Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
En la habitación del tercer príncipe, en esa cama desordenada, de sábanas con un olor a veneno, estaba acostado Long Yin.
Tenía toda la túnica llena de sangre. Su brazo, con las venas negras, mostraba cómo el veneno se había mezclado con su sangre. Con solo estar vivo, ya era un milagro.
Su tío materno, ahora un Núcleo Dorado, lo observaba. Veía cómo su sobrino pendía de un hilo. Estaba más muerto que vivo. Su odio hacia el Rey era profundo. Se juró a sí mismo que seguiría cultivando. Cuando alcanzara el Alma Naciente, lo primero que haría sería matar a ese Rey. Teniendo un talento decente para el cultivo, pensar así no era del todo erróneo. Mientras no buscara problemas, podría alcanzar ese reino anhelado.
Long Yin, viendo a su tío pensativo, supo el porqué. Pero no lo dejó seguir en sus pensamientos.
—Tío, prepara un carruaje. Vámonos a la frontera. Si nos quedamos aquí, moriremos. Él no perderá esta oportunidad de acabar con nosotros.
Shen Yi, escuchando a su sobrino, sabía que era la decisión más lógica. Pero él estaba muy herido y envenenado. Simplemente no iba a aguantar tal viaje. Iba a negarse. Pero Long Yin insistió.
—Tío, no te preocupes. No moriré. Sácame de aquí. Tengo planes de futuro.
Lo dijo con determinación, como alguien que ya tiene una estratagema trazada.
Shen Yi vio que su sobrino, últimamente, había cambiado. Sabía que en ciertas formas era determinante, pero muy complaciente. Ahora mostraba una determinación distinta. Así que ayudó.
Mandó a las sirvientas a preparar un carruaje grande, con espacio para una cama, inciensos y un médico profesional. Todo para que su sobrino pudiera aguantar el viaje.
En el palacio del Rey, exactamente en el palacio del harén, el Rey estaba en el primer pabellón: la habitación de la Reina.
Long Tian, recostado, comía frutas que la Reina le daba. Parecía complacido, pero a la vez enojado.
—Ese hijo rebelde se atrevió a retarme. Además, ese veneno que buscaste no sirvió de nada.
La Reina se sorprendió. Ella pensó que el tercer príncipe no había tomado el veneno. Lógicamente, debería haber muerto por los azotes, con la debilidad del tóxico.
—Mi Rey, es absurdo. Ese veneno es el Veneno del Sauce Llorón, del Reino Gan. Es sumamente tóxico.
El Rey, que creía mucho en su Reina, empezó a tener curiosidad. ¿Cómo ese mocoso aguantó tanto? Fue astuto y mandó a llamar a su protector, el que lo cuidaba a todas horas.
—Convoca a las Sombras de la Corte. Tráiganme la cabeza de mi tercer hijo. No puede llegar vivo a la frontera. No acepto errores, ¿entiendes?
El hombre que apareció de la nada avanzó.
—Así será, mi señor.
Media hora después, el sol ya se ocultaba. El anochecer se sintió tenso.
En la mansión del Primer Ministro, un hombre de mediana edad suspiraba en su silla. Repasaba todo lo ocurrido, pero algo le rondaba la mente: esa mirada del tercer príncipe. Ninguna era normal. Él, que llevaba toda la vida en las aguas turbias de la Corte, sabía que venían tiempos difíciles para el Reino Yan.
En la mansión del tercer príncipe, un carruaje de lujo, digno de un príncipe, esperaba en la entrada. Un hombre de compostura robusta cargaba a un joven de túnica negra, demacrado, pálido. Cualquiera que lo viera pensaría que ya estaba muerto.
Shen Yi lo acostó en la cama dentro del carruaje, bien preparada, con hierbas e incienso para amortiguar el veneno. El vehículo arrancó con cuatro guardias entrenados por él mismo. Shen Yi iba en la parte delantera, sentado, enfocado en cualquier señal de peligro. Conociendo los métodos de ese cobarde, sabía que este viaje no iba a ser fácil.
Dentro del carruaje, Long Yin cerró los ojos.
En su mar de conciencia, Taichu ya no estaba sentado con su té. Estaba de pie, como si hubiera estado esperando.
—Mocoso —dijo, y su voz sonó distinta, más formal—. Ya te has adaptado a este universo. Es hora de que sepas algo importante.
Long Yin alzó la cabeza débilmente.
—Habla.
—El Sello de Taichu no solo contiene a los ancestros sellados. También puede invocar almas de la Vía Láctea. Las almas de los grandes héroes Huaxia. Aquellos que en sus vidas entraron al Dao. Yo las refiné durante eones. Están listas para renacer, pero necesitan algo: Qi de Suerte. El poder que nace del destino, de la conquista, de la lealtad de tus súbditos.
Long Yin escuchaba en silencio. Su mente, aunque debilitada, procesaba cada palabra.
—Tú, como príncipe, ya posees una pequeña cantidad de Qi de Suerte. El destino te ha puesto aquí, y esos cien latigazos, aunque no lo creas, han sembrado algo en este reino. Hay quienes te respetan ahora. Eso es poder.
Taichu alzó la mano. Cinco sellos brillaron en el aire de su conciencia.
—Dividió las almas en cinco categorías: Inferior, Media, Superior, Excepcional... y Rompe Ciclo. Todas alcanzaron una gran comprensión del Dao. Pueden revivir, sí. Pero todo depende del Qi de Suerte que poseas. Ahora mismo, tu destino es pequeño. Solo puedes permitirte un alma inferior.
Long Yin sintió una punzada en el pecho que no era del veneno. Era emoción. Contenida, pero emoción al fin.
—¿Un alma inferior? —preguntó, y su voz no sonó decepcionada, solo curiosa.
—No subestimes un alma Huaxia —dijo Taichu, y por primera vez sonriendo con orgullo—. Incluso la más baja tiene una comprensión del Dao que haría temblar a este reino. Adaptada a este universo, su poder estaría por debajo de Alma Naciente. Quizás, con suficiente suerte, alcanzaría justo ese nivel. Depende de ti.
Taichu guardó silencio. Sus ojos de negrura infinita se clavaron en Long Yin.
—¿Podemos invocarlo ahora? Cuéntame más. ¿Serán leales a mí? —preguntó Long Yin con ansiedad. Detrás de esa emoción se ocultaba un Qi de muerte, pero supo disimularlo.
Nada de esto se escapó a Taichu. Pero no dijo nada al respecto. Volvió al tema:
—Pueden materializarse con tu Qi de Suerte in esta vida. Pero mantendrán sus recuerdos, sus personalidades. Que te ganes su lealtad depende de ti, chico.
Long Yin se quedó pensativo. Si era así, ¿cómo podría conquistar a un héroe que tanto admiraba? Además, entre ellos había guerreros formidables, pero también hombres de lealtades... complicadas.
Taichu entendió su duda. El corazón humano no se podía controlar. Aquello era una prueba sutil para Long Yin: ¿cómo dominaría a esos rebeldes por naturaleza? Se rió para sí mismo. El humano vivía en constante aprendizaje, y este no era una excepción.
Lo que Taichu no sabía era que Long Yin ya tenía algo pensado.
Controlarlos a través del miedo. Lo insondable. Lo que no se entiende, genera miedo.
—Antes de traerlos directamente aquí, quiero que me hagas un favor, pequeño ancestro —dijo Long Yin—. Pásalos por tu mundo propio. Que vean mi grandeza. Si se atreven a traicionarnos, yo mismo los destruiré.
Lo dijo con firmeza. Como un soberano que veía a esos héroes como herramientas que podían ser eliminadas por su mera voluntad.
Taichu se sorprendió. Sintió que no había tomado una mala decisión.
—Así es. Para ellos, tú serás una entidad superior que los trajo de vuelta a la vida. Mantén ese respeto. Quizás no te traicionen.
Luego comenzó a preparar los mudras. Sobre él se visualizó el Yang; Debajo, el Yin. Ambos se complementaron como una rueda de la vida. El Ciclo de la Reencarnación se manifestó.
Un portal se abrió. Dentro de él, miles de estrellas brillaban. Un río eterno fluía entre planetas. Miles de almas, miles de seres que habían evolucionado más allá del Ciclo, se agitaban.
¿Quién no quiere volver a vivir?
Todas querrían atravesar el portal. Pero una corriente de Qi Espiritual no buscaba un todo, sino un alma específica, impuesta por el destino. Una mano hecha de Qi Espiritual se extendió y atrapó una estrella. Esa alma no resistió. Era el destino mismo.
Esa alma fue jalada al mundo propio de Taichu. Un lugar lleno de pabellones de estructura antigua. El Gran Dao estaba impregnado en cada piedra, en cada viga, como si aquel sitio fuera sagrado, intocable. Como si los grandes sabios hubieran profetizado sus rimas del Dao en ese mismo lugar.
Al fondo, sobre una tarima de estrellas, se alzaba el trono. Y en él, un joven de túnica imperial negra con rayas doradas de dragones. Su rostro era el de Long Yin, pero su presencia era la de un Emperador del Caos. Miraba hacia abajo, hacia sus súbditos, con la autoridad de quien ha vencido al destino.
En lo más bajo del salón, un cuerpo empezó a materializarse.
Primero la armadura, dorada como el sol sobre un campo de batalla. Luego la lanza, larga y plateada, con un mango de dragón tallado que había empuñado mil combates sin jamás quebrarse. Después el hombre: un joven de rostro firme y mirada serena, con el cabello negro cayendo ordenado bajo un casco de general. Sus ojos, profundos y tranquilos, se alzaron hacia el trono.
Era Zhao Yun. El General de la Lanza Victoriosa. El que nunca fue herido.
Su cuerpo físico era similar al de su vida pasada, pero joven. Un aura de guerrero curtido en miles de batallas emanaba de él. Él mismo lo había querido así. Para él, este nuevo mundo no era una segunda oportunidad para más de lo mismo. Era un inicio para algo más grande.
En su muerte, en su paso por el Ciclo de la Reencarnación, había comprendido algo que se le escapó en vida. El Tao del que hablaban los viejos sabios era real.
Y mientras más lo asimilaba, más poder fluía a través de su cuerpo renacido.
Sus chakras se abrieron. Las Puertas Ocultas cedieron. El Qi espiritual comenzó a refinar su cuerpo, pasando de la refinación de Qi a un Establecimiento de Fundación sólida como una fortaleza. Una fundación digna de un general que se adentra en el mundo del cultivo. Y entonces, en su interior, un núcleo empezó a formarse. Un Núcleo Dorado. Etapa temprana.
Zhao Yun respiró por primera vez en siglos. El aire del mundo propio de Taichu le llenó los pulmones. Y supo que ya no era solo un guerrero. Era un cultivador.
Entonces alzó la vista hacia el trono.
Llevó el puño al pecho y se arrodilló. No por obligación, sino por respeto a aquel lugar y a la figura que lo ocupaba.
—Este Zhao Yun saluda al Soberano que me ha dado una nueva vida.
Su voz resonó con la claridad de un guerrero curtido.

Continúa leyendo
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela)
Capítulo 7
Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 6
Estás leyendo el capítulo 6 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 22 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.