Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 57 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los jóvenes de Lasthold avanzaban en grupo compacto, atravesando calles estrechas donde los tejados de las casas casi se tocaban, proyectando una densa sombra. El suelo de piedra era irregular, roto en algunos tramos, y sus pasos resonaban sordamente en el espacio reducido. Delante caminaba el muchacho pálido, sin volverse ni aminorar el paso, como si le diera igual si lo seguían o no.
Detrás de ellos se oían conversaciones en voz baja. Algunos susurraban sobre lo sucedido, otros intentaban especular sobre las normas de la Academia, pero la tensión seguía presente en sus voces.
Mientras tanto, Kael estaba concentrado en otra cosa.
Caminaba delante y, sin apartar la vista de él, observaba la espalda del guía, evaluando su andar, el ritmo de sus pasos, su comportamiento.
“Ni siquiera nos presentamos…”, murmuró Kael para sí mismo.
Levantando la mano, estaba a punto de llamar al muchacho pálido, pero en ese momento el callejón terminaba abruptamente.
El muchacho pálido, sin aminorar la marcha, dobló la esquina.
—Qué tipo más raro… —murmuró Kael en voz baja, acelerando el paso y siguiéndolo.
Al salir del callejón y girar a la derecha, estaba a punto de llamar a su nuevo vecino, pero se detuvo de inmediato, con la mirada fija en lo que tenía delante.
Ante ellos se alzaba un edificio bastante grande de dos plantas.
La piedra blanca de la fachada estaba manchada en algunos puntos, oscurecida por el paso del tiempo y la humedad. Viejas vetas recorrían las paredes, como si no se hubieran limpiado en años. Las tejas rojas del tejado habían perdido su color hacía tiempo, oscureciéndose casi hasta el negro, lo que confería a la estructura un aspecto pesado y opresivo.
Incluso el aire cercano parecía más denso.
El edificio tenía un aspecto descuidado y poco acogedor, como si su sola presencia repeliera a los demás.
Roselle, que caminaba detrás, se detuvo, la miró fijamente y exhaló con clara duda: “No me digas que esa es nuestra casa…”
Pero la respuesta se hizo evidente de inmediato.
El muchacho pálido, sin cambiar su expresión, subió con calma los escalones de piedra y comenzó a ascender hacia la entrada.
Violet, tras echarle otro vistazo al edificio, hizo una leve mueca y dijo en voz baja: "Parece que has acertado, Roselle".
Y cuantos más jóvenes salían del callejón, más clara se volvía la reacción compartida.
—No quiero vivir aquí… —dijo una de las chicas.
—El edificio es grande, pero ¿cabemos todos? —murmuró un chico que estaba cerca—. Me temo que no habrá suficientes habitaciones para todos…
En ese momento, la puerta se abrió con un crujido.
El muchacho pálido ya estaba de pie en la entrada. Manteniendo la puerta ligeramente entreabierta, se giró hacia el grupo y, sin cambiar su expresión, dijo con voz monótona, casi sin emoción:
“Estamos aquí.”
Por un instante, guardó silencio, y en sus ojos —antes inexpresivos— algo cobró vida. Su mirada se volvió más penetrante, ligeramente irritada.
“Espero que mantengas mi casa limpia.”
Las palabras sonaban igual de tranquilas, pero ahora conllevaban una clara exigencia.
Kael tradujo sin pausa, simplificándolo ligeramente: "Por favor, mantengan todo limpio para que no tengamos ningún problema".
Una oleada de descontento recorrió inmediatamente el grupo.
Alguien resopló en voz baja, mientras otros intercambiaban miradas, claramente sin compartir esa actitud. Aiden destacó especialmente. Dio un paso al frente, examinó el edificio con la mirada y dijo con clara arrogancia:
¡Qué tontería! ¿Acaso no hay sirvientes aquí?
Kael simplemente puso los ojos en blanco, sin siquiera intentar ocultar su irritación, y, sin reaccionar a las palabras de Aiden, aceleró el paso.
Con cierta confusión e insatisfacción, los demás, no obstante, comenzaron a seguirle uno por uno, dirigiéndose hacia la entrada.
Kael subió rápidamente los escalones de piedra y se detuvo justo delante del chico pálido, que seguía sujetando la puerta, sin mostrar el más mínimo interés en lo que estaba sucediendo.
Kael asintió brevemente y dijo con calma: "Les conté lo que dijiste".
El chico pálido ni siquiera lo miró, como si no le importara.
Kael sonrió levemente, manteniendo un tono ligero, y continuó:
“Escucha… me gustaría saber tu nombre. Así será más fácil comunicarnos.”
Esta vez, el chico pálido sí miró a Kael y respondió con indiferencia: "Todos me llaman 'bicho raro'".
Su respuesta sonó como si no le importara en absoluto.
Kael lo miró fijamente por un instante, luego inclinó ligeramente la cabeza y añadió con calma:
“Preferiría saber tu nombre real.”
Ante esto, Weirdo simplemente se encogió de hombros, como si la pregunta no tuviera ningún valor para él, y respondió con calma:
“Puedes llamarme Dorian.”
Kael asintió y extendió la mano:
“Me llamo Kael. Encantado de conocerte.”
Dorian le dirigió una breve mirada a la mano que le ofrecían y, sin cambiar su expresión, la estrechó. El gesto fue lento, casi mecánico, como si el mero acto de estrechar la mano le supusiera un esfuerzo innecesario.
Durante este breve intercambio de cortesías, los demás se habían reunido en la entrada. Al ver esto, Dorian dejó escapar un profundo suspiro y, tras echar un rápido vistazo al grupo, dijo:
“Por lo que entiendo, no comprendes mucho de lo que está pasando… De acuerdo. Te ayudaré hoy.”
Con esas palabras, empujó las puertas hacia adentro.
Las puertas se abrieron con un largo crujido, dejando al descubierto un amplio vestíbulo.
El espacio se extendía hacia adelante, con varios pasillos laterales que se ramificaban. Justo en la entrada, el suelo estaba cubierto de enormes losas de piedra, que más adelante daban paso a un pavimento de madera. Las paredes, hechas de la misma piedra clara, estaban desnudas, con solo algunos paneles de madera y sencillos soportes para lámparas mágicas.
A la izquierda se alineaban largas mesas y bancos de madera, como si los residentes se reunieran allí ocasionalmente. A la derecha había una hilera de puertas que conducían a pequeñas habitaciones o cuartos de servicio. Al final del pasillo se alzaba una amplia escalera de piedra con barandillas sencillas de madera oscura que llevaba al segundo piso.
Todo parecía sencillo y sin nada de particular, pero por alguna razón los rostros de los jóvenes de Lasthold estaban extrañamente contorsionados.
A Kael también se le cayó ligeramente la mandíbula, porque había una diferencia sorprendente entre la fachada del edificio y su interior.
—¿De verdad estamos en una residencia estudiantil? —murmuró Kael—. Parece más bien una enfermería…
El contraste se hizo aún más fuerte a medida que el ojo captaba más detalles.
Los suelos, las paredes y los escalones de la escalera estaban relucientes, sin una sola mancha ni rastro de polvo. La piedra parecía recién lavada y la madera, recién barnizada. El aire del interior se sentía más limpio que el del exterior, e incluso el olor a humedad que cabría esperar de un edificio así estaba ausente.
Dorian entró, pisó la zona de piedra junto a la entrada, y solo entonces Kael se percató de las estanterías ordenadas que recubrían las paredes, divididas en compartimentos cuadrados.
Dorian se inclinó y comenzó a quitarse los zapatos con calma, como si fuera lo más obvio del mundo, y sin levantar la mirada, dijo:
“Quítate los zapatos antes de entrar.”
Dicho esto, añadió en voz más baja, casi en un susurro:
“Maldita sea… ¿cómo se supone que voy a mantener este lugar limpio ahora? Hay demasiados… Si lo ensucian todo… Quizás sería más fácil construir una choza afuera…”
Al oír eso, Kael se volvió inmediatamente hacia él.
—Dorian… —dijo, alzando las cejas con sorpresa—. ¿De verdad limpiaste todo este lugar tú solo?
Dorian giró la cabeza hacia él por un instante.
En su mirada no había ni orgullo ni vergüenza, solo una serena certeza.
—Soy un ser humano, no una bestia inmunda —respondió—. Mi casa debe estar limpia.
Kael esbozó una sonrisa torcida mientras lo observaba y pensó para sí mismo: "Esto es algo más que simple limpieza...".
Por un instante, un pensamiento se formó en su mente, y eso hizo que Dorian le pareciera aún más extraño.
Inclinando ligeramente la cabeza, Kael preguntó con cautela:
“Dorian… Pareces que apenas duermes. ¿Acaso los demás residentes no te ayudan? ¿Limpias todo este lugar tú solo?”
Dorian, recogiendo sus zapatos sin prisa, se dirigió hacia los estantes y, como si la pregunta tuviera poca importancia, respondió:
“Además de mí, aquí viven otras siete personas. Y la mayoría de las veces solo vuelven para dormir. El resto del tiempo, están estudiando o trabajando en la ciudad…”
Con esas palabras, colocó sus zapatos en uno de los compartimentos y luego tocó el símbolo con un número debajo, canalizando un poco de maná.
La runa brilló suavemente, y al instante siguiente el compartimento quedó sellado por una fina barrera translúcida, aislando su contenido del exterior.
Dorian le dirigió una breve mirada a Kael y añadió, en voz un poco más baja:
“Tal vez no duermo lo suficiente… Pero si este lugar estuviera sucio, no podría dormir en absoluto.”
Kael entreabrió ligeramente los labios, claramente sin esperar tal respuesta, y sintió una breve e incómoda punzada de compasión.
Pero Dorian, como si no se percatara de su reacción, simplemente asintió hacia el compartimento y explicó con calma:
“Puedes elegir cualquier compartimento; son compartidos. El número que aparece debajo registra el mana de quien estableció la barrera. Solo esa misma persona puede eliminarla.”
Mantuvo la mirada fija en Kael por un segundo y añadió:
“Así que no hay de qué preocuparse por sus zapatos. Nadie los robará ni los dañará.”
Kael asintió en silencio, pero su expresión se tornó más seria. En su mente ya se formaba una imagen: un centenar de personas, pasillos estrechos, un flujo constante de polvo y caos que inevitablemente se extendería.
Volvió a mirar a Dorian, pensando: “Dorian parece un buen tipo… No querría arruinar su trabajo…”.
Pero en voz alta, Kael solo enderezó la espalda y dijo seriamente:
No puedo prometer que la limpieza será perfecta, pero intentaré que puedas dormir tranquilo.
Dorian arqueó ligeramente las cejas. Algo parecido a la confusión se reflejó en su mirada, como si no hubiera comprendido de inmediato el significado de lo que se había dicho.
Kael no profundizó más en el tema.
Dirigiéndose a los demás, habló en voz alta en el idioma de Lasthold: "Todos, entren y formen una fila para que sean visibles".
El grupo se agitó casi de inmediato. Uno a uno, entraron en el salón, mirando a su alrededor. Poco a poco, formaron un semicírculo sobre las baldosas de piedra, llenando la entrada, y las puertas se cerraron tras ellos, aislando el ruido exterior.
Cuando todos hubieron tomado sus lugares y el ruido hubo cesado por completo, Kael recorrió con la mirada al grupo y dijo con calma:
“Veo que están todos confundidos. Así que les contaré todo lo que he logrado aprender.”
Varias personas asintieron al unísono, mientras que las demás se enderezaron ligeramente, prestando más atención. Incluso Aiden y aquellos que antes se habían mantenido al margen no discutieron ahora; era obvio que, sin Kael, no comprenderían ni una mínima parte de lo que estaba sucediendo.
Asegurándose de tener su atención, Kael continuó:
“Ahora mismo estamos en una residencia estudiantil. Aquí viven magos de las provincias que no pueden permitirse una vivienda digna. La Academia en sí tiene muchos más estudiantes, y su estatus es significativamente más elevado.”
Hizo una breve pausa, dejando que las palabras se asentaran, y luego añadió con más firmeza:
“Lo más probable es que la gente tenga prejuicios en nuestra contra. Y eso puede jugar tanto a nuestro favor como en nuestra contra.”
Su mirada recorrió al grupo, deteniéndose en aquellos que parecían especialmente tensos.
“Así que, por ahora, nos mantenemos unidos y no buscamos problemas.”
Después de eso, hizo un leve gesto a su alrededor:
“Este es el decimocuarto dormitorio. Nuestro nuevo hogar.”
Varias personas intercambiaron miradas, dirigiendo una vez más la vista hacia las paredes y el techo.
Kael señaló hacia los estantes de zapatos:
“Dorian aún no nos ha contado todas las reglas, pero sin duda existen. Y a juzgar por lo que hemos visto, se aplican con rigor.”
Ante estas palabras, la expresión de Kael se endureció ligeramente y, enfatizando deliberadamente la amenaza, añadió:
“Ya viste cómo era el supervisor Malzir. Si no quieres caer en desgracia con él, una de las reglas más estrictas aquí es la limpieza.”
Varias personas se tensaron de inmediato e intercambiaron miradas incómodas.
Sin perder el ritmo, Kael comenzó a quitarse los zapatos, continuando con calma:
“Al entrar, quítese los zapatos y déjelos en cualquier compartimento abierto.”
Colocó sus zapatos junto a los de Dorian, luego tocó el símbolo y activó la barrera.
“No te preocupes por su seguridad. Si colocas la barrera, solo tú puedes quitarla.”
Se enderezó, asintió y añadió con una sonrisa leve, casi alentadora:
“Adelante, pruébenlo ustedes mismos.”
Tras esas palabras, el grupo se marchó sin hacer más preguntas.
Uno a uno, comenzaron a quitarse los zapatos, repitiendo los gestos de Kael, eligiendo compartimentos y activando torpemente las runas. Sus movimientos denotaban menos disciplina y más un deseo de no cometer errores.
No obedecieron a Kael.
Obedecieron a su miedo a las reglas de un lugar desconocido. Un lugar donde su estatus anterior no significaba nada.
Dorian, al presenciar esto, se quedó paralizado por un instante. Su mirada, normalmente vacía, cobró vida por un segundo. Dirigió su mirada hacia Kael y, entrecerrándola ligeramente, preguntó:
“Cuando les pedí a los demás que mantuvieran todo limpio, simplemente me ignoraron… ¿Cómo lograste que todos me obedecieran?”
Kael esbozó una leve sonrisa y, sin ocultar un atisbo de astucia, respondió:
“Mentí un poco y los asusté. A veces eso funciona mejor.”
Un destello de sorpresa cruzó el rostro de Dorian, aunque lo disimuló rápidamente. Volvió a mirar al grupo y asintió para sí mismo, como si sacara una conclusión.
En ese momento, algo en su actitud hacia Kael cambió claramente. Inesperadamente, se acercó al grupo de Lasthold y añadió con calma:
“Cuando termines, sígueme. Hay algunos lugares más importantes que necesito mostrarte.”
Kael asintió brevemente en respuesta.
«Me alegro de no haberme equivocado», pensó. «Dorian puede ser raro… pero sin duda es un buen tipo».
✦ ✦ ✦
Quitarse los zapatos llevó más tiempo del previsto. Algunos, tras comprender el funcionamiento de los compartimentos, comenzaron a probar su resistencia: algunos tantearon los bordes de la barrera, otros intentaron retirar la de otro canalizando su propio maná. Las runas brillaron un par de veces, pero sin resultado: las barreras se mantuvieron firmes, resistiendo cualquier interferencia externa.
Poco a poco, el interés se fue desvaneciendo.
Unos minutos más tarde, todos habían terminado y, un poco más serenos, volvieron a formar un grupo.
Kael les echó un vistazo rápido, se aseguró de que nadie se hubiera quedado atrás y asintió con la cabeza a Dorian.
Dorian ya se había dado la vuelta y, sin esperar más palabras, los condujo más adentro del pasillo.
Primero, se detuvo junto a una amplia abertura e hizo un gesto indicando que entrara.
“La cocina.”
La habitación resultó ser mucho más grande de lo que cabría esperar de un edificio de ese tipo. A lo largo de las paredes se alzaban enormes hornos y estufas de metal, y cerca había calderos de diversos tamaños, desde pequeños hasta casi tan altos como una persona. Algunos de ellos estaban conectados a círculos mágicos integrados, que brillaban suavemente bajo la superficie.
Sobre mesas separadas se exhibían construcciones más complejas: matraces de vidrio, tubos, extraños artefactos y, en varios lugares, esferas semitransparentes llenas de líquido flotaban en el aire, girando lentamente y centelleando con la luz.
Ya no era solo un lugar para cocinar. Era más bien una mezcla entre cocina y laboratorio.
Dorian comenzó a explicar con calma, señalando diferentes áreas, hablando sobre las normas de uso, el orden de acceso y lo que estaba prohibido allí.
Kael escuchó atentamente todo, mientras los demás simplemente permanecían de pie, esperando a que Kael lo tradujera todo a su lengua materna…
✦ ✦ ✦
En cuanto Dorian terminó, Kael dio un paso al frente, colocándose de manera que todos pudieran verlo, e inmediatamente comenzó:
“Empezaré con las malas noticias: nadie va a cocinar para nosotros.”
Las palabras fueron tranquilas, pero el efecto fue inmediato.
Varias personas intercambiaron miradas; algunas abrieron ligeramente la boca, claramente sorprendidas, pero nadie se atrevió a protestar en voz alta.
Sin dar oportunidad a que los murmullos se intensificaran, Kael continuó:
“La buena noticia es que cada residente recibe una ración semanal de alimentos.”
Dicho esto, giró la cabeza y señaló hacia una de las paredes. Allí, en un hueco, se podía ver una barrera blanca semitransparente, tras la cual se vislumbraba el contorno de una escalera que descendía.
“Según tengo entendido, cuando nos asignen nuestras habitaciones, nos darán fichas de residente. Con ellas, podremos pasar por esa barrera y bajar al almacén.”
Hizo una pausa por un momento, recordando las palabras de Dorian, y añadió:
“Cuando vuelvas a subir, la barrera determinará automáticamente la cantidad de comida que has tomado.”
Varias personas se tensaron de inmediato, intercambiando miradas con una expresión diferente.
Kael alzó la mirada y, con más firmeza, enfatizó:
“Ten cuidado. Si tomas más de lo que te corresponde, se te descontará de tu próxima asignación. Y si las infracciones se vuelven habituales, serás multado.”
Recorrió con la mirada al grupo, dejando claro que no se trataba de una mera formalidad, y luego suavizó ligeramente su tono:
“Así que es mejor que se acostumbren a gestionarlo ustedes mismos desde el principio. Aquí nadie pensará por ustedes.”
Ante esas palabras, otra oleada de murmullos se extendió por el grupo. Algunos murmuraron maldiciones entre dientes, otros comenzaron a conversar en voz baja con sus vecinos, tratando de averiguar cómo repartir la comida y qué se consideraba exactamente una "ración normal".
Kael no los detuvo. Simplemente asintió brevemente a Dorian, indicándole que había terminado, y este último se giró inmediatamente hacia la salida, dirigiéndose al siguiente pasillo.
Kael lo siguió y, ya en marcha, dijo:
“Ahora iremos a buscar nuestras fichas de residente y a repartir las habitaciones.”
Se aclaró la garganta ligeramente, como si ya anticipara la reacción, y añadió con una leve sonrisa:
“Y sí… nos espera un pequeño problema más.”
Sintiendo que decenas de ojos lo observaban, continuó con calma:
“En una habitación hay cuatro personas. Así que piensa con quién quieres compartir habitación.”
La reacción fue instantánea.
“¡¿Qué?! ¡Eso es una locura!”
“¿Cuatro personas por habitación?!”
“¿Cómo es posible…?”
Las voces se superponían, el descontento ya no estaba oculto.
Sin disminuir el paso, Kael simplemente se encogió de hombros:
“Lamentablemente, no tenemos otra opción. Si quieres mejores condiciones, tendrás que aprender el idioma más rápido y encontrar trabajo.”
Él los miró por un instante:
“Según tengo entendido, esto es lo habitual aquí. Si tienes dinero, puedes alquilar un piso en la ciudad. Y si tienes mucho dinero, incluso puedes comprarte una mansión entera.”
—¿Nos dejarán trabajar? —preguntó alguien del grupo.
Kael asintió.
“Por lo visto, sí. Pero yo todavía no lo entiendo del todo.”
Exhaló levemente y añadió con más calma: «Pero no se preocupen. Mañana es nuestro primer día de clases. Creo que allí podremos hacer todas nuestras preguntas».
Y, echando un vistazo al frente, siguiendo a Dorian, concluyó:
“Y hoy nos ocuparemos del alojamiento… y descansaremos.”
Con esas palabras, giraron hacia un estrecho pasillo lateral y se detuvieron ante una puerta discreta. Dorian, sin comentarios innecesarios, la abrió y se hizo a un lado, permitiendo que los demás miraran dentro.
La habitación resultó ser un pequeño trastero, pero se mantenía con la misma limpieza casi obsesiva que el resto de la casa. Las paredes estaban repletas de estantes, sobre los que se alineaban filas de fichas, ordenadas cuidadosamente en pilas de cuatro.
Kael les echó un vistazo rápido, comprendiendo inmediatamente el principio, y, volviéndose hacia el grupo, dijo con calma:
“Muy bien, divídanse en grupos de cuatro. Ahora vamos a asignar las habitaciones.”
Las palabras tuvieron un efecto inmediato.
Un animado bullicio inundó la sala. Durante el viaje a través de las montañas, muchos ya habían forjado lazos, y ahora esto se hacía especialmente evidente: algunos saludaban a conocidos con sonrisas, otros se reunían rápidamente en pequeños círculos y llegaban rápidamente a un acuerdo.
Incluso Aiden, sin perder su habitual confianza, se encontró casi de inmediato junto a Arnervir, y juntos eligieron rápidamente a otros dos, formando su grupo sin dudarlo.
Kael observó esto en silencio, evaluando la rapidez con que se formaban las conexiones, y anotó para sí mismo:
“Yo, Girren y Gilmesh…”
Hizo una pausa por un instante, dejando que su mirada recorriera a los demás.
“¿Quién debería ser el cuarto?”
Y casi de inmediato, su mirada se posó en Dorian, que permanecía ligeramente apartado, como si no formara parte de lo que estaba sucediendo.
“Sería bueno tener cerca a alguien que entienda cómo funcionan las cosas aquí…”
Aclarando ligeramente su garganta, Kael giró la cabeza hacia él y preguntó:
“Dorian, ¿ya tienes compañeros de piso?”
Dorian desvió la mirada hacia él con pereza y apenas negó con la cabeza.
—Todos los residentes del Decimocuarto Dormitorio han vivido solos… —murmuró—. Hasta hoy…
Kael asintió brevemente, echó un vistazo a los estantes y calculó rápidamente la cantidad de fichas.
“A juzgar por la cantidad de fichas… parece que ahora también tendrás compañeros de piso”, dijo con naturalidad.
Dorian asintió a regañadientes, como si no le complaciera mucho, pero Kael ya había pasado página:
“Mira, ya que de todas formas tendrás que compartir habitación… ¿quizás sea mejor compartirla con alguien que ya conoces?”
Dorian lo miró con más atención que antes. Captó la indirecta de inmediato y, tras una breve pausa, respondió:
“Eso es razonable. Pero con una condición.”
Entrecerró ligeramente los ojos.
“Si aceptas mantener la habitación limpia conmigo.”
Kael no dudó. Inmediatamente extendió la mano y respondió con una sonrisa:
“Trato hecho. Entonces seremos compañeros de piso.”
Dorian se quedó paralizado un instante, luego esbozó una sonrisa cansada —apenas perceptible, pero ya no tan distante— y le estrechó la mano.
Kael asintió inmediatamente hacia Girren y Gilmesh, que estaban de pie cerca:
¿Te importa si mis amigos se unen a nosotros? Gilmesh es un poco ruidoso, pero me escucha.
Sonrió levemente y añadió con más calma:
“Si surge algún problema, déjenmelo a mí.”
Dorian dirigió su mirada hacia los dos, evaluándolos en silencio, luego se encogió de hombros y respondió:
“Si el ruido no se convierte en un desastre… me parece bien.”
En ese momento, el primer grupo de cuatro se acercó, haciendo fila de forma algo torpe e intercambiando miradas, como si no estuvieran del todo seguros de estar haciéndolo bien. Dorian, sin hacer preguntas, tomó inmediatamente las fichas, escogió cuatro de la parte superior de la pila y las repartió una por una, sin apenas detenerse en sus rostros.
Luego, el segundo grupo dio un paso al frente, después el tercero, y el espacio frente a ellos se llenó rápidamente de movimiento. La gente se acercaba, formando una fila irregular, las fichas tintineaban suavemente entre sí, y el murmullo de las conversaciones crecía gradualmente en el aire.
Kael, al ver esto, se movió ligeramente hacia un lado, dejando espacio, y por un instante dirigió su mirada a Violet. Ella, que estaba de pie junto a Roselle y Lissandra, captó su mirada y sonrió levemente.
Al percatarse de esto, Kael entrecerró ligeramente los ojos, reconstruyendo la imagen en su mente.
“Son tres… y Violet ya entiende un poco el idioma del Imperio.”
Apoyó los dedos en el borde del estante, observando cómo Dorian seguía repartiendo fichas sin pausa, y continuó pensando: "Si los emparejo con alguien del Imperio... les ayudará a adaptarse más rápido".
Inclinándose ligeramente para no alzar la voz por encima del ruido general, se dirigió a Dorian, que estaba repartiendo otra ficha:
“Oye, ¿hay alguna chica entre los residentes antiguos? Idealmente, alguien de confianza.”
Dorian ralentizó el paso por un instante, como si repasara las pocas opciones que tenía en mente, y luego asintió sin interrumpir la distribución:
“Hay una chica…”
Hizo una leve mueca al sacar la siguiente ficha.
“Pero es extraña. Siempre desaparece en la ciudad… obsesionada con la idea de irse de aquí y vivir allí.”
Kael esbozó una leve sonrisa burlona, siguiendo con la mirada a otro grupo.
—Tengo compañeras de piso adecuadas para ella —dijo con calma—. ¿Nos ayudas?
Dorian ni siquiera lo pensó. Asintió brevemente hacia una de las pilas donde yacían tres fichas y dijo con indiferencia:
“Haz lo que quieras.”
Encogiéndose ligeramente de hombros, añadió, como si dijera lo obvio:
“Usted es residente aquí, igual que yo. Si cree que tengo alguna autoridad aquí, está equivocado.”
Kael soltó una risita discreta, sacudió la cabeza y respondió sin rastro de vergüenza:
“Entonces seré un poco atrevido.”
Sin esperar respuesta, tomó hábilmente tres fichas del estante, las revisó brevemente al tacto y, esquivando a un par de jóvenes que estaban cerca, se dirigió rápidamente hacia las chicas.
Acercándose, les entregó las fichas a Violet, Roselle y Lissandra, bajando un poco la voz pero asegurándose de que las tres lo oyeran con claridad:
“Vas a compartir habitación con alguien de aquí. Intenta llevarte bien con ella. Es una buena oportunidad para aprender más sobre el Imperio… y dominar el idioma más rápido.”
Violet tomó la ficha, la giró entre sus dedos, sintiendo cómo las finas líneas de las runas respondían levemente a su maná y, alzando una ceja, sonrió con sorna:
“Apenas te has mudado y ya has vuelto a tus viejos hábitos?”
Ella le dirigió una mirada de reojo, con un toque de burla en sus ojos:
“Casi había olvidado lo astuto que eres.”
Kael solo sonrió inocentemente en respuesta, extendiendo ligeramente las manos:
¿De qué estás hablando, Violet? No soy astuto; solo me preocupo por ti.
Lissandra, que estaba cerca, soltó una risita, cubriéndose los labios con los dedos. «Ojalá yo pudiera mentir con tanta seriedad…»
Roselle, sin poder contenerse, también sonrió, ajustándose el pliegue de la manga:
—Antes eras tan callado y tímido, Kael… —inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con más atención—. Crecer cambia a los chicos por completo.
Kael solo negó con la cabeza y dijo en tono de broma: "Eso nunca sucedió. Deben ser recuerdos falsos".
Detrás de ellos, el murmullo de la actividad aún persistía: la fila no se acortaba, las fichas desaparecían gradualmente de los estantes y Dorian, sin interferir en las conversaciones, continuaba repartiéndolas metódicamente a los siguientes grupos, lanzando ocasionalmente miradas rápidas a aquellos que se demoraban demasiado.
✦ ✦ ✦
La distribución de fichas se prolongó durante casi veinte minutos. Hacia el final, la fila dejó de avanzar con fluidez: los últimos grupos no se decidían sobre quién se quedaría con quién, tirando de la gente de un lado a otro, discutiendo en voz baja y volviendo periódicamente a los estantes. Algunos ya habían cambiado de sitio dos o tres veces, lo que provocó cierta confusión, y Dorian se detuvo varias veces, mirando con cansancio los mismos rostros que volvían a aparecer ante él.
En un momento dado, incluso chasqueó la lengua en voz baja, pero no interfirió, simplemente pasó las fichas restantes más rápido, como si esperara que el proceso se resolviera por sí solo.
Finalmente, tras unos minutos más, el bullicio disminuyó gradualmente. Las últimas fichas fueron devueltas a sus dueños, las conversaciones se volvieron más tranquilas y el grupo comenzó de nuevo a reunirse en una formación más o menos organizada en el salón.
Dorian, tras asegurarse de que los estantes estuvieran vacíos, exhaló un suspiro y, apoyando el hombro en la pared, comenzó a repasar las normas restantes; ya no tan distante como antes, pero con el mismo tono uniforme. Mencionó el horario, las restricciones de ruido nocturno, la prohibición de dañar la estructura del edificio y algunos otros detalles que, a juzgar por su tono, le parecían obvios.
Kael escuchó atentamente y tradujo a medida que avanzaba.
Y justo en ese momento, Dorian finalmente terminó sus explicaciones.
«Se desaconseja llegar tarde a la Academia», dijo Kael, recorriendo con la mirada a todos los presentes. «Así que prepárense desde temprano por la mañana. Creo que alguien nos recibirá, así que no debería haber ningún problema».
Varias personas asintieron, algunas hablaron en voz baja entre sí, pero en general escucharon con atención.
Kael continuó, moviéndose ligeramente para que todos pudieran verlo:
“Se me olvidó mencionar que hay baños separados en el sótano. Son ideales para lavarse los dientes y refrescarse. Dorian dice que también se puede usar una bañera de madera para lavarse. Pero el problema es que solo hay agua fría.”
Una leve reacción recorrió inmediatamente el grupo: algunos hicieron muecas, otros rieron entre dientes.
“Si quieres asearte como es debido”, añadió, “hay baños públicos separados cerca del templo, en el centro de la zona estudiantil”.
—¿Vas a ir, Kael? —preguntó inmediatamente una voz desde el grupo.
“Yo iría contigo, si no te importa”, añadió otro.
“Yo también…”, se unieron varios más. “Todavía no me siento cómoda yendo sola”.
El murmullo se hizo un poco más fuerte, y en ese momento Violet dio un paso al frente. Se enderezó, se echó el pelo hacia atrás con cuidado y dijo con calma pero con firmeza:
“Mañana es nuestro primer día en la Academia Imperial. Deberíamos causar una buena impresión.”
Miró a Kael y añadió:
“He oído a algunas personas llamarnos salvajes. No deberíamos darles motivos para creer que es cierto. La limpieza y el orden también forman parte del estatus.”
Sus palabras fueron suaves, pero seguras, y varias personas asintieron de inmediato.
Kael, evaluando la reacción, dejó escapar un leve suspiro cansado y asintió:
“Muy bien. Entonces, esto es lo que haremos.”
Hizo una breve pausa para que todos pudieran oírle.
“Quienes deseen ir a los baños termales, preséntense en la entrada dentro de tres horas. Aprovechen ese tiempo para instalarse en sus habitaciones y explorar el lugar.”
Luego, con más calma, añadió, mirando al grupo: “No se alejen. Y procuren vigilarse unos a otros, al menos por ahora”.
Con esas palabras, la tensión pareció disiparse por sí sola, y el grupo comenzó a dispersarse con notable energía. Algunos se movían con cautela, mirando a su alrededor y revisando sus fichas, mientras que otros se apresuraron casi de inmediato, ansiosos por conseguir mejores camas.
Roselle, tras echar un vistazo rápido a Violet, soltó una carcajada y, sin poder contenerse, se abalanzó hacia adelante, levantando ligeramente el dobladillo de su bata:
¡El primero en llegar elige la cama!
Sus pasos resonaban con fuerza en los escalones de piedra mientras subía apresuradamente, casi corriendo.
Lissandra vaciló un instante, parpadeando confundida, pero rápidamente se recompuso y se apresuró a seguirla, tratando de no quedarse atrás.
Violet los observó marcharse con una suave sonrisa, luego se volvió hacia Kael y los demás, asintiendo levemente. Después, dando un pequeño paso adelante, miró a Dorian y, con un lenguaje imperial cuidadoso, aunque imperfecto, dijo:
"Gracias por su ayuda."
Dorian se encogió de hombros levemente, aceptándolo sin mucha reacción, pero su mirada se detuvo en ella un segundo más de lo habitual.
Kael, al ver esto, le dio una palmadita suave en el hombro, atrayendo de nuevo su atención:
—¿Nos enseñarás nuestra habitación, Dorian?
Dorian exhaló un suspiro cansado, frotándose el puente de la nariz, y respondió sin mucho entusiasmo:
“Claro… Pero ese es el último favor por hoy. Me has agotado por completo.”
Kael soltó una risita y, mientras lo seguía, añadió con ligera ironía:
“¿Qué tendrías que hacerme para que me hicieras un favor más?”
Inclinó ligeramente la cabeza, sin perder la sonrisa:
“Le agradecería mucho que nos guiara a los baños públicos esta noche.”
Dorian le dirigió una mirada breve y seria, y enseguida se dio la vuelta y siguió caminando.
—Ni se te ocurra —dijo mientras se movía—. Odio el agua caliente.
Tras dar unos pasos más, añadió en voz baja, casi murmurando para sí mismo:
“Y odio aún más las multitudes…”
Kael solo sonrió, comprendiendo que era mejor no presionar a Dorian con este tema.
Dejó escapar un leve suspiro y pensó: «Parece que tendré que averiguar por mi cuenta lo de los baños públicos. Espero que no haya ningún problema…»
✦ ✦ ✦
Al subir al segundo piso, se encontraron de inmediato en un pasillo tan impecablemente limpio como el de abajo. Las losas de piedra bajo sus pies habían sido lavadas hasta alcanzar un ligero brillo, y a lo largo de las paredes se extendían filas uniformes de puertas, con varios pasajes laterales que se ramificaban, como si el pasillo se dividiera en secciones separadas.
La luz aquí era más tenue: unas lámparas mágicas integradas en las paredes proyectaban un brillo constante y apagado, sin crear sombras.
Kael aminoró el paso, dejando que su mirada recorriera las puertas, y casi de inmediato notó los detalles. Sobre cada una de ellas, tallados directamente en la piedra, había símbolos que brillaban tenuemente, en respuesta a la presencia de maná.
«La forma en que se escriben los números… es diferente a la de los imperios antiguos», pensó para sí mismo, entrecerrando ligeramente los ojos. «Eso es lo primero que debo estudiar».
Dorian, sin detenerse, señaló la puerta más cercana a las escaleras y dijo brevemente:
“Esto es nuestro.”
Kael asintió y, mientras caminaba, echó un vistazo a su ficha y rápidamente comparó el símbolo. La marca en la ficha y la que estaba encima de la puerta eran idénticas.
Al llegar a la puerta, se giró hacia Girren y Gilmesh.
“Observen con atención.”
Al pasar los dedos por la superficie, encontró una pequeña hendidura y, sin dudarlo, insertó la ficha en ella.
En ese mismo instante, el símbolo que había sobre la puerta brilló con más intensidad, unas finas líneas se extendieron por la piedra como si un patrón oculto se revelara brevemente, y se oyó un clic suave y seco.
La puerta se sacudió ligeramente y la cerradura se abrió.
Girren, al ver esto, asintió y, mirando a Gilmesh, sonrió con sorna:
“Grandulón, será mejor que recuerdes ese símbolo… o que lo anotes en algún sitio. Sabiéndote, seguro que te olvidas de dónde está nuestra habitación.”
Gilmesh simplemente se rió, rascándose la nuca, y dijo: "Si eso sucede, me quedaré dormido donde sea que caiga".
Golpeó la puerta con la palma de la mano, demostrando claramente que no se lo tomaba en serio, y añadió con una amplia sonrisa: "¡Vamos a ver nuestra habitación!".
Kael solo negó con la cabeza, aunque un leve rastro de sonrisa asomó en las comisuras de sus labios, tras lo cual empujó la puerta y entró primero.
Al entrar, se encontraron de inmediato en una habitación pequeña pero ordenada. El espacio estaba dividido de forma sencilla, sin elementos superfluos: en las esquinas había escritorios de madera clara, pulidos y lisos, y junto a ellos, estantes vacíos a la espera de sus dueños. Justo detrás de los escritorios había camas individuales, bien hechas, con las sábanas dobladas uniformemente.
En el centro de la habitación había una alfombra redonda con la imagen de un dragón rojo, representada con un estilo sobrio, casi simbólico. Sobre ella se alzaba una mesa baja, tan baja que solo se podía sentar uno directamente en el suelo, con las piernas cruzadas.
Pero eso no fue lo que llamó la atención.
La esquina derecha más cercana destacaba del resto. El escritorio estaba ocupado: los libros se apilaban ordenadamente, alineados cuidadosamente a lo largo del borde, y junto a ellos había pergaminos dispuestos y atados con cintas finas. Nada estaba fuera de lugar, ni un solo detalle fuera de contexto.
Y cerca del muro, justo encima de ese punto, una docena de macetas flotaban en el aire. De ellas brotaban plantas vivas de colores intensos: tallos delgados, hojas anchas y, en algunas, ya se estaban formando frutos que se parecían a frutas desconocidas.
Con las cejas arqueadas por la sorpresa, Kael dirigió su mirada a Dorian y preguntó: "¿Eres herbolario?".
Dorian simplemente se dirigió a su cama y, sin dar más explicaciones, respondió: «Sí y no. La herboristería es solo una parte de lo que planeo hacer».
Kael sostuvo su mirada por un instante, pero no insistió, intuyendo que no era el momento.
En cambio, dio un paso al frente, examinó la habitación desde un punto de vista práctico y dijo con calma:
“Yo me quedaré en la cama de al lado de Dorian. Ustedes dos pueden quedarse en el lado izquierdo de la habitación.”
Girren asintió de inmediato, evaluó la distancia y la disposición del lugar y dijo: "Entonces tomaré el de atrás".
Gilmesh ya había levantado la mano como si fuera a decir algo, pero luego la desestimó con una sonrisa: "No me importa dónde duerma".
Se golpeó el pecho y añadió con su habitual seguridad:
“Kael pronto tendrá una herrería lista, y yo viviré allí.”
Kael simplemente lo miró sin decir nada, aunque un pensamiento cruzó por su mente: "Gilmesh tiene razón... Necesito encontrar la manera de mudarme a la ciudad lo antes posible..."
Mientras Kael examinaba su nuevo lugar, pasos y voces amortiguadas resonaban en el pasillo; otros también se estaban acomodando, tomando sus sitios.
Los jóvenes de Lasthold, que poco antes habían estado atravesando montañas y en medio de la incertidumbre, ahora desempacaban sus pertenencias, charlaban y discutían sobre asuntos triviales. Por primera vez en mucho tiempo, se permitieron relajarse, sintiendo alivio y una inquietante anticipación de lo que les deparaba el futuro.

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 58
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 57
Estás leyendo el capítulo 57 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 4 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.