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Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 59 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El territorio de la Academia Imperial se sentía completamente diferente al del día en que Kael llegó. Si ayer reinaba un silencio casi sepulcral, ahora todo el lugar parecía haber cobrado vida. Senderos y plazas estaban llenos de estudiantes que se movían en una misma dirección. El murmullo de voces, risas y fragmentos de conversaciones se fundía en un denso telón de fondo, dejando claro de inmediato que el día ya había comenzado. La multitud se dirigía hacia el edificio principal de la academia. Algunos caminaban a paso ligero, casi corriendo, mientras que otros avanzaban con más calma, conversando con sus acompañantes. Muchos portaban pergaminos y libros, apretados contra el pecho o descuidadamente bajo el brazo. Otros lucían armas visibles en sus cinturones y a la espalda: espadas, lanzas, dagas; algunos incluso llevaban bastones adornados con incrustaciones de cristal. Mirando a su alrededor, Kael entrecerró ligeramente los ojos, fijándose en los detalles, y dijo: «Teniente Valeria, ¿puedo hacerle una pregunta?». La mujer simplemente asintió levemente sin disminuir el paso. Tras recibir el permiso, Kael continuó: "¿También nos entregarán uniformes? ¿O nuestra situación es diferente?". Al recorrer con la mirada a los estudiantes que tenía delante, ya había notado la diferencia clave. Todos vestían uniformes blancos estrictos con un pulcro emblema rojo sobre el corazón. El símbolo era sencillo pero memorable: una espada y un libro entrelazados. Valeria simplemente asintió y respondió con firmeza: "Sus uniformes les esperan en su aula". Al oír esto, Kael dejó escapar un suspiro apenas perceptible, manteniendo una expresión tranquila. “Buenas noticias… Así llamaremos menos la atención.” En ese momento, Kael y el grupo ya se desplazaban por la calle principal de la academia, integrándose en el flujo general de estudiantes. Y tan pronto como fueron reconocidos, se alzaron murmullos a su alrededor. “Mi padre habló de ellos toda la noche…” “Yo también. Dice que gracias a su tierra natal podremos explorar la parte perdida del continente.” “Dicen que ayer la Ciudadela Imperial fue escenario de un gran alboroto…” Las conversaciones se desarrollaban en voz baja, pero sin apenas intentar disimularlas. La curiosidad era casi palpable. Algunos estudiantes incluso desviaron ligeramente su camino, como si quisieran acercarse, pero en cuanto su mirada se posó en Valeria, el impulso se desvaneció al instante. Su presencia parecía establecer una barrera invisible que nadie se atrevía a cruzar. Ignorando los murmullos, Kael siguió avanzando con calma, observando a quienes lo rodeaban. “En la academia estudiaba todo tipo de gente…”, pensó para sí mismo, dejando que su mirada recorriera la multitud. Su atención se centró en los detalles. Entre los estudiantes había personas con una tez casi enfermiza, mientras que otras que pasaban tenían la piel tan oscura que adquiría un tono azulado bajo la luz del sol. También había casos más inusuales: piel con un ligero matiz verdoso, que al principio parecía un efecto de la luz, pero que con demasiada frecuencia resultaba inverosímil. Entrecerrando los ojos, Kael continuó con su línea de pensamiento: "Cuando pasamos por la capital, no vi tanta diversidad..." Desvió la mirada hacia adelante, observando la densa corriente de estudiantes. “La academia reunía a gente de todos los territorios del Imperio. Por eso debe de ser tan notoria aquí.” En ese momento, Valeria aceleró ligeramente el paso, adoptando una postura más enérgica, y dijo sin volverse: "Por ahora, tu aula estará en el ala de artesanía". Al oír esto, Kael alzó la mirada, dirigiéndola inmediatamente hacia el lado derecho del complejo principal: la sección cuyo techo estaba cubierto por un auténtico jardín. Una densa vegetación colgaba, ocultando parcialmente los muros, mientras que el resto de la arquitectura parecía una extraña mezcla de estilos diferentes, como si hubiera sido ampliada en distintos momentos y con distintos propósitos. Al percibir un creciente interés en sí mismo, Kael preguntó: «Me fijé en los emblemas del pecho de los estudiantes… Una espada y un libro cruzados. ¿Existe alguna división entre los magos del Imperio?». Valeria asintió brevemente. “Exactamente. Guerreros y artesanos: ambos son magos igualmente importantes. La Academia Imperial selecciona y entrena a los mejores.” Mientras hablaba, tocó ligeramente el emblema de su pecho, donde estaba bordado un dragón rojo. “Los guerreros son protección y poder. La vanguardia del Imperio. Por eso llevamos nuestra insignia en el pecho.” Entonces, sin disminuir el paso, hizo un gesto hacia atrás por encima del hombro. “Los artesanos son la retaguardia. Indispensables y cruciales para librar la guerra. Por eso su insignia se coloca en la espalda.” Al escuchar, Kael inmediatamente relacionó esto con lo que había visto antes. “Así es…”, pensó fugazmente. Le vino a la mente el Barrio Artesanal por el que habían pasado. Ya entonces se había fijado en ese detalle, pero no le había dado mucha importancia. Valeria, sin disminuir la velocidad, continuó, como si estuviera explicando: “Hemos estado en guerra durante cientos de años. Y en ese tiempo, hemos llegado a comprender que todos importan en la guerra”. Su voz se mantuvo firme, pero transmitía una convicción inquebrantable. “Incluso los civiles comunes y corrientes —aquellos que trabajan en el campo, crían ganado, mantienen el orden en las ciudades y realizan cientos de otras tareas sin las cuales el ejército simplemente no puede existir.” Por un instante, dirigió su mirada hacia adelante, hacia una mujer que barría el camino, y luego añadió: "Y lo más importante, traen consigo nuevos magos y nuevos seguidores para el Dios de la Sangre y la Guerra". Al oír esas palabras, giró la cabeza hacia Kael, observando atentamente su reacción. “Por eso su ciudad también es importante para nosotros. Se convertirá en un punto estratégico para explorar la parte perdida del continente. Si el Imperio encuentra a otros descendientes de los antiguos refugiados, no hará sino fortalecerse.” Sus labios se curvaron lentamente en una leve sonrisa, pero una vez más, algo depredador asomó en ella. “Y si llegamos al extremo sur…”, añadió en voz baja, como si ya lo tuviera presente, “podremos atacar a la Horda del Dios Bestia por la retaguardia…”. Esas palabras resonaron en la mente de Kael. «¿La Horda del Dios Bestia?», repitió para sí mismo, sin cambiar su expresión. «¿Qué demonios ocurrió en la antigüedad para que el Dios Bestia intentara apoderarse de la Dimensión Humana? ¿Adónde fueron los dioses que protegían los tres Imperios Antiguos?» La idea persistió en su mente, pero la apartó de inmediato. No era momento para especular. Manteniendo un ritmo constante, formuló la siguiente pregunta: "¿Y cómo se determina la especialización de un estudiante? ¿Quién elige su trayectoria?". Valeria guardó silencio por un instante, apartándose también de sus pensamientos, tras lo cual su mirada volvió a ser fría y serena. —La Academia admite a jóvenes de entre dieciséis y diecinueve años —respondió—. Aquellos que ya hayan completado el entrenamiento básico y alcanzado la etapa de Mago del Canal. Kael asintió levemente, asimilando lo que había escuchado. “Entonces, magos de acero…”, pensó para sí mismo. “Entre el grupo de Lasthold, hay quienes ya han superado ese nivel. Violet, por ejemplo.” Desvió brevemente la mirada hacia las chicas, fijándose en Roselle y Lissandra. “Pero también hay quienes son más jóvenes y más débiles… Realmente destacamos.” Ese pensamiento no hizo sino reforzar su comprensión: su presencia allí no era lo habitual. Su grupo era una excepción. Valeria, sin disminuir el paso, continuó: «Los estudiantes permanecen en la academia un máximo de quince meses. Su objetivo es identificar talentos y potencial. Si durante ese tiempo un estudiante demuestra aptitudes en al menos un área y logra aprobar los exámenes, será reclutado o aprendiz». Hablaba con voz serena, como si recitara reglas establecidas desde hace mucho tiempo. “A partir de ese momento, el estudiante se concentra por completo en desarrollar una única dirección. La lleva al límite, ya sea en el ámbito militar o en el artesanal.” “Los reclutas son enviados al ejército y los aprendices a sus respectivos gremios.” Al oír esas palabras, un destello de interés brilló en los ojos de Kael. Sus pensamientos comenzaron a ordenarse de inmediato, superponiendo lo que había escuchado a sus propias capacidades. “¿Y si un estudiante destaca en varios aspectos?”, preguntó, sin ocultar su interés. Valeria le dirigió una breve mirada, y una leve sonrisa apareció en sus labios. —Hay pocos magos así —respondió ella—. Pero si eres uno de ellos, tendrás derecho a elegir tu camino. Tras una breve pausa, añadió: «El Imperio valora especialmente a aquellos que son fuertes en la batalla y, al mismo tiempo, hábiles en un oficio. Estos magos reciben más atención y… más oportunidades». Su mirada se detuvo en Kael por un instante, como si estuviera evaluando si encajaba en esa descripción. Sintiendo una creciente expectación, Kael entrecerró ligeramente los ojos y preguntó: "Si quisiera mostrar respeto a un mago así... ¿cómo podría reconocerlo?". Valeria sonrió levemente, como si apreciara su entusiasmo. —Llevan un dragón en su uniforme, tanto en el pecho como en la espalda —respondió ella—. Eso ya lo dice todo. Levantó ligeramente la cabeza, como si recordara a alguien en concreto. “Incluso hay quienes llevan varios dragones en la espalda. Cada uno es un símbolo de rango en un oficio en particular.” Ante esas palabras, una sonrisa astuta apareció en el rostro de Kael, y pensó: «Ese es un atajo hacia el poder. Podría seguir desarrollando la alquimia… y tal vez algún otro arte. Con mi memoria y conocimientos perfectos, podré aprender mucho más rápido que los demás». En ese instante, salieron de la sombra de los árboles que bordeaban el camino. La luz del sol se intensificó, iluminando la plaza de piedra frente a la entrada de la Academia. Las enormes puertas ya estaban abiertas, y los estudiantes entraban en un flujo ininterrumpido; el murmullo de las voces se hacía cada vez más denso y el aire se cargaba de la expectación por el comienzo de las clases. ✦ ✦ ✦ Al mismo tiempo, a poca distancia, un joven delgado de unos diecinueve años estaba sentado en un césped bien cuidado. Su cabello rojo sangre estaba peinado hacia atrás, y de sus sienes caían finas trenzas cuidadosamente entrelazadas con el resto de su cabello. Sus rasgos eran afilados y expresivos, con pómulos bien definidos y cejas largas, cuyas puntas se curvaban ligeramente hacia arriba, dándole a su mirada un matiz ligeramente burlón. Observó con calma al grupo de Lasthold. El joven sonrió levemente y, clavando su bastón en el suelo, se puso de pie con soltura. Su movimiento era seguro, pero los estudiantes que estaban cerca se apresuraron a sujetarlo del codo, como si fuera algo habitual para ellos. Entre ellos estaba Seiran, el responsable del distrito estudiantil. Dando un paso al frente, hizo una reverencia respetuosa y, señalando a Kael, dijo: "Ese... el chico del pelo ceniciento". El hombre pelirrojo entrecerró ligeramente los ojos, desviando la mirada. —¿La de la teniente Valeria? —preguntó. Seiran sonrió y confirmó de inmediato: «Exactamente, hermano Valkeris. Se llama Kael. Es el único que entiende nuestro idioma». Al oír esto, Valkeris asintió lentamente, sin apartar la vista de la figura de Kael. —Kael, ¿es...? He oído que el anciano Cornelius lo tiene en alta estima —dijo con calma—. El chico solo tiene dieciséis años, pero sus canales de maná ya son perfectos. Una leve sonrisa de interés apareció en sus labios. “Necesito subordinados así.” Al oír esto, Seiran frunció el ceño por un instante. La reacción fue casi imperceptible, pero un destello de irritación se reflejó en su mirada, como si percibiera un posible rival en Kael. Sin embargo, al segundo siguiente, lo disimuló, y su sonrisa habitual volvió a su rostro. “Por ahora, no hay nada que ganar con estos salvajes”, añadió encogiéndose de hombros. “Tendremos que esperar a que aprendan el idioma y puedan empezar a trabajar”. Valkeris simplemente hizo un gesto de desdén con la mano en respuesta, como si restara importancia a algo trivial. —No me importa su dinero —dijo con calma—. Lo que importa es enseñarles la jerarquía del capital. Si no pueden pagar, la obediencia se puede lograr de otras maneras. Entrecerró los ojos, continuando con la observación del grupo Lasthold. —Hay algunas chicas guapas entre ellas… —añadió lentamente—. No estaría mal añadirlas a mi colección. Varios estudiantes que estaban cerca intercambiaron miradas y sonrieron con indiferencia, como si eso les pareciera de lo más normal. Pero en ese preciso instante, el tañido claro de las campanas resonó en todo el recinto de la academia. El sonido era diferente, distinto al que provenía de los templos. Más agudo, más claro, con una resonancia metálica. Provenía de la dirección del edificio principal. Y la reacción fue inmediata. Los estudiantes a su alrededor comenzaron a acelerar el paso, las conversaciones se interrumpieron y el flujo se hizo notablemente más denso, avanzando rápidamente hacia el edificio principal. Valkeris, ajustando ligeramente el agarre del bastón, también avanzó. —Démonos prisa —dijo—. Es mejor no llegar tarde a la lección del teniente Duhlas. Si no, nos volverá a dar una buena lección. Ante esas palabras, Seiran y los demás hicieron una mueca visible, pero, sin objetar, aceleraron el paso y se unieron a la corriente de estudiantes que se dirigían hacia el edificio principal. ✦ ✦ ✦ En ese mismo instante, Kael y el grupo cruzaron las puertas centrales y entraron en el edificio principal. Ante ellos se extendía un amplio y majestuoso salón. El espacio se elevaba varios pisos, creando una sensación de inmensidad y austeridad. Las paredes eran de piedra blanca, lisas y de aspecto frío, y entre las columnas colgaban pesados estandartes rojos con símbolos imperiales. Estatuas se alzaban por doquier: guerreros con armadura, figuras con espadas en alto; y entre ellas, pinturas que representaban batallas y escenas de la historia del Imperio. Desde el vestíbulo, numerosos pasillos se ramificaban en diferentes direcciones. Ríos de estudiantes fluían hacia ellos, desapareciendo rápidamente al doblar las esquinas. En el centro mismo se alzaba una amplia escalera que se bifurcaba en dos. Sus escalones conducían a los pisos superiores, donde conectaban diferentes partes del edificio. Kael se detuvo un momento a contemplar la escena, asimilando la magnitud del lugar. Valeria, sin embargo, no disminuyó el paso y dijo: «Las salas de entrenamiento están arriba. Allí se realizan prácticas de combate, entrenamiento de lucha y lecciones de técnicas. Es demasiado temprano para que vayas». Dicho esto, giró con seguridad hacia la derecha sin siquiera mirar atrás. "Sígueme." El grupo la siguió, manteniendo su ritmo. Avanzando rápidamente por el pasillo, giraron varias veces, adentrándose en el edificio. La piedra blanca de las paredes dio paso a acabados más oscuros, y el flujo de estudiantes a su alrededor disminuyó notablemente; esta era ya una zona diferente de la academia. Poco después, Valeria se detuvo ante una de las puertas, cuya placa llevaba el número trescientos diecisiete. Sin perder tiempo, abrió la puerta y entró primero. Kael lo siguió y enseguida se encontró en un espacioso salón de conferencias. La sala contrastaba claramente con los pasillos: todo estaba hecho de madera oscura pulida. El suelo, las paredes y las barandillas eran lisos y lacados, reflejando una luz tenue. Los asientos para los estudiantes estaban dispuestos en semicírculo, descendiendo en niveles, de modo que cada fila era más baja que la anterior. En la parte inferior, en el centro, se encontraba el área del instructor: un espacio abierto con un escritorio amplio y espacio para demostraciones. —¿Qué es eso? —murmuró alguien, señalando hacia adelante mientras entraba detrás de Kael. Kael desvió la mirada. En la pared detrás del instructor colgaba un enorme panel oscuro. Parecía un cuadro completamente cubierto de negro mate, pero su acabado era demasiado uniforme para ser pintura común. Kael entrecerró ligeramente los ojos, observándolo con atención. “A juzgar por la textura, parece polvo de piedra comprimido…”, pensó para sí mismo. “Pero tiene un ligero brillo… ¿Hay cristales de maná mezclados?” Pero antes de que pudiera terminar la frase, la figura de Valeria se desdibujó y, al instante siguiente, apareció justo al lado del "cuadro". —Kael. Baja aquí —dijo con calma. Él asintió brevemente a Violet y a los demás. “Siéntate más cerca para que puedas oírlo todo con claridad.” Sin perder tiempo, comenzó a bajar las gradas. Detrás de él, el grupo rápidamente tomó asiento más cerca del centro, tratando de no separarse demasiado. Al llegar al fondo, Kael se colocó ligeramente a un lado de Valeria, dejándole espacio. En cuanto todos hubieron tomado asiento, ella alzó la mano. En la punta de su dedo índice, un tenue destello de maná brilló. Valeria tocó la superficie del “cuadro” y, con un movimiento suave y seguro, deslizó su mano sobre él. La superficie oscura respondió al instante. Por donde pasó su dedo, la superficie comenzó a brillar tenuemente. El movimiento fue rápido y amplio, y en un par de segundos se formó una gran runa en la superficie. Una sola mirada bastó para que Kael comprendiera su significado. La runa decía: «Saludos». Kael lo entendió de inmediato. Señalando la runa, habló con calma, dirigiéndose al grupo: «Hoy comenzamos con los fundamentos del idioma. Y la teniente Valeria ha escrito una de las palabras más básicas: significa "saludos". Se pronuncia "Saleth"». Valeria dirigió su mirada hacia él y, sin perder tiempo, ordenó: "Antes de empezar, dígales a todos que levanten las tapas de sus pupitres". Señalando uno de los asientos vacíos de la primera fila, añadió: "Revisa el tuyo también". Kael vaciló un momento, luego rápidamente volvió a subir los escalones, traduciendo mientras lo hacía: "Levanten las tapas de sus pupitres". Algunos estudiantes no lo entendieron de inmediato. Unos pocos comenzaron a tantear la superficie, tratando de encontrar una abertura, mientras que otros intercambiaron miradas, sin saber cómo continuar. Pero hubo quienes lo descubrieron más rápido. Enganchando los dedos bajo el borde, tiraron hacia arriba y el panel de madera se levantó suavemente, revelando un compartimento oculto. —Aquí hay algo… —murmuró uno de ellos en voz baja. Avanzando unos pasos, Kael también abrió el compartimento oculto. Dentro había un uniforme blanco cuidadosamente doblado. La tela parecía densa pero ligera, sin costuras ni adornos innecesarios, con el mismo emblema rojo sobre el pecho. Al ver esto, los demás comenzaron a actuar con más confianza, abriendo sus escritorios uno tras otro. Desde detrás de Kael se oyó la voz de Valeria: «Te cambiarás durante las vacaciones. El uniforme está encantado por nuestros tejedores; se ajustará a tu talla y te quedará perfecto por sí solo». Hizo una breve pausa y luego añadió: «Tampoco tiene que preocuparse por la limpieza. Esta tela es difícil de manchar y prácticamente imposible de retener olores». Al tocar la tela, Kael dejó que sus dedos se detuvieran un instante. El material era sorprendentemente suave y agradable al tacto, y podía sentir el maná en su interior. “Esto no es un simple encantamiento…”, pensó para sí mismo, sujetando ligeramente el borde del uniforme. “Primero se trató la tela con compuestos especiales, luego se grabó un círculo mágico protector…”. Lentamente, deslizó los dedos a lo largo de un pliegue, evaluando la calidad. “La Academia es verdaderamente una institución de élite…” Con ese pensamiento, alzó la cabeza y, sin perder tiempo, transmitió rápidamente las palabras de Valeria a sus compañeros. Un murmullo de sorpresa recorrió las filas. Algunos ya palpaban la tela, otros intercambiaban miradas, comentando lo que habían oído, pero poco a poco el ruido comenzó a disminuir. Cuando volvieron a centrar su atención, Valeria hizo un breve gesto con la mano. Al instante siguiente, decenas de cuadernos salieron volando de su almacenamiento espacial. Se dispersaron por el pasillo como guiados por una fuerza invisible y aterrizaron suavemente frente a cada estudiante. Los cuadernos estaban colocados ordenadamente, como si hubieran sido puestos allí por manos cuidadosas. Por un instante, un silencio se apoderó de la sala. Quedó claro para todos: la primera lección finalmente había comenzado. ✦ ✦ ✦ El sol ascendía lentamente sobre la Academia Imperial, bañando sus edificios con la luz uniforme del mediodía. Las sombras de las torres y columnas se acortaban gradualmente, mientras que la vida en su interior no se detenía ni un instante. Para la mayoría de los estudiantes, el día transcurrió con normalidad. Una clase seguía a otra, y los alumnos iban y venían de un aula a otra; algunos con prisa, otros, por el contrario, avanzando con calma hacia su siguiente clase. Pero para el grupo Lasthold, todo era diferente. Su mañana se había convertido en un estudio continuo de los fundamentos del lenguaje y la escritura. Comenzaron con las palabras y símbolos más sencillos y avanzaron hacia los más complejos. Valeria no hacía excepciones, y Kael, de pie a su lado, traducía, explicaba y corregía constantemente, ayudando a sus compañeros a no perder el hilo. Mientras los jóvenes de Lasthold estudiaban, cada vez circulaban más rumores por los pasillos y el patio de la academia. La noticia de la llegada de los "forasteros" ya se había extendido, y se iban conociendo detalles a medida que avanzaba la historia. En uno de los bancos, a la sombra de un árbol, varias chicas estaban sentadas muy juntas, inclinándose unas hacia otras y conversando animadamente sobre el tema. —Vi a algunos de ellos… —dijo en voz baja una chica de piel pálida y cabello largo y negro, aunque con evidente emoción, mientras jugueteaba con el borde de su manga. —Estás mintiendo —replicó otra inmediatamente, dando un sorbo a un elegante frasco de porcelana y arreglándose los rizos rosados—. ¿No se suponía que debían mantenerse separados? —No miento —respondió la primera con terquedad, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Fui al baño y allí… algunas chicas de su grupo se estaban cambiando para ponerse los uniformes de la academia. Al escuchar esto, una tercera chica, con un ligero tinte verdoso en la piel y un espeso cabello rizado del mismo color, frunció el ceño con disgusto, cruzando los brazos sobre el pecho. —Eso no es justo —dijo, bajando un poco la voz—. Mi familia hizo todo lo posible para que yo entrara en la Academia. Y a ellos los aceptaron así de fácil. La chica pálida se detuvo un instante, apartando la mirada como si repasara lo que había visto. —Para ser honesta… —comenzó lentamente—, hay algunos magos capaces entre ellos. No creo que todos hayan llegado aquí solo por suerte. La chica de pelo rosa resopló, aunque sin la brusquedad de antes. Tras dar otro sorbo a su petaca, se recostó perezosamente en el banco. —Pronto lo sabremos —dijo, entrecerrando ligeramente los ojos—. Oí a los profesores hablar. Su grupo estudiará el idioma durante unos meses y luego empezarán a asistir a las clases teóricas y prácticas junto con nosotros. Giró ligeramente la cabeza hacia el edificio principal, donde los estudiantes seguían moviéndose de un lado a otro. “Ahí es cuando quedará claro lo que realmente valen.” ✦ ✦ ✦ Mientras los rumores se extendían y las clases continuaban con normalidad, el sol descendió lentamente y comenzó a ponerse al anochecer. La luz se suavizó, las sombras se alargaron y una sensación de que el día llegaba a su fin se apoderó de los pasillos. Cuando sonaron las campanas finales, una multitud de estudiantes comenzó a salir de la Academia. Algunos se dirigieron directamente a la salida, acelerando el paso, mientras que otros se quedaron un rato, comentando las clases que acababan de terminar. Algunos se apresuraron a casa, otros a sus trabajos de medio tiempo, y un tercer grupo ya estaba haciendo planes para la noche. Kael estaba de pie en la salida del edificio principal, observando el ir y venir de la gente. Un niño pasó corriendo junto a él, gritando a sus amigos mientras corría: “¡Me daré prisa! ¡Quiero llegar a la tienda antes de que empiecen las oraciones!”. Kael lo observó por un momento. “Cierto…”, pensó. “Las campanas del templo aún no han llamado a su rebaño…” Estaba a punto de continuar con su idea cuando sintió un ligero toque en el hombro. —Nos vamos, Kael —dijo Violet. Se giró y, con una leve sonrisa, asintió. “Ten cuidado. Y por ahora, es mejor no salir de la residencia estudiantil.” Violet asintió con calma, aceptando sus palabras sin cuestionarlas. Girren y Gilmesh, que estaban cerca, hablaron casi al mismo tiempo: "No te preocupes". Se miraron de reojo, y Girren inmediatamente hizo una mueca, claramente molesto porque habían dicho lo mismo. Gilmesh, en cambio, soltó una carcajada y le pasó un brazo por el hombro a Girren. —No somos niños, Kael —añadió—. Así que relájate. Girren dejó escapar un profundo suspiro, pero no protestó. Volviéndose ligeramente hacia Lissandra y Roselle, dijo con un tono más tranquilo: «Probablemente tengan hambre. Volvamos al dormitorio y preparemos la cena». Roselle asintió y, tirando de Lissandra, miró hacia atrás por encima del hombro. “Gracias por las lecciones, Kael. Incluso me recordaron los viejos tiempos, cuando me explicabas las cosas en la biblioteca.” Una leve sonrisa asomó en su rostro y, sin esperar respuesta, aceleró el paso, alcanzando a los demás. Girren y Gilmesh asintieron con la cabeza por última vez antes de que todo el grupo se dirigiera hacia la salida, disolviéndose gradualmente entre la multitud de estudiantes. Kael los observó durante un rato mientras las figuras familiares desaparecían entre la multitud. Entonces sonrió levemente y, desviando la mirada hacia el patio, pensó: «Debería comer algo también… Todavía me quedan unas horas con Valeria…» Al darse la vuelta, Kael estaba a punto de dirigirse hacia la salida cuando su mirada se posó en un gran espejo que colgaba en la pared del pasillo, entre las columnas. Se detuvo en seco. En el reflejo, permaneció de pie, pero por un instante, la imagen le resultó extraña. Durante las últimas semanas, apenas había prestado atención a su apariencia, y ahora los cambios eran evidentes. Entrecerrando ligeramente los ojos, se miró de arriba abajo y una sonrisa astuta apareció en sus labios. —Me he vuelto más guapo… —murmuró en voz baja. Había crecido. Su cuerpo se había estirado y vuelto más esbelto, sus hombros más anchos y su postura más masculina. El uniforme blanco de la Academia le sentaba de maravilla, realzando su figura y creando un ligero contraste con su cabello ceniciento y sus ojos color ámbar. Se detuvo un instante en su reflejo, como si lo estuviera grabando en su memoria, y luego desvió la mirada. “Valeria dijo que el comedor seguiría abierto, ya que muchos estudiantes se quedan para practicar…” Dándose la vuelta, se dirigió hacia la salida del edificio principal, rememorando el camino mientras caminaba. “Un edificio circular de dos plantas con un emblema de utensilios…”, murmuró entre dientes. ✦ ✦ ✦ Al salir del edificio principal, Kael divisó casi de inmediato el edificio que necesitaba. Realmente llamaba la atención: una estructura circular de dos pisos con amplias ventanas y un elegante emblema de utensilios sobre la entrada. Ya se oían voces amortiguadas y el tintineo de los platos desde el interior, y de vez en cuando, algunos estudiantes se acercaban a las puertas. Se dirigió hacia allí, pero no había dado ni cien pasos cuando una voz lo llamó por detrás: "Le pido un momento de su atención, Enlace". El tono era suave, casi agradable, pero había en él una marcada frialdad aristocrática. Kael se tensó involuntariamente, presintiendo instintivamente el peligro, e inmediatamente se dio la vuelta. A poca distancia se encontraba un joven pelirrojo, desconocido para Kael. Se movía con seguridad, apoyándose en un bastón, y lo miraba fijamente con calma. Y aunque el hombre pelirrojo le era desconocido, Kael reconoció a otro: Seiran. Este se encontraba ligeramente detrás del pelirrojo, con una sonrisa servil. —Así que este debe ser el "patrono" que mencionó Seiran… —comentó Kael, atando cabos al instante—. Mejor evitar conflictos innecesarios. Recomponiéndose, cambió de inmediato su expresión, adoptando un semblante más sereno y respetuoso. Dio un paso al frente, hizo una leve reverencia y dijo: «Saludos. Usted debe ser la estimada Valkeris que Seiran mencionó ayer». Ante estas palabras, Valkeris arqueó ligeramente las cejas, claramente sorprendido, pero al instante siguiente una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro. —Tienes buenos modales, muchacho —dijo, sin ocultar su aprobación. Apoyándose ligeramente en su bastón, dio unos pasos hacia adelante y se detuvo justo delante de Kael, acortando la distancia que los separaba. —¿Qué te parece la Academia Imperial, construida por mis antepasados? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza. Kael respondió sin demora, manteniendo un tono cortés: «Todos estamos aún tratando de comprender lo que está sucediendo. En nuestra tierra natal, no existen estructuras de tal magnitud». Al oír esto, Valkeris se enderezó notablemente, inflando ligeramente el pecho, como si el elogio estuviera dirigido personalmente a él. «Debes saber que mi familia participó en la construcción del distrito estudiantil para los provinciales», añadió con un leve tono de autosatisfacción. «Comprendes que debes estarme agradecido a mí y a mis antepasados». Kael simplemente alzó la mirada hacia él y, sin entablar mayor conversación, se limitó a asentir brevemente, manteniendo la calma. Valkeris sostuvo su mirada por un instante y luego continuó: “Pero las palabras de gratitud no tienen ningún valor real…”. Kael no respondió, manteniendo la misma expresión. Interiormente, dejó escapar un suspiro cansado, conteniendo su irritación. “Maldita sea… ¿por qué tengo que escuchar esta basura, y encima de un mocoso?” No apartó la mirada, pero tampoco reaccionó, dejando que el silencio se prolongara entre ellos. Valkeris, al no recibir respuesta, frunció ligeramente el ceño, y un tono amenazante se coló en su voz: «Normalmente, los provincianos pagan su honor con dinero. Pero tú sigues siendo completamente incivilizado…» Inclinó ligeramente la cabeza, observando a Kael, como si ya hubiera tomado una decisión. “Así que te sugiero que asumas la responsabilidad. Hasta que tu gente pueda trabajar, me servirás.” Una sonrisa burlona apareció en sus labios y continuó con pereza: “Harás pequeños recados. Traer comida, consultar los horarios de las clases, guardar sitio… cosas triviales”. Tras una breve pausa, añadió, con un claro mensaje implícito: «Y me presentarás a las bellezas de tu tierra. Te llamas Enlace, ¿verdad? Pues haz honor a tu nombre». Inmediatamente, estallaron las risas a sus espaldas. Varios de los jóvenes intercambiaron miradas, algunos sin siquiera molestarse en disimular sus sonrisas. Seiran dio un paso al frente, como si respaldara a su "patrón". —En el futuro, Valkeris ostentará un poder considerable —dijo con la misma sonrisa servil—. Si le sirves bien, tú tampoco saldrás perjudicado. Y, sonriendo amistosamente, añadió: “Sigue el consejo de tu mayor, y tu estancia en la capital será mucho más agradable”. Kael levantó lentamente la mirada, desviándola de Valkeris hacia los jóvenes que estaban detrás de él. Los observó con calma, sin revelar ninguna emoción. “Todos son magos de acero…”, pensó para sí mismo, deteniendo su mirada en varios de ellos. “Pero ese no era el problema”. Su mirada volvió a posarse en Valkeris, y completó la idea: "La amenaza residía en su influencia". Kael comenzó a sentir irritación. “Maldita sea… Parece que el conflicto es inevitable…” Respiró hondo brevemente y su expresión recuperó la calma y la cortesía habituales. —Gracias por la oferta, estimado Valkeris —dijo con voz serena—. Le envío mis más sinceras condolencias a usted y a su gran familia. Hizo una breve pausa, como si estuviera eligiendo sus palabras. “Pero no está en mi naturaleza tomar decisiones sin información suficiente.” Valkeris frunció el ceño, su mirada se aguzó mientras inclinaba ligeramente la cabeza y decía con frialdad: "¿Crees que es prudente rechazarme, muchacho?". Kael no apartó la mirada y, con un tono ligeramente más serio, respondió con calma: "Es prudente no aceptar una oferta hasta que se comprendan sus términos". Valkeris soltó una carcajada repentina, claramente encontrando la situación divertida. Dirigiendo una mirada de reojo a Kael, arqueó ligeramente una ceja, dándole a su mirada un matiz burlón. —Hoy te perdono, Enlace —dijo con una leve sonrisa—. Te daré tiempo para que aprendas más, como desees. Se giró, apoyándose en su bastón, y añadió por encima del hombro: «Te doy tres días. Pero cuando nos volvamos a ver, tendrás que arrodillarte para que te acepte a mi servicio». Con esas palabras, avanzó, seguido por su gente. Seiran se detuvo medio paso atrás, dirigiendo a Kael una mirada breve y penetrante. —Tonto —dijo—. Tienes suerte de que el hermano Valkeris esté de buen humor hoy. Levantando la barbilla, se giró inmediatamente y se apresuró a seguir a los demás. Kael los vio marcharse, luego chasqueó la lengua con irritación y exhaló suavemente. “Necesito averiguar quién es esta Valkeris…” murmuró entre dientes. Dirigiéndose hacia el comedor, juntó las manos a la espalda y avanzó a paso pausado, ligeramente encorvado, como si sopesara varias cosas a la vez. Hizo una mueca por un momento. “No tengo ningún deseo de tratar con mocosos ricos… Simplemente no tengo tiempo para eso.” Con esas palabras, los ojos ámbar de Kael brillaron levemente, y añadió en voz baja: «Después de mis lecciones con Valeria, necesito dar un paseo por la ciudad… y averiguar cuánto cuesta alquilar un lugar. No podré vivir en paz en el barrio estudiantil…»
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Estás leyendo el capítulo 59 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 6 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.