Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 56 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Los días en Lasthold transcurrían lentamente, como arena entre los dedos. La mañana daba paso al día, el día a la noche, y cada noche la ciudad se dormía con el mismo pensamiento: «Se acerca la hora en que los forasteros abandonarán sus muros».
Pero no fue su partida en sí lo que asustó a la gente. Todos los habitantes del pueblo sabían que los forasteros se llevarían a algunos de sus hijos.
Cada mañana llegaban los nombres de los nuevos “elegidos”. Otro joven. Otra chica. Otro joven superdotado que sería separado de sus padres.
Algunas familias incluso se regocijaron, viéndolo como una oportunidad. Imaginaban a su hijo contemplando un mundo maravilloso y alcanzando metas imposibles en Lasthold.
Pero existían pocas familias así.
Para la mayoría, la noticia de que su hijo había sido incluido entre los elegidos sonó como una sentencia de muerte.
Las madres lloraban. Los padres permanecían en silencio, apretando la mandíbula con tanta fuerza que les crujían los dientes. Los hogares se llenaron de un silencio denso, y nadie sabía qué decir.
✦ ✦ ✦
Esa noche, el cielo sobre Lasthold estaba especialmente despejado.
Las estrellas brillaban con intensidad y la luna iluminaba los tejados cubiertos de nieve.
En una de las calles del mercado se encontraba un pequeño restaurante, generalmente ruidoso y con el aroma a carne asada y especias. Por las noches, no quedaban mesas libres: comerciantes, artesanos y guardias acudían a cenar después de una larga jornada.
Hoy sus puertas estaban cerradas a los visitantes. Sin embargo, una densa humareda se elevaba de la chimenea de piedra, y una luz brillaba en el interior.
Si alguien hubiera echado un vistazo por una de las ventanas, habría visto una mesa puesta para un banquete.
La pesada mesa de madera casi se doblaba bajo el peso de los platos. Grandes platos de carne guisada, aves asadas, cuencos de verduras, pan fresco, salsas y jarras de vino: había comida suficiente para diez personas.
Mucho más de lo que cinco personas podrían comer.
A primera vista, podría haber parecido que se estaba celebrando algo.
Pero bastaba con mirar los rostros de las personas alrededor de la mesa para que esa impresión desapareciera.
Esta era la casa de Kael.
Kael estaba sentado a la mesa con Kassias, Kris y Girren, mirando fijamente los platos en silencio. Solo faltaba su madre.
Kassias miró a Kael, intentando mantener su habitual expresión serena. Incluso intentó varias veces esbozar una leve sonrisa, pero en sus ojos se reflejaba un dolor sordo, casi impotente.
Kris, por otro lado, ni siquiera intentó ocultar sus emociones. Se sentó con la mirada baja hacia la mesa, y sus ojos brillaban con lágrimas que contenía con obstinación, apretando los labios.
Al percatarse de esto, Kael sonrió levemente, decidiendo aliviar el ambiente tenso de la habitación, aunque solo fuera un poco.
“¿Quién iba a pensar que me echarías tanto de menos?”
Kris levantó la cabeza inmediatamente.
—¡Idiota! —exclamó, y agarrándole la mano, le apretó los dedos con fuerza—. ¿De verdad tienes que irte? ¡Eres amigo de todos esos viejos influyentes! ¡Que ellos se encarguen de que ni tú ni Girren tengan que irse!
Mientras decía esto, dirigió una mirada con lágrimas en los ojos a Girren. Aunque no era su hermano biológico y no llevaba mucho tiempo viviendo con ellos, la familia de Kael ya había empezado a considerarlo como uno de los suyos.
Kassias sonrió ampliamente, a punto de hacer una broma y animar a la familia.
“Hijo… tú…” comenzó, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta.
Suspiró profundamente y su sonrisa desapareció lentamente.
—Lo siento, Kael —dijo en voz baja—. Quería que esta noche fuera agradable, pero… ni siquiera puedo bromear.
Apretó la mandíbula con tanta fuerza que se le marcaron las venas, y al instante siguiente ya hablaba en voz baja, hirviendo de rabia: "Si fuera más fuerte, les arrancaría la cabeza a esos forasteros".
En ese instante, se oyeron pasos apresurados que venían de la cocina. Unos segundos después, Mira entró en la habitación con otra bandeja de comida en las manos.
Una sonrisa dulce y cálida, llena de amor, se dibujaba en su rostro.
Acercándose a la mesa y colocando con cuidado la bandeja delante de Kael, dijo:
“Toma, hijo. Siempre te preparaba este asado cuando eras pequeño. Te encantaba.”
Antes de que Kael pudiera responder, Mira aplaudió de repente, como si acabara de recordar algo.
“¡Así es! Todavía no me he preparado…”
Ella ya se había girado hacia la cocina, dispuesta a desaparecer tras la puerta, pero Kael la sujetó suavemente por la muñeca. Sobresaltada por el contacto inesperado, Mira se estremeció.
—Mamá… —dijo en voz baja—. Ya hay suficiente comida.
—No, por supuesto que no… —respondió apresuradamente, apartando la cara e intentando liberar su mano, pero su voz tembló y sus hombros comenzaron a temblar ligeramente.
Al presenciar esto, Girren sintió un dolor agudo que le atravesó el pecho. Negó con la cabeza con tristeza, comprendiendo lo que realmente estaba sucediendo.
Sin embargo, Kael no soltó la mano de su madre y sonrió levemente.
Esta noche quiero hablar con todos ustedes todo lo que pueda. Si siguen escondiéndose en la cocina, entraré y me interpondré en su camino mientras cocinan.
Tras esas palabras, Mira se volvió lentamente.
Ahora nadie podía dejar de notar que las lágrimas corrían por sus mejillas.
Al instante siguiente, dio un paso al frente bruscamente y abrazó a su hijo.
“Hijo… ¡cómo vamos a vivir sin ti!”
Se apartó un instante, alzó la mirada y le acomodó el cabello con dedos temblorosos.
“¿Por qué nos está pasando esto? ¿Por qué tiene que suceder?”
Pero Kael solo sonrió. Secándole con cuidado las lágrimas de las mejillas, dijo en voz baja: «De hecho, en la antigüedad, los jóvenes siempre abandonaban el hogar paterno al llegar a la mayoría de edad. Y yo ya he cumplido dieciséis».
Se rió en voz baja, desviando la mirada hacia su padre y su hermana.
“Piensen en ello como un regreso a nuestras raíces.”
Mira levantó la cabeza bruscamente de repente, y al segundo siguiente, inesperadamente incluso para sí misma, exclamó:
¡Al diablo con las raíces! ¡En Lasthold tenemos tradiciones diferentes! Los niños crecen ante los ojos de sus padres, se casan y solo entonces empiezan a vivir independientemente. ¡E incluso entonces, permanecen cerca de sus familias! ¿Por qué mi hijo debería ir más allá de las tierras que rodean Lasthold? ¡Es mortalmente peligroso!
Habló rápidamente, casi sin pausas, las palabras brotaron una tras otra hasta que su respiración flaqueó. Al final, su pecho se agitaba y su voz comenzó a quebrarse.
Pero en ese momento, Kael simplemente la atrajo hacia sí y la abrazó.
—Solo confía en mí —dijo en voz baja—. Yo me ocuparé de mí mismo, de Girren y de los demás.
En ese instante, Mira sintió esa extraña sensación que a veces la invadía después de los sucesos con Zeiran. De repente, le pareció que no era su hijo de dieciséis años quien la abrazaba, sino alguien mucho mayor, como si detrás de ese abrazo se encontrara una persona con mucha más experiencia.
Ya había sentido eso antes, pero ahora, extrañamente, calmaba la tormenta que sentía en el pecho. Como si el corazón de una madre le hubiera dicho que creyera a su hijo.
Durante varios segundos, Mira se quedó inmóvil, temblando, como si luchara consigo misma. Solo entonces levantó lentamente la cabeza. Las lágrimas aún corrían por sus mejillas, pero su mirada ya se había aclarado.
—¿Lo prometes? —preguntó en voz baja, y había un temblor en su voz.
Kael sonrió y asintió con seguridad.
"Prometo."
Levantándose de la silla, rodeó con un brazo los hombros de su madre con delicadeza y la condujo de vuelta a su asiento en la mesa.
—Girren y yo regresaremos —dijo, mirando a los demás—. Y seremos tan fuertes que ni siquiera nos reconocerán.
Tras sentar a su madre en la silla, Kael le apretó suavemente el hombro y, mirando a los demás, dijo: «Disfrutemos de esta noche como se merece. Al fin y al cabo, mañana por la mañana Girren y yo tenemos un largo camino por delante».
Girren asintió, tratando de apoyar a Kael.
—No te preocupes —añadió con calma—. Si Kael, como siempre, empieza a meterse en problemas, yo lo detendré.
Kris inmediatamente olfateó y, sin poder contenerse, exclamó indignada:
“¡No digas tonterías, Girren! ¡Ni te darás cuenta antes de que Kael te meta en algún lío otra vez! ¡Mi hermano es un idiota!”
En el instante en que dijo eso, Kassias esbozó una amplia sonrisa y no pudo reprimir una risita. Fue la primera risa verdaderamente sincera de toda la noche, rompiendo el denso silencio.
“En eso estoy de acuerdo con Kris”, dijo, aún sonriendo.
Luego miró a Girren y, extendiendo las manos, añadió:
“Tendrás que perdonarlo por eso, Girren. Mi hijo se parece a mí.”
La risa de su marido pareció aliviar también el peso que Mira sentía en el corazón. Se secó las lágrimas y luego, mirando a Girren con ternura maternal, intentó bromear también:
“Será mejor que te mantengas alejado de Kael. Así estarás más seguro.”
—¡Oye! —exclamó Kael inmediatamente en señal de protesta, extendiendo los brazos de forma teatral—. ¿Qué es esto? ¡Todavía no he salido de casa de mis padres y ya estás hablando mal de mí a mis espaldas!
Miró a su alrededor con una expresión de indignación exagerada y continuó:
“¿Qué pasará cuando nos hayamos ido? Ni siquiera tendrán que reprimirse.”
Kris ya no pudo contenerse y soltó una carcajada.
—¡Y me quedo con tu habitación! —declaró, secándose las lágrimas—. ¡La convertiré en una sala de entrenamiento!
En ese momento, finalmente estallaron las risas alrededor de la mesa, y la atmósfera tensa que había estado agobiando a todos desde el comienzo de la velada pareció disiparse un poco.
Kassias se levantó de su silla y, extendiendo la mano hacia la botella de licor fuerte que estaba al borde de la mesa, dijo:
“Bueno, como ya eres mayor de edad… eso significa que deberías tomarte una copa con tu padre antes de irte.”
“Querida…” Mira intentó objetar de inmediato.
Pero Kassias solo hizo un gesto con la mano, interrumpiéndola.
“No sé cuándo lo volveré a ver. Quiero tomar algo con mi hijo.”
Sin esperar respuesta, descorchó la botella y vertió generosamente el líquido ámbar en el vaso de Kael, y luego sirvió otro para Girren.
Al ver esto, Kael no pudo evitar sonreír.
“Beber con mi padre… Antes, solo podía soñar con esto…”
Con ese pensamiento, volvió a rodear la mesa y se sentó en su asiento.
Mientras tanto, Kassias levantó su jarra y, mirando a los jóvenes, dijo en voz alta:
“¡Brindemos por un camino seguro y un gran futuro! ¡Las murallas de Lasthold y tu hogar siempre te estarán esperando!”
Dicho esto, inclinó el vaso hacia atrás y se lo bebió de un trago.
Aunque Kassias intentó mantener la compostura, ocultando sus sentimientos tras una voz fuerte y gestos firmes, en realidad también le resultaba difícil.
Kael sonrió levemente y, tras echar un vistazo rápido a Girren, asintió casi imperceptiblemente, como diciendo: "Gracias por ayudar a aligerar el ambiente".
Luego levantó su propio vaso y se lo bebió de un trago, haciendo inmediatamente una mueca por la fuerza del alcohol.
Cuando los vasos estuvieron vacíos, Kassias, sin decir palabra, volvió a coger la botella y los llenó de nuevo.
✦ ✦ ✦
En cuestión de minutos, se oían conversaciones animadas y risas provenientes de la casa de Kael. La velada, que había comenzado con un tono sombrío, se estaba transformando gradualmente en una cálida y alegre cena familiar.
Un ambiente similar impregnaba no solo la casa de Kael. Esa misma noche, algo parecido ocurría en decenas de hogares de Lasthold. Los padres de los «elegidos» luchaban por aceptar que, al amanecer, sus hijos abandonarían no solo las murallas de la ciudad, sino también las tierras que rodeaban Lasthold, aventurándose más allá de territorios que ningún ciudadano había cruzado en casi quinientos años.
La tarde pronto se convirtió en noche, pero en muchas casas las ventanas permanecieron iluminadas casi hasta el amanecer. La gente conversaba, compartía recuerdos, intentaba bromear y distraerse, aunque todos sabían que la mañana traería consigo las despedidas.
En casa de Kael ocurría lo mismo.
Se acostaron a dormir solo porque por la mañana Kael y Girren debían emprender el viaje, y antes de ese día necesitaban descansar un poco. De lo contrario, la familia probablemente habría conversado con ellos hasta el momento de la partida.
Solo cerca del amanecer su casa finalmente quedó en silencio…
✦ ✦ ✦
Kael yacía tranquilamente en su cama, mirando la luna que brillaba a través de la ventana. De la cama contigua llegaban los suaves ronquidos de Girren.
La fría luz de la luna se reflejaba en los ojos color ámbar de Kael, haciéndolos parecer más profundos y serenos de lo habitual. Su rostro permanecía impasible, y un pensamiento cruzó por su mente: "¿Qué sigue?".
Tras respirar hondo, Kael continuó pensando.
“Tras regresar a Lasthold, conseguí lo que siempre había deseado en mi vida anterior. Mi familia está a salvo y ahora soy una verdadera maga…”
Entrecerró ligeramente los ojos y su expresión se volvió más concentrada.
“Pero los deseos de mi vida pasada pertenecen al pasado. Mis nuevos sueños son mucho mayores, y aún estoy infinitamente lejos de alcanzarlos.”
Una leve sonrisa asomó a sus labios. Al pensar en sus dos objetivos principales, sintió una tranquila tranquilidad.
“Al menos están estrechamente relacionados. De todos modos, para castigar al Dios del Conocimiento y la Locura, tendré que alcanzar la cima del desarrollo mágico.”
Mientras pensaba en ello, sintió de repente una extraña expectación.
“El Imperio del Dragón de Sangre, entonces… Quizás el destino simplemente me está sugiriendo que mis objetivos requieren un escenario más amplio.”
Alzando la mano, Kael permitió que el maná fluyera libremente a través de sus canales, y sobre su palma comenzó a acumularse una energía gris, como una tenue niebla.
Durante un rato, simplemente lo observó.
“¿La cúspide de la magia, eh? Al Ermitaño del Vacío nunca se le permitió alcanzarla… ¿Tendré yo alguna oportunidad?”
La habitación permaneció en silencio. La luz de la luna se extendía por el suelo, Girren roncaba suavemente en la cama contigua y el maná gris se disolvía lentamente en el aire.
Tras unos segundos, Kael bajó lentamente la mano, cerró los ojos y susurró suavemente:
“Ya basta de pensar, Kael. Es hora de dormir. El futuro no se va a ir a ninguna parte…”
Menos de un minuto después, él también comenzó a roncar suavemente.
✦ ✦ ✦
Cuando el sol se elevó sobre el horizonte y los primeros rayos comenzaron a calentar lentamente las calles empedradas de Lasthold, la ciudad cobró vida poco a poco. Uno a uno, los residentes salieron de sus casas, se adentraron en las calles y se dirigieron todos en la misma dirección.
Hoy nadie tenía prisa por ir a trabajar. Los talleres artesanales permanecieron cerrados, los comerciantes no abrieron las persianas de sus tiendas y los puestos callejeros no aparecieron en sus lugares habituales.
Hoy toda la ciudad había venido a despedir a sus hijos.
Los jóvenes más talentosos de Lasthold.
Cerca de la puerta sur, ya se había congregado una multitud enorme. Cientos, si no miles, llenaban la plaza frente a las puertas, a pesar de que los forasteros aún no habían aparecido.
En las primeras filas se encontraban los “elegidos” con sus familias.
Entre ellos estaban Kael y Girren.
Cerca de allí se encontraban Violet y la magistrada Priscilla. Violet era huérfana, así que solo su mentora había venido a despedirla, permaneciendo a su lado y hablándole en voz baja.
Mientras tanto, Kael abrazaba a sus padres, aunque su mirada no dejaba de recorrer la multitud.
En un momento dado, se fijó en Roselle.
Se mantuvo un poco apartada junto a sus padres y hermanas mayores. Para sorpresa de Kael, toda la familia se había reunido a su alrededor, abrazándola y diciéndole algo en voz baja, como si intentaran apoyarla.
Al ver esto, entrecerró ligeramente los ojos, murmurando para sí mismo.
“¿Así que finalmente decidieron mostrar algo de afecto? ¿Y para eso tuvieron que esperar hasta el último momento?”
Pero otra imagen le impactó mucho más.
Entre los elegidos se encontraba Lissandra, la chica a la que su propia familia había considerado inútil y tildado de basura hasta hacía poco.
Ahora todo era diferente.
Sus familiares la rodearon, hablándole con un cariño exagerado, como si de repente se hubiera convertido en un bien preciado de la familia.
Su padre permanecía a su lado, mirando a su hija con una mirada penetrante y evaluadora.
—Servid bien a los representantes del Imperio —dijo en voz baja, pero con dureza—. No os atreváis a deshonrar a la familia.
Lissandra solo asintió en silencio, con la cabeza gacha.
En ese momento, un murmullo creciente se extendió entre la multitud.
“¡Están aquí!”
“¡Han llegado!”
La gente comenzó a hacerse a un lado, formando un amplio paso. Entre la multitud avanzaba un grupo del Imperio del Dragón de Sangre, acompañado por los ancianos de Lasthold.
Al verlos, muchos de los "elegidos" palidecieron. Algunos jamás se habían alejado más de unos pocos miles de pasos de Lasthold en toda su vida, y la idea de que hoy abandonarían no solo la ciudad, sino también las tierras circundantes, les hizo apretar los puños.
Algunos incluso pensaban en huir.
Mira y Kassias estrecharon aún más los abrazos de Kael y Girren, como si intentaran mantenerlos cerca al menos unos instantes más, mientras Kris se aferraba a la manga de su hermano, sin querer soltarlo.
Mientras tanto, los magos del Imperio se acercaron a las puertas y se detuvieron en un pequeño espacio abierto frente a la multitud, que rápidamente se convirtió en una plaza improvisada.
El anciano Cornelio dio unos pasos hacia adelante. Su rostro resplandecía con una sonrisa de satisfacción.
Levantando la mano, habló en voz alta: "Ria Lastholdar, na venira sena ria. Ira venar legath Impera, et lumer grathea Devar Varyn et Seryth siren no varos".
El maestro Duran comenzó a hablar inmediatamente a su lado, traduciendo solemnemente sus palabras, aunque la expresión de su rostro seguía siendo sombría.
«Pueblo de Lasthold. No nos despedimos de vosotros. Pronto llegarán los enviados del Imperio, para que la bendición del Dios de la Sangre y la Guerra descienda sobre vuestra ciudad.»
Cornelius volvió a alzar la mano y pronunció la siguiente frase: “Vaelthar elar ria, vare no sena”.
El maestro Duran dejó escapar un profundo suspiro y luego tradujo secamente: "Elegidos, por favor, den un paso al frente".
En ese instante, un suspiro silencioso recorrió la multitud, como si un solo aliento escapara de cientos de pulmones. Todos sabían que este momento llegaría, pero nadie estaba preparado para él.
Sorprendentemente, varios jóvenes fueron los primeros en dar un paso al frente. Caminaban con seguridad, la espalda recta y la determinación se reflejaba en sus ojos. Sus familias los acompañaban con orgullo, despidiéndolos con miradas altivas.
Otros dudaron.
Abrazaron con fuerza a sus padres, hermanos y hermanas, como si intentaran grabar ese momento en su memoria. Pero incluso ellos, armándose de valor, pronto dieron un paso al frente y los siguieron.
Al observar esto, Kael evaluó rápidamente lo que estaba sucediendo.
“No está mal…”, pensó. “Eligieron tanto a chicos de mi edad como a otros de unos veinte años”.
Con estos pensamientos, se volvió hacia su familia.
“Todo saldrá bien. No se preocupen por nosotros.”
Luego miró a Kris y añadió con más seriedad.
“Sigue entrenando según mi plan. Pero hasta que regrese, oculta tus habilidades. Conténte durante los duelos y no presumas ante nadie de tus logros. ¿De acuerdo?”
Kris asintió, comenzando a llorar de nuevo.
Kael sonrió a Girren, dio un paso al frente y lo abrazó con fuerza. Luego, ambos abrazaron a su familia. El abrazo se prolongó, y ninguno de ellos quería soltarse.
Pero Kassias, armándose de valor, fue el primero en soltar a su hijo. Retrocedió, sujetando con fuerza a su esposa y a su hija, como si las estuviera conteniendo.
—Te quiero —dijo Kael en voz baja—. Todo va a salir bien.
—Gracias por todo —dijo Girren, haciendo una profunda reverencia—. Espero tener la oportunidad de corresponder a su amabilidad.
Mira y Kris asintieron, incapaces de contener las lágrimas.
“Solo regresa sano y salvo. Eso es todo lo que necesitamos”, dijo Mira.
Kael solo asintió brevemente con la cabeza a Violet, luego miró a Girren y los tres avanzaron.
Aún no habían llegado a la mitad del pasillo cuando Kael sintió una mirada sobre él. Alzando la vista, vio a Cornelius mirándolo fijamente y asintiendo levemente con una leve sonrisa.
Kael respondió con una reverencia respetuosa.
Violet se dio cuenta de esto y sonrió con picardía.
“Todavía no estamos en el Imperio, y ya gozas de buena reputación. Parece que tienes talento para hacerte amigo de los ancianos.”
Kael se limitó a sonreír con ironía y respondió: "Yo también soy un hombre viejo de corazón".
Mientras se acercaban al resto de los "elegidos", Kael notó que el Magister Duran los miraba fijamente a él y a Violet.
Por un instante, una tormenta de emociones se reflejó en sus ojos. Había rabia, cansancio y una extraña preocupación, casi paternal. Parecía que quería decir algo, detenerlos, tal vez incluso impedirles que siguieran adelante.
Pero un instante después, todas esas emociones desaparecieron.
El Magister se limitó a asentir lentamente con la cabeza.
El gesto fue breve, pero transmitió claramente lo que no dijo en voz alta: "Buena suerte. Creo en ti".
La despedida podría haberse prolongado durante mucho tiempo, pero bajo las miradas frías y penetrantes de los magos del Imperio, nadie se atrevió a demorarse.
Cuando alrededor de un centenar de jóvenes magos de Lasthold se reunieron en la plaza frente a las puertas, las pesadas puertas de la entrada sur comenzaron a abrirse lentamente. Más allá de ellas se extendía un camino que se prolongaba más allá de la ciudad y aún más allá, hacia montañas distantes.
Los forasteros tomaron la delantera.
Y los “elegidos” los siguieron.
Casi ninguno se atrevió a apartar la mirada de sus seres queridos. Continuaron mirando hacia atrás, agitando las manos, gritando despedidas, intentando memorizar los rostros de quienes permanecían al otro lado de las puertas.
Esto continuó hasta que finalmente se cerraron las pesadas puertas que tenían detrás.
En ese momento, cada uno de ellos sintió una sensación extraña y desconocida.
Habían abandonado su hogar.
Y no se trataba simplemente de un breve período de formación con profesores de una academia. Entendían que no volverían allí en un mes, ni siquiera en un año.
Fue aterrador.
Pero en medio de ese miedo, persistía otra chispa: la curiosidad.
Comenzaban a darse cuenta de que serían los primeros en encontrarse con otros magos. Los que cruzarían las Montañas del Dragón Central. Los que, después de quinientos años, verían otra civilización.

Continúa leyendo
Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 57
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 56
Estás leyendo el capítulo 56 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 30 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.