Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
Se escucharon los latigazos. No eran latigazos comunes. Cuando tocaban la piel de Long Yin, no solo golpeaban la carne; impactaban directamente contra su Qi espiritual. Eran golpes devastadores.
Para el quinto latigazo, Long Yin seguía sin gritar. Aguantaba. A pesar de que su constitución era el Cuerpo del Caos, ahora mismo no tenía diferencia con un mortal. Solo podía confiar en sí mismo.
Así llegaron a veinte. Los ministros estaban sorprendidos. El tercer príncipe siempre había sido callado. De hecho, cobarde. Pero ahora, ¿qué vieron? Un príncipe que aguantaba los latigazos sin un grito. Sin mostrar dolor. Una nobleza digna de la familia real.
El Rey, viendo esto, se indignó. No quería que este engendro destacara. Lo había hecho para eliminarlo, no para darle fama.
—¡Dale en un solo sitio! ¿Crees que no me doy cuenta?
Todos lo escucharon. Incluso los ministros más viejos bajaron la mirada. Aquello ya era otro nivel de crueldad.
Shen Yi, desde su sitio, sintió cada latigazo como si fuera contra él. Sus venas se amontonaban en sus manos cerradas. Si mi sobrino no aguanta, lo sacaré de aquí. Aunque me cueste la vida.
Pero para su sorpresa, un protector de Núcleo Dorado ya estaba frente a él. El cultivador Zhou Ping, uno de los guardianes silenciosos del salón.
—Ni lo intentes —dijo en voz baja—. Sabes que no acabará bien. No quiero matarte. Ni al tercer príncipe.
Era un cultivador, no un ministro. No entendía cómo un Rey podía llegar a tanto. Pero sabía que había cosas peores en estos reinos.
Mientras todos miraban la agonía del tercer príncipe, dentro de su conciencia Taichu observaba. Su mirada era sombría. No podía hacer nada. Si intercedía con el poco Qi de Caos que le quedaba, podía hacer temblar el continente entero. Pero eso atraería las miradas de esos monstruos escondidos. Él, siendo un artefacto del Caos, conocía bien ese riesgo.
Pero no estaba tranquilo. Sus pequeñas manos apretaban la taza de té.
Long Yin lo vio. Todo lo que ocurría en su conciencia, podía verlo. Vio a Taichu enojado. Nunca lo había visto así. Una emoción cálida le recorrió el pecho.
Llegaron a cuarenta latigazos. La espalda de Long Yin era un mapa de sangre y piel levantada. Admitía que dolía. Pero ya había experimentado muchos dolores, por esto no iba a morir.
El Rey, desde el balcón, estaba lívido. No esperaba esto de su hijo cobarde. Pero justo cuando iba a gritar otra orden, un mensajero espiritual llegó a su mente. La voz de uno de los ancestros de la familia Long retumbó en su conciencia:
"Si sigues con este alboroto, atente a las consecuencias."
El Rey apretó los dientes. Esos viejos no movían un dedo por el muchacho, pero tampoco lo dejaban actuar a él.
Long Yin también lo notó. Vio cómo el Rey se contenía, imaginó que era por esos viejos escondidos. El mundo del cultivo era cruel. Pero él no aceptó esto con resignación. Lo aceptaba como quien ya había calculado su venganza. Como un dragon que, desde lo más bajo, ya ha puesto la mirada en lo más alto del cielo.
Así pasó media hora. Ya iba por el octogésimo latigazo. Long Yin estaba prácticamente desmayado. Había subestimado el dolor. Pensó que era "aguantar" y ya. Pero no. Los latigazos caían en el mismo sitio. Le estaban destruyendo la espalda. Si no fuera porque estaba en el primer reino de cultivo, ya hubiera colapsado. Pero no había diferencia. Podía soportarlo por su perseverancia y su constitución. Aún así, todo tenía un límite.
La sangre le recorría la espalda y caía al suelo como gotas de lluvia. Los ministros estaban entumecidos. Aquello era una locura. Más allá de todo, él era un príncipe. Ser tratado así... Todos miraban al abuelo de Long Yin, pidiéndole en silencio que interviniera. Si esto se filtra entre los civiles o los otros reinos, ¿no será una vergüenza para el Reino Yan?
Para su sorpresa, el viejo siguió mirando, no le importó esta súplica de los ministros para su nieto.
En lo profundo del palacio real, tres ancianos de rostros arrugados y barbas blancas observaban la escena a través de una perla espiritual.
—Hermano mayor, ese chico va a morir —dijo el más joven—. A pesar de todo, es nuestro descendiente.
—Si su propio padre lo trata así, ¿qué podemos esperar de nosotros? —respondió el segundo, encogiéndose de hombros.
El mayor, de ojos cerrados y voz grave, sentenció:
—Las reglas son las reglas. No podemos intervenir. Estamos aquí para proteger el Reino Yan, no para estos juegos.
Nadie sabía que, en un pabellón cercano, una joven observaba. Su figura era esbelta, sus curvas bien proporcionadas, y un velo blanco le cubría el rostro. Llevaba una túnica azul celeste. Desde allí podía verlo todo. Se impresionó por la perseverancia y el aguante de ese príncipe.
—No se puede confiar en los rumores... —murmuró para sí misma—. Qué admirable, chico. Si sobrevives a esto, estás destinado a poner este reino patas arriba. Esta Venerable quiere verlo.
Y se rió con una risa exaltada, casi musical.
Así llegaron a noventa latigazos. El sudor le caía por la frente. Tenía fiebre del dolor. Su tío, viéndolo, estaba fuera de sí. Sentía que, si Zhou Ping lo soltaba, mataría a ese inepto Rey con sus propias manos. Pero no podía zafarse. El Qi espiritual del Núcleo Dorado lo mantenía reprimido.
Long Yin sintió que, si aquello seguía, iba a morir. Como alguien que ya había muerto una vez, tenía esa intuición.
Taichu no pudo más.
—Mocoso, escapa. Usaré Qi del Caos para sacarte a través del vacío.
En su conciencia, Long Yin respondió suavemente:
—No sirve de nada. Si no puedo enfrentarme a esto, ¿cómo podría ser digno de cargar el karma que he aceptado?
Taichu se sorprendió. Su taza de té tembló en sus manos.
—Vas a morir, mocoso. Tienes que estar vivo para cumplir tu destino.
Long Yin alzó la mirada dentro de su conciencia. Esta vez, su voz resonó con autoridad:
—Voy a sobrevivir a esto. No puedes intervenir.
Taichu guardó silencio. Por primera vez, no replicó. Sus dedos se relajaron alrededor de la taza. Algo en esos ojos, una determinación sin fin, digna de un soberano.
Noventa y cinco latigazos. Había pasado casi una hora desde que empezó todo.
En algún rincón del palacio, dos jóvenes se reían para sí mismos. El primer príncipe y el segundo. No sentían nada por su hermano menor. Para ellos, mejor que muriera.
Llegó el último latigazo. Todos estaban mirándolo. Unos con respeto, pues aquello era digno de un hombre. Más allá de su nobleza, había demostrado valentía. Pero también estaban los que lo veían con burla, como si un animal de circo estuviera hecho para tal escena. No había ningún respeto hacia el tercer príncipe por parte de los allegados a los otros dos príncipes.
El Primer Ministro estaba indignado. Sabía que ese Rey era un tirano y un inepto, pero ¿esto? Era otra clase de locura.
El Rey, viendo a su hijo aguantar tanto, no sintió admiración. Solo sentía rabia. Para él, su hijo debía morir ahí. Ese era su prestigio como Rey. Aquello era una falta de respeto a su corona. Estaba tan sumergido en su tiranía que nunca sintió culpa. Solo rabia de que no le hubieran dado más duro a ese hijo rebelde.
Cuando cayó el último latigazo, Long Yin intentó pararse, pero no pudo. Las piernas no le respondían. Su espalda estaba entumecidas.
Su tío, viendo esto, no pudo más. Corrió hacia él rompiendo el Qi espiritual del Núcleo Dorado que lo retenía. Fue tanto el esfuerzo que ascendió a Núcleo Dorado con este mismo dolor. La insuficiencia de no haber podido ayudar a su sobrino lo había estado frenando. Ahora, al fin, se liberaba.
Los Núcleos Dorados tenían cierto estatus. Mientras no provocaran, no podrían ser provocados. Una pelea entre ellos debía ser por causas extremas, no por nimiedades. Así que Zhou Ping no siguió impidiéndoselo. Ya había cumplido su rol. El príncipe había aguantado. Siendo su tío, podía ayudarle.
Pero el Rey, viendo esto, se enojó y ya iba a gritar. Entonces sintió la mirada fría de Shen Yi. Se asustó. Como todo un cobarde, empezó a llamar a sus protectores.
Long Yin, al ver a su tío cargarlo, sintió una profunda emoción. No lo había aceptado del todo hasta ahora, pero con esto se había ganado su respeto y su cariño de familia. Sabía que, si él llegaba a crecer, su tío materno se llenaría de gustos y prestigio. Como su único familiar. La familia Long ya estaba fuera de su radar. Para él, eran enemigos y serían destruidos.
Mientras su tío lo cargaba sobre el hombro, Long Yin miró con odio a su "padre". Si esos ojos asesinaran, su padre ya estaría muerto. Un odio sin fin. Como una bestia que quiere destruirlo todo por esa presa.
Su padre, como un tirano cobarde, sintió miedo. Hasta sudó al ver a su tercer hijo mirándolo con ese odio. Un instinto de muerte, como cuando ya sabes que esa persona es tu némesis. En vez de responder, fue tal su acto de cobardía que le dio la espalda. No se atrevió a seguir.
Ya había sido amenazado por los ancestros. No podía extenderse.
Shen Yi cargó a su sobrino y, sin mirar atrás, abandonó el patio de ejecución. Nadie lo detuvo.

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Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 5
Estás leyendo el capítulo 5 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 22 de junio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.