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Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 60 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El eco de pasos pausados resonaba en los pasillos vacíos de la Academia Imperial, su sonido se propagaba suavemente entre los muros de piedra y las altas bóvedas. El espacio, que hasta hacía poco resonaba con las voces de los estudiantes, ahora se sentía inusualmente silencioso y austero. Kael avanzó con la cabeza ligeramente ladeada mientras estudiaba pensativamente el techo, donde frescos que representaban a artesanos y guerreros se extendían a lo largo de la pared. “Necesito entender qué oficios tienen más valor aquí…”, pensó para sí mismo sin disminuir la velocidad, y casi de inmediato continuó: “Sin duda puedo dedicarme a la alquimia… y a la inscripción mágica”. Sus pensamientos fluían con naturalidad, uno tras otro. “Gilmesh ya ha elegido su camino. Sin duda se convertirá en herrero.” Recordando su perseverancia, Kael esbozó una leve sonrisa. Al mismo tiempo, la imagen de Lissandra apareció en su mente. “Ella posee la forma anímica del basilisco venenoso. También podría dedicarse a la alquimia…” Por un instante, reflexionó, luego sus ojos color ámbar brillaron levemente y una sonrisa pícara asomó a sus labios. “O ayudar a Gilmesh en la forja…” murmuró en voz baja, dándole vueltas a la idea. Tras dar unos pasos más, pasó al siguiente pensamiento. “Roselle… Forma de alma: Sombra de llamas. Adecuada tanto para la forja como para el combate…” Frunció ligeramente el ceño, continuando con su razonamiento. «Si aplico el conocimiento de la Dimensión Dolmin y sus técnicas de forja…» Pero casi de inmediato, negó con la cabeza, interrumpiéndose a sí mismo. “No… Primero, necesito comprender los límites del conocimiento del Imperio del Dragón de Sangre”, murmuró con más calma. Sus pensamientos se organizaron y, continuando a ese mismo ritmo constante, añadió en voz baja: "No hay necesidad de apresurarse en este asunto...". —En cuanto a Girren… —continuó Kael para sí mismo, desviando la mirada hacia adelante—. Es un mago de combate puro con un potencial aterrador… Una vez que el Imperio examine su alma, estoy seguro de que causará un gran revuelo. Con ese pensamiento, se detuvo frente a una puerta conocida. La placa aún indicaba el número 317. Kael llamó brevemente a la puerta. —Adelante —fue la respuesta desde el otro lado. Tras ajustarse la manga del uniforme, empujó la puerta y entró, dirigiendo inmediatamente la mirada hacia el centro del pasillo. —Estoy listo, teniente Valeria —dijo con calma. En ese instante, la mujer retiró la mano de la superficie negra del tablero. Las líneas trazadas con maná ya habían formado una estructura clara, y lo que Kael tenía ante sí no era solo un dibujo. Era un mapa a gran escala del continente. La parte superior estaba ocupada por una amplia franja de páramos helados. Se extendía de oeste a este, separando el resto de la masa continental de los mares del norte. Debajo se extendían las tierras del Imperio del Dragón de Sangre. Cubrían casi la totalidad de las zonas central y occidental del continente. El territorio era continuo, sin divisiones internas. Una densa red de ríos lo atravesaba, fluyendo principalmente de norte a sur. Entre ellos discurrían caminos que conectaban los principales núcleos urbanos. Resultaba particularmente notable un mar situado ligeramente por encima del centro del continente, junto con una isla no muy lejos de la costa. “Así que ahí es donde está la capital…” pensó Kael de inmediato, mirando directamente a la isla, que parecía diminuta en comparación con el resto del continente. Más al sur comenzaban las tierras de la Horda del Dios Bestia. Se extendían a lo largo de toda la costa sur. El litoral era muy accidentado, con mares interiores y grandes bahías. La red fluvial era más dispersa y los caminos estaban fragmentados. Prácticamente no existía una frontera clara con el Imperio; entre ambos se extendía una amplia zona «neutral». Pero Kael comprendía perfectamente que esas tierras eran una zona de guerra, donde los territorios cambiaban de manos constantemente. Al desviar ligeramente la mirada, Kael notó que la parte oriental del continente estaba separada por cadenas montañosas grises. Era un macizo montañoso continuo que se extendía de norte a sur en una amplia franja. De este modo, el continente quedó dividido en cuatro zonas: los páramos helados del norte, las tierras centrales del Imperio, los territorios del sur de la Horda y la aislada región oriental más allá de la barrera montañosa. Exteriormente, Kael fingió sorpresa e interés manifiesto. Entrecerró ligeramente los ojos, se acercó y, como si viera algo así por primera vez, murmuró en el idioma imperial: "¿Podría ser... que este sea un mapa de nuestro mundo?". Valeria asintió brevemente y respondió con un gesto de aprobación: "Exactamente". Inmediatamente añadió, señalando hacia la primera fila de asientos: “Siéntense. Empezaremos con lo básico”. Kael se dirigió sin demora al asiento indicado. Una vez sentado en el banco, no apartó la vista del mapa y continuó estudiando cada línea. “Solo he visto sus versiones antiguas…”, pensó para sí mismo, comparando lo que veía con lo que sabía. “El norte estaba ocupado por el Imperio del Elemento Primordial… el centro, por el Imperio del Mago Lunar… el sur, por el Imperio de la Sombra Abisal…” Su mirada se desplazó lentamente a través de las nuevas fronteras. “Ahora…” entrecerró ligeramente los ojos, asimilando los cambios, “las tierras han sido completamente redistribuidas…” En ese momento, Kael sintió la mirada de Valeria sobre él. Se giró rápidamente y se encontró con sus ojos rojos y serenos, que denotaban cierta severidad. —¿Cuánto sabes de nuestro mundo? —preguntó con seriedad. Kael vaciló un instante, meditando su respuesta. Sus pensamientos repasaron rápidamente las posibilidades, descartando cualquier cosa que pudiera levantar sospechas. —En Lasthold se perdió mucho conocimiento —dijo finalmente—. Sé que hubo tres imperios de magos humanos. Pero hace unos setecientos u ochocientos años, ocurrió una catástrofe que los destruyó. Hizo una breve pausa y continuó con el mismo tono tranquilo: «Algunas personas huyeron a través de las montañas. Uno de esos grupos de refugiados fundó mi ciudad natal». Valeria parpadeó lentamente y luego dejó escapar un profundo suspiro. “Entonces… prácticamente no sabes nada.” Con esas palabras, se acercó al mapa. Sus dedos brillaron con una tenue chispa de maná y comenzó a trazar líneas con rapidez y precisión. “Entonces comenzaremos con lo básico”, dijo. “Nuestro mundo se llama la Dimensión Humana”. Su mano se movió con seguridad. Con varios movimientos bruscos, trazó un vasto hexágono alrededor del continente. A juzgar por los límites, no solo el continente, sino también una porción considerable del océano circundante, quedaban dentro de él. Solo el borde superior no atravesaba el océano, sino que discurría a lo largo de los páramos helados del norte. “Consta de un vasto continente y un océano que se extiende hasta las Murallas Divinas.” En el instante en que Kael escuchó esto, su mente comenzó a funcionar un poco más rápido. «Así que… también conocen los Muros Divinos…», pensó para sí mismo, entrecerrando ligeramente los ojos. «Me pregunto hasta qué punto llega su conocimiento de la verdadera estructura del mundo…» Kael se tensó ligeramente y, apoyando las manos en el escritorio e inclinándose hacia adelante, fingió una sorpresa genuina. —¿Los Muros Divinos? —dijo frunciendo el ceño—. ¿Qué quieres decir? Valeria respondió sin dudar, recorriendo con el dedo uno de los bordes. La línea bajo su tacto brilló suavemente. “Son los límites de nuestra dimensión, impuestos por los propios dioses. No importa en qué dirección navegues desde el continente, tarde o temprano te toparás con una impenetrable muralla del espacio.” Su dedo se deslizó lentamente hacia abajo, dejando a su paso un fino rastro de luz. “Parecen espejos que se extienden infinitamente hacia arriba y hacia abajo. Y la forma de estas paredes forma un hexágono perfecto.” —¿Un hexágono? —repitió Kael, inclinando ligeramente la cabeza. “Una figura de seis lados, en pocas palabras”, explicó brevemente Valeria. Kael respiró hondo, como si estuviera asimilando lo que había oído, y preguntó con cautela: "¿Y qué... hay más allá de estos Muros Divinos?". Esta vez, Valeria guardó silencio por un instante. La luz del mapa parpadeaba débilmente, reflejándose en sus ojos. La pregunta también parecía inquietarla. —Ese es un secreto sagrado —dijo, con un tono un poco más bajo que antes—. Un secreto conocido solo por el Emperador y sus allegados. Entonces movió la mano de nuevo y señaló el borde inferior del hexágono. “Pero lo que se sabe con certeza es que el mundo no termina en la Dimensión Humana. La Horda de Dioses Bestia vino de más allá.” “Desde más allá del Muro Divino del sur”, añadió Valeria. Sus dedos se detuvieron en ese punto por un instante, y luego continuó: "Y fue precisamente este acontecimiento el que provocó la caída de los Tres Imperios Antiguos". En el instante en que se pronunciaron esas palabras, Kael se quedó boquiabierto y su mirada se detuvo por un instante en el borde que Valeria había marcado. Parecía como si lo que había oído superara todo lo que conocía. Pero solo era una actuación. En su mente, ya estaba elaborando una cadena de conclusiones: “Como mínimo… saben que existe algo más allá de la Dimensión Humana…” Durante una fracción de segundo, cerró los ojos, dirigiendo su atención hacia adentro, hacia su propia mente y memoria… ✦ ✦ ✦ Al instante siguiente, se encontró en un salón dorado infinito que se extendía hasta el horizonte. Imponentes estanterías se alzaban hacia arriba y hacia afuera, desvaneciéndose en una ligera bruma. Estaban repletas de volúmenes, antiguos y nuevos, de distintos grosores, con lomos oscurecidos y símbolos apenas visibles en sus encuadernaciones. En el momento en que se concentró, el espacio cobró vida. Cientos de libros se desprendieron de las estanterías. Algunos cayeron, otros quedaron suspendidos en el aire, y de repente se abalanzaron sobre él como atraídos por una fuerza invisible. Al acercarse, se abrieron solos, y las páginas se pasaron rápidamente con un seco crujido. De estos libros fantasma, comenzaron a desprenderse fragmentos de páginas. No se rasgaban, sino que se separaban limpiamente, como si hubieran sido preparados de antemano. Cada fragmento tenía una forma hexagonal precisa. Eran mapas. Diferentes tipos. Algunos toscos y esquemáticos, otros representados con meticuloso detalle. En algunos, solo se marcaban los contornos de los continentes; en otros, ríos, cordilleras e incluso inscripciones, apenas legibles en papel envejecido. Los fragmentos comenzaron a moverse, acercándose unos a otros. Algunos hexágonos encontraron inmediatamente su pareja, y sus bordes se alinearon a la perfección para formar secciones más grandes. Las costas se conectaban, las cordilleras continuaban y los ríos fluían sin interrupción de un fragmento a otro. Otros permanecían apartados, rodeados de vacío, como si no hubiera nada más allá de ellos. Y cuanto más se esforzaba Kael, más se aceleraba el proceso. Cada vez se unían más fragmentos, formando una estructura compleja y en expansión. En la mente de Kael se estaba formando un inmenso rompecabezas: un mapa compuesto por fragmentos de cientos de libros que una vez había estudiado en la Biblioteca Divina. Este mapa estaba compuesto por innumerables hexágonos. Incluso parecía unas escamas extendidas sobre una superficie. Las líneas entre las "escamas" brillaban tenuemente, uniéndolas en un todo único. Pero cuanto más cerca de los bordes, más vacías se encontraban esas "escamas". Kael bajó lentamente la mirada hacia el borde inferior de esta construcción, hacia una de esas escalas. Este fragmento contenía un mapa casi idéntico al que había dibujado Valeria. “Hay muchas Dimensiones Oscuras a nuestro alrededor…” continuó pensando, observando el vacío que lo rodeaba. Desvió ligeramente la mirada hacia un lado. Allí, dos hexágonos ya estaban unidos, formando una zona separada. Sus bordes coincidían a la perfección, y la escritura que tenían grabada estaba en el idioma de los hombres bestia. Kael entrecerró ligeramente los ojos, estudiando los símbolos. “En el futuro… los hombres bestia controlarán varias Dimensiones…” pensó con calma, comparándolo con fragmentos de su memoria. “Pero se desconoce cómo están las cosas ahora”. Hizo una breve pausa, desviando la mirada hacia el vacío entre la Dimensión Humana y las Dimensiones de los hombres bestia. “Para invadir nuestras tierras, tuvieron que atravesar una de las Dimensiones Oscuras… Lo que significa que no se puede subestimar a la gente bestia.” En la mente de Kael, imágenes fugaces destellaron por un instante: criaturas deformadas, tierras sumidas en ruinas y tormentas de maná caótico e inestable… ✦ ✦ ✦ Al instante siguiente, Kael abrió los ojos y regresó al aula. Ante él se extendía de nuevo el tablero oscuro, las líneas del mapa que brillaban suavemente y la figura serena de Valeria, ligeramente apartada. Una tenue vibración de maná aún flotaba en el aire. Kael se enderezó ligeramente, respirando hondo, como si estuviera asimilando todo lo que había oído. “Por suerte… ahora mismo no pueden atacarnos con toda su fuerza…”, pensó con calma, manteniendo una expresión de interés en el rostro. “Solo una parte de su ejército está en nuestra dimensión…” Su mirada se posó una vez más sobre el hexágono dibujado en la pizarra, y continuó con el pensamiento: “Para abrir una brecha en los Muros Divinos, hay que ser un Monarca Mortal.” Por un instante, un brillo extraño y calculador brilló en sus ojos. “Lo que significa… que hay al menos un mago bestial en la Dimensión Humana que es igual al Emperador.” En ese momento, Valeria entrecerró ligeramente los ojos. Su mirada se detuvo en Kael un poco más de lo habitual, como si hubiera percibido que algo andaba mal, no en sus palabras, sino en el cambio de su expresión. —La sorpresa desapareció de tu rostro demasiado rápido —dijo con voz firme—. ¿Me estás ocultando algo? Kael se quedó paralizado por una fracción de segundo, pero enseguida se recompuso. Frunció ligeramente el ceño y una sonrisa incómoda, casi culpable, apareció en sus labios. —Lo siento… —desvió la mirada ligeramente, como avergonzado, y exhaló suavemente—. Me quedé absorto en mis pensamientos. Recorrió con los dedos el borde del escritorio y continuó de inmediato, como si intentara explicarse: "Estaba pensando... ¿y si capturáramos a una de las bestias... e intentáramos extraer información sobre lo que hay más allá de los Muros Divinos?". Dicho esto, soltó una risita y se rascó ligeramente la nuca, como si se diera cuenta de la ingenuidad de su propia idea. “Pero entonces me di cuenta de que…”, hizo una pausa, eligiendo sus palabras, “algo así probablemente ya se haya hecho”. Kael volvió a mirar el mapa, luego a Valeria, enderezándose ligeramente. “Y lo más probable es que simplemente no me cuentes todo porque no tengo el estatus necesario para acceder a ese tipo de información.” Se encogió de hombros levemente, recomponiéndose. “En fin… me dejé llevar por mis pensamientos. Lo siento de nuevo.” Por un instante, un destello de interés cruzó la mirada de Valeria. Inclinó ligeramente la cabeza, como si lo estuviera reevaluando, y dijo en voz baja: «Tienes una mente aguda, muchacho. Y tus pensamientos… tienen mérito». Con esas palabras, dio unos pasos hacia adelante. Sus movimientos eran fluidos y seguros. Acercándose, Valeria, sin preámbulos, apoyó una mano en el borde del escritorio y se sentó junto a Kael. La tela de su uniforme rozaba suavemente la madera. Señaló el mapa. La punta de su dedo brilló levemente, y la línea que bordeaba el extremo sur se iluminó por un instante. “Cuando terminemos esta guerra y destruyamos a las bestias que han invadido la Dimensión Humana…”, dijo sin apartar la vista del mapa, “será el momento de explorar lo que hay más allá de los Muros Divinos”. Guardó silencio por un instante y luego dirigió su mirada hacia Kael. “Si esto realmente te interesa… hazte más fuerte.” Su voz se volvió más firme. “Ayuda al Imperio a ganar. Y entonces, quizás, tendrás la oportunidad de ver con tus propios ojos los límites del verdadero cosmos.” Se enderezó ligeramente y añadió con mayor solemnidad: «El Imperio honra a quienes le traen la victoria. Y honra sus deseos». Con esas palabras, Valeria agitó la mano con pereza. Una pipa con boquilla oscura y pulida apareció en su mano al instante. Cerca de allí, un pequeño manojo de tabaco flotaba en el aire, sujeto por un fino hilo de maná. Las hojas se mecían levemente, como agitadas por una brisa invisible. Sin mirar, giró ligeramente la muñeca y el tabaco se introdujo solo en la pipa. Con un ligero movimiento del dedo, Valeria lo compactó en la pipa. “Y ahora… pasemos a asuntos más prácticos.” Las runas brillaban suavemente sobre la superficie de la pipa. Al instante siguiente, dio una calada y el tabaco crepitó suavemente. Tras exhalar una densa nube de humo violeta, Valeria asintió para sí misma y señaló el mapa. “Como pueden ver, a lo largo del centro de nuestro continente, desde el extremo norte hasta el este, se extiende una amplia cadena de sierras infranqueables.” Kael asintió brevemente en respuesta. “Las Montañas del Dragón Central.” Valeria inclinó ligeramente la cabeza en señal de confirmación. "Exactamente." Volvió a fijar la mirada en el mapa, apartando ligeramente la pipa. «La mitad occidental del continente siempre ha sido más segura», continuó con voz firme. «Y más rica en recursos. En la antigüedad, estaba dividida entre los Tres Imperios». “Y la parte oriental…”, hizo una pausa, “consistía principalmente en estepas y desiertos. Solo el norte y el sur de esa mitad tenían verdadero valor”. Tras dar otra calada, Valeria exhaló lentamente el humo hacia un lado sin interrumpir su explicación. “El paso por las montañas siempre fue difícil, y los constantes deslizamientos de tierra y la migración de animales salvajes destruían continuamente los pocos senderos seguros. Por eso, esa ruta no era apta para el comercio regular.” Giró la cabeza hacia Kael y añadió con seriedad: "Por eso, en la antigüedad, se llegaba al este con más frecuencia por mar, en barco". Kael ladeó ligeramente la cabeza, recorriendo la ruta con la mirada, y comentó con calma: "¿Entonces por qué has venido por las montañas esta vez?". Valeria esbozó una breve sonrisa burlona. “Porque el océano del norte está rodeado de tierras heladas hasta el Muro Divino.” Soltó una risita ronca y explicó: «Todas las antiguas rutas comerciales pasaban por el sur del continente. Pero ahora está completamente bajo el control de la Horda del Dios Bestia». Kael guardó silencio por un momento, sin dejar de mirar el mapa como si comparara lo que había oído con fragmentos que ya conocía. “A juzgar por eso…”, dijo, entrecerrando ligeramente los ojos, “en la antigüedad el sur estaba bajo el control del Imperio de las Sombras Abisales”. Valeria asintió sin dudarlo. "Correcto." Tomó otro dibujo y añadió: “Cuando la Horda del Dios Bestia atacó, el Imperio de las Sombras Abisales fue el primero en recibir el golpe… y el primero en caer… Y con él, todas las rutas comerciales hacia el este se derrumbaron.” Kael se inclinó ligeramente hacia adelante, y un tono de genuino interés se coló en su voz: "¿Qué opinas... podría haber todavía ciudades como nuestra Lasthold en el este?" Valeria guardó silencio por un instante. El humo de su pipa se disipó lentamente en el aire, y su mirada se detuvo en algún punto de la parte sureste del mapa. —Es difícil decirlo… —respondió ella tras un segundo. Entonces, una leve sonrisa burlona cruzó sus labios. “Pero creo que lo sabremos muy pronto.” Tras esas palabras, Valeria enderezó los hombros y su voz recuperó de inmediato su firmeza habitual. “Basta de teoría. Es hora de pasar a tomar notas sobre la historia del Imperio del Dragón de Sangre.” Bajó del escritorio con ligereza, aterrizando suavemente en el suelo, y se dirigió hacia el otro lado del aula. Kael no dudó. Abrió su cuaderno, sacó una pluma de cristal y, acercándola a la página, la infundió con una pequeña cantidad de maná. La punta brilló inmediatamente con una luz suave, lista para escribir. Mientras tanto, Valeria comenzó, paseándose por la primera fila: "Se dice que hace unos ochocientos años, la Dimensión Humana estaba bajo la influencia de tres dioses: el Dios de las Sombras, el Dios Lunar y el Dios de los Siete Elementos". Se detuvo, girándose ligeramente hacia el mapa. “Fueron los protectores de los Tres Imperios Antiguos… y aseguraron su prosperidad.” Sin levantar la cabeza, Kael ya estaba escribiendo cada palabra. La luz de la pluma se reflejaba suavemente en sus ojos, y las líneas se formaban con precisión y rapidez. Valeria continuó sin pausa, como si recitara un texto memorizado hace mucho tiempo: «Pero hace unos setecientos años, ocurrió algo extraño. Las crónicas antiguas dicen que los dioses dejaron de responder a su rebaño». Dio unos pasos más, y su voz se volvió un poco más baja, pero a la vez más áspera: “Solo el Dios de las Sombras continuó respondiendo al Imperio de las Sombras Abisales durante algún tiempo. Sin embargo, los registros indican que su influencia también se estaba debilitando. Las bendiciones disminuyeron… hasta que desapareció por completo.” Por un instante, un silencio se apoderó del aula, roto solo por el leve rasgueo de una pluma sobre el papel. —A este periodo lo llamamos el comienzo de la Era de la Decadencia —continuó Valeria, volviéndose hacia Kael—. El siglo siguiente estuvo marcado por la degradación de los Tres Imperios Antiguos. Golpeó suavemente el escritorio con el dedo, como para enfatizar la importancia de sus palabras. “Comenzaron los conflictos internos. Luchas por el poder y los recursos… y la destrucción gradual del antiguo orden.” La pluma de Kael se movía a una velocidad aterradora, como si se moviera más rápido que sus propios pensamientos. “Así que así fue…”, pensó con calma, sin disminuir la velocidad. “¿Pero por qué los dioses abandonaron a su rebaño?” Valeria se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección contraria. Sus pasos se ralentizaron ligeramente, y un tono pesado se apoderó de su voz, como si lo que venía a continuación fuera para ella algo más que simple historia. «Y en el momento de mayor decadencia, ocurrió una catástrofe», dijo sin alzar la voz. «Una catástrofe que destruyó la antigua civilización». Por un instante, su mirada se detuvo en el mapa, donde las tierras del sur estaban marcadas con mayor prominencia que el resto. “Hace unos seiscientos años, la Horda del Dios Bestia invadió la Dimensión Humana.” Las runas de su pipa brillaron suavemente mientras daba una breve calada. “Con su poder, sometieron a las bestias salvajes de nuestro continente y las condujeron hacia adelante.” Alzó ligeramente la mirada, como si recordara campos de batalla ensangrentados, y añadió: «La Horda creció ante nuestros ojos. Una ola que arrasaba con todo a su paso». El silencio volvió a reinar en la sala, roto únicamente por el suave deslizamiento de la pluma de Kael sobre el papel. —Cuando cayó el Imperio de las Sombras Abisales, solo algunos de sus magos lograron retirarse hacia el norte —continuó Valeria mientras seguía caminando—. El resto… se quedó allí. Dio unos pasos más y añadió: "En ese momento, el Imperio de los Magos Lunares y el Imperio de los Elementos Primordiales se vieron obligados a unirse". Su mirada se volvió más fría. “Desde ese momento, comenzó la guerra. Una guerra que continúa hasta el día de hoy.” La pluma de Kael se detuvo un instante, y él apartó la mirada del cuaderno. Esta vez, el interés en sus ojos ya no era fingido, sino genuino. —¿Cómo lograste estabilizar el avance de los hombres bestia? —preguntó. Valeria respondió con una severa reprimenda: «No interrumpas, alumno. Tu tarea es tomar apuntes». Ni siquiera se detuvo, simplemente movió ligeramente el hombro, y su voz se volvió más cortante. “La primera fase de esta guerra duró unos treinta años. Durante ese tiempo, los magos humanos se retiraron… y perdieron cada vez más territorio.” «Sin el apoyo de los dioses, la fe en la victoria se desvaneció. No recibimos ningún conocimiento nuevo, no progresamos…» añadió, apretando los labios. «En realidad, simplemente sobrevivíamos.» Valeria apuntó tranquilamente su pipa hacia Kael mientras hablaba: «Fue durante este período cuando la mayoría de los refugiados intentaron huir a través de las Montañas del Dragón Central. Entre ellos se encontraban tus antepasados». Kael no dijo nada, simplemente bajó la mirada hacia su cuaderno y continuó escribiendo. “Será mejor que guarde silencio por ahora… Ya lo averiguaré todo poco a poco…”, pensó con calma, agilizando de nuevo la pluma. Por un instante, un silencio se apoderó de la sala. Incluso el crepitar del tabaco en la pipa se atenuó, como si el aire mismo se hubiera detenido, como si esperara lo que vendría después. La mirada de Valeria cambió. En sus ojos rojos, algo más brilló: no una frialdad severa, sino un profundo respeto… casi reverencia. Los rasgos marcados de su rostro se suavizaron. Un leve e inesperado calor rozó sus labios. Levantó ligeramente la cabeza, como si se dirigiera no solo a Kael, sino a algo superior. “Pero el punto de mayor decadencia…”, dijo lentamente, “se convirtió en el punto de triunfo”. Una solemnidad contenida se reflejó en su voz. “Apareció un mago misterioso. Ofreció al fragmentado ejército humano la oportunidad de arrodillarse ante un nuevo Dios.” La pluma de Kael no se detuvo, pero su mirada se agudizó por un instante. “Así que aquí es donde se alza el Dios de la Sangre y la Guerra…”, pensó con calma. Valeria, sin percatarse del cambio, continuó como si reviviera aquellos sucesos legendarios: «Hubo quienes se negaron. Quienes se aferraron a las viejas tradiciones y esperaban el regreso de los antiguos dioses». Ella negó levemente con la cabeza. “Pero había otros.” Su voz volvió a ser firme. “Quienes estuvieron de acuerdo lo hicieron… por el bien de la victoria sobre los hombres bestia.” Con esas palabras, Valeria alzó la mano y señaló brevemente su cabello rojo. «Quienes optaron por arrodillarse recibieron un regalo del Dios de la Sangre y la Guerra», dijo con evidente orgullo. «Un linaje especial… y poderosos Cánones de Magia». Sus dedos se detuvieron un instante cerca de su sien, donde mechones carmesí brillaban suavemente a la luz. “Estos magos se convirtieron en los ancestros de la rama imperial moderna.” La voz de Valeria se hizo más fuerte, llena de fuerza interior, y sus ojos brillaron. “Fueron los primeros en cambiar el rumbo de la guerra. Lograron unir a los ejércitos humanos dispersos… y dieron inicio a la resistencia que ha perdurado durante cientos de años.” La inspiración se reflejaba claramente en su rostro. Su sonrisa se ensanchó, más vivaz, casi juvenil, un marcado contraste con su habitual frialdad. Bajo los rayos del sol, por un instante, incluso pareció que su figura estaba rodeada de un resplandor. La mirada de Kael se detuvo en su rostro por un instante. “Esta mezcla de ferocidad y feminidad…”, pensó para sí mismo. “Una mujer increíble”. Y en el instante en que Valeria se percató de esa expresión, su rostro vaciló por un momento. Se dio cuenta de que había dejado escapar sus emociones, e incluso pareció un poco avergonzada. Pero Valeria, recomponiéndose rápidamente, tosió brevemente y volvió a su habitual severidad. «Pero mucho ha cambiado desde entonces», continuó con un tono más sereno. «Hoy, incluso los descendientes directos de los antiguos imperios han abrazado la fe. Todos somos el rebaño obediente del Dios de la Sangre y la Guerra». Luego soltó un leve resoplido y añadió: “Aunque algunas viejas tradiciones aún se conservan…”. Con esas palabras, Valeria comenzó a caminar hacia Kael. «Además de la Rama Imperial, existen otras», dijo. «La Rama del Mago Lunar y la Rama del Elemento Primordial. También poseen una influencia y un poder inmensos, pero reconocen la supremacía de la Rama Imperial». Sin interrumpir su escritura, Kael levantó la mirada por un instante y luego preguntó: "¿Y qué hay de la Rama de la Sombra Abisal?". Valeria guardó silencio por un instante, luego negó con la cabeza casi imperceptiblemente. «Por desgracia, sufrieron pérdidas demasiado grandes que no pudieron resistir el paso del tiempo. De los descendientes directos del Imperio de las Sombras Abisales, solo queda un pequeño grupo de magos, que ahora prácticamente no tienen influencia.» Mientras hablaba, tamborileaba suavemente con la uña sobre el escritorio de Kael. “Con esto concluimos nuestro breve repaso de la historia antigua. Analizaremos estos acontecimientos en detalle en futuras lecciones.” Tras esperar a que Kael terminara de escribir, señaló ligeramente por debajo de sus últimas líneas y dijo: «Traza una línea. A continuación, haremos un breve resumen del estado actual de la Dimensión Humana». Valeria se giró y se alejó unos pasos, como si separara el tema que había terminado del siguiente. Luego continuó con un tono más sereno, casi instructivo: «Actualmente, todas las regiones humanas están unidas bajo el dominio del Imperio. Cada provincia tiene sus propias fortalezas». Se acercó al mapa dibujado y comenzó a trazar nuevos límites dentro del territorio del Imperio del Dragón de Sangre. “Algunas regiones se especializan en escuelas de magia concretas, dando lugar a tradiciones enteras. Otras aprovechan su terreno, centrándose por completo en artes y oficios específicos.” Tras una breve pausa, Valeria añadió: «En cada provincia, el Imperio ha establecido escuelas para jóvenes magos. Su tarea es identificar a los niños con talento y seleccionar a los mejores. Aquellos seleccionados tienen la oportunidad de ingresar en la Academia Imperial…» ✦ ✦ ✦ Al mismo tiempo, mientras Kael profundizaba en la estructura del Imperio del Dragón de Sangre, más allá del edificio principal, la vida era mucho menos tranquila. Por el sendero que conducía a las residencias estudiantiles, un grupo de jóvenes avanzaba. Caminaban con soltura, sin prisa, hablando en voz alta y riendo, sin molestarse en disimular su estado de ánimo. Sus voces denotaban la seguridad de quienes estaban acostumbrados a su posición. Valkeris caminaba al frente. Se apoyaba en su bastón, pero avanzaba con seguridad, marcando el ritmo. Su mirada estaba fija al frente, y una sonrisa satisfecha, casi depredadora, asomaba en sus labios. —Espero que las mujeres de estos salvajes resulten ser dóciles… —murmuró, ladeando ligeramente la cabeza—. Tengo unas ganas irresistibles de pasar tiempo con alguien nuevo hoy… Sus palabras fueron suaves, pero lo suficientemente claras como para que las oyeran quienes caminaban a su lado. Las risas no tardaron en aparecer. Una de las chicas simplemente se tapó la boca con la mano, conteniendo una sonrisa. En su reacción no había ni sorpresa ni reproche; más bien, era una muestra de familiaridad. En ese instante, un brillo frío y hostil apareció en los ojos de Valkeris. Hizo una pausa, como si ya imaginara cómo se desarrollaría la velada, luego su sonrisa se amplió y continuó.
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Estás leyendo el capítulo 60 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 7 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.