Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 51 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El aire se rasgaba repetidamente con chasquidos secos, como el chasquido seco de un látigo. El sonido resonaba sordo en los muros de piedra y rebotaba, mezclándose con el crujido de la cuerda tensa y la respiración agitada.
En el centro de la pequeña sala de entrenamiento, cuyo suelo estaba cubierto de resistentes tablones de madera, Kael se movió. Cambiando el peso del talón a la punta del pie y girando el torso en la última fracción de segundo, absorbió los golpes de una pesada esfera de metal que se balanceaba en una gruesa cuerda bajo una viga del techo.
La esfera describió un amplio arco, ganando velocidad, y cada retorno iba acompañado del fuerte silbido del aire al ser cortado. Kael cambió de postura sin pausa, bajando el hombro, moviendo la cadera y absorbiendo el impacto con la palma de la mano; no lo recibió de frente, sino que lo desvió en una tangente, distribuyendo la inercia por todo su cuerpo.
“Una vez más…” pensó mientras el siguiente golpe llegaba con más fuerza que el anterior.
La esfera se precipitó directamente hacia su pecho, la cuerda tensada al máximo, vibrando de tensión. Sin retroceder, Kael alzó la palma de la mano, dejando que el maná fluyera por sus músculos y articulaciones, y en ese mismo instante liberó una breve y concentrada ráfaga.
Un maná gris brotó de su palma con una estocada brusca, impactando contra el metal.
Por un instante, la esfera se congeló a escasos centímetros de su mano. Pero el maná de Kael no se dispersó por la superficie, sino que se hundió más profundamente, filtrándose en el propio metal.
Al percibir la conexión, Kael gritó interiormente: "¡Ahora, Libero!"
En ese preciso instante, la sensación del peso de la esfera cambió. Parecía ahuecarse desde dentro, volviéndose mucho más ligera, como si su densidad se hubiera disipado brevemente.
Sin perder el ritmo cardíaco, Kael dio un paso al frente, girando el torso e impulsando la cadera con fuerza. Su segunda palma se lanzó hacia adelante, acelerando como si también se hubiera liberado de su peso, solo para volverse aplastantemente pesada en el último instante.
En un abrir y cerrar de ojos, Kael alteró el peso de su palma dos veces, calculando cuidadosamente cada cambio para evitar lastimarse.
Un crujido sordo resonó en la habitación, y la enorme esfera salió disparada como si fuera una simple pelota. La cuerda se aflojó, y el metal que momentos antes parecía inamovible se lanzó hacia la pared del fondo.
Kael se tensó al instante, llevando su concentración al límite y, sin pestañear, fijó su mirada en la esfera que se aproximaba, percibiendo no su forma sino el rastro de su propio maná incrustado en el metal.
Dentro de su Núcleo de Maná, algo respondió.
Libero, como si presintiera la intención de su amo, también se tensó, levantando sus diminutas patas y esforzándose con todas sus fuerzas.
“¡Vamos! ¡Cambia el peso!”, gritó Kael interiormente, manteniendo la conexión mientras intentaba alterar su maná dentro de la esfera desde lejos.
Lo sintió dentro del metal: sintió la densidad, el frío y su propia impronta. Esforzando su Núcleo de Maná, intentó una vez más "aumentar" el peso de la esfera, repitiendo la misma técnica que había utilizado en el momento del contacto.
Pero el peso no cambió.
La esfera llegó al final de su arco, tensó la cuerda bruscamente y volvió a balancearse.
Ya a mitad de camino, Kael sintió que la conexión comenzaba a debilitarse. Su maná, incrustado en el metal, se estaba disipando gradualmente.
Kael simplemente se hizo a un lado, dejando pasar la esfera, observándola con calma y viendo cómo se tensaba la cuerda.
“Por ahora, mi maná no se adhiere muy bien…”, murmuró pensativo, y añadió para sí mismo: “También depende de cuánto maná canalice. Con un contacto breve, aumentar o disminuir el peso solo funcionará durante unos diez o veinte segundos. Si inyecto mucho maná, como mucho durará unos minutos…”.
Mientras estos pensamientos le rondaban la cabeza, vio cómo su maná se agotaba casi por completo de la esfera. En ese preciso instante, el metal recuperó repentinamente su pesadez original.
Kael exhaló lentamente, liberando la tensión de sus hombros. Luego, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano, se acercó a la pared y se dejó caer pesadamente sobre una silla de madera. Las tablas crujieron bajo su peso, y sus músculos finalmente se relajaron.
Cogió el frasco que tenía al lado, desenroscó la tapa y dio varios tragos con avidez, sintiendo cómo el agua fresca le bajaba por la garganta y poco a poco aliviaba el ardor en el pecho.
Cerrando los ojos un instante y calmando su respiración, murmuró para sí mismo: «Inútil. El poder de Libero solo funciona dentro de mi cuerpo, o en el momento en que canalizo mi maná hacia otro cuerpo u objeto…»
Repasaba mentalmente cada etapa de la técnica, anotando el instante exacto del contacto, el volumen de maná invertido y la velocidad a la que se evaporaba, como si descompusiera su método en pequeños pasos graduales.
Tras dar otro sorbo y sentir cómo el frescor finalmente calmaba el calor interior, Kael esbozó una leve sonrisa.
“Si pudiera cambiar constantemente el peso no solo dentro de mí, sino también dentro de mi enemigo…” murmuró, imaginando el cuerpo de un enemigo volviéndose repentinamente imposiblemente pesado o, por el contrario, perdiendo todo apoyo bajo sus pies.
La idea era demasiado tentadora.
Pero inmediatamente negó con la cabeza, apartando el comentario, y se contuvo interiormente: "No hay necesidad de ser codicioso, Kael".
Durante el último mes, desde el día en que su familia regresó a Lasthold, Kael apenas había salido de la sala de entrenamiento. Los días se fundían en una monótona cadena de esfuerzo, donde el descanso se reducía a una breve pausa entre sesiones.
Bebía regularmente elixires de maná y, tras sumergirse en la meditación, se adentraba en el Canon del Vacío Primordial, moderando lenta y metódicamente sus canales de maná. Guiando el flujo a través de los nodos necesarios y manteniendo en mente la imagen de un vacío insondable, obligaba al maná a circular uniformemente, sin fluctuaciones, regulando su densidad y moviéndose a través de un patrón interno preciso.
Tras completar otro ciclo, se ponía de pie y continuaba con su práctica, perfeccionando el Camino del Pilar Silencioso. Fluyendo de una postura a otra, combinaba sus movimientos con el poder de su espíritu contraído —Libero—, desplazando el peso de su cuerpo en el momento preciso, aligerando un paso o, por el contrario, añadiendo contundencia a un golpe. Con cada día que pasaba, las transiciones se volvían más fluidas, los impulsos más precisos y la tensión en sus canales más predecible.
Kael fue adquiriendo cada vez más habilidad, aprendiendo a percibir el límite en el que podía infligir el máximo daño sin perjudicarse a sí mismo.
Pero había otro ejercicio al que recurría siempre que tenía un minuto libre; era exactamente el mismo que había practicado hacía apenas unos instantes. Kael se empeñaba en controlar su maná incluso después de haberlo incorporado a un objeto externo.
Experimentó sin cesar, pero la conclusión siguió siendo la misma: el poder de Libero no funcionaba a distancia.
En ese instante, la puerta de la sala de entrenamiento crujió suavemente al abrirse hacia adentro. Kael giró la cabeza y Girren apareció en el umbral, sosteniendo un fardo de tela del que emanaba un aroma sorprendentemente apetitoso.
Kael estaba a punto de decir algo, pero su estómago reaccionó más rápido, gruñendo traicioneramente en el silencio de la habitación.
Girren sonrió, levantando el paquete un poco más.
“Lady Mira preparaba tus pasteles favoritos de carne y champiñones.”
Kael dejó escapar un profundo suspiro y respondió con una sonrisa:
“No tienes que ser tan formal con mi madre. Te pidió que la llamaras tía, al menos.”
Girren sonrió con cierta incomodidad al entrar y cerrar la puerta tras de sí.
“Necesito tiempo para acostumbrarme. Antes no podía hablar con tanta naturalidad con mis mayores.”
El cabello azul de Girren estaba húmedo y recogido en un moño descuidado en la nuca. Al quitarse el manto, se vio su ropa de entrenamiento. Aún se le pegaba a los hombros, delatando que acababa de terminar de entrenar.
Kael negó con la cabeza e hizo un gesto hacia la silla que estaba a su lado.
“Gracias por volver a casa. Comamos y luego podremos seguir entrenando.”
Girren se sentó sin prisa a su lado, bajando con cuidado el paquete hasta sus rodillas. Desató el nudo y desplegó la gruesa tela. Casi de inmediato, aparecieron unas empanadas doradas y perfectamente horneadas, y el aroma se intensificó, llenando la pequeña habitación con la calidez de una cocina casera.
“Todavía está caliente…” murmuró Kael con satisfacción, cogiendo rápidamente uno y agitándolo suavemente entre las palmas de las manos para enfriarlo.
La masa le quemó los dedos, pero eso solo aumentó la expectación.
Girren también tomó uno, sosteniéndolo con un cuidado inesperado, como si ante él no se tratara de un simple dulce, sino de algo más preciado. Por un breve instante, su mirada se detuvo en el pastel, y un pensamiento cruzó involuntariamente por su mente: «Mi vida ha cambiado tanto… y todo gracias a Kael y su familia…»
El aroma cálido, la atmósfera tranquila, la conversación sencilla... todo aquello aún le resultaba extraño.
Pero la animada voz de Kael lo devolvió rápidamente a la realidad:
¿Qué miras? ¡Cómelos mientras estén calientes!
Dicho esto, Kael dio un gran bocado y, sin esperar a terminar de masticar, continuó hablando con la boca llena:
“Por cierto… he notado que tu fuerza por fin está empezando a crecer. Pero tarde o temprano, tendrás que cambiar el espíritu con el que has hecho pacto. El Oso de la Tormenta Violeta no está mal, pero necesitas algo más fuerte.”
Girren rompió la parte superior de su pastel y, soplando sobre el relleno, dijo:
“Está bien. Dijiste que podría contraer tres espíritus a la vez.”
Kael sonrió con sorna, sacudiéndose las migas de los dedos.
“Sí, pero para invocar a un segundo espíritu, necesitas convertirte al menos en un Mago de Jade.”
Girren se quedó paralizado y luego lo miró con incredulidad.
“¿Al menos? ¿Te estás burlando de mí otra vez?”
Kael se giró hacia él, dejó de masticar y, mirándolo fijamente a los ojos, respondió con firmeza: "Hablo completamente en serio".
Girren frunció el ceño, sin palabras al principio, y finalmente soltó, aún sin poder creer lo que había oído: "¿Acaso el rango de Mago de Jade no es la cúspide del cultivo mágico?"
Kael negó con la cabeza, dando otro bocado con calma.
“Es demasiado pronto para que te preocupes por eso.”
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Las cejas de Girren se crisparon y, apretando el pastel con más fuerza de la necesaria, exclamó indignado: «¿Entonces para qué voy a hablar contigo? ¡Siempre eres así! Si empiezas algo, ¡termínalo!».
Kael sonrió con sorna, recostándose en su silla mientras observaba cómo su amigo empezaba a enfurecerse.
“Vale, vale, no llores…”
Girren estaba a punto de replicar bruscamente, pero Kael, al ver que estaba a punto de estallar, continuó con calma: «El llamado Mago de Jade es simplemente un Mago Espiritual. Por encima de eso, hay tres etapas más. Así que aún nos queda un largo camino por recorrer».
Ante esas palabras, Girren se quedó paralizado, olvidándose de masticar. El pastel permaneció pegado a sus labios, y su mirada se perdió en la distancia, como si intentara imaginar esas "tres etapas más" de las que jamás había oído hablar.
Mientras tanto, Kael tomó tranquilamente un sorbo de agua del frasco, permitiendo que la conversación se silenciara por un momento, y añadió para sí mismo:
“Tres etapas más… Tres etapas, si quieres que los dioses no puedan alcanzarte directamente. Después de eso, será más peligroso…”
El pensamiento surgió casi automáticamente, y otro lo siguió.
“Cuanto más fuerte me vuelva, más cuidadoso tendré que ser. En algún momento, necesitaré crear un Amuleto de Velo del Alma para que nadie note que algo anda mal con la mía…”
Fragmentos de textos de la Biblioteca Divina afloraron ante su mente: líneas secas, diagramas, notas al margen. Describían métodos mediante los cuales ciertos magos engañaban las pruebas de Forma de Alma y ocultaban la verdadera fuerza de su esencia. Estos métodos solían ser utilizados por espías o criminales que buscaban evitar ser descubiertos.
“Cuanto más fuerte sea mi maná, más fuerte será mi alma. Y cuanto más fuerte sea el alma, más evidente se vuelve que algo no anda bien. El Amuleto del Velo del Alma podría ayudar a enmascarar esas irregularidades…”
Sacudió ligeramente la cabeza, volviendo a la realidad, y murmuró en voz baja, más para sí mismo que para Girren: «Pero por ahora, al diablo con todo. Y de todas formas no encontraré los materiales necesarios en Lasthold…»
Girren se tragó un trozo de pastel, levantó la vista y preguntó con leve confusión: "¿De qué estás hablando?".
Kael agitó la mano, como si apartara pensamientos pesados, y sonrió con sorna: "Solo estaba soñando en voz alta".
Tras una pausa, apoyando el codo en el brazo de la silla, añadió con más calma:
“Algún día, cuando seamos más fuertes, podremos empezar a explorar nuestro mundo. Creo que hay muchas cosas útiles que encontrar en el continente.”
Girren simplemente se encogió de hombros, sin darle mucha importancia a las palabras de Kael, y dijo:
“Si ese es el caso… espero que me lleves contigo.”
Hacía tiempo que se había acostumbrado a las peculiaridades de Kael, a sus repentinas reflexiones sobre cosas que casi nadie en Lasthold se planteaba.
Kael asintió brevemente, pero su mirada se perdió en la distancia.
“Me pregunto cómo será ahora la Dimensión Humana… Lasthold no puede ser la única ciudad de magos humanos…”
Hizo una leve mueca.
“¡Maldito Dios del Conocimiento y la Locura…!”
Al reflexionar sobre el pasado, Kael comenzó a comprender con mayor claridad que su «Maestro» le había entregado deliberadamente textos únicamente sobre la historia antigua de la Dimensión Humana. Conocía la historia de los Tres Imperios, recordaba detalles de ciertos acontecimientos de miles de años atrás, los nombres de los gobernantes e incluso algunas reformas administrativas. Pero las razones de su declive seguían siendo confusas.
Él conocía la antigua catástrofe que destruyó la civilización de los magos humanos únicamente a través de las leyendas de Lasthold, que a lo largo de quinientos años se habían distorsionado hasta ser irreconocibles.
Kael entrecerró los ojos, mirando hacia la esfera de entrenamiento.
“Los fundadores de Lasthold huyeron a través de las montañas, escapando de monstruos y bestias espirituales. Pero, ¿qué hizo que las bestias espirituales enloquecieran? Después de todo, existen en casi todas las dimensiones mortales…”
Una vez más, Kael no se percató de cómo sus pensamientos lo arrastraban cada vez más, sumergiéndolo en conjeturas, teorías y fragmentos de conocimientos a medio recordar. Una pregunta daba lugar a otra, que a su vez generaba una tercera, y poco a poco el mundo a su alrededor parecía desvanecerse.
Casi había dejado de oír el crujido de la cuerda sobre su cabeza o el crujido del fardo de tela que hacía Girren.
En ese instante, una palma se posó suavemente sobre su hombro.
La calidez de la mano de otra persona y el suave apretón lo sacaron de su trance más rápido que cualquier grito.
—Vamos a entrenar —dijo Girren con calma.
Kael parpadeó, como si regresara de muy lejos, luego asintió brevemente, apartando los pensamientos que lo atormentaban y calmando su respiración.
“Una ronda y damos por terminado el día.”
Girren, levantándose y caminando hacia el centro del salón, murmuró por encima del hombro: "¿Tan pronto? ¿Ha pasado algo?".
Por un instante, un brillo peligroso apareció en los ojos de Kael.
“Todavía no. Pero podría ser.”
Hizo una breve pausa y luego añadió con más calma: "Tengo una reunión importante esta noche".
Girren no insistió ni presionó más. En las últimas semanas, había aprendido que si Kael quería compartir algo, lo diría él mismo. Si no, era mejor simplemente aceptarlo.
Se desplazaron a lados opuestos del salón y adoptaron sus posturas de combate.
Una bruma grisácea comenzó a extenderse alrededor de Kael, deslizándose por el suelo y distorsionando sutilmente el aire cerca de sus pies. En respuesta, un relámpago recorrió el cuerpo de Girren, formando finos arcos que se deslizaron sobre sus hombros y antebrazos antes de concentrarse en sus palmas.
Se dedicaron un breve asentimiento.
En el instante siguiente, ambos se lanzaron hacia adelante—
✦ ✦ ✦
Desde el exterior solo se oían golpes sordos y breves estallidos, cuyos ecos apagados se filtraban por las paredes. Sonidos similares provenían también de otras salas de entrenamiento. Lasthold seguía su ritmo habitual.
No muy lejos, en un pequeño pabellón cubierto, el mago que supervisaba el campo de entrenamiento permanecía sentado con calma, con una esfera de fuego flotando sobre él y calentando suavemente el ambiente. Bostezó perezosamente, observando cómo el sol se hundía lentamente en el horizonte.
Lasthold seguía cubierta de nieve, pero hoy el aire se sentía más suave y el agua había comenzado a gotear de los tejados, anunciando el próximo deshielo.
✦ ✦ ✦
La noche cayó sobre Lasthold rápidamente, como si la ciudad hubiera sido envuelta en un velo oscuro de un solo golpe. El crepúsculo se prolongó brevemente sobre los tejados antes de dar paso al frío cielo estrellado, bajo el cual las linternas y los letreros brillaban con mayor intensidad.
En ese tiempo, Kael había terminado su entrenamiento, se había secado el sudor, se había cambiado de ropa y había ordenado sus pensamientos. Ahora se encontraba en la bulliciosa plaza, no muy lejos de la taberna central, donde la vida apenas comenzaba a despertar.
Los habitantes del pueblo caminaban por las calles empedradas: algunos reían mientras comentaban sus estudios o trabajo, otros regateaban apresuradamente por los productos de la tarde, otros paseaban lentamente de la mano frente a las tiendas, en un momento de tranquilo romanticismo. El aire estaba impregnado del murmullo de las voces, el tintineo de los platos y el aroma a carne asada que emanaba de las puertas abiertas de la taberna.
Apoyado contra el frío muro de piedra, Kael rozó distraídamente con el pulgar el anillo espacial que llevaba en el dedo y echó la cabeza hacia atrás para contemplar las estrellas. La nieve aún formaba densos montones a lo largo de los bordes de la plaza, pero bajo sus pies ya se veían los oscuros y húmedos adoquines.
En ese instante, una figura alta con una capa negra se apoyó silenciosamente contra la pared junto a él. La capucha forrada de piel ocultaba su rostro, dejando visible solo la parte inferior de su barbilla entre las sombras.
Kael simplemente giró ligeramente la cabeza, y las comisuras de sus labios se crisparon levemente.
“Ha pasado mucho tiempo.”
Su mirada recorrió su figura, evaluando la postura, la respiración y las fluctuaciones apenas perceptibles del maná, tras lo cual añadió con leve sorpresa:
“Impresionante… Lograste el avance con muchísima rapidez. Incluso más rápido que el Magister Duran.”
En su interior, añadió: «Puede que no sea una genio, pero dentro de las Dimensiones Mortales, su ritmo de crecimiento supera con creces el del mago promedio».
La figura encapuchada levantó ligeramente la barbilla, y bajo la capucha emergió el rostro familiar de la Rata Negra. La satisfacción brillaba en sus ojos, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
—Duran no disponía de un suministro ilimitado de tus elixires de maná mejorados —respondió ella con calma—. Combinados con el Canon de Magia que me proporcionaste, el estancamiento que había padecido durante tanto tiempo simplemente desapareció.
Kael asintió levemente, mientras seguía estudiando su rostro y el estado general de su maná.
“¿Cómo te sientes?”
La Rata Negra no recurrió a la bravuconería y respondió con sinceridad:
“Me siento excelente. Pero aún me queda mucho entrenamiento por delante. Aunque he logrado un gran avance, todavía soy notablemente más débil que Durán.”
Kael sonrió y respondió sin sorpresa:
“No es sorprendente. El magistrado Duran pasó varias décadas al borde de un gran avance. Estaba a un solo paso de lograrlo. Su caso es diferente.”
Se apartó ligeramente de la pared, cruzando los brazos sobre el pecho.
“Tienes un largo camino por delante para consolidar los cimientos de tu poder. Un avance es solo el comienzo. Lo ideal sería que dejaras de usar elixires de maná por un tiempo.”
La Rata Negra asintió y dijo: «Ya lo hice. Tal como dijiste, mi tolerancia al elixir ha aumentado enormemente. Después del avance, apenas me afecta».
Kael respondió con calma:
“Eso es lo mejor. Si quieres seguir creciendo como mago, te conviene reforzar tus bases durante los próximos cinco años.”
Habló sin presión, como si afirmara una verdad evidente. La Rata Negra simplemente asintió, aceptando sus palabras sin discutir, y entonces un brillo más depredador apareció en sus ojos.
“Lo principal es que mis fuerzas serán suficientes para que podamos visitar a nuestro amigo.”
Kael asintió brevemente y, apoyándose en la pared, comenzó a caminar sin prisa por la plaza, integrándose en el flujo de la gente.
“Todo está saliendo según lo previsto”, dijo, mirando al frente. “Lograste abrirte paso justo cuando los Ancianos finalmente retiraban a los guardias”.
Él sonrió levemente.
“Ahora solo magos de la Hermandad siguen a mi familia.”
La rata negra, que caminaba detrás de él, se acercó y le dio una palmada suave en la espalda.
“Nos hemos topado con otro momento afortunado. Mi gente sigue diciendo que la Familia Trueno Vengativo está buscando la manera de liberar a Zeiran de la prisión. Así que sería más prudente resolver esto rápidamente.”
Kael dejó escapar una risita discreta, y ni rastro de su anterior dulzura quedaba en su mirada.
Con una mirada fría en los ojos, murmuró: «Estoy de acuerdo. No tienen por qué soñar con milagros…»
✦ ✦ ✦
En ese preciso instante, mientras la Rata Negra y Kael se dirigían hacia las celdas de alta seguridad, Lasthold continuaba con su ritmo habitual. Mucho más allá de la ciudad, un grupo de dos docenas de magos ataviados con túnicas y armaduras rojas descendía lentamente por un estrecho paso de montaña.
Sus mantos ondeaban al viento frío, y sus armaduras brillaban a la luz de la luna, reflejándose en las laderas nevadas.
Un hombre calvo con la boca de una serpiente tatuada en la cara sonrió ampliamente, sin intentar disimular su satisfacción. El desfiladero que se abría ante ellos se ensanchaba gradualmente, y más adelante ya se divisaba una oscura franja de llanura.
—Lo logramos, anciano Cornelius —dijo con evidente triunfo—. De verdad que hemos cruzado las Montañas del Dragón Central.
El anciano que estaba un poco detrás de él irradiaba igual de emoción. Sostenía un mapa desplegado en sus manos, cuyos bordes azotaban el viento, y con una mano añadió rápidamente la última marca, completando así la ruta que habían seguido.
Cuando terminó, hizo una pausa por un instante como si comprobara la exactitud de las líneas, y luego esbozó una amplia sonrisa.
“Ahora que no tendremos que probar diferentes rutas…”, dijo, enrollando cuidadosamente el mapa. “¡Podremos cruzar las Montañas del Dragón Central en aproximadamente un mes! ¡Esto es un logro extraordinario!”
Detrás de ellos se encontraban el resto de los magos e investigadores, cansados pero inspirados. Algunos se ajustaban las correas, mientras que otros contemplaban la llanura con evidente expectación.
Todos anhelaban pisar por fin terreno llano y ver algo distinto a las interminables rocas, acantilados y pasos nevados que los habían rodeado durante semanas.
Con cada paso, se acercaban más a la salida del desfiladero. Las piedras bajo sus botas dieron paso gradualmente a un terreno más llano, y el frío viento de la montaña ya no les azotaba la cara con tanta fuerza como antes.
Finalmente, tras rodear la última roca del estrecho paso, el anciano Cornelius pisó terreno abierto más allá de las rocas.
Se detuvo.
Ante ellos se extendía un amplio valle que se perdía en la distancia con suaves ondulaciones. Un denso bosque se oscurecía no muy lejos, con sus copas centelleando a la luz de la luna. A la derecha se extendían marismas, irregulares y húmedas, que brillaban en algunos puntos como espejos rotos. Todo estaba bañado por el frío resplandor de la luna y las estrellas dispersas, confiriendo al paisaje un aire de serena misterio.
Incluso con esa luz tenue, estaba claro: vastas extensiones de tierra se extendían ante ellos.
El anciano Cornelio respiró hondo, como si intentara memorizar el aroma del aire de este lado de las montañas, y miró hacia el sur con expectación, hacia los pantanos. Luego, su mirada se desvió lentamente hacia la izquierda, hacia el bosque, y más allá, hacia el norte.
«Hace quinientos setenta años, millones de refugiados intentaron cruzar estas montañas a pie…», murmuró para sí mismo, sintiendo que algo se abría paso en su pecho más allá del simple orgullo por la expedición. «Hacia las ciudades que perdimos cuando los hombres bestia invadieron…»
Entrecerró los ojos, escudriñando la oscuridad de la llanura como si esperara vislumbrar rastros del pasado.
¿Existe alguna esperanza de que al menos algunos de ellos hayan sobrevivido y se hayan establecido aquí?
Pero antes de que pudiera terminar la frase, mientras su mirada se dirigía más al norte, todo el cuerpo del anciano se estremeció repentinamente, como si le hubiera caído un rayo.
La mandíbula de Cornelius cayó lentamente y sus ojos se abrieron de par en par, perdiendo su compostura habitual.
El hombre calvo con el tatuaje de la serpiente notó inmediatamente el cambio y, acercándose, preguntó con ansiedad: "¿Sucede algo, anciano?".
Pero no hubo respuesta.
El anciano simplemente levantó la mano lentamente, señalando hacia algún lugar lejano, más allá del límite del bosque.
Todo el grupo, siguiendo la dirección que indicaba su dedo, dirigió su mirada hacia el norte.
Al instante siguiente, la misma conmoción los invadió.
—Eso no puede ser… —murmuró uno de los magos, sacudiendo la cabeza como si se negara a creer lo que veían sus propios ojos.
Mucho más allá del denso bosque, al pie de las montañas, parpadeaba una luz tenue pero nítida. Era débil, casi imperceptible en la distancia. Sin embargo, era demasiado nítida como para confundirla con luz natural.
Desde aquí era imposible distinguir detalles, pero la naturaleza del resplandor hablaba por sí sola.
—Tan luz… —susurró el anciano Cornelio, sintiendo que se le aceleraba el pulso—. Solo puede ser la luz de una ciudad por la noche.
Apretó con más fuerza el borde del mapa, con el asombro reflejado en su rostro.
“El Dios de la Sangre y la Guerra nos ha bendecido… Verdaderamente…”
Y luego añadió para sí mismo: “Apenas hemos cruzado las montañas, y ya hemos encontrado un nuevo rebaño para Él”.

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Engañé a un Dios (Novela)
Capítulo 52
Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 51
Estás leyendo el capítulo 51 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 30 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.