Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
Ya llegando a la zona fronteriza, se veía una llanura sin fin. Campos de cosechas. Personas con la vibra de que se ganan la vida con miedo a ser invadidos.
En el carruaje, todos los miraban sorprendidos. Sabían que el tercer príncipe fue enviado por la guerra que se aproxima contra el reino Gan. ¿Pero por qué tan pocos soldados? Solo cuatro y se ve el estandarte del tercer príncipe.
Dentro del carruaje, Shen Yi ganó por completo a Long Yin. Para él, después de estos últimos días, supo que su sobrino estaba ahí. Esto lo llenó de felicidad. Sabe lo mucho que ha sufrido su sobrino, que ahora tiene una oportunidad de levantarse a los cielos. Es una gran revelación para él.
Long Yin estaba sentado. Mantenía la compostura con Zilong. Pues no hay confianza. De hecho, estos últimos días, se veía que Zilong estaba más interesado por este nuevo mundo que por él. Pero no se ofendió. Sabe que para ganarse a estos generales que han vivido en entornos de guerras, señores de la guerra, debe haber un respeto.
Lo que le sorprendió de sus últimas conversaciones con Zilong, fue que su arte marcial fue aprendido por él mismo cuando asimiló su cultivo. Esto demostró su talento para el cultivo. Y siendo solo etapa de alma: Inferior. ¿Cómo serán los de etapa media, avanzada...?
De solo pensarlo, se emocionó. Eso era lo que lo mantenía con energía, porque también recibió una mala noticia de Taichu. El veneno está acabando con sus raíces espirituales. Si esto sigue así, muy bien podría quedar inválido para el cultivo o morir. Debe pensar qué va a hacer.
En su conciencia le habló a Taichu, mientras el viejo monstruo se divertía con pergaminos. Sí, eran artes marciales originadas del mundo primordial. Pero no se las quiso ceder a Long Yin.
—Taichu, ¿cómo puedo curarme? No puedo seguir así...
Taichu, viendo esto, sabe que ahora el chico va a experimentar la guerra, no puede presentarse así. Se divirtió un poco. Pues Long Yin nunca le ha pedido ayuda. Mantiene cierta distancia con él, y dijo:
—Cuando alcances el Refinamiento de Qi, podrás refinar Qi en tu constitución. Siendo la mejor constitución nacida de los universos, un simple veneno no es nada, chico. —Y se rió con sarcasmo.
Long Yin se sintió incómodo. ¿Con todo lo que ha sufrido, y así de simple? ¿Por qué no lo dijo antes? Además, ¿cómo va a cultivar si no tiene un sutra de cultivo?
—Sabes que no sé cultivar... Además, no me has entregado ningún sutra... —se irritó al decir esto.
Taichu se divirtió más. Pues es verdad. Pero cómo iba a estar detrás de él. Y se reía:
—Jajaja... Ya, está bien. Toma.
Le lanzó una corriente de Qi Espiritual que impregnó toda la conciencia. Era un sutra que no podía ser descrito con pocas palabras.
El sutra lo llevó a un lugar oscuro, similar a donde encontró a Taichu. Vio a un gran anciano con barba blanca larga. El anciano meditaba profundamente.
—Hmmmm. Jovencito... Taichu por fin ha elegido un alma gentil —lo miraba como un viejo mirando a su nieto, con un gran cariño—. Este es el Sutra de la Gran Creación. Tiene los secretos del Yin y Yang.
Long Yin no replicó. Sabía que la gentileza de la que hablaba este ancestro no era la compasión de los débiles, sino la frialdad del orden absoluto: pagar con creces a quien te extiende la mano y destruir sin piedad a quien te traiciona.
—Observa.
El vacío se rasgó.
—Antes del Uno, no había nada. Solo el Caos. El Hundun. Todo y nada mezclados sin forma. Pero el Caos bullía de poder. Y en su corazón dormía Pangu.
Long Yin se acercó mentalmente. La visión de Pangu seguía grabada en su alma.
—Pangu despertó y, con sus propias manos, separó el Cielo y la Tierra. Dieciocho mil años sostuvo la creación: una mano contra el cielo, otra contra la tierra. Y cuando su cuerpo cayó, todo lo que existe nació de él: el sol y la luna de sus ojos, los ríos de su sangre, las montañas de sus huesos. El Uno había creado el mundo. Pero el mundo no tenía orden.
La escena cambió. El cuerpo de Pangu yacía inerte, convertido en la geografía del universo. De su cadáver se levantó una luz blanca, pura, sin forma.
—De la voluntad pura de Pangu, de su último pensamiento antes de morir, nació el Dos.
La luz blanca se dividió en dos principios. Uno brillaba con el fuego de la creación continua, la chispa que hace nacer. El otro irradiaba la quietud de lo que permanece, la ley que sostiene lo creado. Eran el aliento de Pangu, escindido en dos. El cambio y la permanencia. La energía de moldear y la sabiduría de conservar.
—Del Dos nació el Tres.
Los dos principios danzaron entrelazados. De su unión surgió una tríada de luces. Tres figuras ancianas, de barbas blancas y túnicas inmaculadas. Sus rostros eran serenos, sus ojos contenían la profundidad del Dao recién nacido.
—Los Tres Puros —murmuró Long Yin.
—Ellos fueron los primeros seres conscientes nacidos de Pangu. La materialización suprema del orden, la energía y la ley. Uno trajo la creación. Otro, la preservación. El tercero, la transformación. Del Tres nacieron todas las cosas.
La visión se expandió. De los Tres Puros emanaron ríos de Qi Espiritual que llenaron el Mundo Primordial. Surgieron las bestias divinas, los fénix, los dragones. El Emperador de Jade subió a su trono. Los primeros cultivadores respiraron el aliento de Pangu y comenzaron a escalar hacia el Gran Dao.
Cuando el anciano nombró el Gran Dao, se sintieron las rimas. Las Leyes, los Daos, todo conviviendo hacia un solo objetivo: el Gran Dao.
El anciano, sabiendo que había terminado de explicar el Sutra de la Gran Creación, le sonrió mientras desaparecía, como un papel quemándose de a poco.
—Jovencito, este Ancestro espera el momento de descender en ese gran universo. Jeje. No nos dejes mal.
Long Yin sintió un respeto nato hacia ese anciano. Como si fuera el mismísimo ancestro de la humanidad.
Así volvió a la realidad. Seguía en el carruaje. Mientras asimilaba el conocimiento del Sutra, algo ocurrió en su cuerpo.
Se desmayó.
Su tío, asustado, pensó que había muerto por el veneno. Pero Zilong le dijo que estaba en trance. Así que no lo interrumpieron. Aun así, Shen Yi no se apartó de su lado.
Cuando lo vio abrir los ojos, retrocedió un paso. Luego le habló con un tono entrecortado, ansioso:
—Sobrino, ya llegamos. El General que se encarga de proteger la frontera Sur es el General Meng Shan. No se mezcla con la política, así que dudo que te dé mala vida. Pero igual no puedes confiarte.
Long Yin asintió. Se incorporó lentamente.
—Es nuestro momento de crecer. Hay que aprovechar esta guerra. Pero tengo la sensación de que las cosas no serán tan simples. Debemos estar preparados.
Mientras lo decía, algo había cambiado en él.
Zilong y Shen Yi lo miraban con un respeto renovado. Long Yin irradiaba un aura distinta. No era poder puro, sino algo más sutil: el Qi espiritual a su alrededor fluía como si lo reconociera, como si le rindiera pleitesía.
Era la respuesta del Sutra de la Gran Creación. Su cuerpo ahora era un microcosmos, y las leyes que rigen el universo convivían con él. El Qi espiritual lo absorbía mucho más rápido que un cultivador común. Y su comprensión marcial se había disparado.
"Con solo ver un arte marcial, puedo entenderlo."
Ahora sí se sentía como un verdadero protagonista de un mundo de cultivo.
Llegaron a la gran muralla de la Ciudad de la Puerta de Hierro. Siendo una ciudad fronteriza, sus murallas eran imponentes. Altas, de piedra oscura, con torres de vigilancia cada cien metros. Se notaba que habían sido reforzadas durante generaciones.
Cuando el carruaje se detuvo frente a la gran puerta, se veía un flujo constante de personas. Unas entraban con carros cargados de pertenencias, huyendo de aldeas cercanas. Otras simplemente seguían con sus vidas, acostumbradas a la amenaza.
Al ver el carruaje real, abrieron paso de inmediato. Lo sabían muy bien: ese carruaje era de la familia real. Había llegado el príncipe. Todos mantenían respeto y una fe profunda en la familia Long. Un reino que llevaba quinientos años en pie no había defraudado a su gente. Y ellos, los mortales, las personas comunes, eran el destino de la nación. Cuidarlos era el deber del reino. Por eso, cuando las invasiones eran totales, las ciudades ardían en vidas. Cuando no, solo eran escaramuzas para pedir condiciones.
Pero ahora los rumores eran distintos. Se decía que el Reino Gan quería invadir por completo. Una guerra total. Eso atemorizaba a la gente. Aun así, ver llegar al príncipe les devolvía algo de esperanza.
Mientras todos observaban, un general con casco y armadura pesada avanzó hacia el carruaje. Su rostro estaba marcado por cicatrices de guerra, pero su cultivo era impresionante: Núcleo Dorado Avanzado. Lo seguían cien soldados en formación.
Era el General Meng Shan. Un hombre forjado en el campo de batalla. Para él, la política era inútil. Solo contaban la estrategia, la tierra y la sangre.
Había oído que el enviado era el tercer príncipe. No tenía esperanzas. Pero como súbdito leal, le rendiría el honor debido. Se bajó del caballo y gritó con voz marcial:
—¡Bienvenido, tercer príncipe! Este general lo escoltará a la fortaleza de la guarnición.

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 23 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.