridad. Roselle y Lissandra hicieron lo mismo, aún asimilando lo sucedido, pero comprendiendo ya que se había evitado lo peor.
—¡Fuera! —ladró Valkeris de nuevo, perdiendo la última pizca de autocontrol—. ¡Mi paciencia no es infinita!
Kael solo les dedicó a Violet y Estelle una leve sonrisa, tratando de aliviar la tensión al menos un poco, y dijo brevemente: "Vámonos".
Se dieron la vuelta, preparándose para marcharse, pero ni siquiera habían dado unos pasos cuando una voz surgió de la multitud que los seguía —firme, inexpresiva, teñida de cansancio— y dijo: "¿Puedo ir con ustedes?".
Kael se detuvo y se giró.
Dorian lo estaba mirando.
En su mirada se reflejaba un cansancio insoportable, como si una pesada carga se hubiera posado sobre sus hombros. No parecía ni enfadado ni asustado, solo completamente exhausto.
Kael entrecerró los ojos por un instante y luego esbozó una sonrisa torcida.
“Eh… claro. ¿Pero estás seguro?”
Dorian ni siquiera respondió de inmediato. Simplemente se puso de pie, sin prestar atención a las miradas a su alrededor ni a la situación en sí, y caminó tranquilamente hacia ellos.
—Después de esta noche, hay demasiada suciedad y basura aquí… —murmuró Dorian con cansancio al pasar—. Tanto literal como figuradamente.
Ya estaba cambiando de tema, como si la conversación hubiera terminado, y, bajando ligeramente la mirada, murmuró entre dientes: «No puedo soportarlo más… Incluso las calles estarían mejor… Limpiaremos alguna esquina… construiremos una choza… Quizás arreglemos algún callejón estrecho…»
Kael soltó una risita disimulada al oír los murmullos de Dorian. Negando con la cabeza, lo siguió, dirigiéndose hacia la salida del dormitorio junto con Violet y Estelle.
Y en cuanto las puertas se cerraron tras ellos, el silencio volvió a reinar en la sala.
La sensación era pesada, oprimiendo a todos los presentes, como si lo sucedido aún no se hubiera asimilado en sus mentes.
Valkeris se recostó lentamente en su asiento, sin apartar la vista de la puerta por la que Kael acababa de desaparecer. Sus secuaces hicieron lo mismo, ocupando sus puestos uno a uno, aunque la soltura de antes ya no se reflejaba en sus movimientos.
—¿Por qué no suena la música? —ladró Valkeris con brusquedad.
El músico se sobresaltó e inmediatamente comenzó a tocar una melodía animada y rápida que sonaba fuera de lugar, casi absurda en comparación con lo que acababa de suceder.
Valkeris recorrió con la mirada a las chicas que aún estaban en la mesa y, con un gesto despreocupado de la mano, dijo: «Déjenlas ir. Estas muñecas vacías ni siquiera pueden hablar con nosotros…»
Algunos de los que estaban sentados cerca intercambiaron miradas de desaprobación, pero no discutieron. Las chicas fueron apartadas bruscamente de la mesa, con gestos que les indicaban que se marcharan. Se levantaron apresuradamente y, sin alzar la vista, se mezclaron rápidamente entre la multitud.
Seiran, que estaba sentado a un lado, se inclinó un poco más y preguntó con cautela: "¿Estás seguro de que debiste haberlos dejado ir tan fácilmente?".
Valkeris soltó un leve resoplido, sin apartar la vista de la mesa.
“¿Y quién dijo que los dejé ir?”
Golpeó la mesa con la uña con pereza, y un brillo frío volvió a sus ojos.
“¿Crees que no tengo maneras de darles una lección en las calles de la capital?”
Una lenta sonrisa se dibujó en sus labios, llena de expectación.
—Para empezar, esperaré a que toquen fondo… —dijo en voz baja—. Y cuando estén en su peor momento, les mostraré que la situación puede empeorar aún más…
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, Kael, Dorian, Violet y Estelle ya se habían alejado del Decimocuarto Dormitorio, dejando atrás el ruido y la voluntad de otra persona.
Caminaban en silencio, y nadie se apresuraba a hablar. Cada uno estaba absorto en sus propios pensamientos, y el silencio entre ellos resultaba denso, pero a la vez necesario.
Pero de repente, un sollozo silencioso lo rompió.
Kael se detuvo y se dio la vuelta.
Las lágrimas ya corrían por las mejillas de Estelle.
Intentó mantener la compostura, pero las emociones que había estado reprimiendo durante todo este tiempo finalmente estallaron. Sus hombros temblaron levemente y su respiración se entrecortó.
Violet se acercó de inmediato, secándose apresuradamente las lágrimas del rostro. Quería decirle algo, apoyarla, pero las palabras no le salían, y eso solo hacía más evidente su impotencia.
Al ver esto, Kael dio un paso al frente y tomó suavemente las manos de Estelle.
—Siento que te hayamos metido en esto —dijo en voz baja.
Ante esas palabras, Estelle alzó la mirada hacia él.
Tenía los ojos llorosos, las pestañas le temblaban y, al oírlo, se derrumbó aún más.
—N-no… —logró decir, sacudiendo la cabeza—. No es tu culpa…
Las palabras le salían con dificultad, su voz se quebraba, su respiración era irregular.
“Es que… no sé qué hacer ahora…”
Respiró hondo, intentando recomponerse, pero sus pensamientos no hicieron más que enredarse aún más.
“Mi dinero no me alcanzará para vivir en la ciudad…” sollozó. “Y si trabajo más, no podré estudiar… Y si me expulsan de la Academia…”
Ella no terminó.
Los pensamientos ansiosos se sucedían uno tras otro, acumulándose y girando en espiral, sin dejarla detenerse.
Pero en ese instante, sintió que los dedos de Kael se apretaban ligeramente alrededor de sus manos.
Estelle se quedó paralizada involuntariamente, mirándolo fijamente.
Kael la miró con calma, sin aspavientos ni emociones desmedidas, y en esa calma había algo firme, casi abrumador por su certeza.
—No te preocupes —dijo con calma—. Yo cuido de mis amigos, y puesto que el destino te ha traído hasta nosotros, también cuidaré de ti.
Las palabras sonaban sencillas, sin patetismo, pero no había en ellas ni rastro de duda.
En ese instante, el aura de Kael pareció transformarse. Como una suave ola de calidez que la envolvió, silenciando por un momento todo el bullicio interior. Los pensamientos que habían estado rondando la mente de Estelle se desvanecieron repentinamente, dejando tras de sí un silencio extraño e indeseado.
Parpadeó, como si no comprendiera del todo lo que acababa de sentir.
—Pero… ¿cómo? —preguntó en voz baja, mirándolo aún con dudas—. Acabas de llegar a la capital… No tienes ni dinero ni contactos…
La voz de Dorian provenía de cerca. Estaba de pie con la cabeza ligeramente ladeada, mirando a Kael con una expresión despreocupada.
—¿Tienes algún plan, Kael? —preguntó con calma—. Creí que solo estabas improvisando…
Soltando las manos de Estelle, Kael bajó la mirada por un instante y, frotándose la barbilla pensativamente, dijo con calma: "No tengo un plan... pero sí tengo una idea".
Hizo una leve mueca, como si él mismo no estuviera del todo satisfecho con lo que estaba a punto de sugerir, y añadió: «No es la mejor opción. Pero dado que no tenemos otra alternativa…»
Al notar esa vacilación, Estelle se tensó ligeramente.
—¿Y qué clase de idea es esa? —preguntó en voz baja.
Kael alzó la mirada y los observó a cada uno por turno, deteniéndose un segundo más de lo necesario, como si estuviera evaluando sus reacciones de antemano.
“¿Sabes dónde podemos conseguir buen alcohol?”
Durante unos segundos, la confusión reinó entre ellos.
Dorian frunció el ceño y, ladeando ligeramente la cabeza, dijo con un dejo de duda: "¿Tu idea es que nos emborrachemos? No me opongo... pero dudo que eso nos ayude".
Kael puso los ojos en blanco y dejó escapar un breve suspiro.
—No, por supuesto que no… —comenzó, pero inmediatamente vaciló e hizo una leve mueca antes de añadir—: Bueno… quiero decir, tal vez tengamos que beber…
Cerró los ojos un instante, dándose cuenta de lo poco convincente que sonaba, y luego explicó con más calma: «Si no queremos pasar la noche en la calle, tendremos que negociar un aplazamiento del alquiler. El alcohol es para negociar».
La propia Estelle no comprendía en qué momento exacto había dejado de llorar.
Las palabras de Kael sonaban demasiado tranquilas para la situación en la que se encontraban, y por eso, algo en su interior pareció cambiar. Lo que apenas un minuto antes había parecido un callejón sin salida, de repente empezó a sentirse diferente; no como un final, sino como un giro extraño, casi absurdo.
Respiró hondo y alzó la mirada hacia el cielo.
El cielo oscuro estaba salpicado de estrellas, y aquella visión, inesperadamente, la ayudó a ordenar sus pensamientos.
—Hay una buena destilería cerca de donde trabajo… —dijo en voz baja, sin dejar de mirar hacia arriba.
Kael asintió brevemente, como si esa respuesta fuera suficiente.
“Entonces, démonos prisa. La noche apenas comienza.”
No esperó, inmediatamente aceleró el paso y se dirigió hacia la salida del Barrio Estudiantil.
Violet intercambió una mirada con Dorian por un instante, y luego con Estelle. Ninguno de ellos comprendía del todo en qué se estaban metiendo, pero confiaban demasiado en las acciones de Kael como para cuestionarlo.
Simplemente los siguieron.
La noche a su alrededor se sentía fría, casi extraña, pero a la vez pura. La oscuridad no oprimía, sino que parecía ocultar lo innecesario, y las estrellas en lo alto parecían recordarles silenciosamente que, incluso en la peor situación, aún había un camino a seguir.

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 65
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 64
Estás leyendo el capítulo 64 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 11 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.